jueves, 29 de septiembre de 2011

Piratas somalíes

Este vídeo da luz de fondo a un tema que, aunque presente, se sabe muy poco sobre él: los piratas somalíes. ¿Cómo y por qué puede suceder esto en el siglo XXI? ¿Cuáles son las razones que permitieron esta práctica? Veamos quiénes son los verdaderos piratas.


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Carta Abierta al abuelo Alfredo

Ricardo San Esteban (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Abuelo Alfredo, yo no te conocí ni por mí ni por mi madre, porque ella quedó huérfana de pequeña, pero ahora, más viejo que vos –porque moriste joven-, te siento como cerca y me invade la curiosidad de saber cómo eras. Le pregunté a mi madre, poco antes de su muerte, acerca de vos y de tu mujer, la abuela Cecilia, Cecilia Frencia, pero ella no recordaba mucho Yo sabía que vos y la abuela vinieron del Piamonte, eso está claro, y la abuela, joven, rubia y de ojos azules, era, repitiendo un lugar común, una flor ignota en estas tierras planas.

Mucho después, mi madre, cuando se reunía con sus hermanas –jóvenes entonces- recordaban algunas de esas cosas, hablaban en piamontés y se reían mucho. Qué misterio es remontar edades, risas, llantos, aciertos, errores, generaciones, continentes, mares, paisajes y genes.

Dicen que Alfredo y Cecilia, recién llegados a Buenos Aires, debieron partir hacia el interior y la abuela Cecilia iba mirando por la ventanilla, era casi una niña, vio que el tren enfilaba hacia la llanura, las últimas luces se apagaban mientras aumentaba la noche, sintió una congoja, casi como la del peso específico del universo.

Claro, venían de Turín, una ciudad industrial, iluminada, antigua, moderna, hermosa, con teatros de ópera y ballet, con un horizonte de bella arquitectura, y en ella habían quedado los padres, hermanos, amigos, sueños, infancia, los poemas del Dante y de Leopardi, y toda aquella identidad a la cual aferrarse. También habían quedado la hambruna y las guerras. Y ahora entraban a una planicie inedentificada y a una noche cósmica con todo el estrellerío del desamparo y los derrames de la esperanza. Y los indios, que les habían dicho, arrancaban las cabelleras.

Una pampa que era feraz y feroz hasta el llanto, en parte porque antes de sembrarla con cereal estuvo sembrada de cadáveres de indios, gauchos, criollos, inmigrantes e hijos de inmigrantes de toda laya.

Esta pampa, lo sé por propia experiencia, te ofrece esta visión esperanzadora y desolada o más que desolada, inmensa, sin medida, como si fuesen infinitos paralelos que se juntan en el hondo de llanura y noche, es decir, tiempo, alto, largo, ancho y una quinta dimensión, irracional.

Georg Cantor había propuesto la existencia de sucesiones o conjuntos formados por infinitos elementos, la infinitud completa. Podría darse aquí y, por ello mismo, formatearte en esa índole. Si a nosotros nos lo parece, qué no pudieron sentir ustedes, cuando llegaban desde un espacio acotado, propio, con multitudes, y aquí, este golpe de inmensidad, ajena, con latifundios de cien leguas. Y más cuando otro pasajero les dijo que bajasen las persianas porque Baigorrita podía asaltar el convoy.

Por fin llegaron, les dieron cuatro chapas de zinc y tuvieron que guarecerse de la helada antes de construir su rancho y un día, a las cuatro de la mañana, unciste los bueyes y clavaste la reja para sembrar, junto con el trigo, tus genes y tu amor. El desierto estalló en mil colores, de a dos cosechas por año, hacías huerta, granja, Cecilia tenía jardín, ordeñaba.

Ahora yo estoy viviendo cerca del paisaje que encontraste, cerca del lugar donde nació mi madre. Y fijate, estoy leyendo al poeta Horacio, aquel Quinto Horacio Flaco de los días felices del gobierno de César Augusto, antes de la celada de Teotoburgo, en la que los salvajes alemanes sostuvieron victoriosamente su derecho a no ser civilizados.

Aquí en Argentina vos asistías a los estertores del malón, a las últimas carnicerías realizadas por Roca en nombre de la civilización, y donde Baigorrita no pudo sostener ese mismo derecho que habían ejercido los salvajes alemanes, y tampoco hubo lugar para que vos ejercieras el tuyo.

Cómo sonarían, en esta pampa, aquellas estrofas de Horacio, Si no me niega su flauta Euterpe y de Polimnia logro la dulce lira de Lesbo. Y cómo sonarían, abuelo Alfredo, los alaridos de los ranqueles con sus caballadas remeciendo la tierra.

Sé que eras grandote, con unas manos así, que tenías mal vino -algo que yo heredé- catorce hijos y que al momento de tu muerte, aun en la panza la menor y con catorce años el mayor, la abuela Cecilia enloqueció. No era para menos, sin saber ni una palabra del castilla, sin ayuda de nadie y desalojados del campo que arrendaban, porque el terrateniente consideró que, muerto el hombre que trabajaba, no había más lugar para la viuda y los hijos. La abuela, luego de sepultarte, cargó todo, hijos y los pocos enseres, en un carro cuyo eje se incendió en el camino por falta de grasa, sé, abuelo Alfredo, que moriste de una pulmonía, imaginate, con el pueblo más cercano a cientos de kilómetros, y en aquel tiempo en el que una pulmonía era mortal y no había médicos o era mortal para los médicos, allegarse.

En Turín, vos habías cantado ópera, un papel menor en Mefistófeles, de Arrigo Boito, hizo que se hablara de vos como de un bajo con muchas perspectivas. Supe que escribías poesías, pero ninguna permaneció, la concavidad del pampero aventó aquellas hojas.

Aquí había que facere l'america y eso era poesía cruel, pero vos elegiste, y por lo tanto sepultaste tu lirismo y viniste a sepultar la reja y en las noches de invierno, con tus paisanos piamonteses -en aquellos campamentos de juntadores de maíz o en las tabernas de los pueblos- cantabas e la violeta la va la va, maledetto il capitano qui comandaba il regimento y a veces, partes del Mefistófele o tarareabas il va pensiero. Sé que a último momento llamaste a tu mamma, a la que nunca volverías a ver, mientras esta tierra te asestaba su inmensidad a los treinta y cinco años de edad.

Escuchame vecchietto (¿puedo llamarte así, cariñosamente?) hace poco, una prima visitó la región del Piamonte de donde vos y la abuela provenían, pero en el Condado de Carignano no halló a ningún pariente, aunque casi todos los vecinos tenían esa marca de fábrica que ostentaba aquella tu noble nariz, y dudo en cuanto a si no se escondían por miedo a que pudieran reclamarles parte de alguna herencia.

Ahora quiero decirte que no han sido en vano los genes que sembraste porque brotaron junto con los trigos y el semen indio-español-criollo. Que tu nieto luchó y sufrió para que nuestro país no cayese en la postración, quiero decirte que tu nieto dejó un reguero de sangre a continuación de la tuya, que se salvó milagrosamente y que espera que tampoco haya sido en vano, y que tengo dos hijas, tus biznietas, que no saben que vos exististe y se acuerdan poco de mí, y unos cuantos tataranietos tuyos que probablemente cosechen la siembra.

*Originalmente, esta carta fue datada en Viamonte, Córdoba, Argentina, el 28 de Enero de 1999.

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Cacerosoles bereberes

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La esplendencia
blástida
balanceó panoplias
cuando de sus ojos
cayeron
bastones de sol.

Y los archiduques
temblaron
balbuceando venenos
cuando las bombas
planificaron
las montañas
de Afganistán.

Así no recurrirá
la tómbola
a los bereberes bardos
pero cantarán baladas
macdonalizadas
y lasvegarán ruletas
magnetizadas
en las burkas
pisoteadas.

Hamburgerguizar
el tabule
hasta la última
thule

Pero también
la esplendencia
blástida
balanceó panoplias
y blancos palacetes
platearon maravillas
tintineantes
y rió la plata
ante tantos tímpanos
que tararearon
trompetas turbulentas
y rápidas ramas
rasgaron rayos
rotos
de trueno y gloria
marfiles secos
retazos viejos
de moco y champagne.

Y así fueron las cacerolas
piqueteando mares
globulosos
herrumbrando barrigas
rumiantes
rebotando
flemas arcaicas
y así fueron
soñando
sonando
piqueteando
pickles altivos
soles
caceroles
sol
cacerol
cacerosol.

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De camino con los apuntes de Peter Handke

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Barcelona, España. Desde el balcón de un apartamento observo el mundo, que aún vive. Me gusta percibir que el tiempo no es la trampa arrolladora que la maquinaria desarrollista nos vendió. Hoy dejo el ordenador en la mesa y el tic tac de las noticias en su sitio, que no es mi sitio.

Llega el correo. Me traen el nuevo libro, publicado en español, de Peter Handke. “Ayer, de camino” (2011); la amiga Valeria Ciompi, de Editorial Alianza, me lo envía. Hace algunos meses el siempre colaborador Eustaquio Barjau me dijo que estaba por salir este libro producto de su traducción. “Como hizo Goethe cuando emprendió su periplo italiano para alejarse de la cotidianeidad de Weimar, Peter Handke, en un período de su vida sin un lugar fijo de residencia, realizó una serie de viajes de los que el resultado es “Ayer, de camino”. Escrito quince años después a partir de las notas tomadas en el momento, Handke nos lleva por lugares variopintos de distintos continentes. Desde su Austria natal, camina por las sendas de Atenas, Estambul, El Cairo, Dubrovnik, Londres, Edimburgo, París, Ámsterdam, Anchorage, Tokio…Y, sobre todo, España la cual recorre en la más amplia dimensión de su geografía”.

La portada muestra a Handke, cuadernos y libros en mano, en marcha. A pie, reflexivo o ausente. Quién sabe. Detallo la contraportada, la primera línea me sacude la contradicción que me hace no hallarme en la sociedad global que habito: “Nunca fueron tan patentes el odio a todo lo grande, el menosprecio de lo bello, el rechazo de la literatura”: esto escribió Flaubert a Turgeniev en 1872…

705 páginas de apuntes que llegan para reforzar mi necesidad de ralentizar mi ubicación, mi existencia, mi punto. No leo libros de mil páginas que bien se hubiesen podido resumir en 50; tampoco leo el resumen de lo infinito; no corro distancias (ni cortas ni largas) con guiones fabricados para seducir a las masas. Pero sí leo (y corro) las distancias (y los caminos) que siembran autores como Peter Handke. Páginas, paseos, rutas. Son formas que me invitan a ser. Tomo la palabra (como llave) y entro al espacio que poco a poco (en el tiempo) construyo. Y utilizo los apuntes de “Ayer, de camino” como ladrillos. “Probablemente, desde el comienzo todos carecemos de corazón; yo, por lo menos, en mi trabajo busco mi corazón”. (Pág. 15). “Belleza es también estado de entrega”. (Pág. 15). Y salto, muy lentamente, de un abismo (página) a otra página (abismo). “Sé que todas las acciones cotidianas-la camarera lavando los vasos, el niño que lleva con cuidado los dos vasos de agua a la madre-, sé que son sagradas y, no obstante, puedo aprehender tan poco de estos procesos”. (Pág. 17). Más adelante surge la madre ausente (tan presente en la obra de Handke). “Aquella jaculatoria a mi madre muerta <<¡…tu hijo sigue andando todavía por el cielo! >> (Maribor 1981) vuelve una y otra vez como una ola clara”. (Pág. 26). Y me tropiezo, de nuevo, con el niño que nos dejamos robar. “Los niños en calidad de poetas: están aquí, ponen la mano en la lluvia y esto es su poema”. (Pág. 34). Cierro los ojos y contemplo la diaria batalla que no quiero enfrentar. Habría que levantar, entre todas las voluntades inconformes, un nuevo (o viejo) modelo de sociedad humanista. Es tan simple (y complejo) como sentir la idea de mundo que una vez tuvimos en la infancia.

“Ayer, de camino” se une a “El peso del mundo”, “Historia del lápiz”, “Fantasías de la repetición” y “Junto a la ventana de la roca, por la mañana”, un conjunto de libros que ha dejado Handke con anotaciones sobre su ruta literaria y mundana. Mi lectura salvaje me hace llegar de regreso a la página 17 de “Ayer, de camino” (un libro que convierte en poesía el recorrido callejero). “Ayer por la tarde, a última hora, junto a las salpicaduras del mar, en la tormenta, estaba colgada la bandera de la humanidad: la espuma que saltaba continuamente y que se disipaba en el aire volando hacia lo alto como fondo, delante de los que andaban tierra adentro con ánimo de tiempo libre, todos vestidos de azul, y además, sin cesar, justo como fondo de éstos, la suave bandera de espuma lanzándose a meterse en la tierra, luego cayendo lentamente formando ondas”.

Es temprano; se ha perdido demasiado tiempo participando en la desaforada (y ajena) carrera de la maquinaria desarrollista, pero aún es temprano. Adiós maquinista, hoy no compraré el tic tac de tu amargura. Me voy de viaje. Entre las 705 páginas de mi libro nuevo avanzo lento, muy lento (y hasta retrocedo). Soy tan lento como lo era cuando de niño simulaba ser lento para no terminar nunca mi sagrado juego infantil.

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La Universidad Católica olvidó Los Andes

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La Universidad Peruana tiene roles que cumplir en la aplicación y desarrollo de la reciente Ley 29785 del Derecho a la Consulta Previa a los Pueblos Indígenas u Originarios reconocidos. “Los Andes, por toda especie de razones - como sostuvo José de la Riva Agüero - tiene que ser la región principal del Perú.

“La inclusión social requiere de servicios públicos de calidad y de igualdad de oportunidades. Los ciudadanos necesitan acceso a la salud, a la educación, a una vivienda y a un trabajo digno, y a la seguridad social. Hablamos de una integración plena en el interior de la sociedad peruana”, ha declarado el Presidente del Perú Ollanta Humala, en el 66° Período de Sesiones de la ONU, institución a la que él considera alta tribuna del multilateralismo, la paz, la solidaridad y la cooperación”

Su gobierno “busca y demanda poner fin a siglos de pobreza y exclusión, a través de una democracia soberana, espacio donde la educación merece un lugar prioritario”.

Mientras ese discurso se difunde desde Nueva York, en Lima se asiste a un conflicto que afecta a la Pontificia Universidad Católica, donde, según un pronunciamiento firmado por numerosos ex alumnos, “se han formado destacadas personalidades intelectuales, que brillan en los más diversos campos y de las más variadas opciones políticas y posiciones ideológicas, gracias al clima de libertad, independencia, amplitud de criterio y pluralismo”.

Tales logros constituyen el principal argumento contra la campaña del Cardenal, de los sectores más conservadores políticos y mediáticos que tienen el propósito de apoderarse de esta Casa de Estudios, “de donde han salido desde conocidas figuras de izquierda hasta personeros de la derecha”.

Desde otras vertientes más serenas se plantea que ha llegado el momento para que la actual administración de la Pontificia Universidad rescate un terreno olvidado: el mundo rural, cuna donde nacen los eternos condenados de la tierra.

En este sentido son referentes válidos los de México, Brasil y Bolivia, donde las Universidades han desarrollado iniciativas reconocidas por los sectores populares y mantienen argumentos sólidos para mantener el apoyo financiero del Estado a fin de asegurar los fines sociales y superar la proliferación de universidades privadas y públicas de dudosa calificación.

En México, existen las primeras piedras de los cimientos de la Educación Rural Alternativa, dirigidas principalmente a prácticas agrícolas amigables con la naturaleza y con un manejo adecuado de los recursos naturales. Parte de estos esfuerzos provienen del proyecto de la Universidad Campesina, desde 2003, de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala; la Universidad Campesina del Sur (Unicam-Sur) con influencia en Guerrero y Morelos; y otras más recientes en Michoacán y Zacatecas.

BRASIL

El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil se diferencia por la importancia que le otorga a la educación y al respeto por la naturaleza. En un país de grandes latifundios, la primera actividad del MST es la instalación de la escuela. Desde 1984, ha construido más de mil 500 escuelas públicas en sus campamentos y asentamientos y atiende a miles de niños, trabajadores y familias rurales. Así surgió el proyecto de construcción de la Escuela Nacional Florestan Fernandes, en homenaje a un sociólogo brasileño comprometido con el cambio social.

Además, existen recursos nacionales e internacionales y de connotados músicos e intelectuales como José Saramago y Chico Buarque. En enero de 2005 se construyó la Escuela, cerca de Sao Paulo. Los cursos y talleres abordan temáticas como alfabetización, pedagogía de la tierra, planificación agropecuaria, cooperativismo, técnicas de cultivo y teoría política latinoamericana.

BOLIVIA

Por iniciativa del Arzobispado de La Paz, inmediatamente acogida por la Universidad Católica Boliviana "San Pablo", hace casi 25 años empezaron las Unidades Académicas Campesinas, creación e incorporación a la Universidad, que fue ratificada por su Junta Directiva en 1994, confirmada por la Conferencia Episcopal y regularizada por la UCB.

Las UAC forman parte del sistema académico de la Universidad, en concordancia con el Estatuto, sus Reglamentos y el Modelo Institucional. Funciona para jóvenes - varones y mujeres – indígenas, comunidades indígenas, familias y autoridades originarias, adolescentes indígenas en edad escolar de últimos cursos, universitarios indígenas. Muchos de los estudiantes son con familias establecidas, otros prácticamente en el abandono y solitarios.

Los docentes profesionales son indígenas, bilingües en su mayoría, comprometidos con su labor educativa y la cultura, a pesar de magros salarios. El personal administrativo es competente, eficiente y promotor de todas las actividades inherentes a las UACs. Esta Universidad cuenta con instituciones que colaboran en la sostenibilidad de los programas académicos, formación práctica y complementaria.

PERU

La Pontificia Universidad Católica del Perú cuenta con 10 facultades: Administración y Contabilidad, Arquitectura y Urbanismo, Arte, Ciencias e Ingeniería, Comunicaciones, Ciencias Sociales, Derecho, Educación, Gestión y Alta Dirección, Letras y Ciencias Humanas.

En efecto, la PUCP ostenta una plana docente de primer nivel y la infraestructura adecuada para brindar una formación de excelencia científica y comprometida con altos valores éticos.

Estudios de UNESCO-IESALC consignan datos importantes para considerar la urgencia de Universidad para el Sector Rural, contando con el nivel académico de la Universidad Católica, cuya propiedad es disputada ahora como una simple mercancía.

De la población total del Perú, estimada en 27’148,000 más de 4,328,000 son poblaciones indígenas: 309 mil de poblaciones amazónicas. Más de 4 millones, de poblaciones de la sierra.

La población indígena-campesina de sierra hablantes de variedades quechuas se encuentran mayoritariamente en el sur: Huancavelica, Ayacucho, Apurímac, Cusco, Arequipa, Puno, Moquegua. Y en el centro y norte: Ancash, Huánuco, Pasco, Norte de Junín y Sierra de Lima. Las variedades de quechuas minoritarias están en Jauja-Huanca (Junín), Lambayeque, Cajamarca, Chachapoyas, La Libertad, Sierra de Ica: Total quechua: 3’547,996. Hablantes de aimara 471,201: Puno, Moquegua y Tacna.

En el Perú solo el 20% de la población de 15 a 29 años ha logrado alcanzar algún año del nivel universitario o no universitario. En el área rural, llega 6,7% y en mayor proporción hombres: 6,8%. Mujeres, menos del 1%.

La población estudiantil de origen andino es convocada por las universidades del Centro de Huancayo, San Cristóbal de Huamanga, Enrique Guzmán y Valle La Cantuta. Posibilitan el ingreso de los estudiantes indígenas con la de exoneración de examen, acogiéndose a convenios especiales.

Las universidades nacionales de la Amazonía Peruana, Agraria de la Selva-Tingo María, Mayor de San Marcos y Enrique Guzmán y Valle de Huancavelica y del Altiplano de Puno, convocan a poblaciones indígenas amazónicas.

En suma, es indispensable replantear el tema de gratuidad Educativa, evaluando la situación de los sectores más marginados, para que accedan a un sistema de educación de calidad. La Pontificia Universidad Católica del Perú tiene la gran oportunidad de ampliar sus horizontes.

“La sierra, asiento de la gran mayoría de los habitantes, cuna de la nacionalidad, columna vertebral de su vida, tronco del cual parten las dos cuencas de tierras cálidas, tiene que ser, por toda especie de razones, la región principal del Perú”, reiteró José de la Riva Agüero, cuyos bienes fueron donados a la Universidad Católica, hoy en disputa.

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La física de Epicuro

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Epicuro (341-270 a. d. n. e) escribió numerosos libros. Según el epicúreo* Diógenes Laercio en su obra Vida y opiniones de filósofos (entre 225 y 250 d. n. e), fueron 300. Muchos de ellos sobre diversos aspectos físicos, como Acerca de los átomos y el vacío, Sobre la Visión, Sobre los simulacros, Epítome de las teorías contra los físicos, Del ángulo del átomo, y 37 libros reunidos bajo el nombre Peri Physeos (Acerca de la naturaleza), obra en la que trabajó por unos 15 años. En contra de la opinión de Hegel, quien se alegrara de que todas sus obras hubiesen desaparecido, esta lamentable pérdida ha constituido un atraso incalculable para la historia de la filosofía y en especial para el vivir de todos los hombres. Sólo se cuenta con el Testamento, minúsculos fragmentos de obras y cartas perdidas, 40 pequeñas máximas llamadas Máximas Capitales, 81 pequeñas exhortaciones denominadas Gnomologio Vaticano y, afortunadamente conservadas por Diógenes Laercio, tres cartas completas: a Heródoto, a Pitocles y a Meneceo. La primera, la más famosa y divulgada, es un resumen de su pensamiento respecto de la teoría del conocimiento, del método científico y de su concepción del mundo o Física. En la carta a Pitocles, además de informaciones adicionales sobre metodología, expone principalmente su cosmología. Y en la de Meneceo, su ética.

Su ética se centra en lograr la felicidad en este mundo, pues hay otro, con base en despojarse del temor a los dioses y a la muerte –aclarando que el alma, por ser material, también muere con el cuerpo- y en el disfrute de una vida sana lejos de las fuentes de poder. Se fundamenta en la práctica de la autonomía y tiene como máximo fruto la autarquía. Tal concepción fue distorsionada tanto en vida de Epicuro como después de la desaparición del mundo pagano grecolatino, y mucho más con la cristianización de Occidente. Se la acusó de promover la vida disoluta dedicada a placeres indisciplinados e innecesarios y se la hizo sinónima de libertinaje, cuando es todo lo contrario. Esta calumnia cubrió de mala fama toda la filosofía de Epicuro y durante muchos siglos impidió un acercamiento a ella sin prejuicios. También dificultó sopesar la importancia de su física, la cual permaneció relegada al olvido y, para algunos que tuvieron noticia parcial de ella como Descartes (1596-1650) y Leibniz (1646-1716), sólo merecía desprecio burlón.

Fue el sacerdote católico Pierre Gassendi (1592-1655), adversario declarado de las teorías cartesianas, quien en la época moderna se da cuenta de su importancia. Revive su teoría acerca de los átomos (cuerpos simples) como generadores de los cuerpos compuestos y por ende como creadores del mundo físico, y rechaza el plenismo material (es decir, en sentido corporal) de Descartes. Ello le servirá a Newton (1642-1727) como uno de los dos pilares (atomística y matemática) de su gran revolución científica. Sin embargo, tanto Gassendi como Newton y mucho más Descartes y Leibniz, acérrimos opositores estos dos últimos a la existencia de los átomos y del vacío, todos ellos confundieron las concepciones de Leucipo, Demócrito y Epicuro, al considerarlas idénticas.

Marx (1818-1883), en su tesis doctoral Diferencia entre la filosofía natural democritea y la epicúrea , rescata la teoría atomística griega y es el primero en resaltar la importancia de la principal característica de los átomos de Epicuro, cual es su capacidad de presentar ligeras desviaciones azarosas y autónomas durante su eterno desplazamiento a través del espacio.

Ciertamente, la física de Epicuro se origina en la de Demócrito, así como la de éste en la de Leucipo, y tiene muchos puntos en común con ellas, pero las reúne, las sistematiza y las supera. Cerca de 180 años después, el romano Lucrecio (ca. 96-55 a. d. n. e.) hace la más brillante síntesis de ella en su único libro De rerum natura, obra maestra de la literatura latina y el más grande poema filosófico de todas las épocas .

El todo –el universo- es infinito. Consta de cuerpos y de espacio vacío. Espacio vacío significa vacío de cuerpos, pero no es la nada porque ésta no existe y por tanto el vacío no se encuentra por fuera del universo sino que forma parte de él. En el espacio los cuerpos se mueven por sí mismos y permanentemente, sin origen y sin fin, y sin ningún primer motor; esto es, con automovimiento ingenerado e indestructible, que jamás se origina en el reposo ni concluye en él. Sólo hay dos sustancias, cuerpos y vacío (no es posible una tercera), y existen por sí mismas. El vacío no es reconocible por los sentidos; puede estar ocupado por cuerpos o corresponder a los espacios entre ellos, sean simples o compuestos. Donde quiera se encuentre el espacio vacío, no hay cuerpos; y donde éstos se encuentren, no hay espacio hueco. Por tanto, el universo no es ni del todo lleno de cuerpos ni tampoco vacío del todo. Pero el vacío por sí mismo no puede realizar ni sufrir nada sino tan sólo ser ocupado por los cuerpos en constante movimiento. Estas dos sustancias (cuerpos y vacío) constituyen el universo, que es infinito, se insiste, y nada hay “por fuera de él” pues no es posible que haya un afuera. Por consiguiente, el espacio (el vacío) no puede expandirse porque no hay para adonde; no es el espacio el que se mueve sino los cuerpos, que lo hacen en él sin detenerse porque el universo no tiene límites.

Los cuerpos son simples y compuestos. Éstos se originan a partir de aquéllos y son transitorios, no eternos como los primeros; sus cualidades son propias de su composición, no existen antes ni después de ellos; es decir, emergen en su generación sin que estén contenidas en los cuerpos de menor complejidad. Todas estas cualidades, incluyendo el tiempo, que es un “accidente de accidentes” y no tiene identidad ni entidad propias, no existen per se, no son independientes de los cuerpos mismos. “Sólo son predicables de la entera naturaleza del cuerpo.” Los cuerpos compuestos son divisibles hasta llegar a los cuerpos simples, los cuales son atómicos, es decir, indivisibles. Es imposible la división al infinito de ellos porque entonces se disolverían en la nada (la cual no es el vacío y no es una tercera sustancia y por consiguiente no existe). Si así ocurriese, los cuerpos se aniquilarían y el universo no existiría (ya que el proceso de corrupción y disolución es mucho más veloz que el de generación), y en tal caso ya no existiría ninguno ni ninguno se generaría, lo que no puede suceder, puesto que de la nada nada se crea. En términos de Parménides: “nada se origina de lo no existente, ni nada se destruye en el no ser.” *, **

Por tanto, los cuerpos simples son materiales, eternos, inmutables e indestructibles.y todo cuando haya existido, existe o existirá, incluyendo el alma y los dioses, está compuesto de ellos. Todos tienen forma, tamaño, peso y movimiento, y estas cualidades son permanentes. Sus formas y tamaños son limitados y, como son extensos, contienen partes mínimas inseparables: los minima subatómicos. Estos se encuentran en número limitado dentro de cada cuerpo simple y son todos homogéneos y del mismo tamaño, a diferencia de los cuerpos simples; no son divisibles, pues si tuvieran espacios vacíos podrían ser destruidos. Los cuerpos simples carecen de las demás cualidades de los cuerpos compuestos, las cuales aparecen de novo (emergencia) según la constitución particular de cada uno; todas ellas cambian cuando se modifican las agrupaciones de los cuerpos simples que constituyen un determinado cuerpo compuesto.

Los átomos de Demócrito, en cambio, presentan las siguientes características:
1) Tienen formas y tamaños infinitos. Pero esto no es posible, ya que entonces muchos serían visibles y en cambio todos son invisibles, no perceptibles cuando no están agrupados o cuando se agrupan en algunos cuerpos compuestos también imperceptibles.
2) Su movimiento es lineal o por repulsión o rebote. En este punto, Epicuro hace un aporte original: el movimiento por desviación espontánea de la línea recta o clinamen. Sin clinamen, los cuerpos simples seguirían recorridos paralelos, aunque vibratorios, y sería imposible tanto el encuentro entre dos o más como la formación de todos los cuerpos compuestos.

3) Como el desplazamiento es paralelo, su trayectoria es determinada, determinista y finalista. En consecuencia los átomos están determinados en el espacio y éste pasa entonces a ser prioritario respecto de aquellos; en otras palabras, quedan supeditados a algo exterior a ellos mismos. Esta tesis es propuesta de nuevo en teorías científicas modernas, en las cuales el espacio se expande y arrastra o lleva los cuerpos consigo; es decir, el movimiento prioritario no sería el de ellos sino el del espacio y sería relativo al de éste. En tal caso, el tiempo estaría por fuera de los cuerpos y no sería propiedad de relación de movimiento entre ellos, sino independiente. En cambio, con el clinamen, que es una desviación espontánea, es decir, debida al azar, los cuerpos, en especial los simples, no dependen de nada externo a ellos y poseen AUTONOMÍA y AUTARQUÍA. No son objetos ni sujetos de un supuesto “algo más”, sino sujetos de sí mismos.

En Epicuro el mundo comprende los astros, la tierra y todos los fenómenos celestes. La formación de un mundo ocurre por confluencia de algunos cuerpos simples, a partir de un solo mundo o de varios o de un intermundo; se unen poco a poco e incorporan otros en número limitado. Son posibles muchos mundos, pero su número es indeterminado.

Tanto la concepción atómica de Epicuro aquí esbozada como toda su cosmología y su ética, derivada de aquéllas, corresponden a una compenetración racional con la naturaleza. Originan y a su vez son producto de un método de estudio que rescata aportes anteriores: la inducción, la deducción, la hipótesis y ante todo la analogía. Pero también introduce innovaciones revolucionarias en la manera de pensar: la investigación de la naturaleza no debe realizarse según axiomas y legislaciones vanas sino de acuerdo con los hechos; debe recurrir a explicaciones verosímiles y ante todo evitar la explicación única; puede haber, con base en el criterio de posibilidad, diferentes explicaciones (aunque sean contradictorias), causas múltiples y variadas (las causas pueden ser efectos y los efectos causas, incluso de sí mismos) y no únicas ni lineales; todo esto siempre y cuando sea acorde con la experiencia. De esta manera, y sustentado en la espontaneidad y en el azar atómicos, Epicuro sostiene un rechazo radical del determinismo, de supuestas causas extranaturales y de las causas finales.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Cappelleti Angel J: Lucrecio: La filosofía como liberación. Monte Avila, Caracas, 1987.
Cicerón: Sobre la naturaleza de los dioses. Aguilar, Buenos Aires, Trad. Francisco de P.
Samaranch, 1970, 1982.
Diógenes Laercio: Vidas de filósofos ilustres. Iberia, Barcelona, 1986, trad. José Ortíz y Sainz, 1787.
Epicuro: Tres cartas. Trad. José Ortiz y Sainz. En: Lucrecio: De rerum natura (De la naturaleza de las
cosas), Espasa-Calpe, Madrid, 1946, 1969, p. 289-320.
Epicuro: Obras. Tecnos, Madrid, Trad. Monserrat Jufresa, 1991, 1994.
Farrington Benjamin: La rebelión de Epicuro. 1967, Cultura Popular, Barcelona, Trad. José Cano Vásquez, 1968.
García Gual Carlos: Epicuro. Alianza, Madrid, 1981.
Lledó Emilio: El epicureismo. Montesinos, Barcelona, 1984, 1987.
Lucrecio: De rerum natura (De la naturaleza). Planeta, Barcelona, Trad. Eduard Valentí Fiol, 1987.
Lucrecio: De rerum natura (De la naturaleza de las cosas). Trad. José Marchena («El abate Marchena»)
y Ruiz de Cueto, 1857. Espasa-Calpe, Madrid, 1946, 1969.
Marx Karl: Escritos sobre Epicuro (1839-1841). Crítica, Barcelona, Trad. Miguel Candel, 1988.
Mieli Aldo: Prefacio: El poema de Tito Lucrecio Caro: origen, naturaleza y fortuna de su doctrina,
1945. En: Lucrecio: De rerum natura (De la naturaleza de las cosas). Trad. José Marchena y
Ruiz de Cueto 1857, Espasa-Calpe, Madrid, 1946, 1969, p. 11-30.
Mosterín Jesús: Epíkuros. En: Mosterín Jesús: Historia de la filosofía. Alianza, Madrid, 1985, Tomo 5, p.
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Quevedo Francisco de: Defensa de Epicuro contra la opinión común. 1635. Tecnos, Madrid, 1986.
Ruiz-Werner Juan Martín: Estudio preliminar a: Leucipo y Demócrito: Fragmentos, Aguilar, Buenos
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Samaranch Francisco de P: Prólogo a: Cicerón: Sobre la naturaleza de los dioses, Aguilar, Buenos
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Serres Michel: El nacimiento de la física en el texto de Lucrecio, 1977, Pre-textos, Valencia (España),
Trad. José Luis Pardo Torio, 1994.

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Las neurociencias y el poder

Jorge Luis Muñoz (Desde Xochimilco, México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El estudio de las neurociencias puede ser interesante por el solo, pero resulta sobradamente interesante cuando nos da pistas sobre la dominación, especialmente cuando la dominación se ejerce casi de forma exclusiva sobre los de siempre. Pudiera ser que sabiendo cómo se ejerce el dominio a nivel neural, se nos ocurriesen formas de sacudírnosla. Ese es el propósito de este artículo.

¿No acaso resulta esotérico que teniendo la izquierda una larga historia de esterilidad mediante marchas, mítines y protestas insista en ellas? ¿No era claro que el electorerismo era vía de control del sistema, y sin embargo la izquierda se inscribió en él sin más, sin un plan alternativo que abonara terrenos distintos a los del sistema? ¿No es claro que la guerrilla es válvula de escape para el sistema absorbiendo a los más acelerados? ¿Qué ocurre en nuestro cerebro para aceptar tales aberraciones? Preguntas como esas son las que hacen interesante el estudio de las neurociencias.

Al parecer actuamos a partir de ciertos estados cerebrales que inducen otros tantos estados mentales que son los que guían nuestra conducta, pensamiento, intuiciones y meditaciones. Dichos estados cerebrales son continuamente alimentados con diversos estímulos mediante los media, la escuela y el empleo, reforzados mediante instancias como la ley, la medicina pública y otros aparatos públicos y privados. Tal estimulación se orienta a exacerbar instintos básicos expresados en el consumo y el deseo de consumo, el sexo y la sensiblería, todo ello ubicado en los cerebros reptiliano y el mamífero, relegando al mínimo la actuación del cerebro humano (el cortex). Veamos una breve introducción a cómo ocurre esto.

Un estado cerebral ocurre cuando se activan ciertos núcleos neurales y establecen cierto tipo de relación en los mismos núcleos o con otros núcleos y partes del cerebro, predominando un cierto núcleo. A la activación neural que produce cierto estado cerebral, le sigue un estado mental que ocurre debido a rizos y retroalimentaciones que van más allá de la activación que da origen a un estado cerebral.

Un estado cerebral depende de las áreas cerebrales activadas, de cómo estas se relacionan y de cual o cuales son las áreas dominantes. Esto implica que poseemos múltiples estados cerebrales que se corresponden con otros tantos estados mentales. Los estados cerebrales pueden estar presentes solos o combinados. Un estado orgiástico como el que describe Bataille en “La historia del ojo” puede aparecer solo o salpicado a momentos por algunos otros estados como el de embriaguez, pensamiento, etc.

En general los estados cerebrales pueden ser automáticos o autopoiéticos, inducidos y autocontrolados. Son automáticos cuando responden a procesos o requerimientos naturales de equilibrio del cuerpo, como el sueño, la vigilia, etc. Son inducidos cuando responden a acciones humanas deliberadas, directas o indirectas, por ejemplo el deseo de consumo irrefrenable en un estado enajenado de la realidad que se vive o el deseo de poder que ocurre en presencia de un estado cerebral reptiliano en el que domina el cerebro de dinosaurio. Son autocontrolados cuando el individuo ejerce cierto control sobre ellos, por ejemplo el control del orgasmo en un estado orgiástico, el manejo de la intuición en un estado intuitivo o el control de la ira en un estado alterado.

Todo estado cerebral se activa mediante estímulos. Un estímulo es todo aquello que es capaz de provocar una corrida neural, sea esta simple, trascendente, explícita o implícita. Es simple cuando se limita a la percepción sensible; es trascendente cuando induce algún estado cerebral y por tanto mental. Es explícita cuando da con la conciencia e implícita cuando impacta en estados cerebrales como el de la intuición o la experiencia interior. Un estímulo puede ser interoceptivo, propioceptivo, exteroceptivo o mental. Los tres primeros se corresponden con las sensaciones del mismo nombre, mientras que el cuarto estímulo se corresponde con el a priori kantiano, que no es otra cosa que la estimulación producto de la actividad neural, ocurrida en el cerebro mismo.

La importancia de los estados cerebrales y mentales es la permanencia del individuo en ellos, normando conductas y actitudes. Destacan algunos estados mentales por su importancia para el desarrollo de la vida, tales como el pensamiento, la intuición y la experiencia interior que, por su permanencia continua, son los estados cerebrales y mentales básicos. Otros estados como el orgiástico son eventuales o inducidos por lo que su presencia no es permanente. Estados como el pensamiento, la intuición y la experiencia interior son los garantes de la vida y su despliegue, por lo que se ejercen de continuo con una mayor o menor interacción.

Se puede vivir bajo un estado cerebral medroso, típico de las clases medias, en el que se destaca la actividad de la amígdala; de sobrevivencia (típico de las clases proletarias y campesinas, cuyo plan de vida llega a ser la mera sobrevivencia), dominado por el cerebro reptiliano, o de resentimiento (estado típico de la izquierda), dominado por el cerebro del mamífero y el reptiliano, etc. en todos esos casos, se interactúa con los estados cerebrales básicos como son el pensamiento, la intuición o la experiencia interior, destacando el estado cerebral inducido, mientras que los básicos permanecen en un bajo perfil. De esa manera la inteligencia permanece corta y la intuición y la experiencia interiorno rebasan la capacidad de la de una mascota.

Se adivina que la estrategia de la dominación es simple: Mantener a la gente alejada de los estados cerebrales y mentales básicos, reduciendo su actividad al mínimo e induciendo una serie de estados cerebrales simples como el miedo, la ansiedad, el estrés, el consumismo, la penuria, el resentimiento, etc. Parte de la estrategia es permitir el desarrollo de algún estado básico, pero no de los tres. De esa manera se alienta al científico, al especialista (prototipos del sabio bruto) y a la izquierda leal (que utilizan profusamente al pensamiento en detrimento de la intuición y la meditación). Se estimula la meditación aristocrática, sin sus correlatos inteligente e intuitivo. O bien se alienta el ejercicio de la intuición (por demás, irrefrenable) sin el desarrollo del pensamiento o la meditación.

Comúnmente se identifica como pensamiento a cualquier actividad mental, sin embargo conviene distinguir cada actividad, tal y como se distingue al sueño del pensamiento. El pensamiento se distingue por su capacidad de hacer juegos de significaciones más o menos lineales o más o menos arbóreos pero siempre más o menos simples. Pueden llegar a ser complicados (como los sistemas filosóficos) pero nunca complejos (en donde intervienen elementos de distinta naturaleza). El pensamiento se distingue por su capacidad para detectar patrones, por su aspiración determinista y por el uso profuso de la conciencia, que al decir de los neurocientíficos (Ramachandran, Freeman y otros) es una combinación de atención y memoria. Así pues, el pequeño truco de la dominación consiste en mantener la atención ocupada mediante estímulos que impactan directamente las partes del cerebro más primitivas, eludiendo hasta donde es posible la intervención del cortex, de esa suerte se inducen estados cerebrales que dominan la acción del individuo y que sirven e tamiz para el resto de los estados cerebrales incluidos los básicos.

Distinta del pensamiento es la intuición, la cual se distingue por su capacidad de proceso subyacente (fuera de la conciencia) de la actividad neural, lo que resulta altamente conveniente cuando se está en presencia de procesos complejos. La intuición se manifiesta mediante el salto a la conciencia (y por tanto al pensamiento) y por el afloramiento de emociones. Saber manjar la intuición potencia ampliamente al pensamiento. De hecho, intuición y pensamiento trabajan muy estrechamente retroalimentándose. Aquí el truco del poder es mantener en la sombra a la intuición para que el individuo no perciba situaciones complejas y las posibles maneras de enfrentarlas.

Por otra parte está la experiencia interior o meditación, la cual se manifiesta en la experiencia vívida y de esa experiencia es que se alimenta. Se manifiesta en la conciencia cuando se está en un estado de meditación, pero fuera de ese estado dicha percepción consciente desaparece, si bien de múltiples manera se integra a la experiencia de la vida. El desarrollo de la experiencia interior permite la ubicación del individuo en su experiencia total y por tanto guía sus posibilidades reales. El truco del poder consiste en aristocratizar la meditación, reduciéndola a un evento de orden cultural (ejercicios yoguísticos) y alejándola del desarrollo del pensamiento y de la intuición (o sea eliminando la crítica, que es una de las formas de cultivo de todo estado cerebral).

Si bien la cultura provee de los estados cerebrales y mentales indispensables para la hominización del hombre, la crítica de la cultura posibilita el desarrollo del pensamiento, la intuición y la meditación y por tanto la superación de la cultura y el acceso a estrados de hominización más acordes con las realidades que se viven. La acción del poder desde hace miles de años consiste en modular el desarrollo de los procesos de hominización, facilitando la dominación del hombre. El control de los procesos cerebrales ahorra a los poderosos el uso de aparatos represivos y educativos y los exime, como se ve actualmente, de desarrollar medios de vida, pese a que ellos mismos no superan sus capacidades elementales de primate.

En la actualidad salvo por las propias contradicciones del capitalismo, es difícil imaginar contrapesos para los medios de dominación de los poderes establecidos. En realidad no hay muchos caminos para tales efectos. Uno de ellos podría ser la construcción de unidades autónomas capaces de construir poderes autosustentables que, una vez federados y confederados logren establecer un poder capaz de contrapesar a los poderes capitalistas dominantes.

Una unidad autónoma autosustentable puede estimular un estado cerebral reptilianoconveniente para la gente, garantizando la sobrevivencia mediante el empleo generado en la comunidad misma. Así mismo al facilitar la vida social puede, por ejemplo, crear estadoscerebrales emotivos (que son propios del cerebro del mamífero) convenientes para el colectivo. De forma similar al abrir la posibilidad de participación trascendente en el colectivo, se abren posibilidades de desarrollo para el cerebro humano (el cortex). De esas formas se puede contrarrestar la influencia de los media, en tanto que la acción comunitaria tendría la ventaja de ser una influencia directa, dejando a los media en la influencia indirecta. Además, al ser la relación humana directa más rica, contrapesa al entretenimiento capitalista que se desgasta rápidamente. De forma similar, el sentido de la vida comunitario se vive en directo, se ejerce a diario, deja de ser simbólico como en el capitalismo.

Las unidades autónomas autosustentables por su propia estructura son capaces de generar estímulos activadores de estados cerebrales y mentales convenientes para la gente y, por esa vía, construir posibilidades de vida ajenas al consumismo, el resentimiento, la ansiedad, etc. Sabemos que eso es así por la riqueza que encierra la interacción humana, misma que solo demerita cuando las sociedades y los pueblos se encierran en ellos mismos.

Movimientos como la guerrilla o la espera de oportunidades para el asalto del sistema, como el que practicaron los bolcheviques, están ya perfectamente anulados por el capitalismo y tan solo queda esperar que se cumpla la sentencia marxista de que el sistema sucumba a sus propias contradicciones o intentar construir nuestros propios mundos dejando a su suerte al capitalismo.

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Los intelectuales que flotan

Juan Alonso (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Dicen ser de izquierda
viven cómodos en la ribera del río imperial repleto de bienes
donde les brotan como lenguas las habilidades para confundir todo
y dejar como única sensación la duda paralizante a los pies del sistema
Soplan argumentos livianos como luces barrocas
mientras agujerean los hechos verdaderos hasta que floten en todas direcciones

De pie sobre sus escritorios difunden por los medios comerciales
una retórica dulce, pura, blanda, reflexiva, culta
ocultamente servil

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Una feria del libro del tercer mundo en Córdoba

Norma Ferreira (Desde Córdoba, Argentina. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Una nueva edición de la Feria del Libro de Córdoba (Argentina) acaba de pasar. Y aunque el lema era “El Libro en la era digital”, la periodista ciudadana señala que no había WiFi en la plaza ni libros electrónicos en la feria.

Pensando en épocas en que nos regocijábamos los cordobeses cuando nos llamaban “LA DOCTA” y apelando a mi espíritu crítico, que sólo pretende el crecimiento cultural que merecemos los cordobeses, es que quiero señalar las falencias que advertí en la Feria de este año, a la que concurrí muy esperanzada como escritora de Córdoba, destacada en el exterior, para exponer mis obras.

Sin dudas, esperaba encontrar en este evento lo que no había hallado en años anteriores, en los que tampoco pude participar, por cometer el pecado de ser una escritora actualizada del siglo XXI y no contar con la infraestructura que se requiere para exponer y vender sus e-book o libros electrónicos, que existen desde el año 1961 en EEUU y en los países denominados del primer mundo.

Desde mi adolescencia hasta hoy, he escrito y publicado 38 libros en ambos sistemas, o sea en papel y en e-books, que han hecho una revolución a nivel mundial y que este año ha irrumpido en todas los eventos editoriales realizados en Brasil y también en Buenos Aires, donde se expusieron las tablets y los lectores de libros electrónicos, tanto a niños como a adultos, quienes pudieron ver y practicar en los stand dispuestos para ese fin.

Tal vez por eso, el lema que tenía esta Feria del Libro en Córdoba era EL LIBRO EN LA ERA DIGITAL. Y por supuesto, tomé mi netbook y mi tablet y concurrí a ella y me ubiqué en un stand perteneciente a las sociedades civiles a la que estoy asociada. Pero no bien llegué, la amarga sorpresa de que no había Internet en las carpas pertenecientes a la Feria ni en la Plaza San Martín, a pesar de que había oído en una emisora radial que el gobernador Schiaretti, había inaugurado allí la instalación de Wifi. Totalmente falso, queridos vecinos. Internet brillaba por su ausencia en la Feria del 2011, salvo por el sistema portátil y móvil que algunas librerías llevaban en sus computadoras.

Todo fue una decepción. El libro en la era digital, seguía siendo para los cordobeses el libro del siglo XVIII, porque no vimos ni libros electrónicos en esas carpas y mucho menos lectores de ellos. Una verdadera pena. Un atraso imperdonable. Realmente me sentí discriminada en mi propia ciudad natal.

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Música: Mercedes Sosa

CMTV

"La Negra" Haidée Mercedes Sosa nació en San Miguel de Tucumán, Argentina, el 9 de Julio de 1935; curiosa jugada del destino: un par de semanas antes de su llegada a la vida, Argentina había perdido en Colombia a su más grande cantor de tangos: Carlos Gardel.

En la adolescencia llegó a ser profesora de danzas nativas; también cantaba. En Octubre de 1950, oculta bajo el seudónimo de Gladys Osorio, participó de un concurso radial y ganó un contrato por dos meses de actuación en la emisora LV12 de Tucumán. Radicada en Mendoza, debutó discográficamente con un trabajo independiente: "Canciones con fundamento". Poco después consiguió cantar por primera vez en el Festival de Cosquín, gracias a la generosidad del ya entonces famoso cantor Jorge Cafrune. En ese mismo año, 1965, grabó con una juvenil voz el único tema de la obra conceptual "Romance de la muerte de Juan Lavalle" de Ernesto Sábato y Eduardo Falú.

En 1966 dio a conocer "Yo no canto por cantar", el álbum con el que inició su vinculación con la empresa Polygram - actualmente Universal-. En 1967, cuando ya iba por el tercer disco -el segundo fue "Hermano", su sucesor, "Para cantarle a mi gente", comenzó a viajar por el mundo. Cantó en Miami, Lisboa, Roma, Varsovia, Leningrado, Kislovo, Sochi, Gagri, Bakú y Tifilis. En esa gira conoció a Ariel Ramírez, el compositor de "Misa Criolla", quien le propuso que fuera la voz de su obra "Mujeres Argentinas", y ella aceptó. Este disco lo grabó en 1969, poco después de que se conociera su álbum "Con sabor a Mercedes Sosa".

Por entonces era común que fuera censurada en la radios oficiales debido a la reforma radical que imponía por medio de sus canciones frente a la represión social que se vivía en ese momento en la República Argentina.

En 1970 participó en el filme "El Santo de la Espada", de Leopaldo Torre Nilsson, sobre la vida del General José de San Martín, Padre de la Patria de los Argentinos, y dio a conocer otros discos importantes en su carrera, "El grito de la tierra" y "Navidad con Mercedes Sosa". Al año siguiente lanzó "La voz de Mercedes Sosa" y "Homenaje a Violeta Parra". En esa misma temporada volvió al cine en el papel de Juana Azurduy en el film "Güemes" (La tierra en armas).

En 1972, cuando su arte sufría el constante jaqueo de la censura impuesta por el gobierno militar, se publicó "Hasta la Victoria", un disco cargado de contenido social y político. También en ese año le puso voz a la "Cantata Sudamericana". "Mercedes Sosa" y "Traigo un pueblo en mi voz" aparecieron en 1973, año del convulsionado regreso a la democracia.

En 1976, cuando los militares ya habían dado otra vez el golpe de Estado, se publicó "Mercedes Sosa".

En 1979 se publicó "Serenata para la tierra de uno"; en medio de la violencia seguía cantándole a la vida. Pero el hostigamiento fue insoportable. Luego de ser detenida durante un concierto en la ciudad de La Plata, junto a 350 espectadores, debió exiliarse. Primero vivió en París y al año siguiente, en 1980, se instaló en Madrid. Mercedes pudo desarrollar, en sus años de exilio, una intensa actividad artística internacional.

El 18 de Febrero de 1982 pudo volver a cantar ante el público argentino en el teatro Ópera de Buenos Aires acompañada por los más destacados músicos locales como León Gieco y Charly García. La democracia volvió a Argentina cuando el álbum doble de "Mercedes Sosa en Argentina" fue grabado en vivo durante los conciertos de su retorno, el mayor suceso de ventas del mercado local. Ese éxito quedó demostrado en el estadio de fútbol de Ferrocarril Oeste para un par de conciertos. Durante ese espectáculo se filmaron imágenes para el largometraje documental "Como un pájaro libre", que le fue dedicado.

Después de publicar los álbumes "Como un pájaro libre" y "Mercedes Sosa", y ya reinstalada en su casa de Buenos Aires, cantó en el Lincoln Center y el Carnigie Hall Norteamérica, en el Mogador francés y también en numerosos escenarios argentinos.

En 1984 lanzó ¿"Será posible el sur?", otra obra antológica, y poco antes de la Navidad protagonizó el espectáculo "Corazón Americano". En la siguiente temporada sumó dos títulos importantes en su discografía. Por un lado volvió a dar un significativo apoyo a los compositores de su país con "Vengo a ofrecer mi corazón", en el que registró el tema "Razón de vivir" y "Madre de madres", "Entre a mi pago sin golpear" y "Canción para Carito".

En 1986 realizó una extensa gira por Alemania y Europa Central y cantó en los Estados Unidos, y además celebró 25 recitales en Brasil. En medio de aquellas giras, se editó "Mercedes Sosa ‘86" y "Mercedes Sosa ‘87".

En el ´88 lanzó "Amigos Míos", un disco compilado. En ese mismo año incursionó como productora, organizando el memorable espectáculo "Sin Fronteras". En 1989 recibió la medalla de la Orden del Comendador de las Artes y las Letras, otorgado por el Ministerio de Cultura de la República Francesa.

En 1990 apareció "Mercedes Sosa en vivo en Europa", y siguió viajando. Poco después dio a conocer "De mí", un álbum con registros en vivo. El 1 de Abril de 1992 en el Salón Dorado del Consejo Deliberante porteño fue declarada Ciudadana Ilustre de Buenos Aires. Fue declarada Visita ilustre de Texas y de Houston, por el gobernador del estado y por el alcalde de la ciudad. A comienzos de 1993 cruzó nuevamente Los Andes para participar en el festival Internacional de Viña del Mar. En Noviembre se publicó la compilación "Mercedes Sosa 30 años" que volvió a posicionarla en los primeros puestos. El suceso lo repitió con su siguiente álbum, "Gestos de Amor", que apareció en 1994, y llegó a ser Disco de Platino. Luego cantó en representación de América en el segundo concierto de Navidad realizado en la Sala Nervi del Vaticano.

En 1996 hizo la presentación en Buenos Aires de "Escondido en mi País".

No terminó bien el año. En la primavera sufrió un agravamiento de dolencias en su físico. Por eso con un cuadro de depresión enmascarada, pasó cinco meses en cama, con una deshidratación que la hizo perder más de 30 kilos. Estuvo al borde de la muerte. Luego de medio año de sufrimiento, volvió a cantar en un disco notable, titulado significativamente "Al despertar". Ese trabajo mereció el Premio Gardel de la crítica especializada de Argentina como el disco del año, durante una ceremonia en la que también fue distinguida como la Mejor Artista de folklore de la temporada. Además de las distinciones ya mencionadas ha sido declarada Ciudadana ilustre de Tucumán, ha recibido la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania, la Medalla al Mérito Cultural del Ecuador, la Placa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú en reconocimiento a sus 30 años de difusión del canto latinoamericano, el Premio ACE 1993 por su disco Sino, y el Martín Fierro 1994 al mejor show musical en televisión.

También se ha hecho acreedora del Gran Premio CAMU-UNESCO 1995, otorgado por el Consejo Argentino de la Música y por la Secretaria Regional para América Latina y el Caribe, del Consejo Internacional de la Música de la UNESCO; del Premio de la UNIFEM, organismo de las Naciones Unidas, que la distinguió poco antes de una actuación en el Lincoln Center de Nueva York por su labor en defensa de los derechos de la mujer, del Konex de Platino 1995 a la Mejor Cantante Femenina de Folklore y del Konex de Brillante a la Mejor Artista Popular de la Década.

Además, ha recibido el halago de ser incluida por la Conferencia de la Mujer, de la Secretaria General de la Naciones Unidas en la colección discográfica "Global Divas".

A poco de fin de milenio, totalmente recuperada de su enfermedad, sigue en actividad. En 1999 ha retomado a las intensas giras internacionales. Alternando con multitudinarias actuaciones en la Argentina, ha cantado en México, Guatemala, El Salvador y otros países centroamericanos. En Julio acompañó a Charly García en un concierto ante público de rock en el DF de México, y entre Setiembre y Octubre realizó una importante gira por Inglaterra, Israel, Alemania, Suiza, Austria y Holanda. Poco después, en México, las máximas autoridades de UNICEF le entregaron las credenciales que la acreditaban como Embajadora de Buena Voluntad de la organización para América Latina y el Caribe. Y sigue su vida de cantora. En el año 2000 graba "Misa criolla" y en 2001 "Acústico", material tomado de varios recitales que La Negra brindó en el Teatro Gran Rex.

En 2002 se une a León Gieco y Víctor Heredia y presentan una serie de shows bajo el nombre de "Argentina quiere cantar".

En el 2003 comenzó a trabajar en un libro con sus memorias.

En 2005 lanza "Corazón libre", cuya presentación oficial tuvo lugar los días 23 y 24 de Mayo en el Teatro Gran Rex.

En 2007 emprende una gira por toda Latinoamérica y Estados Unidos; y en 2008 realiza lo propio recorriendo América y países de Europa, como España, Italia, Alemania e Israel.

En 2009 regresa a las bateas con una obra conceptual partida en dos volúmenes: "Cantora 1" y "Cantora 2" que recopila sus grandes éxitos y canciones populares interpretadas a dúo con artistas de renombre como Joan Manuel Serrat, Julieta Venegas, La Sole, Diego Torres, Shakira y Gustavo Santaolalla entre muchos otros.

El 2 de Octubre de 2009 ingresó al Sanatorio de La Trinidad del barrio de Palermo, Buenos Aires, por un decaimiento producido por la enfermedad de Chagas-Mazza que sufría desde hacía 30 años, afección que entorpece el correcto funcionamiento del corazón. Así, Mercedes Sosa falleció el 4 de Octubre de 2009 a los 74 años. Sus restos fueron velados en el Congreso Nacional.

En 2010, en conmemoración de la artista se edita "Deja la vida volar-En gira".

En 2011, la compañía discográfica Universal Music edita "Censurada", una placa que contiene todas las obras que no pudieron ser grabadas en discos anteriores por haber sido censuradas por el gobierno militar y varios singles que no han sido incluidos en los LP.




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Hacé... la tuya Juan...

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A Juan Castro in memoriam

El castellano no admite esa expresión

¿Que expresión?

Esa ... hacé ...la tuya Juan ...

En todo caso sería haz ... la ... tuya

¿No te parece una ligereza?

¿De qué carajo me estás hablando?

Del mal uso del idioma. No te olvides que sos periodista y estás formando gente y opinión

¿Así... y desde cuando tenemos aptitud y altura moral para hablar de esto, los periodistas?

Claro, te salva que además sos escritor... ¿no es cierto? ¿Sentís una suerte de impunidad?

Un carajo, y le pido perdón al carajo. Pero ahora y no es la primera vez, me siento avergonzado del trabajo que hago...

Ah... se trata entonces de un prurito...

¿Un pru... que?

Prurito, depende el tema te sentís deshonrado.

Mirá vasco, cuando uno ve a los buitres, huele la carroña y sólo hay que buscar despojos... para entender los motivos...

Me parece que los periodistas han dejado, si alguna vez lo tuvieron, el estado de conciencia y un minuto de espacio se puede sostener a cualquier precio...

No te voy a contestar estoy indignado...

Bueno... era hora que te abandonara lo último que te queda... la calma. ..

¿Y entonces porque no dejás de molestarme en un día como este, en un mes recién estrenado y un año bisiesto, plagado de calamidades?

Me parece que a vos como a otros periodistas los ataca la corporación y defienden hasta lo indefendible. Algunos le llaman espíritu de cuerpo a eso, para mí es una bosta más de las que usa la gente para encubrir hipocresías y miserias humanas... y como te tengo a mano, como periodista, te lo digo.

Me lo quedé mirando, pero de soslayo. El televisor sobre la mesa blanca de hierro, redonda y generosa, seguía de noticiero en noticiero, de canal en canal, cubriendo la historia de Castro, la noticia tenía que ser sostenida, a eso se refería el vasco y decidí ocultarme detrás de un Blenders - apelación nacional para seguir bebiendo cuando se tiene lo que se recibe -. Quise ignorarlo pero el desfile me superaba. ¿Que buscaban? ¿La llamada misteriosa? ¿Las historias de desencuentros?

Los chacales rondan, los buitres sobrevuelan, la gente lamenta, una vaga tristeza sobrevuela Buenos Aires, no sé si es sólo por Juan o quizás una lágrima furtiva que no termina de caer, por los otros, víctimas de los victimarios capaces de beberse la última gota de sangre por un punto de rating.

¿Y porque decís hace... la tuya Juan? – insistió Yon. Lo miré más tiempo del recomendable, para estos epitafios.

Para mí es un día de vergüenzas. Me parece que hasta Juan, debe tener algo de asco, si está mirando que sucede. Hay ciertas zonas de la vida, que deben ser resguardadas, me duele hasta el aliento y, de últimas, uno llega y se va sólo de este mundo, por lo tanto me queda ese resguardo, la sospecha que él merece, se lo diga...

“Hacé... la tuya Juan...”, “sin copete ni bajada”. Chau...

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La parra enana

Carlos A. Trevisi (Desde Guadarrama, España. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

La casa -el piso, digamos- tiene cuatro cuartos. Hay un patio, un balcón, un salón y dos baños.

Dos de los ambientes, los dormitorios, están ocupados por los miembros de la familia: las dos nenas -24 y 22 años (a punto de cumplir 25 y 23 respectivamente, un modelo de chicas debo decir), ocupan uno de ellos. El otro lo ocupamos el matrimonio. El tercero originariamente se montó como cuarto de estudio para las chicas y ha sido en él dónde han estudiado desde que ingresaran al colegio secundario. El cuarto ambiente ha sido desde siempre mi lugar de trabajo y así he logrado mantenerlo -mío-, pese a las frecuentes incursiones que el resto de la familia hace por él, mi mujer incluida, aunque, debo decir, muy esporádicamente ya que, lap-top mediante, ha transformado el salón en su lugar de trabajo. En pocas palabras, no siendo los dormitorios el resto de la casa es un batiburrillo de libros que anidan en cuanta mesa y anaquel uno se pueda imaginar (valga el comentario como indicativo del escaso espacio en el que nos movemos).

Mi despacho es un ambiente no demasiado amplio para todo lo que cobija -dos escritorios, igual número de ordenadores y una impresora. Las paredes, cubiertas de libros se reservan un pequeño espacio para las fotos de familia, incluido un pastel pintado por Mallo López -destacado pintor argentino que inauguró junto con otros no menos destacados (Hugo Irureta y Balcells) la galería de arte que en algún momento montamos en Buenos Aires.
En verano, aprovechando la brisa que refresca la sierra de Madrid -vivimos en Guadarrama- me acomodo en el balcón con algún libro que generalmente subrayo y anoto marginalmente para iluminar mi imaginación y así tener material para lanzarme a escribir algo como lo que está usted leyendo.

Hoy precisamente me senté en uno de los dos escuetos sillones del balcón para continuar la lectura de una novela -Noches blancas, que confieso me está costando mucho sacar a delante-, cuando sentí que una elongada ramilla de diminuta parra me cosquillaba por el cuello. Hasta ayer no había percibido la molestia del vegetal -acaso porque mi cita fue con el brillante abogado del infeliz a quien Shylock le reclamaba su libra de carne, o porque hoy me senté con algún fastidio a leer lo que prejuiciosamente estimaba como de poco valor, o porque la lluvia de anoche había estimulado su crecimiento, el del vegetal, claro; no sé.

Corrí el sillón. Creí haberlo apartado lo suficiente, pero una tenue brisa que comenzó a correr como suele suceder cuando baja el sol, impulsó la ramilla hacia mi cuello reiterando el desconcertante e incordial cosquilleo.

Me incorporé y me alejé. Abrí el libro. Seguí leyendo. Era el capítulo 4. El personaje, hablando con su padre, se preguntaba qué iba a pasar ahora, que ya se había consumado su matrimonio; el padre, viudo vuelto a casar, con ese dejo de fatalidad que va invadiendo nuestras vidas de gente mayor, le decía que pasaría lo de siempre: que el tiempo aletarga la relación, que al no haber hijos…, que trabajando en lo mismo -su mujer era abogada, al igual que él-... que la casa, con los años, se va transformado en lo que ella quiere que sea con prescindencia del gusto, opinión o deseo del marido…
Esto último me impresionó vivamente porque hacía tiempo que me había comenzado a invadir un sentimiento semejante.
Miré la parra enana. La brisa seguía agitando esa rama que parecía haberse ido en vicio.

De pronto se me reflejó Amalia, mi mujer, que además de ser profesora de inglés como yo es la que cultiva con ahínco la postración anti natura a la que somete a las plantas reduciéndolas a su mínima expresión, deformándolas al extremo que cuando frutecen necesitan tutores que la sostengan para que todo el conjunto no se precipite a tierra.

Miré la planta, la puta planta enana que seguía meneando la ramita al compás de la brisa. La cogí con la intención de tirarla por el balcón. Me controlé. Miré alrededor buscando otro sitio a ras del piso, lejos el sillón.

Fue imposible encontrar un lugar tan distanciado como para que el desplazamiento que provocaba su eólico meneo no alcanzara el asiento: el balcón había sido tomado completamente por los bonsáis. Los había por todas partes: en el suelo, colgando de las paredes, sobre estantes en cuya instalación yo mismo había colaborado; por debajo del ventanal, por encima y a su derecha, prolongándose hasta que alcanzaban el límite del balcón; sobre la puerta, en el alféizar de la ventana, colgando de la barandilla hacia afuera…

“Voy a llevarla adentro”, pensé, cogiendo la parra una vez más.

Me dirigí al escritorio de las hijas en la certeza de que, siendo verano, su poco uso habría de concederme un hueco donde dejar la planta del cosquilleo, aunque más no fuera que provisoriamente. Y digo provisoriamente porque de aparecer mi mujer por ahí a regarla o a recortar sus raíces, algo propio del inicio de la primavera, la devolvería a su lugar de origen: el balcón. El tiempo, acaso, sólo acaso, la instalaría definitivamente en el pequeño despacho, si mis hijas, que durante el verano tenían el planterío del recinto a su cargo, descubrieran que la enana, a corto plazo, pariría uvas.
Mi optimismo capituló casi de inmediato: una placa de pizarra con un bosque de castaños de Indias por detrás de la puerta apenas si permitía que se la traspusiera.
Pese a todo, haciendo presión cuidadosamente con ambas manos -en una de ellas la maceta, de modo que empujaba con el dorso de la derecha, el antebrazo, el brazo y el hombro- haciendo presión, decía, desplacé el banco donde estaba asentada la pizarra, accediendo así, sin mayores problemas, al lugar (aunque deba decir que riesgosamente: si se hubiera caído el bosque no habría podido rearmarlo: nunca entendí cómo 8 plantines de casi 20 centímetros de alto pudieran crecer arropados por escasos 2 centímetros de tierra negra.)

Los estantes, que originariamente se habían destinado a librería, eran ya expositores de alineados bonsáis que volcaban sus escuetas hojas sobre las plantitas que habitaban por debajo, de modo que se veía una catarata verde de hojas estáticas, sin vida, ajenas a las brisas que me habían empujado a excursionar por allí… La mesa de trabajo se desdibujaba entre macetas que tapaban el monitor de un cuarto ordenador (de sobremesa éste, como los de mi escritorio); no se podían abrir las puertas de un mueble -donde se solía guardar la vajilla inglesa, la que se usa con las visitas-, bloqueadas por una formación de tiestos de escasa altura e incierta estabilidad; la ventana se podía abrir sólo a medias dado que las plantas instaladas sobre el escritorio reducían su giro de 180 º a un entornado por el cual alguna luz mortecina intentaría favorecer, imagino yo, la necesidad de fotosíntesis de la flora que habitaba el recinto (acaso por eso me pasaba el día apagando la luz de un ambiente que no usaba nadie).
Fue entonces que opté por el patio, al que me dirigí previo reacomodamiento de la pizarra por detrás de la puerta.

En la cocina, camino del patio, vi un anticipo de lo que encontraría unos metros más adelante: dos bonsáis-enredaderas caían alegremente sobre uno de los laterales del extractor de humos. Tuve la tentación de orientar una de sus ramillas hacia la visera que se desplaza hacia afuera para ampliar la superficie de extracción, de modo que al encenderse el extractor arrastrara la enredadera y se viniera todo abajo. Como quién está a punto de cometer un crimen miré a ambos lados para ver si había alguien observando, pero debo decir que no fue el temor a ser visto lo que me retrajo de la mala acción sino la visión del patio a través de la puerta que daba a él.
La foresta que lo habitaba no tenía nada que envidiar al bosque de Sherwood, aquel refugio natural donde Robin Hood se guarecía después de saquear a los ricos para repartir el producido del robo entre los pobres. Decir que había cientos de plantas verde-limpio, de las formas más variadas, puede resultar algo exagerado; pero sólo algo: de frente, sobre el suelo, el display de bonsáis, cuya abundancia y disposición ocultaba las macetas desde donde emergían y, por encima, una variedad de flores disputando un espacio entre ramas, hojas y pimpollos que aspiraban a alegrar el lugar, daban la nota. Me atrevería a decir que hasta podrían haber llegado a conseguirlo salvo por un detalle: dos cuerdas de colgar que se extendían longitudinalmente penetraban ese variado espectro multicolor con ropa interior pendente: calzoncillos míos, camisetas plegadas sobre sí mismas, camisas cuyas mangas volvían en doblez a la soga ofreciendo una imagen semejante a la de los viejos pescaderos ambulantes que vendían su mercancía por el
Buenos Aires decimonónico, alguna que otra braga, sostenes que, al igual que las mangas, volvían plegados a la soga… Toda esa saga de prendas tan fuera de lugar, tan atentatorias de la riqueza estética que exhibía el conjunto de bonsáis me llevó a recoger la ropa -previa búsqueda de un lugar donde dejar la maceta que seguía sosteniendo, aunque ahora en mi mano izquierda- y apilarla sobre una nevera que seguramente, de haber tenido alma, habría dudado de la importancia de los servicios que venía prestando desde hacía varios años, cuando el patio era sólo eso: un patio, y la nevera una conservadora de alimentos.

Sobre el suelo de baldosas, tres hileras de macetas estrechaban el paso hacia el ´bosque´ que, de haber ropa colgada, pensé, se haría inaccesible. Las plantas, que seguían en paralelo a las sogas, estaban dispuestas de tal modo que al florecer, según se mostraban ante mí, exhibían colores que se alineaban de manera que la más cercana a la pared ofrecía flores amarillas, la inmediata hacia las sogas (la hilera del medio), celestes o azules y las más cercanas al paso, rojas. La ligereza de los tiestos, imaginé, seguramente permitiría intercambiar las filas de bonsáis siguiendo ejes angulados en zigzag según apeteciera a mi esposa.
A la izquierda, y contra la pared...
Volví mi mirada a las florecillas que lucían esplendorosas.

Levanté la vista medio aturdido.

Me encontré con la ventana de mi despacho.

Me acerqué, todavía maceta en mano, y miré hacia adentro.
A la derecha del segundo escritorio, en el rincón que hace esquina con uno de los anaqueles de la librería había un espacio libre.

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Prodigioso encantador de serpientes

Fernando Barraza (Desde Chile. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Todos creían que Raúl Ruiz era un gran cineasta, pero estaban equivocados, él era un mago de marca mayor, un prodigioso encantador de serpientes, que jugaba con las historias, los personajes, las secuencias y los planos de tiempo.

En los universos de Ruiz, Blanca Nieves nunca despertaba, la bruja mala se comía a Hansel y Gretel, en la casita de chocolate, Cenicienta jubilaba como empleada doméstica, Romeo y Julieta se casaban y comían perdices, Don Quijote se acostaba con Dulcinea en un motel, Allende nunca murió en La Moneda, Pinochet jubiló como coronel en un oscuro regimiento de provincia y nuestro escudo proclamaba la fuerza de la razón.

Todo empezó en las matinés interminables y en los rotativos en que daban cuatro películas, a los que se aficionó en su adolescencia, en la década del cincuenta, cuando se vino de Puerto Montt y jugaba a cambiar los desenlaces de los dramones mexicanos o los oníricos y surrealistas argumentos de Buñuel.

Por lo tanto, ojo, Raúl no ha muerto, ni sus restos llegaron en un avión a Santiago, ni lo enterraron en Chiloé. Y esto ni siquiera es un juego, sino la pura verdad, ya que, cuando una vez le preguntaron: ¿Cómo le gustaría morir ?, su lacónica respuesta fue muy suya: “Preferiría no hacerlo...”

Raúl está en París, en la post producción de la película que empezó a filmar en el norte, hace un par de meses y de la que nos contó, cuando conversamos largo con él, en su departamento de la calle Huelén, y de acuerdo a lo convenido, recibió y leyó en París, dos semanas atrás, la entrevista, y el periódico quedó doblado en el baño hasta ahora...

Raúl sigue hurgueteando en la identidad de los chilenos, comparando la “saudade” de los portugueses con nuestra nostalgia tristona, tratando de averiguar por qué somos tan picados y envidiosos, buscando el hilo de la madeja en una buena copa de vino tinto que se estará tomando en el bar de “El Parrón” o en el sabor y el olor de una paila chilota hirviendo en la Confitería Torres.

Culto, casi enciclopédico, creativo, original, irónico, rápido, ágil, único, era una fiesta escucharlo, aunque costara esfuerzo seguirlo, tanto en esa conversación al caer el crepúsculo, ahora, en su casa de Providencia, como cincuenta años atrás, cuando de repente aparecía por los patios del inolvidable pedagógico, a mediados de la década de los sesenta, en interminables charlas repletas de fantasmas, con Ariel Dorfman, Manuel Silva Acevedo, Antonio Skármeta, Carlos Cerda, después de una clase de Juan Rivano o de Luis Oyarzún.

Por eso, después del Golpe, apenas se apropió de París, se tropezó con Proust y era inevitable que intentara adentrarse en busca del tiempo perdido, más bien del tiempo recobrado, que no es lo mismo, de esos momentos de ocio fértil, los happening del Bosco, el olor de los patios de los Padres Franceses, las sensaciones de “Palomita Blanca” o “Tres tristes tigres”, los secretos de “La maleta”, esas cosas así...

Raúl era un monstruo del cine mundial, aclamado en Cannes, reconocido por la crítica europea, Marcelo Mastroiani o Catherine Deneuve se peleaban por filmar con él, pero aquí nadie lo conocía cuando caminaba por la calle. Quizás por aquello de que el cine es el espejo en que nos miramos y no a todos nos gusta mirarnos... Con el agravante que el espejo que construía Raúl Ruiz no nos devolvía imágenes intrascendentes, digamos la Plaza Italia o el parque Forestal, sino que nos reflejaba el alma, la mirada interior, los recovecos y pasadizos secretos por los que nunca nos gusta transitar, algunas claves profundas del ser chileno.

Grande y modesto Raúl, con esos ojos de niño bueno, pero travieso, que acaba de hacer su última maldad. “Yo entiendo a mis amigos – nos dijo – yo quisiera que a ellos les saliera fácil lo que hacen, como me ocurre a mi...”

Pero claro, no es sólo la cámara y la incidencia de la luz. No todos somos magos, ni podemos torcer el destino, ni cambiar el argumento de nuestra propia historia. Y sucede que “algunos mundos tienen fallas de imprenta”, ¿verdad Raúl...?

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