viernes, 22 de julio de 2011

Sísifo (hijo de Eolo, rey de Corinto)

Ricardo Luis Plaul (Desde Remedios de Escalada, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

-¡Cuánto pesa esta piedra!- roca, diría una famosa profesora del Instituto. –Bueno roca entonces, pero pesa mucho y me hace sudar-.-Qué raro tanto calor en junio, en Bariloche-

Desde que salimos todo se complicó. Por el problema de las cenizas volcánicas nos llevaron a Esquel y desde allí a Bariloche en micro.

-¿Falta mucho pa?- . –No Gastón, falta poco-. -Tengo hambre pa-.-Bueno Julio, cuando lleguemos al hotel ya vamos a comer, por ahora conformate con las galletitas.- -¡Quiero pis pa!-Ya te llevo al baño Victoria.- -No, en ese baño “teno medo” -. –Yo te agarro fuerte Vicky , no tengas miedo, vení.-

Mientras arrastraba la roca con una fuerte soga de cáñamo iba almacenando recuerdos en mi mochila. Me sorprendió ver algunos compañeros de oficina a la orilla de la ruta gritándome epítetos de grueso calibre: -¡lameculos! ¡chupamedias! ¡morite! También vi a mi ex – suegra, escondida entre la multitud, tirándome piedras de vez en cuando. Tenía puesto un gorrito tirolés y la gente festejaba su actitud agresiva. Debía hacer un esfuerzo titánico y mis fuerzas se agotaban. La cima estaba aún lejos y mis pies se hundían en el lodo que cubría la calle como si fuera un gigantesco baño de chocolate Bariloche.

Recordé que al llegar al hotel, después de comer algo con los chicos, fuimos a la habitación y nos tiramos un rato a descansar del interminable y tedioso viaje. Habíamos salido de Aeroparque a las 5.00 hs. y eran más de las 15.30 hs. Quise leer algo pero estaba agotado. No sé cuándo me quedé dormido.

El recalentamiento del lago por la lava volcánica permitió el crecimiento de medusas, que como en Israel, Escocia y Japón, habían estropeado las bombas de agua. Esto había generado docenas de casos de apagones completos o parciales en plantas energéticas costeras. Los científicos, que como yo estudiaban el cambio climático, habían predicho el aumento de estos organismos en las aguas, aún de los lagos. Algo anómalo estaba sucediendo en el clima del planeta y me habían convocado para dar una charla en el Instituto Geofísico de Bariloche. Mi ex -esposa no quería que fuera con los tres chicos pero yo deseaba que conocieran el sur. Mi insistencia provocó innumerables discusiones pero al fin cedió, para mi desgracia.

Ahora la nieve se estaba derritiendo y yo seguía transpirando mientras advertía, aterrorizado, una línea blanquecina de medusas a la orilla del lago. Comencé a gritar y sólo abría ampliamente la boca porque no lograba articular sonido alguno. La gente a mi alrededor reía como loca y hacía movimientos pendulares con los brazos. Iban adquiriendo un aspecto gelatinoso. Alguien puso una mano húmeda sobre mi boca.

-¿Qué son las “metusas” papi?- decía Vicky, mientras reptaba sobre mi estómago y metía sus deditos en mi nariz. Desperté sobresaltado, ya casi era hora de mi exposición y no sabía dónde ni con quién dejaría a mis hijos.

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El fascismo del siglo XXI

Juan Manuel Olarieta

En 2008 el presidente de la Federación Internacional de Automovilismo Max Mosley se destapó al organizar una orgía sexual vestido con uniformes nazis. Mosley es hijo de Ostwald Mosley, el fundador en Inglaterra de un partido nazi de “camisas negras” que pretendió ser utilizado como caballo de Troya para que el III Reich imperara en las islas. En segundas nupcias Mosley se casó en la casa de Goebbels y el mismo Hitler asistió a la ceremonia. El partido fascista fue prohibido en 1937 y poco después Mosley ingresó en prisión, aunque en 1977 le nombraron rector de la Universidad de Glasgow como si nada hubiera pasado.

Las escuderías que primero criticaron la orgía nazi-sexual de Mosley fueron las alemanas Mercedes y BMW. Así imaginaron que podrían lavar su origen, que es la misma que la de Mosley: el nazismo.

Al año siguiente el patrón de la Fórmula 1 Bernie Ecclestone elogiaba a Hitler en una entrevista en el periódico británico “The Guardian”. Para Ecclestone su modelo de estadista es su jefe Max Mosley, a quien proponía para dirigir el Reino Unido.

El fascismo Fórmula 1 tiene ahora su continuación en Francia con la escudería Renault, aunque esta vez casi sin escándalo. Como Mosley y Ecclestone, Louis Renault fue otro fascista y colaborador del III Reich, pero cuando alguien pretende rescatar la memoria histórica está condenado al fracaso. Le acaba de ocurrir a la organización anarquista “Jura Libertaire” y al sitio de internet “hapoel.fr”, promovido por judíos franceses antifascistas, que fue cerrado temporalmente. Como el clan de los Rosón en Galicia, los nietos de Renault están a la busca y captura de una historia que les difama.

Pero no se trata sólo de escribir otra historia sino de dinero. El 9 de mayo la mafia Renault presentó una demanda ante los tribunales franceses para impugnar el decreto de nacionalización de las empresas Renault durante la guerra mundial. Los antifascistas de “hapoel.fr” publicaron un artículo impecable analizando la trastienda de las pugnas monopolistas que, en plena crisis industrial, explican la demanda judicial, así como el ascenso del fascismo y el chovinismo entre la burguesía francesa.

En cualquier país europeo los grandes oligarcas y monopolistas no han rectificado sus alineamientos de 1939; sólo han esperado pacientemente su momento propicio para volver por donde solían. No podemos acusarles de incoherencia y en todas partes están demostrando que están dispuestos otra vez a poner a poner a todos cara al sol... si no espabilamos.

No es retórica: el 12 de mayo el Senado belga aprobó una proposición de ley del partido fascista “Vlaams Belang”, aceptado por todos los partidos flamencos (excepto los verdes) para anular los efectos de las condenas y sanciones por hechos cometidos entre 1940 y 1945, así como crear una comisión para indemnizar a las víctimas de la “represión de pos-guerra” y a sus descendientes por los perjuicios padecidos. También en Bélgica le han dado la vuelta a la historia; los victimarios se han convertido en víctimas. El fascismo del siglo XXI está servido.

En Francia la mafia Renault no se ha conformado con que “hapoel.fr” rectificara su artículo sino que invocando la Ley para la Confianza en la Economía Digital ha cerrado el sitio. La demanda era por difamación porque la historia es mentira. La verdad es lo que ellos digan.

El abogado de los Renault demuestra otra tradición histórica que se repite: los alineamientos perversos de quienes no son lo que dicen ser. Quien firma la demanda en nombre de los monopolistas es Thierry Lévy, un abogado que reúne los mejores ingredientes: judío e izquierdista. Es la mejor manera de rehabilitar la memoria histórica de Renault, tal y como le hubiera gustado que hubiera sido.

En Francia, la competencia de Renault se llama Citroën, otro apellido ilustre de la saga de André Citroën, a quien Renault llamaba “el pequeño judío”. La competencia entre ambos tampoco fue tan feroz; se repartieron el pastel. Citroën reparaba los carros de combate que Renault producía para el III Reich en Francia. El caso Citroën ilustra bastante claramente lo que el fascismo significó para los judíos, un asunto de los más manoseados del pasado siglo. La persecución fascista no se ejerció contra los judíos sino contra el proletariado judío, de modo que mientras el gobierno de Vichy condujo a unos a los campos de concentración, un sobrino de Citroën, era secretario de Estado de producción industrial, es decir, cómplice de las deportaciones masivas de “los suyos”.

La historia la escribe la burguesía y los tribunales le ayudan a redactarla, siendo conveniente explicar cómo lo hacen. El 13 de julio del año pasado el tribunal de apelación de Limoges (Francia) condenó a un “Centro de la memoria” a retirar de una exposición permanente que mantienen desde 1999 una foto de Renault en la que aparece junto a Hitler y Goering en el salón del automóvil de Berlín de 1939. ¿Estaría trucada aquella foto? La sentencia no lo dice; por lo tanto es verdadera aunque “anacrónica”, dice el fallo. En cualquier caso es difamatoria.

Además, la sentencia condena al “Centro de la memoria” a pagar 2.000 euros a los herederos de Renault, que deben andar algo escasos de recursos en este momento de crisis.

En Francia la sentencia ha sido el detonante de una vasta campaña mediática de manipulación de la historia. El 8 de enero de este año “Le Monde Magazine” recordaba el enorme sufrimiento acumulado por la familia Renault durante décadas, injustamente acusados de colaboración con los nazis. La cadena pública de televisión France 2 se ha volcado en reparar tamaña injusticia histórica y los intentos de rectificar las “informaciones” por parte de los obreros que trabajaron en las fábricas, de la historiadora Lacroix-Riz y de 4.000 firmantes, han resultado inútiles: la verdad no necesita ser contrastada.

La difamación contra Renault sostiene, entre otras cosas, que éste personalmente y la patronal francesa en su conjunto mantuvieron estrechos lazos con la “Cagoule” (encapuchados), la organización clandestina que desde 1935 llevó a cabo maniobras de desestabilización y agresiones violentas contra los comunistas, los sindicalistas y los solidarios con nuestra República. Cuando el 24 de noviembre de 1938 los obreros del metal, incluidos los de las fábricas de Renault, se declararon en huelga, los dirigentes sindicales fueron acusados en juicio de “rebelión militar” y Jean-Pierre Timbaud, secretario del sindicato fue fusilado.

Que la burguesía fusile al proletariado es una infamia; que el proletariado fusile a la burguesía es gulag.

Juan Manuel Olarieta es abogado, escritor y represaliado político.

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La casa y la invasión de 1898

Carlos López Dzur (Desde Puerto Rico. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

1.

A Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936)

«La ética es lo fundamental de la estética»

Ramón del Valle Inclán

«Quisiera entrar en mí, vivir conmigo, poder hacer
la cruz sobre mi frente, y sin saber de amigo
ni enemigo, apartado, vivir devotamente»:
Ramón del Valle Inclán

Haré este experimento valleinclano:
recrearme en el portento
que evidencia la estética
más mostrenca del muestrario.

Miraré en lo superlativo de nuestro espejo cóncavo
para entrar en mí, para vivir conmigo
porque nada tiene de devoción a la patria
vivir peinando la calva en medio
del colonialismo.

Quiero, si es posible, vivir dentro del monstruo,
acostarme en sus entrañas como Jonás
en grutas de manteca. Y que se me quiten
mis olvidos de desobediencia.

Quiero no traducir mi «Ay, bendito»
compadeciendo sólo al poderoso
o dar mi bendición a él
cuando venga a matarnos.

Es mejor que ya me asuma
en la impronta impresionante
y que la memoria sepa dónde comenzó
«la eterna noche del pasado»
dónde me perpetúo sin apetito
por la «eterna noche del mañana».

2.

«Tuve miedo como no lo he tenido jamás, pero no quise
que mi madre y mis hermanas me creyesen cobarde, y permanecí
inmóvil en medio del presbiterio, con los ojos fijos
en la puerta entreabierta»: Ramón del Valle Inclán

Yo era como aquel Don Manuel Rodríguez,
el Alcalde. Con miedo a perder la Espada Blanca,
pero no cobarde. Yo no quise creer el amarillismo
de los gacetilleros que llamaron a España la Atroz,
la Carnicera; ¿quén si uno mismo puede aclarar
lo que somos?

... pero una noche, en el ocaso
de las pesadillas, desperté
con el Asunto de Virginius (1873).

Otro día, al madrugar, temblamos.
El partido Demócrata de la Era de McKinley,
que es buen Republicano ante el oportunismo codicioso
de Theodoro Roosevelt, planteó lo inevitable:
ya que han hundido el buque Maine USS
en el Puerto de La Habana
y a centenares ascienden los muertos,
ha de vengarse a la gringada marinera.

Entonces, por tal dinamitaje, apuntaron el dedo
a nuestras caras y dieron el ultimamatum:
«España, ésto, hundirnos el barco,
naufragarnos en sangre, es asunto de tus asesinos.
Abandona la isla, o declaramos la guerra».

Fue el 23 de abril. 1898».
Dos días antes Cuba se vio bajo
el bloqueo y, aquí, a mí, a mí
(que «quisiera entrar en mí, vivir conmigo,
poder hacer la cruz sobre mi frente,
y sin saber de amigo ni enemigo,
apartado, vivir devotamente»),
Macías me llamó a La Fortaleza y juntos
nos dímos ánimos, entrepiernas cagadas
y todo, ánimos, sí, pero temblando.

3.


Yo era, como aquel Alcalde, caballeroso,
realista, blando, bueno, aquel que vio el Monstruo
con dos cabezas. Uno era la Marina americana
surtiéndose de victorias en aguas del Pacífico
y Caribe; otro, era mi Gobernador
y lo que representa, una Cabeza; el Yankee,
otra, junto a la Corona que me exalta,
España mía.

Cuando quise regodearme en El Pepino,
él me llamó: Una misión de reconocimiento
desde mayo se cumple asaz conspiratoria
bajo nuestras axilas. Un Teniente
de la artillería americana tiene sus cómplices,
tentaculares voces en la isla.

«Hay una infección
de tración a la patria, Don Manolo».

Al misionero del Averno, le supe el nombre
y el rango: Henry H. Whitney, Teniente
y corroboré que su Bureau de Inteligencia Militar
(¿quién lo dijera?) cuenta con colaboradores
cipayos / pitiyankis / del patio.

Y ellos dan al exttranjero nuestros mapas,
con puntos estratégicos, claves de acceso
a nuestra geografía.

«Aquí están:
los arsenales, la boca de los montes
y la calle mayor,
que don como hilo plateado de Ariadna
en el oscuro hormiguero de Minos
y a toda salida nos conecta,
Aquí el monte tupido
para que sus artilleros salgan a bloquear
sus enemigos y, en asedio aislante,
mueran de hambre quienes defienden el León ibero».

Y yo era, como Manuel Rodríguez Cabrero,
último alcalde autónomo de la Colonia Tranquila,
y ví, cómo ufanamente arribó el Capitán Blackford
y pidió hablar conmigo, antes y lo recuerdo
un 12 de mayo, una escuadra de buques
del comodoro William T. Sampson
bombardeó la capital y cagarrutas de Macías
me hieden en las narices y salpicaron de llanto
el espejo cóncavo desde el que miro.

Ahora estoy ante un gringo de marras
que me come los ojos y me deja
ante uno de mis monstruos.
[«Tuve miedo como no lo he tenido jamás,
pero no quise que mi madre y mis hermanas
me creyesen cobarde».]
«Quiero que permanezca usted como Alcalde
de este pueblo. Me han dicho que usted
es honesto, trabajador, virtuoso.

Vamos a izar Nuestra Bandera.
A intercambiar las Espadas a las afueras
del edificio del Cabildo y sea confirmado
como Alcalde auspiciado por el nuevo orden
que proclama el General Nelson Miles en Puerto Rico».
[«... y permanecí inmóvil en medio del presbiterio,
con los ojos fijos en la puerta entreabierta»].

4.

Pero yo ví que Blackford tenía la complexión
de las arpías. Era un ave de rapiña
con rostro angelical de 'redneck' y lo ví,
en pesadilla, bajando del buque Yosemite
con 3,300 soldados de los suyos;
pisó las tierras de Guánica, se movió en escaramuzas
por los pueblos del Yauco, Fajardo, Guayama,
y parecía un tiburón bajo el Puente del Río Guamaní.
Entonces, las partidas sediciosas lo oliscaron
por Coamo y lo llamaron a la Batalla de Asomante.

Lo vimos como el águila en retirada del Cerro Gervasio,
reagrupándose para entrar a balazos en Aibonito,
pero cuando cayeron heridos los capitanes
y tenientes E. T. Lee, asistido de John Long
y el Teniente Harris, le dijeron:
«Ven. Huye»

Y fue el Comandante Landcaster:
«Vete a Pepino, que allá están quemando
y las lluvias de agosto
no apagan los fuegos que dañan cafetales;
hay que saber quién quema
y si quema por ayudanos, o quema
por odio que inspiramos.

«Allá no han de saber que el protocolo
de paz y rendición de España se ha firmado».

5.

«España no está aquí, está en América»:
Ramón del Valle Inclán

«Te están ofreciendo
la eterna noche del mañana, don Manolo.
No te niegues. Es noche el pasado
y es noche el mañana. Ese es un momento
en que no podemos escondernos
y tú eres el Hombre Selecto.
Un país es más que una bandera.
No te niegues por lealtad a Macías.
Ya Filipinas cayó
y Guam, y Guantánamo estará
por cien años en la garra de la arpía.
Afuera están cantando coplas de quemazones
Don Simplicio y su gente, mogrollos discursores
en las barricadas y Moncho Lira, el bastardo,
grita contra los yankees, Viva España,
él de quien no lo creería...
pero la Noche llegó
y Pedro Arocena es el gallo que madruga
y amarra de la cola de un caballo
al jíbaro y al mulato y se urge un Caballero
de Tu Bondad, no un españolista
con cepa de ladrones.
Recuerda que España ya no está aquí:
la esencia más pura quedó en medio
del campo», lo dijo en traducciones
con un inglés con zeta y con cedillas
Victor Primo, El Caballero,
cepa de González y González,
pariente español, criollo,
de los Giner de los Ríos.

6.

«Lo mismo da triunfar que hacer gloria la derrota»:
Ramón del Valle Inclán

«Soy aquel amante que nunca se muestra, muda
en cada instante mi sombra siniestra»:
Ramón del Valle Inclán

España cayó de bruces frente a nuestras narices,
don Manolo. Quedó sin aliento en El Desastre.
Sin principios en las batallas de Asomante y El Guacio.
¿Quién iba a decir que correrían, asustados
a abrazarse al enemigo. Fingiendo caídas
hombres como Soto Villanueva?
¿Cómo contar con hombres tales que ante el gringo
les entran sus culilllos y decirlo ante Macías Casado?
menos vergüenza me dio el sucio Bascarán
que el Teniente Suau y Soto Villanueva
con todos los rendidos a su mando.
Pero la Noche Monstruosa del mañana
es noche en todos; y valiente sea usted
ante la España que caduca,
que no admite su ruina ni su desmoronamiento
ni la trampa social ante su espíritu
y quiere vivir de figurones figurantes
lo que ya no tiene por virtudes.
Y la Noche de Borinquén es igual,
pero el mañana a definirlo nosotros
con estética mostrenca del Deber.

¡Adiós, Gobernador Macías y Casado
que a otro lado se vaya
con su incompetencia administrativa,
y las pompas y los trajes de brillo
de los figurones!
¡Adiós a los amantes que jamás se muestran,
a esos amores bobos del hispanismo
que son amores como los de Moncho Lira Mislán
que por la damita Scharrón
derrapa por calles de amargura!
¡Adiós a los que ni saben triunfar ni hacer
de la derrota su gloria!
Mediocre élite del León íbero vayan
a lamer las nalgas de la negrada en Pepino:
todos, hasta los buenos socialistas
y anarcos de Chago Iglesias, Mingo Liciaga.
los Juarbe, los Padró Quiles,
se han tornado barbosistas, cipayos,
pitiyankis y ésta es la podredumbre del momento.
España no está aquí, está en América,
pero América no es la puta obediencia
ni es el yankee ni el inglés impuesto
como lengua educativa por decreto.
No son gringas maestras
con los nombres de «mísis» con misiones
de que nos metan el inglés
por el gollate y 'civilicen' nuestros hijos ignorantes.
Font-Feliú, ahora pionero de los anexionistas,
ayer adláter comecandela de la Espada Blanca...

¡Ay, don Manolo, por la gente sin meta
ni futuro, quédese en la Noche del Mañana,
acepte la Alcaldía que se la ofrecen
de oquis y háganos un pueblo con futuro
antes que loz tiznaoz noz quemen
los repliegues del ano...

7.

«La tibia fragancia de su alcoba encendía en mí,
como una tortura, la voluptuosa memoria de los
sentidos»: Ramón del Valle Inclán

¡Qué puta colonia es ésta, don Manolo!
Que en la tibia franquicia de nuestros acomodos,
sobre camastros putales de la prosperidad,
nos viene voluptuosamente y se revuelca
el monstruo que juega con el gusto
y la sarna, con gusto, no pica...
¡ay, amigo Rodríguez Cabrero! ... nosotros
no sabemos de padecimiento ni interiores conflictivos
cuando avanzó esa romántica ensoñación
del fin de autonomía y con dulces palabras nos dijo
que no somos colonia, que no existe ningún monstruo
ni prolongaciones nocivas de la vieja noche
que nos asfixiara, desde el reinado de Isabel II
y aquella Europa de regímenes autoritarios
envueltos en gusto neoclásicos
pero con pesadillas de movimiemtos libertarios,
anarco-liberales y pulsiones románticas
sofocadas porque su interioridad es contagiosa
y su lenguaje proposicional.
«Hagamos conocible a ese monstruo;
sin hacerlo simulacro de estilo».
Que no se desplace a Pepino, que no sea
nómada y venga, con saltos dañinos y asediantes
como dan los psicópatas con sus actings sangrientos.
Que no invadan, como zombies, las calles del pueblo
y se hagan camaleónicos cuando,
deseantes de habitación estemos y se encarnen
dentro de la tibia fragancia de su alcoba
con maña de tener la propiedad de ser todas
y cada una de las cosas y encender en mí,
en todos, la tortura,
«la voluptuosa memoria de los sentidos».

¿Te fijas cómo somos ahora, don Manolo?
Como monstruos psicopáticos, estratégicos, miméticos,
calculadores, seudo-sabios... inteligentes, para hacer
el mal y oprimir en nombre del Progreso,
del Mañana y los Nuevos Valores
del American Way of Life.

8.

«Mi alma se daba, dándose gozaba, y transcendía
su esencia en goce. Se consumía en la alegría
del que conoce»: Ramón del Valle Inclán

Y usted rechazó la idea de permanecer
como el Alcalde Bueno y dejó que un panadero
vendepatria, hijodeputa, llegara de Lares a traficar
protecciones y «si no me pagas la cuota,
mando a cualquier mano negra
y te quemo; y si la pagas a tiempo, mando
tropas americanas a que cuiden tu hacienda».

Y la Alcaldía de González
fue la forma primera de pudrirnos por dentro
y comenzar a vernos para siempre
como colonizados en el espejo cóncavo de una noche,
esperpéntica y sin futuro, y una estética sin ética
donde desaparezca la decencia del héroe.
Con razón se olvidó lo biográfico y argumental
de la vida del criollo
(ya no queremos ser bondadosos, ejemplares,
exitosos por compromiso altruísta).
Nos enseñamos a castigar ojo por ojo, ¡ay! qué reflejos

... ví llegar al masón Lino Guzmán, el Cojo,
arrastrado del rabo de una mula, con sus costillas rotas
y sus manos sangrantes, chamuscadas)
y ví el brazo de Andrés Jaunarena salpicando
barriadas y campos y ví mucha carne de cañón
donada al Imperio, con el primer bobo suicida
electo en el sorteo, el Veterano Arocho,
y corrales de electores, en pánico porque
la Banda de los Siete Puñales, pistoleros por contrato
de Getulio, no quiere triunfos liberales,
aliados son a fraudes eleccionarios,
van encañonando
a pistola, a los primeros campesinos
que votan en sus vidas
por democracia a lo yankee...

... y eras tú el bueno, don Manolo, sólo
que te cagaste de miedo, así como Macías Casado,
así como Soto Villlanueva, así como Sosías en Lares
y aquellos que mandaron a Genaro Eleuterio López
al destierro de Vieques y, sumado a ese exilio,
a Aurelio Méndez Martínez
a Santo Domingo.

Tú dejaste los botelleros impunes en las Alcaldías,
el arribismo de nuevo cuño, la corrupción,
la mala maña. Y, al menos, ese año requería
un alma que se diera en gozo
y transcendíera su esencia en este goce,
que se consumiera en la alegría del dar
como mi padre daba maderas
para un nuevo pueblo,
árboles para un nuevo porvenir,
pero: ¿sabes? quedaron sicarios y ladrones.

9.

«Fui peregrino sobre la mar, y en todas partes
pecando un poco, dejé mi vida
como un cantar». Ramón del Valle-Inclán

No hay muerto malo y España ya no existe
si no la hallamos aquí, con su energía,
su esencia renovada, aquí no como fue
con sus instituciones,
sino como una novia, que no es lejano espectro
de sus mala Madre. Mira que no hay novia
que no sea bonita. Y mira que si España ha muerto
como era, no hay muerte mala que merezca lamento.
Manolo, edifica esa enorme palaciega casa
que sea orgullo del pueblo, ahora que heredaste
una millonada, pero no la llames Casa,
llámela Patria / Mujer / Esencia
porque Casa sin mujer y barco sin timón,
igual cosa son. Dan lo mismo.
Te lo digo, que soy un poco
como el marqués de Bradomín
que está de moda en círculos madrileños.
Yo que sido andariego, peregrino sobre la mar,
conozco mucho desastres e inútiles tranvías
y conozco malos comediantes y lecciones académicas
y concursos de arte para gentes mediocres
y conozco hidalguías que se levantan
sobre vanidades vacías
y valentías, que son adrenalina
presumidas a los perros, los pordioseros
y fracasados ganapanes.

Pero, al fin, Manolito, vas a edificar la casa
frente a la Plaza Baldorioty y ahora que tienes
millones de dólares, no digo, yo pesetas
del '98, doblones devaluados por el yankee, haz,
no una casa de paja ni piedra
sobre arena movediza; no hagas casa a la mediocridad
que el régimen ha traído porque nos piensa
tontos. Todos los imperios piensan así
del criollo y, más cuando son humildes
y confiesan su miedo.

Harás casa, tu primera casa sin España,
Manolo, y generoso es Dios contigo
porque sin pan ni vino, no hay amor fino.
Haz una Casa porque Dios te dio el pan
y tu mano hacendosa hizo el vino y si frostate
la lámpara maravillosa, házla en el alma de Violante Rabell.
Házla con muchos balcones y con ventanas
abiertas a los cuatro puntos cardinales.
Esa casa debe representarnos como pueblo señorial
(somos, Manolo, pese a todo brandomines,
marqueses en el fondo, aristócratas
de amor y de arte.
Haz la casa del amor que cura las mismas heridas
que inflige; hazla para los oídos que oyen
y el corazón que adivina
casa de amor y tos, que no pueden ocultarse.
Haz la casa que cubra todas las faltas
de la casa del pobre; házle una biblioteca, cuarto
de huéspedes; haz casa de corazón contento
para que el banquete sea constante;
si flor en sus jardines han de ser rosas
que la rosa sea el amor y como rosa al revés
que las espinas vayan por dentro.

10.

A la Casa de Doña Bisa Rodríguez-Rabell Vda. de Negrón

Yo, fui peregrino sobre el mar.
Y he visto castillos y cortes, pero ahora
que España no existe, que Tu Casa sea
amor de Santander, amor de Rabell-Rodríguez.
amor- Cabrero, como sus huellas en Pepino.
De ti lo espero porque eres hermano de un poeta
y has sido escribano, intrahistórico,
de todo cuanto hemos padecido.
Todos somos la Noche del pasado,
todos podemos ser víspera del Destino, Futuro.

En razón de desajustes en las relaciones sociales
(en este pueblo donde el 90% o más de la gente
vive en miseria, haz para tu casa
por balcones o jardines
no un ruedo ibérico para las parentelas santanderinas
de antes, o tus ancestros de las Bariñas
en llanos de Venezuela, que vengan, sí,
que vengan; PERO.... hazte de reinado femenino
y lo que sea más opuesto a la corte isabelina
(si las confundieran con una corte o sala
de tertulia de prohombres),
que no sea corte de milagrerías,
ni baza de espadas. Que sea una casa
embellecida por el amor al pueblo,
la más bella de las casas, la elegancia misma
de la España que perdiste.
La casa de la estética conciliada con Deber.
No hagas choza de palo para quien nazca pa' cabrón
porque tarros caen del cielo
ni casa para el ojo
ni el corazón codicioso.
Nunca estarán satisfechos.
Sea digna tu casa de Rodríguez Cabrero
y acuérdate de Diabolín, tu hermano,
porque él era el esclavo que ama la Patria
(no la España que fue espejismo de Macías y Casado):
y él, Luis Rodríguez, se sentía el amo
porque él era el amado, aún en el exilio.
Ya lo dice su refrán favorito: «El que ama es esclavo,
el amado es el amo. Y el que ama teme
y yo te ví temblando, cuando estabas frente a Brackford,
y le dijíste: No bajes la bandera de España
ni subas la del extranjero, porque la ira en mí
tiembla y no sonríe y estoy paciendo de amor
y con las piedras de mi campos es que hablo».

«Y cierto que Puerto Rico está lleno de miseria
y los huracanes no han vuelto tan feos
y la carencia de libertad, tan resignados y sumisos,
pero bonito me parece todo lo que tengo».

11.

Don Manuel, haz una casa, de cuatro pisos, al menos.
Y cuatro pisos que signifiquen cada raza,
cada clase, cada estamento:
jíbaros pepinianos, criollos y negros,
aún a indígenas que Rabell rescata con su ojo
de arcaico explorador de piedras, cuevas y quebradas.
Un piso para esa mulatada que ha crecido en el pueblo
(casa es necesaria para el rico y para el paria).
porque «España no está aquí, está en América»
y hay cuatro mundos que claman
sus glorietaa en la geografía).

Entonces, que tenga una glorieta superior
y sirva de nido a muchas golondrinas,
diez habitaciones. Diez al menos.
Recuérdalo a Totti, el arquitecto.

«Cada cual es rey en su casa, pues mientras vivas
que sea la Casa de Tu Estirpe, casa de rey-bueno
como cuando fuiste Alcalde, y no casa con dos puertas
que mala es de guardar cuando entra el robo.

Hazle muchas puertas para que sea
la casa de Pepino entero.
Pero que tenga amo. Y diez cuartos, Manolo,
porque casa sin hijos, higuera sin higos.

Haz una casa para que nazca una madre,
porque sin madre, el río sin cauce no es bueno.
Cuando esté sola la casa de los Rodríguez,
dilo a Doña Bisa... que, por temor a miserias,
no la venda aunque cueste
tener casa grande y bonita
... porque «casa sin moradores, nido de ratas».

Que sea una casa, con niños,
y todo quien la visite siembre en sus macetas
sus flores de inocencia.
«Casa sin niños, tiesto sin flores».

Y que sea la casa como la Madre de útero-oculto
con feraz semilla porque como es la madre,
así ha de ser la hija.

Como es la mujer, así es la casa.
De buena casa, buena brasa, Manolo.

Y un pueblo entra a la Patria como entrará
en la casa de sí mismo, sólo así puede decir
«Vivo conmigo», libre y autónomo sin mentirijillas,
«me desnudo y hago la cruz sobre mi frente,
y sé de mis amigos y no tengo enemigos
y me aparto y vivo devotamente».


Del libro «Épica de San Sebastián del Pepino»
Carlos López Dzur es poeta puertorriqueño nacido en San Sebastián del Pepino

Foto: Casa de Doña Bisa Rodríguez Rabell, construida en 1914 en San Sebastián (Puerto Rico). Doña María Luisa / Bisa / fue hija del último alcalde del Régimen Autonomista español que llegó a su fin con la Invasión Norteamericana de 1898 a Puerto Rico. Quien es la voz lírica que le habla a Don Manuel Rodríguez Cabrero, el Alcalde mencionado, es el Lcdo. Víctor Primo Martínez González, quien le sirviera de traductor-intérprete al primero en la hora de entregar el mando ante las fuerzas de ocupación del Pueblo de San Sebastián y su capitán William Brackford. Martínez era un gran lector del gallego Valle Inclán y Miguel de Unamuno.

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El sótano

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Me encontraba detrás de un escenario, en cinco minutos intervendría en una lectura de escritores. Entre las manos tenía un papel con el microrelato “El vuelo de Caín”. (La última mañana de 1899, Rafael se levantó de su cama dispuesto a volar…). En aquel instante me vino a la mente la insistencia de crisis que golpea afuera: El ciclo de las crisis consecutivas. Y pensé en el afuera que está más allá de la sala que refugia a escritores y a oyentes. De pronto recordé a una señora que una vez me dijo que “yo no la engañaba con mis papelitos inútiles, pues a ella siempre le parecieron inútiles los hombres que andan con papelitos entre los brazos”. Entonces sentí una carga de conciencia. Se enfrentaron mi necesidad de ficción y la necesidad de realidad de la señora. Por vez primera pensé, en serio, en la inutilidad de la escritura. ¿Qué hace un escritor en esta sala contando ficciones mientras afuera el mundo se reduce a los intereses de los llamados “mercados”? Caen estados; quiebran individuos, familias; quiebran naciones. Y yo aquí, próximo a relatar la posibilidad de un espacio menos duro que el de la calle “real” (Vistió el traje y la sonrisa serena de un audaz piloto; salió al jardín, miró a los cielos y suspiró…).

Nunca antes me sentí más inútil que durante aquellos cinco minutos. Ya lo escuché hasta el cansancio: El pragmatismo se está devorando todas las ideas. De tanto pensar en lo tangible se hizo plomo el deseo. Y nos convertimos en piedras de un camino demasiado duro y ajeno. La tierra ha dejado de ser nuestra, tan sólo somos obreros de un mundo secuestrado. Todo cuanto ocurrió fue una cadena de ensayos para arribar a esta encrucijada. Eso ya lo sospechaba. El funcionamiento del capitalismo clásico había colapsado; los dueños de la maquinaria, jefes tanto de la ley como de la trampa, necesitaban demoler la estructura para mutar hacia una forma de dominio superior: el mercado virtual. Ya no podemos seguir jugando a hacer amigos en las redes. Mucho menos podemos regresar a las calles. No hay tiempo, nos robaron el tiempo. Acudimos al plan global de la esclavitud cargados de modernidad y con la sonrisa forzada. Somos la vergüenza de todos los esclavos antiguos. Ellos defendieron la tierra que ahora nosotros entregamos. (…él sabía que pronto alcanzaría el gran sueño sagrado de los mortales. Bajó la cabeza a la altura de los hombres y ató las cuerdas del globo a la motocicleta).

De pronto sentí una mano en mi hombro; el presentador me advertía que yo era el siguiente (Sin despedirse de su hogar, subió a su poderoso vehículo de dos ruedas con alas y se echó a volar por el mundo…). Si bien asentí con la cabeza, me creí más inútil que antes. En la calle el presente estaba atrapado en un futuro inminente; en mi mente el futuro, previamente escrito por los dueños de la maquinaria, ya era pasado. Mientras yo, como el actor que llega tarde a todas las funciones, pretendía salir a escena en el teatro del destiempo. (En su ruta fue dejando caer los papeles de su tardía confesión: “Mi verdadero nombre es Caín; hace siete días asesiné a mi hermano menor y dejé su cuerpo en la calle 11 de la avenida norte. A él, denle cristiana sepultura; a mí ni me busquen porque jamás me encontrarán”).

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El gaucho Durando

Ricardo San Esteban (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El Club Sportivo Oeste es uno de esos clubes de extramuros que tuvieron su momento, allá por la época de los troperos y gente de a caballo. Los viernes había asado y allí solíamos hallarnos con una veintena de criollos, futboleros como don Felipe de ochenta y cinco años, asador oficial o primer tenedor, el más mentiroso del club según el Pato Gutiérrez, y un surtido que aparecía en y desde la oscuridad como si los fuera pariendo Belcebú. Casi todos se enorgullecían de ser lomos negros, apodo con el que se conocía a los pertenecientes al partido conservador o demócrata, y guay de quien criticara a su caudillo don Mota Capdevila, persona que los sacaba de la comisaría cada vez que se ponían en pedo o carneaban algún animal ajeno.

Habíamos simpatizado con el gaucho Durando, quien a pesar de sus años y de vivir en poblado seguía vistiendo las pilchas criollas, su rastra con monedas de oro dudoso y su facón de plata verdadera. Un gaucho rubio era, uno de pocas pulgas -resultaba insalubre contradecirlo cuando se hallaba con algunas copas de más- paisano de hablar mínimo, amigo hasta los tuétanos cuando se ofrecía o enemigo temible si alguno le fallaba.

Un hijo muerto en una domada y él arrastrando ese recuerdo, solía dedicarle algún monosílabo a su perro, llamándolo a veces con el mismo nombre del hijo.

Don Felipe, su panegirista, contaba que en una oportunidad y como de costumbre -siendo capataz del Manantial Grande- el patrón le había insultado aquella madre que no conoció, a lo que él respondió llevándolo a talerazos hasta el casco de la estancia. Otros parroquianos asentían.

En la rueda solía hablarse de aparecidos, de malones indios o de perros y caballos inverosímiles y él ensalzaba a un potro que supo ser suyo, el Pico Blanco, con el que ganó cuadreras y se enllenó de plata.

Don Felipe agregaba que el Pico Blanco iba primero en una cuadrera y de pronto chocó contra un alambre cruzado en la pista –que algún enemigo habría colocado- descogotándose. Ahí mismo estaba el doctor Caballón, el veterinario del pueblo, que sin perder un minuto lo volvió a coser. Era montado por el Sancocho, quien vio que el caballo, en plena carrera, perdía velocidad y lo miraba. Ahí nomás desmontó y se dio cuenta que el veterinario lo había cosido al revés, con el hocico para arriba. Después de esto y una vez subsanado el error y habiendo elevado sus miras, ganó varias carreras en Venado Tuerto, pero al tiempo, según el gaucho Durando, tamaño parejero perdió interés y salía último. Se lo llevó a doña Rosa Fisoli, que era manosanta, quien dictaminó que el animal había sido ojeado, vaya a saber con qué maldad.

El Pato Gutiérrez, mientras jugaba a la billa, entre carambola y carambola, negaba tamaño episodio. Son buenos para jugar al truco, por lo mentirosos, exclamaba.

Don Felipe, a su vez, contaba de su perro, Cartucho, que cuando apuntaba una perdiz, levantaba su pata izquierda, una martineta, su pata derecha, una liebre, su mano izquierda y un peludo, movía la cola. Verdad, en cien leguas a la redonda dejó en extinción a la raza de los peludos. Y Durando retrucaba con el suyo, bueno como ratonero y para agarrar mulitas o pichis, un decir, cosa muy delicada y de respeto en un perro que se considere perro. Según el Cocho López, hombre leído y conocedor, Don Lino Rosales supo tener un perro galgo de color negro, tal vez el más veloz que conoció el pago, tanto sea para correr liebres como para los ñandúes. Cuando iba al pueblo a comprar provisiones no gustaba de llevarlo, era enteramente camorrero, se peleaba con cuanto cuzco o perro grande se le cruzara, además y para completarla le encantaba “toriar” a los autos. Un día lo ató a un árbol con una cadena, ensilló su yegua baya, famosa también, y salió rumbo al boliche del ruso Kulich. Este almacén y despacho de bebidas estaba a las afueras del pueblo, en el paso a nivel del callejón que va a los campos de “La legua”. El galgo tironeó y tironeó hasta que pudo cortar la cadena y salió con toda furia buscando a Don Lino, quien ya llevaba recorrido buena parte del camino. Fue tanta la velocidad que desarrolló el perro negro y tan brusca la frenada cuando por fin lo encontró que, por la inercia que le dicen, se le corrió el cuero para adelante y se ahorcó con su propio esfínter. En honor a la verdad, Rosales no decía esfínter: “Pobre bestia, se me horcó con la arandela del upite”.

Días atrás, en un asado en el galpón de Mario, por boca de uno de sus hijos me enteré que el gaucho Durando había fallecido y sentí una gran pena, como si faltara un referente en este paisaje onírico. El viernes volví al club y mientras cenábamos, llegó el perro del finado, un barbucho medio barcino, viene todos los viernes y recorre silla por silla buscando a su dueño, dijo el Bebe Arrebengoa “el nervioso” conserje que es del club.

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Tres poemas

Rafael Varela (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Bien mirado

¿Qué come usted, buen hombre?
¡Por amor de Dios, eso no es comida!

Es lo que me tira la vida, señor.
Como lo que me tira.

¿Y qué de sus hijos?
¿Qué comen ellos? Dígame.

Lo que puedo yo tirarles
de lo que la vida me tira.

¿Cómo puede seguir así?,
buen hombre, que eso no es vida.

Es mi lucha y mi verdad, señor,
la prefiero a su mentira.

¿Por qué me ofende, buen hombre?
Yo que usted no lo haría.

Mírese mirarme, señor, mírese,
que más ofensa usted no podría.
Su manera es respetuosa, señor,
pero el asco en su mirada
descubre mi olor y su falsía.

Siga su camino, su vida,
olvide usted mi desaire
mis hijos y yo trataremos de olvidar
su olfato y su manera, su hipocresía.


Esquinas

Son siete
se aburren en una esquina de Denver
conversan en espasmos
frases sin terminar,
interjecciones lanceando la sintaxis,
patean la gramática
enriquecen el diccionario de la calle
de Madrid,
pero no hablan de lo que ven
por la ventana que les pone su vida,
hablan de asaltar
de saltarse lo que ven
en Tegucigalpa
y llegar a otra vida
como en un videojuego
a como dé lugar
en la hermandad de pandilla
respuesta amuchada al qué hacer
para ser algo y hacer todo
contra la desgracia contra lo otro
de la esquina de Montevideo que los aprieta
contra un mundo que no entienden
que no se les explica
porque nadie entiende
en Singapur tampoco.

Sin nada que perder
suman millones
y miles las cárceles
pocas las respuestas
para una sola pregunta
que no escuchamos
en París
entre el fragor del sálvese quien pueda.

O nadie es culpable
o todos lo somos.
Fácil a este punto.
¿Y entonces, qué?
Sigamos en Navidad,
paz, amor y otras mercancías.


Limpieza diaria

“pobreza sin los pobres
por supuesto
ya que los pobres
nunca huelen bien
pobreza abstracta
sin harapos
pulcra”

Mario Benedetti


“Aquí se limpia todos los días”,
oí decir a mi esposa.

Cada tres segundos muere un niño,
por pobreza, hambre o derivados.

170 jefes de Estado reunidos, tres días, 4.320 minutos, 259.200 segundos,
en Naciones Unidas esta semana.
Les tocaba erradicar el hambre y la pobreza.
Decenas de importantes discursos deplorando.

Murieron unos 86.400 niños,
de esos parecidos a humanos,
durante la reunión importante.

Cada 14 o 15 palabras
de discurso importante
moría un niño.

Las palabras están limpiando el mundo
de pobreza y de niños pobres.
“Aquí se habla todos los días”,
debería declarar
algún burócrata importante
de Naciones Unidas.

“De a poco cada día, es más fácil limpiar”,
oí agregar a mi esposa.

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Tarde

Liliana Perusini (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Es tarde en la noche,
y la luz en tu cuarto sigue encendida.
Quizás un poema distraiga tu tiempo,
o sólo un pensamiento
y yo estoy afuera,
y te miro.

Muchas noches vi luz en tu cuarto,
noches de imaginarios encuentros,
como el que soñás ahora,
y tarda, porque tal vez es tarde…
y se acaba el tiempo…

Fantasías, gozo y ternura,
así se disfrazaron tus sueños,
rompiendo la gris armonía,
de una historia de años,
sin fidelidad ni esmero.

Ni lágrimas,
ni tristezas,
en tus historias de hoy,
sólo un corazón estremecido
cuando valga la pena,
un corazón que palpite la vida,
que corre en tus venas,
porque la vida es fugaz...
pasa con fuerza
y no se detiene.

El dibujo que ilustra esta poesía es de Virginia de la Puente. Ella es artista plástica y fotógrafa. Ha expuesto en distintas exposiciones nacionales e incluso internacionales (Salón Anual en el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez -Santa Fe-, Universidad de Lanús, innumerables muestras en los salones de Cultura de la Municipalidad de Rosario etc.).

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Escarcha sangre

Indira Carpio Olivo (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Nacen explotan nacen

La vida es un fragmento largo para los que sufren
y apenas pretérito para airar los dientes

En la tierra de los desplazados
la abuela teje chalecos antipuñal
y la niña juega a tallar “la china”
mientras el intelectual los asiste como curiosidad antropológica

Los poetas malditos padecen los muros
y sus bocas, tantas veces puñeteadas, predicen las jaurías
que -volteretas más, volteretas menos-
ofrecen abundante circo y menos pan

Mueren los imprescindibles
y la tierra les asfixia
pero no temblor, no desesperanza
vuelven hechos bestia

Y a los que te vendieron
pulverizan sin trabar el pulso
a los traidores, la sangre escarcha marcha sobre sus ojos
redoblando el paso de vírgenes muertas en la guerra (a quienes les negaron el amor)

Volverán sobre ellos los cuervos a descocer
a enhebrar sus venas
y aun así ni el aullido de un infante muerto podrá obligarles la libertad

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Humor con Les Luthiers


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Música: Andrés Segovia, la guitarra

ARGENPRESS CULTURAL

Nació en Linares (Jaén, España) el 21 de febrero de 1893. Hijo de un carpintero, no creció en compañía de sus padres sino que lo educaron unos tíos que disfrutaban de una posición económica holgada. Su familia no le ayudó a seguir el camino de la música, pues pensaban que era mejor que estudiase el bachiller y después se hiciese abogado.

En esas condiciones, Andrés Segovia debía practicar con su guitarra a escondidas para no ser reprendido por sus mayores. Ello no es de extrañar, pues en aquellos años la guitarra española era considerada lago marginal, más propio de ambientes tabernarios y cosa de gitanos y bailaores.

Nunca dejó de practicar día tras día aun siendo ya un reputado guitarrista y dedicaba al menos cinco horas al día al instrumento. Dio su primer concierto a la edad de 16 años en la ciudad de Granada con un repertorio de partituras encontradas en bibliotecas y una adaptación de obras de grandes músicos. A pesar de algunos recitales más, Segovia hizo su debut oficial en una presentación en Madrid en el año 1913 para el que alquiló una buena guitarra ya que la suya no era la apropiada para la ocasión.

A la edad de 31 años y a partir de un Concierto en París, alcanza tal éxito que su fama se irradia por toda Europa, y más tarde por todo el mundo. Andrés Segovia pasa a ser así sinónimo obligado de “guitarra llevada a la perfección”. Se debe a él la revalorización de ese instrumento, pues fue Segovia quien la sacó del lugar marginal de “cosa de gitanos” para darle un brillo especial y llegar a las más encumbradas salas de concierto. En toda su dilatada vida musical, Segovia se dedicó a transcribir obras de distintos autores clásicos para la guitarra, con lo que la misma alcanzó un sitial de honor en la música académica. Muchos de los más grandes guitarristas concertantes del siglo XX de hecho fueron discípulos suyos, como Narciso Yepes, John Willimas, Abel Carlevaro, por mencionar algunos.

Gran aficionado también a la lectura tenía los libros de filosofía e historia como sus favoritos. Comenzó a escribir sus memorias ya entrado en los setenta, con el título de “La guitarra y yo”. Se caso en tres ocasiones a lo largo de sus 94 años de vida. Dos veces viudo su tercera esposa se llama Emilia Corral Sancho de cuarenta y cinco años menos lo acompaño hasta el último instante. El rey de España le otorgó el título de Marqués de Salobreña.

Falleció el 3 de Junio de 1987 (El certificado de defunción pone el día 2 pero está equivocado).

De su vasta discografía, aquí presentamos tres clásicos: dos transcripciones que hiciera el mismo Segovia (de Bach y de Albéniz), y una obra original para guitarra, del español Francisco Tárrega.




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La importancia de que Valeria esté‚ en el mar...

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos Aires. Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

-No sabés como sabe el asado hecho con "piñas". Vamos a probarlo en "Chanquete"- fue el duro diagnóstico de Yon. Lo dijo sin admitir opciones. Justamente a mí, que había probado y recomendado, casi institucionalizado, que nada era mejor que el quebracho colorado, para hacer el asado.

Quise refutar, pero el olor a pinos que deviene de "Valeria", me llamó a silencio. El Alfa gris, lustroso, era capaz de domar distancias para llegar hasta ese péndulo, que la costa dispone entre Pinamar y Cariló. Pusimos la primavera, perdón, la primera y aramos el cielo con la bruma; cuando llegamos a la desembocadura con la ruta, descubrí que, como siempre, había partido sin equipaje pero, a esta altura de la vida, ese es el menor de los problemas.

Entre olvidos perdurables, alinee motivos inconsultos: ¿que íbamos a hacer en Valeria? Decidí que lo mejor era apagar la luz, para pensar en la mujer dorada y me dormí.

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El asador personal humeaba y un aroma, brisas del paraíso, mezclaba sabores. El tiempo de la vigilia, para mí, había concluido. Las mollejas saltadas con ajo y perejil, invitaban a la globalización del vino. Los chinchulines crepitaban sobre el fuego, con acordes chopinianos; el vacío, estaba lleno de ternuras y uno claudicaba, sin armisticios.

El sabor aterciopelado del Cabernet permitía deslizar todo, armoniosamente. Antes, recordé que el dato y el arribo, fue fruto de "la negrita", quien orgullosa exhibe casa, levantada por su papá David, quien para hacerlo fue Goliath. Exclusiva y única casa de tejas a dos aguas, aunque dubitativa, a la hora de ser irregular, en la manzana céntrica. Casi una escarapela de la distinción. Además, Jorge, es una calle sin apellido, lo que confiere clandestinidad a la protagonista.

Los pinos saludaban corteses nuestra llegada, por lo menos me lo pareció. La gente, por las alamedas, perdió el reloj y los apuros. La primavera huele mejor y hasta parece apacible, en estos tiempos violentos, irracionales. Los ventanales eran ojos de buey abiertos, asomados al mar, que sigue sin hacer silencio.

Fue entonces que la puerta sigilosa se abrió para dar paso al "nene" acompañado del personaje que, intuí, buscaba o traía algo para el vasco. Este, hermético, como la banda de Iorio, pero sin excentricidades ni gritos, bajó el telón de las sedosas pestañas que mareaban mujeres.

Hice una mueca, por el recuerdo y me dispuse a esperar. "El "nene" sigue a dieta y su plato sólo tuvo tonos verdes, durante el encuentro. Cuando el hombre alto, enjuto, algo envarado (¿una esquirla de granada en la espalda?) fue a hacerse entender, para reclamar su Vat 69, "el entregador de documentos" -"el nene" sonriente-, señaló el sobre, que Yon, en rápida incursión pasó a mejor destino.

Por debajo de la mesa, el vasco lo puso sobre mis rodillas y el roce pegajoso del húmedo impermeable, hasta me pareció agradable.

Hubo un momento de (in)decisión y luego de aceptar la invitación, anónima, por un Pomery cosecha 53 que hizo estragos, tuve privacidad suficiente para chusmear el contenido. Nunca sabré, como en casos anteriores, para que Yon cosecha -hablando de ellas-, tantos documentos. Por el momento me lo cuento. Aunque no me suene a cuento. Sólo sé‚ que lo lamento. Lo que sigue es el repaso, un tanto escaso de otro veraz documento.

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"Los contenedores de la muerte”
(Fecha del documento: 23 de agosto del 2002)

Mil talibanes murieron asfixiados mientras eran trasladados a una prisión de la Alianza del Norte (informe de la "rosa yanqui de Miami").

"Murieron asfixiados en contenedores herméticamente cerrados, arañando hasta último momento las paredes y chupándose mutuamente el sudor para tratar, en vano, de calmar la sed.

Los más de 1.000 combatientes talibanes se habían rendido a la Alianza del Norte el 25 de noviembre, confiados en la promesa de sus captores de que les dejarían volver a sus pueblos.

Era mentira. Deliberadamente, los trasladaron desde Konduz (en el norte del país) a la prisión de Sheberghan, también en el norte, en un convoy de camiones sin aire ni agua. El tenebroso fin de sus vidas había sido hasta ahora el secreto sucio, mejor guardado de la guerra en Afganistán.

Las calaveras, otros restos óseos y de ropa, los descubrieron en realidad animales que escarbaban a principios de año en la zona de los campos de la muerte. Sus captores, comandados por el general Addul Rashid Dostum, los habían enterrado en masa en Dasht-i-Leili, cerca de la prisión de Sheberghan.

Según informes, los soldados norteamericanos y los enviados de Naciones Unidas no lo supieron hasta semanas después. La pregunta es ¿porqué‚ no se ha llevado a cabo una investigación para aclarar las circunstancias y la autoría de las atrocidades?

La ONU admite en un informe confidencial que 'hay suficientes pruebas para abrir una amplia investigación criminal'. Quedan pocas dudas, señalan en privado tanto funcionarios de la ONU como del Pentágono, de que se trata de crímenes de guerra. 'Es un tema potencialmente explosivo'.

Es explosivo porque aunque las fuerzas de Estados Unidos no hayan participado ni aprobado los asesinatos por asfixia, el general que los ordenó, Dostum, ha sido un cercano aliado de los militares estadounidenses en la ofensiva contra los talibanes.

Además, un pequeño grupo del batallón 595 de las Fuerzas Especiales destacadas por el Pentágono estaban en un área cercana. Advirtieron a la Casa Blanca de que hay peligro y responsabilidades indirectas al subcontratar la guerra a socios como Dostum, con un historial más que dudoso en materia de derechos humanos.

'De lo que nadie quiere hablar es de si las fuerzas americanas han estado involucradas', dice Jennifer Leaning, profesora de medicina de la Universidadde Harvard, quien fue la primera en llegar a Sheberghan junto a otro doctor.

'Está claro que había soldados norteamericanos en el área. ¿Qué supieron, cuándo y qué hicieron al respecto?'. El Pentágono, recibió un informe preliminar en febrero, en el que el comandante en la zona, John Mulholland, decía creer que los 1.000 combatientes talibanes habían muerto a causa de las heridas que ya tenían, no de las condiciones del traslado. Y el portavoz de Dostum, Faizullah Zaki, dice que 'han muerto, no los hemos matado'.

Es muy distinto el relato que han hecho algunos supervivientes y conductores de la caravana de la muerte. Los metieron de 150 en 150 en al menos 27 contenedores de unos 12 metros de largo por unos dos metros y medio de ancho. Los conductores iban acompañados por soldados de la Alianza del Norte que les impedían perforar los contenedores cuando desde dentro se oían gritos pidiendo auxilio.

Uno, identificado sólo como Mahamed (para proteger su verdadera identidad) cuenta cómo violó las órdenes y les pasó agua y comida por los agujeros. Todos sus prisioneros sobrevivieron. Otros lo lograron abriendo huecos en el suelo del contenedor o chupándose mutuamente el sudor. Pero la mayoría perecieron de asfixia y desesperación en el viaje de 24 horas hacia la prisión de Sheberghan" (...).

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-Sólo un medio lo publicó, allá - fue la lacónica explicación de Yon. Me quedé duro. Primero porque no supe como supo que sabía. Luego, porque además tuviera datos.

-Es una pequeña muestra de como funcionan los "perros de la guerra", por otra parte sirve para estar en guardia por los tiempos que vienen, ¿no te parece?... ¿acaso lo vas a publicar?- su tono siempre fue vitriólico, pero para el caso, con mi estupefacción, sobraba. 131 líneas.

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La masa de bazeen

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hace falta encandilar la historia, nuevamente, mientras el mundo va de shopping en este occidente tan humano en el que Pilatos aparece redivivo. Pretenden girar el curso del oriente, girando el curso del mundo. Como si nada, como si correspondiera en serio, atropellando vidas, atropellando el cielo, atropellando a la tierra. Atropellando.

Estalló la locura tan absurda que se enquista como llaga purulenta en las conciencias más obtusas. Institucionalizando el odio, hombres que hablan idiomas diferentes acordaron, en alguna oficina muy lejana, que hay pueblos que no pueden decidir por ellos mismos. Simplemente porque no, es suficiente. Orden y mando. No hacen falta preguntas ni respuestas. Tal vez porque no las hay.

El petróleo asume la jefatura, impera, ordena y unifica a Babel para que se entiendan todos.

Repitiendo lo mismo en otro idioma y en otro y en otro, todos dijeron ¡vamos! Y hacia allá fueron, cabalgando entre firmas avaladas por las voces encumbradas en protuberancias obscenas acariciadas por las garras del silencio de otras voces. En esa Babel, extrañamente, se comprendieron todos.

-Hay que proteger del tirano a ese pueblo.

-¿Cómo lo haremos?

-Usted comienza, Monsieur.

-Invasión ¿humanitaria?

-Sí señor, hay que acabar con el tirano.

-Oh, my God, Oh Mon Dieu, Oh Gud, Oh Dio, Boże, oh Dios. Sí, Todos juntos amasaron O-Dios. OTAN...tos odios.
Hacia allí fueron sin que los llamaran, prolijamente auto convocados para agitar las alas de la tragedia anunciada. De prepo, como sea.

-¡Esto es lo que elegimos! gritaba el pueblo en las calles.

-No importa, se equivocaron, gritaron desde los pertrechos.

-¿Y quién lo dice?

-Nosotros, el mundo es nuestro y nadie debe dudarlo.

-Nosotros, fue el coro de bombas que cayeron desparramando cuerpos, derrumbando edificios, aniquilando cultura, etnias, pueblos.

Sobre todo derrumbando pobres.

La madre llora sobre lo que quedó del cuerpito de su niño. Un juguete de palo y trapo se escondió entre los escombros de lo que ayer fuera una covacha contenedora, a medias, de esas vidas.

La masa de bazeen quedó enterrada bajo el polvo con esquirlas de cemento. No llegará a su sitio, el centro del plato, porque hasta el gidir (1) quedó abollado en el rincón siniestro de la vergüenza ajena.

Granos de arroz también agonizan bajo escombros que desnudan a esa vergüenza ya desnuda. El fuego va muriendo también, muy lentamente, o mejor dicho, se muda, como muda la serpiente su piel, por el camino.

¡Lloran niños asustados!

¡Maldicen padres con el puño en alto!

¡Gritan madres!

¡Corren perros!

¡Huyen aves espantadas por otras que lo parecen!

Pero ¡Ay, si son de acero!

Transfundieron su sangre por petróleo grupo y factor A Ee positivo. A de ambición, Ee de espanto exacerbado…

E de espanto que ruega.

E de espanto que clama.

E de espanto que gime.

E de espanto, que ¡espanta!

Y llueve odio.

Vuelan hojas de libros derramando letras sobre las ruinas humeantes del despojo, despidiendo a la lógica que huye, hacia burdeles donde se esconde el miedo.

En la cocina donde se amasan los ingredientes con los que hornearán las masacres más imbéciles, firman acuerdos acordando, no importa esa extraña conjunción de lenguas enlazadas por la misma baba, lo importante es que las bombas estallen el mismo ruido.

¡¡¡Booommmm!!! y las llamas alcanzan altitud impostergable, como queriendo abrazar al cielo. Y no lo abrazan, simplemente lo incendian. Ya te dije, las llamas se mudaron.

Cocinaron el plato de entrada con destino a la mesa hipócrita donde el odio reina y el amor se acurruca. Mezclaron ingredientes esenciales para que quede impecable. Cocinaron más bombas para que sigan incendiando más cielo. Por si fueran pocas.

Hay otras bombas con relleno de silencio, las que arrojaron toneladas de indiferencia alcanzando el corazón de quienes están abocados a otras tareas. El consumo es el Atlas que sostiene en su espalda cansada a este mundo que están rajando de a poco, hay que salvarlo y para ello, nada mejor que acudir al llamado de la muerte.

Como siempre fueron pocos los de oído agudo, los que comenzaron a avisar que nubarrones de odio se encaminaban en aviones invisibles hacia la zona donde jugaban niños mientras las madres preparaban también meslalla (2).

A esos parlanchines históricos los llamaron “petardistas”, “panfletarios”, “agitadores” los que no se dejan de joder y se preocupan tanto por lo que está tan lejos, bajo el mando inadmisible del “tirano”… Los que generan caos, dijeron, los de siempre. Aquellos sobre los que cayó un muro poniendo de fiesta al mundo, hasta que aparecieron más muros con la suerte de ser bendecidos, legalizados, sostenidos por la misma hipocresía que sostiene a los artesanos de misiles.

Se revolcó Libia entre el olvido cuando sobre ella escupieron un fuego y otro fuego y escupieron más fuego, más odio, partiendo el alma geopolítica del suelo. De un lado quedó la morbosidad danzando su danza entre los vientres abiertos.

Del otro lado van los hombres de idioma diferente pero con un solo cerebro compartido por la misma putrefacción. Hace falta ser precisos, no pueden, por su propia bestialidad, resultar heridos los pozos de petróleo. El problema medular de tantos pueblos.

Del otro lado el dolor, pero es tan poco, es tan insuficiente para detener tanta masacre estúpida, asesina.

Ese petróleo que no debe, de ninguna manera, estar en manos de salvajes cuando al mundo que “se está partiendo” le hace tanta falta.

Yo consumo, tú consumes, él consume y deben consumir, voraces. Empacharse de consumo.

Ellos, los de Oriente Medio, ya no deben consumir más, fue demasiado, están obesos de petróleo. La obesidad no es sana, es peligroso cuando engorda a los “tiranos”.

¡Malditos sean los genocidas, malditos sean! Gritaba alguien entre las cenizas humeantes que ni la sangre pudo apagar, de ningún modo.

Y Dios-Alá lloró sobre los pedazos de cuerpos entre el fuego que no salió del infierno, sino que cayó del cielo cuando estaba distraído.

La masa de bazeen, desparramada, llora lágrimas de harinas.

Manos de madres vacías dejan atrás las caricias.

Canto de niños ahogados para siempre son tapados por el grito del infierno.

Los gemidos del amor se silenciaron.

En la tierra, ¡están masacrando a Libia!

Luego irán donde está su hermana también obesa y eso es muy malo, es peligroso, hace engordar a los “tiranos”…

*mezcla de harinas hervidas.

1) olla de cobre.
2) ensalada de aceitunas.

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El sueño de la universidad propia

Javier Sota Nadal (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En la década de los sesenta el Perú contaba con 9 universidades, 2 privadas y 7 públicas y 30,000 estudiantes en ambas. Hoy, 5 décadas después, las universidades son 108, privadas 70 y públicas 38. En ellas estudian 760,000 estudiantes, 60% en las privadas y 40% en las públicas. Si en 460 años contados hasta 1960 cuajamos sólo 9 universidades, a partir de ese año explotó la fertilidad: nacieron 99 universidades, crecimiento sin duda desmesurado (sin medida). Medida era lo que recomendaban los filósofos griegos para ser y hacer bien las cosas.

Si comparamos estas últimas cifras con las del resto del mundo, estamos entre los países más adelantados del planeta, pero, desgraciadamente, cantidad no hace calidad: ninguna de nuestras universidades figura entre las 500 mejores del mundo y, si el ranking se extendiera a 5000, presumo que la mayoría de las nuestras ocuparían lugares muy discretos al fondo de esta tabla consuelo, si se trata de medir pertinencia profesional y calidad académica. Da pena decirlo, pero la mayoría de ellas tiene de universidad solo el nombre, otorgado al paso en los bautisterios del Congreso y CONAFU.

¿Por qué ha engordado tanto la oferta universitaria peruana? Considero que ha sido por permeabilidad de las normas existentes. Por cierto que es legítimo y necesario, qué duda cabe, que los pueblos y regiones del país hayan reclamado para sus hijos nuevas universidades en sus localidades, cansadas del centralismo universitario de ciudades como Lima, Cusco, Arequipa, Ayacucho, Trujillo. Gracias a ello, existen ahora, por lo menos una universidad pública y varias privadas en cada una de las capitales departamentales. Pero, de otro lado, es ilegítimo que se haya y se siga sembrando al boleo universidades en los mismos campos en los cuales recientemente se ha sembrado dicha actividad, en especial en contextos en los que los nutrientes académicos escasean.

Es dentro de esta lógica que debemos explicar los sucesos de Huancavelica: una comunidad universitaria famélica existente ha rechazado – principio biológico- el nacimiento de otra.

¿Qué hacer frente a esta situación de desmesura? Opino que discutir y aprobar una nueva ley universitaria. Felizmente existen varios proyectos en el Congreso. Propongo que sea una ley de promoción de la actividad universitaria, que persiga la calidad académica en la multitud. Su máximo organismo debería ser un Consejo Nacional de Educación Superior que apoye con recursos económicos la investigación y el posgrado, democratice aún más la elección de las autoridades en las públicas y regule la actividad de las privadas.

Mientras tanto, el Congreso que se instala podría en su primera legislatura discutir una norma transitoria que establezca una moratoria en la creación de nuevas universidades, lapso en el que, los peruanos nos dedicaríamos a mejorar la calidad académica de las universidades existentes.

Javier Sota Nadal es arquitecto con estudios de planeamiento urbano en la República Checa. Ha sido profesor universitario, decano de su facultad y rector durante dos períodos de la UNI, el principal centro académico de ciencia y tecnología del Perú; presidente de la Asamblea Nacional de Rectores y Ministro de Educación.

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Siempre ha habido pobres dicen sus campanas

Juan Alonso (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Vive gente con frío, hambre;
enferma, sedienta, analfabeta,
con ramas encendidas en la noche
Si hay 100 humanos y sólo 100 panes, 100 peces
100 mantas, 100 jarras de agua,
85 lo consumen casi todo
el resto para los millones ocultados
Acusándolo a veces se oye un grito político:
que paguen los poderosos
y crezca la producción a más de 100
Pero ahora ya esa consigna es una equivocación
porque mañana habrá menos peces,
panes, jarros, libros, abrigos
y un grito nuevo debe advertir
que las ubres milenarias de la naturaleza se secan
Algunos extraños proponen repartir mejor las 100 riquezas
y la respuesta que oyen por el momento es el silencio;
el profesional, intelectual, la mujer embellecida,
el obrero especial, el maestro titulado
no conciben sus manos con menos objetos que los cotidianos
Continuarán la pobreza, el atraso de siglos
la muerte de niños, la tienda rota
el humo de la leña en el sueño helado,
a no ser que la hermandad, la persuasión y la lucha logren dividir los 100 frutos
en partes casi iguales

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Suave y ondulada

Gustavo E. Etkin (Desde San Salvador de Bahía, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Me invitó Lito Paneman a su casa, junto con otros, a coger con una puta. Me sentí feliz y agradecido. Fui reconocido como macho. Como los otros que irían a la casa de Lito a coger.
Me tocó ser el primero. Entré al cuarto desnudo. Ella estaba en la cama, desnuda. Me miró, sonrió, y buscó una música en la radio. Un bolero: Angelitos Negros. “Pintor, si pintas con amor, porque desprecias su color, si sabes que en el cielo, también los quiere Dios”.
Metí, moví, acabé. Pero de pronto me dijo: - Quedáte, no te vayas. Y se empezó a mover.
Y a jadear. Respiraba con dificultad. Tuve miedo. Pensé-todo junto y rápido- que sería un ataque al corazón. Y que podría morir cogiendo conmigo. Y que podrían culparme. De pronto paró, quedó quieta un rato y me dijo: - Ayudáme.
Ayudarla a dar vuelta el colchón, porque tenía una manchita húmeda a la altura de su concha.
Yo no entendía nada. Tenía 14 años y era la segunda vez que cogía. Antes fue con otra puta que al saber que yo era “debutante”, como decía, me dio instrucciones higiénicas: con una mujer de la vida coger siempre con forrito. Si en la concha tenía algún líquido amarillo, no coger porque era blenorragia. Y después, siempre bañarme y lavarme bien la pija.
Pero aquella vez con Tita pasaron esas cosas raras. Después de mi fueron entrando los otros, uno por uno. Más o menos, cada diez minutos.
Al final fuimos a otro dormitorio, algunos todavía desnudos, se sentaron en la cama. Yo entré en la cama y me apoyé en la pared. En el medio de todos estaba Tita, desnuda. Nos preguntó sonriendo:
- Están todos contentos?. Después se me acercó y apoyó la cabeza en mi hombro. Yo seguía sin entender nada. Y ahí fue que Lito Paneman, inexplicablemente chinchudo, me agarró del brazo y me sacó. No entendía nada. Estuve por romperle la cara, pero recordé lo único que entendía. Agradecimiento por haber sido reconocido como macho, invitado a hacer cosas de macho. Y me quedé quieto. Tita me miró y cambió la sonrisa. Por un momento fue de desprecio.
Nunca más la vi hasta ese otro momento. Habían pasado diez años.
Cruzaba Corrientes por Callao. En la esquina estaba ella, como esperando alguien. Nos quedamos los dos parados, mirándonos.

- Que tal, le dije. ¿Te acordás de mí?

- Claro que me acuerdo, me dijo ella con rápida cara de tristeza, desprecio y bronca. Tenías una linda pija, pero te faltaban huevos.

- Es que yo no sabía.

- ¿No sabías qué?

- Lo que estaba pasando. Lo que había pasado con vos. Que acabaste conmigo.

Me miró sorprendida.

- Era la segunda vez en mi vida que cogía. No entendía nada.

- ¡¿Pero no te diste cuenta que me gustaste, que me hiciste acabar ?!!

- No entendía nada. Pensé que te ibas a morir.

Sonrió, casi rió. Empezamos a hablar y fuimos a un café. Me contó que seguía haciendo la vida, pero sola. No trabajaba para ningún cafishio. Le dije que cuando años después me di cuenta de lo que había pasado, sentía mucha rabia de mí por no haberle roto la cara a Lito Paneman. “Tenía que haberle roto la cara a Lito Paneman”, me decía, me repetía cada vez que recordaba ese momento.

- Pero vos no sabías, eras un pibe, entonces me dijo sonriendo.

Estaba entendiendo. Me perdonaba.
Y fuimos a coger.
Ella estaba igual. Su piel suave. Su largo pelo negro. Sus tetas altas y redondas. Sus hombros de nenita. Su culo altivo. Su cinturita. Y otra vez su jadeo. Pero ahora gritaba. Ya no tuvo que decirme no te vayas. Yo me quedaba, y me quedaba, y me quedaba.
Y me quedé con ella. Y fuimos a vivir juntos.
Y así fue que me hice cornudo profesional, o sea cafishio. Yo administraba las entradas y salidas. De pijas y dinero. Cuando podía, hacía propaganda de las virtudes de Tita. Su cuerpo, su belleza. Le conseguía clientes.
Sin embargo, debo reconocer, vivía celoso. Porque no me importaban los otros hombres, las otras pijas. Me enloquecía la sospecha que a ella, con alguno, le podría gustar como era conmigo.
Ella me juraba que no, que nunca, que para ella era un trabajo, como cualquier otro. Que con el único que se calentaba era conmigo. Pero yo, por las dudas, cada vez que volvía le metía el dedo. Y cuando salía seco, siempre salía seco, me aliviaba y le creía. Para trabajar se ponía vaselina. Solo se mojaba conmigo.

Algunas veces, dos o tres en muchos años, saqué el dedo mojado. Fue terrible. Angustia. Dolor. Desesperación. Pero ella me juraba que fue porque estaba pensando en mi, solo en mi. Llegué a pensar en comprar un aparato especial, un medidor de humedad, que le podría meter en la concha cada vez que volvía. Un conchómetro.
Cuestión que con el tiempo fui teniendo cada vez más experiencia en administración. Entradas y salidas. Contabilidad. Por eso gané aquel concurso para gerente de la sucursal en Argentina del banco norteamericano del que ahora soy director.
Entonces nuestra vida cambió. No necesitábamos más vivir de su profesión. Ella pasó a ser una mujer de casa. De su hogar. Tuvimos tres hijos. Coleccionaba recetas. Le gustaba cocinar para mí y los chicos. Y tenía macetas. Cuidaba de plantas y flores.
Hasta que empezó el problemas de las miradas.
Primero fue:

- ¿A quién miras?

Íbamos por la calle, por una placita, por un shopping, en un supermercado, y siempre esa su pregunta:

- ¡¿A quién miras ?! Con desconfianza, rabia. Casi desesperación.

Al principio no me daba cuenta que, a veces, miraba otras mujeres.
Entonces la pregunta cambió. Era: - ¿Qué miras?
Ahí, tuve que reconocer que, en realidad, no miraba mujeres. Rápido, a veces se me iban los ojos para un culo, unas tetas, una cara. La suavidad de un cuello. La ondulación de un cuerpo. Las mujeres - algunas - llevaban eso de la misma forma que podían llevar perlas o diamantes en un collar, lindos aros. Con la única diferencia que unos adornos se los podían sacar y guardar. Y volver a poner. En cambio los otros eran permanentes y los tenían que cuidar de otra manera.
Así como yo en una época controlaba la humedad de su concha ella, ahora, controlaba la dirección de mis ojos. Donde, como, porque miraba.
Hasta que dejé de mirar esos adornos, esos detalles que me chupaban la mirada hasta que descubrí una maceta con esa flor ondulada, con pétalos que parecían de una suavidad distinta. Cuando la vi indiferente, balanceándose de un lado a otro, no vi más nada. Solo ella. Su contorno, sus bordes, su forma, la suave superficie de sus pétalos. Una pelusa muy pequeña, que solo se veía cuando algún rayo de sol la acariciaba, la cubría toda. Y en ese momento la pelusa, casi microscópica, transformaba la luz en un tintineo de colores infinitos. En la parte de abajo se abría otra pequeña flor rosada, de dos pétalos.
Y su dulce olor a selva, a rio. ¿Sabía ella que era tan hermosa, que tenía ese olor, esos colores, esa ondulación?. ¿Ese poder?.
Desde entonces no miré a nadie más. Nada más. Solo a Tita, claro, que en lugar de quedarse tranquila empeoró. Ahora era con ella:

- ¿Porqué la miras así, eh? ¡Todo el tiempo! ¿! No podes dejar de mirarla!? - La voy a cortar en pedacitos, la voy a quemar, la voy a arrancar, me decía llorando.
Tita estaba casi igual. Pero había perdido la sonrisa. Aquella sonrisa de Mona Lisa y Maja Desnuda de la primera vez.

Hasta que cuando volví del banco encontré la flor arrancada encima de la cama, en mi lugar.

- Ahí la tenés, me dijo Tita desafiante. Cogétela ahora, a ver.

Con lagrimas la puse en un vasito con agua Al agua le puse unas gotas de fertilizante y poco a poco empezó a crecer de nuevo. Y así casi una semana. Cuando Tita dormía, la sacaba del vaso y, desnudo, me pasaba sus pétalos despacio por el cuerpo. Ni necesitaba pasármela por la pija. Acababa enseguida.

Ahora está empezando a aparecer otra hoja. Y abajo, esa flor rosada, de dos pétalos.
La flor es el agradecimiento de la planta.

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