jueves, 28 de julio de 2011

Las agujas de tejer

Yury Weky (Desde Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las agujas de tejer descansan dentro del vaso de cristal. Los libros, descuidados, yacen en las tablas de la biblioteca cubiertos de polvo. El caballete recostado de la pared. A su lado algunos lienzos amarillentos de moho y abandono. Allí la encuentro. Es un cuarto pequeño invadido de cosas, que según ella, cada una es una historia de su vida.
“Si tuviera que elegir a cuál de esas cosas queridas acercarme
para levantarme de esta cama y reanudar mi vida
me resultaría difícil.
Ellas me han dado tareas con las cuales
he llenado espacios de mi ocio.”
En estos días nada la mueve .Una inclemente indiferencia la invade y yace sobre su lecho casi sin movimientos, perdida la mirada. Me responde el saludo sin prisa, sin emoción .Diría que le es indiferente mi visita. La escucho:
“Imágenes aparentemente inconexas desfilan por mi imaginación.

No sabría decirte si sueño o estoy despierta.

La casa, la de mi infancia, siempre aparece .Es una imagen con escenas múltiples, sin relación cronológica pero con formas y sonidos que se articulan aquí en mi pecho. Creo que algo mío se quedó en esa casa y tengo que recobrarlo.

La casa con su techo de zinc, por donde corría cantando el agua de aquellos torrentosos aguaceros de agosto que me salpicaban la cara.

Yo disfrutaba su caída al patio desde la ventana de mi habitación. A ella llegué de tres años.

Al principio la rechazaba porque no había vecinos cerca, por sus días cortos porque la noche llegaba temprano y no había luz eléctrica, pero con el tiempo esa misma penumbra fue haciéndose mágica y yo esperaba el atardecer para escuchar los cuentos de “A” y después cuando tuve quince años para conocer el amor. El cuarto no era sólo mío, pero cuando venía de vacaciones lo sabía propio.

Además la casa me ofrecía tanto espacio que el cuarto no era tan importante. Sentada en el alféizar de su única ventana solía contemplar las tardes pintadas de cantos de pericos y loros y las tareas que realizaban los peones que regresaban del hato.

Conversaban de las cosas del día (que yo escuchaba por casualidad) mientras guardaban las sillas de montar, los sombreros, las sogas, las botas sucias de estiércol de vaca, los sillones de los burros en la casita de bahareque que quedaba frente a mi ventana.

Las mañanas eran olorosas a leche recién ordeñada, a quesos de mano hechos en casa, a arepas de maíz pilado cocinadas en el fogón, a voces de todos los tonos y matices de los campesinos que desayunaban antes de irse al hato o al conuco y contaban historias que me llenaban de inquietud por los muertos y aparecidos que recobraban vida en sus palabras.

Una que otra madrugada me despertaba con los comentarios, en voz baja, de los hombres que sacrificaban una res.

Portando en las manos una lámpara de kerosén se movían tratando de no hacer ruido. Desde mi cuarto escuchaba: trae el animal, amárralo bien, recoge la sangre, ocúpate del cuero , y así aún cuando nunca vi como lo hacían seguía los pasos del ritual que se prolongaba hasta el amanecer.

Por las voces intuía en la penumbra las figuras de los peones moverse con precisión y destreza en la ejecución de la faena.

Adivinaba en la semi oscuridad a mi madre ordenando las tareas de las mujeres de los peones que trabajaban en la casa y de las otras que venían a ayudar cada vez que había que sacrificar un animal y cuya recompensa eran vísceras , cabezas, patas y todo aquello que no se llevaba a la venta .

El tiempo ocurría tan simple que no necesitaba explicaciones.

Todo se hacía respondiendo a necesidades vitales: ordeñar las vacas para tener leche, queso y mantequilla blanca .Matar un animal para tener carne. Ir al morichal para bañarse. Sacar agua del aljibe para las tareas domésticas.

Montar un caballo y sabanear las reses, cambiarlas de lugar.

Visitar el hato por las noches y contemplar la luna y hasta revisar las trampas de los tutueles y el corral donde estaban los becerros.

Venía al rancho de vacaciones .Los días eran cortos para las emociones que reservaban esos agostos arcádicos.

Sol y lluvia .Morichal y sabana. Nunca me interesó como llegaba el dinero ni quien lo administraba.

Tenía todo lo que quería: mis libros y un radio portátil que funcionaba con baterías y en el cual yo escuchaba un programa de la Radio Nacional que me conectaba con Chopin, con Mozart, con Bethoven. Lo demás lo tenía la casa en abundancia: animales, frutas, verduras.

Sin luz eléctrica la casa consumía gasoil, kerosén, gasolina y baterías. Orfeo tocaba su flauta en el morichal y en los patio florecían naranjos, guamos, pomarrosas, mameyes, castaños, cañas, pomalacas, cocos y tantas otras frutas .Un cóctel paradisíaco.

Se cultivaban ocumos, yucas, mapueyes y al frente el jardín de mamá que era todo un pot-pourri de colores y olores. Cuando atardecía “A” insuflaba a sus cuentos brujas, lloronas, duendes y encantamientos que alumbraban esa cabecita mía de cuatro años y que por las noches aumentaban mis miedos.

“A “ se fue cuando Julián vino a vivir a la casa y aún cuando sentí su partida , Julián supo llenar mi interés por otras cosas : los caballos, curar el ombligo de los becerros recién nacidos, revisar el cuajo para los quesos y como le gustaba cantar me llevaba por las noches al potrero y le cantaba coplas y décimas a las vacas y a la luna. En las mañanas me enseñaba a hacer injertos a los limoneros y naranjos... después me castigaba echándome un tobo de leche recién ordeñada porque me negaba a tomarla.

Así que terminaba odiándolo y bañándome en la poza del morichal bajo el cuidado de “R” o “M”. Estas mujeres se encargaban de mí y de las tareas de la casa. Julián fue un personaje controversial, versátil, rudo, estricto, complaciente, cómplice, odiado y admirado.

Registraba en un cuaderno la genealogía de todos los animales y plantas. Llevaba un registro de los partos y de las cosechas. No tenía nivel instruccional, pero, conocía los filósofos griegos, los poetas y la Historia Universal. Además hablaba con propiedad de geografía y versificación.

Escribía versos para mí en la envoltura del palmito que cortaba en el conuco...hacía oraciones y ensalmes en las situaciones de peligro.

Esa casa abre sus puertas algunas noches y yo entro, como si tuviera un salvoconducto que me permitiera penetrarla e ir al encuentro de “A” , de Julián, y todos aquellos rostros queridos que con el tiempo se fueron quedando sin nombres”.
Con dificultad se levanta de la cama .No permite mi ayuda para hacerlo. Toma las agujas de tejer entre sus manos y dice:
“¿Cuáles Dioses enmarañaron los hilos?
¿Quiénes enredaron las hebras confundiendo el punto y los colores?

De esa labor original fue surgiendo un cuadro multicolor de luces y claroscuros a veces impensable. F recobrando autonomía y árboles y adultos y techos viejos y hastío en vacaciones y se fue acabando el hato y los peones se fueron y en la arcadia ya nada es emocionante.

Quiero un niño.

Lo necesito para jugar, para crecer, para compartir.

Oigo voces de la tía Flor y de los primeros vecino.

Eran trinitarios (pero en la casa los llamaban ingleses) tampoco sé que trabajaban pero sí sé de su licor fabricado con las flores de un arbusto que tenían detrás de la cocina, de sus cartas para adivinar el futuro, de su música, sus creencias en brujas que volaban por las noches.

De su casa me atraía la forma de los techos, sus silencios, el cuarto donde tenían velas encendidas, instrumentos musicales, libros, máscaras policromadas y un soberado o desván ...nunca supe qué función le daban . Ellos no eran muy visitados...después desaparecieron. Llegaron otros vecinos que me prestaban libros, revistas y con ellos conocí la Revolución de Octubre y nuevos conceptos: materialismo histórico, explotación, plusvalía, explotación y mi radio portátil empezó a comunicarme con Fidel y con el Che. Las vacaciones se hicieron de miedo y desconfianza.

Había militares, preguntas, vigilancia y hasta persecución a los vecinos. Se fue endureciendo la esperanza y la alegría. Se dio paso a las dicotomías de gobierno y revolución, militares y guerrilleros, perseguidos y perseguidores. Yo estaba con mis vecinos.

Después la aparición luminosa de Corrado que hablaba de música clásica y literatura y su palabra vino a articular el mundo en que vivía. En la casa empezó a escasear la prosperidad, pero entre sus paredes se dejaba colar una luz: la risa de un niño que había venido para quedarse entre nosotros.

Nos mantenía despiertos con su inteligencia y tejía en el alma una nueva historia. Una historia que empezó con amor y con los años se tornó en dolor.

Estas agujas entrelazan hilos que se acaban, se rematan con nuditos por detrás y con nuditos empatamos para seguir tejiendo.

Julián y Flor han muerto dejando dolorosos vacíos en mi pecho. “Ah”, mi cuenta cuentos se lo comió el tiempo. Corrado se fue a Europa, aunque en sueños me visita. El rancho desapareció, mis ideas políticas se fueron en la descreencia y el desencanto . Otros hilos se van incorporando para satisfacer las necesidades de la labor o los caprichos de los dioses que inspiran el tejido.”
Calla por un momento. Me mira fijamente y me increpa:

¿Qué dioses malévolos me robaron mis primeras hebras?
Guardo silencio .Pienso que debo alejarme de allí. Oigo:
“Hilazas...y siempre tejiendo, rematando,
empatando esta gran manta multicolor que me cobija
y que siento es como el salitre que curte la piel,
la endurece y debilita las venas por dentro”
Cierra los ojos. Yo aprovecho ese momento para escaparme de cuarto y aunque sé que volveré a visitarla, en este instante no podría mirarla sin llorar.

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“Tierra adentro”: La película sobre las campañas genocidas al pueblo mapuche

MAPUEXPRESS (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

WALLMAPU es el nombre del territorio ancestral del Pueblo Mapuche que se extendía de mar a mar y cuyos habitantes originarios fueron víctimas del genocidio y del desplazamiento forzado y simultáneo por las campañas bélicas del estado chileno y argentino desde fines del siglo 19. Esta realidad es desnudada en el presente por la película “Tierra adentro” del director Ulises de la Orden que se estrenará este 6 de agosto en Buenos Aires y en todas las salas de cine en Argentina y también se espera pronto en Chile y que versa, principalmente, sobre la llamada “Campaña del desierto”.
La “Conquista del Desierto” llevada adelante por el ejército del general Roca desde 1879 fue la avanzada final de las fuerzas bélicas argentinas sobre la Nación Mapuche y los pueblos originarios de la Pampa y Patagonia, que hasta ese año mantenían su autodeterminación y soberanía, con el fin expreso de exterminar a su población y arrebatarles el territorio. Ya no hay actores vivos entre las víctimas o victimarios de aquella expedición, pero el territorio en disputa sigue aún en manos de los beneficiarios de la invasión.
Tierra adentro es el nombre de la película del director argentino Ulises de la Orden y desde el presente desnuda uno de los holocaustos más horrorosos de la humanidad, la Campaña del desierto, acción bélica estatal argentina y genocida que fue simultánea a la llamada pacificación de la Araucanía en lo que hoy es Chile al sur del Bio Bio, masacres consideradas por diversos autores como crímenes de lesa humanidad, que no prescriben.
Su director señala: “La película es una historia intrincada y compleja y decidimos abordarla desde el Cine a través de múltiples líneas de relato, intentando obtener la mayor cantidad de voces, conformando, si, nuestro punto de vista, pero mediante una gran cantidad de relatos, puntos de vista y posiciones ideológicas. A favor y en contra. Tierra Adentro plantea distintos itinerarios de viaje a lo largo del Wallmapu, el territorio ancestral, desde el Pacífico al Atlántico. De lafken a lafken”.
La película aborda cuatro historias cruzada sobre hechos y actores reales. Un adolescente Mapuche que en medio de una existencia de precariedad material y de negación a su origen e identidad por el estado imperante comienza un despertar y a reivindicar su pertenencia cultural, social y espiritual. Un descendiente de unos de los generales de la campaña del desierto viaja tierra adentro por diversos puntos del territorio ancestral y como artista musical es acompañado por una cantante y música de origen Mapuche llegando hasta una ceremonia de Wiñoy tripantu (Nuevo año Mapuche). Un comunicador social viaja desde Ngulumapu (Chile) recorriendo todo el territorio conectando diversos puntos del genocidio y buscando en la memoria de los ancianos los rastros de la guerra y la masacre. Un historiador de Buenos Aires encuentra en los archivos los documentos que le permiten probar quienes financiaron al ejército y que obtuvieron a cambio de la campaña y descifrando escalofriantes cifras.
Tierra adentro es a su vez, un recorrido por diversos lugares del territorio y centros de interés histórico con narraciones de una diversidad de personalidades, desde autoridades ancestrales, ancianos y jóvenes Mapuche, un Ministro de la Corte Suprema argentina y terratenientes beneficiarios en el presente de lo que fue la campaña militar.
Esta es la segunda película de circulación masiva del director Ulises de la Orden, la anterior, Río Arriba que trata sobre el norte de argentina, recibió diversos premios locales e internacionales y fue visto por más de 50.000 espectadores.
Tierra adentro sin lugar a dudas no será una película que pase desapercibida frente a una realidad oculta y negada y se estrenará el 6 de agosto en Buenos Aires en el MALBA (www.malba.org.ar) y seguirá todos los jueves y sábados de Agosto y consecutivamente en diversas salas de cine de todas las provincias en la argentina. Pronto también se espera su estreno en Chile.
Ver trailer oficial tierra adentro
http://www.youtube.com/watch?v=TKmzLHBCO6A
Créditos de la Película con la musicalización de uno de los temas principales
http://www.youtube.com/watch?v=l5nClXw51HE&feature=related
Sobre el Director de Tierra Adentro Ulises de la Orden
http://www.youtube.com/watch?v=_LriGu5KrfU&feature=related
Película anterior del Director – Río Arriba
http://www.youtube.com/watch?v=yhrGPeolcGQ&feature=related

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El prisionero

Carlos López Dzur (Desde San Juan de Puerto Rico. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A prisoner of war is a man who tries to kill you
and fails, and then asks you not to kill him.
Winston Churchill (1874-1965)

El es un conservador de sus colmillos. La gente no le importa para nada, a menos que sea para que le salven la vida y lo que tiene. Que contribuyan a la agenda que lo anima.

«Y que todo el mundo sufra lo que yo».

Políticamente, hay que desconfiar de este oportunista. Son demasiadas ínfulas... «A newcomer, carpetbagger». Hay quien duda que, al repartirse el poder en tierras propias, en la verdadera sociedad, que no es la Armada ni Vietnam, sea él un adecuado candidato porque él parece marciano. O hecho de piedra. Además, no es «a natural-born citizen», eligible para la posición que anhela: la presidencia.

Si los conservadores tradicionales, no diga usted los ultraconservadores, no lo quieren, imagínese, a los otros. Los independientes y librepensadores lo quieren menos. Es que el jactancioso McCain es una basca. Tiene que aprender a reírse de sí mismo: «I am older than dirt and have more scars than Frankenstein». Lo corrigen. No es por lo feo ni lo arrugado que él molesta. «Tu amargura, tu revanchismo, éso». No es racista; pero un día de público homenaje y honras federales y nacionales a Martin Luther King, Jr.. le parece un exceso.

A veces no sabe lo que dice. Es torpe. No son ocasionales sus comentarios enfermizos. Son constantes. Justifica la tortura. Si bien combatir en Afganistán se le figura una ostensible victoria, no hay que botar recursos en Somalia. De allá no se saca beneficio ninguno. Y es la mejor diplomacia en Beirut, «tener a los judíos de amigos». Que peleen ellos. «No expongamos las vidas de los nuestros soldados por judíos: No more!». Y es mejor ir a Chile y felicitar a tiempo a Pinochet, por su labor realizada contra el comunismo que no esperar que lo fundan en la cárcel y vernos en la disyuntiva de defender su desprestigiada catadura y las ropas sucias que lavara en su casa.

El defensor de sus colmillos apoyó la financiación de los Contras en Nicaragua. Desde 1984, porque tiene tribuna cameral en un Comité de Asuntos Extranjeros, él piensa que dará cátedra sobre cualquier asunto. Que sabe lo que pasa en Oriente y en Asia, en Kosovo o con los Talibanes. Total, su doctorado honoris causa lo obtuvo en humanitarismo. Adoptó una niña huerfanita en Bangladesh. «Parece mucho más negra cuando posamos juntos. Es por mi melanoma en la piel». A sotto voce, se rumora que es el Candidato de Manchuria y que, mariconamente, se agasaja con Cindy, su segunda esposa, que le prepara un porrito de marihuana, como aquellos que se fumaba en tiempos de Vietnam.

Es que él tenía un amigo vietnamita. Y se ganó su cariño por dotarlo de un puñado de la buena greefa. El soldado comunista, campesino, no permitía que lo abusaran. Sabía un poquito de inglés. «Eso fue lo bueno». Con casi seis años en aquel cautiverio, si hubiese sido bravo y malviviera, no estaría aquí para contarlo. ¿Pero qué se puede esperar, si los mismos comandantes civiles que lo enviaron a misiones de batalla son como él dice una recua de «complete idiots who didn't have the least notion of what it took to win the war».

No fue en Hanoi que fragmentos del material de una explosión lo alcanzaron en las piernas y el pecho, marcándole cicatrices. El 29 de julio, antes de su captura, un jet en llamas y el fuego en Forrestal, vendría a ser investigado porque mató a 134 marinos y tomó 24 horas en extinguirse por el personal de la base. «Los yankees somos perfectos idiotas». El Teniente de la Comandancia, al contarlo, se sinceraba con sus captores. «Traté de ayudar a escapar a mi copiloto cuando... BANG! bang! estalló el jet y se propagó el fuego... Tantos idiotas juntos son el verdadero infierno. Entre errores comprensibles y pendejadas, hay más bajas provocadas por nosotros mismos que por ustedes, el enemigo».

Mas, en definidas cuentas, McCain no admite la generosidad del adversario. Se acomoda con el más poderoso. Es más impaciente que directo. Se escapa hábilmente por resquicios retóricos. Le gusta que el tiempo se vaya poniendo de su parte, postergar, jugar a ser el listo... Es una gotica de agua que socava, por aburrida y repetitivamente persistente. Cuando Vietnam del Norte le ofreció liberarlo, adujo. «Mejor no». Jugaba con el tiempo. En la prontitud, se pierde, se arriesga mucho. «No me repatríen. Va y sucede que me mate una legión de perfectos idiotas, los civiles de mi propia base. Tengan piedad, ¿ah?».

Lo liberarían de todos modos porque no resiste el agua que se bebe entre los vietnamitas. La única agua potable. Cabrón es con estómago fino... «¿Sabe usted lo que es disentería? Eso tiene. Aquí en la selva, si se nos muere, dirá su propaganda que lo matamos con toda alevosía».

«Allá en la Base es donde realmente me matan, arriesgan mi vida hasta con mexicanos que no saben inglés y, si ustedes me dan trato preferencial como POW, me desacredito. No me pensionan con una tajada meritoria de dinero.. Juguemos a las cartas. Olviden eso... No. Me quedo. Total, cuando se acabe esta guerra, conmigo podrán hacer propaganda de misericordia y sacar beneficios».

«Es que esto no es un secuestro, McCain. Usted vino a agredirnos... vino a un país tan pobre que usted y él se mueren de hambre. Usted se vomita en nuestras aguas. No necesitamos que hagamos propaganda por combatir honorablemente, defendiendo la autodeterminación del país que ha sido colonia y que queremos libre. Ustedes son los invasores que lo neo-colonializan».

No quisieron oírlo más. Ese día le arrebataron los naipes. Y se le puso en confinamiento solitario.

Al defensor de sus colmillos le gusta jactarse de 22 años en las Fuerzas Navales. Todo el que sabe qué es, en rigor, un militar en combate, en fragor de sangre y agresiones, baja la cabeza y no se jacta tan ruidosamente: «Mi padre fue chingón en el Navy, mi abuelo, por igual, en la Marina y yo le di 22 años de mi servicio». Este es el mantra: Navy, Navy, Navy.... Ooooommmmmm!

Un día dijo que «el lugar durante el cual más tiempo de mi vida he tenido como residencia fue Hanoi». Se imagina a hombres como los que conoció allá, más honorables que él. Aún así, es la parte que no dice. Es mentiroso, matrero. Bastaría que se dejara llevar por el recuerdo para comenzar a sacarse la verdad que lo remuerde. Pero, ¿a quién decirla? El piensa mal de todo el mundo. Cree que vive rodeado de otras formas de enemigos. Los hipócritas. Los veteranos en Norteamérica se han atrevido a decir a Bush y a él que se olvidaron de los prisioneros de guerra, de las víctimas del Agente Naranja que los enfermó, contaminándolos. «No son daños del Vietcong. Son daños del Ejército Norteamericano y la Marina a sus soldados». A los grupos del evangelismo derechista, McCain no les simpatiza; pero ellos tampoco a él y, en lapsus de lengua floja y boquirrota, ya echó peste contra Pat Robertson y Jerry Falwell.

Los nativoamericanos se inclinan a los demócratas. Hablan el lenguaje socialista de Obama, el negro peligroso, posiblemente islámico, asesorado por el extremista Ayer. Teólogo de la Liberación y racista negro. Como su esposa, la millonaria, Cindy McCain es la única que lo comprende van a irse a un casino, de esos que la industria casinera nativoamericana destaca como los super-exclusivos. La fortuna de $100 millones de la pareja McCain les permite este relax del juego, evitándolo cuando se puede, para que no se vuelva compulsivo.

Está triste porque, aún anunciada su nominación presidencial, hay enemigos peores que sus captores en Hanoi. Gente poderosa que lo quiere ningunear, aplicarle la bola negra del «natural-born», «as foreigner»... y le jode que se le digan, a estas alturas de su vida, panameño... porque hará 72 años, nació en un hospital de la Zona del Canal. Hará 72 años... El ha vivido como militar en bases de todo el mundo siempre leal a su Imperio.

Hubo algunos remilgos al Carpetbagger, aspirante al escaño en el Senado Federal por Arizona, como parte de una historia vieja en el Primer Distrito de la Senaduría. Ahora lo que cuenta y le importa es: «Que se trata de tu futuro presidente, América», a quien le están haciendo el feo. Alegan que él no tiene méritos suficientes, a no ser su heroísmo vietnamita. Como congresista es mediocre, un corrupto más y del montón vendido a las corporocracia, un nuevo reo de los cabilderos. Captores hipócritas y perfectos idiotas de la sociedad civil.

Y hasta la misma ex-esposa Carol, quien le dejara el campo libre, no lo endosa. No cree que él merezca el cargo. Sólo le deja el campo libre, que se vaya. Derroche el dinero en las campañas. El siempre tiene la mente en el carajo. Hambre de compensación y reconocimiento. Aunque son amigos cordiales, ejemplifica: «Cuando halló en su camino una mujer millonaria, me cambió como se cambia un cheque en el banco». Y Carol, la maestra, le dijo: «Pues, lárgate con ella. Hazle el amor al dinero. Es para lo único que sirves». Por eso, ni hasta los hijos, festejaron su boda. En secreto, saben y lo comentan. «Siempre ha sido egoísta e inmaduro».

John Sidney McCain, ex prisionero de guerra, no se exculpa. Prefiere infligirse un dolor sin tormento, dándose heroica escena como figura de donaire: «La guerra, la Naval, no tiene la culpa. La culpa es enteramente mía». Vuelve a la esencia del asunto. En esto está su mente mientras coloca apuestas en una mesa del casino.

El 25 de octubre de 1967 fue capturado. Viviría en medio de las selvas de Hanoi. El no estaba rezando. Quería matar comunistas como a moscas. Y piloteaba un A-4E Skyhawk sobre Norvietnam en la misión vigésimo tercera de bombardeo, cuando un misil lo alcanzó. Cuando se tiró en el paracaídas, casi se ahoga en el lago Truc Bach y se fracturó los brazos. Meses antes casi pierde la vida en una explosión de un jet. «Nunca estuve más asustado. Ese día me cagué».

Los comunistas le sacaron a la orilla. Posiblemente, para sentirse heroico más allá de la duda razonable, él se inventaría que lo bayonetean. Que el dolor de sus brazos se lo provocaron los captores al darle culatazos con los rifles. Puede que sea tonto que imagine que merece un recibimiento diplomático. Nadie vuela un bombardero A-4 para regar flores desde el aire. Mas él imploró: «¡No se atrevan! ¡No me maten! Mi padre, mi abuelo y hasta en tiempos de Caín, mi sangre es vida para el Navy! OOOOMMMMMM!»

Y, por súplicas, lo transportaron a la Prisión de Hoa... «Hanoi Hilton», suele bromear él con el bribón de Bush, Jr. casi un compadre.

En realidad, antes de curarlo de alguna lastimadura, el conservador de sus colmillos, soltó la sopa. Preparó un gran show para la prensa del mundo. Acudió a la evocación de su padre como el «Almirante de rango».

No es necesario que se le torture. «Hágaseme el favor, tráteseme con guantes de seda, que John Sidney es un POW que vale mucho... No me dejen cicatrices. Ya traje bastantes como para dar asco y caer gordo».

Durante seis semanas que estuvo hospitalizado en Hanoi, se le explicó que nadie está exento en Vietnam de recibir un miserable desayuno. Han bloqueado a Vietnam del Norte. Hay carencia de alimentos. Nadie cultiva los arrozales a menos que pretenda que una bomba americana lo haga trizas. «Usted está perdiendo peso, verá. No es culpa nuestra. En Vietnam todo el mundo está ya malnutrido, tenso, anémico y en miseria... No vaya a quejarse de cincuenta libras menos con su padre, o sus Generales del Pentágono, por causa de torturas indecibles, o de que su pelo encanece porque le chupamos sangre. Diga la verdad. La guerra es dura».

Para diciembre de1967, se le puso en una celda con otros dos militares cautivos, también yankees. «Estás reflaco, John». Y se le escuchó presumir de héroe, «hasta más héroe que el Almirante heroico de su padre». ¡Y cómo sería que se jactaba, desde que madrugaba a altas horas de la noche, que los comunistas asqueados, lo pusieron en confinamiento solitario por dos años. Y le dijeron a los otros yankees que él no quiere ni librarse él ni ellos de este cautiverio.

Del libro / Leyendas históricas y cuentos colora'os.

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Caracas, acuse de recibo

Indira Carpio Olivo (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Caracas me roba y no tiene futuro
se hace anónima mientras sorbe mi alma
me rapta y a través del cristal sucio de un autobus me obliga a ver la
vida que yace tendida en el lugar alado, acompañada del fotograma de
la mano empuñada, vendido
Caracas triste mece un tricolor en sus mejillas, tratando de contener
el Güaire que derrama sus ojos
Caracas polvareda, remolino de viento que azota las faldas marinas y
agita risas nerviosas
Caracas que hierve entre comentarios de la cintura hacia abajo
Caracas, no te abriré la puerta, tendrás que derribarla
Hasta entonces muerde los barrotes, grita entredientes una mentira y
repite que olvidaste mi saliva
Caracas, reza para que no duerma, maldice mi nombre, acaricia otra
grieta, odia-me-odia
Yo, seguiré acusándote

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Antígona Vélez en el Teatro Nacional Cervantes: Un clásico (marechaliano) de un clásico (griego)

Demian Paredes (LA VERDAD OBRERA-PTS. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

A 60 años de su primer estreno –también en el Cervantes- Pompeyo Audivert pone sobre tablas Antígona Vélez, de Leopoldo Marechal, la más conocida de las (pocas, ya que habría casi una decena perdidas) obras dramáticas creadas por el autor de Adán Buenosayres. Su estreno se debió al pedido de Eva Duarte de Perón, quien estuvo en la función –y que, como luego la llamarían varios intelectuales, como el historiador Fermín Chávez, “la Antígona de los Toldos”(1), deseaba identificarse con la heroína de la historia-.


Aquí, el clásico de Sófocles, del 440 antes de nuestra era –drama del que Georg Steiner en Antígonas contabiliza más de 200 versiones, aunque sin mencionar las de los latinoamericanos/as Marechal, Luis Rafael Sánchez, Griselda Gambaro y Jorge Andrade- se revivencia en las pampas: en el siglo XIX, en la loma donde está La Postrera, una estancia en esos momentos de luto: allí la peonada y las mujeres velan a Martín Vélez, caído en combate contra los “indios”. Su hermano, Ignacio, también muerto en el enfrentamiento, quedó sin sepultura, prohibida por haberse pasado al bando del malón.

El núcleo del drama pasa entonces por el enfrentamiento de dos leyes o mandatos: el que proclama Don Facundo –patrón de la estancia-, un mandato político-militar (y económico, claro); y el de Antígona, “trascendente”, que reclama sepultura, entierro digno, para todo muerto humano. Una voluntad que “está por encima de todas las pampas”(2).

Aggiornada, la creación de Marechal introduce coros a la manera shakespereana (Macbeth) y entonces viejas brujas, “varones” (que recuerdan constantemente las “¡lanzas y potros!” que son su mandato vital) y “mujeres” (que lloran y rezan) interactúan con los protagonistas en esta no-tragedia (o anti-tragedia) criolla.

Porque si en la original Antígona, ésta se terminaba suicidando, en la versión marechaliana la protagonista acepta finalmente la voluntad de ejercer –de que ejerzan sobre ella- el castigo de Don Facundo –voluntad que le hará perder más que una mujer de la estancia-. Aquí la tragedia se transforma en otra cosa, en un drama que finalmente reconcilia los opuestos (según dicen muchos estudiosos de la obra de Marechal, característica principal del autor de Megafón, o la guerra). Javier de Navascués indica que esto se debe a la filiación cristiana y peronista del escritor: junto a la recreación del sacrificio de Jesús que hay Antígona Vélez hay también una “valoración mitificadora de la tradición y de la patria, la figura femenina de Antígona como líder de la comunidad” (recordemos que la obra, destruida en un accidente, fue reescrita por Marechal a pedido de Eva Duarte de Perón); a lo que se suma “el optimismo histórico final”, donde Don Facundo, pese a la(s) muerte(s), avizora una futura tierra poblada y feliz. Es decir que la patriota ideología peronista –operando en el arte- no objeta la masacre de aborígenes y exalta el rol del caudillo (o la caudilla) dentro del orden patriarcal.


Y si hay que pensar en otros significados de la obra, está la del mismo director, quien piensa (y propone ver e interpretar) este drama clásico en clave contemporánea; más específicamente, desde la última dictadura y el presente de reclamos por los desaparecidos. Dijo: “Nosotros somos una sociedad Antígona, que está pudiendo recién enterrar a muertos que no habían tenido sepultura. Incluso, donde no se ha podido recuperar el nombre, se ha podido recuperar esa historia y dar un nombre a aquello que la truncó, que la extinguió, que la desapareció. Se está pudiendo llevar a cabo el ritual de lo humano. Por eso me parece que los crímenes de lesa humanidad son tipificados como tales y, entre ellos, está el de no enterrar el cuerpo del enemigo, el de la extinción de ese cuerpo, de su identidad sagrada. Querer castigar más allá de la frontera de lo histórico”(3). Y en otro: “Antígona es una fuerza colectiva, impelida por sus muertos”. “Es la fuerza femenina que se enfrenta al poder histórico. Y en ella viven nuestras propias Antígonas”(4). Pero como ya dijimos, la Antígona marechaliana termina aceptando la “voluntad de las pampas” y se deja castigar –incluso al precio de perder a su gran amor-. Seguramente son ciertos los deseos del director de pensar –e identificar- la lucha de la “fuerza femenina” contra el “poder histórico” en Antígona Vélez; pero esto no se puede hacer sin haber alterado en nada la versión original; cosa que no aquí se ha hecho: Audivert ha dicho en varios reportajes que sus hijas, las herederas del escritor, le pidieron como “condición”(5) que fuera fiel a la obra original.

***

Por otra parte, la puesta en escena es notable, ya que hay un largo tablón en medio del público –rompiendo la tradicional frontera entre público y obra-, con una Luna de fondo que acompañará gran parte de la obra, junto a la música (perfectamente ejecutada) en vivo. Lo menos lucido son las vestimentas y las actuaciones –donde Villanueva-Cosse destaca, y un poco también la protagonista Ana Yovino-. Y no se ha logrado cuajar un verdadero “lenguaje criollo”, terminando esto acompañado de cierta “estética brechtiana”, donde los personajes lanzan al público sus diálogos, rudamente. La rigidez en los movimientos de los actores también colabora en crear un ambiente sórdido: el del velorio en el “desierto”.

Pese a ello, la clara escritura de Marechal, en un claro y atractivo discurrir dramático, hace de Antígona Vélez una obra que merece ser (una vez más) vista.

Notas:
1) http://www.um.es/tonosdigital/znum8/Resenas/3-libro_antigona.htm
2) http://elfondodelruido.blogspot.com/2011/07/bajo-la-luna.html
3) http://www.lanacion.com.ar/1383080-antigona-velez
4) http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/10-22041-2011-06-19.html
5) http://tiempo.elargentino.com/notas/antigona-velez-recreacion-de-mito-las-fronteras-del-teatro

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Música: El llamado rock satánico

MARGENCERO

“La compañía de grabación escogió poner una cruz al revés en la portada del álbum y así las personas prontamente asociarían a la banda (Black Sabbath) con el Satanismo. La banda no quiso saber nada de poner ese símbolo, sin embargo reconocieron ante la compañía de grabación que era un método de comercialización sabio y acertado...”.
Biografía de Ozzy Osbourne

La relación entre el rock y el satánico proviene desde los mismos orígenes del movimiento musical en la década de los cincuenta, donde precursores como Elvis Presley o Jerry Lee Lewis fueron duramente atacados por la Iglesia Católica de difundir el mensaje del maligno. El blues ya había sido objeto de persecución por la mayoría blanca norteamericana que consideraba aquella música como peligrosa para la moral wasp (White, Anglo - saxon, Protestant).
A finales de la década de los sesenta, el rock y las nuevas «amenazas» llegaban desde Inglaterra, en donde The Rolling Stones con álbumes como Their Satanic Majestic Request ('Al servicio de sus satánicas majestades') y su clásico Sympathy for the devil ('Simpatía por el diablo') arrasaban en todas las listas de éxitos y en sus giras, donde llegaron a utilizar como guardaespaldas a los propios Hell´s Angels ('Ángeles del infierno'). Sus grandes competidores, The Beatles, tras sus experiencias con gurús indios, llegaban de nuevo al número 1 con The White Album en el que, según los defensores de la existencia de mensajes satánicos ocultos, aparecen los primeros mensajes subliminales en las canciones Revolution 1 y Revolution 9. John Lennon golpeaba en el «núcleo» de la moral católica al declarar en el inicio de una gira por Norteamérica que The Beatles eran más grandes que Dios, lo que les supuso la persecución de grupos integristas cristianos y la quema pública de sus discos. El asesinato, en 1980, de John Lennon por parte de un fanático fue también utilizado posteriormente por algunos dedos acusadores como prueba de su relación satánica. No sería el único caso en que la muerte de un miembro de un grupo acusado de satánico, sería utilizado para demostrar que quien utiliza la energía del demonio acaba siendo consumida por su eterna maldad; así, John Bonham (Led Zeppelín); Brian Jones (Rolling Stones); Bon Scott (AC-DC); Randy Rhoads (Ozzy Osbourne) o el propio Jimi Hendrix, muertos todos en extrañas o crueles circunstancias, sirven para alimentar el mito del pacto de los músicos con el diablo.
Mike Jagger y Keith Richards, de los Stones, llegaron a ser considerados la reencarnación de Lucifer y su ayudante Belcebú por parte de algunos de sus fans, llegando incluso a interesarse por proyectos cinematográficos como Lucifer rising o Invocation of my demon brother, que finalmente no se llevaron a cabo.
Otra banda inglesa de principios de los setenta, acusada de invocar a Satanás en todos sus discos, fueron los precursores del heavy metal, Black Sabbath, cuyo cantante, Ozzy Osbourne, pasaría a ser en los ochenta el principal enemigo de muchas organizaciones cristianas norteamericanas tras grabar canciones como Mr. Crowley, dedicada al mago «negro» Aleister Crowley que, a principios del s. XX, había fundado su propia religión tras pertenecer a diversas sociedades secretas, llegando a reunir en la abadía italiana de Cefalu a sus correligionarios donde practicaban ritos satánicos, en los que se mezclaba el sexo, la sangre...
La canción acusada de contener un mayor número de mensajes satánicos ocultos seria también de otro grupo inglés de los setenta, millonario en fama y ventas, Led Zeppelín y su gran éxito Stairway to Heaven ('Escalera al cielo') que se unió a la fama de amante de la guija de su guitarrista, Jimmy Page, que llegó a vivir en una casa que había pertenecido al mago Alister Crowley, junto al Lago Ness.
Tras calmarse un poco las aguas, a principios de los ochenta, la irrupción del heavy metal volvería a abrir la caja de los truenos. Los australianos AC-DC, afincados en el Reino Unido, estaban en la cresta de la ola con su gran éxito Highway to Hell ('Autopista al Infierno') y otros menores como Hell aint a bad place to be ('El infierno no es un mal sitio para vivir') o Sin City ('Ciudad del pecado'), llegando a aparecer su guitarrista Angus Young en los conciertos disfrazado con rabo y cuernos además de su uniforme de Daniel el Travieso. El éxito de la banda llevó a nuevos grupos como los también británicos Iron Maiden a lanzar el álbum The Number of the Beast (666, el numero asignado al Diablo), incluyendo en el mismo textos de la famosa Biblia Satánica de gran difusión entre los satanistas.


La portada del disco, con el monstruoso Eddie dirigiendo como un titiritero a los hombres en forma de marionetas era demasiado para los grupos salvadores de la moral cristiana que iniciaron una campaña de censura, sobre todo en los Estados Unidos, lo que al igual que en el resto de los casos descritos supuso un efecto boomerang propagandístico para la banda que le permitió darse a conocer en este país. Otros grupos, como Venom, precursores del estilo black metal no tuvieron tanta suerte, ya que tras argucias aduaneras, les prohibieron de manera permanente entrar en Estados Unidos; y es que los tres primeros discos de la banda, In league with Satan ('Aliados de Satán'), Welcome to hell ('Bienvenido al infierno') y Black metal ('Metal negro') eran demasiado explícitos.

La semilla del binomio satanismo/éxito garantizado, supuso que los grupos norteamericanos se subiesen al carro iniciado por los británicos y empezasen a proliferar canciones como Burn in Hell ('Arder en el infierno'), de Twisted Sister, Shout at the Devil ('Grita al diablo') de Motley Crue, o Hell awaits, de Slayer. Desde Texas, el grupo WASP (We Are Sexual Perverts; 'Nosotros Somos Pervertidos Sexuales') lanzaban su primera canción I Fuck Like a Beast ('Follo como una bestia') añadiendo más leña al fuego de la creciente polémica entre el rock y las asociaciones defensoras de la moral cristiana. Otro ex-cantante de Black Sabbath, Ronnie James Dio, creaba su propia banda y al igual que Ozzy Osbourne llenaba las portadas de sus discos de imágenes de Satanás, como la muy explícita Holy diver.
Los neoyorquinos KISS, también fueron acusados de esconder bajo sus siglas la frase Kids in Satan Service ('Chicos al servicio de Satanás'). Los grupos norteamericanos defensores de la moral no tardarían en ponerse manos a la obra intentando parar esta situación, llegando a crear un lobby de poder, el PMRC, que mediante una iniciativa legislativa abanderada por Tipper Gore, esposa del futuro vicepresidente de los EE.UU., Al Gore, llegarían a imponer una pegatina avisando del peligro en el contenido de los discos que ellos consideraban oportuno censurar, incluyendo la sustitución de portadas de discos que pudiesen ser «nocivas». La medida afectó a numerosas bandas, desde Prince, acusado de pornográfico, hasta los ya mencionados Iron Maiden. Una representación de músicos encabezada por Frank Zappa, llegó a tener que declarar en el Congreso, pero la iniciativa conservadora fracasaría al ver que los discos etiquetados como peligrosos eran los que más se vendían llegando a ser considerados como símbolos de libertad aquellos que llevaban el mensaje «EXPLICIT LYRICS» frente a aquellos que no lo contenían. La situación se trasladaría, una década después, al mundo del hip-hop y el rap, donde los raperos presumían de haber tenido un pasado en la cárcel y los que no lo habían tenido llegaban a inventárselo para poder ser respetados por el público.

Tras un período donde el tema parecía haberse olvidado, la irrupción de la banda de Marylin Manson gracias a su álbum Antichrist Superstar, volvía a poner en el candelero la relación satanismo y rock. Marylin Manson, educado bajo el catolicismo más férreo, ya en los tiempos del instituto se había dado cuenta del éxito que suponían aquellos discos prohibidos de los ochenta entre sus amigos, generando todo un mercado de intercambio de los mismos entre sus compañeros. Años más tarde, al fundar la banda, tenia bien claro que unos toques satánicos le darían una popularidad gratuita necesaria para todo nuevo grupo; así, utilizó como productor de su gran éxito Antichrist Superstar a Trent Reznor que se había hecho famoso con su banda Nine Inch Nails tras grabar el disco The Downward Spiral en la mansión donde había sido asesinada la mujer del director de cine Roman Polanski, Sharon Tate, a manos de la secta satánica de Charlie Manson, del que —además— había adquirido el nombre para su banda. Para alimentar más el mito, Marylin Manson se hizo ordenar sacerdote por la Church of Satan ('Iglesia Satánica') del reverendo Antón Lavey escritor de la famosa Biblia Satánica, inspirada en textos de Nietzche y Aleister Crowley, que sugirió tantas cosas a estos y otros grupos musicales.




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El rostro del cantor debe acompañar a millones de puntos que son otras caras

Juan Alonso (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El cantor sencillo de palabra limpia
no pudo ver la barbarie de segundos que condenó siempre,
su asesinato por azar conmovió al mundo
La prensa mostró su rostro
su voz, sus versos nacidos con la guitarra
pero no puso junto a sus ojos ciegos
las caras de los millones de nombres,
colores, idiomas, edades, risas
ejecutados también por pandillas de traficantes
y bandas de militares
La prensa del mercado arroja en subterráneos mudos
los dolores de las agonías
en aquellos días, recién hoy y mañana;
solo a veces los dueños conceden a esos sacrificios
una línea de letras o segundos de color en la pantalla
Casi se ignoran los cuerpos inertes de los niños que no alcanzaron a entender
de las mujer que lucharon por alimentarlos
de los hombres que querían vivir aunque fueran penosos sus días
Murieron y mueren porque debajo de su desierto hay lagunas negras,
el agua de su río lava diamantes y granos de sol,
su suelo africano contiene sales de vía rápida para la electricidad,
en sus pequeños campos se puede multiplicar los hatos, granos y adormideras
La orden de ultimar esos pequeños proyectos se dio, da y dará
en prostíbulos, haciendas floridas, mansiones, cuartos ovales y pentagonales,
para sus autores es un hecho tan trivial como sacar el pañuelo del bolsillo
mirar el reloj para saber la hora
o abrir el paraguas durante la lluvia
El mínimo compromiso de hermandad es hacer un homenaje a tu canto y a todos, Facundo

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Plástica: Los cuerpos de Lucian Freud

Antonio Curto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Lucian Freud fue el pintor vivo más cotizado y nieto de Sigmund Freud, padre del psicoanálisis; la primera cuestión corresponde a la especulación mercantil del arte, la segunda es un hecho circunstancial de la genética. Lo que creo le dará la inmortalidad, será su obra. Y en ella, de manera especial, su visión del cuerpo humano. Para uno que no es especialista en pintura, enfrentarse a sus cuadros es una educación sensorial que se trasmite a través de lo que las pupilas captan.

Los cuerpos desnudos posan en los cuadros de Freud relajados y tranquilos, abandonados a sí mismos, captados en su reposo, un reposo que se presenta como una segunda desnudez. No se trata de una mirada perversa como la de Degas, es introspectiva, penetra en la intimidad pero de una forma respetuosa, como quien allana una casa con los pies descalzos, procurando no hacer ruido. Así nos hace dueños del instante, de sus manos han salido hombres y mujeres durmiendo, descansando, en poses reflexivas... Son varias las mujeres que aparecen embarazadas, en pequeños o grandes lienzos, desde diferentes ángulos, pero mostrando las variaciones corporales ante la nueva vida que se engendra en su interior. En el óleo “Muchacha embarazada”, una mujer muestra en la cercanía su busto desnudo, una piel cercana, traslucida y llena de venas como una geografía de un embarazo en su inicio, una sensación inquietante que se intensifica por un rostro que no podemos ver, con la cabeza torcida hacia la almohada.

El pintor huía de los esteticismos, se percibe en los desnudos masculinos, donde no aparece el heroicismo con que el cuerpo del hombre ha sólido retratarse. Al contrario, son la antitesis de los que muestra la industria del porno o la publicidad. Algo que también sucede con las mujeres, son diversas, muestra un acercamiento a las anatomías exuberantes, pero sin caer en ningún caso en una tentación exhibicionista. No es un desnudo naturalista, pero tampoco erótico, aunque no renuncié a una cierta sensualidad, pues los cuerpos como el mismo afirmase, son lo que son, piel imperfecta, tronco y extremidades. Quizás sea una sensualidad nacida de la intensidad, de la cercanía, de la expresividad que logra arrancar a los modelos, aunque éstos se puedan encontrar durmiendo. Como los grandes artistas era un creador de atmósferas, los cuerpos parecen flotar, dotados de ingravidez. Nos inquietan, como sucede con el tabú que sigue representando la desnudez ajena, pero nos atraen magnéticamente. Sin embargo, al contrario que otras obras con la misma temática, que buscan la excitación, el rechazo, o el deslumbramiento, Freud nos induce a entablar una relación amistosa con los cuerpos desnudos.
Era un artista que navegaba en lo imperfecto, incluso manipulaba o resaltaba, la flacidez de la piel, la estructura ósea, bolsas de grasa, hoyuelos, grasas que reflejan la luz, marcas de viruela y otras manchas. Quiso acercarnos a todas estas cosas, dotándolas de una cierta belleza. Porque Freud dialogó con los cuerpos de Bacon(una de sus influencias más destacadas y reconocidas), pero lo hizo de una forma amable, sus cuerpos forman parte de nuestro mundo, aunque sea con una mirada particular. Es como si un espejo especial, semejante a los convexos que distorsionan nuestra imagen, nos hiciese participe de su propia mirada.

Aunque coquetease con el surrealismo en sus inicios, su obra se ha caracterizado por un realismo subjetivo, algún critico lo calificó del mayor pintor realista vivo y él llegó a decir, no hay nada más surrealista que una nariz entre dos ojos. Un artista anti-fotoshop, pero con su propia manipulación, así utilizó el blanco de Cremnitz, una pintura pesada con óxido de plomo, para evocar con más fuerza la textura y solidez de la carne. De esa forma nos enseñó lo que a veces no se quiere ver, la decrepitud y el desgaste natural del cuerpo: pechos caídos, manchas en la piel, venas, imperfecciones y protuberancias. Sin embargo no existe rechazo o repulsión hacia ellos, sino una solidaridad en su cercanía. El que Lucian Freud tomase mayoritariamente a personas de su entorno como modelos, es quizás lo que nos lleva a la empatía con las personas que contemplamos.
Quizás el arte de Freud esté cercano a la biología como muchas veces se ha afirmado, pero también tiene algo de esa sensualidad insondable, en el sentido de viaje al interior de la mente iniciado por su famoso abuelo. En todo caso Lucian Freud nos ha dejado una nueva visión, sin precedentes, en la larga trayectoria del desnudo en el arte. Es posible que pretendiese perturbar, como el mismo afirmó: “ El deber del artista es incomodar al ser humano y, sin embargo, una gran obra de arte nos atrae como una química involuntaria, como cuando un perro de caza percibe un olor; el perro no es libre, no puede actuar de otra manera: percibe el olor y su instinto hace lo demás.”

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“Crónicas de bar”: un bar, todos los bares; Gijón, todas las ciudades

Salvador Moreno Valencia (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Una de mis ocupaciones pasadas fue ser empresario, y tuve en mi haber un par de bares de esos, quizá, como los que describe con una prosa magistral y depurada el escritor venezolano afincado en Gijón, Edgar Borges.

Este escritor comprometido y ávido de observación, de “La contemplación” -haciendo uso de sus palabras y del título de la novela que bien le valió el I Premio Internacional Albert Camus-, nos trae en su nuevo libro “Crónicas de bar” (Editorial Milrazones, 2011), no sólo un recorrido real por los bares y cafés de Gijón, sino un recorrido imaginario por estos mismos lugares en los que podemos encontrarnos con Perec, Walser, Pessoa, Prat, Pynchon, Magris… y otros escritores que tenían o tienen un denominador común: La contemplación de todo espacio que les rodeaba y les rodea haciendo un retrato del mundo que dista mucho del que nos quieren imponer los creadores de realidad de hoy en día.

Podemos asistir a una conversación durante un paseo con el escritor Robert Walser, para encontrarnos con nosotros mismos al otro lado del camino, o podemos ver cómo Georges Perec está sentado tranquilamente a la mesa de al lado mientras el narrador charla de literatura con una amiga apasionada por el escritor parisino que no en vano es uno de los escritores más imaginativos del siglo XX.

Este paseo por lugares en los que hay un rincón dedicado a la pintura, a la música o la literatura se hace posible de la mano de un escritor como Edgar Borges, amante de la literatura de calidad y que nos hace reflexionar sobre el mundo que nos rodea. Borges nos convierte en “voyeurs” del mundo y de su movimiento: Somos parte de ese movimiento.

Edgar Borges y su mirada escrutadora nos muestran un mundo donde la realidad se confunde con la ficción, y nos hace cruzar el espejo, para que nos encontremos en otra dimensión donde podemos descubrir a, o charlar con, escritores, músicos o pintores -muertos hace tiempo, o todavía vivos-, sobre la humanidad que según palabras de Borges está padeciendo el siglo de la estupidez, porque el escritor de “Crónicas de bar” mantiene y acuña la frase de que el siglo XXI es el siglo de la estupidez, y son (somos) los escritores, los que tenemos el compromiso social de luchar contra esta mediocridad reinante.

Un libro necesario en este siglo de estupidez; los que hemos tenido el gusto de leer esta veintena de relatos podemos asegurar, al menos yo puedo asegurar que este libro transcenderá esa maraña de estupidez y mediocridad y llegará a las manos de los que luchan cada día por ver el mundo como lo hacía, por ejemplo, Robert Walser cuando escribió: «Tal vez nunca llegue a echar ramas ni hojas. De mi esencia y mis orígenes emanará algún día quién sabe qué perfume, me convertiré en flor y exhalaré un ligero aroma, como para mi propio placer, y luego inclinaré la cabeza».

Salvador Moreno Valencia es escritor y crítico literario. (Setenil de Las Bodegas, Cádiz. España, 1961).

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María la bandida

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Evoco a “María la Bandida”, no sé por qué. Algo no precisamente celestial flota en el ambiente para mover los resortes de ese recuerdo “non sancto”.

Estimo que debe ser un tema político. Freud decía: “La gran pregunta nunca contestada y que tampoco puedo responder a pesar de yo haber investigado durante 30 años, el alma femenina, es ¿Qué quiere una mujer?”

Y, sí lo dijo él ¿Quién para contradecirlo?

Carl Jung fue otro que también metió la cuchara para decir -palabras más, palabras menos- que de las mujeres puede hablarse de diosas celestiales y de diosas infernales.

Me refiero al film mexicano “María la Bandida” y que fue protagonizado por María Félix, esa gran diva del cine de mitad del siglo pasado. Ahí la bandida -sí mal no recuerdo, considerando que ha pasado medio siglo, aproximadamente- conjuntamente con la Lola Beltrán, esa otra gran artista mexicana, hacen una actuación bien buena.

No recuerdo preciso la trama, pero vagamente creo que la bandida se percata de que su marido no regresa y ella lo cree muerto, por lo que se pone a repartir como una puta hasta que se lo da a un gringo mafioso con el que se asienta y a partir de ahí se convierte en el diablo suelto.

Ignoro que pudo remover en mí el recuerdo de esa película mexicana, no obstante estimo que eso tiene que ver con el contexto político perverso de la ultraderecha gringa contra Venezuela, en pos de nuestra Faja petrolera del Orinoco.

Pero, por sí las moscas, recomiendo a todos averiguar los tableros de la realidad, es que se han visto vainas, uno nunca sabe, el diablo se disfraza muchas veces sin cachos ni rabo, a veces se disfraza y en vez de azufre se echa aguae´colonia.

¡AveMaríaDiabólica!

Nota: Nada que ver la artista -en este caso- con su papel, en ese film, es decir, en esa película mexicana. Gran artista y bella mujer, tanto es así, que fue objeto de inspiración de uno de los poemas más impactantes habidos y por haber, hecho canción por el Maestro Agustín Lara: “María Bonita”.

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El misterio de las olas

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

¿Por qué las olas del mar
a la orilla
quieren llegar?

¿Será que la quieren acariciar?
¿Será que la quieren lamer?
¿O solamente besar?

Se ondulan
se levantan
y se quieren acercar.

¿O serán bocas de agua
que la orilla quieren comer?

Orilla de arena
de piedras
de plantas
o el cuerpo desnudo
de una mujer.

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La noche aquella

Pedro Aponte Vázquez (Desde Puerto Rico. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

a los presos políticos boricuas

Aquella resultó ser para Pamela la peor de las noches y le esperaban días peores. Cuatro horas había durado la reunión y bien que valió la pena a pesar del cansancio y del calor, pues el grupo tomó importantes decisiones dirigidas a enfrentar la amenaza que representaba para todo el País el proyecto de mayor envergadura y hasta ahora de peores implicaciones ecológicas del actual Gobierno colonial. Los cinco participantes se despidieron unos de los otros con sus acostumbrados abrazos y luego de escudriñar visualmente los alrededores se dirigieron hacia sus respectivos vehículos y partieron.

Como estaba acostumbrada a tomar precauciones debido a sus actividades clandestinas (fue ella quien dirigió la planificación de un abortado ataque contra aviones de la Fuerza Aérea de Estados Unidos que descansaban en su base y durante el cual se evitaría en lo posible hacer daño a los militares), cambió su ruta de esa noche como rutinariamente lo hacía. Aceleró la marcha cuando le pareció que un vehículo la seguía y tras varios rápidos virajes le pareció habérsele perdido. Pasados unos minutos, se acercó a una intersección por la que a esa hora, poco más de las once de la noche, es muy escaso el flujo de vehículos y de peatones. Redujo la velocidad como era su costumbre aunque tenía la luz verde a su favor y mantuvo el pie cerca del pedal del freno por si surgía la necesidad de detenerse súbitamente.

Cuando abrió los ojos dos días después, la rodeaban sus padres, su esposo y sus cuatro compañeros. Venía saliendo de un estado comatoso causado por un contundente golpe que recibió en el cráneo cuando otro vehículo, más grande y más pesado, impactó el suyo por un costado y lo lanzó contra la pared de un edificio de hormigón mientras cruzaba aquella intersección, lo que además le causó serias contusiones en otras partes del cuerpo.

El conductor del vehículo, un hombre de poca estatura y de los que nos da con llamar blanco-colora'o, vistiendo mahón negro, camiseta azul y calzado deportivo, intentó darse a la fuga y dos agentes que se dirigían hacia el cuartel para el cambio de turnos lo interceptaron a unas seis cuadras de donde ocurrió la colisión. El hombre permaneció tranquilo, sosegado, indiferente. No se podía apreciar en él ni preocupación por sí mismo ni interés en la condición de la persona que venía conduciendo el vehículo contra el cual se estrelló. Con el mismo talante rehusó someterse a la prueba de aliento y uno de los policías, luego de tomarle las generales lo citó a comparecer ante el fiscal de distrito, quien a su vez debía someter el caso ante un juez dentro del término de 60 días calendario.

La Policía encontró latas de cerveza abiertas, algunas todavía algo frías, en su automóvil, en violación de la ley de tránsito vehicular y se le imputó, además, conducir negligentemente, causar un accidente grave, abandonar la escena de un accidente y rehusar someterse a la prueba de aliento. Dos transeúntes que presenciaron los hechos, ofrecieron comparecer como testigos de cargo y fueron citados también para ser interrogados, lo que vino a complicarle la situación.

Ya fuera del hospital, Pamela recordó al ver fotos del vehículo que la atropelló que era el mismo que venía siguiéndola después de salir de la reunión y así me lo hizo saber para propósito de escribir este relato para el semanario Claridad. Según la versión que me dio una fuente confiable dentro de la propia Policía, el vehículo lo conducía un agente policial encubierto especializado en espionaje político cuya encomienda esa noche era la de vigilar a Pamela de cerca por motivo de estar fichada como líder subversiva peligrosa. El individuo, supuestamente frustrado por haberla perdido de vista, trató a toda prisa de encontrarla incluso transitando en sentido contrario y su negligencia causó el trágico encuentro de ambos vehículos cuando la velocidad no le permitió detener la marcha ante la luz roja del semáforo.

Otra fuente, esta vez dentro del departamento de justicia, me aseguró por el contrario que el agente no perdió de vista a Pamela, sino que tomó una ruta que le permitiera precisamente llevársela por delante con toda intención y causarle el peor daño posible. Trascendió, además, que un coronel de la Policía se reunió a puertas cerradas con un alto funcionario de ese departamento al otro día del suceso, por lo que a la gente de Pamela les causó sorpresa el hecho de que, a pesar de ello, el fiscal se presentó al tribunal preparado con todas las pruebas y testigos pertinentes. A Pamela, todavía en silla de ruedas, la acompañaron sus padres. Su esposo y sus cuatro compañeros se abstuvieron de ir para evitar exponerse en un ambiente considerado hostil.

Contrario a la disposición constitucional de que los juicios, además de rápidos, deben ser públicos, poco antes de que se llamara el caso el juez les ordenó a los alguaciles desalojar a los ciudadanos presentes por supuestas razones de seguridad, por lo que solo un puñado de personas que los propios alguaciles escogieron logró permanecer en sala. Policías vestidos de civil acapararon los bancos de las primeras filas mientras más alguaciles de lo usual prestaban vigilancia, algunos en la entrada, tanto adentro como fuera de la sala del tribunal.

Tan pronto la secretaria de la corte llamó el caso, el abogado le pidió permiso al juez para acercarse al estrado en compañía del fiscal, lo que le fue concedido de inmediato. Los tres conferenciaron y subsiguientemente el juez decretó un receso de diez minutos. Al reanudarse la vista, el abogado solicitó la absolución sumaria sobre el argumento de que el fiscal no había sometido la acusación dentro del período de 60 días a partir del momento de la citación, lo cual violaba su derecho a un juicio rápido. El juez respondió que, en efecto, el hecho del fiscal no haber radicado el caso dentro del término establecido por ley colocó al imputado en un estado de indefensión y que éste había sufrido incertidumbre y desasosiego debido a la crasa negligencia del Estado, por lo que declaró con lugar la moción del abogado.

Las reuniones del grupo habían continuado durante la hospitalización y la subsiguiente recuperación de Pamela en su hogar, pero cada una en un lugar distinto. Cuando ella se reactivó, reanudaron las reuniones en el mismo lugar de donde habían salido aquella noche, pero con vigilancia a cargo de algunos de los miembros de la organización que habrían de participar en el frustrado ataque a los aviones militares. Así observaron que el individuo que la atropelló con intención de darle muerte, de quien ya ellos sabían que era un agente encubierto de la Policía, había comenzado nuevamente a seguir de cerca a Pamela sin saber que a él también lo seguían aún más de cerca.

No habían transcurrido dos meses de la exoneración del transgresor cuando, a poco de llegar la medianoche, el grupo salió de la reunión, examinaron como siempre los alrededores y abordaron sus respectivos vehículos. Pamela condujo lentamente por la misma ruta de la noche aquella y el agente, que ya la esperaba como muchas otras noches, emprendió la marcha y la siguió cautelosamente. Al acercarse a la intersección, aparecieron como de la nada dos motoras sin tablillas conducidas por dos hombres, cada uno acompañado de una mujer, todos con cascos protectores negros que les cubrían el rostro y ropa de ese mismo color. Se acercaron por ambos lados del carro del agente, cuatro certeros disparos de potentes armas estallaron casi simultáneos, las motoras se alejaron a toda prisa en direcciones opuestas y el automóvil se estrelló contra la misma pared contra la cual se había estrellado Pamela. Hubo curiosos, pero no testigos.

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De santuarios y sonidos

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos Aires. Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Miré por la ventanilla del Megane que me llevaba, en realidad me devolvía, durante la madrugada de un lunes reciente.

Precisamente la llovizna, mansa, se derramaba lánguida sobre el suburbio de la ciudad. Lomas de Zamora suele deparar sorpresas siempre, una vocación protagónica que no la abandona, como a muchos habitantes. ¿Será la misteriosa razón de su desquicio institucional? No lo sé.

Lo cierto es que la música había quedado atrás y el silencio, la soledad de las calles desiertas y el brillo acerado, por momentos, del pavimento húmedo de deseos inconfesos, predisponía a la melancólica observación.

De un tiempo a esta parte vi crecer, desmesuradamente, la fe en muchos vecinos de clase media-media, que siguen sospechando que son mucho más que dos.

Las confesionalidades parecen, abusivamente, ser propiedad de los católicos y emergen de la noche a la mañana, devotos santuarios en esquinas estratégicas.

Hombres devenidos en improvisados albañiles, balde y cuchara en mano, se apresuran a ganar su lugar en el cielo, presumiblemente encapotado para todos. Los que más disponen, entre tanto, supervisan a los contratados que bendicen la bendición que significa arañar una changa.

Los hay de distintos modelos pero en la mayoría, por lo menos aquellos que he visto crecer sin que nadie los riegue, la destinataria resulta una virgen, no importa cual. Seguramente elegida de la vecina, esposa de quien, seguramente, salió a ejercer la militancia de convocar a pares amigos, porque los otros van a restregarse las manos sentados a sus puertas, esperando ver pasar el cadáver del organizador.

Lo cierto es que el oficio, entusiastamente recibido por los invitados, consecuencia del propio, destilado por los invitantes, prendió y circula a gran velocidad. Aparecen materiales, floreros, pequeños jardines -entre los más ostentosos-, ejecutados con diligencia y hasta cierto sentido estético, que bien podría derivar hacia otras causas, pero esto es opinable. He tenido noticias de alguna gestión ceremonial para que un cura con tiempo disponible, extendiera la oficialización. No conozco la respuesta del hombre de la iglesia, pero supongo lo habrá conmovido la demostración que se advierte entre vecinos de algunas calles de ciertos barrios y nunca en la Iglesia.

En eso merodeaba mi pensamiento, cuando las familiares luces de posición intermitentes, del Alfa gris, que suele conducir Yon con la frágil autorización ilimitada, concedida por la dueña, apareció detenido en la esquina de Mentruyt y Portela, sede de uno de estos “espontáneos” testimonios de religiosidad furibunda, porque convengamos que, por lo menos en estos barrios, en años, nunca se había visto nada semejante. Antes eran sólo torres de basura.

El vasco había desembarcado y hablaba, quedo, con el tripulante de un carrito cargado de ramas provenientes, seguramente, de otro barrio y otro vecino. El hombre parecía desorientado. Pedí a Pella, que conducía, detener la marcha. Sus rasgados ojos verdes equilibraban la piel tostada y el cabello dorado, casi un sol en la oscuridad, pero su mirada resumía distancias respecto de la escena. Conocía a Yon, tanto como a mí, de ocasionales y furtivos episodios de tiempos y lugares oscuros, con misiones cruzadas, tanto para ella como para él, por no decir nosotros y faltar a la verdad.

Resumía, eso sí, la serenidad de alguien familiarizado con los riesgos. El descenso automático del vidrio de mi lado, me permitió percibir un movimiento furtivo en la mano izquierda de Yon. El respingo, sorprendido, del hombre ante la cruz y el piafar del jamelgo, sorprendido por el tirón de las riendas, fueron suficientes indicios de su rendición.

El hombre murmuró algo que no alcancé a oír y sacudiendo la cabeza hacia ambos lados, no parecía conforme con la retirada. Miró, subrepticiamente, hacia el blanco santuario iluminado por la luz de mercurio, estacionada en lo alto de la columna metálica y que reflejaba la imagen coloreada dentro, casi una invocación.

Yon se volvió hacia nuestro auto y con la inmutabilidad que lo distingue, apuntó:

- Seguime que nos espera Guido -; se me cayó la mandíbula del asombro, ¿como sabía este tipo que nosotros pasaríamos, justo por ahí? Me resigné igual que cuando le guiñó el ojo izquierdo a Pella, señal de complicidad –no voy a contar que ocurre cuando guiña el derecho-, ascendió al Alfa, puso primera y casi se nos pierde en Pereyra Lucena.

La calle ancha y generosa, en realidad consecuencia fundacional, cuando el “camino de las tropas” estaba próximo y nacía el triángulo de las historias propias y ajenas de los Grigera, Portela e Iberra, “familias fundadoras”, legaron a este presente la ignorancia de la mayoría, sobre el porque esas tres calles vecinas son las más anchas de Lomas.

Lo cierto es que Yon viajaba raudo para tomar Passo, trasponer la avenida y detenerse en un discreto boliche abierto a la casualidad. La causalidad bien podría ser el feriado incipiente, que se derrumbaba sobre el país, para aumentar la siesta del aguardo. Entre los autos y los dieciséis (cuatro por cuatro), destacaba la soberbia estatura del Fiat Regatta de Guido, un verde malva desteñido, fijando su condición de “sapo de otro pozo”, en medio de la opulencia.

Guido, erecto como un pino entre abedules, mostraba su delgada figura, ligeramente encorvada sobre un esperanzado trago largo -Manhattan-, legendario hábito que, desde una azarosa noche en Tabac, años atrás, lo soldó a sus apostaderos en la barra de turno. Frente a él relucían unos canapés verdes – estoy a dieta – no aclaró muy bien de que, porque cuando hay viento uno supone que debe llevar piedras en los bolsillos para que no lo vuele.

La espinaca aderezada me pierde, en realidad me pierde cualquier cosa, consecuencia perversa de mi trabajo, ¿acaso hay un periodista que no tenga hambre atrasada?, sobre todo a la hora del festejo de los figurones y cuando no de los patrones de lo que sea? Y si le agregamos literatura malvada que acecha en la oscuridad de los sentidos, ser famélico, resulta casi herencia genética.

Todo esto para decir que me serví antes que Yon ordenara, educado y galante aquello aconsejable para ¿la hora? Tres Absolut con hielo granizado y jugo de naranjas natural, para no contradecir al psicópata de American Psycho; por supuesto reclamó remolachas remojadas en miel y jerez, para sostener el excelente contrapunto que suponen los abrumados trozos previos de alcauciles rociados con aceite de oliva y sumergidos en pimienta blanca, para servir como prueba de amor, propia de hígados estoicos.

Pella atendía detalles, recogía miradas codiciosas, presta a ser testigo de la revelación que, por supuesto, me tenía sin cuidado, Guido parecía ansioso de vomitar.

- ¿Te acordás de Germán? – le disparó sin darle tiempo.

- ¿El hijo de Germán? – retrucó Yon, sumando confusión antes de que el día decidiera su rumbo, como yo el mío y mi sueño acumulado. Bostecé, pero antes bebí un buen trago para refrescar ideas.

- El mismo - confirmó Guido con su mirada irrepetible de ojos grandes y grises que siempre parecen preguntar.

- ¿Y que pasa con él? – la impaciencia en el vasco es filosa, fría, acerada, pero superior a él. La mayoría le atribuye cierta crueldad a su tono, pero no es cierto. Tampoco que tenga un carácter podrido, como suele deslizar la mujer dorada a mi oído desatento y memoria de esc.

- El pibe tiene una banda de salsa, rock fusión y esas mezclas, conseguir una fecha y lugar para tocar es más difícil que Naomi salga ilesa de la doce en una tribuna de Boca, pero ocurre que se juntaron con otros dos grupos y consiguieron armar equipos y achicar gastos. Tocaron en el Roma de Avellaneda, casi podría decir ayer – hizo una pausa por la congoja.

- ¿Les fue mal? -, tanteó cauto Yon.

- Peor, les fue muy bien, llenaron – rezumó dolorido Guido.

- ¿Entonces? – enfatizó perentorio, luego del segundo sorbo profundo y despachar la tercera porción de remolachas, sin dejar de echar una mirada, distraída, al escote del vestido verde que Pella, que lucía prometedor.

- Resulta que cuando terminó la función, los grupos se fueron y los dos “plomos” desarmaron equipos, acomodaron todo cerca de la puerta y salieron para ir a buscar la camioneta que alquilaron. El teatro tenía las cortinas bajas y no había nada que temer. Por eso y por seguridad se acompañaron entre los dos. Resulta que de golpe se aparecieron los “capuchas” del piquete, “barretearon” la cortina y se “afanaron” todos los equipos de sonido, eso sí no se llevaron los instrumentos. Se ve que no les servían. Cuando los pibes volvieron y encontraron la cortina forzada, al portero pálido del cagazo, se informaron y salieron corriendo para hacer la denuncia – hubo un silencio cautelar, para tomar aliento, porque del Manhattan no había rastros.

- Bien, ¿supongo que mandaron la patrulla, porque esas cosas no son fáciles de ocultar, no es cierto? -, la acidez ya pesaba en el tono de Yon.

- Al contrario, los trataron muy amablemente pero les dijeron que a esos, no los podían tocar, tenían ordenes -, la aflicción de Guido parecía legítima. Yon para animarlo volvió a pedir otra vuelta, con tal de animarlo.

- ¿Y quienes eran? -, interrogó algo más suave, el vasco.

- La gente de Raúl – fue la cáustica respuesta, sin añadir precisiones. Por otra parte no eran necesarias.

- ¿Qué querés que haga? – fue plañidero el toque de Yon que, como buen pronosticador de tormentas, sabía lo que se venía.

- Para empezar que hables con él, vos lo conocés. Necesitamos recuperarlos. Los pibes no pueden -tocaron a la gorra- reponer todos esos equipos; están desesperados - , deslizó Guido.

- ¿Y para continuar? – fue zumbón y descalificador.

- Que hables con quien sea. Vos conocés mucha gente que te debe favores y quizás puedas hacer algo. Por derecha seguimos sin derechos – fue la amarga conclusión de Guido, que no se resigna a que estamos como estamos, porque nos trajimos hasta aquí.

- Dejámelo ver. Yo te llamo -, fue la respuesta y mirándome añadió. - ¿Te das cuenta? Cuando los jubilados no son suficientes para moverlos o se te van a caer, hay que sumarles gente, así le va al “barba”, pero – se corrigió – le va bien. En Avellaneda siempre le fue bien. Le salió un juicio redondo. Ahora es “líder nacional”, y el mercadito de Banfield, parece una postal -, asentí, sumido en el hastío de tanta mentira vagando por la vida de los argentinos. Bebimos y, como es habitual la cuenta estaba paga. Esa también va en la cola de las dudas. Antes de abordar los autos, lo interrogué haciéndome el distraído. La ironía en la sonrisa de Pella era casi un veredicto.

¿Y ahora adonde vamos? – el sin mirarme respondió - a tu casa pero vamos a hacer un parada antes - , sin dar detalles partimos. Buscamos Sáenz, como Nietzche las respuestas, nos persignamos en la Catedral, por las dudas, llegamos a Mentruyt le apuntamos a Portela y las luces traseras del Alfa volvieron a encenderse rojas de espanto o vergüenza; en la esquina, gruesos troncos de plátano, habían hecho polvo el santuario, los escombros se desparramaban en las inmediaciones, igual que la basura reciente, que ya habían vuelto a volcar los carritos.

Yon se apeó, agitando la cabeza, escéptico, su mirada era indefinible, caminó unos pasos, yo no me moví Pella tampoco, antes de reiniciar la marcha alcancé a oírle.

- La fe puede mover montañas como no iba a mover las de basura – dijo y partió. Nos miramos con Pella y acordamos, en silencio, olvidarnos por un rato. La vida es bella, a pesar de Benigni, sobre todo si soplamos en el viento.

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Una comparación inevitable y pertinente: José Antonio Abreu vs. Julián Conrado

Arturo Ramos (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Imposible prescindir, para comprender los avances, obstáculos, marchas y contramarchas de la revolución venezolana, de comparaciones odiosas que avergüenzan y confunden a quienes hemos apoyado la gesta bolivariana. El llamado Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, se ha impuesto con éxito como el más peligroso proyecto de coloniaje ideológico que dirige la oligarquía en nuestro país. Semejante mamotreto perpetúa el vasallaje cultural, fomentando a la vez la subestimación de las raíces y valores propios de los latinoamericanos. Su fundador y principal promotor, José Antonio Abreu, es elevado por todos, sin distingos políticos, a la categoría de prócer nacional. Mientras, un revolucionario como Julián Conrado, extraordinario compositor y cantante popular, es secuestrado con miras a ser entregado a Colombia, para su extradición a Estados Unidos. Inevitable establecer comparaciones antinómicas por lo que significaría la entrega del cantante en los haberes culturales de nuestro complejo proceso.

Veamos:

1.- José Antonio Abreu jamás ha expresado públicamente su compromiso con el gobierno bolivariano y/o el Presidente Chávez. Dijo, en febrero del año 92, en entrevista alcahueta de CAP al diario El Nazional, con relación a la insurrección militar revolucionaria: “Hemos vivido una lamentable situación caracterizada por la insurgencia de un sector contra el orden constitucional de la República, pero mucho más allá de ello hemos presenciado la aplastante solidaridad nacional y mundial, en torno de la democracia venezolana, sistema dentro del cual nuestro pueblo ha decidido vivir y luchar”. ¡Oh, maravillas de la memoria!, semejante perla hemerográfica, podemos verla en http://2.bp.blogspot.com/-g_3vMVIX0Fw/ThT2sVaKiCI/AAAAAAAAAAY/zyUeGIsFX3s/s1600/Imagen%2Bescaneada.jpeg ; Julián Conrado, ha expresado en numerosas canciones su compromiso con la revolución bolivariana y su Comandante Líder. Una pequeña muestra podemos disfrutarla en http://www.youtube.com/watch?v=iZDArwRbZXg

2.- José Antonio Abreu sobrevivió a la caída de la VI República, pasando y alternando de gobiernos adecos a copeyanos durante cuarenta años; Julián Conrado “resucitó” al bombardeo donde murió Raúl Reyes con veintisiete combatientes masacrados en territorio ecuatoriano y a dos cruentos bombardeos en el departamento del Putumayo, con más de doce combatientes aniquilados y numerosos heridos, en la hermana República de Colombia.

3.- José Antonio Abreu tramitó con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y la anuencia de las autoridades bolivarianas, un préstamo por 200 millones de dólares para sostener el Sistema de Orquestas; Julián Conrado, perseguido por el DIJIN colombiano y la CIA también en Venezuela, le debe a la República Bolivariana unas consultas en paz, en un módulo de Barrio Adentro de Barinas, para tratarse unas delicadas dolencias que no pudo en su país en guerra.

4.- José Antonio Abreu promueve la obra de Bethoveen, Mozart, Wagner y otros respetables etcéteras del saber constituido y la cultura europeizante; Julián Conrado reivindica a Alí Primera, compone y canta cumbias, vallenatos y otros ritmos populares.

5.- José Antonio Abreu comenzó su carrera política en los años 60 en el grupo “Los desarrollistas”, estudiantes precursores de la doctrina neoliberal en la UCAB y cuyo mentor y financista era Pedro Tinoco; Julián Conrado formó parte del movimiento unitario de izquierdas Unión Patriótica que, a inicios de los años 80, perdió 5000 militantes en una “guerra selectiva” asesinados por el fascismo colombiano.

6.- José Antonio Abreu cuenta, desde su época como Presidente del Conac, cuando tarifó a los periodistas culturales, con amplia cobertura en los medios informativos (gobierneros y opositores); Julián Conrado debe hacer milagros para poderse comunicar a través de cartas clandestinas, enviadas desde la mazmorra donde está secuestrado.

7.- José Antonio Abreu pregona, con un discurso hueco y evasivo, el uso de la música para negar y disfrazar la exclusión social y adormecer las conciencias. Él dice: "… Cuando tiene tres años de educación musical, toca Mozart, Haydn, ve una ópera: ese niño ya no acepta su pobreza, aspira a salir de ella y termina venciéndola” o sea bastará con que todos nuestros chamos ingresen en el susodicho Sistema para superar la exclusión social o, lo que es lo mismo: si tocan tambor, cuatro o maracas... ¡seguirán siendo esclavos! Dice, obviando la diferencia de clases: “Queremos convertir la música en un instrumento de desarrollo humano, como entendía Menuhin. Quien genera armonía tocando, empieza a conocer por dentro lo que es la armonía para la vida, y esto los chicos lo transportan, también, a sus familias, a su entorno, a su comunidad” ; Julián Conrado asume su arte como una vía para la liberación de los oprimidos : “El canto de los Pobres tiene el sentido de recoger las voces y los sentimientos de la justicia, de la insurrección, de la revolución, de la paz. Se trata de cantos en los que se expresa la pobreza..., la miseria de un pueblo que ha sido oprimido y explotado desde siempre; pero al mismo tiempo es una canción de esperanza... Uno no se puede quedar en el centro, la neutralidad es una mentira… En este sistema capitalista que explota y asesina, la neutralidad no puede existir…, no debe existir; quien no podría inmutarse frente a tanto crimen cometido por el régimen... al niño hay que enseñarle a ser sencillo, honrado y a luchar por su pueblo; algo muy lindo” ( http://www.resistencia-colombia.org/index.php?option=com_content&view=article&id=1093:crb&catid=14&Itemid=50 )

8.- José Antonio Abreu recibió el Premio Príncipe de Asturias que otorga la corona española (¿Lo recuerdan? el mismo otorgado al periodista tramposo de Venevisión que hizo el “reportaje” el 11 de abril, manipulando las imágenes de Puente Llaguno); Julián Conrado es solicitado desde Colombia, por cargos amañados desde la Fiscalía de ese país, para ser entregado a Estados Unidos acusado de narcoterrorismo. Curiosamente para la fecha de su captura no tenía en su país natal ningún proceso en contra. ( http://www.sipse.com/noticias/105643-pagaran-recompensa-captura-julian-Julián Conrado.htm ). El tiempo transcurrido desde su secuestro habrá dado tiempo al poli fascismo colombiano de armar el pasticho legal. El “único delito” públicamente conocido y comprobable es la docena de producciones musicales, en acetatos, cintas o CD´s.

9.- José Antonio Abreu fue Ministro de Cultura de CAP, Caldera y funcionario de alto rango de Jaime Lusinchi y Luis Herrera; Julián Conrado artista y combatiente insurgente, a las órdenes de Manuel Marulanda, como miembro de la Comisión Temática para los Diálogos de Paz en la “Zona de Despeje” de San Vicente del Caguán, Caquetá, cuando el Presidente Andrés Pastrana.

Las comparaciones son las dos caras de una misma moneda: el debate y la lucha de clases en el terreno del arte y la cultura, área que, en última instancia, define los cambios sociales en su esencia más humana. Son antinomias de la lucha feroz que libran en el campo ideológico los factores en confrontación antagónica. La voz y guitarra de Julián, oloroso a selva libertaria y “… sin tanto perendengue”, frente al viejo zorro oportunista Abreu y su niño bonito Gustavo Dudamel, imagen corporativa de Rolex. Esta y otras batallas futuras tenemos planteadas.

El heroico líder de la lucha antifascista de Europa y revolucionario búlgaro Jorge Dimitrov, certeramente dijo “A la traición en ideología es inevitable que suceda la traición en política.” Ojalá, la moneda que gira en el aire en este caso de Conrado, termine cayendo para el lado que conviene a los pueblos oprimidos.

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Convertida en bandera y sueño: Frida entre pinceles y vuelos

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Apostó por los lienzos, los que hablaban de ella, de sus cejas pobladas, de sus heridas abiertas, de su desnudez, fragilidad, de su cama que se convirtió en una balsa para navegar las torturas.

“Para qué quiero pies si tengo alas” dijo una vez y voló para siempre. Tenía los colores de una mariposa y la mirada puesta en un lienzo que supo decirle las sombras, los miedos, los tiempos, la risa, el amor... Su vida y su obra trascendieron fronteras e idiomas. Se instaló en el vaivén del aire que agita las banderas de las rebeldías y las causas justas, y se quedó para siempre en la juventud y en la belleza, en la palabra América, y en la vida que clama por ser vivida.

Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón, la pintora de los lienzos que intentaron contenerla, (Coyoacán, 6 de julio de 1907 - 13 de julio de 1954), sintió desde pequeña los dolores del cuerpo. Primero contrajo poliomielitis (en 1913) y luego sufrió un aparatoso accidente que más de una cicatriz dejó sobre cuerpo, ese que vistió de huipiles y bordados y que fue ventana abierta para albergar el amor de Diego Rivera.

En 1922, decidida a estudiar medicina, ingresó en la Escuela Nacional Preparatoria de Ciudad de México, la más prestigiosa institución educativa de ese país, que recién empezaba a admitir mujeres como alumnas. Fue precisamente allí, donde conoció al muralista Diego Rivera.

La fractura

Pero el 17 de septiembre de 1925 la vida se le trastocó. Frida sufrió un accidente de tranvía, en el cual quedó con la columna vertebral casi rota y lesiones permanentes. Sometida a la inmovilidad durante meses, el arte le nació de las fracturas, las del cuerpo y las del alma. Allí acostada tomó los pinceles y se dibujó cada grieta, cada grito que emergía del llanto, de la esperanza, del anhelo, de las ganas de vivir, mirar, sentir, encontrar, tal vez de encontrarse.

Cuando pudo levantarse, rehecha pero aún adolorida, apostó por los lienzos, los que hablaban de ella, de sus cejas pobladas, de sus heridas abiertas, de su desnudez, fragilidad, de su cama que se convirtió en una balsa para navegar las torturas.

El amor

Frida decía haber tenido en su vida dos accidentes, el del tranvía y el de encontrarse con Diego, con quien contrajo matrimonio en 1929, cuando ella tenía 22 años y el 42. Diego era ya un artista consagrado por lo que pasaron mucho tiempo en Nueva York y Detroit. Entre ellos ardieron todas las humanas pasiones: amor, vínculo creativo y odio.

Frida fue dejando poco a poco salir su luz, brillaba rompiendo con todos los esquemas y se fue convirtiendo en una gran artista por mérito propio, creando con su risa y sus dolores un estilo único.

André Bretón, el poeta y escritor francés, calificó en un ensayo que escribió para la exposición de la artista mexicana en Nueva York, en 1938, que la obra de Frida era surrealista. Ella, ataviada de los olores y sabores de ese México de flores y volcanes, dijo: “Creían que yo era surrealista, pero no lo era. Nunca pinté mis sueños, pinté mi propia realidad”.

Gracias a su amistad con el escritor, Frida conoció a Julien Levy, quien le organizó una exposición en Nueva York en 1939 y posteriormente otra en París. Frida fue la primera artista mexicana en exponer una de sus obras en el museo Louvre. Pronto se convirtió en la imagen y en el contenido de las hondas búsquedas. Se ejercitó en la travesía por encontrar la voz propia y la de su pueblo, y se entregó al arte que nace desde lo más profundo y lo más alto que nos habita.

La política

Muchos de quienes se han adentrado a la vida de Frida cuentan entre susurros que tuvo un romance con León Trotsky. Ella, que andaba la vida preguntando y preguntándose, se unió al Partido Comunista en 1928 tal como lo hicieron varios de los principales artistas mexicanos de la época.

Trotsky encontró su último hogar en México. Diego y Frida no sólo abogaron por él, sino que lo acogieron en su casa, tal como refirió en una entrevista Esteban Volkov, nieto del autor de la revolución permanente.

“Yo tenía siete años cuando la decena trágica y presencié con mis ojos la lucha campesina de Zapata contra los carrancistas”, describió Frida, en su diario a comienzos de los años cuarenta cuando narró sus recuerdos de la Revolución Mexicana. Valiente e indómita, la artista se identificaba tanto con este suceso, que solía decir que había nacido en 1910. Probablemente decidió que ella y el nuevo México habían nacido al mismo tiempo. La Guerra Civil Española y luego la Segunda Guerra Mundial la encontraron siempre en la orilla donde los pueblos luchan.

La salida

“He estado enferma un año: 1950-1951. Siete operaciones en la columna vertebral”, confesó Frida en su diario, “el doctor Farill me salvó. Me volvió a dar alegría de vivir. Todavía estoy en la silla de ruedas y no sé si pronto volveré a andar. Tengo el corsé de yeso que a pesar de ser una lata pavorosa, me ayuda a sentirme mejor de la espina. No tengo dolores. Solamente un cansancio... y como es natural muchas veces desesperación. Una desesperación que ninguna palabra puede describir. Sin embargo tengo ganas de vivir”.

“Espero alegre la salida y espero no volver jamás” fue lo último que escribió en su diario, pero no se fue jamás. No sólo está en la Casita Azul de Coyoacán donde nació y vivió con Diego. Frida vive donde el viento sopla y despeina una trenza o alza en vuelo una falda que hace juego con un huipil bordado de flores que llevan los colores de México.

Con F de Frida

“Inútil oponerse a la canonización laica, a fin de cuentas sólo el método de acercarse a una obra, ni olvidar ni por un instante al ser que la produjo. Es este caso, "mitificar" o "desmitificar" son criterios un tanto ajenos a la mezcla de lo estético y lo vital. Frida Kahlo es Ícono, leyenda, mito y poderosa realidad artística, la santa Juana de una sociedad pequeña pródiga en personajes límite, la Virgen de los abortos, la Eva retenida en el infernal paraíso de la mesa de operaciones, la enamorada que se pinta o se tatúa en la frente el rostro del amado inconcebible. Frida corresponde a una etapa de arte nacional, y la trasciende, es el símbolo que 'ya actúa por su cuenta', la Frida pintada por Frida que Frida produce con tal de poblar de Fridas los alrededores. En su caso, vida y obra no admiten el deslinde, al ser la obra un proyecto detallado de autobiografía y al dirigir la desesperación y la angustia, tan estrictamente reales, la elección de la forma, devocional a su manera, testimonial, fantasía naturalista (tómenlo o déjenla), alegórica, de sencillez al punto del desbordamiento barroco. Y a su manera, el acto agónico de su obra es un criterio estético: la alquimia del sufrimiento también engendra la belleza”.

Carlos Monsiváis (escritor mexicano)

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