jueves, 25 de agosto de 2011

El llamador de las ánimas en pena

Ricardo San Esteban (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El padre había sido cochero de plaza o, como decían algunos, mateo. Hacía los viajes desde la estación del ferrocarril hasta el hotel Universal y también, desde la plaza hasta la “fábrica de velas” regenteada por madame Joliette o detrás de los coupés negros tirados por caballos también negros, en el acompañamiento de algún finado hasta su última morada, como escribía en sus necrológicas el petiso Jaime en el diario El Alba. Algunos de los hijos fueron, luego, dueños de coches de alquiler y después, taxistas.

Pero el Colorado –uno de ellos- dejó de pronto la tediosa y poco remunerativa actividad para hacerse espiritista. No obstante, algo de su antigua profesión le quedaba, porque cobraba según la extensión del viaje y la jerarquía del ánima a convocar. Un suponer, para hablar con Irigoyen, la Madre María o Carlos Gardel, veinte pesos y otro tanto para hablar con Mussolini En el caso de un gringo del campo, ya la cosa variaba porque era en especie: un lechón, cordero o un cajón de Tres Plumas .Si era un pariente lejano o de Europa, quince; para familiar raso, diez pesos y si era algún indigente, dos pesos, una gallina gorda o una docena de huevos. Pero si se trataba del ánima de quien tuvo una mala muerte, el precio subía.

Con el correr del tiempo, invitado por la Organización Mundial de los Espíritus, el Colorado viajó a los Estados Unidos, y en el bar Marconi -centro de sesudas discusiones- algunos dijeron que fue para recibirse de médium, en tanto que otros decían que era para ser del todum.

Una de las familias numerosas y que se había hecho muy creyente era la de Nicolás Faquino, a punto tal que su rancho hubo de convertirse en una especie de templo en el que se celebraban la mayoría de las sesiones. Cada vez que los asistentes golpeaban sus muslos para llamar a los espíritus, el abuelo, acurrucado en un rincón, decía que era el Zenón que venía al galope.

Hasta mi tío Valerico asistió en una oportunidad, cuando creyó que su futura suegra le había hecho un daño, porque al andar seco de vientre la vieja le sirvió té joselín. Él, creyendo que era gualicho, ganó la calle gritando y fue a parar a las sesiones del Colorado, quien le brindó un conjuro consistente en una comadreja picaza -previamente bendecida- la que debía ser colgada al sereno en el brocal del pozo.

Por ese tiempo se mató, cazando, el hijo del gringo Lorenzetti. Este gringo, a quien le decían Galpón por lo grandote, consultó con el Colorado porque según su esposa Abrolinda había oído golpes en el ropero y seguramente era el ánima de su hijo que alguna cosa quería.

La mujer de Nicolás Faquino había barrido con esmero el patio, alhajado el alero con banderitas y unos globitos de colores que tenía desde los quince de la Porota, a más de un trípode de fierro con una palangana enlozada -no se sabía para qué pero quedaba linda- y que, luego recordó, antaño solía usarse para lavarse las patas el veinticinco de mayo o cuando venía el médico. El rancho había sido rodeado por matas de ruda macho para espantar los daños y purificar las almas en pena.

La sala de sesiones era el dormitorio –único- cuya cama hundida en el medio, para el caso, se disimulaba con un cuero de vaca overa que por la marca resultaba ser la misma que le faltó al doctor Tillú. En las paredes de estanteo, unas flores de trapo medio percudidas ya y otros ramitos ignotos, un retrato al pastel de la abuela que hacía una mueca no se sabe si por algún disgusto o por la humedad. La mesa de tres patas -indispensable- colocada en el lugar en el que no se llovía, antaño había sido de cuatro pero estaba chueca y a falta de otra cosa le serrucharon una, equilibrándola con una maceta de apio cimarrón.

Cuando entró Lorenzetti alias Galpón pisando fuerte con esos zapatones, los patria de salir, la habitación parecía más chica, alumbrada como estaba por una vela de sebo que era lo único que las almas permitían viniendo desde la tremenda oscuridad. En la pared izquierda, una especie de telón o biombo de arpillera blanqueada.

Previa revisión de la pieza, por si había algún sapo –sabido que el sapo interfiere- comenzaron las llamadas.

La voz de ultratumba no tenía acento cordobés, pero para el caso se explicaba porque en el cielo se hablaba como en Buenos Aires, sin tonadita. El Galpón Lorenzetti, trémulo, preguntó al ánima del hijo si estaba bien y por qué andaba en pena. La voz le contestó que había quedado así después de habérsele negado esos pesos para comprar el caballo testerilla de don Duarte. El finado le ¡ordenaba! regar el guardapatio con agua bendita y depositar doscientos pesos en un caracú, en la tranquera del camposanto y a las doce de la noche del próximo viernes.

Vaya a saber por qué, las florcitas de trapo tomaron fuego de la vela y esto precipitó las cosas, porque se cayó el biombo y apareció el ánima parlante, que era un porteño que tiempo atrás se había agregado. Fue tal la furia del Galpón Lorenzetti que el Colorado y su agregado el porteño huyeron velozmente para no hacerse, ellos también, ánimas en pena.

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China y el incomodo modelo

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Un periodista peruano, que ha estudiado recientemente a la Gigante China, nos ofrece una lectura filosófica, entretenida y futurista de la humanidad, con el atractivo título “El Nuevo Expreso de Oriente”, y sugerentes “Siete ensayos del país emergente”, aporte que amplía las nuevas dimensiones del Modelo Dual, que Latinoamérica aún no lo asimila del todo, no obstante los sucesivos discursos oficialistas como parte del bloque Asia - Pacífico.

Jorge Minaya Vizcarra (Huaraz-Ancash), refuerza sus investigaciones en fuentes académicas de España y luego se traslada a diferentes ciudades de China, y desde allí nos ofrece una mirada didáctica y objetiva, sobre todo para la Comunidad Andina que debería reflexionar mucho más sobre la trascendencia de la unidad geográfica y cultural, como la esencia del “desarrollo sostenible”, para usar la jerga de las multilaterales.

El libro de Minaya, fruto de cinco años de activa participación en la política peruana y colaboraciones de París y Pekín, es un esfuerzo a tomarse muy en cuenta, para comprender el “Modelo Chino”, emprendido por más de 1,300 millones de personas, 56 etnias con preeminencia de la Han, y con 14 países fronterizos. Una primera conclusión: El Gigante Asiático sigue conservando la esencia del pensamiento de Confucio (551-478 A.C.), como la matriz en el proceso mental de la civilización sina, que se sustenta en la idea del “ru” o sus raíces primeras.

El agnóstico Confucio, según las Analectas, “nunca habló de prodigios, hazañas de fuerza, trastornos o espíritus”. Remarcó que la humanidad hay que encontrarla en el prójimo. “No hagas a otro lo que no quieres que hagan contigo”. El gobierno es sinónimo de rectitud. Si el rey es recto, se pregunta: “¿Cómo podría atreverse nadie a ser deshonesto?”.

La sacralización de la élite moral y la percepción de superioridad de los chinos respecto a Occidente, se traduce, por ejemplo, en la respuesta a Jorge III de Inglaterra que, en 1793, la corte de la dinastía Qianlong negó de plano la acreditación ante la Corte Celestial de un representante inglés al frente del comercio, “petición que es contraria a toda la dinastía, y no es posible considerarla siquiera…” y “no atribuye valor alguno a objetos extraños o ingeniosos “ni tengo empleo que dar a los productos manufacturados en vuestro país”, dice la histórica carta.

En el Gran Salto Adelante, que lideró Mao, también estuvo vigente el ideario confuciano, de sacar de la pobreza a la población rural, mediante la rápida industrialización, como lo hacía la Unión Soviética. Pero, el macro estatismo y otros problemas financieros, condujo a una singular autarquía en un mercado interno, el más grande del planeta.

Sin embargo, la tesis maoísta tampoco cercenó el laboratorio de Taiwán, sino lo declaró como parte de “una república, dos sistemas”, al igual que Hong Kong, aspectos que confirman la progresiva visión global del Gigante Asiático.

El sistema administrativo, con organizaciones comunales interdependientes, es parte de esa trilogía indivisible del Partido Comunista, Ejército Popular de Liberación y Gobierno, que se diferencia, claro está, de la democracia occidental, que en las economías subdesarrolladas de América Latina mantienen una presunta separación de poderes.

Deng Xiaoping, siguiendo a Confucio, afirmó ante el Buró Político, que “el poder mientras siga siendo el mismo y obedezca a los mismos, cuál es el temor de que esos mismos reformen económicamente China…“. Fue una sólida argumentación para la transformación gradual, y para romper la distancia con los desarrollados vecinos del Sud Este asiático. Así se consolidó una postura de “cruzaremos el río sintiendo las piedras bajo el agua”, que traduce el sentir de los miles de cantones o comarcas.

La coherencia cultural china sigue vigente. Los inventores de la imprenta, brújula, pólvora, papel y la técnica de las huellas digitales, siempre recorrieron el mundo para seguir impulsando su desarrollo tecnológico. Los alemanes (Los Pioneros 1987, Fundación Ebert, J. Zavaleta) recuerdan a los chinos descansando en los parques de Berlín y Stuttgart, al mismo tiempo que hojeaban páginas de los diarios, tras avisos de empresas en remate o para adquirir novedades como el fax de origen germano, que se viajó pronto a Beijing para universalizarse.

La mayoría de los países mejorarían si los gobiernos se concentraran más en proveer servicios públicos esenciales. No es factible mantener una sana competencia entre China y los estados latinoamericanos, donde campea la corrupción (evasión de impuestos, contrabando, narcotráfico)

Los chinos trajeron a los países latinoamericanos los tejidos de seda, los objetos de porcelana, las artesanías y otros productos. También tradiciones y hábitos culturales. Mientras tanto, de regreso, los galeones de Manila, llamados también Naos de China, introdujeron a China las monedas de águila de México, el maíz, la patata, el tomate peruano, el cacahuete, el boniato y el tabaco, contribuyendo a la promoción del desarrollo financiero.

A América Latina llegaron los chinos para cultivar cañaverales y arrozales. Y en las ciudades crearon bodegas, peluquerías, chifás y otros pequeños negocios, para convertirse, sin prisa, en los personajes más representativos y amigables de los barrios y pueblos. Pero actualmente, economías como la peruana, ven con buenos ojos exportar minerales pero no enfrentar la competencia con otros productos.

La respuesta es muy clara. Los estados de la región son muy débiles y corruptos. Vemos, por ejemplo, las fronteras del Altiplano peruano-boliviano y chilenas, por donde ingresan cientos de toneladas de prendas de vestir, presuntamente de China, que van destruyendo la producción de las calceteras o tejedoras de las comunidades alto andinas, quienes arañando pajonales e ichu, crían alpacas y llamas sin posibilidades de acceder al mercado local y menos al exterior. Esta competencia desleal para sus textiles, junto a la minería informal, son aristas de la extrema debilidad de una gran parte de Sudamérica.

Ahora, China convertida en una potencia que se disputa la primacía con EEUU y Europa, recuerda una vez más que el milagro radica en la Educación, que según Confucio “es el sustento del bienestar y está en el corazón de la felicidad”. Pero las oligarquías locales de Latinoamérica solo se miran el ombligo, incómodas por la irreversible globalización, y aceptan parcialmente el modelo chino, siempre y cuando la competencia externa no les produzca mella alguna.

Las causas y razones de esta conducta tienen diversas explicaciones. La poética de José Martí recuerda que “el aldeano vanidoso cree que el mundo es su aldea y que el éxito en la vida está en arrebatarle la novia al vecino”. Y el Nobel Joseph Stiglitz, crítico del sistema financiero internacional, remarca que el FMI no ha cumplido su misión en sus cincuenta años de vida. Supuestamente debía aportar dinero a los países que atraviesan coyunturas desfavorables para permitirles acercarse nuevamente al pleno empleo. Y recuerda mucho a los jóvenes chinos por su especial talento y preocupaciones muy claras frente a cualquier tecnócrata de un Banco Mundial, de Reconstrucción de Europa, del Interamericano de Desarrollo o de la OMC.

El Modelo de China plantea a la academia y a los políticos el reto de un trabajo para abogar por un mundo sin pobreza. Hacer todo lo que posible en los países desarrollados a favor de los intereses e inquietudes del mundo subdesarrollado. Los países subdesarrollados presentan dificultades muy superiores a las de los países más desarrollados, pese a la crisis que hoy aflige a gran parte del globo.

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Música: El violín

WIKIPEDIA

El violín (etimología: del italiano violino, diminutivo de viola o viella) es un instrumento de cuerda frotada que tiene cuatro cuerdas afinadas por intervalos de quintas: sol2, re3, la3 y mi4 (según el índice acústico Franco-Belga). La cuerda de sonoridad más grave (o "baja") es la de sol2, y luego le siguen, en orden creciente, el re3, la3 y mi4.

Precedentes de este instrumento se encuentran en muchas zonas del planeta. Los más rudimentarios "antepasados" del violín son los arcos musicales. Aún se encuentra el uso de pequeños arcos entre las etnias chaqueñas (en el norte argentino); uno de ellos -el mayor- es sostenido con la boca del ejecutante, mientras que el mismo ejecutante mueve el arco más pequeño con una de sus manos y así frota con las cuerdas del más pequeño de los arcos las cuerdas del mayor de los arcos. También se puede encontrar el arhu chino (ar - dos- y hu pueblos del norte en recuerdo de su origen mongol) en oriente, y su familia huqin, en la que no existe diapasón, quedando sus dos únicas cuerdas al aire y pasando la crin entre estas dos.

Sin embargo, la genealogía que lleva al violín actual es más compleja. Se encuentra en el frotamiento de las cuerdas del laúd y el rebab -y su versión europea, el rabel-, instrumentos difundidos en la Europa mediterránea durante la expansión medieval de los árabes. En Italia, a partir de la lira bizantina o el rebab, surgen los antecedentes más evidentes, tanto del violín como de la llamada viola da gamba; son tales precedentes la viola de arco (nombre que se utilizaba para todo instrumento de cuerda frotada con arco, como el rebec o rabel, y que también recibe las denominaciones de viela, vihuela, vihuela de arco, fídula y giga) y la lira o viola da braccio, ésta ya muy semejante a un violín o viola primitivos, aunque con el diapasón separando los bordones. Es en el siglo XVII que aparece el violín propiamente dicho, aunque con algunas diferencias respecto a la mayoría de los violines que se vienen fabricando desde el siglo XIX. La tapa superior se hace de madera de pino, y la inferior de arce; estas maderas eran las usadas por los grandes fabricantes. El arco ha sufrido muchas modificaciones. El modelo actual data del siglo XIX, cuando se le dio una curvatura que antes no tenía. Incluso era cóncavo en los modelos más primitivos.

Aunque en el siglo XVII el violín (violino) se encontraba bastante difundido en Italia, carecía de todo prestigio (el laúd, la vihuela, la viela, la viola da gamba, la guitarra, la mandolina eran mucho más considerados). Sin embargo, Claudio Monteverdi es uno de los que descubren la posibilidad de las calidades sonoras del violín, y es por ello que lo usa para complementar las voces corales en su ópera Orfeo (1607). Desde entonces el prestigio del violín comienza a crecer. Hacia esa época comienzan a hacerse conocidos ciertos fabricantes de violines (llamados aún luteros o lauderos, o luthiers -más frecuentemente que violeros- ya que inicialmente se dedicaron a la fabricación de laúdes). Así se hacen conocidos Gasparo Bertolotti de Saló, o Giovanni Maggini de Brescia, o Jakob Steiner (luthier) de Viena; sin embargo, una ciudad se hará celebérrima por sus lauderos especializados en la confección de violines: Cremona. En efecto, de Cremona son los justamente afamados Andrea Amati, Giuseppe Guarneri y Antonio Stradivari (sus apellidos suelen ser más conocidos en su forma latinizada: Amatius, Guarnerius, Stradivarius). Durante el siglo XIX se destacaron François Lupot y Nicolas Lupot. Es a partir de entonces, y sobre todo con el barroco, que se inicia la Edad de Oro (al parecer de allí en más perpetua) del violín.

Desde entonces el violín se ha difundido por todo el mundo, encontrándose incluso como "instrumento tradicional" en muchos países no europeos, desde América hasta Asia. El violín es un instrumento protagonista en las orquestas, grupos de cámara etc. Especial atención ha recibido en la música árabe, en la que el ejecutante lo toca apoyado en la rodilla cual si fuera un violonchelo, y en la música celta irlandesa, donde el instrumento recibe el nombre de fiddle (derivado del italiano fidula), y sus músicas derivadas como, en cierto grado, el country. Ha habido también grandes violinistas de jazz, como Stéphane Grappelli, Jean-Luc Ponty o Joe Venuti.

En cuanto al secreto de la sonoridad típica de los violines realizados por las familias Stradivarius y Guarneri, existen hoy diversas hipótesis que más bien que excluirse parecen sumarse: en primer lugar se considera que la época fue particularmente fría, motivo por el cual los árboles desarrollaron una madera más dura y homogénea. A esto se suma el uso de barnices especiales que reforzaban la estructura de los violines. También se supone que los troncos de los árboles eran trasladados por ríos cuyas aguas tenían un pH que reforzaba la dureza de las maderas; también influye un comprobado tratamiento químico (acaso más que con el objetivo de la sonoridad, el de la conservación) de los instrumentos, que reforzó la dureza de las tablas. Por último, ciertos violines Stradivarius tienen en sus partes internas un acabado biselado de los contornos en donde contactan las maderas, el cual parece beneficiar la acústica de estos violines.

Además del efecto logrado por el arco, se pueden conseguir otros efectos: pizzicato (pellizcando las cuerdas como si se tratase de una guitarra, pero no con la misma posición), tremolo (moviendo el arco arriba y abajo muy rápido), vibrato (haciendo vibrar los dedos sobre las cuerdas), glissando (moviendo la mano izquierda arriba y abajo sobre las cuerdas), col legno (tocando con la parte de madera del arco), sul ponticello (tocando prácticamente sobre el puente).

Las partituras de música para violín usan casi siempre la clave de sol, llamada antiguamente "clave de violín". El violín tiene la característica de no poseer trastes, a diferencia de la guitarra, lo que dificulta el aprendizaje. Es el más pequeño y agudo de la familia de los instrumentos de cuerda clásicos, que incluye la viola, el violonchelo y el contrabajo, los cuales, salvo el contrabajo, son derivados todos de las violas medievales, en especial de la fídula.

En los violines antiguos las cuerdas eran de tripa. Hoy pueden ser también de metal o de tripa entorchada con aluminio, plata o acero; la cuerda en mi, la más aguda -llamada cantino- es directamente un hilo de acero, y, ocasionalmente, de oro. En la actualidad se están fabricando cuerdas de materiales sintéticos que tienden a reunir la sonoridad lograda por la flexibilidad de la tripa y la resistencia de los metales.

El arco es una vara estrecha, de curva suave, y construida idóneamente en la dura madera del palo brasil o «de Pernambuco» (Caesalpinia echinata), de unos 77 cm de largo, con una cinta de 70 cm constituida por entre 100 y 120 (con un peso de unos 60 gramos según longitud y calibre) crines de cola de caballo, siendo las de mejor calidad las llamadas "Mongolia", que provienen de climas fríos donde el pelo es más fino y resistente. Tal cinta va desde una punta a la otra del arco. Para que las cuerdas vibren y suenen de un modo eficiente, la cinta de cola de caballo del arco debe ser frotada adecuada y regularmente con una resina llamada colofonia (en España se llama "perrubia", de "pez-rubia"). También, actualmente -muchas veces para abaratar costos-, la crin blanqueda de caballo es sustituida por fibras vinílicas. El arco del violín tiene en la parte por la que es tomado un sistema de tornillo que al hacer desplazar la pieza por la cual se aferra un extremo de la cinta de crin hace que ésta se tense o se distienda.

El violín es el instrumento más barato de su familia, pero también es el que llega a los precios más desorbitados.

Los violines se clasifican de acuerdo con su tamaño: el 4/4 -cuya longitud suele ser de 14 pulgadas o 35,5 cm y su ancho máximo de 20 cm, y un alto de 4,5 cm- es el más grande y es el utilizado por los adultos; le siguen violines de tamaño menor, destinados a jóvenes y niños, denominados 3/4, 2/4 y 1/4. Existe también un violín de tamaño 7/8, llamado también "Lady", que es utilizado por algunas mujeres o adultos de manos pequeñas.

La música compuesta para violín es variadísima. Donde alcanza sus cotas de mayor virtuosismo es en la llamada música académica europea, donde violinistas profesionales logran verdaderas maravillas interpretativas. A título de ejemplo presentamos aquí tres joyas violinísticas:

1. Capricho N° 24, de Niccolo Paganini
2. Czardas, de Monti
3. Romanza N° 2 en Fa Mayor, de Ludwig van Beethoven




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Historias y orgasmos sin látex

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Escribir como si cada palabra fuese una aproximación al orgasmo; beber el jugo de cada palabra como el inquilino del bar que toma licor con la “santa maña” de quien nunca está sobrio ni ebrio. Eso es literatura. Un espacio entre el sosiego y el desespero. Esa es la literatura a la que siempre vuelven los transgresores. Ese es el espacio que habitó Arthur Rimbaud en el siglo XIX o Roberto Bolaño y su grupo de “Detectives salvajes” en el XX. Y como si fuese la rueda de un circo macabro, una y otra vez en la historia el maquinista de la industria de consumo intenta maquillar el vómito literario. De la cama de los intentos, de la taberna de los mañosos o, lo que es lo mismo, del espacio de los expatriados de la rutina, ha emergido R. Israel Miranda Salas con su libro “Porno para perdedores”. (“…de niño odiaba a los demás niños/más bien no los soportaba/por eso me pasaba las tardes encerrado en el armario/recostado sobre la ropa/en silencio…”).

El recorrido de R. Israel con su libro en mano tiene una significación especial. Obra y autor llegan en un momento en que el maquinista tiene la rueda, en pleno siglo XXI, en el estado de la pacatería social y del conservadurismo literario. (a veces/mantenía la puerta entreabierta/para que un rayito de luz/me dejara perseguir/obstinadamente a moby dick…). R. Israel irrumpe con poemas-historias que ponen a jugar al hombre y a la mujer, al niño y a la niña, con su cuerpo y con el del otro. Dice semen donde otros quieren decir asco; dice éxtasis donde algunos colocan el cartelito de “acceso restringido”. Decir delirio no es necesariamente decir muerte (como vida a veces tampoco significa vida). La voz literaria de R. Israel se bate a duelo con los temores y los deseos. En las páginas de este libro el culo, el pene y la vagina son rayos que atraviesan la memoria de un hombre que piensa en su cuarto de niño. (“…pasaba junto al taller y el mecánico le decía a su hijo:/toma tus precauciones con ese tipo de perras/son peligrosas/tu madre era una de esas/es difícil darse cuenta a tiempo/es fácil amarlas/ten cuidado…”).

“Porno para perdedores”, recuerdo de hombre, descubrimiento de niño. (“…y el chaval se lo tomaba en serio/al menos la frase la aprendió muy bien:/esa perra es peligrosa/decía refiriéndose casi a cualquier mujer/niñas o ancianas/no importaba/para él/todas eran perras peligrosas/y casi nunca se equivocaba…”). Viaje, travesía, exploración, salto, testimonio, confesión, combate cuerpo a cuerpo, existencia a existencia, pero no con otro (como suelen ser las batallas) sino consigo mismo. El personaje del libro bien pudiera ser el hombre que recuerda al niño que yace en la cama masturbándose sobre los prejuicios de la sociedad que le anuncian los adultos, o el pequeño que sueña al varón que se tambalea inútil por las calles de la bohemia. Trayecto íntimo al centro de los deseos (invisiblemente) censurados. Guerra mundial contra el afuera que ahoga el sexo del individuo. Y el niño (o el hombre) de “Porno para perdedores” sale erecto de rebeldía dispuesto a caerse a tiros con la frigidez del sistema. (“…entonces recuerdo que en una entrevista/Ron Jeremy dijo que/para evitar venirse rápido/cada vez que se follaba una hermosa modelo/imaginaba animales muertos/siento tu humedad/escurriendo por mis testículos…/ animales muertos animales muertos…/ animales muertos/diablos/no funciona/gimes y me arañas/y aprietas mi pene con tu coño/animales muertos animales muertos/parientes muertos/qué rica verga tienes nene/ parientes muertos parientes muertos/mis amigos muertos/la siento hasta adentro/ en verdad qué buena verga tienes nene/mis amigos muertos mi abuelita muerta/aplastada por un auto/gritas y te convulsionas/mi familia muerta en una explosión/aúllas y aprietas mis muslos adolescentes/acaricias mis huevos/ veo tu coño devorándome completamente/mi familia muerta mis amigos muertos/los chicos de la cuadra muertos/en accidentes violentos/el barrio devastado/nene nene dame más/me encanta tu verga/que se vaya a la mierda el mundo entero/ya no aguanto/ya no aguanto más…/ inundo con mi semen/todo ese caos de cuerpos mutilados…”).

“Porno para perdedores” es el sexo sin látex, la escritura (y la lectura) sin envoltorios. Es el ritmo exacto de las palabras, de los cuerpos (acaso el del escritor y el de lector) levitando en la memoria, en la cama, en la calle, en el bar o en el motel. Es el regreso a la piel, al vuelo directo y sin guión. “Porno para perdedores” es el yo, es el otro, es México, es cualquier calle, es el mundo, es el sujeto con el fuego en la conciencia y en el cuerpo. R. Israel Miranda Salas se ha bajado de la rueda del maquinista y avanza armado de palabra vagabunda. Y el poeta, como un niño, sabe volar. “Porno para perdedores” es un libro imprescindible para volver a incendiar el deseo humano. Y volar.

Prólogo del libro “Porno para perdedores y otros sucios hábitos”. (Editorial Start-Pro diseño y producción. Vol. 27 de la colección Destos Deme Dos. México, DF).

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Como un diluvio antes de la tormenta solar

Carlos López Dzur (Desde Puerto Rico. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

a Nohge, espíritu-behique a quien se le dijo que construyera un barco para guardar esta profecía

1.

Aprende de la neumónica más antigua de la economía
lo que dijo el shamán anciano,
precursor de las yolas, migraciones
y ciudades flotantes.

Era un brujo economista, sanador de finanzas
y vivía en un desierto llamado el Paraíso.

Y aunque su técnica neumónica solía ser
más precisa que los métodos
que enmascaran
la severidad de las inflaciones
(hoy tan de moda en burós de estadísticas
de empleo e índices de precios a consumidores,
—CPI), al Anciano-Shamán
(Nohge es su nombre) (no(h)e
—no le creyeron
cuando dijo que, como huracán
de aguas turbulentas
y tormenta solar, impiadosa,
con siete años de escasez incomunicadora \
al mundo, así será el estrago
ocasionado por el costo de las cosas,
así llorarán los pueblos
por la energía,
el alimento, la vivienda, las comunicaciones
y el transporte —dicho por la voz que avisa...

2.

En el Paraíso, donde el gigante
se jacta de sus abundancias
y libre empresarismo global, neoliberal
y transnacionalístico,
paraíso de los sueños y logros,
se esparció el alza de la deuda:
114.5 billones de dólares,.
aunque en verdad sería y es más grande.

Si se sumara la deuda privada
de hogares y microempresas
(de quienes no son gigantes),
el monto total se multiplicará
por diez para saberse
el conclusivo monto.

Y los gigantes ya no podrán jugar con el alimento
ni construir un Gran Castillo con anchoas.
El Sol se indignará con los aromas
y el intenso hedor de todo lo pudrido
de peces que sacan del mar
y cadáveres insepultos por lo lanzado
a ella se sabrá de la Tierra de Gigantes.

3.

Este Paraíso se llama como tal
/ el 14.7 % de su población
está en el hambre,
en inseguridad alimentaria,
y éste es sólo el comienzo.
45.7 millones de personas bostezando,
17 millones de infantes que viven en hogares inseguros
por causa de hambre y que 5.2 millones
de niños latinos en sus perififerias
igualmente sufran; y en la isla,
allí donde Nohge se asienta
sobre el Alto Monte de Luquillo,
él al Sol le cuenta: «Padre,
son 600 mil familias en Borinken a las que abate
la ansiedad, la pobreza, 70 % de la población
que viven de sellos de alimentos;
y en la Tierra de Gigantes,
el 34% depende de cupones
y juegan a esconderse de la muerte
por hambre y ya no hay seguridad
de vestimenta
y en riesgo están las viviendas
de perderse.

Carlos López Dzur es poeta boricua. Tomado de “De Antimanual para microempresarios”

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Ni...casio... ni motorola...

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las ciruelas son demagógicas, sobre todo en verano. Esos tonos que varían las gamas del rojo en perpetuo ascenso, desafían como la más sutil de las variaciones Goldberg.

Un sonido suspendido hiere la madrugada, cuando resigna la noche su retirada abatida. Lo sublime reside en capturar la brevedad majestuosa del momento; uno siente la unidad y la unicidad; también que si hay una aproximación superior en el estadio de vida, ese es el momento.

Por eso, el chasquido del mordisco y el plenarse la boca con ese jugo sagrado, convierte a la ruptura en una nueva armonía.

Convengamos que en ese silencio previo, insondable, de la hora en que la gente muda los tiempos de sus exilios, cuando es tarde hasta para empezar y esperar la diafanidad, en ciertos días estremece, como la levedad del rocío si uno, como yo en ese instante, se deja bautizar en la ceremonia ritual donde todo es absuelto, por obra del espíritu...espanto...

El patio sevillano atesora, en ese momento de las dos luces, matices imperceptibles que guardan tonos con que se construye el día.

Así de bucólico y distante me encontraba, espiando las ocasionales luces de los faros penitentes que vagan con destino incierto, para el observador, siguiendo el misterio de la oscuridad que huye.

Un guiño naranja, a la izquierda, se agazapó detrás del cristal -donde las formas distorsionan- de la puerta. Supuse que Yon en el Alfa gris de permiso concedido, aparecía desde la bruma, con el sigilo propio de las vigilias.

Abrí la puerta que saluda musitando tonos metálicos dándole la bienvenida y se extiende a la fiesta adormilada que consuma “Conrado”, mi boxer atigrado quien, pese al exceso de peso, fruto de la molicie sabiamente administrada, lucía saltos decorosos para la hora, el lugar y el afecto, por supuesto.

Ese vínculo inexplicable, dada la indiferencia del vasco, anima la obsecuencia conmovedora del perro. Pero ellos así se entienden. Sus códigos me resultan indescifrables y algunas ordenes farfulladas por Yon, en un idioma ininteligible y exótico, cuya procedencia es imposible rastrear, establece rangos de obediencia que jamás pude lograr, en mis magros intentos de ordenar, para ser obedecido y me siguen sorprendiendo.

Seguí sus movimientos, luego del saludo, desde el sillón de tiras amarillas, furiosas a cualquier hora y resistencia. Me gustan los tonos restallantes y también esa extraña incomodidad que da hundirse entre franjas de plástico. No mostré apuro ni curiosidad. Inservibles con él.

¿Quién podría preguntarle al viento, donde va?

¿Quién podría esperar que le respondan?

¿Quién puede contar el parpadeo de una estrella?

Todo por la resignación suficiente que emerge del manantial de un afecto nunca explicado.

Lo vi revisar ciertos papeles, en silencio, como hacen los propietarios de decisiones inviolables, aunque sean las más pequeñas. Pensé en algún informe confidencial y, por supuesto, descabellado de credibilidad. Por eso me participa tal vez, pero no da ninguna señal. Si una indicación.

- Cambiate que vamos a espiar la historia – La invitación, en realidad, no me produjo emoción alguna. Ser pasajero del disparate, conductor de absurdos y protagonista de espejismos, curten el alma y encallecen los sentidos, por lo menos a mí me pasa.

Lo miré largamente, esperando alguna señal de realismo, aunque sea mágico y repetí el error de mi inconsecuencia. El jamás admitiría la deshora y la inoportunidad, sacudí la cabeza, tampoco yo soy comprensible para la mujer dorada y en ser un acertijo quizás, radique el encanto discreto de la obsesión.

Abandoné el espejo, al que realmente le dediqué la magnitud del segundo y partimos a perseguir retazos oscuros que retrocedían en el cielo.

La luz de los faros horadaba destiempos y el puente de Turdera fue casi un salto al futuro. Se detuvo.

La estación ferroviaria reposaba a nuestros pies, lánguida y solitaria, esperando voces y formas que indiquen la vida.

Un comedero circunstancial, haciendo ángulo, guiñaba rebotando destellos producidos por apurados de nunca. Me volví en el asiento, perplejo.

-¿Recordás cuanto te pertenece... ría?-, deslizó, todo casualidad.

Su mano izquierda y fuera de la ventanilla, era un gesto vago, similar a la elusiva presencia del “coordina” del Vago de Jorge, en la redacción del diario. El gesto aludía a ambas márgenes del “río de rieles” y su paisaje paralelo, de puente a puente (el otro cruza por Frías).

- ¿No te paree que la hora de recalar en territorios inexistentes ya pasó? -, le dije cuidadoso.

- Tu super abuelo, Nicasio, se jugó estas tierras a todo o nada, cuando las propiedades no tenían registro y las parcelas se daban, hasta donde alcanzaba el horizonte. Además existía la palabra y se cumplía. Si los Iberra las respetaron -, agregó.

Pensé en la tenue línea de sangre que me vincula (con ellos), desde que la patria era un jirón de traiciones (como ahora) y la posteridad negociada, daba para todo.

Personajes espinosos para un paisaje de pasajes (el antiguo camino de las tropas), en esa curiosa mezcla que me contaron, de ese abuelo “levado” a los 16 rumbo a la campaña del desierto, donde Roca “terminó” con los indios y casi él con su vida cuando fue “boleado” y lo salvó el orinal entre pajas y el sabor acre de la pestilencia, que significa beber para vivir, me hizo un rumbo en la cabeza sin rumbo.

Su premio fueron esas tierras alucinadas que hoy resultan parte de la ciudad y su historia, sin perjuicio de Borges y el inventario del sur.

- Fijate que, de puente a puente y de ambos lados de las vías, tenés tierra suficiente para ser Colón en el día del desembarco. Si todavía hay Iberras por aquí, dando fe que aquello es cierto – No quise contradecirlo ni cambiar sus tiempos verbales, porque tampoco entendía esta trasnoche de madrugada.

La luna saludaba gentil disminuyendo en la distancia, haciendo mutis talentoso. Sin embargo decidí, tímidamente, preguntarle que y porque. Dos preguntas absurdas a la hora en que los próceres deciden beber su penúltimo whisky. No era nuestro caso.

-Te entiendo y no entiendo que buscás, si esto lo conozco. En mi familia, de la que no quedan rastros ya de estas historias, tampoco quien recuerde que existo, pero imagino debe existir una razón para esta revisión o ¿no somos revisionistas de nosotros? -, le pregunté algo amoscado.

No es sencillo “piquetear” con la nada, aunque a la mayoría de los piqueteros los engañan con nada. Yon me dedicó el desdén de mayor abolengo disponible. Abrió el baúl del Alfa, como una caja de pandora y con paciencia oriental, comenzó a armar un caño azul, con el cartel donde figuraba el nombre de una calle, no me dejó verlo. Sólo admitió razones – “El Lawyer”, Andy 25 y, sobre todo Juan Cruz que nació el 5 de enero y no fuiste a saludar, dos años después, merecen saber de ese abuelo necesario de quien, vos, por no se que cosa, nunca les contaste una historia; si, de Nicasio... y ahora les hago una calle, con su nombre, les voy a explicar de que se trata y quizás te disculpen, con el tiempo-.

Yo presté atención –lo único que me quedaba por prestar- a la caja de chardonay blanco de Navarro Correa y las latas de sardinas tenerifeñas que parecían saludar desde el fondo del baúl. Me encogí de hombros, algo para picar quedaba y Ni...casio, ni motorola... pensé, porque la historia no la cuentan los que pierden.

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Nirvana

Indira Carpio (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Con la raíz, la tierra
y las ramas vigilantes del tiempo
Con las alas, el viento
y la promesa-muerta de la jaula
Alguien grita
“cuanto más cerca del cielo
más próxima la muerte”
Por cada pluma al aire, un día menos
Como si la libertad, la condena
Como si la atadura, la vida
El Dios árbol quiere deshojar
desplumar
para no ser juez, ni parte
cuando caigan las aves
sin vida
sonreídas al nirvana

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Llorar

Gustavo Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Lleno de lágrimas
quiero llorar
para no reventar
a lagrimazos
algún pájaro verde
alguna flor azul
alguna mariposa
azul verde y dorada
o alguna madrugada.

Que las lágrimas salgan
por el borde
de los ojos
a un lado
de mi sonrisa.

Que cuelguen despacio
en cada paso lento.


Que sean
las burbujas
de mi risa.

La nube
de mi canto.

La fina garúa
del sol
de mi alegría.

Y que al final
caigan tranquilas
encima de un tango.

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Crónicas de bar: El viaje…

Vanessa Torres (Desde Bogotá, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

He transitado por Gijón llevada por los pasos de “Crónicas de Bar” de Edgar Borges (Caracas, 1966), y éste se me antoja el dibujo de todas las ciudades como una misma que se repite y reconstruye y es atravesada por sus muchos ojos, sus muchos signos, por las realidades y sentidos que cada paso puede dar a través de las memorias de viaje por sus bares. En esta aventura que me trae a la memoria la propuesta de Calvino en “Las Ciudades Invisibles”, a ese viaje interior que realiza Marco Polo creando y recreando universos para el Khan en la que el recorrido por las ciudades y sus encuentros mágicos se hace una zancadilla a la triste cotidianidad del poderoso Khan, y como una reproducción más triste y más sublime de la amada Venecia, nos recuerda Calvino, como Edgar Borges hoy que un recuerdo poético permanente es también resistencia por no dejarse vencer por la formula fácil de la vida sin ensueño.

Es en la evocación por el vagabundeo y esa vida secreta de ciudad, por una complicidad entre el pasado y el presente de la vida que desnuda en un universo todos los universos, tejidos entre cafés y bares y en el recorrido entre sus historias en dialogo constante con la intimidad de los lugares, donde se va tejiendo el mundo mítico que aparece entre los recuerdos y las imágenes tan simples y cotidianas de la vida de un barrio o de una calle, al mismo tiempo que salen de la manga las citas inesperadas. Entre George Perec y Corto Maltes, y el calido poema de un cantaor Flamenco y Cortázar y una noche de jazz o la noche de ska y un prestidigitador que entre baile, acertijo y complicidad nos arroja sobre un encuentro virtual con el director de cine Emilio Barrachina desde las barras de dos bares uno en Gran Bretana y otro en Gijón, o nos aventura a mirar nuevamente con los ojos de Dalí y ese aliento a la obstinación del ser y la actitud vital de un creador se enfatiza inundando de sentido la duda y por ende la exploracion como antidoto al sentido del no-lugar que habita las ciudades que capitalizaron y despojaron de espíritu refugios donde provocar encuentros, como objetivo fundamental para confabular el sentido más profundo de la vida.
Como en el dialogo que propone Calvino, Marco Polo recompone en su memoria las ciudades posibles segmentadas, regadas por el mundo, ciudades recordadas con los ojos, con las palabras, con los signos, el diálogo con Edgar Borges en esta suerte de descubrimiento de la intimidad secreta de sus aventuras por Gijón me ha encontrado a mi también, en Bogotá o Lisboa, en Caracas o Granada, En Quito o la Habana fabulando la realidad, recreando la calle de una vida, enamorándome otra vez de la vitalidad de estos refugios para soñadores y para quienes hacer carnaval a diario es el exorcismo de la velocidad externa que evita ese reinvento de la mirada del otro, en el que se hace posible tejer circunstancias y palabras, sueños y metáforas cotidianas.
En las Palabras de Calvino, “Las Ciudades Invisibles” es su poema último para la agonía de la ciudad como espacio vital, para esa vida urbana desdibujada en las ciudades actuales. Para mí “Crónicas de Bar” (Editorial Milrazones, 2011) es un despertar sin nostalgia ni triviales pretensiones y por eso mismo definitivo a un redescubrimiento de esa vitalidad que mantiene una mano adherida a lo mejor de la herencia de una modernidad de dos siglos, rebelde y creadora que se redescubrió a través de esta magia árabe del rito del café o del té y que en su sincretismo con otras culturas y con la cerveza, el ron o el vodka genero en medio de los refugios fantásticos que han sido los bares la posibilidad de arrojar la locura y la cordura a una instancia más sublime donde con retazos de muchos mundos y muchas vidas se pueden tejer momentos y obras inesperadas, aun como hoy regalos maravillosos en medio de ese intento de trivialización de esa mercancía que se pretende hacer de nuestra existencia.

Vanessa Torres es escritora y antropóloga. (Bogotá, Colombia).

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Esas marchas son de otros

Juan Alonso (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Débiles en un rincón de la calle
miran con alegría a los que pasan,
sus banderas, su multitud, su juventud
se identifican con ellos que desafían al gobierno
con sus lluvias de piedras a los uniformes
sonríen cuando algunos rompen los vidrios de los bancos
¡Es una ilusión en la realidad sin compañía!
porque esas muchedumbres hacen otros caminos
unos donde no hay tierra para hacer los surcos solidarios
ni interés por saber de los sembradores dinamitados antes que hubiera cosecha
Lo único que cabe hacer en los días de esos gritos
es pararse al costado de sus vías y enseñarles pinturas indígenas
que muestran un modo de vivir en compañía
sirviéndose de objetos de barro madera y piedra

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Desde la estatua

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El águila calva se asomó por una de las ventanas del gigante de cobre, acero y concreto, donde había establecido su nido. Desplegó sus alas como desperezándose antes de alzar vuelo hasta uno de los picos sobresalientes de la enorme cabeza de la mole.

Miró hacia los cuatro puntos cardinales cuando sintió el llamado, como todas las mañanas, de una hermosa mujer rubia, con rasgos casi perfectos y unos ojos tan celestes que parecen pedacitos de color arrancados al cielo. Todo lo que ella tiene fue arrancado a alguien. No puede negarse su hermosura, tampoco la frialdad que refleja esa mirada despótica.

Ella acostumbra encaramarse en lo más alto de la inmensa estatua, algunas veces puede vérsela sobre el brazo descascarado de un roble añejo al que sin dudas, también hace daño. Son pocas las veces que se la encuentra allí, porque no es amante de la naturaleza sino de lo que esta brinda. Comentan los lugareños que desde su sitial puede ver el punto exacto donde comienza o donde termina el mundo, habilidad que le permite sentirse dueña absoluta de todo.

Viste una túnica blanca sujeta a la cintura por una faja formada por barras rojas apoyadas en la blancura de la gasa que delinea sus formas. En la parte superior derecha, de esa faja, resalta un cuadrado azul oscuro en el que parece agonizar un grupo de estrellas blancas arrebatadas a otro pedacito de cielo dejándolo ensombrecido.

Los investigadores de la vida donde creciera esa mujer, dicen que cada estrella es el botín alcanzado por los rayos de su mirada. Dicen que observándolas detenidamente se puede ver que están salpicadas de sangre humana.

Dicen que en los lugares donde fueran arrancadas, dejaron viudas y huérfanos; que quedaron seres mutilados y un odio incomprensible tronando su victoria pírrica disgregando a los hermanos.

Dicen también que el águila le presta sus ojos para que pueda divisar mucho más allá, trascendiendo en el tiempo y en el espacio. Es agresiva la mujer, no tiene uñas sino garras que lastiman todo lugar donde se apoya. No falta quien la compara con las Harpías mientras ruega por la llegada de algún argonauta para que los libere de su brutalidad.

¿Cómo puede convivir tanta maldad con semejante belleza? Es la pregunta sin respuesta de quienes alguna vez cruzaran su camino con el suyo.

Lleva sueltos sus cabellos del color del trigo y por andar siempre en las alturas con una agilidad asombrosa, el viento los arrebata haciéndolos enroscar en las puntas picudas de la cabeza de la estatua, allí donde se posa el águila cada mañana.

La túnica deja al descubierto la delicadeza de su hombro derecho suavemente redondeado. En su pecho una rosa empalidece frente a la imponencia de la mujer o bien pudiera ser que empalidezca entre tanta frialdad. La rosa necesita ternura que ella no sabe brindarle, dejando un enigma indescifrable que cada quien devela a su manera. Algunos dicen que cuando la rosa se ve humedecida, es porque el rocío la besa suavemente para entibiarla, mientras que otros aseguran que son las propias lágrimas de la flor que corren por sus pétalos donde ahogaron el amor.

Dicen que desde sus clarísimos ojos nacen relámpagos cuando algo la enoja y que tienen la fuerza como para calcinar la vida aunque lata a muchos miles de kilómetros de donde ella se encuentra. Esta mujer no es historia pasada, sino presente. Ella está, dirige, impone, incapaz de condolerse por algo que no le ocurra a ella misma, para cumplir sus más oscuros deseos, utiliza el fuerte impacto de su retórica al que muy pocos pueden resistir y si lo intentan, mucha desdicha cae sobre los atrevidos.

La mujer tiene varias hermanas de rasgos muy diferentes, todas de piel morena tan brillante que el propio sol las usa como espejo para reflejarse. Aunque esas son mucho más tiernas y comprensivas sobre todo con sus hijos. Su desamor provocó que ellas sintieran pena pero también fastidio por tanto engreimiento y despotismo que mucho tiene que ver con la gula desquiciada de la belleza rubia.

No hablan el mismo idioma, aunque ella pueda entenderlas, aún sin esforzarse para comprenderlas. Es tan altiva, se sabe tan deseada por todos, que representa la imagen del sueño anhelado, especialmente por los hijos más pobres de sus hermanas, a los que ella mira con desprecio. Destemplanza que se potencia cuando buscan su amparo ante la desventura. Y por esas paradojas de la vida, esa mujer no podría sobrevivir sin las otras, por eso es fácil que abuse tanto sabiéndolas mucho más frágiles e indefensas.

Algunos dicen que sufre porque el amor no hizo nido en su alma sino que buscó cobijo en las entrañas de las mujeres morenas brindándoles esa calidez que las convierte en ejemplos de la maternidad sufriente.

Incapaz de soportar el derroche de calidez de sus hermanas, comenzó a elaborar una idea a la que se irían sumando otras, cada cual más espantosa. La hermosa mujer con sus propias manos hizo un nido de estiércol y amamantó con leche de veneno a una serpiente de medida Standard en su génesis, pero que con el tiempo habría de tomar dimensión incalculable. Tenía el don del entendimiento y demasiada habilidad para extenderse y llegar al punto que su madre le indicara.

La formó con la dedicación con que el escultor esculpe su obra, la fue fortaleciendo como para que fuera capaz de arrastrarse por suelos pedregosos, áridos, secos, así como entre montes, valles y ciudades, siendo indestructible.

Cuentan los ancianos del lugar que si alguien lograra cortarla en pedazos, éstos volverían a unirse y la serpiente reviviría con mucha más fortaleza.

Una mañana sombría, partió desde su nido en la estatua, en busca de frutas que compartiría con su madre, ambas prefieren los bananos, pero la serpiente no tiene buen olfato para sentir en la distancia, por eso, para encontrarlos fue guiada por la mujer cuyos ojos podían divisar el lugar donde iban naciendo los ramos aglutinados de esa fruta. Bastó sólo una señal de su garra afilada y el cruce de sus miradas, como para que la serpiente emprendiera su camino en búsqueda de esas joyas naturales. De paso, por las largas travesías, cazaba otras cosas de valor que iban a parar a la bolsa de la mujer rubia con ojos que parecían arrancados al cielo y dedos terminados en garras.

Chiquita-bra fue llamado el reptil que partió del nido dentro de una de las ventanas de la cabeza de la estatua. De allí salió, arrastrándose, a través de plantaciones, atravesando ríos de aguas cristalinas donde Chiquita solía triturar lo que encontrara a su paso dejando las aguas teñidas de color rojo sangre. Su rumbo fue siempre hacia el sur por esas cosas extrañas de la vida.

Cuando el ofidio se deslizaba por la falda estática de la estatua hacia donde la mujer bella le ordenara, ésta guardaba su cerebro desde el cual podía hacer llegar su directriz. Dicen que en las noches mientras el áspid repta por donde están las hermanas morenas, la mujer acaricia el cerebro repugnante, nutriéndolo para que su crecimiento se produzca sin interrupciones.

Va depositando sus huevos entre los pliegues de las túnicas de las hermanas que no tienen la fuerza suficiente para espantarla, aunque muchos de sus hijos acudan en su defensa y muchos queden para siempre entre las huellas zigzagueantes que deja como recuerdo de su paso con la muerte. Ella tiene la orden de ir demandando silencio y sumisión, demandando obediencia como mecanismo coercitivo capaz de repeler rebeldías.

Cuando la vida que late dentro de esos cascarones, logra romperlos, reciben las órdenes del cerebro mayor protegido por la hermosa mujer de cabellos claros como los trigales a los que también sofoca, tan suaves como la seda de la que se apropia, tan brillantes como el oro que termina embolsado entre las arrugas de su túnica.
La mujer a la que muchos se niegan a mencionar como tal, ordena y manda, escupe su retórica convertida en fuego. Gusta de los ruidos fuertes, cuánto más fuertes más alegran su existencia, especialmente cuando produce explosiones sobre la tierra gimiente frente al estruendo, entre “ayes” de dolor de almas sobresaltadas y alguna cuna que queda meciéndose vacía de cuerpo, desfigurada de sonrisas y mañanas.

La mujer carga sobre sus espaldas que parecen talladas por las manos de algún artesano del odio, la muerte de sus propios hijos y de los hijos de sus hermanas. Eligió ser como Zeus y los devoró uno a uno, aunque de momento, nadie haya logrado que los regurgite. Dicen que semejante atracón estancado en su estómago, contaminó su sangre envenenándola, y la toxicidad fue corroyendo su cuerpo, su alma se volvió de piedra como la estatua donde se posa para divisar en la distancia todo lo que pueda convertir en oro.

Todos la admiran y la odian, cuando parece a punto de desmoronarse, desde lo alto de la estatua, la serpiente le hace llegar gotas de sudor de los hijos de sus hermanas y es ese el nutriente fundamental como para que su caída no llegue a concretarse nunca. Aunque no falta quien cree que su derrumbe es inevitable y quedará clavada entre las planchas de acero de la historia futura, tan lejana.

Mientras tanto, en el presente, sus hermanas siguen meciéndose entre las ramas de los árboles abrasadas por el sol cálido que impide, como antídoto natural, que el veneno de la mujer y su serpiente logren que el frío hiele sus corazones.

Una mañana espantosa la mujer recibió una agresión que no logró ablandar su corazón, mucho menos produjo conmoción en ese hueco estático de roca imperturbable. Sus hermanas fueron las que más padecieron el espanto. La mujer miraba el fuego desde su sitial perpetuo y una mueca se dibujó en su rostro indiferente, mientras se dedicó a buscar culpables, escondiendo a los culpables verdaderos.

Ese ataque produciría gran beneficio para ella. El hijo de una de las hermanas fue la primera voz alzada, manifestando repudio al horror, solidaridad para los hombres y mujeres que viven a pocas millas de donde se erige la cueva de la mujer bella.

Esa hermana es la única por donde la serpiente no pudo pasar por más que lo intentara durante medio siglo, si bien ella no asume el impedimento y la boa intenta denodadamente ejercer su constricción. Por supuesto, la mujer de ojos del color del cielo que parecen puñales afilados para el desgarre interminable, ignoró la solidaridad de su hermana.

Todas lloraron.

Todas acompañaron lo que pensaron, sería su dolor.

Todas fueron una, como siempre.

Una menos una, la principal, la herida sin registro de dolor, la belleza rubia que viste una túnica que deja al descubierto su hombro derecho. Tan derecho como ella.

Ella, la que empalidece a la rosa manteniéndola clavada en el centro de su escote, la que ve por los ojos de su águila depredadora, la que creó a la que constriñe, aprisiona, desgarra, dejando lagos de lágrimas tras el movimiento enérgico de su afilada garra.

La que continúa enviando a su serpiente a recorrer las entrañas partidas, pero vivas, de sus hermanas morenas donde late el amor cantando canciones de cuna a la vida.

La que envía su veneno por cada recodo de los caminos, desovando para perpetuarse. La que riega aguas de espanto en los suelos contaminados por su paso zigzagueante hacia la nada.

Sigue su ondulante camino hacia el sur la serpiente escamosa, recorriendo las geografías bifurcadas, arrastrando el estigma de las guerras que terminan incrustados en las médulas de los pobres. En la columna vertebral de las hermanas que tras su paso, acuden rápidamente para acariciar cada herida provocada en el cuerpo tibio de las matas.

La mujer bella desde lo alto de la estatua de cobre, acero y concreto, ríe frente al dolor que divisa a lo lejos, acariciando al cerebro, mientras convierte a los bananos en divisas para mantener su poder.

Siguen deslizándose por la pendiente del sur, Chiquita-bra y su infaltable compañía, a la que se sumó otra mujer de rasgos y horizonte diferente, que actúa como apoyo de aquella que desde la estatua, saluda con un guiño cómplice a su cómplice.

Dicen los que saben que los bananos se ven doblados por la fuerza feroz de esa mujer que algunos hasta han visto parecida a las Harpías.

Quedan al paso de las huestes malolientes con corazón de piedra, ejércitos de desplazados a los que siguen silenciosos sus hijos desarrapados. Las hermanas morenas acarician esas cabezas renegridas, secan sudores y besan sus frentes sabiendo que ellos son sus custodios fieles azuzados por el llanto de la tierra, acariciados por las túnicas flameando al ritmo de la brisa suave que algún día será el ventarrón que aleje para siempre tanto horror, tanta vergüenza…

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Fanáticos

Rodrigo Salinas (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Luego de las elecciones primarias del 14 de Agosto en Argentina, en donde se decidieran los candidatos que se presentarán en las elecciones generales de Octubre para ocupar la presidencia, se han realizado y escuchado muchos comentarios y análisis al respecto de los resultados finales. Uno de ellos es el que dice que la gente ha decidido su voto por conveniencia, para no perder las ayudas y los “regalos” del oficialismo. Mucha gente diciendo que le gustaría recibir dichas ayudas, que los ayudados viven de mejor manera, que la mitad de la población mantiene a la otra mitad y demás comentarios que siguen la misma línea generalizadora y con poco fundamento. Sobre esta línea de pensamiento yo me pregunto: ¿sería capaz una persona de la burguesía cómoda que emite este tipo de comentarios vivir sólo con las ayudas que da el gobierno? ¿Piensan que la gente se contenta sólo con eso? Y me imagino que la respuesta sería negativa.

Como la anterior, se suceden otros pensamientos e ideologías (o más bien, falta de ellas) que hacen del argentino un ser que lo único que piensa es en su propio bienestar e imposibilitan la existencia de un proyecto a nivel nacional a largo plazo para poder construir un país que dé subsistencia digna a todos aquellos que habitamos en él. El argentino piensa que no debería pagar impuestos y aún así exige obras públicas.

Por lo anterior, si el lector piensa que mi discurso es oficialista, lo que hará será corroborar mis ideas y le invito a continuar leyendo.

Uno de los grandes problemas, y tal vez el más importante, que tenemos los argentinos es el de una bipolarización de pensamientos demasiado marcado. Siempre dividimos todo en posiciones extremas y opuestas, donde todo se convierte en blanco o negro, donde no podemos discernir, ni sabemos reconocer o admitir, qué está bien y qué mal sin importar de dónde venga. Sólo opinamos que nuestro punto de vista es cien por ciento correcto y el resto es totalmente erróneo. Somos los dueños de la verdad y cerramos nuestros oídos hacia las ideas y propuestas que tienen otros. Somos de mentalidad patotera y xenófoba, y lamentablemente tenemos la balanza volcada hacia la destrucción que hacia la construcción. Fanatismos tales son los de la derecha mediática, los de la burguesía que piensa que sólo ella importa, los de la izquierda dividida y los del propagandismo oficialista que avala todo ciega e incondicionalmente, y no reconoce, niega o prefiere ignorar los males propios. Todos estos fanatismos (sin caer en los dichos de un conciudadano mío como lo es Fito Páez) me causan bastante enojo, ya que pienso que son el principal obstáculo hacia la construcción de un mejor país.

Esa prepotencia de creer que sólo lo propio es lo correcto y lo verdaderamente cierto puede originarse en la idiosincrasia (o idiotez) del argentino de creerse superior al resto, capaz de cualquier proeza, sin darse cuenta que eso sólo es mitología creada puertas adentro, y la cual no es posible certificarla por problemas como la lucha interna mencionada anteriormente. Lucha que lleva a la construcción de modelos separados, que son demolidos y olvidados en el momento en que el poder cambia de estandarte. Lucha que lleva a hechos ilógicos en resultados de elecciones que se suceden en pocos días, demostrando una educación ó una convicción ideológica muy pobres. Allí queda en evidencia que lo único que realiza es sufragar para trasladar su responsabilidad a otros, sobre los cuales podrá quejarse libremente, sin sentirse culpable.

No pretendo que lo anterior sea tomado como verdad absoluta, sino como puntal de reflexión y debate, un debate que nos debemos los argentinos como conjunto, para poder conformar una sociedad de verdad en todo sentido.

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Galicia detecta un 25% de los juguetes con riesgo para los niños vendidos en España: Más peligrosos que divertidos

Jesús Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

"¡Lo quiero, lo quiero!". El deseo de un niño no debe ser el único motivo para comprarle un juguete. Cerciorarse de que no comportan ningún riesgo como cordones sueltos o piezas que pueda tragarse son claves para evitar un susto. En Galicia se detecta el 25% de los artículos que no cumplen la normativa de seguridad europea.

Cuando un niño entra en una juguetería y suplica a sus padres que le compren el juguete de sus sueños, éstos deben tener siempre en cuenta que el objeto no sea peligroso y se ajuste a su edad y desarrollo mental o físico.

Es esencial que los progenitores seleccionen con la máxima atención los juegos infantiles de sus hijos ya que un cuatro de cada diez de los que se encuentran en el mercado no cumplen con las normas de seguridad europeas.

Como muestra un botón: el Laboratorio de Consumo de Galicia detectó el 25% de los juguetes registrados como peligrosos en España el año pasado y en lo que llevamos de 2011 ya ha localizado otros 22 que también infringían estas exigencias. "El que nosotros seamos la comunidad autónoma que más productos incluyamos en la red de alerta estatal no quiere decir que es donde tengamos más productos inseguros, sino que hay mucho más control en Galicia", aclaró ayer la directora xeral de Comercio, Navas Castro Domínguez, durante la presentación de la campaña de verano para el control de los juguetes infantiles.

Cuerdas demasiado largas, máscaras y cordones en la ropa que pueden producir asfixia; materiales expansibles que aumentan de tamaño cuando se ingieren; bordes cortantes o incluso juguetes con piezas pequeñas son algunas de las anomalías detectadas en juguetes a simple vista inofensivos que pueden poner en riesgo la salud de los niños.

Para evitar riesgos, el Instituto Galego de Consumo y Comercio recomienda a padres que comprueben la fiabilidad de los juguetes. Por ejemplo, si constan los datos del fabricante, si lleva la etiqueta de control de calidad europea CE, y que lean cuidadosamente las instrucciones de manejo. También es conveniente que inspeccionen el juguete para averiguar si tiene algún defecto físico y que la fuente de alimentación de los aparatos eléctricos no supere los 24 voltios. "El mejor agente investigador es el padre, la madre y el abuelo y la abuela" subrayó la gerente del Instituto Galego de Consumo, María Jesús Muñoz Chesa, en la presentación de la campaña.

Además, Nava Castro advirtió que muchos de los accidentes se producen porque los menores manipulan juguetes que no son adecuados a su edad.

"Se debe seleccionar con mucha atención los juguetes en función de la edad y del desarrollo mental y físico del niño", insistió.

Esta realidad y la inexistencia de una base de datos específica sobre accidentes relacionados con juguetes peligrosos o defectuosos es una de las razones por las que la dirección Xeral de comercio y la Consellería de Sanidade preparan un proyecto piloto para crear un registro con el que poder obtener información concreta sobre este tipo de incidencias y así poder actuar en su prevención.

Foto: Una tortuga de juguete que aumenta de tamaño si se ingiere. // FdV

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Los agostos de mi infancia

Liliana Perusini (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El aroma a chocolate,
me recuerda a mi abuela Rosalía,
los agostos de mi infancia,
con fiesta de tortas y confites,
y juegos con globos y bonetes.

La recuerdo con un vestido gris,
y un abrigo para el frío,
sirviendo una taza humeante
de chocolate oscuro,
a mis invitados, primos y amigos.

Imagino que fueron muchos los besos
y las caricias prodigadas
y muchas, las palabras tiernas,
para calmar mis miedos.

Imagino escuchar de nuevo,
su voz casi olvidada
y sentir que tuve una abuela,
que cuando yo era niña,
me tuvo en sus brazos,
consoló mi llanto,
y me tomó de la mano.

Desde entonces…
el aroma a chocolate,
me recuerda a mi abuela Rosalía,
en mi mesa de cumpleaños,
con regalos y guirnaldas,
y los azahares del ciruelo,
florecidos en mi día…
los agostos de mi infancia.

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No hay camino al paraíso

Charles Bukowski

Yo estaba sentado en un bar de la avenida Western. Era alrededor de medianoche y me encontraba en mi habitual estado de confusión. Quiero decir, bueno, ya sabes, nada funciona bien: las mujeres, el trabajo, el ocio el tiempo, los perros... Finalmente sólo puedes ir y sentarte atontado, totalmente noqueado, y esperar; como si estuvieses en una parada de autobús aguardando la muerte.

Bueno, pues yo estaba allí sentado y aquí entra una con el pelo largo y moreno, un bello cuerpo y tristes ojos marrones. Yo no di la vuelta para mirarla, seguí con mi vaso. La ignoré incluso cuando vino y se sentó a mi lado a pesar de que todos los demás asientos estaban vacíos. De hecho, éramos las únicas personas que había en el bar sin contar al encargado. Pidió un vino seco. Entonces me preguntó lo que estaba bebiendo.

-Escocés con agua -contesté.

-Y sírvale al señor un escocés con agua -le dijo al cantinero.

Bueno, esto no era muy normal.

Abrió su bolso, cogió una pequeña jaula, sacó de ella unos hombrecitos y los puso sobre la barra. Tenían alrededor de diez centímetros de altura, estaban apropiadamente vestidos y parecían tener vida. Eran cuatro: dos mujeres y dos hombres.

-Ahora los hacen así -dijo ella-. Son muy caros. Me costaron cerca de 2000 dólares cada uno cuando los compré. Ahora ya valen cerca de 2400. No conozco el proceso de fabricación pero probablemente sea ilegal.

Estaban paseando sobre la barra. De repente, uno de los hombrecitos abofeteó a una de las pequeñas mujeres.

-¡Tú, perra! -dijo-. No quiero saber nada más de ti.

-¡No, George, no puedes hacerme esto! -gritaba ella llorando-. ¡Yo te amo! ¡Me mataré! ¡Te necesito!

-No me importa -dijo el hombrecito, y sacó un minúsculo cigarrillo, encendiéndolo con gesto altivo-. Tengo derecho a hacer lo que me dé la gana.

-Si tú no la quieres -dijo el otro hombrecito- yo me quedo con ella, la amo.

-Pero yo no te quiero a ti, Marty. Yo estoy enamorada de George.

-Pero él es un cabrón, Anna, un verdadero cabronazo.

-Lo sé, pero lo amo de todos modos.

Entonces el pequeño cabrón se fue hacia la otra mujercita y la besó.

-Creo que se me está formando un triángulo -dijo la señorita que me había invitado al whisky–. Te los presentaré. Ese es Marty, y George, y Anna y Ruthie. George va de bajada, se lo hace bien. Marty es una especie de cabeza cuadrada.

-¿No es triste mirar todo esto? Eh... ¿Cómo te llamas?

-Dawn. Un nombre horrible, pero eso es lo que a veces les hacen las madres a sus hijos.

-Yo soy Hank. ¿Pero no es triste...?

-No, no es triste mirar todo esto. Yo no he tenido mucha suerte con mis propios amores, una suerte horrible, a decir verdad.

-Todos tenemos una suerte horrible.

-Supongo que sí. De todos modos, me compré estos hombrecitos y ahora me entretengo mirándolos, es como no tener ninguno de los problemas, pero tenerlo todo presente. Lo malo es que me pongo terriblemente caliente cuando empiezan a hacer el amor. Es la parte más difícil para mí.

-¿Son sexys?

-¡Muy, muy sexys! ¡Dios, me ponen de verdad caliente!

-¿Por qué no los pones a que lo hagan? Quiero decir, ahora mismo. Podremos mirarlos juntos.

-Oh, no se pueden manejar, tienen que ponerse a hacerlo por su cuenta.

-¿Y lo hacen a menudo?

-Oh, son bastante buenos. Lo hacen cerca de cuatro o cinco veces por semana.

Mientras tanto, ellos paseaban por la barra.

-Escucha -decía Marty-, dame una oportunidad. Sólo dame una oportunidad, Anna...

-No -decía la pequeña Anna-, mi amor pertenece a George. No puede ser de otra manera.

George estaba besando a Ruthie, acariciando sus pechos. Ruthie estaba empezando a calentarse.

-Ruthie está empezando a calentarse -le dije a Dawn.

-Sí que lo está. Está empezando de verdad.

Yo también me estaba excitando. Abracé a Dawn y la besé.

-Mira -dijo ella-, no me gusta que hagan el amor en público. Me los voy a llevar a casa y que lo hagan allí.

-Pero entonces no podré verlo.

-Bueno, sólo tienes que venir conmigo y podrás.

-De acuerdo -dije- vámonos.

Acabé mi bebida y salimos juntos. Ella llevaba a los hombrecitos metidos en la jaula. Subimos al coche y los pusimos entre nosotros en el asiento delantero. Miré a Dawn. Era realmente joven y bella. Parecía también inteligente. ¿Cómo podía haber fracasado con los hombres? Bueno, había tantos modos de fracasar unas relaciones... Los hombrecitos le habían costado 8000 dólares. Todo eso sólo para alejarse de las relaciones sexuales sin alejarse de ellas. Su casa estaba cerca de las colinas, un sitio agradable. Salimos del coche y fuimos hacia la puerta. Yo llevaba a la gentecilla en la jaula mientras Dawn abría la puerta.

-Estuve oyendo a Randy Newman la semana pasada en el Trobador. ¿Verdad que es grande? -me preguntó.

-Sí que lo es -contesté.

Entramos y Dawn abrió la jaula y los sacó y los puso sobre la mesita de café. Entonces se metió en la cocina y abrió el refrigerador y sacó una botella de vino. La trajo en compañía de dos copas.

-Perdona -dijo- pero pareces un poco chiflado. ¿En qué trabajas?

-Soy escritor.

-¿Y vas a escribir algo acerca de esto?

-Nunca se lo creerá nadie, pero lo escribiré.

-Mira -dijo Dawn- George le ha quitado las bragas a Ruthie. Le está metiendo el dedo. ¿Un poco de hielo?

-Sí, ya lo veo. No, no quiero hielo. El tipo va bien derecho.

-No sé -dijo Dawn-, pero de verdad que me excita mirarlos. Quizás es porque son tan pequeños. Realmente me calientan.

-Entiendo lo que quieres decir.

-Mira, George la está tumbando, se lo va a hacer.

-Sí, allá van.

-¡Míralos!

-¡Dios o la puta!

Abracé a Dawn. Comenzamos a besarnos. Cuando parábamos, sus ojos pasaban de mirarme a mí a mirar a los hombrecitos fornicando, y luego volvía a mirarme de nuevo a los ojos. Yo seguía siempre su mirada.

El pequeño Marty y la pequeña Anna también estaban mirando.

-Mira -decía Marty-, ellos lo están haciendo. Nosotros deberíamos hacerlo también. Incluso las personas grandes van a hacerlo. ¡Míralos!

-¿Oíste eso? -le pregunté a Dawn-. Ellos dicen que vamos a hacerlo, ¿es verdad eso?

-Espero que sea verdad -dijo Dawn.

La tumbé sobre el sofá y le subí la falda por encima de los muslos. La besé a lo largo del cuello.

-Te amo -dije.

-¿De verdad? ¿De verdad?

-Sí, de alguna manera, sí...

-De acuerdo -dijo la pequeña Anna al pequeño Marty- podemos hacerlo nosotros también, pero que quede claro que yo no te quiero.

Se abrazaron en medio de la mesita de café. Yo le había quitado ya a Dawn las bragas. Dawn gemía. La pequeña Ruthie gemía. Marty se la metió por fin a la pequeña Anna. Estaba pasando en todas partes. Me pareció como si toda la gente del mundo estuviese haciéndolo. Entonces me olvidé de toda la otra gente del mundo. Nos fuimos al dormitorio y allí se la metí a Dawn en una larga y tranquila cabalgada...

Cuando ella salió del baño yo estaba leyendo una estúpida historia en el Playboy.

-Estuvo tan bien -dijo.

-Fue un placer -contesté.

Se volvió a meter en la cama conmigo. Dejé la revista.

-¿Crees que nos lo podemos hacer juntos? -me preguntó.

-¿Qué quieres decir?

-Quiero decir que si tú crees que podemos seguir así, juntos, durante algún tiempo.

-No sé. Las cosas ocurren. El principio siempre es lo más fácil.

Entonces escuchamos un grito proveniente de la salita. «Oh oh», dijo Dawn. Se levantó y salió corriendo de la habitación. Yo la seguí.

Cuando llegué, ella estaba sosteniendo a George en sus manos.

-¡Oh, Dios mío!

-¿Qué ha pasado?

-Anna se lo hizo.

-¿Qué le hizo?

-¡Le cortó las pelotas! ¡George es un eunuco!

-¡Uau!

-¡Tráeme algo de papel higiénico, rápido! ¡Se está desangrando!

-Ese hijo de puta -decía la pequeña Anna desde la mesita de café- si yo no puedo tener a George, nadie lo tendrá.

-¡Ahora las dos me pertenecen! -dijo Marty.

-Ah no, tienes que elegir una de nosotras -dijo Anna.

-¿A cuál prefieres? -preguntó Ruthie.

-Yo las amo a las dos -dijo Marty.

-Ha parado de sangrar -dijo Dawn -se está quedando frío.

Envolvió a George en un pañuelo y lo puso sobre el mantel.

-Quiero decir -dijo Dawn- que si tú crees que lo nuestro no va a funcionar, no quiero seguir por más tiempo.

-Creo que te amo, Dawn -dije.

-Mira -dijo ella-. ¡Marty está abrazando a Ruthie!

-¿Crees que van a hacerlo?

-No sé. Parecen excitados.

Dawn cogió a Anna y la metió en la pequeña jaula.

-¡Déjenme salir! ¡Los mataré a los dos! ¡Déjenme salir! -gritaba.

George gimió desde el interior del pañuelo sobre el mantel. Marty le había quitado las bragas a Ruthie. Yo me atraje a Dawn. Era joven, bella e inteligente. Podía volver a estar enamorado. Era posible. Nos besamos. Me sumergí en sus grandes ojos marrones. Entonces me levanté y eché a correr. Sabía dónde estaba. Una cucaracha y un águila hacían el amor. El tiempo era un bobo con un banjo. Seguía corriendo. Su larga cabellera me caía por la cara.

-¡Mataré a todo el mundo! -gritaba la pequeña Anna. Se agitaba sacudiendo su jaula de alambre a las tres de la madrugada.

Charles Bukowski es uno de los escritores estadounidense más influyentes, símbolo del "realismo sucio" y la literatura independiente. En realidad nació en Alemania en 1920, pero pasó la mayor parte de su vida en Los Ángeles, Estados Unidos, donde falleció en 1994, de ahí que habitualmente se lo tome como autor estadounidense.

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