jueves, 20 de octubre de 2011

A propósito de las drogas y otros productos psicoactivos

Yves Charpak (LIBERATION)

Nicotina, alcohol, café, opio, heroína, anfetaminas, cocaína, champignones alucinógenos, LSD, popper, éter, pegamento, ansiolíticos, psicotrópicos, antálgicos, Red Bull… Citar en desorden estos productos psicoactivos permite abstraerse de los dogmas y querellas bizantinas sobre sus estatus, y de las pseudo-justificaciones médico-científicas de las opciones de nuestras sociedades.

Algunos productos son legales, otros están disponibles «ilícitamente» pero no clasificados como drogas, otros más son drogas ilícitas a nivel internacional, pero con «tolerancias» locales diversas; otras por último son productos medicinales. Si se los utiliza, es porque hay necesidades, deseos, se buscan efectos. Claramente, tenemos necesidad de productos psicoactivos. Una vida cerebral natural, sin productos que modifican las percepciones y las capacidades se realiza raramente. Los productores, legales o no, se frotan las manos, tanto más cuando las disputas sobre el estatuto de estos productos nos prohíben realizar un debate real. Pero, ¿qué queremos en verdad? Comencemos por ver qué es lo que existe. Esquemáticamente, se puede distinguir:

1. Estimulantes, para despertarse, para no dormirse en el trabajo o al volante, para “hacerse mejor la fiesta”, limitar los efectos del envejecimiento sobre la capacidad de concentración, preparar exámenes o terminar un trabajo que nos priva del sueño.

2. Productos para desinhibirse, mejorar el contacto con los otros o simplemente soportarlos.

3. Productos para sufrir menos, desangustiarse, dormir confortablemente luego de una jornada agobiante.

4. Productos para modificar las percepciones, intensificarlas, percibir algo desacostumbrado.
Nuestro consumo se realiza por distintas vías: se toma, se bebe, se masca, se inhala, se esnifa, se inyecta. Pronto aparecen efectos no buscados: toxicidad, comportamientos deletéreos, violencia, pérdida de control, baja de las capacidades intelectuales, dependencia, acostumbramiento (aumento de la dosis para alcanzar el mismo efecto), tráfico, contrabando, prácticas ilegales, corrupción, juegos de influencia, clientelismo electoral, blanqueo de dinero, mercados financieros offshore, financiamiento de armas…

Para evaluar todos estos efectos, cada producto y cada contexto deberían ser clasificados según todos estos criterios, sin a prioris ideológicos, científicamente. Sin embargo, cuando son puestas en primer plano las ciencias biológicas y médicas, se trata a menudo de fragmentos de resultados, sin discutir su interpretación. Es penoso ver a algunos científicos salir de garantes: las decisiones sociales no deberían implicar a la ciencia cuando esta no se encuentra en el origen de dichas opciones.

La situación es la siguiente. El estimulante más utilizado en el mundo es el café, probablemente poco tóxico. A continuación, la nicotina. Más fuerte que el café, más adictiva, sobre todo porque se halla mezclada con millares de sustancias que componen el tabaco y que acrecientan su toxicidad. Pero no nos engañemos, es evidentemente la nicotina la que posee el efecto de base buscado. Es la más mortal de las drogas.

Ha existido un mercado de estimulantes por pedido (de acceso bastante libre), muy solicitados en particular por estudiantes ante los exámenes. Eran las anfetaminas, vendidas en general como «calmantes del apetito». Ya no se expiden anfetaminas por pedido, pero el mercado ilícito progresa inexorablemente, junto con el éxtasis y otras moléculas. Muchos profesionales en Europa utilizan muchos otros estimulantes «naturales», la cocaína, para rendir más en el trabajo, para mantenerse activos a pesar de la fatiga, para no hablar de sus usos «festivos».

Pero para el tema fiesta y vínculos sociales, cambiemos de categoría. El alcohol es nuestro desinhibidor común. Es una droga cuyos efectos individuales y sociales son complejos. Existen bebedores regulares excesivos, para quienes el problema no es la dependencia sino la toxicidad. Hay también «alcohólicos», para quienes la dependencia es mayor y dolorosa. Seguramente, haya bebedores razonables, más numerosos. Y finalmente, bajo la presión de fuerzas marketineras mundiales incontroladas, bebedores ocasionales excesivos, que buscan la embriaguez como objeto de interacción social.

La dependencia es una cosa extraña: la heroína, droga mayor, era empleada masivamente por los soldados americanos en Vietnam, abastecida por organizaciones creadas por el «empleador», para ayudarlos a superar los sufrimientos de la guerra. De regreso a casa, la mayoría de ellos, los que encontraron condiciones de vida favorables, a quienes se consideraba toxicómanos “pesados”, pararon con la droga de la noche a la mañana.

El cannabis revela por su parte la ausencia de lectura racional de los productos psicoactivos: droga tradicional en algunos países, implicando raramente una dependencia fuerte, poco tóxica según los actuales conocimientos medicinales, es, a pesar de su estatus ilícito, tomada por una buena parte de la población, mayormente joven, para un uso festivo y facilitador de relaciones sociales. No es percibida como peligrosa. Pero tiene un efecto paradojal: su uso conduce a menudo a una dependencia tabacal casi ineluctable.

Los medicamentos psicotrópicos ilustran otra paradoja: ellos ayudan o alivian, pero los efectos buscados bordean los efectos de otros productos que calman también el dolor, la angustia, la depresión… Sus consumidores no se engañan: algunos usos de drogas son de hecho automedicaciones, más o menos eficaces. Es, por otro lado, difícil medir cuál es la causa de un consumo y cuál es la consecuencia.

En conclusión, el tema merece salir del círculo vicioso ideológico: es allí donde nuestras sociedades se extravían. Es necesario leer, sobre el tema de las drogas ilícitas, el informe anual de la Organización de las Naciones unidas contra la droga y el crimen, y sus estadísticas anuales. Casi todos los indicadores se hallan en rojo, señalando un aumento del uso no controlado por las políticas internacionales y nacionales. Es posible mejorar este control, para ello sería preciso comenzar a reflexionar seriamente.

Yves Charpak es experto en salud pública.

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El azabache se enredó en dos trenzas

Nechi Dorado

Mi cabeza es la noche:
en ella cual estrellas,
titilan los tembleques luminosos
desde el negro
azabache de mis trenzas
que sujetan,
dobladas en la nuca
las doradas peinetas…

Ana Isabel Illueca

¡Agua, agua, agua! pedían hombres, mujeres y niños y los carros cisternas, llamados culecos, rodeaban los parques para empapar a los convocados por la tradición que se negaba a abandonar el acervo instalado en su sangre a través de las generaciones.

Los bolillos sonaban sobre el parche de la tambora, las flautas lanzaban su sonido agudo acompañadas por el rumor de las zarú*. Cuatro días duraba la fiesta del Rey Momo y el pueblo la celebraba desde que despuntaba el sol hasta la noche, cuando comenzaría el desfile de la pollera, traje típico del lugar, provocando estallidos de color, gracia y belleza.

Los habitantes esperaban el momento que fueran apareciendo las reinas, las mujeres más bellas del pueblo que llegarían danzando rítmicamente al compás de los acordes de la pegadiza música de sus murgas.
Alejada del lugar, otra hermosa mujer trenzaba el azabache de sus cabellos enroscándolos en la nuca. Allí descansarían sostenidas por dos flores magníficas que llamaban del espíritu santo y que ella guardaba para la celebración desde el mes de octubre, cuando los pimpollos se abrían lentamente. El delicado tono marfil de sus pétalos resaltaba sobre ese cabello tan negro como dicen que es la tristeza, los que ponen colores a la invisibilidad de los sentimientos. Parecían palomas posadas sobre la unión del nacimiento del pelo y la raíz de cada trenza.

Impactante la belleza de esa mujer delgada, menuda, cuya cintura fina era constantemente salpicada por el agua de dos mares. Cargaba un pasado tristísimo que se retrotrae al momento en que fue separada por la fuerza bruta, de dos de sus hermanas. Porque las tres fueron una y dicen algunos y esperan otros, que vuelvan a unirse para siempre.

-Falta poco, agregan, muy poco.

De todos modos siguen compartiendo similitudes, idioma, aves, árboles y un sentimiento que el tajo violento de la prepotencia no pudo borrar jamás.

Muchas veces ellas se preguntaron por qué las separaron, por qué causa debían ser tres. Cuál fue el derecho arrogado para semejante amputación, fuera del derecho impuesto a fuerza del filo de cuchillada que se clava en la carne dejando cicatrices que no cierran.
La respuesta se arrinconó en el recuerdo de la intromisión permanente de la otra mujer bellísima, la que no se integraba, la que tenía ojos que parecían pedacitos de color robados al cielo, porque todo lo suyo era robado. Cercenamiento producido bajo su mirada tiempo antes de recibir el regalo de esa estatua de cobre, acero y concreto que habría de convertirse en su atalaya desde donde podía dominar hasta lo inimaginable. Coloso magnífico que sin embargo, representa, hasta hoy, el símbolo de la delincuencia impune, del llanto de madres y de niños, lágrimas que recorren el orbe arrastrando luto, remolcando desconsuelo. Rememorando ausencias y despertando silencios remolones.
La mujer pequeña, igual que sus hermanas, vestía túnica blanca; como todas llevaba faja ciñendo su cintura. La suya estaba formada por dos cuadros blancos pegados en un ángulo, sobre cada uno cayó una estrella de cinco puntas, una azul y la otra roja, quedando para siempre en la textura suave de la tela.

En la banda inferior lo cuadros se intercambiaban, así fue como podía verse bajo el busto, uno blanco pegado a otro rojo, debajo de los cuales había uno azul y a su lado otro blanco.

Esos colores reflejaban a los dos partidos políticos que gobernaban el país. El liberal, identificado con el color rojo y el conservador, con el azul.

La mujer tomó un escudo que centró en el pico del escote de la túnica, era el símbolo de la paz y el trabajo. Un lema ocupaba la parte superior, aunque sufrió muchas modificaciones a lo largo de su historia. Ese día ella tomó el que tenía forma ojival, dividido en cinco cuarteles. En la parte superior, refulgían nueve estrellas de oro delineadas en un campo de plata. Se veía, además, un sable y un fusil brillantes, colgados, como símbolo de paz pero a la vez alertas para defender a esa mujer pequeña cuando hiciera falta, aunque de momento no hayan podido protegerla del todo. Hacia la izquierda, un campo rojo donde bordaran una pala y una pica, honrando al trabajo.

Hacia el centro se estiraba la silueta de esa mujer, comparable a un istmo con sus dos mares estáticos sobre la tela. Había también un cielo con el sol escondiéndose tras un monte, rememorando las seis de la tarde del día en que la amputación entre su cuerpo y el de una de las hermanas, se llevó a cabo, para dolor perpetuo de ambas. A la derecha la luna se estiraba, como desperezándose de la modorra, entre las olas marinas.

Más abajo la estampa dejaba ver otras alegorías, dividida también en dos cuarteles. Uno azul fuerte donde una cornucopia descansaba su sueño promisorio derramando monedas, símbolo de riqueza. Hacia el lado izquierdo, el campo blanco contenía una rueda alada, que dicen los ancianos del lugar que representa el progreso.

Sobre la imagen, dándole más imponencia, un águila harpía, ave preferida por la mujer, dirigía su mirada hacia la izquierda y de su pico colgaba una cinta con un lema. Sobre el ave, un arco formado por diez estrellas honraban a las nueve provincias unidas en la túnica de la mujer pequeña. Como abrazando al escudo, dos banderas en astas sobre lanzas custodiaban su sueño libertario.

Joya hermosa que la mujer atesoraba y cuando venía al caso, prendía de su pecho para lucirlo con el orgullo de quien ostenta un pedacito de su anecdotario grabado por el arte incorrupto de la memoria.
-¡Agua, agua, agua! se sentía a lo lejos y la mujer sonreía mientras su eterna compañera, el águila harpía, se posaba un poco sobre su hombro y otro poco sobre el escote de esa túnica que también parecía de espuma.
Su hermana lejana, la que habla idioma diferente desde la estatua, insignia del despojo, gozó sumiendo a la hermosa mujer bajo su dominio durante muchísimos años. Aunque no pudo quitarle su tradición pese a tanto intento, cosa que de por sí, para aquella, representaba un fuerte desprecio.

La mujer bañada por dos mares no podía perdonar que en algún momento, amparada por su superioridad, su hermana perversa enviara a Chiquita-bra arrastrando una maldición que se clavaría en la médula de sus hijos, dejando tantos huevos que hasta el momento no han podido ser aniquilados.

Huevos que al partirse se convirtieron en bases militares alimentadas de carne humana.

Carne de hermanos contra hermanos.

Carne de pobres deglutidos por la infamia.

Carne infectada por pesticidas criminales.

El árbol Panamá, donde tantas veces se enroscara Chiquita-bra antes de mudar su piel por entre los bananares, saludaba a la mujer hermosa que se acercaría al pueblo para disfrutar de la algarabía popular. Fiesta que año a año le permitía calmar un poco, la profunda herida que sangraba constantemente en ese corazón partido, una de cuyas partes quedara apretadita sobre el pedazo más grande que le tocara a su hermana antes de la división que padecieran ambas.

Esta pequeña pero noble mujer, soñaba oficiar de puente entre esa hermana y las otras, pero manos enviadas desde la estatua impedían que el puente se abriera según las necesidades de todas ellas. No obstante dicen que la mujer sigue hasta la actualidad alimentando su sueño secreto, sin claudicar.
Tuvo hijos tan nobles como ella y otros cooptados por la hermana rubia, indolente, sanguinaria, que abrieron las puertas a la monstruosa víbora que comenzó a quitarle sus frutas para mandarlas donde el cerebro indicaba, el centro del coloso, a lo lejos. ¡Siempre el banano! Como eje central de la avaricia volvió jirones las túnicas hermanas.

Como involuntario reproductor de espantos repetidos.

Como generador de divisas estancadas en el corazón de los frutos que crecían en racimos, tal vez para darse fuerza unos a otros en un intento tan estéril como el útero de la mujer custodia del cerebro fermentado.

Como oro verde codiciado, devorado, exprimido en la esencia enviciada de la bestia.

Lloró lágrimas de amor irrenunciable cuando embarcaron los primeros setecientos cincuenta racimos hacia la cueva norteña. Estibaban entre ellos, el sudor de sus hijos, la sangre de sus manos, la carga del esfuerzo de las espaldas combas que parecían imágenes humanas del banano.

Lloró lágrimas de amor irrenunciable cuando Chiquita descubrió también el aroma del cáñamo para llevarlo más lejos aún. Todo fue despojo, entonces. Las fibras fueron fletadas hacia donde el odio partiría en dos al mundo, apoyado en el sonido siniestro de bombas descargadas sobre la tierra lejana.

Donde los hombres se mataban por órdenes de otros hombres cuando un espectro maléfico llenó de humo los cielos dejándolos chamuscados para siempre.
Mientras el pueblo esperaba la danza de las polleras, la mujer acariciaba sus trenzas azabaches recordando el día que rajaron su túnica, de la cual resbalaron sus hijos, quedando de un lado ellos y del otro, los hijos de su hermana que habla diferente y que enviara cubiertos de pertrechos, atropellando, sin pedir permiso. Ultrajando como acostumbró hacer desde épocas inmemoriales y lo sigue haciendo, descarnada, brutal. Impune.

¡Tan execrable que no puede describirse con palabras!

Los primeros tuvieron su lugar donde pudieron. Los de su hermana donde eligieron.
Continuaba el carnaval, ya se escuchaba el sonido de las polleras agitadas que parecía un susurro envolvente en aquel paraje tan cargado de recuerdos para la mujer pequeña, de cintura frágil salpicada por la sal de los dos océanos. Ella miraba sonriendo con la dulzura que algunos ojos tienen la particularidad de transmitir. Se acercaba lentamente hacia el lugar donde las primeras empolleradas danzaban su tradición.

Cerca de allí se apilaban resabios de situaciones anteriores como para que nadie olvide que la hermana de idioma atropellado, dejó hace muchos años sus embriones, que dieron lugar a otras vidas que siguen reptando a lo largo y ancho de la túnica de esa mujer memoriosa.
Ríe la mujer bestia desde su mirador eterno, ella sabe que en el lugar donde se agitan las polleras están sus esbirros mirando hacia otra hermana morena, tan hermosa como todas ellas. Hermana donde los colmillos de Chiquita-bra también dejaron cicatrices que ni la brisa ni el sol pudo borrar jamás, en su reptar hacia el sur desvencijado.

Cicatrices que son surcos por donde caminó la historia su paso cargado de lamentos y de lutos.
¡Agua, agua, agua! Pedían hombres, mujeres y niños entre risas de pueblo y rememoración folclórica.

Un anciano solitario apareció de pronto, llevaba tras de sí la sombra de un pasado glorioso. Parecía que hubiera estado allí, toda la vida. Habló con tanta seguridad que cualquiera que pudiera oírlo sentiría que le estaban inyectando vida y esperanza.
-Conozco el dolor de esta mujer de trenzas azabache y sé que ella también pide agua para calmar el fuego eterno de su angustia acurrucada entre los pétalos de esas flores del espíritu santo, que guardó para este día.

Y dijo también el hombre de mirada penetrante y firmeza tan arrolladora como el amor y la locura.

-¡Es por eso que los mares reciben sus lágrimas, bañan su cintura salpicando su vientre, la acarician y la besan, la contienen, mientras ella sigue soñando ser el puente que una a todas las hermanas!

Unión que está encaminada ¡Mira como la otra se agita desesperada allá a lo lejos! Convocando a la muerte, a la tortura, sembrando terror reflejado sobre los ojos fríos y ausentes de sus matones.

De momento, los huevos de Chiquita-bra siguen abriéndose, lanzando su veneno, pero llegará el día, agregó esperanzado, que las hermanas recuperarán su memoria.

Sólo hace falta que sus hijos quieran escuchar sus propios cantos, concluyó, mientras se alejaba con paso lento y cansado hacia el tronco estoico del árbol de Panamá, donde estaba la mujer y su águila. En su cintura el brillo de una espada iluminó la túnica con luces de otros siglos.
La mujer abrió sus brazos para recibirlo, era su hijo adorado que comenzó a andar nuevamente, dando vueltas por la zona con la misma terquedad como lo hiciera hace tantos años, cuando sembraba sueños que fueron truncados por el odio pero que no murieron del todo.

Juntos, madre e hijo, comenzaron a repasar las hojas amarillas de un ayer supurante. Ambos esperan que renazca la maravilla pese al desprecio que provocó su presencia en el epicentro absurdo de la enajenación.

Ellos tejen hebras de futuro, esperan arrinconar todos los intentos por evitar lo que sigue haciendo aquella mujer detestable, agazapada tras las ventanas contaminadas de la estatua.

¡Agua, agua, agua! Seguía cantando el pueblo antes de que aparecieran las primeras polleras en la nochecita calurosa entre los dos mares.
A pocos metros de allí, entre las hojas del añejo árbol Panamá, la utopía desplegó sus alas para echar a andar los caminos polvorientos hacia el mañana, cuando tal vez la postergación se convierta en mal recuerdo.

-El engendro se retuerce allá a lo lejos, genera pautas, declara guerras mientras se tambalea aunque no termine de caerse del todo porque tiene la fuerza de enmarañarse en las túnicas de las mujeres bellas que son orgullo de sus hijos.

Y tiene cómplices que apuntalan sus deseos que no han de ser cumplidos, Madre, dijo en voz baja el hombre mientras la mujer pequeña acariciaba su frente, dándole fuerza y coraje, nuevamente.
* Maracas

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Los “contratistas” en la guerra la guerra contra las drogas

Alejandro L. Perdomo Aguilera (Desde La Habana, Cuba. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

La política diferenciada del uso de contratistas-mercenarios de empresas militares de seguridad privada constituye otra amenaza construida a través de la lucha contra el tráfico ilegal de drogas (TID). Ciertamente el uso de contratistas por parte de los Estados Unidos es una práctica política que se viene extendiendo en el modus operandi de ese gobierno. En los últimos años se ha apreciado cómo muchos de los militares, políticos, diplomáticos y contratistas utilizados en el Medio Oriente son “promovidos” hacia América Latina y el Caribe.

La situación que vive la región, con el auge de los cárteles de la droga, ha provocado un auge de la violencia, llegando al punto del colapso en países como México. La cruzada de Washington contra los cárteles no se ha hecho esperar, y sus métodos cada vez más violentos han devenido en altos índices de muertes, a lo que se ha respondido con la proliferación de la contratación de agencias privadas de seguridad militar por parte del gobierno de los EE.UU.

Lo más preocupante es que ante la extensión de las rutas de la droga por los países del Cono Sur, las erróneas estrategias utilizadas en la subregión andina, con el Plan Colombia, la Iniciativa Regional Andina, IRA, y en el caso de México, Centroamérica y algunos países del Caribe con la Iniciativa Mérida, sea extendida a otros países de la región. El paradigma político que significó México por años, feneció con la Iniciativa Mérida. El sinnúmero de víctimas, la inestabilidad político-institucional que vive el país, el quebrantamiento de la seguridad ciudadana y el Estado de Derecho, dan muestra de las fatídicas consecuencias de la militarización de la lucha antidroga.

Pero la guerra es necesaria para las pretensiones geoeconómicas y geopolíticas estadounidenses. Avalados en esa contienda, se incrementan las necesidades logísticas y de efectivos militares, que se solventan con la participación de los contratistas-mercenarios en los países latinoamericanos, obviando las leyes del derecho internacional y la soberanía de los Estados latinoamericanos, implicados en los problemas asociados al TID.

La subcontratación de servicios de seguridad para la cooperación en materia de lucha contra el TID, conlleva a la extrapolación de otros conflictos, resquebrajando el debilitado equilibrio político de las sociedades latinoamericanas afectadas por el problema. Con ello no sólo han penetrado en los conflictos internos de los países (Colombia, Bolivia), sino que han influenciado en estos en correspondencia con los intereses imperiales, en los destinos de las luchas políticas internas. Un ejemplo claro es el caso de Colombia, donde la cooperación de la empresas militares de seguridad privadas se transformó de apoyo a la lucha contra el TID en ayuda al gobierno de turno contra las guerrillas (FARC y ELN).

La utilización de este servicio de mercenarios produce una privatización de la guerra contra las drogas y, a la vez, aunque de modo más paulatino, una privatización de la seguridad ciudadana. El mundo empresarial de la guerra perfila nuevas formas de dominación o más bien, nuevas excusas para la misma. Tomando como base las contrataciones con empresas privadas, se adquieren mercenarios para la guerra, consultores jurídicos para el fortalecimiento institucional y la adecuación de las leyes internas de los países implicados a los intereses hegemónicos de EE.UU., extendiendo el servicio de “colaboración” al asesoramiento policial y servicios de defensa, que hacen cada día más rentable la llamada guerra contra las drogas, para los intereses del gobierno estadounidense y de las empresas privadas vinculadas a estos servicios.

Las empresas de aparatos de defensa y otros servicios de asesoría presentes en los países con conflictos, necesitan de estos problemas, que ágilmente son alentados por la CIA, el FBI, la USAID, la DEA, el Departamento de Estado y el de Defensa , hostigando a aquellos gobiernos que no son dóciles a su recetas imperiales, mediante la demonización realizada a gobiernos contrarios, a través de la construcción de consensos, lograda por su hegemonía sobre los medios de comunicación y las redes sociales informatizadas. Las agresiones que han estado recibiendo el gobierno de Bolivia en los últimos meses son un vivo ejemplo de ello.

Entretanto, las empresas privadas de seguridad se ven beneficiadas por lucrativos contratos federales antidrogas que ascienden a miles de millones de dólares, sin preocuparse por la supervisión ni la rendición de cuentas. Para ello “los contratistas estadounidenses en América Latina reciben dinero de los departamentos de Defensa y Estado para proveer servicios de inteligencia, vigilancia, reconocimiento, entrenamiento y suministrar equipamiento”

Ahora bien, si se indaga sobre los antecedentes de la lucha contra el TID en Latinoamérica, ciertamente el uso de contratistas no es novedoso. “Conjuntamente a la militarización, la lucha contra las drogas empezó a privatizarse; aunque se menciona de la presencia de Dyncorp desde el año 1988, se habla de sus actividades de forma más concreta a partir del año 1994.” El ejemplo más conocido de su uso ocurrió en 1995, cuando tres contratistas murieron cundo prestaban servicios en avionetas de fumigación de cultivos de coca. Ya en 2006 existían 26 agencias militares de seguridad en Colombia. Para tener una idea de cuánto deja atado a los Estados latinoamericanos la privatización de la lucha antidroga por parte de los EE.UU., el actual presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, cuando ocupaba la Cartera de Defensa reconoció públicamente: “dependemos de todo lo que nos da Estados Unidos, sin Estados Unidos nos quedamos miope” .

En la lucha antidroga participan diversas empresas contratistas. Para el caso de América Latina las más ganadoras son DynCorp Internacional, que recaudó 1.100 millones de dólares, el 36% del total del gasto en contratos antidrogas de la región efectuado por los departamentos de Defensa y Estado, siguiéndole Lockheed Martin, Raytheon, ITT y ARINC. La parte más lamentable de la historia es la inexistencia de un sistema que controle si los fondos canalizados responden a los “éxitos” en la guerra antidroga. De hecho una de las excusas planteadas por estos departamentos es la carencia de presupuesto que le permita crear un sistema de control más efectivo.

La realidad es que el sentido del uso de las empresas privadas de seguridad es el de disminuir el costo político de las incursiones militares en territorios foráneos. Para evitar escándalos como los de la época de Vietnam, se usan nuevas tácticas que bajo el manto de la contratación a empresas privadas, se recurre a todo tipo de violaciones de los derechos humanos e, incluso, de lo normado por la propia legislación de EE.UU. para lograr los intereses geopolíticos y geoeconómicos que tienen en Latinoamérica. Con esta tendencia a la contratación de empresas de seguridad privada para la guerra antidroga, la mayor cantidad de los fondos que se canalizan para reducir este flagelo va hacia el pago de estas empresas.

Lo preocupante es la tendencia a una expansión de esta práctica que deja a los gobiernos de los países afectados sin un control sobre las operaciones que se realizan en su propio territorio. Un autor versado en estos temas como Peter Singer alerta del riesgo de depender de agencias privadas de seguridad en temas de inteligencia, que expone la esencia de planes estratégicos gubernamentales en manos de un actor privado. Con ello se hace entrega de la seguridad del país a empresas privadas que, además, responden a los intereses de los Estados Unidos. La falta de claridad en los informes y la divergencia de los datos ofrecido por la DEA y el Departamento de Defensa y el de Estado, confirma el tratamiento irrespetuoso y oportunista que se le da a la lucha antidroga.

Se calcula que EE.UU. ha gastado 3.000 millones de dólares en la lucha contra el llamado narcotráfico en América Latina desde 2005. Recientemente la senadora demócrata Claire Mac Caskill, presidenta del subcomité sobre la Supervisión de Contratación reconoció: “Cada vez es más claro que nuestros esfuerzos por frenar el comercio de estupefacientes en América Latina, en especial en lo relativo al uso de contratistas por parte del Gobierno, han fracasado en gran medida.”

La investigación solicitada por Mac Caskill revisó los contratos de 2005 a 2009 para operaciones antinarcóticos en Colombia, México, Perú, Bolivia, Ecuador, Haití, Guatemala y la República Dominicana. Dicha pesquisa arrojó que el gobierno estadounidense aumentó los contratos en un 32 por ciento, elevando los fondos destinados de 482 millones de dólares a 636 millones, todo ello sin que existiese un sistema que regulase el uso de los fondos.

El Departamento de Estado, a conciencia de las problemáticas que pueden traer las disparidades de los controles, se comprometió a mejorar el sistema de rastreo del dinero, señalando la debilidad de la supervisión de los contratos y la concesión de fondos por unos 840 millones de dólares. El escándalo producido por las irregularidades de las contrataciones respecto a la guerra antidroga y las funestas consecuencias sociales que padecen los países implicados llevó a que la Comisión Internacional de Políticas sobre Drogas de la ONU, declara en su informe del pasado 7 de junio de 2011, la guerra contra el narcotráfico como un fracaso.

Sin embargo las firmas continúan desarrollando sus contratos y servicios., las facilidades que otorgan son de satisfacción para hábiles políticos que se refugian en ellas, reconocidas –por el gobierno de los EE.UU.– como el camino correcto para apartarse de las molestias que pueda ocasionar el Congreso en relación a la discusión sobre los costos políticos al interior de la sociedad norteamericana, viendo en los conflictos más que una amenaza internacional a enfrentar, una oportunidad empresarial. Los otros Vietnam de la postguerra fría llegaron pero sin movimientos hippies ni mayo francés, los contratistas son el instrumento ideal para acallar la opinión pública norteamericana y su hegemonía sobre el cuarto poder (los medios de comunicación) al no ver utilizado sus soldados en territorio foráneo, sino que estos son sustituidos por los contratistas-mercenarios.

Respecto a la ineficiencia del sistema de rastreo de los fondos canalizados por el gobierno de EE.UU. parece más una obra comercial que la inocencia de un grupo de burócratas. Por solo mencionar un ejemplo, las empresas de contratación privada estadounidense que actúan en México, según datos del Senado de Estados Unidos, han ganado en un período de cuatro años 170,6 millones de dólares a través de contratos con los Departamentos de Defensa y Estado.

El paquete prometido de la Iniciativa Mérida, 1.400 millones de dólares de ayuda estadounidense a México y Centroamérica en su lucha contra el crimen y el narcotráfico, estaría gastándose, asegura el relator, en la venta de tecnología de guerra y en manos de los contratistas. Es decir que sobre la canalización de fondos del gobierno estadounidense hacia México, por concepto de lucha contra el “narcotráfico”, tiene un efecto bumerán, ya que se recicla en manos de las empresas militares privadas de seguridad y otros servicios.

En México, el gasto estadounidense en contratistas alcanzó su máximo en 2008 de 64.4 millones de dólares, coincidiendo con el comienzo de la Iniciativa Mérida. El informe sostiene que en todo el continente EE.UU. ya ha pagado al menos 3 mil 100 millones de dólares a contratistas en la lucha contra las drogas, creciendo en un 32 por ciento en apenas cuatro años.

Estas firmas, a diferencia de las fuerzas multinacionales, no tienen ningún compromiso de imparcialidad sino que, por el contrario, operan conforme a las soluciones precisas que quiere su cliente, viendo en el terreno no las formas de ayudar a la población, sino las de solucionar el problema que afecta al cliente, independientemente de que las vías que deban utilizar para lograrlo violen los derechos humanos y las normas jurídicas del país donde operan, incluso si las tácticas engendran más violencia en la sociedad. El objetivo concreto y predominante es proporcionarle a los EE.UU. cifras alentadoras sobre la captura o asesinato de narcotraficantes y sobre el control de territorios que considere geoestratégicamente importante ese gobierno.

La lógica imperial de los EE.UU. encuentra en las empresas de seguridad militar, el vínculo por donde desviar los recursos asignados a la lucha antidroga para América Latina y el Caribe, desviando el dinero hacia el sector empresarial estadounidense. De este modo, lejos de solucionar el problema del TID y otros delitos conexos en el Hemisferio Occidental, estos recursos se encargan de apaliar las deficiencias económicas de su sistema, con el incremento de contrataciones al sector privado radicado en EE.UU., haciéndolo aliado de sus intereses geoeconómicos y geopolíticos en la región.

La estrategia, por más crítica que parezca, refleja la realidad de un sistema en crisis, que aprovecha los problemas del TID en Latinoamérica para consolidar su sistema de dominación, ante la emergencia de otras potencias económicas y su creciente interés en la región. Siguiendo esa lógica imperial, resulta pertinente apreciar los pilares militares económicos y políticos como un complejo entramado de intereses a considerar para entender las verdaderas pretensiones del gobierno estadounidense con la guerra contra el “narcotráfico” en la región.

Siguiendo esa línea de pensamiento, resulta comprensible por qué no se concentren las políticas antidrogas impulsadas EE.UU., enfrentando los problemas que incitan en el negocio de las drogas, con la demanda del ferviente mercado norteamericano y las dificultades que vive Latinoamérica, con el índice de pobreza y desigualdad social. Tampoco se ocupan de rastrear los vínculos de los cárteles de la droga con empresas legales transnacionales. Por el contrario, estas estrategias se limitan a crear recetas para eliminar cultivos de plantas de las que se obtiene materia prima para las drogas.

De esta forma, lejos de atender el tema de las drogas de forma integral, se orientan hacia la cadena más débil, que parte de los países pobres, militarizando la guerra contra los cárteles de la región, inyectando de armas a estos grupos, a la vez que se acrecienta la permanencia de las empresas militares de contratación privada en la región. De todo ello, finalmente paga las consecuencias la sociedad civil. Las experiencias de Colombia y México son un fatídico ejemplo de lo que pudiera significar la extensión de esta práctica la paz y la seguridad en la región. Con ello se aprecia la verdadera amenaza: mercenarios y empresas privadas de seguridad, haciendo dinero a costa de las calamidades del tráfico ilícito de drogas en Nuestra América.

Anexo1. Contratos que el gobierno estadounidense ha efectuado con Compañías Privadas para la guerra contra las drogas en América Latina.
Fuente: Prepared for Chairman Claire McCaskill. United States Senate. Committee on Homeland Security & Governmental Affairs Subcommittee on Contracting Oversight New Information about Counternarcotics Contracts in Latin America Majority Staff Analysis, June 7, 2011, p.7. En: http://mccaskill.senate.gov/files/documents/pdf/CNReportFINAL.pdf

Anexo 2. Contratos de contratistas por millones de dólares
Fuente: Prepared for Chairman Claire McCaskill. United States Senate. Committee on Homeland Security & Governmental Affairs Subcommittee on Contracting Oversight New Information about Counternarcotics Contracts in Latin America Majority Staff Analysis, June 7, 2011, p. 3. En: http://mccaskill.senate.gov/files/documents/pdf/CNReportFINAL.pdf

Anexo 3. Contaros de agencias privadas en millones de dólares.
Fuente: Prepared for Chairman Claire McCaskill. United States Senate. Committee on Homeland Security & Governmental Affairs Subcommittee on Contracting Oversight New Information about Counternarcotics Contracts in Latin America Majority Staff Analysis, June 7, 2011, p, .5. En: http://mccaskill.senate.gov/files/documents/pdf/CNReportFINAL.pdf

Anexo 4. Contratos del Departamento de Defensa y del de Estado.
Fuente: Prepared for Chairman Claire McCaskill. United States Senate. Committee on Homeland Security & Governmental Affairs Subcommittee on Contracting Oversight New Information about Counternarcotics Contracts in Latin America Majority Staff Analysis, June 7, 2011, p.4. En: http://mccaskill.senate.gov/files/documents/pdf/CNReportFINAL.pdf

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La hora del individuo mundo

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Mientras el siglo XXI avanza, destacan dos situaciones que, a simple vista, podrían parecer una paradoja: el caos de la estructura global y la acción del individuo. El estado clásico colapsó, ningún gobierno ofrece respuestas lógicas y concretas. De la noche a la mañana no nos gobiernan los políticos sino el sistema financiero (que por invisible no asume responsabilidades). Todo (y todos), según la industria mediática de la información, cae directo al abismo. Las noticias sólo nos cuentan el desplome de un modelo, pero el concepto de esas noticias forma parte de ese desplome. Por más que el capitalismo pretenda ejecutar una mutación hacia una forma de dominio superior (desmontar el colapso para crear un nuevo mercado virtual), las cuentas de la injusticia cada vez cuadran menos en las iniciativas populares. A nivel global, mientras el sistema sociopolítico convencional (tanto de derecha como de izquierda) se derrumba en caída libre, surgen diversas e importantes respuestas individuales. Los movimientos sociales que hoy protestan nacen de las acciones directas de las personas, no de la maquinaria de los partidos políticos. Y, en paralelo al colapso del sistema, muchos otros individuos abren las puertas del caos para asumir las respuestas a su propio dilema. Un sujeto emprende una discreta campaña (boca a boca) para que los sobrantes de comida se conviertan en alimentos de otros; cuatro o siete vecinos se ponen de acuerdo para recuperar una biblioteca; dos lectores fundan una editorial; una doña (creyente de sí misma y de su entorno) dicta clases de corte y costura en la plaza del barrio. Cada vez son más los integrantes de la comunidad que dan el salto de la apatía al activismo social. Y si bien nada de esto es noticia, porque ya sabemos que para la lógica mediática no es importante que de diez vecinos cuatro articulen solidaridades (sino que seis ensucien las paredes), la voluntad civil (y anónima) sigue su curso.

En medio de la parálisis política y el asalto financiero, crece la reacción comunitaria. El ser, que en todos los tiempos se ha resistido a que le decreten el final de su esperanza, está actuando. Una nueva forma de respuesta, quizá inédita, irrumpe en la sociedad. Ya no se trata del individuo dirigido sino del ser en respuesta ante su cotidianidad. Tradicionalmente la individualidad ha sido un factor de negación o de chantaje para la política conservadora. Del individuo, la derecha ha trabajado su egoísmo, la izquierda su inexistencia. Usar al individuo para dividir es tan nocivo como apartarlo por considerarlo amenaza. Un pueblo sin individuos fortalecidos (en conciencia y educación) es tan abstracto como una serie de individuos sin pueblo. Rentabilizar al ser en beneficio del poder es la lógica política que sigue imperando. No obstante, todo parece indicar que el colapso de esa lógica está ocasionando el despertar del individuo. Aún es pronto para vaticinar escenarios, sin embargo, la actual indignación global y el crecimiento de las iniciativas hacen pensar que la capacidad de respuesta del individuo terminará sobrepasando a la del estado. ¿Anarquía? ¿El fin de los dogmas? ¿Nueva estructura social basada en el protagonismo de los individuos? ¿Evolución? Todo es posible siempre y cuando pasemos de la reacción a la conciencia, de la indignación a la construcción y del egoísmo a la participación. Es mucho el escombro que aún falta por esquivar, que nadie se llame a engaño. Lo que está cayendo es la lógica sociopolítica de un mundo construido para ser habitado por dominados y dominadores. Una historia de más de 2000 años de victimas y victimarios no se derriba tan fácilmente. Mas, si actuamos con la coherencia que requieren los acontecimientos, éste podría ser el siglo del desplome y de la construcción. Entre la utilización y el aniquilamiento, necesario será el gran salto del ser. (Hacia la suma de las conciencias activadas). Todo sea por el surgimiento del individuo mundo. (Uno en coherencia con el todo).

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Desde Venezuela. Entrevista/ Profesor Andrés Antillano: “Donde hay violencia que haya política”

Indira Carpio Olivo - Ernesto J. Navarro

A propósito del Examen Periódico Universal -EPU- presentado por Venezuela ante la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas -ONU- opositores nacionales e internacionales aprovecharon la oportunidad para atacar los logros de la Revolución Bolivariana y visibilizar -incluso inventar- ante la opinión pública mundial las patas de las que cojea la mesa del Estado venezolano. Exámenes realizados a los países desarrollados -que violan sistemáticamente los Derechos Humanos (DDHH) de sus ciudadanos y los derechos de los habitantes de otros países del orbe-, pasaron inadvertidos por las pantallas y las plumas afiladas de la artillería mediática, poniendo nuevamente al descubierto una mezcla que el profesor Andrés Antillano resume como “el delirio apátrida” de la derecha venezolana, que actúa como un simple tentáculo de los poderes mayores. Como resultado de las recomendaciones hechas a Venezuela, las empresas de información resaltaron la supuesta persecución a los defensores de DDHH en el país y la violación por parte del Estado nacional de los derechos fundamentales como el de la vida -a través de la inseguridad- y el de expresión.
-¿Es esto cierto?

-Lo primero que hay que hacer es desentrañar para develar cómo funciona el sistema multilateral y sus falencias son las dos categorías que están en crisis y que confluyen alrededor del EPU

-¿Cuáles son estas categorías?

Erosión de la Organización de Naciones Unidas y sistemas multilaterales. La primera tiene que ver con el sistema de la ONU y el sistema multilateral que nace a partir de las postrimerías de la segunda guerra mundial que pretende explicar una correlación de fuerzas entre dos bloques, el soviético y el de EEUU y su periferia europea y latinoamericana, que era un espacio de equilibrio y negociación en plena guerra fría. Sin embargo hoy es cada más visible que estas instancias multilaterales son cada vez más una expresión burda de la hegemonía unipolar, del imperialismo y de algunas potencias periféricas europeas. En ese sentido, la ONU deja de ser un mecanismo de regulación y de equilibrios entre fuerzas, para convertirse en uno de extorsión de los hegemones del mundo. Los signos más claros de la erosión de naciones unidas es la convalidación que hace este sistema a aventuras imperialistas como en los Balcanes, luego en África, en Afganistán, en Irak y recientemente en Libia. La ONU se ha convertido más en una agencia imperial, que una instancia de negociación pacífica de conflictos. Estados Unidos -EEUU- convalida sus operaciones en ese foro internacional que le otorga una legitimidad democrática y multilateral que no tiene. Este foro pretende aislar, demonizar y estigmatizar experiencias no alineadas, experiencias que se salen del control imperial. Particularmente sensibles son países como Venezuela, por la importancia que reviste la producción energética en estos momentos, pero no somos el único caso. El modelo imperialista en el mundo globalizado neoliberal es una especie de trama que no tiene un centro político claro, son redes en las que coinciden gobiernos y grandes corporaciones económicas, cuyos roles están cada vez más diluidos. Por ejemplo, Dick Cheney era vicepresidente del gobierno de Bush y al mismo tiempo jefe de una de las corporaciones militares más grandes del mundo. Actualmente, empiezan a ser cada vez más imprecisos los límites. Ya no se puede decir que Washington sea el dueño del mundo. Se trata de una red que tiene a naciones unidas y a otros organismos multilaterales como sus centros de operaciones. En cualquier caso, el sistema internacional se ha convertido en un mecanismo de extorsión que termina legitimando prácticas de aislamiento y de intromisión en la soberanía de los pueblos. No es solo el caso de que Venezuela presente el EPU, sino que también le aplican otras formas de fiscalización y control, como en materia de drogas y otros asuntos que siempre han contado con mecanismo espurios, justamente porque son negociaciones entre distintas potencias que se ponen de acuerdo sobre qué permitir y qué no. Cito otro caso, el sistema de fiscalización de DDHH no evalúa ni condena nunca al gobierno de Israel, ni lo hizo con la dictadura de Augusto Pinochet.

-¿Cuál es la otra falla que confluye en los sistemas multilaterales?

-Como segunda categoría está el concepto de DDHH. Este concepto nace como resultado de la crisis del modelo absolutista que tenía que ver con un conjunto de contraprestaciones y prebendas relacionadas con la ubicación estamental en la sociedad. Esto era propio del mundo feudal. Cuando entra en crisis el sistema feudal absolutista, la burguesía levanta la noción de derecho, derechos fundamentales, de DDHH, como una forma de limitar el poder del Estado. Desde entonces, ha sido un concepto esencial en la construcción del orden político moderno que a fin de cuentas es el orden político burgués, porque se entiende la creación del orden político como una construcción jurídica que fundamentalmente se dirija a restringir los poderes del Estado y proteger la autonomía del individuo frente a este. La noción de los DDHH es gemela de otras nociones modernas como la idea liberal de la economía y la noción de la democracia representativa. En este marco, los DDHH han privilegiado los derechos individuales, lo que llaman de primera generación, los políticos y civiles, que resumen los derechos del individuo frente al Estado, porque se considera que el único violador de los DDHH es el Estado. Eso habla de su fuerte impronta liberal y es comprensible en el contexto en el que emergieron, porque las clases media y alta veían los derechos como privilegios.

-¿Quiénes son los otros poderes que violan los DDHH?

-En un mundo como el nuestro, en el que los Estados nacionales tienden a desdibujarse, quizás no se pueda hablar del imperialismo del que hablaba Lenin en 1917, porque ya no se trata de un solo centro imperial con fronteras nítidas; se trata de tramas, redes, retículas que articulan poderes imperiales con poderes económicos y corporativos, incluso es mucho más claro cuando se mezclan los poderes fácticos vinculados con poderes económicos, militares, sociales, comunicacionales, que de algún modo son los que terminan gobernando al mundo con mucho más eco e incidencia que los propios gobiernos. Suponer que los gobiernos son los únicos violadores o garantes de los DDHH es encubrir las relaciones de poder y los nuevos centros de poderes fácticos que no pasan por el Estado y esto se acentúa justamente en las últimas décadas donde los procesos neoliberales terminan desbaratando al Estado como comando de la sociedad, como comando de la política y aparecen otros actores mucho más claros que siempre han existido, que se hacían del Estado para gobernar pero que ahora no necesitan la mediación del Estado. Hablo de las grandes corporaciones, los poderes económicos, mediáticos, militares, entre otros. Entonces estos mecanismos de fiscalización, de monitoreo de DDHH en manos de las multilaterales adolecen de estas dos categorías como grandes limitaciones. Primero, este sistema -lejos de defender la voluntad colectiva de todas las naciones del mundo- se ha convertido en un espacio donde los poderosos actúan en contra de aquellos que no obedecen a sus razones; y segundo, la concepción de los organismo de DDHH no se corresponde con los conflictos y los problemas actuales en esta materia, porque responden a una realidad social e histórica diferente.

-¿Es por ello que usan el EPU como campaña en contra el Gobierno de Venezuela?

-En el caso nuestro, la derecha venezolana -que es particularmente delirante- creía que las presiones en Ginebra llevarían a una condena unánime contra Venezuela y se declararía al país como un Estado PARIA. Esas ideas mezclan el delirio con sentimientos apátridas, como si alguien pudiera aislar al país del resto del mundo y alegrarse por ello. Pero más allá de eso, si creo que se hicieron intentos, no solamente con Venezuela, sino con otras naciones del mundo de utilizar el EPU para estigmatizarlos y criminalizarlos. En nuestro caso a la revolución y los avances sustantivos que se han realizado. Creo que esos intentos fueron finalmente neutralizados, porque no se puede tapar al sol con un dedo, no se pueden desconocer un conjunto de avances. Incluso, Venezuela capitanea unos indicadores importantes en materia de derechos sociales, culturales y económicos; sin embargo, se utilizó el foro para intentar atacar a la Revolución Bolivariana. A pesar de ello hubo importantes reconocimientos de los avances en materia de derechos sociales, culturales y económicos que normalmente son vistos con cierta desidia y de manera muy relegada por las organizaciones mundiales de DDHH, para las cuales los problemas son los derechos individuales (de carácter liberal: los derechos civiles y políticos); los económicos, sociales y culturales los reservan a un segundo plano.

-¿Por qué ocurre esto?

-Los derechos civiles y políticos expresan intereses burgueses. Por ejemplo el derecho a la libre prensa, el derecho a la comunicación es entendido como el derecho que tienen las empresas privadas de comunicación y no como un derecho de todos los ciudadanos a la comunicación. Los contenidos pasan a reproducir valores de las elites que son las que finalmente operan a través de esos foros. Venezuela ha avanzado mucho en los derechos económicos, sociales y culturales que tienen que ver con la inclusión de las grandes mayorías, la igualación de las condiciones de vida y el reconocimiento de la diversidad cultural, pero se señala fundamentalmente su déficit en derechos civiles y políticos. Esto coincide con una campaña realizada en foros similares a estos (también muy cuestionados), como ocurre en el caso de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos -CIDH- y la inhabilitación de Leopoldo López que mantienen una misma línea: un intento de injerencia en asuntos internos, de jugar al aislamiento de Venezuela, de jugar con los sectores confrontados en el país bajo el manto prestigioso, no cuestionado “profundamente legítimo” de los DDHH, que no son más que la ideología burguesa convertida en interés.

-El caso de la jueza María Afiuni presentado durante el EPU a Venezuela va de lo particular a lo general, condenando al país como violador de los DDHH.

-Esa es una evaluación arbitraria que muestra sus falencias y trata de inventar expedientes contra el país, a través de un caso que universaliza afirmaciones que no son pertinentes. Esta jueza está procesada por un delito de corrupción, que en términos de DDHH es un delito gravísimo, porque los delitos que tienen que ver con la aplicación de la justicia no tienen una víctima individual, sino que hacen víctimas a toda la sociedad. En efecto, si la justicia es una justicia de clases que favorece a un banquero (a Eligio Cedeño) como en el caso de la jueza Afiuni, entonces no hay justicia para los pobres. Por lo tanto, un elemento fundamental para la construcción de la democracia y de los DDHH es el derecho a la justicia y este caso la convierte en una fórmula hueca, en una política vacía. Además, el caso de esta jueza está ajustado al debido proceso y está siendo juzgada con todos los derechos y garantías que le proporciona el sistema judicial venezolano. Incluso cuenta con muchas más garantías que la gran mayoría de los presos, generalmente pobres, no tienen. Porque esa es la otra cara de la moneda, es lamentable. Además, ella está siendo juzgada por un caso que SI supone una grave violación a los DDHH. Por otra parte, tenemos casos que son realmente preocupantes como los sicariatos que muestran la debilidad del Estado, pero bajo la concepción de que éste es el único violador de los DDHH, en muchos casos estos sicarios son paramilitares contratados por empresarios para matar a campesinos e indígenas que luchan por su legítimo derecho a la tierra. Según la concepción de que el Estado es el único violador de los DDHH, el mismo sería responsable de la situación, por no ser capaz de proteger a los campesinos. Pero no hay que olvidar que quien viola los DDHH de los campesinos asesinados o intimidados son algunos ganaderos que utilizan grupos armados para ese propósito. Ese discurso liberal de los DDHH encubre a todos estos sujetos que vulneran los derechos colectivos e individuales.

-Un tema recurrente durante la presentación del EPU a Venezuela fue el tema de la seguridad ¿Cómo evalúa usted el tema en Venezuela?

-El llamado derecho a la inseguridad es una fórmula muy antigua, porque qué quiere decir el derecho a la seguridad. Yo mismo tengo muchas dudas al hablar de la seguridad, porque es casi cualquier cosa. Seguridad puede tener que ver con los miles de pobres asesinados o puede tener que ver con las preocupaciones de la clase media porque vea a una persona mal vestida cerca de su casa y eso le inquieta, o porque estén construyendo viviendas para damnificados en un sector de clase alta y eso disminuye el precio del mercado inmobiliario. Es decir la seguridad es una categoría completamente laxa que aparece relativamente hace poco en la misma medida en que disminuye la seguridad social y desaparece el estado de bienestar en la década de los 80, cuando se desmantelan las dinámicas de inclusión social -profundamente jerárquicas e injustas- pero que por lo menos garantizaban que las grandes mayorías tuvieran lo mínimo necesario. Entonces, el problema ya no es la distribución de bienes colectivos sino el MIEDO como forma de consenso. Ya no se trata como todos tenemos igualdad de condiciones, sino como todos nos empezamos a temer los unos a los otros.

-¿La inseguridad es una realidad o una percepción inducida por los medios?

-La inseguridad es un término que se le ha dado desde las políticas públicas, desde la academia y desde las Organizaciones No Gubernamentales -ONG- a un conjunto de fenómenos a un conjunto de fenómenos que son profundamente heterogéneos, que hablan más bien no de una realidad, sino de una forma de gestión de los conflictos. La inseguridad tiene que ver con miedo, pero no es solamente miedo, la inseguridad es un saco donde se mete desde la violencia real, los delitos reales. No es igual que me roben el celular a un delito violento y eso no nos permite medir la inseguridad. Eso por un lado, pero también está la inseguridad en la que me da miedo si se me acerca un indigente para pedirme dinero, porque tengo miedo al otro. Entonces el miedo me genera eso que ahora llaman ahora inseguridad subjetiva, que es esencialmente un debilitamiento, un déficit de las relaciones democráticas donde se nota la intolerancia frente al otro: el pobre, el distinto, el de tez oscura, el muchacho, el estereotipo. La inseguridad en el fondo encubre y despolitiza las contradicciones de clase, por eso esta categoría ha sido usada en discursos muy útiles y rentables para los programas reaccionarios de algunos gobiernos. Por ejemplo, en la primera elección de Richard Nixon frente al discurso de los (social) demócratas que planteaba la guerra contra la pobreza, Nixon decía que había que hacer la guerra contra el delito, sustituyendo las políticas de inclusión y seguridad socialdemócratas por políticas que se dirigen a explotan como palanca de gobierno el MIEDO. La seguridad como concepto y categoría termina siendo muy útil para los gobiernos de derecha. No es que los delitos violentos no existan, pero al contrario la noción de seguridad los encubre.

-Entonces ¿Cuál es el problema en Venezuela?

-Los delitos y los delitos violentos. Se trata de cómo disminuir la violencia, entendida como aquella que sucede en los sectores más pobres, lo más excluidos y lo que produce mayor exclusión. De nada sirve que haya un Barrio Adentro en el sector, si cuando el joven sale de ser atendido en el módulo, lo matan. El problema en Venezuela es la violencia como consecuencia de la exclusión social, afecta esencialmente a los excluidos y acentúa la misma exclusión, porque entonces mueren los muchachos que pueden tener capacidad de producción para su familia, para el país y así las familias deben huir y gastar muchísimo como resultado de la violencia, por el desplazamiento. Entonces una tarea en la construcción de una sociedad más justa es disminuir la violencia que no tiene que ver con el problema de la “seguridad” en abstracto, incluso tiene que ver con garantizar la protección de los sectores más desvalidos, más desprotegidos porque la mayor parte de los episodios violentos ocurren contra los pobres.

-Y entre los mismos pobres...

-Sí, porque yo creo que los pobres son tres veces víctimas de la violencia. Son víctimas de la exclusión, de la propia violencia y de las malas políticas para atacarla, es decir, en ocasiones víctima de las balas de las policías, de los operativos indiscriminados que todavía se siguen haciendo.

-¿A cuáles operativos actuales se refiere?

-Al Dispositivo Bicentenario de Seguridad -Dibise- que es una reedición de las prácticas históricas de “empoliciamiento” duro contra los sectores populares que lo que hace es enviar constantemente a los pobres a las cárceles, en que no tiene ningún efecto en la disminución del delito. El Dibise no se distingue en nada de programas como el Plan Unión aplicado hace ya más de 30 años que puso en práctica la idea de los planes y los operativos ideológicamente muy perversos, es la extrapolación de prácticas militares en situaciones de paz, que tiene a los pobres como enemigos y la policía actúa como un ejército de ocupación que los controla, los domestica y los doblega.

-Entonces ¿Qué debe hacer el Estado?

-Lo que es esencial es dirigirse a disminuir la violencia y a construir espacios de convivencia. Porque la noción del derecho a la seguridad en ese sentido es muy original porque aparece en la constitución y es una de las pocas constituciones del mundo donde ese derecho está reseñado y es una de las razones por las cuales señalan a Venezuela, pero ese es un concepto dudoso, como muchas otras categorías propias que los DDHH encubren. Más bien habría que plantearse cuál es el derecho, si el derecho a la seguridad o la seguridad del derecho. Es decir, en la misma medida que las grandes mayorías tengan sus derechos garantizados, en esa misma medida habrá seguridad, pero seguridad de los derechos y supondrá también la disminución de la violencia y los delitos. Creo que la gente debe tener derecho a la justicia, por ejemplo si es víctima de un delito que el hecho no quede impune. Creo que la gente debe tener derecho a la protección del Estado, al debido proceso. Sin duda que tenemos un problema de violencia y creo que eso no es posible esconderlo más allá de los intentos de manipulación planteados por algunos países de naciones unidas para condenar a Venezuela. Creo que desde el Gobierno Revolucionario no hemos sabido plantear el tema con claridad y entender el tema de la violencia. Porque la violencia siempre aparece donde hay contradicciones graves.

-Y además de esto se aprovechan las clases elites de la sociedad.

-Lo que creo es que la violencia se convierte en una violencia de clase contra la misma clase, intraclase y la clase dominante lo promueve haciendo gestión de la violencia intraclase, porque despolitiza, desorganiza y les permite legitimar la ampliación de aparatos policiales y de mecanismos penitenciarios, criminalizando los sectores populares. Por eso el discurso represivo y punitivista del Estado contrasta con en el de un gobierno que plantea asumir los intereses de las clases populares y se convierte en un discurso peligroso, porque siempre ha sido enarbolado por la derecha. No quiere decir que el gobierno deba ser indulgente con la violencia, por el contrario debe convertirlo en un elemento fundamental de su agenda pública, en uno de los principales porque los que se mueren son pobres. Pero pretender que esto se resuelve principalmente con policías o metiendo más gente en las cárceles es además desconocer lo que la evidencia histórica demuestra. La violencia nace de determinados antagonismos, de determinadas contradicciones, de determinadas negaciones, pero como no es una violencia entre clases se convierte en una violencia que perpetúa esas condiciones. La violencia criminal es una respuesta injusta ante una situación injusta que profundiza y acentúa las injusticias contra los pobres.

-¿Qué debemos hacer?

-Debemos politizar estas contradicciones que la violencia despolitiza y encubre. Por ejemplo, quiénes son los actores de la violencia, son los pobres, jóvenes de los sectores populares urbanos, con problemas de acceso al empleo, no reconocidos, no incluidos ni simbólica, ni materialmente, que encuentran en la violencia una forma de reconocimiento, porque todos los discursos de estos muchachos tienen que ver con ser alguien, tener cartel, firmar de no se qué, en resumen: ser merecedores de respeto y a la vez una forma de inclusión material porque la violencia también es una medio para acceder a bienes que les son negados.

-La industria cultural exacerba la creación de estereotipos. Por ejemplo, en las novelas los personajes hacen cualquier cosa para ascender socialmente, obtener dinero y ser “alguien”...

-No sé si eso es una causa o la utilización de esas condiciones terminen siendo un mercado cultural importante. Yo creo que uno se pudiera plantear sustituir la violencia por formas transgresoras no violentas, que constituyen la transgresión cultural o movilizaciones populares o la protesta como respuesta a la violencia. Si la violencia es resultado de antagonismos y negaciones, la respuesta a la violencia no debe ser la represión, no debe ser la negación de esa negación, sino la politización de esa negación. Se trata de politizar: donde hay violencia que haya política. Creo que el presidente Chávez ha hablado de esto con mucho acierto cuando plantea convertir a los malandros en meandros (2) es decir politizar a los muchachos en el barrio. Porque hay una cosa muy curiosa en el proceso revolucionario que no ha sido capaz de interpelar, conmover, convocar a los jóvenes, a los sectores populares y urbanos. Una revolución es biológicamente un asunto de jóvenes y eso tiene que ver con que la industria cultural ha hecho una gestión muy eficaz de la conflictividad juvenil. Si estás bravo, molesto con el sistema con el orden establecido es suficiente que te coloques un piercing, que empieces a cantar de cierta forma o a vestirte de cierta manera y que por cierto “hay una tienda que lo vende” y por cierto a unos precios muy elevados. Frente a la banalización que propone la industria cultural o la negación que supone la violencia criminal o la violencia del Estado hay que politizar el conflicto de los jóvenes.

-¿Cómo es la violencia venezolana?

-En mi opinión hay un peligro importante y es que nuestra violencia es desorganizada. Acá no hay grandes bandas, es más una violencia de muchachos contra muchachos. Pero la disponibilidad de armas puede lograr que pasemos de una violencia desorganizada a una organizada y que se vuelva realmente peligrosa, como la que sucede en México, o la ocurrida en Colombia con los paramilitares.

-¿Cree usted que el herrero entregará su martillo? ¿A quién desarma la Comisión de Desarme?

-A mí me parece que la idea del desarme no se basa en que nadie tenga armas; sino restringir el mercado: que no sea fácil obtenerlas, al igual que las municiones. También tenemos que disminuirles el “atractivo cultural” a las armas, quitarle el amor a las armas. Y es que el uso de las armas no sólo tiene que ver con su valor instrumental, sino con su glamour, con su fascinación. Pasearse con una pistola logra que muchos sean reconocidos, se asocia con masculinidad, con la idea de poder. Por otro lado, yo creo que las políticas de reducción de armas si tienen una incidencia seria en la disminución de los hechos delictivos. Esa es la razón por la cual, los homicidios en Brasil que tenían una tasa mayor a la de Venezuela, disminuyeron drásticamente.

-Pero ¿Son las armas el origen de la violencia en Venezuela?

-En primer lugar, las armas no son la causa de la violencia, pero se convierten en factor que incrementa, facilita y permite la escalada de la violencia. Por varias razones. Una de ellas es que aumenta la demanda. En la medida en que yo creo que puedo ser víctima de gente armada y que el Estado no me protege me empiezo a armar y aumenta el mercado legal de armas. En la mayoría de los países, sospecho que en Venezuela aunque no hay datos muy confiables, el mercado ilegal de armas se nutre del mercado legal. La alta disponibilidad de armas en el país tiene mucho que ver con que el año 2002 las clases media y alta de Venezuela prácticamente desvalijaron las armerías, porque “iban a venir las hordas chavistas a asaltarles su residencia”. Buena parte de esas armas termina nutriendo al mundo criminal. Los pocos reportes dicen que la presencia de armas -que vienen por tráfico ilegal- es más bien insignificante. Casi todas vienen del mercado legal. Por ejemplo, roban una casa y encuentran una pistola que fue comprada legalmente y se la llevan y termina siendo usada para actos criminales. Igual si roban un carro, o las policías que suministran armas. El caso de las balas, las municiones. Un número aplastante de las municiones que se emplean en actividades delictivas son producidas en el país, son producidas para el mercado legal, por Cavim. En fin, estar armado aumenta el número de armas y el riesgo relacionado con ellas. Pero las armas además se convierten en un símbolo de estatus, de masculinidad, de virilidad. El arma es una forma de ser reconocido. Hay dos cosas importantes que debemos señalar. El primero de ellos es que las armas no son una forma de defensa, todo lo contrario aumentan el riesgo de muerte. Y el segundo que las armas favorecen los procesos de exclusión contra los más pobres. Yo creo que debemos estar preparados para una agresión armada contra la revolución, pero no debemos mitificar la idea del pueblo armado, porque quizá el problema es que justamente el pueblo está armado, que todo el mundo tiene armas, circulan de manera continua y es muy fácil conseguirlas.

-Uno se pregunta ¿por qué un diputado tienen más escoltas que un magnate?

Las políticas de reducción de armas deben ir acompañadas de políticas que hagan que las personas se sientan protegidas por el Estado y esa disminución tiene que sentirse en una desinversión simbólica. Pero allí la pregunta es por qué un diputado, que es un ciudadano igual que yo, tiene mucha más protección. Por qué un parlamentario tiene que andar con un pequeño ejército de guardaespaldas, que -en muchos casos- son funcionarios policiales que deberían estar ofreciendo protección a las comunidades y están destacados a brindar custodia a una sola persona y muchas veces a su familia. Esto se debe a que en una sociedad desigual “la seguridad” se distribuye desigualmente y unas personas están más protegidas que otras. Las élites económicas, políticas están más protegidas. Es más fácil conseguir una patrulla en La Florida, (donde además hay vigilancia privada, cámaras de seguridad, cercas electrificadas) que en Chapellín, un barrio que queda al lado. La seguridad, que es un bien, está distribuida desigualmente a favor de los poderosos.

-Incluso, en La Florida los cuerpos de seguridad no tratan de la misma forma a sus habitantes que en Chapellín.

-Porque la seguridad, como bien se distribuye desigualmente, pero como coacción también está distribuida desigualmente en términos inversos. Porque las pocas veces que la gente de Chapellín ve a la policía, ve a una policía represiva, una de “pégate pa' allá”, una policía de “no me mires a la cara”, o “móntate ahí, porque estoy seguro de que tienes una broma”, en fin una seguridad que se distribuye desigualmente, protegiendo a los más poderosos y controlando y reprimiendo a los más débiles, a los desposeídos. Eso ocurre en una sociedad desigual como con todos los bienes, como con el agua o como con otro bien y servicio, como es el caso de la seguridad y de los servicios policiales. Entonces, creo que la posesión de armas es una mala señal, porque no se trata de un hecho meramente instrumental, sino una ostentación de poder el llegar a un sitio con armas o con 10 ó 15 guardaespaldas.

-¿Hay una política de desarme?

-No hay una política de desarme, hay una Comisión de Desarme y entiendo que una de sus tareas es crear una política al respecto. No es que van a ir a quitarle las armas a la gente, eso no tiene mayores resultados. El desarme tiene que ver con controlar la disponibilidad de armas y municiones, también con vaciar de atractivo la tenencia de armas. No se trata sólo de una campaña comunicacional. Hay medidas que está tomando esta Comisión que pueden ser muy importantes, como por ejemplo el control de municiones, el marcaje de municiones. En Brasil se distinguió entre el porte y la tenencia de armas. Porque una cosa es tener un arma en casa y otra es andar con armas por la calle. Si usáramos una metáfora dramatúrgica, diríamos que si usted saca un arma en el primer acto de una obra de teatro, antes de que caiga el telón usted debe matar a alguien. Las armas en la calle aumentan la probabilidad de un encuentro armado. Es muy posible que en una sociedad -además tan cargada como la caraqueña- entremos en conflicto. Pongamos el caso muy frecuente de una cola en una autopista, una cosa es resolverlo con unos gritos y otra muy diferente es sacar una pistola, cuestión que ocurre con frecuencia entre señores de clase alta “completamente honestos” que no tienen ningún empacho en pegarle tres tiros a otro. Porque el arma es una forma de ejercicio de poder. Y si el poder no es democrático, no es colectivo, no es horizontal, las armas terminan convirtiéndose en una forma que acentúan las asimetrías del poder. El control de armas es una condición también para que se de una sociedad igualitaria y no eso no quiere decir que no hay que prepararse para situaciones de invasión o amenazas, pero lo que no tiene que ocurrir es que las armas sean un mecanismo que profundicen las diferencias de poder, porque el muchacho del barrio que tiene un arma ejerce un poder indebido contra sus iguales, contra sus vecinos, no favorece la organización popular. Si tiene un arma se impone contra los demás. No creo que sea un asunto de desarme, ni que vayan a desaparecer las armas no se trata de esto, se trata de controlar y restarle atractivo a las armas.

-Entonces ¿tiene que ver con campañas comunicacionales?

-No sólo con campañas comunicacionales, sino con campañas de movilización. Esto es algo que entienden claramente las madres en los barrios, porque el tema de las armas es un problema que les está quitando la vida a sus muchachos y les resta incluso la posibilidad de organización popular. La gente, mientras ocurre la violencia armada, se queda en su casa, se rompen los mecanismos de participación, se rompen los vínculos sociales, porque ya no veo al vecino como mi aliado, sino como el padre del muchacho que mató a mi muchacho. Empiezan a quebrantarse los vínculos de organización y se acentúa la desorganización, la exclusión, la dificultad de los ejercicios del poder popular en las comunidades. Entonces, la propuesta debe ser frente a la violencia armada de pobres contra pobres, politización, organización política. Ese es un elemento esencial.

-¿Cuál es la función de una ONG?

-Las formaciones económicas y políticas que se dan en el mundo en los últimos 30 años hacen que las viejas formas de representación política (los partidos, los sindicatos) pierdan eficacia, eso es un patrón repetido en todo el mundo. Existen partidos como forma de representación de algunos sectores, los sindicatos también viven una situación parecida y esto es un asunto universal. Frente a esta crisis de representación política de la democracia representativa aparecen dos grandes expresiones. Por un lado las expresiones populares con sus propias formas de organización, como el estallido ocurrido el 27 de febrero de 1989 o las multitudinarias marchas atraídas por el presidente Chávez o el Movimiento Sin Tierra de Brasil, que son expresiones distintas, pero iguales en cuanto a la auto-organización popular. En esta crisis de representación ya no se trata de los partidos, ni de los sindicatos sino de un sujeto plebeyo, insurgente que emerge. Ahora, del lado de la clase dominante y de las clases medias surge otra forma de resolver la crisis de la representación que algunos han llamado la sociedad civil, una categoría que se basa en un conjunto de premisas: el Estado de bienestar que es el socialdemócrata ya no tiene el comando de la sociedad, ni el de la política, no debe intervenir y debe dejarle a los ciudadanos el mercado y la libre iniciativa y el papel del Estado estará en manos de las fuerzas invisibles del mercado y en nuevas corporaciones que aparecen como sustitutivas de los viejos actores políticos, éstas no son más que las Organizaciones No Gubernamentales -ONG-. En todos los países, sobre todo en los del tercer mundo, las ONG tienden a sustituir simultáneamente al Estado, a las viejas formas de representación política e intentar controlar a los sectores populares.

-Las ONG se dicen apolíticas ¿Cómo se come esto?

-Las ONG se hacen de un discurso “neutro”, “apolítico”, “anodino” que muchas veces pasan por registros como el desarrollo social, el desarrollo comunitario y el de los Derechos Humanos -DDHH- que son planteados como un discurso universal que no entiende la diferencia de clases. El discurso sobre el desarrollo comunitario de las ONG no distingue entre la comunidad de La Florida (barrio rico) y la comunidad de Chapellín (barrio pobre). Y el discurso de los DDHH en el que convierten en iguales, ante la ley, al habitante de La Florida y el de Chapellín que NO son iguales, más allá de lo que la ley contempla. Entonces este discurso sobre los DDHH ha sido de algún modo despectivo para determinadas formas de dominación o legitimación, es un discurso profundamente liberal que en su tratamiento internacional muestra las profundas asimetrías y arbitrariedades porque se les presta atención a “organizaciones de DDHH venezolanas” que muchas veces han tenido una clara actuación, no solamente con la derecha política, sino que incluso han respaldado episodios de violación del marco jurídico venezolano y de los DDHH como por ejemplo el golpe de Estado del año 2002. Muchas personas que aparecen ahora como adalides de los DDHH refrendaron el Golpe de Estado de Carmona, donde hubo muertos. Eso habla del carácter hipócrita de estas organizaciones. Se les presta atención a las ONG venezolanas, mientras -por ejemplo- las organizaciones de DDHH colombianas denuncian a su gobierno, uno que los masacra y que mantiene el genocidio como forma de gobierno. Incluso asesina a dirigente de DDHH y esto es encubierto y desconocido por los organismos multilaterales. Hay un tratamiento interesado, sesgado en el mismo discurso de los DDHH que expresan valores liberales, de origen burgués. En ese marco hay un tratamiento distinto cuando se trata de organizaciones autodenominadas de DDHH en Venezuela y organizaciones de DDHH en otros países del mundo donde hay gobiernos que son afines a los intereses que gobiernan el mundo.

-¿Las ONG responden a quienes los financian?

-Lo que ocurre es que las ONG en todo el mundo se han convertido -sin declararlo- en actores políticos, han ocupado junto a la empresa privada, los “think tank”, algunas élites académicas y los medios de comunicación, relegando a los viejos partidos en la defensa de los intereses de los sectores económicos, de los sectores dominantes. Eso ocurre en todos lados, incluso entre los académicos. La intelectualidad de ahora no es como la vieja escuela, que hace muchos años estaban comprometido con las luchas populares. En el mundo ésta es una especie en extinción y más bien se ven como los portaestandartes en la defensa de los intereses de los poderosos. Pero al igual que las ONG, lo que ocurre con los intelectuales, con los medios de comunicación e incluso lo que pasa con los empresarios es que no reconocen su actuación política (que tienen derecho a tenerla, pero no la reconocen y la encubren) y pretenden convertir sus intereses en universales. En el campo del derecho a la información, de la libertad de expresión no conozco ninguna ONG (incluso amigos académicos que militan en esa área) no la defensa de la política comunicacional del gobierno bolivariano, sino plantearse que frente al monopolio privado y del Estado frente a los medios de comunicación, el pueblo no tiene acceso a estas formas de comunicación, tanto por la vía de la expresión como por la vía de la contraloría de lo que se dice, entendiendo que la comunicación es un bien público. Eso no se plantea porque estas organizaciones defienden determinados intereses. No reconocen que están defendiendo los intereses de una clase y para ello usan el discurso de los DDHH que les sirve para disfrazar su discurso reaccionario con un discurso universal.

-¿Todas las críticas de las ONG venezolanas al gobierno bolivariano son mediadas por su interés de clase?

-Y creo que hay muchas críticas que hacer a Venezuela, al Estado venezolano y también muchos reconocimientos que hacer. Pero las mismas formas en las que actúan algunas ONG terminan por desacreditar a esas organizaciones. Se utilizan los escenarios internacionales para tratar de perjudicar al país. Insisto que hay graves problemas de violencia que el Estado venezolano no es el único responsables, pero es uno de responsables en esto. Hay también un grave problema de impunidad, que es la misma impunidad que no castiga a los responsables del golpe de Estado en 2002 y que no castiga el asesinato del hijo de la señora María en el barrio, lo que hace inoperante a nuestro sistema de justicia. Inoperancia que tiene que ver con la corruptela, con los intereses de clase, que es justamente de lo que se acusa a la jueza María Afiuni, quien puso en libertad a un reo acusado de estafar a miles de ahorristas venezolanos, lo que sigue siendo una justicia de clases. Yo no creo que haya que rechazar a los organismos multilaterales. Hay que dar la pelea para su transformación porque incluso los resultados del Examen Periódico Universal -EPU- hablan del control de las grandes potencias, como Estados Unidos en esas instancias, más allá de una unión monolítica.

- ¿Pero no rechazar estos organismos internacionales no es legitimar mecanismos de extorsión?

- No, porque la hegemonía del imperio sobre los pueblos del mundo es cada vez es más débil. Hay procesos de emancipación, de liberación, de conflicto que hacen que muchos países hayan apoyado a Venezuela en este foro. Yo creo que hay que transformar esos foros.

- ¿Cómo los cubanos?

- Si, como los cubanos, los bolivianos que a pesar de su enfrentamiento frontal contra las grandes potencias han sabido hacer el trabajo para revertir las reglas del juego. Yo creo que es posible y es el momento histórico para convertir a esos foros en verdaderos espacios democráticos de los pueblos y las naciones y que no signifiquen el control unilateral de un sólo país o de un conjunto de países sobre el resto del mundo.

- ¿Hay que proponer foros como la Alba?

- Si, pero no hay que abandonar estos espacios multilaterales.

- ¿No abandonarlos a pesar del que usted dice que están erosionados?

- Yo creo que hay que transformarlo a pesar de que están erosionados hay que transformarlos. Por eso es que hay que replantear el concepto liberal de los derechos humanos. Porque finalmente hay que señalar que los derechos humanos son políticos. Incluso el adjetivo de humano, no es una especie de naturaleza esencial, es una construcción política, somos animales políticos. A menos que creamos que lo humano es una especie de creación divina, lo humano es lo que construimos política y colectivamente. Entonces los derechos humanos son derechos políticos ¿El derecho a la libre expresión es acaso el derecho de las corporaciones mediáticas? ¿El derecho a la educación es el derecho que tienen los dueños de colegios privados? Incluso creo que hay que positivizar derechos que son negados, como el derecho a la ciudad que los excluidos de la ciudad plantean que la vivienda y le hábitat ya no pueden ser un negocio de unos pocos. También el derecho al cuerpo, que se niega al prohibir el aborto a las mujeres o el cambio de sexo a aquellos que lo deseen hacer. Incluso pensar los derechos como derechos políticos y hacer avanzar los derechos desde la perspectiva de los excluidos, los pobres, los marginados y no como un mecanismo de reproducción o dominación de las élites.

- El gobierno bolivariano creó un ministerio para ocuparse del tema carcelario. En su opinión ¿Ayudará este despacho a mejorar la situación de los privados de libertad?

- Debo decir que yo no simpatizo con la idea de un ministerio para el tema penitenciario. Porque ese tema no puede verse aislado del conjunto de políticas de “seguridad”. El tema de las cárceles no empieza en las cárceles. El problema no se resuelve creando más cárceles. Porque en la medida que construyamos más cárceles, esas mismas prisiones, a la vuelta de unos años, estarán atestadas de gente y reproducirán las mismas tragedias que ahora observamos. La construcción de cárceles en todos los países conducen a lo mismo: más hacinamiento. Aunque muchas medidas hablan de la buena voluntad de las autoridades encargadas de la materia su impacto es escaso. El tema se resuelve con cada vez menos prisiones, enviando cada vez menos personas a las prisiones.

- Usted asegura que hay un problema de impunidad. ¿Cómo se explica entonces que ahora diga enviar menos gente a las prisiones?

- Justamente porque las cárceles nunca han sido, ni serán, un mecanismo de rehabilitación. Cada vez más se reconoce que las cárceles son un gran un depósito humano. Las cárceles en los términos de justificación, de su legitimidad, de la función que se le pretende hace mucho tiempo, perdió todo crédito. Las prisiones han muerto como proyecto, solamente quedan como refugio, como depósitos humanos.

- ¿Cómo castigar entonces los delitos?

- Hay que crear medidas, penas alternativas a las cárceles y hay muchos esfuerzos en todo el mundo en esa dirección. No se trata de dejar sin castigo a los delitos.

- En Venezuela, ¿quiénes entran a las cárceles?

- En primer lugar los pobres. Jóvenes, entre 18 y 30 años, de sectores urbanos, con bajo nivel de escolaridad, desempleados o subempleados. En segundo lugar por delitos que llaman “vagatelarios”, delitos de poca relevancia y en tercer lugar infractores detenidos en “flagrancia”. En conclusión, entran pobres y perdonen la expresión poco académica, “pendejos” que se dejaron atrapar. A las cárceles no están entrando ni siquiera los delitos de mayor gravedad. No entran homicidas, ni traficantes grandes, solo los pequeños traficantes. Asegurar que el microtráfico de drogas es una causa de los homicidios, eso no es verdad, eso no tiene ninguna relevancia, es una afirmación absolutamente arbitraria. En la población de prisiones puede que haya una buena cantidad de homicidas, pero esos son aquellos que tienen penas largas. La mayoría entra a prisión por delitos de poca importancia, que podrían tener otro tipo de medida. Entonces yo creo que la primera tarea es aplicar lo que prevé la constitución: desarrollar medidas alternativas a las cárceles. Tanto medidas cautelares procesales así como de ejecución penal. No se trata que yo esté validando eso que se dijo en algún momento, de que no se va a recibir más gente en prisión, ya que trasladarías el problema a sitios peores como son los retenes judiciales. En las cárceles hay mucha gente que no debería estar allí. Porque pueden ser procesados en libertad, porque son inocentes en muchas ocasiones, porque ya se les cumplió la condena, porque tienen condiciones de acceder a una medida alternativa, incorrectamente llamada privilegio. Pero incluso, habiendo sido responsable de un delito, mereciendo una sanción, no debería estar en una prisión podría pensarse en otra forma de castigo: trabajo comunitario, multas, trabajo agrícola. Yo sí creo que el homicida debe estar en prisión, que el gran traficante de drogas debe estar en prisión. La prisión es una pena criminógena. Los que han estado en prisión, en un alto porcentaje, reinciden. - En su opinión ¿Cómo se resuelve el problema de las prisiones?

- No hay que temer desarrollar penas alternativas a la prisión. La población en prisión aumenta a medida que aumenta la desigualdad social, eso es una constante. Es una forma que se utiliza para criminalizar a los pobres.

Desde los años 80 hasta la llegada del presidente Chávez al poder, la población penitenciaria aumentó en un 200%. En el año 1995 llegamos a tener cerca de 35 mil reclusos. Con esa población aumenta la el hacinamiento y la violencia penitenciaria. En los dos primeros años de gobierno del presidente Chávez la población penitenciaria registró a su tasa más baja en 20 más de años: llegó a 12 mil reclusos. Pero sin embargo, políticas desatinadas, tanto políticas policiales y judiciales han causado que se incremente de nuevo a una tasa altísima. De ser el gobierno que menos personas encarceladas tuvo pasó a ser el que más personas envió a prisión. Actualmente estamos cerca de los 45 mil reclusos.

- ¿Esto a qué se debe?

- A que muchas formas o estrategias policiales como el Dispositivo Bicentenario de Seguridad (Dibise), envían a la gente presa por cualquier tontería. Yo creo que hay que crear formas alternativas a la prisión. Hace falta articular entre las diferentes instituciones que se encargan de esta materia, llámense ministerios, gobernaciones, alcaldías, etc.

- ¿Es el Estado el único responsable de construir situaciones de igualdad para los históricamente excluidos?

- El socialismo es lucha, es conflicto, por eso es que yo creo que no es posible construir el socialismo desde el Estado. Desde el Estado se construye capitalismo de Estado, eso es lo único que podemos esperar. Esta es una fórmula conocida por nosotros porque fue aplicada por los adecos desde 1958: un Estado fuerte que garantizaba la distribución de la renta petrolera para las élites y algunas migajas para los pobres. En el Estado eso es lo que puede haber. El socialismo se construye sólo desde las luchas populares. En el Estado actual hay actores que se ponen a favor de las luchas populares para revertir esas relaciones sociales. Pero esperar a que sea el Estado el que se realice esas reversiones sociales creo que es antihistórico.

Indira Carpio Olivo y Ernesto J. Navarro son periodistas.

Nota de los autores: Estamos convencidos de que la crítica y la autocrítica son necesarias para el avance de la revolución. Con ese espíritu está hecho este trabajo periodístico. NO AUTORIZAMOS A NINGÚN MEDIO DE COMUNICACIÓN BURGUÉS, CAPITALISTA, DE DERECHA, A REPRODUCIR ESTA INFORMACIÓN, NI TOTAL NI PARCIALMENTE.

Para ampliar informaciones:
1) Andrés Antillano es profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV), licenciado en psicología y especialista en criminología.
2) Meandro, según el diccionario de la Real Academia española: 1. m. Cada una de las curvas que describe el curso de un río.

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Cine. Acerca del film Habemus Papam: El amague de un (gran) duelo

Demian Paredes (LA VERDAD OBRERA-PTS. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

El nuevo film del autor y director italiano Nanni Moretti -Caro diario, Abril, El caimán, entre otras, y reconocida cabeza en las marchas anti-Berlusconi-, Habemus Papam, promete, desde el vamos, una situación por demás interesante y sugerente: el encuentro del Papa recién nombrado -tras el fallecimiento de Juan Pablo II-, en crisis, con “pánico escénico”, con un psicólogo (“el mejor de Italia”), quien se verá obligado a preguntar qué puede y qué no charlar con el sumo pontífice... Y, obviamente, no puede preguntar nada: sueños, recuerdos de la infancia y de su madre, deseos: nada de esto le es permitido -así como tampoco charlar en privado-, tras lo cual el psicólogo (interpretado por el mismo Moretti) quedará “preso” en el Vaticano, hasta que se resuelva la crisis (que se quiere ocultar), participando de la acción de la película, aunque ya con un papel secundario.
Sin embargo la acción central pasa por la crisis “del hombre” con su servicio o misión en el mundo. Finalmente el Papa (un excelente Michel Piccoli), de incógnito, “entenderá todo” o se reencontrará, tras una incursión urbana (teatro de Chéjov incluido), con su “verdadera personalidad”, yendo finalmente a hablarle a sus expectantes y desorientados fieles…
Moretti ha recibido críticas por izquierda y derecha tras el estreno de Habemus Papam. Respecto a estas últimas, señaló que el diario que expresa la opinión del Episcopado, L’Avvenire, “tuvo una opinión mucho más benévola (que las cartas de lectores) de la película, y varios referentes católicos y hasta sacerdotes y prelados mostraron simpatía hacia ella”. Respecto a las primeras, dijo: “es mi película y hago la película que quiero. Con respecto a esas críticas, lo que puedo decirle es lo que le dije antes: no pretendo denunciar nada, no estoy hablando de un Vaticano real, sino de unos cardenales que son personajes de mi película. Y a mí me gusta que los personajes de mis películas no respondan a ningún cliché. Pueden ser waterpolistas comunistas, reposteros trotskistas o, como en este caso, cardenales que juegan a las cartas, arman rompecabezas u organizan un mundial de voley cardenalicio” (Página/12, 8/9).
Está claro que el director está en todo su derecho de crear la historia que quiera, con “independencia” -como él ha dicho- de la realidad; un “mundo propio”, con “una lógica propia”... pero entonces, el público no va a encontrar el “duelo” prometido entre psicoanálisis y religión; así como tampoco encontrará lo que dice la reseña que hizo el Ojo Obrero, donde se habla en general -y con cierto “mecanicismo”- del “fabuloso retroceso que viven las religiones, a la luz de la creciente maduración subjetiva que acarrea la crisis capitalista”, donde tendríamos una “película (que) confronta a la burocracia espiritual del dogma religioso con la interpretación de la conciencia del psicoanálisis, el rol liberador del espíritu que tienen el arte y el deporte, entre otros” (Prensa Obrera 1196). Ni las crisis económicas permiten que automáticamente millones rompan con la religión -que, “casualmente”, nos promete una vida mejor después de muertos-, ni el retroceso es “de las religiones”, salvo que se las reduzca a... la católica: basta pensar en el crecimiento del Islam las últimas décadas, o la Iglesia Universal del Reino de Dios, que se vende por TV en nuestro país, como muchas otras. En palabras del papable cardenal Scola en un reportaje, existe el “fenómeno histórico de que ahora tenemos 15 millones de musulmanes en Europa, esto es sólo un hecho histórico que hace más urgente el diálogo interreligioso en Europa” (La Nación, 28/6). Hay una crisis de la Iglesia católica, apostólica y romana, pero no de las religiones en general… Y mucho menos se expresa algo de esta crisis en la película de Moretti.
Entonces, vez más, como tantas veces suele pasar (no sólo en el cine), hay acá una buena idea desperdiciada. Además, el film se pone denso, largo y casi sinsentido (por momentos parece la simple historia de un viejito homeless -sin la menor conexión con toda la burocracia previa que se muestra al comienzo Habemus…-), sin llegar a cuajar de conjunto como una crítica mordaz al cristianismo y a su institución (el Vaticano), estando todos los elementos a mano para ello. Sin embargo Moretti renunció conscientemente a ello, y la acción se dispersa de tal modo que parece una comedia light más, y por lo tanto el rol del psicólogo, las viejas ansias de ser actor del flamante (y “resistente”) Papa y la misma crisis de los cardenales y sus fieles no se articulan dignamente. Moretti tampoco desarrolla -como seguramente lo podría haber hecho Woody Allen excelentemente- un humor irreverente, incesante y vertiginoso (ése que tras un rato de mucha risa delirante también deja pensando). Y mucho menos hay un tratamiento profundo como el que podrían haber hecho Ingmar Bergman o Roman Polanski.
En suma, tenemos una película tibia, poco jugada y sin fuerza. Es decir, un “amague fílmico” con un tema que da para mucho, siempre y cuando se lo trate con alguna agudeza o inteligencia (bien o mal) “intencionada”.

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