jueves, 17 de noviembre de 2011

¿Va camino del aeropuerto?

Marcos Winocur (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Aeropuerto: lugar donde la gente se reúne para canjear el miedo de perder el avión por el miedo a volar. Sí, deja abajo el miedo uno y toma arriba el miedo dos. Desde el episodio de las Torres Gemelas, el miedo dos viene sólo en envase familiar. Finalmente, usted hace “de tripas corazón” y aborda el avión con “el Jesús en la boca”. En vuelo, entre las piernas de la sobrecargo y la comidita que le dan, se olvida de los miedos. Pero llega la hora de bajar, el avión inicia el descenso y... Como “bien está lo que bien termina”, feliz aterrizaje, suspiros de alivio y aplausos para el piloto, los celulares salen a relucir y cola en los teléfonos públicos: “mami, llegué muy bien, nada pasó, corto porque tengo que ir corriendo al baño.”

Y toca el turno al miedo tres: que se pierdan las maletas. Pero ¿qué estás diciendo? ¿Y que se caiga el avión? Ese miedo ¿no cuenta? Claro que no, todo el mundo sabe que los aviones son lo más seguro. Que se caiga el avión… ¿estás mal del cerebro? Volvamos a lo que te decía, el miedo a extraviar las maletas. Y con él, chorros de adrenalina en la sangre. Y cuando usted tiene en su poder las valijas... etcétera. Así que, en realidad, la gente tiene un destino común. ¿París, Londres, New York? ¡Vamos...! Ése es el viaje aparente. Usted, y todos, volamos de una provincia a otra del País de los Miedos. Viajar es renovarse, claro: dejar atrás los cotidianos temores vividos en la calle, en la oficina, en la carretera, temores ya gastados de tanto uso, vengan unos distintos y más intensos... pero no tanto: la odisea de un rehén no se la deseo. Así que, dentro de ciertos límites ¡bienvenidos los sabrosos nuevos miedos, a disfrutarlos sin pudor! Como si fueran deporte extremo sin mover un dedo. ¿Subir la montaña por una pared vertical? ¿Arrojarse desde la cima con un elemental paracaídas? ¡Vamos! ¡Desde el asiento del avión yo vivo la misma aventura! Y a propósito, ese moreno de bigotes que acaba de subir se parece mucho al que secuestró... y la fábrica de adrenalina recomienza la producción a todo vapor.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Los negros también piensan…

Marcelo Colussi (Desde Guatemala. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Ustedes pensarán que la historia que sigue no es verídica. Pues bien: ¡se equivocan! Va a suceder. O si queremos decirlo de otro modo, sucedió ya, en el futuro.

Quienes lean esto ahora podrán no creerlo. De todos modos, recuerden que el relato no es sino la transcripción casi literal de lo que nos contó un visitante del futuro en su misión hacia atrás en el tiempo. Fue cuando compartimos una bella excursión al Kilimanjaro que tuvimos ocasión de conocer la historia. Aunque suene a increíble, si nos fijamos bien en el significado histórico del hecho, no debería sorprendernos para nada. ¿Por qué? Pues… racismo ha existido siempre, ¿o acaso vamos a desconocer que hubo y sigue habiendo? Eso siguió igual por muchos años, también en el futuro inmediato del siglo actual.

Los acontecimientos que presentaremos ahora tuvieron lugar hacia la séptima década del siglo XXI. El personaje en cuestión tenía sobre sí la –sin dudas terrible– carga de haber sido nombrado el ciudadano número ocho mil millones. Decimos “terrible” porque para ese entonces la explosión demográfica aún seguía firme, y era consenso generalizado que “no era de buen gusto” seguir maltratando así al planeta con más y más nacimientos. René no tenía la culpa de ser ese número, pero eso no era cualquier cosa. Cuando nació, tuvo cierta notoriedad. Incluso su madre recibió algunos regalos y pasó sus minutos de gloria mediática; al tiempo ya nadie les recordaba.

Afrodescendiente –ya no se decía más “negro”, no era políticamente correcto–, nacido en Haití, pobre como el 90 por ciento de sus conciudadanos, la maldición de provenir del primer país de América que había osado independizarse de las potencias europeas allá por inicios del siglo XIX, seguía pesando. La decisión tácita de los poderosos de haberle hecho una cruz eterna a “esa sarta de esclavos que habían querido ser libres” se extendía ya por 250 años. El terrible terremoto del año 2010 que redujo el país prácticamente a escombros aún se sentía varias décadas después. La pobreza crónica era la factura pasada por los “desarrollados” a Haití por haberse querido sentir un igual; las consecuencias de ese terremoto eran un efecto de todo ello. Ser el ciudadano número ocho mil millones no hacía sino recordar continuamente la precariedad de su vida, de la de los haitianos, de los pobres del mundo en general.

Para el momento de la historia que vamos a contar, René vivía en Estados Unidos. Igual que durante todo el siglo XX, los afrodescendientes –o sea, la mayoría del país– seguían tan pobres y excluidos como siempre. Por tal motivo, era muy raro, casi imposible que un hijo de pescador, tal como él era, pudiera haber superado la mitad de la escuela secundaria. La universidad, por supuesto, seguía siendo un lujo inalcanzable. Pero de todos modos, como todo el mundo, tenía su teléfono móvil y su computadora. ¿Por qué esa difundida idea que teniendo esas cosas se “progresaba”? ¿Cuándo y quién inventó eso?

Era talentoso, sin dudas. Habiendo decidido irse ilegal a la alicaída ex gran potencia de Estados Unidos, que continuaba siendo aún un paraíso para muchos pobres del mundo, había aprendido el inglés en las calles de Nueva York. En menos de dos años lo manejaba casi a la perfección. Se ganaba la vida como podía. Siempre en forma legal; o, al menos, todo lo legalmente que su situación de indocumentado le permitía: sabía algo de reparación de equipos de computación, algo de cerrajería, y si las cosas venían duras, no le espantaba trabajar de ayudante de albañil, o de basurero, como había hecho el invierno pasado.

Era muy reservado. Hablaba lo indispensable. Y si podía, menos aún.

Cuando tenía 19 años –ya hacía 3 que vivía en el país del norte, siempre muerto de frío porque no podía desacostumbrarse al calor caribeño de su país natal– descubrió el ajedrez. La primera vez que lo vio jugar en una cafetería de dudosa reputación (dos viejos con aspecto demacrado, alcohólicos o drogodependientes seguramente), rió. Le parecía absurdo que dos personas pasaran tanto tiempo quietas con la vista fija en esas cositas que parecían muñequitos, calladas, sin mirarse. Pero eso mismo fue lo que lo entusiasmó: se comunicaban sin necesidad de hablar. Eso parecía interesante.

René era no sólo reservado: era introvertido, especialmente solitario. Él mismo no lo sabía de pequeño, pero su pasión pasaba por lo matemático. Quedarse horas resolviendo problemas numéricos lo llenaba de un gozo imposible de describir. Había llegado al extremo –para él absolutamente normal– de preferir concluir una ecuación que salir con una muchacha de su edad que buscaba cortejarlo.

En el ajedrez encontró un campo enteramente similar a lo numérico. Ahí podía pensar mucho, y pensar en silencio, hacer cálculos, dejarse llevar por la frialdad de las predicciones aritméticas. Descubrió ahí su verdadera pasión.

Sus maestros fueron esos viejos borrachos de las cantinas de mala muerte que frecuentaba. En sentido estricto, nunca recibió clases. Sólo escasas orientaciones, dadas de mala gana por gente que también había aprendido empíricamente el arte del ajedrez y que no sabían cómo transmitir lo poco que conocían o intuían. Así, a los golpes, fue adentrándose en un mundo que desde el primer momento que conoció sintió que lo atrapaba, que era para él como ninguna otra cosa en el mundo.

Su pasión por el juego-ciencia fue siempre en aumento. Con los escasos dólares que iba juntando adquirió su primer libro de ajedrez, que fue, además, el primer libro que comprara en su vida. De ahí en adelante, la pasión por saber siempre más de este juego lo llevó a devorar más y más libros. Él mismo estaba sorprendido. Las consultas a bibliotecas se le iban haciendo rutinarias, a punto que en la Biblioteca Pública de la ciudad, en la Quinta Avenida, ya era personaje conocido. Por internet, igualmente, consumía todo lo que podía.

En pocos meses ya estaba familiarizado con el nombre de las jugadas, había estudiado varias partidas célebres de grandes maestros y cada día iba descubriendo nuevos secretos. Alguien bastante entendido en el tema con quien jugó alguna vez –y a quien jaqueó con una suficiencia realmente digna de admiración– lo animó a participar en un concurso. Como ilegal que era, dudó si debía hacerlo. Volver a la pobreza crónica de su Haití natal lo espantaba. La posibilidad, muy remota sin dudas, pero posibilidad al fin, de poder ganar algún centavo con esta peculiar ocupación del ajedrez, lo animó. Su ocasional “mecenas” –un profesor universitario de arte– vio en René una potencialidad fuera de lo común. Fue él quien lo ayudó a gestionar su residencia.

Nuestro amigo haitiano en todo momento pensó que había alguna agenda oculta tras tamaña muestra de afecto; supuso que sería un homosexual que, finalmente, le aparecería con alguna propuesta difícil de sortear. Pero no fue así: la amistad genuina y la solidaridad, aunque especies en extinción para la segunda mitad del siglo XXI, aún existían. Los buenos oficios del Profesor Herkinsky se lo dejaron ver.

Con la residencia otorgada y los contactos que pudo empezar a establecer a partir de ahí, más la inestimable ayuda de Herkinsky, las cosas comenzaron a facilitársele. Participó en varios torneos de ajedrez, y en todos descollaba. Tenía un juego fuera de lo común: un conocimiento asombroso de los grandes maestros –memorizaba de un modo prodigioso jugadas que habían tenido lugar a principios del siglo XX por ejemplo, pudiendo introducirle variantes de una profundidad asombrosa– y un espíritu de ataque, una agresividad que dejaban atónito. Jamás jugaba a la defensiva; era un ofensivo neto. No eran infrecuentes, incluso con rivales ya de buen juego, fulminantes jaque-mates Pastor.

Cuando se fijó una partida con el por ese entonces campeón nacional de Estados Unidos, Edward Button, su fama ya era considerable en los círculos ajedrecísticos del país. Quiso la casualidad que el mismo día del evento –era una partida amistosa, no más que eso, no daba puntos para acercarse a disputar el cetro nacional– René se encontraba en una sala contigua a la de los organizadores, en el Madison Square Garden, ya bastante alicaído para ese entonces, utilizado más que nada para predicadores neopentecostales. Eran tres empresarios blancos. Como sólo lo conocían de referencia y no físicamente pese a haber organizado el espectáculo, cuando lo vieron pensaron que era algún muchacho de limpieza, por eso siguieron hablando con toda naturalidad. Los chistes racistas que escuchó René lo enardecieron. “Blanco con delantal blanco: médico; negro con delantal blanco: heladero”. Y cosas peores aún: “Blanco con automóvil de lujo: empresario exitoso; negro con automóvil de lujo: chofer…, o vehículo robado”.

Ya estaba acostumbrado a ese tipo de expresiones agresivas; pero esta vez, sintiéndose que era ya un ajedrecista hecho y derecho y que se le debía más respeto, no lo soportó. Los insultó entre dientes (porque no se atrevía a hacerlo abiertamente). Los tres rubios, petulantes y altaneros, lo escucharon, pero no quisieron reaccionar. Sólo uno de ellos, el más voluminoso, gordo de rojos cachetes y sonrisa burlona, socarronamente le pidió que le lustre los zapatos… “si tenía tiempo, claro…”. René, para evitar más problemas, prefirió salir de la escena.

Grande fue la sorpresa de los tres cuando momentos más tarde daba inicio la ceremonia de presentación de la partida. No podían creer que “el negrito ese” fuera la promesa de la que les habían hablado y gracias al cual iban a ganar buen dinero organizando este espectáculo. El ajedrez, igual que décadas atrás para el momento en que seguramente estarás leyendo esto, estimado lector, seguía siendo un juego bastante selecto. Pero para mediados del siglo XXI conocía un momento de esplendor, y merced a un muy logrado mercadeo, había pasado a ser producto de consumo relativamente masivo. Es por eso que estos inversionistas se dedicaban a organizar torneos del juego-ciencia; no generaban enormes fortunas como en la época de oro de Hollywood, pero sí interesantes ganancias.

Si bien la figura de René podría haberles sido una buena ficha a la que apostarle, el racismo pudo más. Rápidamente los tres, contrario a una sopesada decisión económica con cabeza fría, optaron por la rápida salida visceral. “A este pedazo de carbón aquí se le termina su carrera como ajedrecista” sentenció altivo el más grande de los tres. El triunfo con sabor a paliza que le propinó al campeón nacional Button no les significó nada. Hubiera podido ser el inicio de un muy buen negocio, pero los prejuicios étnicos se impusieron.

Efectivamente René empezó a encontrar obstáculos en su carrera. Luego del categórico triunfo sobre Button, quien reconoció luego el juego perfecto de su rival, y cuando todo hubiera hecho pensar que se le abrían puertas, contrariamente comenzó a ver cerrados los caminos.

Fue la intervención del profesor Herkinsky que lo salvó una vez más. Amante del ajedrez como era este buen catedrático, y muy respetuoso de los derechos de las minorías –como judío, en su hogar también había conocido lo que en siglos pasados su pueblo había sufrido–, sus buenos oficios consiguieron que en la universidad donde enseñaba se organizaran algunos torneos. Por supuesto que René era la sensación: no tenía rivales, y llegó a hacer partidas simultáneas de más de 15 tableros. Obviamente lo más que unos aventajados estudiantes de ajedrez lograron fue llegar a un decoroso empate el día en que René, en una demostración de dominio pleno de este arte, compitió contra 32 tableros simultáneos.

Si bien era cierto que la cuota de poder que tenían estos racistas empresarios era grande, la excelencia de René era más grande y espectacular aún. Tanto, que comenzó a abrirse camino por vías impensadas. Un noticiero de la televisión china, sabiendo de su calidad, le dedicó un especial de 10 minutos. Eso le cambió la vida.

La nota se difundió por todo el mundo con velocidad vertiginosa, e inmediatamente muchísimos quisieron conocer a ese “genio sin título de campeón”. La presión mediática fue grande, y también lo fue la de varias empresas chinas que empezaron a organizar certámenes para promocionarlo. La Federación Internacional de Ajedrez rápidamente tomó cartas en el asunto. El hecho de ser el ciudadano número 8.000 millones ponía una nota de mayor interés al asunto.

Décadas atrás, cuando Washington manejaba los hilos del mundo en prácticamente todo, algo así hubiera sido imposible; pero ahora, con su alicaído poderío, no tuvo más remedio que permitir esa injerencia. Tres representantes de la Federación llegaron a New York para conocer al prodigio.

Los deslumbró. Poco tiempo después, cuando se le midió su coeficiente Elo (la medida que se continuaba utilizando para conocer la destreza de un ajedrecista), sorprendió a todos con el puntaje obtenido: 3.114. Nunca jamás en la historia se había superado la barrera de los 3.000 puntos. Sabido esto, inmediatamente la IBM –en ese entonces propiedad de un consorcio chino-alemán– organizó una partida entre René y su más moderno y desarrollado programa computacional. Probado en varias demostraciones, ese programa había vencido ya a cuatro recreaciones de grandes campeones de la historia: Boris Spassky, Tigran Petrosian, Alexánder Aliojin (Alekhine) y el cubano Capablanca. Pero no pudo con René. Para sorpresa y admiración de todo el mundo, el haitiano –a quien ya querían nacionalizar estadounidense, porque lo veían buen negocio– derrotó al programa de la super computadora. Pero no sólo venció a la máquina: lo hizo con paliza demoledora.

Formalmente no tenía el título de campeón mundial; ni siquiera el de Estados Unidos, y mucho menos el de Haití. De todos modos, se arreglaron las cosas para concertar una partida con el por ese entonces monarca, el egipcio Abdul Al Rajá. De más está decir que fue una cómoda victoria para nuestro negro ajedrecista.

Ya en la cumbre de la gloria –pero siempre manteniendo su humildad; por lo pronto nunca compró auto propio, sólo andaba en bicicleta–, campeón del mundo y reconocido como “la más deslumbrante inteligencia ajedrecística de la historia”, alguna vez quiso reencontrarse con los promotores que se habían burlado de él en el Madison Square Garden el día de aquel encuentro amistoso con Button. En particular, con el que le había pedido que le lustre los zapatos, el gordo de los rojos cachetes. Su posición actual le permitió darse ese “lujo”.

Cuando finalmente se concretó el encuentro, el empresario en cuestión llegó pidiendo perdón, tratando de explicar que “lo de aquella vez había sido un malentendido”. Enorme fue su sorpresa cuando René le preguntó con qué pie quería comenzar. Ante la mirada atónita del rubio grandote, el ajedrecista sacó una franela y una lata de pomada disponiéndose para empezar el lustre. Nos contó nuestro viajero del tiempo que, según se dijo en ese entonces y fue motivo de mofa por varios meses, el empresario rompió a llorar y no se le ocurrió otra cosa que agregar: “los negros también piensan”.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Apuntes para el regreso

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

De camino al trabajo, a veces (cada vez más seguido) me dan ganas de regresar. Regresar no necesariamente al modelo de casa (la no casa) que se parece tanto al modelo de la no vida que me aturde en el afuera (el tic tac sin armonía; la aceleración de los pulsos; las voces que de lo rápido parecen formar parte del mediocre ritmo de una película de Hollywood; es la fugacidad del espectáculo lo que me aturde la mirada). El teatro del destiempo. Observo a las otras personas (pienso en mi ir y venir de todos los días) y desearía encontrar la forma de detener esta lógica de progreso que hemos comprado como realidad absoluta. (Desubicados del cosmos). Los analistas dicen que el mundo padece un grave problema económico; los más atrevidos, en maquillar el sinsentido del desarrollismo, apuestan a sustituir (sin reparo) la función de los políticos por la de los tecnócratas. Decir, seguir; gritar. Hay demasiado ruido como para detener el camino al desastre. Los opinadores de turno maquillan la ruta para que nada cambie. (El sujeto se convirtió en la perspectiva de mundo que dibujó la industria de la realidad impuesta). Yo, en mi parar y volver, creo que tenemos un problema con nuestra naturaleza.

Objetos, tenemos los espacios invadidos de objetos y de mensajes fugaces (cada vez recordamos menos las situaciones importantes). Se pregunta el poeta y crítico Peter Hamm (Alemania, 1937), en el libro “Vivan las ilusiones” (Editorial Pre-Textos, 2011), refiriéndose al libro “La pérdida de la imagen o Por la sierra de Gredos” (Editorial Alianza, 2003) de Peter Handke (Austria, 1942): “¿Y no es también una especie de lucha contra los molinos de viento el hecho de que Peter Handke, en su ‘Pérdida de la imagen’, contra el acoso diluvial de «imágenes omnipresentes de objetos que se pueden comprar, de actos públicos, de acontecimientos y otras imágenes que suscitan la atención» y contra las imágenes de amenaza y amedrentamiento, fabricadas en serie por los medios de comunicación, conjure (o ponga en juego) imágenes, o fogonazos de imágenes, completamente distintas?” Es posible que toda la literatura sea una forma de buscar (de inventar) la luz al final del túnel. (La literatura). Una vía de regreso. Y, en medio de la prisa que tritura cualquier posibilidad de preguntas, desearía que algún maratonista de la loca carrera me interrogara (contra la pared del absurdo): ¿Regreso a dónde? Sí, ¿regreso a dónde? Y Peter Hamm intenta encontrar una respuesta a su pregunta (que quizá habita en una habitación cercana a la mía): “Sólo estas imágenes de paz, estas contra-imágenes de las imágenes acabadas y dirigidas, de estas imágenes-de-finalidad-y-de-utilidad, son las que pueden encender el sueño del nacimiento de un hombre nuevo, que es aquello con lo que Peter Handke ha soñado en la sierra de Gredos. Es el sueño de un solitario en la soledad. Pero, como dijo Unamuno, la soledad es «la forma más profunda de comunidad»”. Y justamente, en esa idea de Unamuno, percibo buena parte de lo que la sociedad de hoy ha perdido: el sonido de la soledad interior; la existencia de los otros; la comunidad que habita en el yo.

En este nuevo intento de volver a quién sabe dónde, he sentido (una vez más) que la maquinaria desarrollista nos está desalojando del espacio de humanidad de donde venimos. El otro día, mientras pasaba frente al televisor de la sala (donde la familia deja pasar las horas), me llamó la atención la sonrisa de un (parcamente) jovial presentador de moda. Por un momento comparé la expresión de aquel hombre con la sonrisa desenfrenada de mi abuelo. Y pensé cuánto se han enfriado nuestras emociones, cuánto hemos dejado de ser humanos. Como obedientes alumnos asistimos a la escuela del hielo. Y, con una velocidad que congela, abandonamos los encuentros y los testimonios que nos confirman un lugar en el mundo de los vivos. (Entre la resignación y la nostalgia estamos aceptando la muerte del fuego humano. ¿Cuál será la última generación infantil a la que le arrebataremos el vuelo de su ficción poderosa?). Escribe Handke en el libro “Ayer, de camino” (Editorial Alianza, 2011), al recordar a Austria: “Quisiera rasgar el país y abrirlo, sacar de dentro todas las malas superficies hasta que las capas de letreros, convertidas todas ellas en ilegibles, ondeen en todas las columnas de anuncios… ¿Cómo de un país de esta espantosa risa, a-risa, ha podido salir la música de Mozart, de Haydn y de Schubert?...¿Pero no será tal vez que hace doscientos años, en este país, en los países, se reía de un modo completamente distinto?...” Y me pregunto: ¿De qué modo reímos en el ahora (el del nunca estar… el del nunca ser)?

Después de todo, es posible que el regreso se trate de una compleja decisión personal que le permita al ser recuperar la calma, la mirada y el camino. Quisiera tener la voluntad de Robert Walser para pasear hasta más no poder y siempre en sentido contrario a los automóviles.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Sobre la película Pina, de Win Wenders: Sensaciones, conceptos, movimientos, sentimientos

Demian Paredes (LA VERDAD OBRERA - PTS. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

¿Cuál es el límite del cuerpo, su máxima expresión y proyección posibles? Una respuesta puede hallarse en Pina, la nueva película de Win Wenders (Paris, Texas, Wings of Desire, Buena Vista Social Club, entre otras).

Filmada con la nueva tecnología 3D que inauguró la película de James Cameron, Avatar(1), Wenders nos lleva a un impresionante recorrido por algunas de las obras de Pina Bausch, bailarina y coreógrafa; una figura central del teatro-danza(2). La utilización del 3D le da a Pina un plus que prácticamente transforma al cine, en determinadas escenas, en un vertiginoso teatro donde el espectador termina inmerso en las coreografías. Explicó Wenders en una entrevista: “Era el espacio lo que me había sentido incapaz de dominar. Eso cambió con el 3D”(3).


Como ha relatado muchas veces el director, el proyecto de filmar las obras de Bausch surgió como un plan a realizarse en común con ella misma, en la década del 1980, y recién con la aparición de 3D se avanzó en concretar el proyecto. Lamentablemente la muerte de Bausch el 30 de junio de 2009 truncó todo, aunque luego Wenders, al ver que la misma compañía de Pina (el Tanztheater que dirigió desde 1973, cuando el ballet de Wuppertal la contrató), fiel a la máxima de ella: “Bailemos, bailemos, sino estamos perdidos”, siguió actuando cada función, terminó por filmar y entregar esta obra.

Hay cuatro obras centrales que se recrean en esta película: Le sacré du printemps (1975), con música de Igor Stravinsky, una obra trágica donde se baila sobre un piso de tierra y se enfrentan y luchan dos bandos: fieros hombres y exigidas mujeres; Café Müller (1978), donde los bailarines y bailarinas danzan “espontáneamente” con los ojos cerrados y sólo hay uno que ver y corre frenéticamente montones de sillas que hay en un cuarto cerrado (esta obra incluso la trajo a Buenos Aires en 1980); Kontakthof (1978), donde utilizó para las diversas presentaciones bailarines/as –incluso amateurs– que van de los 14 a los 65 años; y finalmente Vollmond (2006), donde una lluvia constante y una gran roca son parte de un frenético enfrentamiento (¿búsqueda?) entre los/as bailarines/as.


También, en el teatro o al aire libre, en los impresionantes territorios de Westfalen, el Tanztheater rinde su creativo homenaje a su maestra, no sólo interpretando algunas de sus obras sino danzando ellos mismos como solistas o en pareja. Escenarios sorprendentes; bosques, ríos, montañas, una escalera mecánica, una enorme piscina de club o el famoso monorriel de la ciudad, son aptos para que la cosmopolita compañía (hay de los 5 continentes –e incluso una joven bailarina nacida de dos integrantes del Tanztheater–) dé rienda suelta a su inventiva… muchas veces inspirada en las mismas breves preguntas, observaciones o lacónicas sugerencias de Bausch en el pasado.

De esto último nos enteramos por los breves monólogos que dan los/as bailarines/as (voz en off sobre la imagen de ellos “de civil”), al igual que otras anécdotas, que se combinan e intercalan con algunas breves imágenes de Pina en ensayos y en alguna obra.

De conjunto tenemos entonces una película “apta para todo público”; tanto para los amantes (y practicantes, por supuesto) de la danza contemporánea como para los neófitos. Accesible y amena, es también una película fuerte, donde los cuerpos se exigen (en esfuerzo físico y dinámico) y los espíritus desean o padecen. Donde la mujer en particular sufre y resiste. Y donde todos se expresan: con amor, odio, soledad, locura, alegría y divertimento. Tal como canta la performer Laurie Anderson en un tema de su disco Homeland, “Bodies in motion”: “Somos cuerpos en movimiento / encarnamos el espíritu del movimiento”.


Muchas críticas dijeron lo obvio: esta no es una biopic; quien la mire, no sabrá el contexto socio-político de las décadas donde Pina desarrolló su arte; quien la vea, no sabrá cuáles eran los objetivos de sus obras; quien la vea, no sabrá cómo eran los ensayos. ¿Importa en realidad alguna de estas “carencias”? Una crítica dijo una gran verdad: Wenders realizó “una especie de monumento visual”(4) a Pina Bausch. Y lo logró. Con ella, con la compañía y con su cine (enriquecido ahora por el 3D).


La importancia de esta nueva obra del autor de En el curso del tiempo radica en que fue fiel a una máxima de la coreógrafa y bailarina: no interesa saber cómo se mueve la gente, sino qué los mueve. Pina muestra exactamente eso.

Notas:
1) Ver “Avatar: un éxito mundial (con buenos deseos)”, en http://pts.org.ar/spip.php?article14532
2) Ver “La danza teatro de Pina Bausch”, en http://www.danzaballet.com/modules.php?file=article&name=News&sid=279
3) Ver “La era del relieve”, en http://www.lanacion.com.ar/1383303-la-era-del-relieve
4) Ver “Lo que no se puede traducir con palabras”, en http://www.clarin.com/espectaculos/cine/puede-traducir-palabras_0_567543251.html

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Artículo del coño

Indira Carpio Olivo (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En la Venezuela en la que crecí, coño e' tu madre es una descarga, un despojo de los sentimientos de rabia, de burla hacia el otro, o hacia la otra. Pero acabo de enterarme que el coño de tu madre -el insulto de todos los días- constituye una mentada de la vagina como ofensa contra el otro ¡Ay coño!

Después de teta, mamá y papá, el/la bebé aprende -con gracia- a decir el coño e' tu madre y, casi todos alrededor, plantan una sonrisa y algunos hasta se desternillan. Aplausos.

Como casi todo lo que se dice en “nuestro” idioma, la palabra coño nos llega en barco desde la madrastra patria. Según la Academia de la Lengua Española (no castellana, autodenominada Real -con coronita y todo-) esta palabra se define de la siguiente manera:
coño.
(Del lat. cŭnnus).

1. m. malson. Parte externa del aparato genital de la hembra.
2. m. despect. Chile. español (‖ natural de España).
3. m. vulg. Ven. tipo (‖ individuo).
4. adj. Chile y Ec. tacaño (‖ miserable).

coño.

1. interj. U. para expresar diversos estados de ánimo, especialmente extrañeza o enfado.

Coño es un sinónimo de vagina. Entonces cuando un coño (un tipo) quiere ofender a una coña (una tipa) se le nombra el sexo de la progenitora y listo: el coño de tu madre.

Entonces, por simple lógica, la ecuación demuestra que nombrar la vagina es un improperio. Eso es todo ¿O no?

¿Por qué no se dice el coño de tu padre, o por qué la palabra coño designa el sexo de la mujer?

En la Web (1) se dice (como se dicen tantas cosas) que la palabra coño viene del latin cunnus que significa cuña o clítoris (cunilingüis: lamecuñas), otros dicen que significa vulva y algunos conejo (porque parece una madriguera, no por playboy). Casi todos coinciden en que los significados están asociados a la fertilidad.

¿Se transformó un término referido al hecho biológico de la fertilidad en uno ofensivo? ¿Por qué?

¿Tendrá algo que ver con el desprecio hacia las mujeres que trasciende las formas del habla -impuestas- por el mismo hombre?

Hasta hoy no había reflexionado al respecto y había lanzado unas 19 veces por día -en promedio- esta ofensa contra el/la que sea.

Ahora cada vez que la miento, doy un paso hacia atrás e ipso facto me tapo la boca, por respeto a los millones de coños quemados en la hoguera, lapidados, escindidos, enterrados vivos.

Los mismos coños apilados que edifican la historia del odio hacia la mujer, a su vez la historia universal, escrita, descrita y proscrita por los machos con el lenguaje como espejo y al servicio de la cultura patriarcal, capitalista.

Los machos que apedrean, torturan y matan por el honor del coño ¿Son los mismos que adoran un coño “virgen” llamado María, que dio a luz al hijo del hombre y no precisamente por cesárea? La veneran, la subieron a un pedestal y ahora le prenden velitas y le piden milagros ¿Con eso se lavan las manos?

Es esta la contradicción en la que vive el hombre, perro de la guerra, pelando consigo mismo. En este punto, los lectores hombres piensan en Hitlery Clinton, Condolencia Rice y en Amargada Thatcher. Pero, estos títeres bélicos aunque lleven faldas, serán siempre de género masculino ¡Madonna santa!

Lo que sucede con la expresión coño e tu madre también ocurre con la concha de tu madre, hijo de puta, la puta que te parió, la puta madre (2), entre otras expresiones de disgusto e insulto, que varían más o menos según la geografía, el gentilicio, la historia, pero que reflejan una mismo realidad, la legitimación del prejuicio más antiguo del mundo: la MISOGINIA.

-----

Para que no te ataque la diosa Vaginés o la Vagina dentada y no te acomplejes (3), para que sus labios te sonrían siempre es recomendable cumplir sus mandamientos:

1. Amarás a Vaginés sobre todas las cosas.
2. No tómarás el nombre de Vaginés en vano (caso del coño).
3. Santificarás el clítoris.
4. Honrarás sus ovarios y a sus labios.
5. No la escindirás.
6. Cometerás actos impúdicos.
7. No la raparás.
8. No dirás falso testimonio ni mentirás sobre sus olores.
9. Consentirás el cunnilingus.
10. Codiciarás los labios internos.

Estos diez mandamientos se resumen en dos:

Amarás a Vaginés sobre todas las cosas y sus trompas como a ti mismo.
Para más información:

Breve Pedagogía del coño: http://www.cubaliteraria.cu/articuloc.php?idarticulo=6300&idcolumna=42

Para más insultos en Latinoamérica, visite:
http://www.avizora.com/glosarios/glosarios_i/textos_i/insultos_eufemismos_i_0001.htm#Mujeres

Vaginés: http://inciclopedia.wikia.com/wiki/Co%C3%B1o/ Vagina dentada:
http://es.wikipedia.org/wiki/Vagina_dentata

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Dos “carajitos” para la mesa dos

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Nada queda ya de tu casa natal... sólo telarañas que...”.

“Es cierto, la vida es un tango pero hay que saberlo bailar, dijo con tono profético Sebastián, desde su enrulada y negra cabellera, cruda envidia del pelado “Garrafa”, que no le pierde la pista ni cuando se da vuelta para pedir otra copa en el bar.

Una fijeza hipnótica y la primera deducción que viene de esa imagen, es la sospecha que si lo sorprendiera dormido, habría un trasplante menos que realizar, en la larga colección que se anuda en la puerta de cualquier hospital, si es que existe más de uno en condiciones de practicarlos. Casi como anuncio de ese tiempo de inicios de milenio.

“¿Que le pasa a tu casa natal?”, fue la tímida consulta que llegó del otro extremo de la mesa y provenía de “Chiquito” Princes, que nunca llegaría a reyes, según sesudas cavilaciones de Luis “Chapita”, formuladas después del Gancia con Fernet y una sólida porción de mortadela que –para él- es “jamón del medio”.

“Que nos tenemos que ir más rápido que corriendo”, amplió Sebastián y el tono oscuro de su piel viró, levemente, al rojo. Una bronca que se avecina y nace -antes-, en el medio del mar; en este caso su mar –de fondo-, llegaba del porrón de barro de ginebra, una reliquia de otros tiempos y casi tan difícil de hallar, que la gente de Sotheby´s ha tendido sus redes para la próxima subasta del 10 de noviembre, porque la tradición es la tradición... piensan los ingleses.

“¿Y porque se tienen que ir?”, deslizó “Chiquito, asomado al borde la mesa.

“Para hablar tenés que pararte”, hostilizó “Garrafa” - solo por los gases - en el bautismo ceremonial que el grupo dispuso para él.

“Porque se vencieron todos los plazos, se vencieron”, replicó Sebastián, con las fetas ausentes de un sandwich, según el cómodo léxico que se cultiva en Don Orione, frontera mediante con Claypole y Calzada, tierras de gente brava y dispuesta a mudarse, cada vez que se vuelven maoistas y mueven los límites, pasándose de un lugar a otro más cerca de “Perdón” - Presidente - que nunca.

“¿Y que van a hacer?”, insistió pesadamente “Chiquito”, al parecer no tan bien informado como el resto, silencioso y lúgubre, ante la perspectiva aceptada.

“Por ahora mudarnos pero no se donde, hasta ahora, lo cierto es que se acabó el tiempo”, farfulló “Seba”, con el desconcierto pintado en la cara.

Luego de una pausa cargada de presagios, cada uno y como si el resto escuchara, estalló en comentarios generando el caos nunca bien ponderado.

La gente suele pensar por los otros y deduce, que escucha sobre lo que el mismo piensa y como por su parte, el interpelado hace lo propio con el interlocutor, cada uno emite su discurso y se va con la serena complacencia de suponer que él o los demás, han escuchado.

De allí se extrae la mejor versión de la Torre de Babel, en el tercer milenio, que se puede disponer y está a la vuelta de la esquina y las mejores intenciones. Un asco total.

Yon y yo volvimos al bar “Macanas” que los fines de semana muta en bailable, para rescatar a Sebastián. Lo hicimos a bordo del Alfa gris y, nos sentamos en mesas separadas, para disfrutar del espectáculo; luego de una discreta seña jugamos a la discreción.

En ese lugar era difícil saber que elegir y tomar, pese al aspecto de ramos generales que ofrece a primera vista. Yon luego de pensarlo un segundo y en un gesto quijosteco, presuntamente medieval, pidió grapa de uva, por supuesto una para cada uno y musitó “nos vamos a tomar dos carajitos´”, me quedé mirándolo absorto por la contaminación que avanza a gran velocidad y amenaza con destruir el sistema neuronal, que ha quedado con vida. No obstante y como cuadra a un caballero respetuoso, que soy, hice silencio interrogante, enarcando la ceja izquierda.

“Se toma en el norte de España y es bueno para el frío” anunció lacónico, en tanto anular e índice indicaban que, además, llegarían dos cafés.

Mi curiosidad progresó moderadamente, mientras aguardaba y el espacio me dio tiempo para recorrer el local, repasar la razón de nuestra estancia en él y resignar, una vez más, a la paciencia -pobrecita- que se requiere para entender el mundo misional de Yon Eibar.

El lugar seguía poblado de voces destempladas. El mozo, eso sí limpio en su librea blanca, dejó su carga sobre la mesa, recelando de nuestras intenciones cuando advirtió que Yon colocaba –atravesada- una cucharita sobre el pocillo, instalaba sobre ella el mítico terrón de azúcar y derramaba una generosa porción de la copa con grapa, dentro del recipiente para culminar, encendiendo un fósforo - aparecido de la nada -, e incendiar el pocillo.

“Cuando se apague, el alcohol queda eliminado”, anunció el vasco en tono didáctico, casi intimista. Era cierto. Concluida la exhibición pirómana, me aproximé -receloso- al pocillo ante la alentadora mirada de Yon.

El sabor de la infusión había cambiado radicalmente - con perdón de la palabra -, un fuerte gusto a uva le otorgaba una atrayente dosis de misterio, aunque luego de dos sorbos, uno dedujera que dos carajitos seguidos, eran casi un pasaporte a la borrachera, sin alcohol.

Me quedé saboreando y aprendiendo la forma de beberlo que, sin sugerencias, él estaba mostrando. Convine en que cada día se aprende algo nuevo y devolví mi atención a la mesa vecina, seguro que el vasco, en algún momento me explicaría porque estábamos allí, en otra, siendo que conocíamos a los protagonistas, haciendo las veces de espectadores de una escena de abrume cotidiano.

“¿Y se van todos... no dejan a nadie afuera?”, algo ansioso, “Chiquito” consultaba al morocho, desde lo profundo de la silla.

“Por el momento no lo sé, pero si estamos todos en negro, me cago en la diferencia”, respondió Sebastián amagando con la retirada. Los otros se diluyeron, como siempre, en acotaciones inconducentes, más parecidas a un estado deliberativo rumbo al naufragio.

Seguí con la mirada, la mirada del vasco, sin descubrir indicios que me orientaran. No me dejó alternativas y procedí sin anestesia.

“¿Quien se muda y porque tanto barullo?”

La tonalidad celeste de su mirada incluía perplejidad y una cierta piedad, parecida a la que suelo hallar en la de la mujer dorada en ciertos momentos, “tu diario, idiota,”, me dijo palmeando mi mano derecha, suspendida con el pocillo y previsiblemente dispuesta a asumir la lluvia nunca púrpura, que mostraba el final que siempre llega, de una u otra manera, pese a mi asombro nunca tan inoportuno, sobre todo cuando se intenta quedar.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Música: El clarinete

ARGENPRESS CULTURAL

El clarinete es un instrumento de viento de una sola caña. El sonido es causado por la vibración de la caña contra la boquilla, mando el aire pasa a su través. Esto hace, a su vez, que la columna de aire en el tubo vibre.

La parte inferior del instrumento (llamada “chalu” por afinidad sonora con un antiguo instrumento antecesor del clarinete) produce un oscuro, dramático y rico sonido. El registro medio es bastante claro, mientras que las notas altas son brillantes y penetrantes. El clarinete posee una variación dinámica mayor a la de otros instrumentos de madera. Puede casi rivalizar con la flauta en agilidad, en rápidos arpegios y escala.

Extensión de los clarinetes:

Los clarinetes son de varios tamaños, pero el Si b y el La son los más usados en la actualidad. Como todos los clarinetes tienen la misma digitación, diferentes tamaños producen diferentes notas. Así, por ejemplo, el Do central en un clarinete en Do sonará como está escrito, pero en un clarinete en Si b un Do central escrito suena Si b.

Por tanto la música para clarinete en Si b tiene que ser escrita una segunda mayor más alta (un tono) de lo que suene y, para un clarinete en La, tiene que ser escrita una tercera menor más alta que su sonido.

El tipo de clarinete (Si b o La) es seleccionado por el compositor y depende en qué clarinete utilizará menos sostenidos o bemoles.

Clarinete Bajo

En otro tiempo el instrumento era similar al clarinete, pero era demasiado complicado de manejar. El final del instrumento estaba cerca del suelo, lo cual significaba que mucho del sonido se perdía. Así, estos problemas fueron resueltos curvando las partes superior e inferior del instrumento. El clarinete bajo es más poderoso y suena menos "a caña" que el clarinete ordinario. Las notas bajas son muy ricas y resonantes y pueden tocarse muy sosegadamente. A pesar de su tamaño, puede tocar pasajes rápidos con sorprendente ligereza.

La música para el clarinete bajo se escribe normalmente en clave de sol y suena una novena inferior a lo escrito. Esta es conocida como "notación francesa". Sin embargo, numerosos compositores han usado la notación alemana, con la música escrita un tono más alto que sus sonidos.

Clarinete Contrabajo

Este instrumento, diseñado a finales del siglo XIX en Alemania y Francia, fue realmente desarrollado por Leblanc de París, en los años 1950. Ha sido usado por compositores como Antonin Dvorak: El Demonio y Kate (1899), Arnold Schoenberg: Cinco Piezas para Orquesta (1909) y Lannis Xenakis: Polytope (1967). Extraoficialmente, ha sido añadido por algunos directores para doblar a los contrabajos discretamente.

El clarinete tiene su origen en un antiguo instrumento popular francés: el chalumeau (salmoé), que era un instrumento de lengüeta simple con 7 agujeros. En el siglo XVII un clarinetista alemán llamado Johann Christoph Denner le agregó una llave para el pulgar de la mano izquierda (portavoz), que permitía producir una nueva gama de sonidos, una duodécima por encima de la nota original. Esto marca el comienzo de la evolución del instrumento hasta su estado actual, en el que hay fundamentalmente dos tipos de clarinetes según el mecanismo: El sistema Boehm usado en casi toda Europa, Asia y América, y el Öhler utilizado en Alemania, Austria y algunos países de ese entorno.

Igualmente el clarinete ha participado en la revolución musical que supuso, y supone, el jazz. Ello se aprecia desde su integración incontestable en las primeras agrupaciones jazzísticas y en las big bands hasta la existencia de grandes instrumentistas de jazz que tomaron el clarinete como vehículo de expresión.

Para ejemplificar su sonido, presentamos tres obras con estilos distintos:

1. Mozart, tercer movimiento Rondo, del Concierto para clarinete y orquesta en La mayor, K. 622
2. Ries, cuarto movimiento Rondo del Trío para clarinete, piano y violonchelo, Op. 28
3. Blue Bossa (obra de jazz), de Kenny Dorham, en versión para clarinete solista.




Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

La familia inmigrante: Una mirada intercultural

Ruth Ospina Salazar (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuando en un contexto europeo se habla de inmigración, se hace necesario tener en cuenta las diferencias culturales.

Inmigración, por lo tanto, nos lleva a hablar de lo multicultural, de la convivencia de distintas grupos sociales, a pesar de los intentos de hacerlos homogéneos, de que tiendan a lo uniforme, por parte de algunos sectores que parecen negar la realidad diversa.

En un contexto migratorio, la población inmigrada está condicionada por la posición de poder de la cultura dominante receptora.

El contacto, entonces, llegará a ser desigual, generará conflictos y situaciones problemáticas. Para la solución de estos conflictos y problemas, derivados de una realidad atravesada por distintos grupos culturales, es básico otro concepto, el de interculturalidad, o sea, el intercambio entre las culturas receptoras e inmigrantes, aspecto fundamental en el análisis del fenómeno de la inmigración.

Hoy en día, el pasaje de una economía agrícola a una economía industrial o de servicios ha implicado un cambio brusco en la constitución de las familias, las cuales han entrado de lleno en una sociedad postindustrial, globalizadora y con procesos de privatización masivos, sus modos de relación y vida tradicional se han visto alterados.

Se dan, entonces, cambios en la configuración del grupo familiar.

Se observa en la sociedad occidental, la tendencia a una reducción del tamaño de familia, así como del Estado.

Los padres dejan de ser modelos para los hijos en la transmisión del saber tradicional, cosa que se hacía en la sociedad agrícola y artesanal, mediante el trabajo compartido.

La desvalorización de la vida familiar, el acelerado ritmo de la vida cotidiana, el creciente consumismo, las complicaciones que ocurren en torno a la educación de los hijos, cuando los patrones viejos de convivencia no se acomodan a las expectativas y necesidades propias de un desarrollo tecnológico permanente, hacen que padres y madres sientan que lo que antes era su modelo familiar, ha cambiado.

En los jóvenes de diversos países, existen nuevas situaciones y problemáticas, que son análogas en cualquier proceso de modernización, sea en Ámsterdam, Tokio o Buenos Aires. Un ejemplo de ello es el consumo de drogas psicotrópicas, en edades cada vez más tempranas, factor preocupante y desconcertante tanto para los padres, como para la colectividad, en general.

Las inmigraciones forzadas del campo a la ciudad, en los países tercermundistas, debido a la violencia, el hambre, la falta de condiciones higiénicas, con las subsecuentes enfermedades, llevan consigo la expectativa de mejores condiciones de vida, la esperanza de una existencia más digna para el grupo familiar en general. Sin embargo, el desconocimiento del modo de vivir en las grandes urbes, la precariedad económica, con la que usualmente se sale del lugar de origen, generan choques culturales, difíciles de sortear que hacen que la inclusión en el nuevo lugar de acogida no sea fácil.

Por choque cultural, entendemos la afección de la identidad del emigrante, la que está impregnada por una singular experiencia subjetiva, que da frente a la conciencia un particular sentimiento de sí mismo, con el que convivimos durante toda la vida, a través de un proceso de construcciones y transformaciones, en las que somos siempre, a pesar de todo uno mismo.

Este proceso está determinado en un principio por asuntos inconscientes, que se entretejen con mitos y fantasías personales, obviamente que también juegan en ello, factores socioculturales, como los de la lengua.

De ahí que sea frecuente en sujetos que atraviesan por un choque cultural que se hagan la pregunta:

¿Quién diablos, soy? No me reconozco. Ya no sé quién soy.

Este interrogante se suscita frente a la sensación de vacío, por aquello que se ha perdido y pone en riesgo al sujeto de que se disuelva su identidad, ya que lo diferente del nuevo contexto les hace perder, a su vez, el sentido de ubicación de sí mismos, con la subsecuente desorientación psicológica, lo que en psicopatología se llama estados de despersonalización.

Para defenderse de la angustia que todo esto crea el individuo puede llegar a enfermar y aún llegar a extremos de violencia, sobre todo cuando el emigrante se ve confrontado por actitudes racistas y xenófobas por parte del grupo mayoritario, que supuestamente debería recibirlos y acogerlos.

El pasaje de una cultura a la otra es una crisis, en tanto es un cambio radical en el estilo de vida, que amenaza la identidad y puede constituirse en una situación que enferme, pero personas con un alto grado de experiencias previas interculturales o con relaciones con gentes del lugar puede experimentar el cambio, sin choque cultural alguno.

Sin embargo, todo ello puede aminorarse y mejorarse mediante la educación intercultural y la asistencia psicológica ya sea individual, familiar o grupal, para relativizar los efectos negativos de los prejuicios desfavorables, formas estereotipadas que enturbian nuestra visión de los otros y condenan a la otredad, que a su vez trata de arrinconar al diferente, en el espacio de lo repudiable y deleznable.

Fenómeno que hay que ver en el eje bidireccional pues no sólo puede rechazar el grupo receptor sino que también el recién llegado puede excluir a miembros del grupo supuestamente acogedor y/o excluirse a sí mismo, con el subsecuente aislamiento y sentimiento de soledad.

Los países industrializados o de servicios ofrecen ventajas en salud, educación y comunicaciones.

Las desventajas están marcadas por la imposición de un modelo extraño, para quienes llegan de lugares con una tecnología menos avanzada. En estas circunstancias, la vida de la familia tradicional se afecta; los cambios pueden inducir la descalificación de las figuras de autoridad, la pérdida de apoyo del grupo social, un estilo de vida de “sálvese quien pueda” y la economía del rebusque, llegan a caracterizar este momento transicional.

El paso de una sociedad campesina, a la urbana, exige maneras de ser y estar diferentes, lo que genera un híbrido cultural, que hace que los campesinos no se reconozcan ni de la ciudad ni del campo; sobre todo, cuando no pueden satisfacer las necesidades de bienestar, por las cuales salieron de su lugar de origen.

Se hacen, entonces, intentos por compaginar lo viejo con lo nuevo, en una lucha por conquistar un lugar en el mercado laboral, que con demasiada dificultan logran, en el encuentro con ambientes multiculturales y poco interculturales; ya que individuos y grupos tienden a mantener un predomino de los rasgos culturales, propios de su sociedad original, sin lograr desprenderse de ellos.

La realidad multicultural en las sociedades occidentales incluye tres tipos de agentes de socialización:

1 Los formales, representados por la escuela.

2 Los no formales representados por la familia, grupos de iguales y los medios de comunicación. La escuela y la familia tienen objetivos formativos y educativos.

Me centraré en la familia en el contexto de la sociedad occidental, para cualquier inmigrante que participe de esta experiencia.

En la sociedad occidental actual se valora altamente la autonomía del sujeto, la independencia, lo cual puede llevar, muchas veces, a un individualismo a ultranza pero, para los individuos, en los que no se ha dado el proceso de constitución de la persona, una ruptura que lo diferencie de su familia de origen, la autonomía no tendrá el mismo sentido.

Es de ahí que cuando se enfrenta, desde el punto de vista intercultural y de las ciencia psi, esta situación en relación con la autonomía y la identidad, podemos encontrarnos que hay vínculos familiares, sometidos a experiencias de choque y en parejas que se constituyen en mezclas interculturales, hay que poder pensar las representaciones culturales, para que éstas no se conviertan en fuentes de confusión, ni tener el despropósito de imponer la cultura occidental como un modelo superior y único, ya que ello puede interrumpir valiosos procesos de transculturación, de intercambio cultural, al pretender la aculturación – como supresión de la cultura previa - del emigrante y sus familias, en el medio que los acoge.

Es sorprendente como un emigrante latinoamericano, hace uso de la zeta, como si fuera un español, porque en su trabajo le han exigido hacerlo, ya que les parece que quien viva en España, no tiene por qué hacer uso de la c, así tal emigrante lo haya hecho en una edad bastante adulta. Tal presión laboral no es sino la expresión de una cultura hegemónica que desconoce la otra, la devalúa y exige una aculturación, que en última instancia es un atentado contra la identidad de su subalterno.

En parejas que se establecen mediante mezclas entre nativos y emigrantes, como en toda pareja, al crear el propio grupo familiar, se genera un espacio nuevo, un territorio, se ponen distancias, límites reales o simbólicos, más o menos sutiles, respecto a las dos familias de origen, sin que ello impida relaciones de afecto y de solidaridad con las familias ampliadas, más allá de la nuclear, que se ha constituido.

En familias donde la pareja forma parte íntegra de una u otra familia, según el sistema de parentesco, aún teniendo su propio espacio y aún viviendo a distancia, sigue siendo una prolongación de la familia de origen, con la que permanece identificada. De allí, su completa disponibilidad en cualquier momento, para las fiestas familiares, religiosas o para los infortunios de la familia, está siempre dispuesta a acoger los miembros de la familia extendida, sin límites de tiempo o de espacio, aún sin medios económicos, de allí la obligación, el imperativo, incluso de cuidar a los padres hasta su muerte, tanto como a uno mismo, y a su nueva familia.

Para el occidental, un aspecto apremiante puede ser el contacto tan intenso de sus parejas extranjeras con la familia ampliada, que llega a producir todo un shock cultural, que resulta impactante en el seno del vínculo conyugal, en tanto y en cuanto, este tipo de solidaridad pareciera atentar contra la intimidad del nuevo tejido familiar.

En algunas culturas es muy importante el proceso de la socialización de los niños, que implica un amplio movimiento de ayuda mutua, de deberes y de sacrificios vinculados con los lazos de sangre, que ninguna circunstancia económica, geográfica o personal pudiera modificar, ello puede generar intensas situaciones de conflicto en la nueva pareja, ya que se enfrenta una ideología de un individualismo a ultranza con valores ajenos de grupos culturales, donde la familia ampliada aún tiene existencia.

La vivencia de este tipo de relaciones familiares, puede ser percibida, por el occidental actual, como una penetración en su intimidad, como una amenaza para su identidad personal, mientras para las personas que han sido formadas y educadas en este otro tipo de familias y de relaciones familiares, resulta ser un valor positivo y altruista.

Alguien proveniente de otra cultura se enfrenta a sus propias normas de relación familiar, a sus modelos de individuación, con su propia historia, lo cual es aplicable a cualquier persona que se encuentre en una situación intercultural.

Además de estas diferencias de representación de la noción de familia, la representación de la noción de persona y del concepto de autonomía e independencia aparece como otra fuente de choque cultural.

Actualmente en el seno de la pareja, a pesar de las discordancias entre sus mutuas representaciones culturales, puede existir una búsqueda de ajuste, de armonización incluso.

La interculturalidad nos plantea un problema complejo, en la práctica, a los profesionales interesados en el campo, pues penetrar las familias procedentes de otros medios culturales hace necesario penetrar ese sistema de valores, para entenderlos y no penetrar para modificarlos a cualquier precio, como si nuestra ubicación frente a esa realidad de los otros fuera unilateral Es importante en el trabajo intercultural tener presente la bidireccionalidad de los vínculos como eje conductor en el conocimiento de los demás, del otro, del semejante y de nosotros mismos, en la medida que nos permitamos ser confrontados permanentemente por la diferencia, en la experiencia misma.

Es importante abstenerse de emitir juicios sobre otras religiones y de trasponer, de forma automática, nuestra desconfianza y nuestros prejuicios contra sus ritos. Así mismo, es importante hacerlo con las culturas mismas.

Otro problema que se encuentra es el de las personas que reniegan de su historia y de su origen, que rechazan a sus compatriotas, porque sus creencias y valores, reflejan como un espejo, lo que tales personas han tratado de mantener oculto y negar, porque lo consideran demasiado retrógrado o salvaje, en procesos de asimilación a la cultura imperante, lo cual es una defensa ante sus propios conflictos, que no han tenido un proceso de transformación y cambio adecuado.

Para el profesional interesado en este tema, la representación del cambio social y cultural fundamenta de forma implícita sus prácticas educativas, sociales, psicológicas y de asistencia, orientadas hacia la evaluación de las personas; su plenitud su inserción social y profesional.

Es, por lo tanto, muy importante, descubrir las diferencias, ya que desvalorizarlas lleva a procesos de asimilación, que encubren lo propio, para sentirse iguales a la sociedad imperante o acogedora, lo cual va en un rotundo detrimento de la propia identidad y atenta contra lo verdaderamente intercultural.

Parece que se tolera mal todo lo que, visto desde fuera, es percibido como distinto, porque se interpreta a partir del principio de coherencia que se convirtió en un valor en la sociedad occidental, desde el Renacimiento pero que ahora se ha hecho más imperioso con aquello del pensamiento único, globalizador, que pretende acabar con la Historia con mayúscula de la humanidad y con las historias, con minúscula, de cada uno de los sujetos en su singularidad, bajo el principio de que todos hemos de pensar y hacer lo mismo, como lo planteara Francis Fukuyama.

Es preciso, descubrir las fronteras de las relaciones sociales étnicas que aseguran el mantenimiento y la delimitación de sus diferencias, a pesar de sus adaptaciones a factores del entorno y sus contactos inter¬-étnicos, para evitar los efectos nocivos de la pura asimilación, que pretende borrar las diferencias.

Todo ello, nos permite entender que comprender la propia cultura es fundamental en cualquier formación de personas que trabajan en el ámbito intercultural.

BIBLIOGRAFÍA:
Psicoterapia en Frankfurt. Choque Cultural. http://www.psicoterapia-frankfurt.de/choque-cultural.htm
Cohen-Emerique, M. Análisis de incidentes críticos: un modelo para la comunicación intercultural. http://www.fuhem.es/cip-ecosocial/dossier-intercultural/contenido/10%20INCIDENTES%20CR%CDTICOS.pdf
Dos culturas diferentes. Teorías importantes para nuestro blog. http://culturaales.blogspot.com/2009/12/teorias-importantes-para-nuestro-blog.html
San Román, T. Los muros de la separación. Ensayo sobre alterofobia y filantropía. Tecnos, Madrid, 1996.
Solé, C. Racismo, etnicidad y educación intercultural. Universidat de Lleida, Lérida, 1996.
Wolf, E. R. Europa y la gente sin historia. Fondo de Cultura Económica, México, 1994.
López Hoyos, M.L. Conflictos en la crianza. La autoridad en cuestión - Un estudio intercultural. Programa Editorial, Universidad del Valle, Santiago de Cali, 2011.
Wikipedia. Postmodernidad. http://es.wikipedia.org/wiki/Posmodernidad
Fukuyama, F. El fin de la historia y el último hombre. Editorial Planeta, Barcelona, 1992.
Touraine, A. La sociedad post-industrial, Ariel, Barcelona, 1973.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

La Parábola del zorro y el lorito (a propósito de ciertos dichos de Mario Bunge)

Ricardo San Esteban (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Me dicen que olvidé, en mi artículo anterior, explicar cómo era la refutación del ejemplo dado con el agua. Veamos. En las clases de dialéctica que se daban en aquel tiempo se decía –para explicar la ley dialéctica del salto cualitativo- que el agua pasaba de una calidad a otra si se la calentaba o si se la enfriaba, si pasaba de un estado líquido a uno gaseoso o si lo hacía de éste a un estado sólido, convertida en hielo.

Era, evidentemente, una vulgarización de las leyes de la dialéctica, porque el agua posee siempre esas propiedades, y lo que puede cambiar es su estado, es decir, pasar de líquido a gaseoso o de líquido a sólido. Pero cambiar su estado es muy distinto a cambiar su calidad. Para, verdaderamente, dar el salto cualitativo, tendría que producirse un cambio molecular como por ejemplo, aquél que hizo Jesús, en las bodas de Caná -a instancias de María- convirtiendo el agua en vino, milagro que muchos de los bodegueros repitieron a lo largo de los siglos. La ley del salto cualitativo implica que ese salto sea irreversible: el agua congelada puede volver a su liquidez y en ese caso no ha cambiado su esencia.

En mi artículo anterior y polemizando con Mario Bunge, éste escribía que en un viaje a Tucumán y leyendo a George Boole, había saldado sus cuentas con la dialéctica.

Boole fue contemporáneo de Carlos Marx pero, al menos que se sepa, no se conocieron, pues de lo contrario hubiese resultado una conjunción extraordinaria entre la dialéctica de Marx y la lógica matemática. La dialéctica no es excluyente de la lógica de Boole y yo diría que es complementaria, teniendo en cuenta que su formalismo, siendo importante, no puede expresar el movimiento como sí lo intenta la dialéctica marxista.

Boole y su idea de la analogía entre el álgebra y la lógica inspiró sus investigaciones, expuestas en dos trabajos fundamentales: “El análisis matemático de la lógica” (1847) y “Una investigación de las leyes del pensar” (1854).

Aproximadamente setenta años después de la muerte de Boole, Claude Shannon asistió a una clase de filosofía en la Universidad de Michigan que le introdujo en los estudios de Boole. Shannon reconoció que el trabajo de Boole podía ser la base de los mecanismos y procesos en el mundo real y que por lo tanto era de gran relevancia. Víctor Shestakov, que fue uno de mis profesores en Moscú , propuso una teoría de los interruptores eléctricos basados en la lógica booleana, incluso antes que Claude Shannon, en 1935, según el testimonio de los lógicos y matemáticos soviéticos Sofia Yanovskaya, Gaaze-Rapoport,Dobrushin, Lupanov, Dmitri Medvédev, y Uspensky.

Por lo tanto, el álgebra de Boole se convirtió en el fundamento de la práctica de circuitos digitales de diseño, y Boole, a través de Shannon y Shestakov, en la base teórica para la era digital. Tal hecho contraría lo sostenido por Mario Bunge, en el sentido de que los avances de la ciencia en los últimos cien años se hicieron “fuera del cajón marxista” e incluso, por si cabe aclararlo, algunos de los descendientes de Boole -que también aportaron a la ciencia- fueron afiliados al Partido Comunista de Irlanda.

Muerte y resurrección de la Dialéctica

Veamos primero el significado de la mentada dialéctica (del griego διαλεκτική: dialektiké), τέχνη (téchne), literalmente: técnica de la conversación; con igual significado, en latín (ars) dialéctica es una rama de la filosofía cuyo ámbito y alcance ha variado significativamente a lo largo de la historia.

Originariamente designaba un método de conversación o argumentación análogo a lo que actualmente se llama lógica. En el siglo XVIII el término adquirió un nuevo significado: la teoría de los contrapuestos en las cosas o en los conceptos, así como la detección y superación de estos contrapuestos. De manera más esquemática puede definirse la dialéctica como el discurso en el que se contrapone una determinada concepción o tradición, entendida como tesis, y la muestra de los problemas y contradicciones, entendida como antítesis. De esta confrontación surge, en un tercer momento llamado síntesis, una resolución o una nueva comprensión del problema. Este esquema general puede concretarse como la contraposición entre concepto y cosa en la teoría del conocimiento, a la contraposición entre los diferentes participantes en una discusión y a contraposiciones reales en la naturaleza o en la sociedad, entre otras.

En estos días vivimos un tremendo conflicto ubicado en las otrora “sociedades opulentas” de los países desarrollados. En su libro 'El Bundesbank, el Banco que gobierna Europa” el periodista británico David Marsh relataba cómo tres cancilleres de la República Federal de Alemania (Erhard en 1966, Kiesinger en 1969 y Schmidt en 1982) fueron desplazados del poder no por derrotas electorales, sino por rupturas internas de las coaliciones gobernantes decididas por el Bundesbank. En todo caso el resultado fueron cambios de alianzas parlamentarias que se gestionaron desde la política, pero eran cambios que acusaban un tipo más profundo de contradicción o de conflicto: el dado entre la propiedad privada y la producción social, conflicto que se agudizó con el incremento del capital financiero pero que no habíamos generado ni atizado los marxistas. Y hoy en día, en Grecia e Italia, el Bundesbank, colocando a sus tecnócratas en los puestos políticos –responsables del descalabro- preludia una confrontación mayor.

La relación entre sujeto y objeto no es eterna ni universal, y el surgimiento de un sujeto histórico determinado –por ejemplo el homo sapiens- marca una etapa en el desarrollo de la materia. El estudio de la realidad objetiva (el ser) lleva el nombre de ontología, habida cuenta de que ese estudio es realizado por el ser humano y su objeto de conocimiento no es la realidad objetiva como tal, sino una sección determinada de la misma, condicionada por el carácter y nivel de las fuerzas productivas, por el tiempo, los medios, los métodos y los fines de investigación. Conocemos al mundo no como existe en si, sino tal como aparece ante el observador en un proceso cognoscitivo dado, en un sistema también dado.

A ese nuestro mundo lo conocemos, en primera instancia, a través de formas y es a través de esas formas como operamos en él, merced a cómo ellas operan en nosotros, reflejándose en nuestra psiquis y condicionando nuestro accionar, accionar que se da en unidad y lucha.

Aclaramos aquí que la categoría de reflejo condicionado debe entenderse no solamente como la entendía Pavlov, pues si bien es acertado pensar que existe una correspondencia entre estímulos y perceptos, ésta no es biunívoca. La teoría de la percepción tal y como la describió Helmholtz (1), hacía hincapié en el sentido de que lo percibido no era solamente un reflejo especular sino que dependía asimismo del estado interno del sujeto cognoscente, de su historia, de su medio y de sus decisiones individuales y colectivas.

Muchas conductas de los animales se deberían, pues, a una compleja elaboración donde actúan no solamente aspectos sicológicos sino también físicos, químicos y biológicos. No a simples reflejos.

De todas maneras, este mecanismo de conexión entre ser y pensamiento (y entre teoría y práctica) es patrimonio de algo tercero; un tercero que no es ni la divinidad ni lo sagrado del mundo, y que tampoco se asienta en complejos de sensaciones.

Espinosa decía que si en la esencia de dos cosas no existiese una tercera, común a ambas, resultaría imposible su vinculación. Y esa tercera, decía, es la naturaleza.

La conexión así planteada entre materia y conciencia era y es negada por ciertas corrientes del pensamiento, ya que para ellos se trata -en general- de dos sustancias, la una ideal y primigenia, y la otra, derivada, consecuente.

Por eso recordamos que ya Espinosa planteaba que materia y conciencia son una misma cosa, pues que ambas no constituyen dos sustancias, sino dos atributos de una y la misma: la naturaleza.

La última vez que visité a mi maestro Evald Vassiliev Ilienkov (2), en Moscú, en 1978, lo hice para aclarar algunos conceptos de su libro “Lógica Dialéctica” -en su edición castellana- y llegamos a la conclusión de que la traducción era pésima. Lo hallé desmejorado, casi postrado y me dijo que sufría de insomnio y de otras dolencias. Casualmente había llegado el jesuita argentino Juan Ramón Sepich, a la sazón exiliado en Alemania, para intercambiar ideas en torno a ciertos problemas de la dialéctica.

Decía Ilienkov en aquella oportunidad que no es, en definitiva, el hombre quien actúa sobre la naturaleza. Es ella misma, de la cual el hombre es parte, la que actúa sobre sí misma. Debemos, eso sí, -reclamaba- actualizar los conceptos de materia y sustancia. Ilienkov se pronunciaba contra el realismo ingenuo y el positivismo, pecados que en cierta medida ostenta nuestro amigo Mario Bunge.

«El hombre –escribía Ilienkov- no analiza los hechos empíricos con una conciencia 'vacía' sino con una conciencia que se ha desarrollado en el curso de su educación. Es decir, capta siempre los hechos desde el punto de vista de tal o tal concepto. Lo quiera o no, no puede sin esto pensar activamente, comprender los hechos; en el mejor de los casos no puede sino constatarlos activamente (...) Quien cree expresar los hechos 'absolutamente sin idea preconcebida', sin ningún concepto 'anteriormente admitido', no está desprovisto de ellos. Al contrario, es inevitablemente esclavo de los conceptos más vulgares y más absurdos». (3).

El sacerdote benedictino Thomas Matus narraba que Tomás de Aquino, al final de su vida, cuando la tensión entre su experiencia y la teología se habían tornado irreconciliables, tomando en sus manos sus papeles filosóficos, exclamó “esto es una paja.” Indudablemente. La materia, además de ser una importante categoría filosófica cuyo contenido ha sido tergiversado muchas veces, constituye una categoría sistémica que debe analizarse en consonancia con un determinado nivel de observación. La comprobada existencia de la masa del universo, la flecha del tiempo expandiéndose en forma de bucle de lo simple a lo complejo, la propia contingencia y la interacción multidireccional, muestran que la materia constituye una estructura sistémica cuya completa exteriorización se halla -por ahora- fuera de la visión humana. Naturalmente que nosotros no intentaremos construir ese sistema a la manera de Hegel, elaborando uno que cierre mentalmente. El sistema real del mundo ya hace rato que está en marcha, y no nos cierra.

Nosotros, los marxistas, no rendimos culto al conflicto, como aseveraba Mario Bunge, aunque actualmente muchos investigadores burgueses están empeñados en destruir el mundo antes que en construirlo, respaldados por los científicos y pensadores que avalan las “guerras justas” de los países centrales, y todos aquellos que apantallan el fuego de la intolerancia y el de los odios más o menos estúpidos. No hemos inventado el conflicto social: es una realidad, en todo caso fogoneada por los banqueros y el capital financiero.

La vida del bicherío no es armónica

Se cuenta que había una vez un lorito posado en la rama más alta, y apareció al pie del árbol un zorro hambriento, quien le dijo que el gobierno había aprobado un decreto por el cual todos los animales debían hermanarse, olvidando sus mutuos conflictos. Y a continuación invitó al lorito a bajar y darle un abrazo en señal de armonía. Pero el pájaro se negaba a bajar, avizorando que el zorro quería manducárselo, en tanto que el zorro, mostrando un papel, le decía que ése era el decreto, que bajara y lo leyera para cerciorarse. En eso estaban cuando apareció un puma y sacó picando al zorro, al tiempo que el loro gritaba ¡muéstrale el decreto! Como vemos, es indudable que la contradicción está en la naturaleza.

Los seguidores argentinos del franco-egipcio Renato Guenon, en boga durante los años penosos de dictaduras militares, atizaban el conflicto en el cual las fuerzas armadas nacionales actuaban como ejército de ocupación de una potencia extranjera.

La obra de René Guenon se fincaba en la secularidad de la familia, la tradición y la propiedad privada. Se trataba de una concepción política de sentido maurrasiano y corporativista, que en lo teológico se agrupaba junto a las jerarquías vaticanas.

Algunos resucitadores actuales de las ideas medievales -a veces, como éste, con un gracioso toque oriental- pretendían conceptuar a la lógica aristotélica como algo acartonado, fósil. Muchos investigadores han señalado el profundo error cometido al no comprender en toda su profundidad aquella lógica en la que Aristóteles alcanzó a ver la complejidad del razonamiento y a plantear que todo lo que se opone como relativo se dice que es lo que es de la cosa que le es opuesta. Aquí Aristóteles se levanta de la tumba y rebate las aseveraciones de Mario Bunge, al señalar que lo antagónico es la fuente del conocimiento (y de los cambios objetivos, agregamos nosotros).

La concepción de los tomistas -luego reafirmada por tantos otros- tenía el nivel de una abstracción de carácter empírico, donde el conocimiento resultaba superficial. Por eso mismo reflejaba uno de los lados de la cosa, o aspectos aislados de ella, al margen de sus otras facetas y propiedades. Además, su carácter supremo la colocaba en boca de dios, creador del mundo. No hace mucho, gentes como los chilenos Maturana y Varela (4) que indudablemente han aportado a la teoría de los sistemas, decían que el proceso del conocimiento es un proceso por el cual ponemos de manifiesto el mundo en el acto de ese conocimiento. Y seguían con que el mundo es dado a luz en ese proceso; por lo cual seríamos así dioses realizando la Creación a cada rato, pero esta aseveración de Maturana es más vieja que las sandalias de Buda.

Niklas Luhman fue un ejemplo de cómo la dialéctica se complementa con la teoría de Boole, algo que ya abordara siendo prisionero en la segunda guerra mundial. Para llegar a una teoría general de la sociedad, Luhmann incorporó y adaptó a su propio trabajo, además, la teoría de los sistemas autopoiéticos, desarrollada originalmente por Maturana y Varela para los sistemas vivientes.

Considerados como sistemas comunicacionales, los sistemas sociales no son sistemas vivientes para la mirada de Niklas Luhmann. Con esto, su teoría de la sociedad está aproximadamente tan alejada de la de Maturana y Varela como de los presupuestos teóricos de Structure of Social Action, del sistema AGIL, y de las variables modelo de Parsons. Es conocida su polémica con Habermas (5) y la lucha entre sistema y entorno, tal como la planteara Luhman, es dialéctica pura ¿Qué significa, pues, la lucha entre el nuevo principio de legitimidad que acecha desde el futuro y el viejo sistema que se resiste?

Si bien como decía Protágoras, el hombre es la medida de todas las cosas, está claro que los objetos y procesos, como unidad concreta, existen antes que todo conocimiento. Y que una vez obtenido dicho conocimiento, no permanece solamente dentro de los marcos del pensamiento, sino que lo traspasa en cuanto a que forma parte de la naturaleza, es decir, nosotros humanizamos a dicha naturaleza en tanto que ella nos naturaliza en una contradicción mutua ligada a nuestros correspondientes metabolismos.

Marx decía que si bien lo concreto es el verdadero punto de partida de la observación y de la concepción, éste se presenta todavía en nuestro pensamiento como un proceso de síntesis, como un resultado y no un punto de partida. Lo concreto, en efecto, es tal, en cuanto resulta ser un conjunto de muchas determinaciones (algunas generales o comunes a otras épocas, otras, específicas o propias de la experiencia de la modernidad o del presente) y por lo tanto la unidad de lo múltiple. Luego ejemplificaba con categorías de la economía política, para finalmente concluir que entre los metafísicos la total representación concreta se volatilizaba en una definición abstracta (en sentido negativo). Debe interpretarse que Marx no se refería a un aniquilamiento de la cosa al estilo kantiano, sino que hablaba de volatilización en el sentido de un razonamiento idealista. Ni más ni menos que los teóricos que hoy volatilizan al mundo real, cuando plantean que en el fondo de la dialéctica no hay nada para luego remitirse a los espíritus y volar rumbo a los ángeles o a que debemos armonizar las contradicciones antagónicas.

El momento actual, ya lo dijimos, es menos aseverativo y más problemático pero se trata de uno de los momentos más complejos en el largo proceso del conocimiento humano que, como en una carrera de obstáculos, va saltándolos de uno en uno. Si bien tratamos de identificar las leyes de la naturaleza y adaptarlas a nuestros requerimientos, siempre obtenemos una verdad, en el mejor de los casos, a medias. Aquí se expresa la ley dialéctica de la negación de la negación, pues nuevos descubrimientos van negando los antiguos y ahora mismo parece ser que los neutrinos viajan más rápido que la luz, cuestión que, de probarse, jaquearía a todo el andamiaje anterior.

Por ello mismo, querido Mario Bunge, no somos los dueños de la antorcha y debemos entender que no cabe en nuestras cabezas la realidad completa y en toda su contradicción, so pena de sufrir la condena que impone Mahoma a los pintores, quienes deben en la otra vida responder por los pecados de las personas que han reproducido en sus retratos.

NOTAS

1) Hermann von Helmholtz and the foundations of Nineteenth century Science. Los Ángeles: University of California Press, 1994.
2) Ilienkov Evald Vassiliev. (1977): Lógica dialéctica, Progreso, Moscú.
3) Ibid.
4) Varela, Francisco J.; & Maturana, Humberto R. (1973). De Máquinas y Seres Vivos: Una teoría sobre la organización biológica. Santiago de Chile: Editorial Universitaria. Hay edición revisada de 1995, con un prefacio.
5) Niklas Luhman, en 1968, en ocasión del decimosexto Congreso Alemán de Sociología, celebrado en Francfort, mantuvo un debate teórico con Habermas, recogido en Theorie der Gesellschaft oder Sozialtechnologie. Was leistet die Systemforschung, Suhrkamp, Francfort, 2 vols., 1971-1973.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Todavía no es el tiempo del hombre nuevo

Juan Alonso (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Los países con más riquezas, armas, poder
están poblados y mandados por humanos del estilo viejo
que actuó por siglos con violencia, acomodo, voracidad
injusticia sobre pueblos pobres
Son los nietos hijos fieles a los relatos de su historia de conquistadores, colonizadores,
exterminadores, esclavistas, misioneros
y de ellos no se puede esperar mesura, austeridad, sencillez, fraternidad,
cuidados al animal, la planta, el metal, el agua, el aire,
pensamientos largos que proyecten una tranquila paz millones de años en adelante
El hombre nuevo hay que crearlo desde las primeras semillas
regadas probablemente en el sur donde lo humano floreció en África

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Literatura oral y popular del Paraguay

Delfina Acosta

La literatura oral de nuestro país es rica y variada como la de otros países, con la diferencia de que el idioma guaraní, de sonoridad armoniosa y de expresión casi picaresca, persiste llamando la atención de los especialistas de la lengua.


En el libro Literatura oral y popular del Paraguay, elaborado por la escritora y poetisa Susy Delgado (1), con la colaboración de Feliciano Acosta (2), puede leerse una amplia documentación que da cuenta de la imaginación creadora de la gente del campo así como de las costumbres y creencias arraigadas en el Paraguay.

El texto lleva el sello editorial de Arandurâ (3).

Me llama la atención -particularmente- la referencia a las creencias que formaban (y tal vez siguen formando) un estilo imaginario imprimido a la conducta de los campesinos.

Recuerdo yo que las gentes vacilaban antes de hablar a la noche sobre la mala visión, pues creían que al mencionarla, un ser fantasmal, un trasgo, un espectro, algún ser despreciable aparecería por el camino del viajero al retornar a su casa.

De aquella conducta crédula, alimentada, obviamente, por la imaginería popular, se desprendían conversaciones por demás entretenidas y propicias para “el trago”, pues eran las hijas mismas del suspenso y del misterio.

El pitogue (4) deja su característica de pájaro para convertirse en un verdadero personaje de las campiñas. Se lee en el texto: “Explican nuestras campesinas que goza de fama de antipático, porque no solamente adivina cuando una mujer está embarazada, sino que se empeña en divulgar el hecho con sus estridentes gritos ‘a los cuatro vientos’, especialmente cuando, por tratarse de una mujer soltera u otro motivo cualquiera, desea ocultar su estado”.

Tiempo atrás, las mujeres, al oír su infatigable parlamento, daban por confirmado que la naturaleza había triunfado en su vientre, y, según su ánimo, se ponían contentas o se entristecían.

Lengua que asombra a los especialistas

En un contexto tan amplio como es la literatura oral y popular del Paraguay, se citan los mitos como el pombero (5), el luisón (6), el Yasy Yateré (7), el kurupí (8), el moñái (9) y otros, que hasta ahora son elementos que por su alusión a lo fantástico, se prestan para la redacción de cuentos y composiciones.

La literatura oral y popular del Paraguay responde a una cultura ágrafa, que no desarrolló muchas obras materiales y que, en cambio, volcó su sensibilidad y su talento en la creación de una lengua que asombra a los especialistas por su riqueza y versatilidad, expresa Susy Delgado.


La necesidad del individuo de creer en un ser superior, Dios, o en el diablo (ser también superior), lo ha vuelto además creyente, en un sentido más amplio y pagano de acciones y seres de naturaleza moldeada por la imaginación popular.

Así, por ejemplo, tiempo atrás se creía firmemente que no debía pronunciarse la palabra víbora, pues nombrarla equivalía literalmente a invocarla.

Se daba por correcto atar con una cinta roja la muñeca del recién nacido para espantar de su presencia las enfermedades y las malas obras del diablo.

Esa necesidad de creer, no solamente en Dios, es común en los hombres.

La creencia de los paraguayos de tierra adentro en determinados personajes de carácter mitológico se fue perdiendo.

En buena hora este precioso libro recupera varios aspectos de la tradición paraguaya.

Notas:
1) Es una escritora, periodista, narradora y poetisa bilingüe que escribe tanto en guaraní como en castellano, nacida en San Lorenzo, en Paraguay en 1949, donde terminaría sus estudios, para luego licenciarse en Medios de Comunicación en la Universidad Nacional de Asunción, para luego hacer un postgrado en sociología, en la Universidad Complutense de Madrid. Es columnista de La Nación, periódico que tiene su sede en el capital paraguaya. http://www.youtube.com/watch?v=uI7f_tYu3Sc
2) Poeta paraguayo, nacido en Concepción, en1943, quien se trasladaría a los veintiún años a Asunción, donde estudiaría Derecho, pero colgaría la toga para dedicarse a la enseñanza del guaraní, lo que le llevaría a estudiar la ciencia de Ferdinand de Saussure en el Instituto de Lingüística de Paraguray y filosofía en la Facultad de la Universidad Nacional de Asunción, de tal forma que obtendría el título de licenciado en lengua guaraní, en la que escribe poemas, algunos traducidos a otros idiomas como el español, el inglés y el francés. Su poesía es breve, intimista, a pesar de que también aparece el autor como crítico observador de los aconteceres históricos de su país. En el campo del saber académico, sería colaborador en la producción de una gramática guaraní.
3) Esta editorial es sinónimo de literatura paraguaya contemporánea; fue fundada en 1991, por el gran escritor Juan Bautista Rivarola Matto y ahora tiene un catálogo de más de ciento cincuenta títulos de diversos géneros. Fue posible, gracias al advenimiento de las Libertades Públicas en el Paraguay, tras la caída de Stroessner, cuando pudo replantearse el problema de una escritura para los tiempos nuevos, de tal forma que ha sido generadora de una gran contribución la difusión y consolidación de la literatura paraguaya, antes casi tan desconocida, en pro de estimular la identidad cultural, los sueños, la alegría y el sentimiento colectivo dentro del país.
4) Es un pajarito pechiamarillo, de cabeza negra con dos franjas blancas, como si fuesen cejas y cuello blanco, lo que hace tener la ilusión de que tiene un antifaz y una boina negra, que habita desde el estado de Texas, en los Estados Unidos de América hasta el centro de Argentina a lo largo de América Latina. Su canto es agudo y prolongado que esparce por todo el campo pues tiene fama de ser ruidoso y gritón. Es un pájaro insectívoro pero también como frutos, pequeños roedores y reptiles y pesca a la manera de los Martines Pescadores. En algunas regiones creen que anuncia visitas a los campesinos y de ahí otro de sus nombre benteveo, también se considera que puede avisar los nacimientos, pero en la costa argentina se cree que es un ave de mal agüero, cuya presencia anuncia presagios funestos, por lo que se procura ahuyentarlo. Entre los guaraníes hay una leyenda de que era nieto de un mal corazón, al que el dios Tupá convirtió en pájaro. por no haberle querido acercar al abuelo moribundo, un vaso de agua. http://www.youtube.com/watch?v=MN6dAskuqFE
5) Ser mitológico muy comentado y temido en los campos del Paraguay, quien vigila la noche y se hace sentir de mil maneras; por ello, se lo considera el señor de la noche; su nombre no puede mancillado por las gentes porque puede irritarse; de ahí que a los niños se les prohíba mencionar su nombre, en la noche, cuando vigila, porque puede estar acechando desde cualquier rincón oscuro. http://www.youtube.com/watch?v=5rWACwCME98
6) El Luisón o Lobizón es un hombre lobo (lobis homen en portugués) quien era el séptimo y último hijo de Tau y Kerana, otros personajes míticos guaraníes, cuyos hijos se convirtieron en siete monstruos; es un ser humano, semejante al hombre lobo de la mitología europea, quien sale en las noches en las que la luna llena coincide con sobrevolar el cielo en los días viernes o martes. Es una especie de perro grande, un tanto homínido, un tanto porcino. Sólo puede matárselo con un arma blanca o una vela bendita y si alguien descubre su identidad se convierte en víctima mortal del monstruoso hombre.
7) El Yasi Yataré es una especie de duende guaraní, que quiere decir pedazo de luna, por lo cual el personaje original tenía los cabellos canosos o plateados por la luz de Selene, a quien salía a ver en las noches aunque ahora se considera que sus costumbres son diurnas; tiene unas cualidades parecidas al del Pombero, es enano o apenas un niño menudito, desnudo, hermoso, de pelos claros, que porta un sombrero de paja y un bastón de oro, con poderes mágicos. Recorre los montes a la hora de la siesta y atrae a los niños con un silbido hipnótico, semejante al de un ave, y se los rapta. Aparece con mayor frecuencia en la cosecha de chocolo o maíz tierno.
8) Es otro personaje mítico guaraní, a su vez, hijo Tau y Kerana, la pareja maldita, el cual tiene la apariencia de un hombre muy bajito, moreno, feísimo, con manos y pies velludos, sin coyunturas, de tal modo, que su cuerpo es de una sola pieza; para algunos, tiene los pies al revés, lo que hace imposible seguirlo; cuenta además con un enorme falo, que lleva enrollado en la cintura, que usa para atrapar sus víctimas femeninas, en tanto y en cuanto, prefiere aprovecharse de mujeres que solas se aventuran en la selva para recoger leña. Es un monstruo aún más vilento que Yasy Yateré, un sádico que viola y asesina a las mujeres que caen en sus garras; entre las mujeres, tiene por preferencia a las vírgenes, a las que embaraza, pero sus hijos mueren de un mal extraño. Se dice que su sola visión, enloquece a las féminas. Es el genio de los animales salvajes, en especial de los sementales; no abandona nunca la selva, donde desarrolla todo el poder de su sensualidad, salvo si se trata de ir por una víctima. La forma de exorcizar sus males es cortarle el pene, ya que la castración lo torna inofensivo pero también uno puede subirse a un árbol, ya que como el monstruo carece de articulaciones no puede subirse a ellos. http://www.youtube.com/watch?v=3sHCQMYF1s4&feature=related
9) Es hermano de los monstruos anteriores pero tiene forma de una enorme serpiente, con dos cuernos rectos e iridiscentes en su cabeza, los cuales funcionan como antenas, para controlar los campos abiertos, donde domina; a diferencia del Kurupí, tiene la capacidad de subirse a los árboles con gran facilidad y descolgarse de sus ramas para cazar aves y como Kaa, la boa de El Libro de la Selva de Rudyard Kipling, estas antenas tienen un poder hipnótico, que lo convierte en el Señor del Aire. Es un monstruo ladrón, que oculta los productos de sus fechorías en una cueva, donde las colecciona como un tesoro.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.