viernes, 15 de julio de 2011

Anti-elegía por Facundo Cabral

Alberto Martínez-Márquez

verte morir así
facundo
es patético
o mejor
fecundamente patético
no
ahora que lo pienso bien
creo que verte morir así
quizás tenga
algo de sublime
en realidad
tu muerte
de por sí
no tiene nada de poético
salvo la brutal poesía
de tu ausencia

Prof. Alberto Martínez-Márquez .Departamento de Humanidades/UPR-Aguadilla. Programa de Maestría en Creación Literaria/Universidad del Sagrado Corazón

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La filosofía Cabral

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Siempre he creído que, entre todas las complejidades y análisis, lo que el mundo se juega es el amor. Pero no el amor en términos de banalización como nos lo venden. Eso no es amor, eso es sentimentalismo. Lo que el mundo se juega no es más o mejor política, como tampoco lo es más ni mejor economía. Cierto, más de un lector invadido por ese pragmatismo tan pernicioso al que está sometida esta cotidianidad fastidiosa, dirá que quien escribe esto opina como un poeta, como un soñador. Y hasta ese punto del abismo hemos llegado: a condenar el sueño como una vía innecesaria de sentir el paso siguiente. No obstante, aún a riesgo de recibir la condena, lo sostengo, más allá de las teorías y sus aplicaciones sesudas, lo que el mundo se juega (antes y ahora) es el amor.

Facundo Cabral, como ayer lo hicieron otros tantos idealistas y cantores, lo que se jugó fue justamente el amor. En su canto, en su poesía, en sus testimonios, en sus relatos propios y ajenos y en transito, sobre todo en su transito, llevó consigo esa idea de amor. De amor compartido. “De mi madre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo; ahora mismo le puedes decir basta a los hábitos que te destruyen, a las cosas que te encadenan, a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida por el camino perdido”, decía Cabral casi como un niño, pues de eso se trata. De cuidar ese espacio de niño y andar por ahí y por allá para compartirlo. Y eso fue lo que hizo Cabral, vivir para compartir su espacio de niño.

Enterarme de que unos “desconocidos” asesinaron a tiros a Facundo Cabral cuando se dirigía hacia el aeropuerto internacional La Aurora, en el sur de Ciudad de Guatemala, representó un impacto en aquella comunicación que sostuve con él en ese espacio de niños. Un espacio de niños dedicado al juego de recitar, cantar y sentir. Un espacio de niños común entre el cantor y su oyente, pero también un espacio de niños que comunica los tiempos y las geografías. Guatemala (lugar del crimen); Argentina (tierra del cantor) y cualquier patria (la del oyente) representan el hilo conductor de una historia (desarrollista) construida con los hierros de la violencia. No fue Cabral el primero, y lamentablemente no será el último de esta larga cadena de consumaciones. Siempre he creído que el objetivo es endurecernos la existencia, o mejor dicho, enfriarnos (o, lo que es lo mismo, aniquilar) el sentir, el ser. No en vano se vende sensiblería en lugar de sentimiento, morbo en lugar de amor y estupidez en lugar de vida (compleja y sencilla). Y se repiten las noticias que hablan de destrucción, apocalipsis y drama eterno. Del asombro (de ver el dolor ajeno) pasamos a la contemplación (con palomitas y saliva de gozo) en calidad de espectador. De lo fácil avanzamos a lo idiota y de lo existencial a lo inerte. Cada vez menos se le permite espacio al cultivo de la necesidad de amor. ¿Qué político se atreve a pararse ante su tribuna para invocar que la solución de todo este caos es el regreso al camino de la tierra? (a esa idea original de la que venimos y en la que jugamos en nuestro espacio de niños).

El día en que asesinaron a Cabral, una amiga maldijo a la madre de los asesinos. Luego, casi de inmediato, desde el dolor de la niña que sufre la pérdida de su vínculo (con el cantor), entre disculpas se preguntó: “¿Quién puede ser tan miserable como para asesinar a Cabral?” Sólo se me ocurrió decirle que, por más difícil (o sencillo) que parezca, la única salida, el único triunfo posible que tenemos ante ese factor rabioso que como un orden mundial nos invita al odio y a la destrucción, es asumir la convicción serena que movió la filosofía Cabral: el amor. ¿Quién pudiera estar frente a los asesinos (tanto materiales como intelectuales) para decirles al oído, aún a expensas de burlas, aquello que dijo Facundo Cabral: “Ama hasta convertirte en lo amado, es más, hasta convertirte en el amor”.

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Desnudo

Rafael Plaza (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Si me hablas de dolor, yo te acarreo la risa.
Si me cuentas tus penas, yo regalo alegría.
Si me anuncias que llueve, te digo: “Mira al sol”.
Y si acabas llorando…, va y yo te sonrío.
Qué mundo más extraño, qué bondad invisible
Se agazapa detrás del ruido de las bombas,
Que no logran matar el calor de los besos,
Que invaden más que aquellas el total del planeta.
Podríamos gozar a tope si quisiéramos,
Observando, tan sólo, las flores o los niños,
Clavando la mirada en el rostro de un viejo,
O dejando que el mar nos conduzca hacia el río.
¡Qué pérdida de tiempo es hundirse en la pena,
Pudiendo distraerla con el vuelo de un pájaro,
Con el roce de un verso, o el roce de un bolero,
Con el aroma inmenso de la rosa más huérfana.
Nadie ha perdido nada en un mundo perdido,
Donde el niño sonríe y el árbol estremece,
Donde la vida es gratis, donde llegó desnudo
El hombre que se cree que es dueño de todo.
Hasta que llega el día en que observa, estupefacto,
Que es libre, que es feliz, porque no tiene nada,
Y se rebulle humilde en su sofá dos plazas
Relamiendo las letras de Facundo Cabral.

Rafael Plaza Veiga es escritor y periodista.

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La Revolución Francesa

Abel Samir (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Nos encontramos en París, la capital de Francia y es el día 30 de abril de 1789. En el suburbio de Saint-Antoine se ha producido un levantamiento del tercer estado -como se denomina a las clases que no pertenecen ni a la nobleza, el primer estado, ni tampoco al clero, el segundo estado- contra dos industriales: Henriot y Revellon. Han sido saqueadas las casas de estos hombres que son muy odiados por el pueblo. La desesperación de los parisienses frente a la miseria imperante ha llegado a su límite máximo, especialmente, debido a la negativa del rey Luis XVI de solucionar la crisis económica que vive el país y que azota especialmente a las grandes mayorías. La crisis se ha agudizado a tal nivel que lo único que resta es la confrontación violenta. Se trata de lucha de clases, en este momento de la lucha espontánea de las masas. En otras ciudades importantes, las masas hambrientas han asaltado los depósitos de cereales y las casas de funcionarios ricos llevándose el trigo almacenado para convertirlo en pan que se vende a bajo precio. La mala cosecha del año anterior ha influido en la crisis que ya se venía perfilando desde antes. Sobre todo, después de la crisis comercial e industrial que había empezado en el año 1787. Esta crisis no podía resolverse sin extender el mercado a las zonas rurales y allí se topaba con el problema de la opresión feudal, de manera que el principal problema que tenía que enfrentar una revolución burguesa era transformar las relaciones de producción en el campo, de relaciones feudales a relaciones capitalistas.

La nobleza, el primer estado como se le denominaba en aquella época, era esencialmente terrateniente, eran los dueños de grandes extensiones de tierras y para ellos trabajaban muchos campesinos que aunque sus relaciones con el señor feudal no eran las de la servidumbre, eran superexplotados por estos nobles. Muchos de ellos vivían endeudados a los terratenientes, sobre todo los campesinos libres que tenían que pagar impuesto a los señores. Allí no existía la libertad burguesa que hoy se llama democracia, que aunque formal, permite la participación electoral de la clase oprimida. Ya Montesquieu lo había dicho en su obra “El espíritu de las leyes”, una obra crítica a la sociedad monárquica y feudal. Decía Montesquieu que: “Cuando el poder legislativo está unido al poder ejecutivo en la misma persona (y aquí se trataba nada menos que del rey Luis XVI) o en el mismo cuerpo, no hay libertad porque se puede temer que el monarca o el Senado promulguen leyes tiránicas para hacerlas cumplir tiránicamente”. Y las leyes de Francia las dictaba y las promulgaba el rey; esas leyes reflejaban, más que nada, los intereses de la corona y de la clase de los nobles: el primer estado. Su escrito, aunque dirigido hacia la monarquía francesa, presenta los casos de distintas monarquías europeas, las desnuda y analiza todo lo irracional de ellas y propone cambios democráticos. Estos escritos influyeron en los revolucionarios franceses. Igualmente influyente fue Jean Jacques Rousseau con su obra más significativa: “El contrato social”. Robespierre estuvo muy influenciado por Rousseau. Su obra, al igual que la de Montesquieu, desde otra perspectiva, critica el hecho de que todo el poder esté en las manos de una sola persona. El ejecutivo, el legislativo y el judicial. Al hacer el análisis de la democracia de la antigüedad, Montesquieu pone de relieve algo que hoy es muy marcado en nuestras democracias: la participación puramente formal del pueblo en los asuntos del Estado: elegir representantes pero no gobernar. La democracia, como gobierno del pueblo es sólo un mito.

Es a partir de la revolución burguesa que se separan esos poderes. Otro pensamiento interesante de Rousseau es que en el mundo, en todas partes el hombre nace libre, pero luego es un hombre encadenado. Se preguntaba Rousseau: “¿Cómo puede un hombre ser libre y estar al mismo tiempo obligado a someterse a una voluntad que no es la suya? ¿Cómo los opositores son libres y están sometidos a leyes, a las cuales no han dado su consentimiento?” Lo que proponía este filósofo francés era una sociedad contractual, como lo es hoy en día toda sociedad capitalista. En términos más modernos se habla hoy de una sociedad de consenso. J. M. Páramo lo enuncia así: “No se pueden crear fórmulas de convivencia en las grandes y complejas sociedades de la era urbana e industrial sin una amplia base de consentimiento y de apoyo popular. [...] Uno de los instrumentos de legitimación y de obtención de consenso es la ideología.”1. Esta máxima es para cualquier sociedad, para cualquier partido que se proponga hacerse del poder del Estado. La dictadura de Pinochet buscaba al final de su gestión el consenso popular y por eso el plebiscito; fue derrotado por un porcentaje mínimo a pesar de la brutalidad de su gobierno y de los crímenes cometidos contra los opositores, lo que demuestra el alto grado de enajenación de la sociedad chilena. Sin el consenso arriesgaba el país entrar en una espiral de violencia cuyos resultados no eran previsibles.

Todos estos pensadores y filósofos buscaban el mundo de la razón, un mundo idealizado de la burguesía, como lo dice Engels, “Los grandes hombres que en Francia ilustraron las cabezas para la revolución que había que desencadenarse, adoptaron ya una actitud resueltamente revolucionaria. No reconocían autoridad exterior de ningún género. La religión, la concepción de la Naturaleza, la sociedad, el orden estatal: todo lo sometían a la crítica más despiadada; cuanto existía había de justificar los títulos de su existencia ante el fuero de la razón o renunciar a seguir existiendo. A todo se aplicaba como rasero único la razón pensante. [...] que la justicia eterna vino a tomar cuerpo en la justicia burguesa; que la igualdad se redujo a la igualdad burguesa ante la ley; que como uno de los derechos más esenciales del hombre se proclamó la propiedad burguesa; y que el Estado de la razón, el «contrato social» de Rousseau pisó y solamente podía pisar el terreno de la realidad, convertido en república democrática burguesa”. Y un poco más adelante agrega Engels: “Se pretendía instaurar un Estado racional, una sociedad ajustada a la razón, y cuanto contradecía a la razón eterna debía ser desechado sin piedad. Y [...] esa razón eterna no era más que el sentido común idealizado del hombre del estado llano que, precisamente por aquel entonces, se estaba convirtiendo en burgués”2 Ahora bien, un Estado racional es posible siempre y cuando el pueblo adquiera consciencia de su necesidad y sólo entonces será capaz de cambiar su cultura, la cultura burguesa basada en el individualismo y la competencia, por una cultura proletaria basada más que nada en la cooperación y el altruismo. Se requiere cambiar muchos valores que por el enorme peso de los años están afianzados en la mente de los humanos de nuestro tiempo.

Pero volvamos a la situación de Francia en 1789. Producto de esa crisis una gran parte de los obreros de la manufactura habían sido despedidos -hoy se dice racionalizar- y vagaban por la ciudad sin medios de vida. La desesperación inundaba los hogares de los proletarios, mientras que la nobleza vivía en un mundo aparte, en un mundo de extrema riqueza y despilfarro, en medio del boato y de los banquetes.

La respuesta de la monarquía a la rebelión popular de Saint-Antoine no se deja esperar y se envía la Guardia que embiste a las masas desarmadas con sus bayonetas, más el asalto de la caballería que causa la muerte de cientos de personas y deja muchos heridos. Pero los parisienses se han defendido valientemente con todo lo que pueden emplear: los adoquines del empedrado, piedras y tejas. A pesar de haber sido derrotados logran rescatar los cuerpos de sus moribundos para atenderlos o darles sepultura. Es una derrota a medias, porque detrás de ella ha de surgir un movimiento de masas aún mayor y más violento. Se ha despertado en las masas la comprensión que ellos son la fuerza de la revolución, parisienses que eran llamados sans-culottes en aquella época.

En esa época no se conocían los partidos políticos como existen ahora en todo el mundo. Pero la gente de clase alta, los burgueses, los pequeño-burgueses y los intelectuales en general, se agrupaban en clubes que funcionaban en algunos conventos. De esos clubes, destacaron desde el comienzo de la revolución los jacobinos y los cordeleros. Sus nombres los obtuvieron del convento en donde se reunían. Los jacobinos tenían como meta una Constitución, una carta fundamental, que no existía todavía en Francia. Los cordeleros tenían en mente una ley que estableciese los derechos de los ciudadanos y que respondiese a los siguientes principios: libertad, igualdad y fraternidad. Más tarde, del club de los jacobinos se apartaría un grupo de burgueses más conservadores que formaron el club de los Feuillants (el nombre de otro convento). A este club pertenecían los grandes financistas, los armadores de buques, los traficantes de esclavos, los dueños de las plantaciones, los grandes mercaderes, los dueños de minas y en general los grandes propietarios de tierras e industrias, los que, naturalmente, defendían por sobre todo sus intereses privados. Dentro de los jacobinos había un dirigente que en apariencia representaba las ideas más izquierdistas: Jacques Pierre Brissot. Los jacobinos se escindieron en jacobinos y girondinos, estos últimos representaban los intereses de los grandes comerciantes e industriales con una posición más de centro derecha. Al principio, a este movimiento político se les conoció como los brisetistas y después cambió a girondinos. “Entre los jacobinos, la política de los girondinos era criticada por Robespierre y otros políticos, que representaban los intereses de los grupos más democráticos. [...] En la Asamblea Legislativa eran apoyados por un grupo de diputados de la extrema izquierda. Estos diputados fueron llamados los montañeses, pues en la Asamblea Legislativa y después en la Convención ocupaban los escaños más altos de la sala de sesiones”3. A los diputados, en su mayoría independientes y más conservadores se les llamó el pantano porque ocupaban la parte baja de la sala.

Los clubes hacen llegar a la corte un petitorio en el cual se pide que se convoque a los Estados Generales, en donde además de la nobleza y el clero participaban los representantes del Estado Llano. Al principio, Luis XVI se negó, pero como la presión del pueblo iba en aumento, el rey decidió convocarlos. Esta institución no se había reunido desde hacía ya 175 años. Sin embargo, esta medida no fue suficiente para calmar los ánimos.

El pueblo se fue organizando por barrios y comunas, lo que apuró la convocatoria. De esa forma, tenemos a los Estados Generales reunidos el 5 de mayo de 1789. En esa sesión los representantes del tercer estado propusieron organizarse en una Asamblea Constituyente, con el objeto de elaborar la Constitución y otras leyes. Después de mucho discutir y de muchas sesiones, los representantes del tercer estado más algunos del clero y de la nobleza se reunieron en el picadero y resolvieron que trabajarían sin disolverse hasta que se promulgase la Constitución. Luis XVI se negó a aceptar la Asamblea Constituyente y para disolverla ordenó movilizar tropas desde las provincias a París. El objetivo fundamental era, además de la disolución de ella, apresar a sus dirigentes. Era un golpe contrarrevolucionario. Esta actitud del rey creó una enorme indignación entre los parisienses que armados de todo lo que pudieron obtener, marcharon contra la prisión política de la monarquía (aunque también habían presos por otros tipos de delitos), la Bastilla y después de un duro combate la tomaron el 14 de julio. La toma de la Bastilla fue el principio del fin de la monarquía francesa y del Estado monárquico. Sobre sus cenizas se levantaría un Estado burgués, un Estado Nacional.

La revolución se extendió como un reguero de pólvora por todo el país. “El escritor ruso Karamzín, que pasó en agosto de 1789 por Alsacia, escribía: «Por toda Alsacia se nota la agitación. Pueblos enteros se arman». Lo mismo se registraba en otras provincias. Los levantamientos campesinos, que habían empezado en el centro del país, en la Isla de Francia, desbordándose como un torrente irresistible, a fines de julio y en agosto se extendieron por casi todo el país. En el Delfinado, de cada cinco castillos de los nobles, tres fueron quemados o destruidos. En el Franco-Condado fueron destruidos cuarenta castillos. En Limousine, los campesinos levantaron un cadalso delante del castillo de un marqués con la siguiente inscripción: «Aquí será ahorcado todo al que se le ocurra pagar la renta al terrateniente, así como el propio terrateniente si se decide a reclamarla»4. También hubo ciudades que se declararon monárquicas y se agruparon en una federación antirrepublicana; especialmente fuerte era el movimiento monárquico de la ciudad de Lyon.

La crisis económica se agudizó al año siguiente y con ello aumentó el paro de industrias y la cesantía ya de por sí bastante alta. También aumentó la inflación, producto de que la moneda francesa perdía su valor. Los Asignados se depreciaron en enero de 1792 al 63% de su valor nominal. Subieron los comestibles, algunos de ellos que llegaban desde las colonias americanas, casi a tres veces el valor que tenían antes de la revolución. La crisis llevó a mucha gente, especialmente en las zonas rurales, al uso de la violencia contra los acaparadores y los especuladores. Los campesinos exigían la abolición de las deudas con los terratenientes. En esta revolución, los campesinos más los ciudadanos parisienses constituyeron la fuerza viva de la revolución. La iglesia, como institución pedía reformas, aunque era sólo para guardar las formas y no irritar a las masas que atravesaban un período de rechazo a la religiosidad, pero el clero, en su mayoría monárquica, estaba contra la república y, por tanto, agitaba contra la revolución. La amplia mayoría del clero pertenecía a la nobleza; por esa razón su posición política, aunque había algunos que pertenecían a otras clases. Así fue como surgió el culto a la razón en contraposición al culto católico y cristiano en general. En la Convención, muchos diputados sostenían que los hombres terminarían por despojarse de la superstición y la reemplazarían por el culto a la igualdad y a la libertad. El ex abate Sieyés, que en ese momento era un revolucionario, dijo en un discurso:”Ciudadanos, hace tiempo que deseaba el triunfo de la razón sobre la superstición y el fanatismo. Ese día ha llegado y me alegro de ello como el mayor beneficio de la República. He sido víctima de la superstición, pero nunca fui su apóstol ni su instrumento. He padecido el mismo error que los demás, pero a nadie se lo he impuesto, porque no hay ningún hombre en la Tierra que pueda decir haber sido engañado por mí; antes bien, me han debido muchos el haber abierto los ojos a la luz”5. La revolución para ser completa necesitaba socavar y destruir los pilares en los cuales se afirmaba el Estado monárquico: el rey, la nobleza y la religión estatal, el catolicismo. Los dos primeros se habían derrumbado ya, pero el tercer pilar seguía existiendo, aun cuando muchos sacerdotes estaban en las cárceles y muchos habían terminado en el cadalso.

Durante la primavera de ese año 1791 los trabajadores parisienses se declararon en huelga, acciones que disgustaron a los patronos y que fue sancionada por la Asamblea Constituyente mediante una ley (propuesta por el diputado Chapelier) que prohibía la huelga bajo amenaza de prisión. ¡Y no sólo se trataba del derecho de huelga! Marx dice:”En los mismos comienzos de la tormenta revolucionaria, la burguesía francesa se atrevió a arrebatar de nuevo a los obreros el derecho de asociación que acababan de conquistar. Por decreto del 14 de junio de 1791, declaró todas las coaliciones obreras como un «atentado contra la libertad y la Declaración de los Derechos del Hombre»6”.

Las ideas filosóficas de los enciclopedistas y de los partidarios de la revolución y el proceso mismo, eran seguidas con mucho interés en la mayoría de los países europeos y también en toda América. En Europa se produjo un fenómeno que demuestra que los intereses de clase, en determinadas circunstancias, están por sobre los intereses nacionales. Los gobiernos monárquicos de Europa se movilizaron en ayuda de la nobleza francesa y es así como Austria y Prusia declaran la guerra a la república el 20 de abril de 1792. Al principio, el ejército francés, mal dirigido por una oficialidad de origen noble y sin ninguna motivación, tuvo sólo derrotas. No había duda que su inoperancia era parte de un complot para llevar la derrota a la república. La patria de los nobles no coincidía con la patria del pueblo, él que ahora era ardientemente republicano.

Al peligrar la revolución, el pueblo reaccionó movilizándose espontáneamente. Se organizaron batallones en aldeas y ciudades con mandos populares y luego a ellos se les sumó los restos del antiguo ejército. Luego, la Asamblea Legislativa decretó la movilización general de todos los ciudadanos aptos para cargar armas. Surgió, entonces, un ejército revolucionario impregnado de una mística verdaderamente patriótica. Los ejércitos de esa época no respondían tanto a los sentimientos patrióticos como a la venta de sus servicios como mercenarios: luchar por un salario, aunque se les revestía de valores patrióticos. En cambio, aquí surge por primera vez en Europa un ejército con un espíritu nuevo. El espíritu revolucionario de una clase que quiere liberarse y liberar al resto, y sumarlos al movimiento antimonárquico. Junto a estos hechos el pueblo se movilizó exigiendo el término de la monarquía. Batallones de voluntarios llegaban a París desde las provincias y un batallón procedente de Marsella entró en París cantando la “Marsellesa”, el actual himno de Francia. He aquí una de sus estrofas:

¡A las armas ciudadanos!
¡Formad vuestros batallones!
Marchemos, marchemos,
que una sangre impura
empape nuestros surcos.

Era un himno vibrante cuyo autor era un joven oficial llamado Rouget de Lisle, que exaltaba el ánimo guerrero. En una ocasión, Napoleón Bonaparte, al ver la emoción que causaba el himno, dijo: “Este himno nos ahorrará muchos cañones” y tenía toda la razón.

Ese año 1791 la Asamblea Constitucional aprueba la Constitución Política del Estado. Era sí, la carta fundamental de una monarquía constitucional, al estilo de la inglesa, aunque todavía se le daba al rey bastantes poderes. Tres poderes surgían: el ejecutivo en la persona del rey, el legislativo en manos de la Asamblea Legislativa y el judicial elegido por las comunas. Pero esa Constitución era muy antidemocrática, porque sólo podían ejercer el derecho a sufragio los ciudadanos “activos” que no eran más del 20% de la población. Y se consideraban “activos” a aquellos que tuviesen alguna propiedad, los no propietarios quedaban marginados de la vida política, también las mujeres, aunque ellas participaron activamente en la toma de la Bastilla. Se mantenía la esclavitud en las colonias, a pesar que desde un principio, los esclavos veían con simpatías el proceso y luchaban por la república. Esa Constitución produjo un gran desánimo entre las masas y dividió a la Asamblea Constituyente. Los jacobinos manifestaban su descontento a ella, pero eran una minoría en la Asamblea. Su líder más notable era un abogado de Arrás, Robespierre, que más tarde por su honestidad, recibiría el sobrenombre de «incorruptible». La literatura y la historia relatada por los historiadores o escritores de ideología burguesa se han encargado de deformar la verdad acerca de Robespierre. Lo han presentado como un monstruo, cuando la verdad histórica es otra. Desde joven Robespierre se caracterizó por sus ideales humanitarios y ejerció de abogado de los pobres, razón por la cual fue elegido diputado en su pueblo natal en 1789. En la Asamblea pronto se hizo conocido por sus dotes de orador y por la defensa de los derechos humanos. Si bien es cierto que él no provocó la caída de los girondinos, detrás de las bambalinas estaba él. En el médico Juan Pablo Marat encontraron los jacobinos un importante aliado que dirigía un periódico muy popular: «El amigo del pueblo». Marat con una comprensión política más clara y con una posición más popular “fue el primero en advertir que el yugo feudal era reemplazado por el yugo de la «aristocracia de la riqueza»7.

Luis XVI aparentó aceptar la revolución y cuando se dirigía hacia las otras potencias europeas en documentos semipúblicos elogiaba algunas de las medidas de la revolución, pero en secreto les hacía ver los peligros que esta revolución entrañaba para sus propios reina-dos y les pedía que interviniesen. Luis XVI era claramente un traidor a su propio pueblo. A él se le sumaba una gran cantidad de nobles que habían escapado del país y que se organizaban para volver con un ejército mercenario. Muchos nobles que no alcanzaron a escapar o que no lo vieron como necesario se organizaban en secreto dentro de Francia para una asonada contrarrevolucionaria. Muchos también pagaron caro por su actitud contrarrevolucionaria: terminaron guillotinados.

La historia burguesa le asigna un papel muy importante al financista Necker que ejerció de ministro de economía y que fue destituido y vuelto a su puesto. En realidad, Necker no podía llevar adelante las transformaciones que se necesitaban para mejorar la economía. No se trataba solamente de disminuir los gastos de la corona, eso era un pelo de la cola, el problema estaba en terminar con el poder feudal y su modo de producción y transformar las relaciones de producción tanto en el campo como en las ciudades. Eso permitiría el desarrollo de la revolución industrial que en Francia todavía penaba respecto a Inglaterra. Necker para mí no juega ningún papel importante y decisivo en esta situación.

El 21 de junio el rey y la reina se fugan intentando salir del país. Era claramente un acto de traición a su pueblo, sobre todo, que se les había mantenido en el Poder a pesar de los abusos cometidos y de la represión armada ordenada por el rey en contra de la nueva Guardia Nacional. Pero, fueron descubiertos a pesar del disfraz del rey, apre-sados y devueltos a París.

Las contradicciones dentro de la Asamblea Constituyente entre girondinos más el pantano y por el otro lado los jacobinos y los cordeleros se agudizaron, porque los girondinos se oponían a la abolición del régimen monárquico, que era ahora repudiado por la inmensa mayoría de la población. Fue, en ese momento, que los jacobinos se dividieron: una parte se alió con los cordeleros y la otra parte formó el club de los Feuillants aliados a los girondinos y al pantano. Los cordeleros más los jacobinos convocaron a una gran manifestación pacífica en el Campo de Marte el día 17 de julio, para pedir la deposición y el enjuiciamiento del rey. La Guardia Nacional dirigida por Lafayette, un aliado de los girondinos, los reprimió causando muchos muertos y heridos. Doscientos manifestantes fueron arrestados, lo que obligó a los dirigentes de los cordeleros, entre ellos Dantón, a escapar y pasar a la clandestinidad. Al apoyar estos execrables actos, los girondinos y los Feuillants pasaban a integrar las filas de la contrarrevolución.

Mientras hervía el ánimo revolucionario de las masas, el rey, la nobleza y sus aliados del pantano, en secreto, concentraban tropas en el palacio de las Tullerías, traídas desde las provincias para dar un golpe contrarrevolucionario.

Es el anochecer del 10 de agosto. Una columna aguerrida formada por batallones de obreros y campesinos marcha contra el palacio real. Es la nueva Guardia Nacional, una guardia republicana, una guardia abigarrada que cantan “marchemos, marchemos”. Esa tarde se toma el palacio después de una cruenta lucha que cobra la vida de más de 500 patriotas. El rey y la reina escapan y se refugian en el edificio de la Asamblea Legislativa, pero son detenidos. Con este acto cae la monarquía y nace una nueva época en Francia y Europa, y también no menos importante es para el resto del mundo colonial. En toda Europa y América surgen los movimientos republicanos.

La revolución francesa -así como hoy lo hizo el levantamiento del pueblo de Túnez en la primavera de los pueblos árabes-, ejerció una enorme influencia en revolucionarios del continente americano, especialmente en las colonias española y portuguesa. Como resultado de este levantamiento, el Poder pasó prácticamente a manos de la Comuna revolucionaria de París, en la cual los cordeleros y jacobinos son mayoría. En septiembre, al cumplir su mandato, dejó de existir la Asamblea Constituyente y asumió la Asamblea Legislativa. En esta asamblea, las contradicciones entre los que son verdaderos revolucionarios y los que en apariencia lo son, entre jacobinos y cordeleros por un lado y los girondinos, que en los textos de historia escritos por los gobiernos burgueses denominan “moderados” y sus aliados, el pantano, se agudizaron de tal forma que, inevitablemente, una de esas fuerzas tenía que aplastar a la otra. Las alternativas eran la revolución o la contrarrevolución. Y los debates fueron cada vez más acalorados y como las contradicciones se agudizaron de tal forma que a partir de ese momento, se les puede considerar como enemigos.

Aquí se evidencia como los girondinos y los seguidores de Brissot, sólo apoyaban la revolución dentro de estrechos marcos que no significaran poner en peligro el sistema. Eran apenas reformistas. Le demagogia de ellos queda demostrada al apoyar a la monarquía, a pesar de la traición de esta al país. Ellos no contaban con que las masas de pequeños-burgueses, obreros y gente humilde de París, los sans-culottes, se transformarían en una masa revolucionaria. Y esa masa luego los abandonó y apoyó a los cordeleros y a los jacobinos. Contra el parecer de Brissot y de los girondinos, 47 de las 48 cabe-ceras comunales de París votan por la deposición del rey. La suerte de Luis XVI estaba echada. “Esta primera fase de la historia de Convención está marcada, por cierto, por el duelo reñido y ácido entre la gironda y la montaña, el cual termina por arrojar de la Convención a los seguidores de los primeros por un nuevo levanta-miento popular que empieza en junio de 1973”8. Todo el apoyo con que contaban los girondinos en París, que era mayor que el apoyo con que contaban los jacobinos unidos a los cordeleros, se fue esfumando por la actitud vacilante de sus líderes frente a la suerte de la monarquía y la república. Aunque dentro de la Convención eran muy fuertes, ya no lo eran en las calles parisienses. Aún así, lograron que la Convención declarara ilegal la Comuna Revolucionaria de París ─cuestión que tuvo que ser aceptada por los jacobinos─, pero con eso perdieron aún más el apoyo de los sans-culottes. Al final, perdieron también la batalla por el rey y éste fue enjuiciado y guillotinado el 21 de enero de 1793.

La ejecución de Luis XVI conmocionó a las monarquías europeas. No olvidemos que en esa época todavía se sostenía que la autoridad real, el Poder era cuestión divina. Sólo le rendían cuenta a Dios. Ahora las masas los deponían y los ejecutaban, algo que no podía ser tolerado y, por tanto, había que poner orden en Francia. El Poder pasaba de Dios ahora a manos del pueblo. Inglaterra, Holanda, y España se unieron a Austria y Prusia para derrotar a la revolución. Organizaron un ejército conjunto para poner orden en el patio de Europa. La entrada del ejército revolucionario francés en Bélgica causó una enorme impresión en las masas belgas, sobre todo, que estos soldados gritaban a coro la consigna: “¡Paz a las cabañas, guerra a los palacios!” Eran recibidos con flores y vivas, como se recibe a los libertadores.

Este ejército revolucionario y popular que ya había derrotado en Valmy a los ejércitos austriaco y prusiano el 20 de septiembre de 1792, después de la caída de la monarquía, ahora estaba amenazado por fuerzas muy superiores. Las privaciones, el bloqueo y el cierre de fronteras, más la vacilación dentro de la Convención y los contrarrevolucionarios que actuaban en las sombras, provocó la profundización de la crisis económica y esta crisis, que siempre golpea en todas partes a los más humildes, agobiaba al pueblo francés. Las masas populares reaccionaron imponiendo por la fuerza un máximo a los precios de las mercaderías más básicas. El máximo fue apoyado por un grupo de cordeleros entre los que sobresalían Roux, Leclerc y Varlet. Los girondinos, para desprestigiarlos les pusieron el remoquete de “los rabiosos”. Estos revolucionarios exigían que se reprimiera a los especuladores y a los acaparadores. Los girondinos, defendiendo los intereses de los capitalistas y los mercaderes, o sea el derecho de propiedad, se opusieron terminantemente. Los jacobinos también al principio se oponían, pero después, comprendiendo que no había otra alternativa, se sumaron a los “rabiosos”, aunque no por cuestión de principios. En ellos subsistía la contradicción entre ser representantes de su clase o representantes de los intereses de las masas populares.

Estos no fueron los únicos actos reprobables de los girondinos. “En lo que se refiere al problema agrario, los girondinos también seguían una política antipopular. Ya en el otoño de 1792 consiguieron prácticamente la anulación de los decretos de agosto, ventajosos para los pobres del campo, sobre la venta de las tierras de los emigrados”9. Se trataba de las tierras de los terratenientes y de los barones que habían escapado a la guillotina y que hasta ese tiempo habían sido abusivos explotadores. Los girondinos protegían sus intereses. Pero la actitud de los girondinos no fue perdonada por las masas, especialmente los sans-culottes. Ellos pedían que se limpiase la Convención (que ahora ocupaba el palacio de las Tullerías) de girondinos traidores. En ese momento, políticamente más cercano a las masas se encontraban “los rabiosos”, del club de los cordeleros, dirigidos por Jacques Roux ─el “cura rojo” de la seccional de Gravillier─, que los mismos jacobinos. El poder despertado de las masas obligó a los jacobinos a sumarse a los rabiosos y a la exigencia de los sans-culottes y es así como 22 diputados girondinos son expulsados de la Convención y puestos en arresto domiciliario. El 31 de mayo se inicia un movimiento de masas que exige la deposición del resto del pantano y girondinos pro monárquicos y 20.000 sans-culottes rodean las Tullerías y arrestan a 29 diputados y dos ministros. Todos quedan en arresto domiciliario. En verdad, detrás de estas acciones revolucionarias no estaban comprometidos sólo los jacobinos, sino diferentes grupos y personas influyentes en las masas, y no menos que ellos, “los rabiosos” de Roux. Tanto los girondinos como los Feuillants eran un obstáculo para la consecución de la revolución de carácter democrático-burguesa que se estaba desarrollando en Francia.

A partir de estas acciones, los jacobinos se aseguraron una mayoría dentro de la Convención lo que les permitió aprobar una nueva Constitución en junio de 1793. Esta era más democrática que la anterior aprobada durante la mayoría de los girondinos. El derecho a voto se extendía a todos los ciudadanos de sexo masculino, sin distinción de “activos” y “pasivos”. Pero como lo expresaba Roux esta constitución no creaba los medios para poner fin a la pobreza. Esta constitución estableció el régimen republicano, el régimen más avanzado de toda Europa. La misma “Declaración de los derechos del hombre” aprobada en 1789 era la más avanzada que se había implementado hasta ese momento en Europa y sirvió de base para muchas leyes europeas y americanas. Aunque los franceses fueron inconsecuentes con ella, por cuanto continuaron con la esclavitud en sus colonias. El artículo primero decía: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común”. Los hombres de esa época no estaban conscientes de que hombres eran todos, tanto los europeos, como los asiáticos, africanos, americanos, indígenas, etc. Sólo a fines de 1794 queda abolida la esclavitud, al menos por ley, y por consiguiente el tráfico de esclavos que se hacía desde el continente africano.

La situación en Francia en ese momento era caótica: el ejército revolucionario se encontraba en retirada ante el empuje de una fuerza mayor; en algunos lugares del campo la contrarrevolución había lo-grado organizarse y armarse como en la Vendeé; la flota inglesa, muy superior a la francesa bloqueaba los puertos principales del país; surgía el terrorismo contrarrevolucionario y los atentados personales, y en uno de ellos muere Marat acuchillado por la joven de diecisiete años Carlota Corday. Esta joven terminaría sus días en la guillotina por haber cometido ese crimen político. Muchos adolescentes de ambos sexos fueron guillotinados durante lo que se llamó “el período del terror”.

En esos instantes lo único que se imponía era un gobierno fuerte y ejecutivo. Robespierre acostumbraba decir que lo que se necesitaba para estabilizar el país y la república era una voluntad política única. Los campesinos fueron los primeros en ser beneficiados por el nuevo gobierno presidido por los jacobinos y Robespierre al timón de él. Se decretó la devolución de las tierras que habían sido expropiadas a los nobles y que antes eran de propiedad de los campesinos. Además, se abolió los impuestos feudales y otras medidas revolucionarias. Estas medidas fueron determinantes para que los campesinos en su gran mayoría apoyasen a la Convención.

La Convención tenía un buró político, ejecutivo: el Comité de Salud Pública, que lo integraban 10 personas y que en ese momento era encabezado por Robespierre que era el único que no tenía una cartera ministerial. A este comité se encontraban subordinados tanto los ministerios como el ejército. La política interior como la exterior estaba dentro de sus atribuciones. Era, en realidad, el verdadero gobierno de Francia. Los éxitos del comité no se hicieron esperar. Primero, puso orden en la economía: los Asignados que se habían desvalorizado en agosto de 1793 en un 22%, empezaron a recobrar su valor y ya en diciembre se habían revaluado en un 48%. Segundo, el aprovisionamiento de las ciudades de comestibles básicos se estabilizó. Tercero, se realizó una especie de reforma agraria poniendo a la venta las tierras que habían sido expropiadas a los nobles, aunque se cometió una cierta injusticia porque los beneficiados fueron más bien los campesinos ricos. Cuarto, el ejército contrarrevolucionario de la Vendeé fue derrotado definitivamente. Quinto, se restableció la autoridad de la república en las zonas llamadas “federadas” que perseguían restar territorio a la república y continuar bajo la férula de un régimen monárquico. Sexto, se logró terminar con el bloqueo del puerto francés de Toulon que la flota inglesa mantenía desde meses. Todo eso gracias a un joven oficial de artillería que demostró más tarde ser un genio militar: Napoleón Bonaparte. Séptimo, se implementó el sistema métrico decimal que existe hasta hoy día universalmente. Fue una creación de los científicos franceses inspirados en las ideas libertarias. Y por último, como una de las grandes medidas de este Comité de Salud Pública fue la creación de un fuerte ejército, bien adiestrado y bien dotado que pasó a ser el más fuerte de Europa, gracias al genio organizador y creador de un hombre que Napoleón llegó a admirar: Lázaro Carnot, un eminente matemático e ingeniero.

Durante este gobierno se cometieron muchos atropellos a los derechos humanos. Mucha gente fue ajusticiada en la guillotina, entre ellos, una buena parte de los diputados girondinos, Dantón que vaciló en un momento y entró a conspirar con los girondinos fue también llevado al cadalso. Pero, en honor a la verdad, el período llamado “del terror” fue en gran parte producto de las exigencias de las masas y sobre todo, de los sans-culottes que dominaban las secciones de París. Muchos de los especuladores y acaparadores terminaron sus días en la guillotina. Pero para ser justos hay que reconocer que las medidas extremas contra los derechos humanos ocurrieron mucho antes de que los jacobinos tomasen en sus manos el gobierno. Ya en agosto de 1792 las cárceles de París habían sido allanadas por fuertes contingentes de sans-culottes que habían ajusticiado cerca de 1400 personas, la mayoría de la nobleza y del clero y también algunos criminales comunes. Esos hechos se conocen como “los asesinatos de septiembre”. Fueron ultimados a golpes, cuchilladas, sablazos y ensartados con picas por una turba de asesinos a sueldo del nuevo Estado. Fueron actos de barbarie en los que no se perdonaba a nadie, ni la edad, ni el sexo importaban, tampoco si realmente eran o no culpables. Los juicios sólo eran formales para justificar algún tipo de justicia. El “Infierno” de Dantes quedó como un paraíso comparado con esas terribles ejecuciones. Pero lo peor ocurriría después, cuando se sometieron las ciudades federadas pro monárquicas por medio de la guerra y de la violencia. El caso de la ciudad de Lyon es patético. Dice Lamartine: “Toda una generación pereció en Lyon, confundiéndose en el cadalso personas de condiciones diversas, de opuesto nacimiento y de diferente fortuna, personas que, al principio de la revolución, habían abrazado diferentes opiniones, pero que la sublevación unió, por último, en un mismo crimen y castigo: el clero, la nobleza, la clase media, el comercio y el pueblo sufrieron la misma suerte. No se escapó de la cárcel casi ningún ciudadano a quien señalara un delator, un envidioso o un enemigo, pues la muerte dejó escapar a muy pocos encarcelados”10.

Los excesos cometidos por los destacamentos de la Guardia Nacional y de las bandas de asesinos a sueldo contra la nobleza y el clero, especialmente, y contra otras personas de la pequeña-burguesía y trabajadores en general, terminaron por alejar a las masas de los jacobinos, cordeleros y la montaña, y aproximarlos a los restos de los girondinos y del pantano. Además, el hecho de que los jacobinos mantuviesen vigente la ley Chapelier que perjudicaba en general a las clases oprimidas, influenció en una gran parte de los sans-culottes para alejarse de Robespierre y sus camaradas. Y sin su apoyo masivo estaban bailando en la cuerda floja. Por otro lado, los otros miembros de la Convención temían ser encarcelados en cualquier momento y terminar en la guillotina. Y el miedo los hizo actuar. Se conjuraron y apresaron a Robespierre, Couthon, Saint-just y otros el 27 de julio de 1794 -en el calendario de esa época: el día 9 del termidor-, y fueron llevados detenidos. La Comuna de París se insurreccionó contra la Convención y tuvieron que ser liberados, pero por poco tiempo. La Convención declaró a la Comuna de París y a los jacobinos fuera de la ley. Como las secciones de París se encontraban divididas entre partidarios de los jacobinos y en enemigos y neutrales, el apoyo a los jacobinos fue insuficiente. La Guardia Nacional los detuvo de nuevo junto a los dirigentes de la Comuna de París. El 28 de julio subieron al cadalso. Este hecho pone punto final a la revolución francesa, pero no a la república. Aunque después, Napoleón Bonaparte se erigiría en emperador de Francia y emprendería una cruzada bélica por toda Europa, por un tiempo desaparecería la república, pero no sus leyes. De hecho, Napoleón las mejoró con el “código de Napoleón”11. Posteriormente, a la caída de Napoleón, regresaron los nobles y recobró el trono la realeza Borbón en la persona de Luis XVIII, pero no duró mucho y la clase burguesa siguió en el Poder, como clase dominante.

La Revolución Francesa no sólo provocó el cambio de elites en la superestructura de esa sociedad, el cambio de la nobleza por la burguesía, también, puso término a la producción artesanal, fue el principio del fin del taller y de los artesanos como la principal fuerza productiva. Fue reemplazada, como ya había ocurrido en Inglaterra, por la industria y la manufactura, el hombre por la máquina. Aunque los artesanos y el taller siguieron existiendo paralelamente a la industria, hasta hoy en día, ya no podían competir con la naciente industria que abarataba los costos. El capitalismo triunfaría sobre el feudalismo. El campesino francés sería más bien un pequeño productor sin las trabas aduaneras y las relaciones de producción feudales. Dice Engels que esta revolución “fue la primera que llevó realmente la batalla hasta la destrucción de uno de los dos combatientes, la aristocracia, y el triunfo completo de otra, la burguesía. [...] En Francia, la revolución rompió plenamente con las tradiciones del pasado, barrió los últimos vestigios del feudalismo y creó con el Código Civil, una adaptación magistral a las relaciones capitalistas modernas del antiguo Derecho romano”12.

Notas:
1) J. M. Páramo. Conflicto. Estrategia. Política. Página 81.
2) Federico Engels. Del socialismo utópico al socialismo científico. Tomo III de las Obras Escogidas de Marx y Engels. Página 123 y 124.
3) A. Manfred y N. Smirnov. La revolución francesa y el imperio de Napo-león. Página 27.
4) Ibis. Página 12.
5) A. de Lamartine. Historia de la Revolución Francesa, tomo II. Página 609.
6) Karl Marx. El Capital. Capítulo XXIV. Tomo II de las Obras Escogidas de Marx y Engels. Página 130.
7) A. Manfred y N. Smirnov. La revolución francesa y el imperio de Napo-león. Página 24.
8) George Rudé. Det revolutionära Europa 1783-1815. Página 118.
9) A. Manfred y N. Smirnov. La revolución francesa y el imperio de Napo-león. Página 43.
10) A. de Lamartine. Historia de la Revolución Francesa. Página 554.
11) El Código Civil francés, llamado también Código de Napoleón es uno de los más conocido códigos civiles del mundo. Fue aprobado por la ley el 24 de marzo de 1804 y todavía se encuentra en vigencia.
12) Federico Engels. Del socialismo utópico al socialismo científico. Tomo III de las Obras Escogidas de Marx y Engels. Página 112.

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Vine porque te extrañaba ¿puedo?

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Falta poco para llegar, las ruedas del auto van aniquilando las esquirlas sobrevivientes de caracoles rotos hasta dejarlas confundidas con la arena. Los recuerdos se atropellan entre ellos y alguna lágrima escapista de la jaula donde suelo encerrarlas, casi siempre, se desliza como por una ladera y se acurruca en alguna arruga de esas que me cuentan que la vida va dejando surcos donde quiere.

Hace rato que me pasa lo mismo cuando entro en esta zona y el canto del mar, ahí nomás, se confunde con el del motor y de verdad que el primero me sabe a canto de ayer desesperado.

Parece que la suerte hoy estuvo de mi lado, la garua persistente fue nuestra compañera de ruta. Y digo, nuestra, porque viajo con las tres perritas que siempre me acompañan durmiendo durante todo el trayecto.

Pucha, qué cosa que siempre me gustaron estos días en que las tímidas gotas parecen imitar a los humanos, ya que no terminan de unirse para convertirse en aguacero y con la falta que hace, tantas veces.

No hace frío pese a que estamos en mayo y en las zonas marítimas siempre baja la temperatura varios grados. Aunque en realidad eso era antes de que apareciera el tema del cambio climático. Recuerdo que las estaciones se definían muy bien unas de las otras, como queriendo evitarnos confusiones y para permitirnos mantener nuestro ego exacerbado. Nos inflábamos cuando decíamos, por ejemplo, los argentinos tenemos las cuatro estaciones, entre otras cosas que también tenemos. Por eso somos el granero del mundo. Luego, por esa praxis de los intereses globalizados, terminamos desinflados devenidos en tierra sojera. ¡Quién hubiera dicho!

Falta poco para llegar a Santa Teresita, tomaré por la calle 32 para entrar, bah, si a ese caballo no se le ocurre desbocarse y cruzar la ruta justo cuando estemos pasando.

Qué imprudencia dejar a ese animalito suelto en una carretera, qué desastre podría producir ¿Piensa el ser humano o será que es cierto que vamos enroscándonos en nosotros mismos?

¡Qué lindo es, todo blanco, con esa mancha negrísima sobre su ojo izquierdo! Parece que el cielo bajara un pedacito de noche para posarla allí, tímidamente. O quien te dice, tal vez no se atrevió a desparramar la negritud para evitarle una discriminación eterna en este país donde “todos” descendemos de europeos. Hasta los caballos, dicen.

A la izquierda ya se ve el mar, a la derecha los árboles que crecieron tanto desde la última vez que pasé por aquí, aunque ahora el viento les arrancó el follaje dejando al descubierto sus brazos enclenques, abiertos, como esperando un abrazo quien sabe de quién. Por lo menos y por suerte, éstos zafan de la tala.

Casi creo estar escuchando a Pá, cuando lo sorprenda mi llegada y ponga en acción su metralla de preguntas sin darle tiempo a las respuestas:

– ¿Qué hacés vos acá? ¿Viniste sola? ¿Cómo fue el viaje? ¿Quedaron todos bien, en casa? ¡Mirá que salir con este día! ‘tas loca vos.

-Sola no, Pa, vine con las pichis, como siempre.

-Peeeero, vos no cambiás más loquita linda. ¿Y los chicos? Pregunta acariciando a las perritas que se desviven por un mimo.

Mis hijos, sus únicos nietos-hijos, hoy tremendos hombrones, siempre serán “los chicos” para él. Cómo olvidar el papel de padre que el viejo cumpliera tantas veces.

Cada vez que salgo hacia algún lado y demoro un tiempo en regresar, se encarga de recordarme “que los dejo solos”. Solos… y yo medio como que me cargo de culpas. Por un rato ¡pero vaya si me asaltan!

-Quedaron en casa, Pa, trabajando, todos bien, te mandan besos. ¡Muuuchos! Quieren que vuelvas conmigo, también te extrañan.

-Peero, tienen que hacer todo ellos ahora, ay, ay, ay. ¡¿Cómo los vas a dejar solitos para venirte hasta acá?! Vos no pensás nada, siempre impulsiva, dice en su ataque de abuelismo protector, meneando su cabeza hacia ambos lados de sus hombros fuertes, desarrollados por el remo que practicara en su juventud.

-Pa, vine porque te extrañaba ¿Puedo?

-Vos no cambiás más, ¿Hasta cuándo te quedás? ¡Siempre con ese pucho en la boca!

-Me quedo hasta que no nos aguantemos más y vos quieras seguir tu vida de anacoreta. ¿Tomamos mate? Dale, hacelos vos que te salen más ricos. Yo pongo la pava.

Casi puedo escuchar su risa, sus palabras calcadas de veces anteriores lo que las transforma en un ritual de bienvenida, que por otra parte, sigo esperando.

Viejo gruñón, fuerte, persistente como esta llovizna que no para, cuando de cumplir sus deseos se tratara. Jamás lo vi resignado, quieto, esperando nada de nadie. Fue acción toda su vida, fue lucha, coraje y prepotencia cuando hizo falta. Se derrumbó cuando mi madre fuera arrancada de prepo, de este mundo, siendo muy joven, dejándonos a los dos descolocados y yo aprendiendo a impregnarme de su fuerza como para que los embates de la vida no logren volverme añicos. Como no lo lograron con él.
Al paso de los años emigró trescientos treinta kilómetros, hacia este mar. Ágil para huir de recuerdos y de situaciones expertas en crear recuerdos de a miles, bajo descaradas lluvias de plomo que empapaban todo.

Sólo un tema estuvo vedado entre nosotros, la política, aunque jamás lo propusimos formalmente. Fue un acuerdo tácito, aunque siempre exonerado por él, experto en chicaneo y yo experta en caídas en sus trampas abiertas.

-¿Viste lo que hicieron estos hijos de una gran siete? Terminar así con los ferrocarriles, romper con el sindicalismo, privatizar el gas, el teléfono, el agua. Y se dicen luchadores ¡Qué saben lo qué es jugársela! No es esto por lo que luchamos toda la vida. ¡Qué años aquellos y para qué!

-Nosotros tampoco quisimos esto, pa. (¡¡¡Uhhh, p’ta madre, arrebatada como siempre, caigo otra vez en la trampa caza bobos!!! ¿Cuándo aprenderé a morderme la lengua? ¡Qué tipa imbécil…!)

-Ntcccchhh, ustedes. ¡Ustedes que pueden hablar, si son catorce! Responde agitando su mano y agitando mi bronca como diciendo ¡andáaaa! Y pretende esconder una sonrisa irónica entre su barba aunque sin mucho esfuerzo. Yo se que piensa: “caíste, como siempre”. Logró lo que buscaba por enésima vez. ¡Provocador!

Abrió el fuego. Discurso metido, la bronca haciendo alpinismo sobre mis mejillas y yo haciendo un nudo con las palabras como para no comenzar una discusión estéril. Ganas de acogotarlo o acogotarme por atropellada, aunque si uno se pone a pensar diría que tiene razón, como siempre. Como en casi todo. La única forma de salir ilesa de la trampa, es cambiando de tema.

-¡Uy Pa, que lindo está el césped y la camelia explota de pimpollos! (Que nosotros somos catorce, sah, pero armamos cada broncas, además no nos da vuelta nadie y fuimos los primeros en salir a la calle por los trenes y por todo mientras ustedes quedaban bien piolitas en su casa. Bah, algunos de ustedes. Ya sé que vos no).

-Cuántos limones, Pa, esperame que voy a bajar el bolso (lo que en realidad quiero es irme a la mierda, siempre el mismo, después de comerme semejante viaje, yo siempre la misma idiota que cae en su trampa).

Claro, el viejo nunca me perdonará que haya elegido ser yo misma, sin atarme a su vivencia que también fue la mía, la que dejó huellas indelebles en mi historia.

No quise aceptar retóricas impuestas, simplemente cambié por elección. Tampoco se da cuenta que después de todo fue él mismo quien me enseñó a pensar.

Que se yo, tal vez pensamos distinto pero los sueños son parecidos, sólo que él tomó su camino y yo crucé la vereda. Claro, ya crecida, jamás volví a cantar “ni yanquis ni marxistas, pe-ro-nistas” porque no me dio la gana. Armé mi historia. Y a él no le dio la gana comprenderme. Ni su historia.

Todos dicen que me parezco mucho a él, cosa tan loca, iguales pero diferentes, somos la encarnación de la cuestión dialéctica aunque él nunca mencionara “esa cosa”.

Hasta los términos diferencian a las personas, campo popular-trabajadores; dirigente político-cuadro y estamos hablando de lo mismo, pero aprendimos a poner “versus” diferenciadores. Fuimos como la llovizna que no llega a aguacero porque no se une, porque es tímida, porque no quiere mojar tanto, ni hacer charcos en el campo, aunque haga tanta falta el aguacero. Para todos.

Ya casi estamos llegando. Doblaré en la próxima esquina, el aire de Santa Teresita parece distinto al de Las Toninas o al de San Clemente. Digo, tal vez sólo me parezca a mí, porque allí siento impregnado su perfume de lobo de mar solitario.

Subo por la calle 32, doblo a la derecha y sigo subiendo hasta llegar a la enorme casona donde él estará tomando sus mates de la tarde. El y su soledad empapada de recuerdos contracturados, entre la bruma del mar y el vuelo de las gaviotas.

Las perritas comienzan a agitarse, aunque parezca increíble, creo que se dan cuenta que estamos llegando, cada vez que tomo por esta calle hacen lo mismo.

-¿Vamos a la casa de abuelo? Digo, apenas si sonrío y ellas mueven sus colitas, saltan unas sobre las otras como queriendo bajar a través de los cristales.

Estoy en la puerta, no me animo a bajar del coche, las ventanas están cerradas, no vale la pena tocar el timbre, total, no saldrá nadie y sin embargo estoy escuchando su metralla que tampoco vale la pena responder ya que nace y muere en mí. Está estampada en el recuerdo como la arena a la playa, como el ayer al presente, como la vida a la muerte.

Ya casi ni divago como en el viaje. La realidad abofetea. Nadie está tomando mate, no habrá intercambio de ideas, provocaciones ni chicanas. ¡Y lo que daría por una! Sólo se unen el presente con el pasado reciente y se estrechan fuertecito convirtiéndose en una masa informe que enternece haciendo daño, tejiendo telarañas con los hilos de ayeres invisibles.

El está muerto no del todo. Yo sigo viva aunque tampoco sé si del todo.

Busco las llaves en el caos de la cartera, prendo mi cigarrillo número qué se yo cuánto, quiero dilatar la entrada al mundo real aferrándome al ilusorio, respirando hondo, tomando coraje hasta girar hacia la entrada que me transporta hacia el pasado.

Abro la puerta del garaje, entro y vuelvo a cerrarla. Suelto a las perritas que salen como disparadas hacia el parque donde la camelia explota de pimpollos. Ellas y yo buscando lo que no encontraremos.

Lo primero que aparece ante mi vista son esas letras azules que él pintara uno de sus días de soledad, prolijamente rebuscadas. Resalta el azul fuerte sobre la pared blanca que da al altillo, “Los niños y los ancianos son los únicos privilegiados”.

La frase en sus orígenes decía “En la nueva Argentina, los únicos privilegiados son los niños”, pero cuando los años cayeron sobre ese cuerpo de titán, introdujo a los ancianos en el apotegma, no sea cosa de quedar afuera. ¡Viejito loco!

¡Recuerdo cuánto reímos la primera vez que vimos eso que hoy me parece una obra de arte!

No es la primera vez que entro al caserón vacío, sin embargo las imágenes se repiten.

-Hola Pá, dije bien fuerte.

-Vine porque te extrañaba, ¿puedo?

-¿Viste lo que hicieron estos hijos de perra, Pa? Claro que no es lo que quería él y claro también que nosotros seguimos siendo catorce, con suerte y si sumamos tres por uno.

(Bah, que nosotros somos catorce, sah, pero armamos cada broncas, además no nos da vuelta nadie y fuimos los primeros en salir a la calle por los trenes y por todo mientras ustedes quedaban bien piolitas en sus casas. Bah, algunos de ustedes. Ya sé que vos no).

-¡Uy Pa, que lindo está el césped y la camelia explota de pimpollos!¡Qué lindos están los limones!

Bajé el bolso, aunque en realidad otra vez lo que quiero es irme a la mierda, no está el viejo provocador, no estará mañana, ya no puedo sentirme la misma idiota cayendo en trampas caza bobos. ¡Y quisiera zambullirme dentro de una!

Enciendo todas las luces, abro todas las ventanas, la tarde gris apresuró la penumbra. Las perritas espantaron al gato del vecino que me saluda desde enfrente y el motor del mar sigue tronando y yo queriendo que se lleve hacia su profundidad los recuerdos que me pesan y me duelen y me llenan de congoja y quedan ahí tan firmes, como está él.

-¿Tomamos mate, Pa? Hacelos vos que te salen más ricos. Yo pongo la pava.

¡Dale Pa, hacelos vos!

Afuera sigue lloviznando, para mí, se descargó un diluvio…

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La consulta previa: El mundo predica pero Perú no practica

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En Los Andes se vive una tensa calma después de un mes violento. La diplomacia predica la necesidad de la consulta previa a los pueblos nativos. Pero en la práctica sus decisiones, al menos en el Perú es aún una quimera. Veamos qué sucede:
La consulta previa es un proceso de diálogo intercultural que inicia el Estado con los Pueblos Indígenas, para darles a conocer a dichos pueblos las medidas legislativas, administrativas o autorizaciones de extracción de recursos naturales ubicados en sus territorios, con el objeto de lograr su consentimiento libre, previo e informado o llegar a un acuerdo con ellos. Asimismo, garantiza su derecho de participación y opinión.


La ONU declaró el 13 de setiembre del 2007 que más de 370 millones de indígenas del planeta cuentan con un instrumento importante en el reconocimiento, la promoción y protección de sus derechos y libertades fundamentales. Esta declaración se suma a otros instrumentos como el Convenio N° 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes de la controvertida Organización Internacional del Trabajo-OIT, que en la práctica los representantes de cada país, caso Perú, representan a las patronales más grandes y conservadores y no a las grandes masas de obreros.

Estos y otros documentos del sistema de las NNUU, tan ponderados por el orden internacional carecen de vigencia en los países que los suscriben. No hay instituciones ni legisladores probos, ni grandes movilizaciones populares que puedan romper este círculo vicioso y mafioso. El convenio con la OIT, ratificado por el Perú en diciembre de 1993 y vigente desde principios de 1995, dos años después fue echado por los suelos.

La llamada Ley de Tierras (D.L 26505) impulsó el comercio libre de tierras, empezando por las comunidades campesinas de la costa de Piura y luego se extendió a la selva, no obstante la insistencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que instaba al Estado Peruano a cumplir con los compromisos asumidos, explica Alberto Chirif, antropólogo con más de 40 años de experiencia en temas de derechos colectivos de los pueblos indígenas y autor de varios libros.

En el Perú, durante cinco años los legisladores de avanzada han trabajado para buscar soluciones concretas desde una perspectiva intercultural. Pero el país entero constata que la intención de encontrar un Pacto Social entre los pueblos indígenas y el Estado, es una causa que va fermentando.

Puno, Bagua y otros escenarios

En la Región Altiplánica, en junio del 2011 han muerto ocho pobladores, asesinados por las balas de la represión. La protesta popular contra el abandono secular y la exclusión de los beneficios del Estado, desbordó, después de un mes de insistente reclamo pacífico, en una violenta destrucción de instalaciones públicas, incluyendo parte del aeropuerto internacional. Las recientes protestas han sido lideradas por las naciones aymara y quechua, dos de las 44 familias etnolingüísticas del Perú de tiempos inmemoriales.

El gobierno del Apra (2006-2011), en su último mes en el poder, prefirió desatender las demandas de los andes del sur. En Azángaro, se exige la descontaminación de la cuenca del Ramis, uno de los ríos que transporta al lago Titicaca los relaves de una poderosa minería informal, donde reina el tráfico de niños, la delincuencia común, el contrabando por la frontera de Bolivia y Chile, las plantaciones de coca, tráfico de drogas y de madera. Y en la ciudad de Puno, se rechaza a un proyecto minero canadiense, que no ha contado con la consulta previa, demanda presente en la mente y la acción de los pueblos indígenas, como lo expresa el aymara Wálter Aduviri.

Similar violencia desataron hace dos años los proyectos de inversión petrolera, sin consulta previa, en la región amazónica de Bagua, con la muerte de 34 personas. El viernes 5 de junio del 2009 es una fecha de triste recordación en el país, en sus relaciones con las comunidades amazónicas. El enfrentamiento fue entre policías y más de tres mil indígenas de las etnias awajún y wampis; además de campesinos, ronderos y excombatientes del Cenepa durante el conflicto con Ecuador que habían tomado la carretera marginal. El líder indígena Alberto Pizango, se asiló en la embajada de Nicaragua como perseguido político.

Derogación sin precedentes

Para Puno, el gobierno ha tenido que expedir una corrección sin precedentes. Alegando, razones de Estado, el aprismo logró que el pleno del Congreso aprobara la derogación de los controvertidos decretos legislativos 1090 y 1064, con la oposición de las bancadas del fujimorismo y del empresariado.


No obstante estos antecedentes, las comisiones parlamentarias de Pueblos Indígenas y de Educación no han podido elevar sus propuestas a la categoría de Ley, debido a la presión del Ejecutivo, que bajo la “filosofía” del Perro del Hortelano, esgrimida por el Presidente Alan García, es un primitivismo inaceptable que los pueblos se opongan a la inversión extranjera. Aprobar la propuesta de la Consulta Previa por este Congreso, hubiera significado la penalización de todos los ministros y funcionarios, incluyendo al Presidente de la República, por las muertes de Bagua y Puno.

Crisis de la OIT

La sacralizada ONU señala que los pueblos indígenas son iguales a todos los demás pueblos y tienen el derecho a ser reconocidos como diferentes y ser respetados como tales.

La comisiones multipartidarias encargadas de estudiar y recomendar la solución a la problemática indígena y la educación pluricultural - presididas por las paralementarias Gloria Ramos e Hilaria Supa Huamán – han trabajado durante cinco años y ahora emiten sendas conclusiones, empezando por recodar que: “El Perú es un país pluriétnico, pluricultural y multilingüe, donde conviven varios Pueblos Indígenas u Originarios, conjuntamente con las demás personas que componen la sociedad nacional”.

El informe parlamentario de Consulta Previa rescata los logros de la educación en los pueblos amazónicos de Yachaquis o Amautas tecnológicos, y de países como Colombia y Bolivia, considerando imprescindible la cobertura de la educación bilingüe a todas las comunidades nativas y andinas en todos los niveles: inicial, primario, secundario y superior.
Desde 1980 se produjo la legalización de organizaciones indígenas ya existentes como también la creación de nuevas. Así surge la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana –AIDESEP y la Confederación de Nacionalidades Amazónicas del Perú – CONAP, organizaciones que han logrado elegir al primer parlamentario (2011-2016) que luchará por sus derechos.

El congresista electo de Gana Perú, Eduardo Nayap Kinin, de la comunidad Awajún, considera que la aprobación de la Ley de Consulta Previa contribuirá a que las concesiones y la búsqueda de las riquezas naturales en la Amazonía se desarrollen de una manera justa, transparente y respetando los derechos de las comunidades indígenas.

Según la Ong. Derecho, Ambiente y Recursos Naturales, se necesita un tigre para evitar malos negocios del Perú y señala una “lista de escandalosos y perjudiciales contratos firmados por el gobierno peruano: La Brea y Pariñas, el contra Doe Run y el contrato Camisea, entre otros”.

Advierte que el acuerdo energético Perú Brasil no cuenta al menos con una planificación energética nacional que asegure recursos energéticos a largo plazo. Tal acuerdo, de junio del 2010, podrá ser denunciado recién por cualquier de las partes después de 15 años.

En el caso de la Brea y Pariñas, recuerda que nunca se supo cuánto dinero debía pagar una empresa norteamericana por el petróleo que se extraía de estos pozos. En el caso de Doe Run, no ha cumplido con varias de sus obligaciones, debiéndole al Perú varias centenas millones, sin embargo ha entablado una demanda el Estado por una suma millonaria. Y el contrato de Camisea, afecta en el precio de gas para las regiones y al Estado con menos canon y menor recaudación por la exportación.

Este tenso clima político vive el Perú, cuando faltan pocas semanas para que el Ollanta Humala asuma al poder hasta el 2016, y el país espera que su programa social, de preferencia en el sector rural, pueda ser cumplido con el pago de mayores regalías de las mineras, un mayor control de la tributación, lucha implacable contra la corrupción pública, el narcotráfico y garantías jurídicas para la inversión formal.

Conclusiones finales

El Informe Consulta Previa sobre Derechos Fundamentales de los Pueblos Indígenas e Instrumento de Gestión Estatal para el Fortalecimiento de la Democracia, es un documento de 300 páginas, elaborado durante cinco años por 13 parlamentarios y el asesoramiento de técnicos y ONGs especializadas. Una síntesis:

-La Constitución Política protege y reconoce, como derecho fundamental de las personas, la Identidad Étnica y Cultural.

-Los Pueblos Indígenas u Originarios, pre existen al Estado peruano como tal.

-El Convenio 169 de la OIT es una norma de rango constitucional, auto aplicativa y sus disposiciones son de obligatorio cumplimiento por el Poder Legislativo, Ejecutivo y Judicial, así como para todo el resto del aparato estatal, incluyendo gobiernos regionales y locales.

-La Consulta Previa, contenida en el Art. 6° del Convenio 169 es una obligación ineludible del Estado peruano y un derecho fundamental de los Pueblos Indígenas. La Falta de mecanismos que permitan la Consulta Previa no es causal de justificación, en tanto de que ésta proviene de su propia inactividad.

-La Consulta Previa no busca discriminar mayorías, sino construir y generar consensos entre el Estado y los Pueblos Indígenas.

-Recomienda la creación de una Comisión Multipartaria encargada de la Consulta Previa a los Pueblos Indígenas. Igualmente un instrumento procesal parlamentario y fortalecer la capacidad de los congresistas, asesores y técnicos parlamentarios.

-Solicitan al Poder Ejecutivo, que implemente políticas y mecanismos de Diálogo Intercultural oportuno entre el Estado y los Pueblos Indígenas. Igual recomendación plantean a las alcaldías y consejos regionales y municipales.

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Música: El bandoneón

WIKIPEDIA

El bandoneón es un instrumento musical aerófono libre (o de lengüetas libres) a fuelle, pariente de la concertina (deutsche Koncertina), de forma rectangular y sección cuadrada y timbre particular. Fue diseñado inicialmente en Alemania como evolución de instrumentos de lengüetas sueltas anteriores, como la concertina entre otros.

Se dice que su uso fue inicialmente como órgano portátil para ejecutar música religiosa; de ahí su sonido sacro y melancólico único. Al llegar al Río de la Plata de la mano de marineros e inmigrantes, fue adoptado por músicos de la época, colaborando de ese modo en la formación del sonido particular del tango rioplatense, constituyéndose en un verdadero símbolo de éste.

Es muy utilizado en el Río de la Plata, particularmente en las ciudades de Buenos Aires y Rosario, así como en el Uruguay, por su vinculación con la música del tango. También es popular en la Mesopotamia argentina por su utilización en el chamamé, particularmente en la provincia de Corrientes. En otras provincias argentinas también marcó su influencia, como en Santiago del Estero en la chacarera y Salta en la zamba entre otras.

El desarrollo y evolución del bandoneón es bastante incierto, pero se puede destacar como grandes colaboradores en el diseño del mismo a Carl Friedrich Uhlig (1830) y Carl Zimmermann (1849). El nombre proviene del alemán bandonion, y éste es un acrónimo de Heinrich Band (1821-1860), quien fue uno de los primeros en dedicarse a comercializarlos.

El músico ejecutante de bandoneón recibe el apelativo de bandoneonista.

Un tango con letra de Pascual Contursi y música de Juan Bautista Deambroggio, compuesto en 1928 y que Carlos Gardel incorporó a su repertorio, trata ya al bandoneón como a un hijo adoptado:

Bandoneón arrabalero,
viejo fueye desinflado,
te encontré como a un pebete,
que la madre abandonó.

A título de ejemplo, ofrecemos aquí tres interpretaciones tangueras.




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El verdadero color de los líderes

Juan Alonso (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Nunca el guía es blanco, negro, mulato, amarillo
cobrizo como se dice
sus pieles hay que descubrirlas por detalles,
señas, indagaciones
y solo pueden ser de dos tonos: el nuestro y el de ellos
Aquél dijo que quería a los pobres y lucharía para ellos
hasta morir o hacerlos dictadores;
en el poder vivió modesto, habló claro,
luego se fue y caminó por continentes ocultando el rostro;
con la idea de cortar las amarras a los indígenas
disparó en la soledad de los árboles,
una noche lo asesinaron
y sin llanto ni duda llevó a sus huesos
el sol transparente de su revolución
Otros publican que ricos y pobres serán iguales en la eternidad
que el hoy transitorio en el planeta es un orden que ha sido siempre
donde una ley incomprensible mueve las riquezas a sus manos
tan naturalmente como la luz tira los girasoles
Esas bocas encontradas no ocupan el mismo lugar del arcoíris
aunque una red de falsos interpretadores
confunda palabras, hechos, historias, cielos
No es fácil excavar para develar el color de los adelantados
la maraña debe despejarla cada hombre y mujer
con los ojos, oídos, la piel, la razón, la boca

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Cine: Carta de presentación (1938)

Jesús Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)


NACIONALIDAD: Estadounidense
GÉNERO: Melodrama
DIRECCIÓN: John M. Stahl
PRODUCCIÓN: John M. Stahl
PROTAGONISTAS: Adolphe Menjou como John Mannering
Andrea Leeds como Kay Martin
George Murphy como Barry Paige
Edgar Bergen como él mismo
Charlie McCarthy como muñeco de Edgar Bergen
Mortimer Snerd como muñeco de Edgar Bergen
Rita Johnson como Honey
Ann Sheridan como Lydia Hoyt
GUIÓN: Bernice Boon, Leonard Spigelglass, Sheridan Gibney
FOTOGRAFÍA: Karl Freund
MÚSICA: Charles Previn, Harold Adamson, Charles Henderson, Frank Skinner
DISTRIBUCIÓN: Universal Pictures
DURACIÓN: 101 minutos

Bien lo sabemos por la maravillosa cinta de Woody Allen, La rosa púrpura del Cairo (1985) que el cine, durante la Gran Depresión económica, cumplía una función de evasión de una dura realidad, lo que hacía que Hollywood se convirtiera en una verdadera fábrica de sueños, como bien lo señalara el escritor ruso Illya Ehrenburg, gracias a un aparato productivo que mezcla intereses económicos y estrategias políticas, para llegar a ser una verdadero de opio del pueblo, con el que se pretende lograr la manipulación de las masas..

De esa manera el séptimo arte devenía en una cinematografía más preocupada del negocio que de la producción artística, cargada entonces de cierto moralismo, acorde con la ideología que pretendía transmitirse.

Pero, Carta de presentación, si bien sigue las pautas del típico cine de evasión, no aparece en el contexto mismo de la Gran Depresión, como sucedía con la cinta a la que asistía Cecilia en la historia rodada por Woody Allen.

Carta de presentación surge en el contexto del New Deal, precisamente cuando Franklin Delano Roosevelt ascendiera al Poder y se propusiera combatir los efectos deletéreos del crac de 1929, mediante una política intervencionista que procurara sostener a las capas más pobres de la población, reformar los mercados financieros y volver a dar un nuevo dinamismo a la economía estadounidense, marco histórico, en el que John M. Stahl daría lo mejor de su filmografía.

Así asistimos al drama de Kay Martin, una mujer de la clase media norteamericana, con aspiraciones de hacerse una actriz famosa, gracias a una carta de presentación, que le otorgan para entregarla a un reconocido y veterano actor, John Mannering, un narcisista don Juan, quien, en realidad es su padre, lo que le permite acceder transitoriamente al mundo glamoroso que se daba en los altos medios artísticos, con posibilidades de disfrutar de las fiestas de alta sociedad, de la que sarcásticamente se burla, Charlie McCarthy, el muñeco del ventrílocuo Edgar Bergen.

Ese vivaz monigote no tiene empacho cuando le dicen que la gran burguesía flota como la nata en añadir que la caca también, para definir mejor la alta suciedad.

La aparición de las figuras de Bergen, con chistes muy agudos, que interrumpen la narración, son, para mi gusto, lo mejor de la película, la cual permite el rescate de quien se ha considerado el mejor ventrílocuo del mundo, el padre de la famosa actriz Candice Bergen, ya que él y sus muñecos. Charlie McCarthy y Mortimer Snerd, acaban por robarse el show de la película, una cinta con historia simplona e inverosímil, pero con la técnica especial de Stahl, de hacer melodramas con los sentimientos contenidos por un distanciamiento, que recuerda un poco a Bertolt Brecht, lo cual, en el género melodramático, pareciera hacer parte de una contradicción que Stahl logra manejar muy bien.

Pero son tantas las cosas que ocurren a la protagonista que la cinta no deja de resultar bastante inverosímil.

De entrada, se le incendia su casa, lo que le permite conocer a un galán que se enamora ardientemente de ella, un bailarín que nos deleita durante breves instantes, con una danza callejera, con la que pareciera anticiparse las magníficas escenas de un Gene Kelly.

La facilidad con la que se da el reconocimiento por parte de un genitor abandonante, quien decide llevarla a las tablas, al protagonizar un elegante drama, en el que la torpeza del hombre alcohólico termina por llevarlo al traste, para culminar después con el suicidio del veterano actor, quien muere antes de hacer pública la verdadera historia de su protegida, son bastante traídas de los cabellos.

Ante tanta cosa, Kay se reserva de hacer uso de la carta de presentación ante el gran pública, para no mancillar el honor de su papá; pero la carta le sirve para aplacar los celos de su novio, quien se imagina que su prometida ha caído en las garras del viejo don Juan, de quien se supone que sabrá cobrar muy bien por su favoritismo.

Todo eso lleva a la chica a aplazar su entrada en el mundo del teatro y hacer una vida afectiva con su pareja, mientras lo mismo hacen Edgar Bergen y su novia, a la vez los muñecos del ventrílocuo cierran la elegante puesta en escena, con escasos movimientos de cámara, sólo para mostrar breves desplazamientos de los actores.


Es llamativo que esta cinta haga parte de una colección lanzada por el periódico español El País, en un DVD que pareciera dedicado a célebres personajes femeninos, tal vez para resaltar las virtudes de una mujer como Kay Martin, quien pareciera estar dispuesta a superar todas las adversidades y darles solución de una manera inteligente y noble, ya que ella con su bondad obliga a los otros a comprender situaciones y ella misma enfrentada con personajes de un narcisismo considerable, logra probarles en la práctica, las palabras de San Pablo, en la que el apóstol no dice que el amor es abnegado, paciente, servicial, que no es envidioso, que no hace alardes, que no se envanece, que no procede con bajeza, que no busca su propio interés, que si se irrita, perdona, sin tener en cuenta los males recibidos, al no alegrarse con la injusticia sino regocijarse con la verdad, lo que viene a ser todo un ideal cristiano, virtudes que durante mucho tiempo se consideró que debería tener toda mujer.


Pero, a pesar, de que estemos frente a puro cine comercial, no podemos decir que esta cinta sea una bazofia, como tantas de las que se venden en los mercados de lágrimas, ya que la cinta resulta muy bella formalmente.

En ella podemos admirar de esa estrella fugaz en el cielo del cine que es Andrea Leeds y las divertidísimas intervenciones de los muñecos de Edgar Bergen, manejados con gran maestría, para lograr diálogos fluidos entre el monigote y su mánager, en un tiempo en el que no existía la televisión sino que eran días de cine y de radio, que tanta nostalgia producen a directores contemporáneos de la talla de un Steven Spielberg y un Woody Allen.

En esta película nos vemos rodeados de mujeres hermosas, no sólo Andrea Leeds, sino que podemos disfrutar de la belleza de una Ann Sheridon, quien empezaba a hacer sus pinitos en el cine, antes de convertirse en un verdadero sex symbol del séptimo arte norteamericano


La Sheridon en esta ocasión encarna a la prometida del vetusto actor, padre de Kay, representado, a su vez por el elegante Adolphe Menjou, quien nos luce algunos de sus famosos abrigos, con todo lo cual al ver el fin de la cinta, comprendemos que realmente tuvimos una linda muestra de lo que es el cine típico de la fábrica de sueños.

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Declaración del Movimiento Poético Mundial

En el marco del 21º Festival Internacional de Poesía de Medellín, directores y representantes de treinta y siete festivales de poesía de cuatro continentes se han reunido durante cinco días para hablar sobre el estado de la poesía y los festivales de poesía alrededor del mundo, analizando y discutiendo las preocupaciones humanas y los aspectos relacionados con nuestras dificultades y logros como parte de organizaciones locales que promueven la poesía en cada una de nuestras ciudades y países.

En las primeras sesiones se discutió la relación entre la poesía y la paz y la reconstrucción del espíritu humano, la reconciliación y recuperación de la naturaleza, la unidad y la diversidad cultural de los pueblos, la miseria material y la justicia poética y sobre las posibles acciones a tomar en pos de la globalización de la poesía.

Los participantes decidieron establecer el Movimiento Poético Mundial, cuyo principal propósito será el de incrementar la cooperación entre los festivales de poesía y así fortalecer nuestra voz colectiva.

El Movimiento Poético Mundial reconoce que:

• La poesía provee una visión significativa de la condición humana.
• Contrariamente a la idea de que los lenguajes dividen el mundo, es precisamente esa diversidad de lenguajes la que enriquece los festivales de poesía.
• El Movimiento Poético Mundial fortalecerá cada festival en su enfoque local y global de sus retos y preocupaciones.
• La excepcional conexión con el público evidenciada en el Festival Internacional de Poesía de Medellín hace resaltar el valor de la poesía para llegar a la gente.
• Los principales objetivos del Movimiento Poético Mundial son:
• Que todos los poetas, iniciativas poéticas y organizaciones afines están invitados a unirse al Movimiento Poético Mundial.
• Promover la fundación de nuevos Festivales de poesía alrededor del mundo en toda su diversidad.
• Mejorar la comunicación entre los festivales de poesía y las organizaciones poéticas.
• Promover el desarrollo de escuelas de poesía e iniciativas poéticas.
• Explorar iniciativas para el desarrollo de audiencias y la expansión del acceso público a la poesía.
• Encaminar esfuerzos para la publicación y la traducción de poesía alrededor del mundo.
• Este movimiento comienza como un proceso significativo que va más allá de las pretensiones individuales y crea auspiciosas posibilidades para los poetas y los eventos y proyectos de poesía en todo el mundo y por ello debemos elevarnos con humildad y proteger el nacimiento de este nuevo proyecto.

El grupo de directores y representantes de los Festivales Internacionales de Poesía reunidos en Medellín.

Los festivales fundadores son:

• Tomás Arias en representación Barcelona Poesía (España)
• Kwame Dawes, representative of Calabash International Literary Festival
• Norma Cárdenas, directora del Encuentro Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer Cámara (Tabasco, México)
• Aaron Rueda, director del Festival Iberoamericano de Poesía Salvador Días Mirón (México)
• José María Memet, director del Encuentro Internacional de Poetas ChilePoesía
• Sixto Cabrera, representante del Encuentro Latinoamericano de Poesía en Veracruz (México)
• Lucy Cristina Chau, poeta y directora del Festival Internacional de Poesía Ars Amandi (Panamá)
Fernando Valverde, poeta y director del Festival Internacional de Poesía de Granada (España)
Rafael del Castillo y Fernando Linero, poeta representantes del Festival Internacional de Poesía de Bogotá (Colombia)
• Graciela Aráoz, directora del Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires
• Rodolfo Dada, poeta en representación del Festival Internacional de Poesía de Costa Rica
Rigoberto Paredes, poeta y director del Festival Internacional de Poesía de Honduras
• Alex Pausides, poeta y director del Festival Internacional de Poesía de La Habana (Cuba)
Giovanni Gómez, poeta y director del Festival Internacional de Poesía Luna de Locos (Pereira, Colombia)
• Fernando Rendón, Gabriel Jaime Franco, Jairo Guzmán y Gloria Chvatal, en representación del Festival Internacional de Poesía de Medellín (Colombia)
• Marvin García, poeta y director del Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango (Guatemala)
Gabriel Impaglione, poeta y representante del Festival Internacional de Poesía Palabra en el Mundo.
• Vilma Reyes y Vicente Rodríguez Nietzche, poeta, en representación del Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico
• José Mármol, poeta y director del Festival Internacional de Poesía de República Dominicana
Otoniel Guevara, poeta y director del Encuentro Internacional de Poetas El Turno del Ofendido (El Salvador)
• Rira Abbasi, directora del International Festival of Peace Poetry (Irán)
• Gaston Bellemare, Presidente de la Federación Internacional de Festivales de Poesía y director del Festival International de la Poèsie de Trois-Rivières (Canadá)
• Iryna Vikyrchak, poeta y directora ejecutiva de International Poetry Festival Meridian Czernowitz (Ucrania)
• Lello Voce, poeta y representante del International Poetry Festival RomaPoesía y de Absolute Poetry (Italia)
• Amir Or, poeta y director de International Poetry Festival Sha'ar (Israel)
• Rati Saxena, poeta y directora de Krytia International Poetry Festival (India)
• Thomas Wohlfahrt, director del Literaturwerkstatt Berlín (Alemania)
• Endre Ruset, poeta y Director de Norsk Litteraturfestival (Noruega)
• Peter Rorvik, director de Poetry Africa (Suráfrica)
• Bas Kwakman, director de Poetry International Rotterdam (Países Bajos)
• Regina Dyck, directora del Poetry on the Road (Alemania)
• Céline Hémon, directora de Relaciones Internacionales de Les Printemps des Poètes (Francia)
• Jack Hirschmann, poeta y director del San Francisco International Poetry Festival (Estados Unidos)
• Zabier Hernández en representación del Recital Internacional de Poesía desde el Sur, en Pasto (Colombia)
• Ataol Behramoglu, poeta y organizador del Smyrna Poetry Festival (Turquía)
• Nikola Madzirov, poeta y representante de Struga Poetry Evenings (Macedonia)
• Ban'ya Natsuishi, poeta y director de Tokyo Poetry Festival (Japón)
• Ide Hintze, director of the Vienna Poetry School

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