jueves, 22 de diciembre de 2011

Música: El aleluya

ARGENPRESS CULTURAL

La palabra “aleluya”, derivada del hebreo y que podría traducirse por «¡Alaben a Dios! ¡Gloria al Señor!», es una exclamación de júbilo originaria del judaísmo muy común en esta religión y también en el cristianismo, que la adoptó para su uso litúrgico. Para la mayoría de los cristianos, esta es la palabra más alegre para alabar a su dios.

Durante los primeros siglos de existencia de la Iglesia católica solamente se cantaba el aleluya el Domingo de Resurrección; luego comenzó a usarse durante todo el tiempo pascual, y finalmente todos los domingos. Hoy día en la Iglesia oriental se escucha en todas las épocas del año, y todos los días del año. En el rito occidental, que sigue el ordenamiento de San Gregorio I sobre la celebración de la misa, se canta desde la Pascua hasta el Pentecostés, pero no durante tiempos penitenciales como la Cuaresma (en la cual tampoco se canta el Gloria in excelsis), las misas de difuntos o las misas feriales de Adviento.

En todas las liturgias cristianas el aleluya tiene forma antifonal, cantándose esta expresión, muy adornada con melismas, entre versículo y versículo del salmo u oración. De forma más sencilla, muchas piezas terminan simplificándose a la aclamación, un verso y, de nuevo, la aclamación, siguiendo la siguiente estructura: Aleluya + Verso + Aleluya.

En la historia del cristianismo el Aleluya ha sido una aclamación pascual: ¡Alaben a dios porque Jesucristo ha resucitado! La alegre aclamación del Aleluya antes del Evangelio prepara a la escucha de la Palabra de Jesucristo y acompaña, en las misas festivas, la procesión del diácono o sacerdote que lo proclamará. En las normas del Misal dice que de no cantarse, es mejor eliminarlo: ¡tan importante se considera cantarlo! El leccionario contiene, para cada Evangelio, un versículo propio que puede ser leído o cantado entre los Aleluya. En los cuarenta días de la Cuaresma no se canta el Aleluya, sino que se sustituye por otro canto breve de aclamación al Evangelio, pero que no contenga la palabra “aleluya”. El Aleluya se vuelve a cantar solamente en la Pascua, para anunciar la resurrección de Cristo. En algunas comunidades se canta también el Aleluya u otro canto breve al final de la lectura del Evangelio.

Numerosos autores dedicaron páginas memorables a esta forma musical. Para ejemplificarlo, presentamos aquí algunas expresiones de entre las numerosas que existen:

Aleluya de Antonio Vivaldi

Aleluya de la Misa Criolla, de Ariel Ramírez

Aleluya de Wolfang Mozart

Aleluya de Ludwig van Beethoven

Aleluya de la liturgia evangélica

Aleluya del Oratorio El Mesías, de Georg Haendel

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Plástica: Comentarios acerca de una pintura de Norman Rockwell

El Ave Fénix (Desde Nueva York, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Considerado uno de los mejores pintores norteamericanos, Norman Rockwell (1874-1978) dejó huella en la Historia del Arte mundial, al grado de ser considerado el mejor ilustrador del Siglo XX (abajo van algunos trabajos suyos en formato power point). Pintó momentos de la vida diaria, escenas simples y cotidianas en su tiempo. Nació y vivió aquí en Nueva York, trabajando en el "Saturday Post" por más de cuatro décadas. Los originales de sus pinturas son exhibidas como parte de las colecciones permanentes de los principales Museos del mundo.

Muchos de sus cuadros reflejaron vívidamente las luchas sociales que se vivían y constituyeron una denuncia pública de los prejuicios que imperaban en ese tiempo, por ejemplo su pintura titulada "The problem we face" ("El problema que estamos viviendo")

En esta famosa pintura aparece una niña de raza negra en 1960, escoltada por cuatro Agentes Federales de los Estados Unidos mientras se dirige a su escuela a estudiar, recordemos que en los 60's se dio una polémica social intensa sobre el fin de la segregación racial en este país, pues en ese tiempo los negros tenían escuelas separadas, debían viajar en los asientos de atrás de los buses y trenes, debían cederle los asientos de los trenes y buses a los blancos, etcétera; el edificio del Pentágono -por ejemplo- tiene el doble de servicios sanitarios debido a que en todos los edificios públicos se construían baños separados para los blancos y baños separados para los negros.

En esta pintura vemos que las Autoridades Federales han tenido que hacerse presentes para escoltar a la pequeña estudiante de raza negra para protegerla de la rabia y furia de los segregacionistas raciales, quienes además de gritarle insultos le han tirado tomates, los cuales han impactado en la pared y el suelo, muy cerca de ella, según puede verse en el cuadro.

Norman Rockwell, para enfatizar la dignidad personal y pequeñez física de la estudiante negra la pintó como única figura humana completa, por ello los Agentes Federales aparecen solamente del cuello hacia abajo, lo cual además refuerza la sensación de altura y autoridad que el Gobierno Federal estaba imponiendo sobre los Estados y grupos que aún se resistían al cambio. El paso marcial y los puños cerrados de los Agentes Federales también transmiten una impresión de fuerza y tensión contenidas.

En el bolsillo del Agente Federal que aparece en primer plano al lado izquierdo se alcanza a ver un documento oficial, es la Orden Judicial Federal que da por terminada la infame y perversa segregación escolar en los Estados Unidos.
En la pared aparece pintada la palabra injuriosa "Nigger" (negroide), una de las ofensas más hirientes para las personas de raza negra; Norman Rockwell -acertadamente- pintó esa palabra bajo una capa de pintura, simbolizando que el odio debía borrarse y que los nuevos tiempos harían desaparecer esos vocablos ultrajantes del léxico norteamericano.

La niña inmortalizada en esta pintura es Ruby Bridges, asistiendo a sus clases de Primer Grado en la ciudad de Nueva Orleans (Estado de Louisiana) el 14 de Noviembre de 1960, en plena revuelta social para superar el flagelo de la segregación racial y sus funestas consecuencias: recordemos que después de cinco años del incidente plasmado en esta pintura los racistas aún patentizaban su odio con violencia y sangre asesinando al Pastor Malcom X aquí en Nueva York y en 1968 caía asesinado por la ceguera de los fanatismos el Doctor Martin Luther King en Memphis (Estado de Tennessee) pocos días después de pronunciar su noble discurso "Yo tengo un sueño..." en el cual proclamó la fraternidad y solidaridad humanas.

Ciertamente que las luchas por la igualdad racial y por el reconocimiento de los derechos de los negros fueron escritas con lágrimas, fuego, sangre y plomo, muriendo decenas de miles de personas en el camino hacia adelante.
Pero esas luchas sociales fueron fructíferas: Ruby Bridges terminó sus estudios y dedicó su vida a luchar contra el racismo; en 2001 el Presidente Bill Clinton le otorgó la "Medalla Presidencial a ciudadanos distinguidos", con la cual se honra a aquellos ciudadanos norteamericanos que han prestado servicios ejemplares al país; y esta pintura ahora se exhibe en forma permanente en la Casa Blanca, justo al lado de la Oficina Oval que ocupa el Presidente Barack Obama - el primer Presidente de raza negra en este gran país. Bien decía Heidegger que todo lo grandioso nace en medio de una tempestad.

Y esa lucha por mejorar la calidad del pensamiento humano -abandonando prejuicios y abriéndose a las ideas de igualdad y fraternidad- es algo interminable: así, vemos que actualmente los debates se centran en otros aspectos igualmente cruciales para el desarrollo y el progreso de la humanidad, por ejemplo:
• el derecho de los enfermos terminales a finalizar su propia vida en vez de continuar sufriendo sin esperanza y de quienes deseen morir con dignidad en vez de continuar viviendo sin ella.

• el derecho de los homosexuales y lesbianas a contraer matrimonio con personas de su mismo sexo y disfrutar de los mismos beneficios legales en cuanto al pago de impuestos como pareja y en cuanto disfrutar de igualdad de prestaciones y beneficios como la indemnización del Seguro Social para su cónyuge en caso de fallecimiento o de pensión en caso de invalidez; y el derecho de las parejas del mismo sexo a adoptar niños huérfanos, salvándolos del abandono y del desamparo y asegurándoles la protección y seguridad de una familia.

• el derecho de las mujeres a ser ellas quienes decidan lo que ocurre en sus úteros y entrañas más íntimas sin que nadie les imponga voluntades ajenas sobre sus vientres, cuerpos y vidas.

• la separación total entre la Iglesia y el Estado: en los albores del Siglo XXI contemplamos horrorizados las costumbres de algunos de nuestros países en los cuales los Estados continúan pagando salarios -con dinero de los pueblos- a curas y obispos, coadyuvando así a perpetuar los oscurantismos religiosos, supersticiones y fetichismos heredados de la tenebrosa conquista y los macabros tiempos coloniales; en otros países se continúa permitiendo a los religiosos usar las instalaciones de las escuelas públicas para sus prédicas medievales, mitos y fantasías celestiales; en otros, se permite la intromisión de la Iglesia en política, si no, veamos al Opus Dei: donde quiera que se entronice una dictadura -militar o mediática- aparece el Opus Dei bendiciéndola y ungiéndola con los santos óleos en el nombre de las tres divinas personas.

• el derecho de los científicos a investigar y manipular las células madre: decenas de miles de científicos en todo el mundo afirman que por medio de la clonación humana se abrirían puertas a la cura de enfermedades como el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (S.I.D.A.), la Diabetes, el asma, el Mal de Parkinson, el Lupus, el cáncer y muchas otras. Pero una moral malentendida impide a los gobiernos avanzar en esa dirección, condenando a millones de seres humanos a continuar padeciendo tan terribles flagelos.
Estos y otros temas generan en nuestros tiempos actitudes tan violentas y fanatizadas como las que el fin del segregacionismo racial suscitó a mediados del Siglo XX.
Pero el progreso humano es inexorable y los prejuicios y oscurantismos cederán el paso -inevitablemente- a la Ciencia y al futuro.



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Eastwood, Von Trier, Almodóvar, cineastas de estos tiempos

Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Coinciden en Estados Unidos por estas semanas las más recientes obras de Clint Eastwood, Lars Von Trier y Pedro Almodóvar, cineastas globales, que paulatinamente han sabido construir una carrera marcada por un sello que la hace reconocible, en la que se advierten filias e influencias y que generan, casi por igual, admiración o rechazo. No hay término medio, o uno se deslumbra ante cada nuevo trabajo de estos tres directores o constantemente marca distancia.

En “J. Edgar”, con Leonardo Di Caprio en el rol protagónico, Eastwood se acerca, con una lentitud y parsimonia que evoca los momentos de “Bird”, otra de sus obras claves, a la vida del jefe del FBI, un hombre todopoderoso, encargado de resolver crímenes, tapar agujeros morales ominosos, combatir al comunismo o guardar para la posteridad sus propios secretos y, por supuesto, los de otros.


Construida con ese estilo visual que Eastwood ha hecho tan patente en los últimos años y que se distingue, por ejemplo, en “Cartas de Iwo Jima” o “Changeling”, “J. Edgar” constituye una mirada cuidadosa y delicada sobre un personaje que fue más que un burócrata y un político, un hombre que se enfrentó al crimen organizado o quien halló al asesino del hijo de Charles Lindbergh, el aviador que en la primera mitad del siglo se convirtió en un referente para Norteamérica.

Di Caprio está muy en caja en su rol, sabe desenvolverse como el hombre anciano, cubierto por una capa de maquillaje y evidenciando un modo de caminar y de hablar que sirven, con efectividad, para mostrarnos a Edgar Hoover, quien no puede ocultar suficientemente su homosexualidad como tampoco alejarse demasiado de su madre, encarnada por la muy versátil Judy Dench.


Eastwood, a través de idas y venidas en el tiempo, flashbacks que son disolvencias instantáneas en la pantalla, observa con privilegio medio siglo de un sistema de espionaje y organización, un método que en apariencia funciona, pero que siempre se lleva a más de un inocente de por medio. Y es que, al tiempo que se desvela la vida privada de Hoover, sus afectos y sensibilidades, se va construyendo la propia historia de sus actos oficiales.

Pero esta vez Eastwood no está preocupado por el efectismo casi comercial que mostró en “Hereafter” o en “Invictus”, más bien vuelve al “biopic” retórico, no necesariamente estimulante, y prefiere la manera más morosa y descansada para ir avanzando, como si se abriera una caja de sorpresas en la vida del protagonista. Al final, lo terminamos sabiendo casi todo y se siente que una época completa de la historia de Estados Unidos ha desfilado ante nosotros, pues están presentes, directa o indirectamente, Franklin Roosvelt, los Kennedy, Martin Luther King y Richard Nixon.


Esa morosidad, ese tono laxo de narrar, es el modo más apropiado que encuentra Eastwood para entregarnos su obra. Porque ésta, que con seguridad unos llamarán menor o fallida, es una apuesta personal, al estilo de “Los imperdonables” o “Río místico”. Para decirlo de una vez, el Eastwood director y artista se mueve en las riesgosas y movedizas aguas de la política del estado más poderoso de la tierra y sale a la superficie con los resultados de ese sumergimiento. A destacar esa faceta inédita de Di Caprio, sin duda exigido por el propio Clint. “J. Edgar” es una película donde las acciones no están destinadas a crear asombro ni sorpresa sino que se constituyen en elementos de una narración envolvente que opaca y rechaza cualquier espectacularidad. Bien visto, el resultado nos lleva a una toma de posición moral, a discutir el rol central de un jerarca todopoderoso, el que maquina detrás del trono, pero a la vez se incide, con fuerza, en su lado desgarradoramente humano, invadido de temores y sorpresas.

En “Melancolía”, la cual presentó en el último festival de Cannes al tiempo que hacía escandalosas declaraciones sobre Hitler, que le valieron la expulsión del certamen, Lars Von Trier vuelve a sus obsesiones marcadas, por ejemplo, en “Breaking the Waves”, “Dancer in the Dark” o “Dogville”. Como recuperando los postulados iniciales de Dogma 95, el colectivo que lideró junto a otros connacionales, el danés Von Trier se encuentra ante un material que le permite reflexionar sobre la condición humana, esta vez en el retrato de una chica, Justine, encarnada por Kirsten Dunst, que desiste de su propia boda.


Al tiempo que la cámara hace transiciones de planos generales o medios a inquisitivos planos de detalle, los cuales registran los gestos y tics de los personajes, como en los discursos de la boda o la celebración que sigue a ésta, Von Trier suma la presencia de un planeta que se acerca a la tierra, marcando un nuevo amanecer. Así, la propuesta se vuelve filosófica y metafísica y exige del personaje de Dunst una toma de posición que, sin embargo, se va diluyendo en la depresión y el desengaño, sentimientos que influyen a su propia hermana, Claire, y a su cuñado, interpretado con soltura y seriedad por Kiefer Sutherland.

Es destacable, asimismo, la actuación de John Hurt y Charlotte Rampling, otrora musa de películas que nos mostraban su erotismo desenfadado, como “Portero de noche” o “Bajo la arena”. Ambos destacados artistas hacen de padres de Justine y se enfrentan no sólo al conflicto que ella evidencia sino que manifiestan su propia inconformidad, y la inestabilidad de su relación.


En la espera de la aproximación del planeta, y los hechos que ocurren a lo largo de la trama, “Melancolía”, dividida en dos partes, las que corresponden a los nombres de Justine y Claire, alegoriza sobre la terrible ansiedad de vivir en estos tiempos, cuando parece que es imposible hallar nuevas esperanzas, aun en el mundo industrial y desarrollado. A veces, como cuando la cámara registra el hermoso cuerpo desnudo de Kirsten Dunst, estamos como viviendo una inobjetable epifanía. Pero ese es sólo un instante, en medio del maremágnum colmado de desaciertos y accidentes en que se convierte la condición posmoderna de enfrentar la vida cada día.

Sobre Almodóvar, habría que mencionar la notoria influencia de un clásico como “La novia de Frankenstein” en esta conflictuada trama que opone a Antonio Banderas y Elena Anaya. La película ha sido exhibida en Estados Unidos sin despertar mayor interés aunque ya se anunció su competencia en los Globos de Oro. Almodóvar se muestra experimental, intentando con un género que quizá no merezca llamarse tal y que, sí, representa un giro en la carrera de su autor. El problema, tal vez, sea que esta cambio radical no es lo suficientemente novedoso o no impresiona lo suficiente como para seguir alabando a un Almodóvar que desde “Volver” no nos ha mostrado en realidad una película que concite verdadera atención y que nos lleve a seguir con interés su producción, tan bien realizada en el caso, por ejemplo, de “La flor de mi secreto” o “Tacones lejanos”. Habrá que seguir esperando al Almodóvar que más y mejor atrae, sea desde el melodrama o la provocadora comedia de situaciones a cuyo ritmo tan bien se adapta el cineasta manchego.

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Acerca de la última nouvelle de Andrés Rivera: Un discurso de la melancolía

Demian Paredes (La Verdad Obrera-PTS. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

“Miro las gotas de lluvia bajar por los vidrios de la ventana que da al río.
Melancolía. ¿Tiene horarios la melancolía? A mí me llega de cinco a siete de la tarde.
¿Quiénes aludieron a la melancolía como una dolencia ineludible y, también, soportable?
¿Lord Byron? ¿Erdosain? ¿Chéjov? ¿Jean Valjean? ¿Trotsky? ¿Borges?”

Andrés Rivera, Kadish
La historia y sus personalidades salientes. La literatura y sus personajes (y autores) destacados. La política, que envolvió a su familia, desde los pogroms en Europa contra los judíos, pasando por La Liga Patriótica argentina, el PC, las huelgas obreras y el peronismo. La dictadura y sus deletéreas consecuencias que (nos) llegan hasta el presente. Personajes nefastos (policías y milicos), y héroes de la clase trabajadora: luchadores y militantes, a los que Andrés Rivera les deseó, desde el título de una obra, “el paraíso”(1). Y en esta misma línea se inscribe Kadish(2), su última nouvelle.

En ella, una vez más, Arturo Reedson recuerda, e invita a lector a acompañarlo. ¿Qué recuerda Reedson? Su vida, y las vidas ajenas, de personalidades conocidas y de sus familiares. Seguir su discurso, entonces, es como iniciar un trance donde, de manera vertiginosa, las luchas y las injusticias libran batalla permanentemente, en el recuerdo, en la memoria, de Reedson. Un viaje a lo largo de la historia: la Revolución Rusa de 1917 y la guerra civil española, el stalinismo y el asesinato de Trotsky, las huelgas obreras en Argentina y el peronismo, el PC y las dictaduras. Como ya dijimos en otro artículo(3) a propósito de la obra de Rivera, encontramos en ella “pasajes, túneles y puentes entre países y épocas histórico-políticas”.


Así una labor de varias décadas continúa. Rivera, ha traído al presente (las últimas décadas neoliberales: las que proclamaron el “fin de las ideologías”, el fin de los “grandes relatos” -especialmente el marxismo- y el “fin de la clase obrera”, entre otros tantos fines -que, se puede ver más claro hoy- no finalizaron), desde las novelas y relatos, hechos que recuperan tradiciones (como la necesidad de enfrentar y escarmentar a los carneros de huelgas(4)) que las clases dominantes preferirían poder sepultar. La prosa de Rivera es melancólica, y hasta me atrevo a decir: posee una áspera ternura en sus momentos de lamento poético. Pero nos acerca también, desde una consciente evocación vital, enérgica y personalísima, y a la vez histórica, el recuerdo y la protesta ante las barbaries, el fascismo, de los ricos y poderosos.

Y el presente también está presente en el memorioso Reedson:

“¿Mojaste los dedos, Arturo Reedson, en la sangre de Jorge Julio López, ese anciano al que asesinaron, ese anciano que caminó, sin saberlo, relajado, anónimo, con bonhomía, hacia los fierros de sus criminales?
¿Quién se acuerda de él?
¿Quién?
¿Quiénes?
Vos, sí, ¿y quiénes más?”.

La remembranza en Kadish incluye al menos dos fragmentos de otra persona: Susana Fiorito. Al comienzo y al final. Rivera recuerda (nos hace recordar con ella) su militancia en 1971, como parte del sector de prensa del sindicato clasista Sitrac. Dice/le hace decir: “Trabajé en estrecha relación con Carlos Masera, Domingo Bizzi, Santos Torres, Rafael Clavero, Francisco Páez, Gregorio Flores, Luis Argañaraz. A todos ellos, salvo Argañaraz, los seguí viendo a lo largo de los años. Páez murió, y con Clavero perdí contacto a fines de los años 90”(5).

Rivera enlaza las gestas históricas de luchas, sueños y ambiciones políticas de aquellos años revolucionarios con el presente, de manera realista y sombría, donde los asesinos y sus crías -para evocar otro de sus títulos- parecen, con éxito, poder perpetuarse. Por ello:

“Reedson, solo en su departamento de un piso doce del barrio porteño de Belgrano, piensa en el rencor inextinguible de los que miraron para otro lado a partir del 24 de marzo de 1976; de los que no cesan de exigir ley y orden para los que tienen los bolsillos vacíos y vacíos y vacíos de futuro; para los que no comen hoy y tampoco mañana; para los heréticos, para los que dicen no, para los desesperados.

(…)

Buenos Aires, aún hoy, es una fiesta”.

La melancolía riveriana no deja de ser un claro señalamiento de las injusticias presentes, odiables hijas directas del pasado.


Contra la “fiesta” de la derecha, Rivera evoca, en una suerte de anti-fiesta narrativa, una vez más (recordar el tierno y dolido “Pirí”, el último cuento de Estaqueados(6)), a quien se autopresentaba como “nieta del poeta e hija de un torturador”: Pirí Lugones, a quien conoció en la mítica editorial Jorge Álvarez, y que fue, pese a su notorio linaje, secuestrada, vejada y asesinada por los militares. De manera tan lacónicamente como breve, Rivera expone al lector las crueldades humanas, sin necesidad de “decirlo todo”, de ser explícito; sin “pedagogías” pero sin embargo con una claridad política -en muchos casos “no inmediata”- filosa, poderosa.
* * * * *

Aunque se puedan encontrar algunas afirmaciones y elucubraciones (políticas) discutibles, de escéptica incredulidad (como pensar que Trotsky poseía trabas y escrúpulos, a diferencia de Lenin y su “acción revolucionaria”, debido a alguna clase de fidelidad a la “pureza teórica”(?); o que Trotsky estaba “tan desesperado”(?) que dejó, en México, que Mercader lo asesinara tras llegar con un grueso abrigo en un clima “casi tropical”), Rivera nos acerca una vez más sus recurrencias, obsesiones y discursos que campean (una vez más) sobre la historia pasada y reciente.

Rivera impacta en la sensibilidad de los/as lectores/as con la fuerza de un látigo.

Es un auténtico -y por ende atractivo- caleidoscopio poético y social.

Notas:
1) Andrés Rivera, Para ellos, el paraíso. Y otras novelas, Bs. As., Alfaguara, 2002.
2) Andrés Rivera, Kadish, Bs. As., Seix Barral, 2011.
3) Ver: Demian Paredes, “Reeditaron ‘La sierva’, de Andrés Rivera. Política y poder en el siglo XIX”, La Verdad Obrera N° 352 (http://www.pts.org.ar/spip.php?article14190).
4) En La lenta velocidad del coraje tenemos a Demetrio y Luján, dos obreros textiles que llevan 3 meses en huelga, y donde hay un joven carnereando. Allí leemos: “Enceguecido por el sudor, Demetrio escuchó a Luján la próxima vez no te voy a dejar un hueso sano, ¿entendés?, y se limpió el sudor de la cara, y alzó los ojos: Simón sangraba por la boca, y movía los brazos para atajar los golpes que, con la mano abierta, le descargaba Luján en la cara y en las orejas no quiero verte más por acá, ¿entendés?, y las bofetadas de Luján eran disparadas con una exacta crueldad, y había marcas rojas y blancas en la cara del pendejo si te llego a agarrar carnereando otra vez te vas a despedir del oficio, ¿entendés?, y Demetrio apartó los ojos de las manos de Luján, y de la cara de Simón, porque lo que vio lo dejó sin aire, y porque Luján nunca prometía lo que no fuera a cumplir.
Demetrio suspiró, cansado: no se preguntó si un canalla aprende la fatal precariedad de ciertas impunidades, pero a Luján le sobraban agallas para zamarrear a un tipo hasta que el tipo aprendiese -o clamara, en nombre de su madre, que había aprendido- que las impunidades no son eternas. Luján dijo, una y otra vez, a lo largo de esos tres meses de agonía, sin que sus palabras sonasen gozosas o perversas, que era útil y eficaz enseñar que el carneraje se paga, aunque esa enseñanza no apresurara nada, aunque esa enseñanza no los acercara a nada.
Salieron del galpón y caminaron en silencio, como dos desconocidos, unas pocas cuadras. Entraron a un bar, y Luján pidió, para los dos, salchichas saltadas con huevo, y una botella de cerveza, la más fría que hubiese en la heladera del bar” (Andrés Rivera, La lenta velocidad del coraje, Bs. As., Alfaguara, 1998, pp. 120 y 121).
5) Lamentablemente también ha fallecido -recientemente- Gregorio Flores. Ver: Hugo Echeverre, “Homenaje a un clasista”, La Verdad Obrera N° 453 (http://www.pts.org.ar/spip.php?article19716).
6) Andrés Rivera, Estaqueados, Bs. As., Seix Barral, 2008.

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El caño de la discordia

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Lomo de ternera al merlot y papines dorados, es la carta de este encuentro.

El master sobre asaltos diversos, en la vía pública, a medios de transporte y algunos intentos de llevarlos a las casas particulares de quienes iban a ejemplificar, suponía una clara letanía y perdón por la cacofonía, cuyo incierto desarrollo me hacía sospechar una necesidad adicional de paciencia. Entendía que nada nuevo iban a aportarme los expositores, y a esa altura de un noviembre casi tórrido, mi reticencia, me parecía atendible aunque a nadie le explicara esta disquisición.

Me parecía, en principio, una tarea insalubre que me encomendara Yon porque, según él, los resultados los iba a portar al país vasco, donde tendría lugar un juicio popular a la ETA, algo que los propios vascos parece, todavía, no pueden reunir coincidencias; nunca termino de entender porque me enredo en esas cosas, y hacer de oidor, no era algo que me sedujera en particular. Mi enumeración para legitimar la renuencia, me parecía excesiva y suficiente, por eso esperaba a Yon, porque Eibar, su apellido, sólo garantizaba la marca de una escopeta y no me amilanaba pese a todo.

La tormenta nocturna en Alejandro Korn, era mi debut en esa clase de fenómenos naturales en este nuevo sitio de mi peregrinaje vivencial y, sobre todo, de la majestad de ese poder misterioso que ofrece el tiempo, en una infinita variedad casi como el tres de Rachmaninoff que hace retroceder a los pianistas, esa cervalidad que produce el miedo, al no saberse de donde viene, unido a la apabullante presencia, de rayos cruzando la noche, me habían construido una teatralidad casi convincente; como saldo, varias hojas de palmera, con sus agujas temibles parecían despojos arrasados después del viento. El pasto, días antes cortado, se movía ostentando la perla del agua que regocijaba el futuro.

- Postergá todo, nos vamos a Chanquette, para comer, paso a buscarte porque tengo un documento que necesito veas, publicar jamás, menos estas cosas, pero esperame para explicarte - , fue su escueto comentario. Yo me mantuve en silencio, seguro de la dosis superlativa de ese material, el silencio, que dispongo con prodigalidad. Como no sabía de donde me llamaba decidí hacer morosamente las cosas diarias de mantenimiento, vigilado por el trío canino que no me da tregua. En esa árida tarea estaba alternando con la imagen de la mujer dorada que salía de escena, por este repentino compromiso, que me avergoncé frente al espejo porque todavía me tolera. Finalmente me quedé prendado de la idea, poco feliz, de que el vasco Yon Eibar estaba nervioso y eso no ocurre a menudo por lo que decidí esperar.

El puentecito de varas de madera a la entrada de mi casa en Alejandro Korn, se quejó en tono grave, cuando el Alfa gris y reluciente se posó sobre él, crujían las ansiedades, pensé. El vasco con su elegancia fuera de control, me hizo señales de apurar el trámite de la limpieza razón por la que lo dejé que se arregle solo para estacionar provisoriamente bajo las palmeras. Sus anteojos para sol, blindaban accesos y su suave lavanda, inundó el predio haciendo estornudar a Olivia, que él bien sabe es mi debilidad, sin restar afecto a Román y a Enriqueta, que suelen ser concierto, sobre todo al momento de marcharnos, algo que ellos no soportan, protagonismo puro el de este trío. Mi curiosidad rondaba el menos diez, pero el apetito era más cien.

Anduvimos un rato largo, porque Chanquette, no resulta cerca de nada y menos de Alejandro Korn, así que me dispuse a amodorrarme como me gusta, algo que el vasco no acepta, para mostrarme dos sobres necesarios de revisar, por mí, aunque la buena voluntad andaba por otros sitios. El sol no daba tregua cuando escuché – el buen vino es el que se comparte, según Dios, pero para mí que exagera, reservé, redundando, las reservas de Cruel que resulten necesarias, mientras te explico, plato mediante, porque estos motivos me preocupan - , sintetizó el vasco quien en realidad más parece un paréntesis que camina, como suma de recelos.

Chanquette está en la loma de una esmeralda verde de césped que deslumbra, después el paisaje es amarillo vivo, entornando una extracción tunecina donde los colores se disuelven en una misma superficie, claro que el único que le daba bola a la observación era yo, pero los vegetales de un verde furibundo, amartelados con pollo y champignones, navegando salsa guacamole, enviaba mensajes de texto a la selección de Crueles, porque de mirar estaba sediento. La madera oscura recuperaba levedad para la espartana decoración que gráciles azafatas hacían más amable eso de detener y mutar el tiempo. Tomamos asiento mientras un buen jerez, helado, se mecía en una mesa apartada para el vasco, algo que no alcanzo a comprender, todavía. Yo bebí con el mal disimulado apuro que confunde a propios y extraños, pero mi sed suele ser incontrolable. Luego de las cortesías para la gente, Yon me extendió los sobres marrones, como siempre, honrados por las banderitas de los 50 estados más uno, en silencio y escueto – después te explico – no tuve más remedio que abrirlos y leer.

“(“Foto de la "inundación") resultante de la rotura del caño de agua corriente de fundición de 300 m.m. de diámetro ocurrida en la Av. Libertador, de Buenos Aires, Argentina, hace poco tiempo..
“Este caño es similar al que había en la calle Arroyo y que pasaba por la vereda de la embajada de Israel en 1992 y debería haber causado similar "inundación" algo que no ocurrió, si la explosión que destruyó la sede diplomática el martes (17/3) de ese año, hubiera ocurrido realmente en el hoyo del supuesto cráter, aparecido días después de la voladura, en la calle y parte de la vereda, como quedó probado por los ingenieros peritos designación de la Academia Nacional de Ingeniería en la Audiencia Especial de Compatibilización de pericias del 14/5/1997”, resulta sano, no aclarar porque oscurece..
“Un "pequeño detalle": las ocho horas de debates de la Audiencia Especial, por resultar adversas a la "versión oficial", impuesta por los gobiernos de Israel y EE.UU., fueron convertidas en resguardado secreto y sus conclusiones soslayadas por la investigación que le siguió, para culminar, en 1999, con un "fallo", basado en pocas pistas falsas plantadas, testigos truchos y contundente prueba que indicaba lo contrario”.
Esa reivindicación trucha reza:

1. Que el atentado fue cometido por ¡un conductor suicida "argentino"!("converso" él), lo cual además de falso, es simplemente ridículo y que demuestra que el que la truchó nos conoce muy poco a los argentinos. La Corte Suprema buscó y rebuscó por años un "desaparecido" que pudiera ser ese "suicida" y obviamente no lo pudo encontrar.

2. Que el "motivo del atentado" habría sido vengar el asesinato del jefe de Hezbollah entonces, jeque Abbas Mousawi y su familia, perpetrado por un helicóptero artillado del ejército de Israel el 17/2/1992 mientras estos se desplazaban en automóvil.

Pero he ahí que el 24/2/1992, cuando a los Mousawi los estaban velando todavía en Beirut, en la lejana Buenos Aires ya se iniciaba el "atentado", ya que ese día un presunto brasilero con un documento falso compró la pick-up Ford que se usaría como falso coche-bomba.

La decisión de realizar esa alegada venganza en Buenos Aires, les habría insumido varias semanas, si tenemos en cuenta que deberían haber consultado con Irán primero y luego de ésta varias más, para preparar un "atentado" de esa envergadura en un lugar lejano para ellos en todo sentido.

Por lo tanto claramente el asesinato de Moussawi y familia no tuvo nada que ver con el "atentado" a la Embajada, porque fue un hecho muy posterior a la decisión de llevarlo a cabo”.

El cráter

“El tema del cráter fabricado lo desarrolló el ingeniero perito Puppo en la Audiencia Especial del 14/5/97.

A pesar de que luego de ésta las actas fueron convertidas en totalmente secretas, de filtraciones posteriores tenemos que éste argumentó lo siguiente:

Realmente, en el análisis de las fotografías tomadas desde el momento de la explosión hasta el anochecer del mismo día, el 17 de mano de 1992, en todas las fotografías que hemos considerado, que son muchas, yo diría que más de 1.000, no hemos encontrado la presencia del cráter.” (folio 68)

“Yo he mostrado acá dos fotografías donde aparece una grúa que entró en el lugar al anochecer de ese primer día. Allí vemos que en la posición que da para el cráter el informe de Gendarmería Nacional tenemos ubicada una grúa, con un peso de muchas toneladas, sobre un pavimento que está totalmente liso...” (folio 68).

Además, tenemos otra cosa más. Nosotros hemos pedido un informe a Aguas Argentinas, mejor dicho: lo pidió la Corte por solicitud nuestra. Y nos han informado que con 80 centímetros de tapada y 80 centímetros hacia afuera de la línea municipal, la tapada es del plano de la vereda hacia abajo, tenemos ubicado un caño de un material frágil, de hierro fundido. Entonces, de acuerdo con la posición del cráter, no es admisible que ese caño no se haya destruido completamente en el momento de la explosión...” (folio 68)

Además, el perito de la Gendarmería dice que la carga explosiva estaba guiada en una dirección, apuntando hacía el frente de la ¡Embajada. Sin embargo, el cráter es al revés. El cráter que aparece allí es uno que tiene el diámetro mayor de la elipse en la dirección longitudinal de la calle Arroyo. Eso es otra cosa que llama la atención. (folio 69)

También tenemos, con respecto a esto del cráter, otra cosa que es sugestiva. Quisiera hacer un comentario particular sobre una apreciación del señor perito de la Gendarmería, que dice que no se puede hacer un cráter si no es con una explosión. La ciudad de Buenos Aires está llena de cráteres y no hay explosiones todos los días. Entonces, eso desvirtúa totalmente esa hipótesis. Con un pico es perfectamente posible hacer un cráter en unos minutos... Por otra parte, esto está avalado por la muy baja resistencia que tiene el hormigón en esa zona, de acuerdo con los mismos ensayos que presentaron. (folio 69)

Estos son los elementos que nosotros encontramos para pensar que en los primeros momentos, es decir esa tarde, el "cráter" no estaba allí. (folio 69)”.

Crónica de una mentira

“La falacia "cráter" fue corroborada también por las crónicas periodísticas de la época, ya que en la misma madrugada del miércoles 18M el Ministro de Interior Manzano le había anunciado a los periodistas que estaban en la Casa de Gobierno: "que había aparecido el cráter de la explosión en la calle frente a la puerta de la embajada".

Ese mismo día miércoles cientos de periodistas salieron a buscar ese "cráter anunciado", sin poderlo encontrar por ningún lado. El sábado 21/3 La Nación publicó un pequeño art.: "¿Cráter?" en donde decía que éste no aparecía por ningún lado y el domingo 22 otro: "Muchas dudas y pocas certezas en la pesquisa", en donde, entre otras cosas dice: "...que ninguno de los periodistas del diario destacados en el lugar, unos 12, habían podido hallar el cráter anunciado...".

Obviamente los miembros de la Corte Suprema dieron por verdadero el tal falso "cráter" en su "fallo" y a las actas de la Audiencia Especial las hicieron "desaparecer".”

Me quedé pensando y reclamando al sedimento de neurona que me queda operativo, un esfuerzo adicional sugestivo. No obstante de ese documento, bastante más extenso, recogió –con perdón de la palabra -, que la firma al pie del informe no era una casualidad, pero no se debe averiguar lo que no quieren contarte y el abuelo Miguel decía, el mejor secreto es el que no se cuenta. Lo miré al vasco quien entrecerró los ojos, cautamente, bebió un sorbo de otro Cruel, tipo Merlot, y le dije - ¿esto es de José?, Yon dejó deslizar pestañas y no respondió. Quedé sumido en cierta reflexión inconclusa, pero si encontré más razones, para fundar el asco que produce la realidad porque el murmullo de la tarde me decía, estás en los cierto Chapu, estás en lo cierto, apuré el penúltimo sorbo, para pensar en la mujer dorada, pero esa ya es otra historia, casi sin histeria.

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El adolescente inmigrante, una mirada intercultural

Ruth Ospina Salazar (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La mejor manera de construir un futuro más digno,
más justo, más libre, más responsable, más equitativo
es colaborar en construir un presente más digno,
más justo, más libre, más responsable, más equitativo

Jaume Funes

La inmigración, la interculturalidad y la convivencia son cuestiones complejas y multidisciplinarias, que es preciso afrontar con seriedad y rigor, favoreciendo el diálogo y el respeto mutuos para la búsqueda de soluciones que faciliten la puesta en práctica de proyectos globales que, a su vez, orienten políticas claras.

Es por esta razón, que hablar de interculturalidad obliga necesariamente a hablar de extranjeridad. Las motivaciones en las que se fundamenta el rechazo al forastero no son, consecuentemente, racistas – cuando se acepta a no-blancos, como los jeques árabes, inversores japoneses o estudiantes afroamericanos estadounidenses, provenientes de las grandes universidades en ese país – ni xenófobas, cuando el rechazo se refiere sólo a ciertos extranjeros, más bien, los argumentos nacionales y étnicos se combinan con los de clase, para articular ese campo de rechazo con las combinaciones posibles.

La articulación de lo extranjero se imagina y construye socialmente en un proceso continuo, en estrecha relación con las relaciones sociales.

Se trata de una situación compleja, en constante transformación de acuerdo con las distintas políticas, sin una lógica pura; pareciera ser claro que los discursos discriminatorios hacia lo extranjero, sea cual fuere su lógica, no pueden ser etiquetados como antiguos, excepto en el caso en que se oponen la identidad contra el espíritu moderno.

Por el contrario, la supuesta superioridad de los nacionales, se funda en la legalidad, sobre la que se basa el Estado-Nación, mientras la discriminación de las culturas “inferiores” tiene su fundamento en el etnocentrismo de la posición de modernizadores intolerantes, que se constituyen en paradigma exclusivo de la Razón y el Progreso, ideales del Siglo de las Luces, considerado base y fundamento de la democracia.

Dentro de estos marcos, las actitudes de apertura y solidaridad hacia lo “extranjero” encuentran límites precisos; las posturas “antirracistas” o propuestas de valores alternativos se inscriben dentro del orden social de la exclusión, en el que coexisten sexismo, racismo y exclusión económica.

El ideal que propone la interculturalidad es tarea de todos los que apostemos por ella, en un momento histórico donde todo ha cambiado.

Cuando un grupo inmigrante puede desenvolverse como comunidad étnica, en un plano de igualdad social con otros grupos, o, en cambio, cuando se encuentra en un plano de subordinación, tendremos elementos sobre las características de la sociedad receptora.

La explicación de esos fenómenos no puede centrarse ni en supuestas deficiencias – biológicas o culturales – de las minorías ni meramente en la acción de la población mayoritaria, que pueda resultar prejuiciosa, sino en la estructura vincular, de las relaciones mutuas, entre las partes, sean estas de igualdad o dominio.
Si observamos la situación europea desde una perspectiva histórica, podemos constatar que en los últimos siglos han salido, del viejo continente, más de ochenta millones de personas, en cambio han llegado a Europa un número no superior a veinte millones de extranjeros.

El primero de estos flujos fue en las épocas coloniales, en las cuales, España tomó una parte sumamente activa en esa corriente migratoria, sobre todo hacia América Latina, donde se instalaron entre ocho y diez millones de españoles.

El segundo gran flujo migratorio tiene que ver con países pobres que aspiraron a llegar a una Europa restaurada y desarrollada en la postguerra, muchos de ellos antiguas colonias de la metrópoli europea, pero también desde una Europa más pobre, Portugal, España, Italia y Grecia.

Los flujos actuales se alejan cada vez más de un modelo único; hay:

1. Refugiados de guerra.
2. Refugiados económicos.
3. Mano de obra barata.
4. Trabajadores altamente cualificados.
5. Estudiantes.
6. Directivos y empresarios.

Coexisten:

1. Flujos o asentamientos con movimientos temporales.
2. Inmigraciones circulares, con idas y vueltas sucesivas.
3. Grupos con estabilidad jurídica, con contratos y permisos de corto plazo.
4. Grupos irregulares.
5. Colectivos de inmigrantes que emigran por su propia voluntad.
6. Colectivos sujetos a tráfico de personas.

Este proceso está unido a la feminización creciente, en un esfuerzo de las mujeres de ganar autonomía, como consecuencia de las necesidades del mercado laboral.

De esta manera, las mujeres están en todas las regiones y todos los flujos migratorios, y ponen en marcha la cadena migratoria, a la que posteriormente se incorporan los varones, los hijos, los padres, etc.

Los trabajadores comunitarios y los que gozan de una doble nacionalidad cuentan con una mejor inserción laboral que los trabajadores autóctonos, en cambio, la media de los trabajadores extracomunitarios se encuentran en peores condiciones que los nativos.

En décadas pasadas, España fue un país que enviaba emigrantes al centro y norte de Europa; a partir de la década de 1970, con el retorno de la democracia, se invierte la tendencia y empieza a ser lugar de destino de emigrantes, la cual, como es obvio, no es homogénea, pues al país ibérico llegan desde los jubilados centro europeos, que se vienen a tomar el sol a Baleares, a los jornaleros del norte de África, que se instalan en Andalucía o Cataluña; es así que, las motivaciones, las edades, las expectativas y las formas de relación con el conjunto acogedor son muy distintas.
Pero emigrantes de aquí y allá tendrán que vérselas con la discriminación étnica si no son provenientes de lugares de la metrópoli. Bien sabemos lo bienvenidos que son a Latino América, europeos y estadounidenses.

Pero el emigrante de países pobres, se encuentra un terrible obstáculo, los prejuicios y discriminación de la población a donde llegan, lo cual se constituye, en numerosas ocasiones, en un factor negativo de las dinámicas de relación intergrupal que suele establecerse en sociedades multiculturales, lo que contribuye a la emergencia de conflictos. Entonces la percepción de la discriminación por los grupos es relevante cuando estas personas recién llegadas se adaptan a su nuevo contexto, con independencia de que estas percepciones sean realistas en relación con los prejuicios del grupo social mayoritario, pues las ansiedades persecutorias, imaginarias, también juegan en los seres humanos cuando se enfrentan a situaciones novedosas e inéditas.

Estos flujos migratorios, incluyen adolescentes, pero el fenómeno del adolescente inmigrante aún no ha sido lo suficientemente estudiado.

Cuando los adolescentes empiezan a explorar su identidad y, en particular, la étnica, se vuelven hipersensibles a este tema y prestan más atención a cómo son tratados por los otros, sobre todo, si no pertenecen a su mismo grupo social.

A medida que los adolescentes de grupos minoritarios van siendo mayores se asemejan más, en lo físico, al grupo adulto, de donde, es más probable que su imagen sea percibida como más amenazante por los adultos del grupo mayoritario, lo que incrementa la discriminación.

En diversos estudios cualitativos con adolescentes afroamericanos y latinos en los Estados Unidos de América se ha observado que el hecho de que el estereotipo con el que se vincula a los varones de determinados grupos, como violentos y delincuenciales, pueden favorecer que los chicos de estos grupos experimenten, con mayor frecuencia, situaciones de discriminación que las chicas de su mismo grupo étnico, aspecto que se ve muy claro, en la cinta West Side Story.

Del mismo modo, este tipo de adolescentes, a los que me he referido, manifiestan sufrir mayores discriminaciones, en los centros educativos, por parte de los profesores, así los provenientes del Asia, las sufren, en mayor medida por parte de los compañeros nativos en el país hegemónico.

La envidia cunde en relación con los chicos asiáticos, dada su alta competencia académica, mientras los latinos y afroamericanos puede tener una clara influencia en estas diferenciaciones.

Cuando la discriminación para el adolescente procede de sus pares, su dificultad de adaptación es mayor que cuando la discriminación se da por parte de los adultos, por la amenaza de que sea imposible establecer lazos de compañerismo y amistad, que favorezca los procesos adaptativos.

Sucede, con frecuencia, que las personas no experimenten la discriminación a nivel individual pero son conscientes de la imagen negativa que existe sobre su grupo social. Esta información se procesa de manera más sencilla y sus registros de memoria se recuperan con mayor facilidad que los basados en experiencias individuales, las cuales al ser más traumáticas, se intentan llevar a la tierra del olvido, mediante el mecanismo de la represión.

Los grupos minoritarios experimentan, con mayor frecuencia, situaciones de discriminación que pueden inducir a un rechazo al grupo de origen y una orientación más positiva hacia el grupo mayoritario dominante, lo cual tiene que ver con el mecanismo de defensa descrito por Anna Freud, de la identificación con el agresor.

Desde una perspectiva evolutiva, el desarrollo de una identidad étnica lograda y positiva se basa en el aprendizaje acerca del propio grupo étnico y el establecimiento de un compromiso que lleva a rechazar una imagen endogrupal negativa basada en estereotipos y prejuicios.

El desarrollo pleno de la identidad étnica, supone que las actitudes que la persona manifiesta hacia su endogrupo han sido previamente elaboradas por ella, independiente de las opiniones existentes en su entorno social.

En diversas investigaciones se ha observado que la manifestación de actitudes positivas, como agrado y orgullo por pertenecer al endogrupo, forman parte de una identidad étnica lograda. Además se ha encontrado que la existencia de de sentimientos positivos hacia el endogrupo predice la felicidad manifestada en la vida diaria del adolescente de grupos minoritarios.

Jaume Funes avisaba que en España se tendría que mirar la relación entre migración y adolescentes desde los siguientes ángulos:

1. La llegada por efecto de políticas de reagrupación de familias, que traían consigo la entrada en el país de preadolescentes y adolescentes, sin conocimiento, por parte de muchos de ellos, del español mismo, poco escolarizados o que habían tenido la vida escolar en otros sistemas y lenguas.
2. El mantenimiento de dichos adolescentes en el sistema escolar hasta los dieciséis años con los conflictos que generaban en las familias y en las escuelas.
3. La aparición de conductas disociales por asociación con pandillas barriales.
4. La tensión por aculturación y dificultad en la construcción de su propia identidad, por contradicciones con la cultura familiar de origen y las formaciones adolescentes actuales.
5. La socialización entre pares y la presión intragrupal de los grupos juveniles, que terminan por afectarlos.
6. Los procesos de emancipación.
7. La eterna dificultad para acceder al mercado laboral.

Entre los adolescentes inmigrantes que frecuentan la escuela hay que considerar Varios grupos:

1. Los jóvenes que han visto afectado su entorno familiar por un proceso migratorio, llevan algunos años acá; están ubicados en los barrios y escuelas, por efectos de reagrupación familiar o por acompañamiento de algún pariente adulto. Son chicos que deben resolver dificultades y tensiones importantes de su pasado, la inestabilidad familiar, producto del proceso migratorio; las generadas por un entorno desconocido y con frecuencia hostil, que implican grandes esfuerzos emocionales para la adaptación; el mundo infantil cultural perdido.

2. Los nacidos en España, en familias extranjeras, que han madurado, crecido y están escolarizados, compartirán algunas de estas dificultades, de acuerdo con el grado de estabilidad interna y social que sus grupos familiares hubieran adquirido en el momento de su nacimiento.

En la adolescencia, emergen tensiones, generadas por el rechazo, la falta de afecto, los entornos conflictivos, la falta de estímulo que desfavorece un mayor crecimiento.
Con frecuencia, entre las familias inmigrantes hay pautas de crianza y de cuidados mucho más protectoras que las que se dan dentro de las familias autóctonas; no se trata ahora de pasarles factura porque educaron mal, más bien lo que ha sucedido es todo lo contrario, afirma Jaume Funes.

En la migración hubo sueños, separaciones, rupturas y tensiones que los niños tuvieron que asimilar y elaborar de alguna manera, ahora, en la adolescencia, se ha de digerir la inseguridad, se ha de diluir y consolidar el rechazo de los otros, que, durante tantos años, se ha sentido sin encontrar su lógica, sin entender el por qué.

Ahora, en plena turbulencia interior de la adolescencia, se empiezan a descubrir las razones ocultas del trato discriminatorio, se padece la escasez y, ello, hace aún más difícil el sometimiento, y la rebeldía que bien pudiera ser trófica, contribuir a su crecimiento puede tornarle mortífera, y en vez de constituir una guerrilla liberadora, puede terminar en una guerrilla de desgaste, que enferma y aún puede llegar a conducir a la muerte.

Entonces es posible que aparezcan personalidades impulsivas y explosivas, personajes arrogantes y arriesgados, como los que vemos en la película West Side Story en la que se describe la problemática del inmigrante puertorriqueño en la ciudad de Nueva York.

Los chicos, provenientes de familias emigrantes, que han nacido aquí, comienzan a formar terceras generaciones, son pocos, pero representan un futuro próximo, son el producto de una escolarización en España, de procesos de integración o rechazo, son de aquí, están aquí y deberían ahora que han crecido en este medio, sentirse propios de él, pero saben que se los identifica y estigmatiza como emigrantes y extranjeros, con una condición, que ni siquiera es suya, pero que ha marcado sus vidas, que es la historia de sus progenitores.

El tercer grupo de los que llegan, haría parte de lo que Izquierdo llama la emigración inesperada; sus miembros irrumpen en las escuelas que no los esperaban, ingresan a primaria, Eso, ó bachillerato y lo hacen sin conocer los códigos básicos relacionales; desconocen el idioma; unos han sido escasamente escolarizados en sus lugares de origen o han tenido escolarizaciones superiores a la recibida en el momento de su llegada a la península ibérica, de ahí que su lógica vital, poco tenga que ver con la de los chicos nativos, con quienes han de tener que convivir; entonces, todas las crisis y obligaciones que se den, se suponen comunes al proceso migratorio que viven, pero especialmente les afectará comprobar que los personajes de su edad, no se parecen a ellos, se pueden dar el lujo de ser adolescentes, lo que no sucedía en sus lugares de origen, para la mayoría de ellos, al ser muchachitos más protegidos por el medio social. De esta manera, los recién llegados aterrizan en un entorno desconocido, con escasas herramientas para un arraigo rápido, a la par que han de descubrir y asumir formas de ser extrañas a las de su entorno anterior.

En el cuarto grupo, se dan situaciones de los anteriores pero se diferencian de éstos, por ser adolescentes o menores que llegan al país solos, emigran de una forma individual, normalmente están marcados por experiencias de supervivencia pasadas, por separaciones y rupturas que se han dado con sus familias en los países de origen, lo que los enfrenta con las contradicciones y choques dentro del marco de una adolescencia, que por un lado es negada y por otro impuesta, a la que se suma la soledad de migrar solos, en países donde montarse la vida solos es posible para los adultos, en países que no les permiten comportarse ni como adultos ni como adolescentes, de tal modo que no pueden ser ni tener, a lo máximo que pueden aspirar es a la protección en casas para menores.

Pero si se resisten a aceptar esta terrible condición de dependencia, la ilegalidad será doble, sin papeles, como tantos otros inmigrantes, de donde, la calle y la marginalidad serán pronto su entorno social.

Hay un quinto grupo minoritario, aquellos hijos de padres retornados con posibilidades mayores de adaptación gracias a sus experiencias previas interculturales, aquellos que proceden de colegios con una educación activa que favorece su desarrollo autónomo. Son chicos que tienen que enfrentar la educación oficial adaptándose a nuevas situaciones. A pesar de vivir la pérdida de su grupo de pares en la adolescencia, se insertan con facilidad y construyen un nuevo nicho de amigos sorteando las dificultades que les crea el medio desconocido y en ocasiones hostil, bien sea por dificultades con algunos profesores xenófobos, o por el simple hecho de tener que asumir la realidad de que todo ha cambiado en su entorno, amigos, ciudad, colegio, tienen que elaborar las pérdidas de todo aquello que les hacía felices y les daba seguridad. En estos casos, el ambiente continente del grupo familiar cuando ha emigrado en conjunto es de gran apoyo y favorece el cambio, facilitando la proyección de un futuro menos incierto en medio de los obstáculos que deben enfrentar. Estos emigrantes jóvenes se permiten vivir su adolescencia asumiendo con responsabilidad su escolaridad se preparan para su formación universitaria y logran canalizar sus esfuerzos porque han sido acompañados por sus padres o por adultos de confianza en todo el proceso migratorio, pues una familia que emigra con condiciones claras, se adapta fácilmente y puede servir de apoyo emocional para sus hijos, independientemente de las vicisitudes que conlleve el inicio de una nueva vida.

Todos estos grupos, en general, comportan aspectos comunes, se dan tensiones en mayor o menor grado, hay crisis, pero en todos surgen necesidades específicas, que nos interrogan sobre el qué hacer, qué no hacer. En cualquier caso, será imprescindible no confundir los grupos, no estigmatizarlos. Por ejemplo, a los que crecieron entre los nativos, con las imágenes de los que acaban de llegar y han de sobrevivir en la calle. Convirtiéndolos a todos en un único grupo, bajo la etiqueta de emigrantes, reforzando de esta manera las necesidades y dificultades que cada uno de ellos tiene.

¿Cómo son los adolescentes?

Los chicos adolescentes son personajes que se construyen a partir de dos grandes tipos de factores. Por un lado, son los que podríamos considerar una realidad del aquí y el ahora, un producto social e histórico concreto. Por otro, son sujetos que viven una etapa diferente y diferenciable de su vida. No podemos entenderles sin tener en cuenta su mundo interior, todo aquello que pasa dentro de su piel. Cualquier resumen no podría descuidar ni lo social, ni lo personal, tendría que considerar los datos del entorno, tener en cuenta la sociedad en que estamos, y a la vez lo que nos rodea y les rodea.

La adolescencia trata de un conjunto de años vitales sin límite preciso y con el encargo social oculto de dedicarse a ser adolescentes. Todo aquello, sus experiencias, las presiones sociales, la pobreza o riqueza social y cultural que les envuelve, etc. Condicionan la duración y el ritmo de este largo período de cambios y transformaciones.

Madurar implica avanzar cuando se tiene un ambiente estimulante y una serie palpable de propuestas de futuro.

En un comienzo, los adolescentes pueden enfrentarse a los adultos porque deben construir una identidad que no tienen. Esta identidad la irán logrando en la medida que no se resignan a no ser nada. Van en grupo porque necesitan esa solidaridad emocional entre iguales, pero pueden construir y afirmar una tribu para no formar parte de la masa informe de la sociedad que les rodea. Se arriesgan porque necesitan la adrenalina que les hace sentirse vivos, sin embargo, pueden andar largo trecho detrás de comportamientos de consumo más gregario.

El apoyo a su estabilidad emocional, sus procesos intelectuales y la inserción social, serán igualmente importantes. La posibilidad de ir accediendo poco a poco a una sociedad, a una comunidad adulta, favorecerá esta transformación interna que de suyo está evolucionando. Sentirse útiles en las actividades de tiempo parcial que pueden realizar aumenta su autoestima.

La pregunta que domina la adolescencia es ¿Quién soy yo?. En esta etapa se pierden las identidades anteriores, es un momento de transición y de crisis para la adquisición de las nuevas y nuevos proyectos vitales. Se ven afectados por el agobio de encontrar sentido a lo que son y sienten. En los procesos migratorios, si hay distancias culturales, aparecen también crisis derivadas de la imposibilidad de mantener formas de vida en los que se depositaban una parte de sus sentimientos y seguridad de identidad.

El mundo que dejaron atrás empiezan a vivirlo como contradictorio y poco útil para desenvolverse en el mundo en que están. Podrían resolver sus conflictos pensando en su futuro, en el quién seré, pero si algo tienen realmente incierto es su futuro, mucho más que otros adolescentes, es por eso, que muchos se desarraigan y toman el camino de la calle.

La enseñanza obligatoria permite mejorar el acceso al trabajo para aquellos que lo necesitan, que son un buen número de adolescentes (los programas de garantía social, formación ocupacional).

La reflexión educativa en estos casos no solo ha de considerar las claves de la interculturalidad, sino también las de marginación y la exclusión.

Cuando los inmigrantes llegan a los institutos oficiales para acceder a los cursos de secundaria, se pueden ver en problemas cuando su lengua nativa no coincide con la española, en el caso del colectivo africano. En este caso el aprendizaje de la lengua debe ser intensivo sin aislarlos del grupo para que logren una interacción normalizadora con los otros, evitando así reforzar la diferencia y la segregación. La atención separada refuerza su condición de grupo minoritario. La falta de apoyo intensivo hasta que puedan comunicarse y seguir la escuela les convierte en un objeto más del aula de clases. La lengua o los aprendizajes escolares básicos solo los pueden aprender a partir de relaciones afectivas positivas y sentimientos de seguridad, propiciados por la escuela y el entorno social, familiar o comunitario, según el caso.

Los adolescentes recién llegados, percibidos como diferentes, se prestan mucho a servir de “enemigo,” de chivo expiatorio para la afirmación de otros grupos. El adolescente nativo con dificultades para sentir y definir quién es, siente que es algo, rechazando al “moro de mierda” que acaba de llegar a la escuela. Al revés, la dureza de las nuevas relaciones lleva al adolescente afectado por el proceso migratorio a refugiarse entre los que parecen ser como él, o crear subgrupos homogéneos o aliarse con quienes sufren similares dificultades de exclusión o rechazo social.

La tutoría a la escuela de organizaciones que tengan en cuenta la diversidad pueden hacer acompañamiento educativo, un currículo en donde todos encuentren aspectos positivos de su historia y sus culturas de referencia, formas de educar incluyentes en todos los aspectos, harán sentir al recién llegado como un individuo existente para la escuela y sus miembros y no un ser borrado por la escuela y sus alumnos.

La aparición de estos nuevos adolescentes no crea nuevos problemas, simplemente agudiza las contradicciones y complejidades educativas en las que se mueve hoy la escuela secundaria.

Para concluir:

Los adolescentes son personas competentes que han de poder dedicarse activamente a construirse como tales y a construir su relación con el mundo.

Ha de construir su responsabilidad a partir de la progresiva toma de decisiones, igualmente reivindicando su derecho al amor, su derecho a la humanización de sus conductas. No se reivindica el simple derecho a actuar sexualmente por ejemplo, se reivindica el derecho a hacerlo con sentimientos, relaciones, experiencia humana, condiciones éstas que favorecerán el reducir daños asociados a una conducta de riesgo.

Los adolescentes así como requieren de lo necesario para hacer posible su futuro, tienen derecho a evitar todo lo que pueda condicionar negativamente ese futuro. Esto tiene que ver con las oportunidades imprescindibles y con las experiencias evitables. Ellos tienen un futuro condicionado por el presente que ponemos a su alcance.

En circunstancias donde se opta por ejemplo, por la separación de una parte del grupo familiar. Debe preservarse que alguien esté cerca para aportarle, ayudarle a comprender lo que siente. Saberle escuchar implica descubrir sus sentimientos, saber acompañarlo, bien sea como terapeutas, como maestros, como padres, como amigos, saber qué piensan, qué viven, como se ven afectados por una circunstancia que implica cambios, por las opciones qué a menudo tendrán que elegir.

Para el bienestar psíquico del adolescente no es el tipo de familia lo que más importa, es la cualidad y la calidad de la vida familiar.

En las familias lo importante es la forma como se construyen los vínculos:

• Los climas emocionales.
• Las dinámicas de estabilidad.
• El potencial educativo de sus adultos.
• La probabilidad de presencia de episodios críticos.
• La valoración y el sentido de la presencia de los hijos.
• La calidad de vida en común.

Para terminar, vale la pena recordar que la identidad del adolescente tanto inmigrante como nativo supone en su desarrollo, elaboraciones internalizadas sobre su origen, independientes de las opiniones existentes en su entorno social. El agrado y orgullo por pertenecer al endogrupo, forman parte de una identidad étnica lograda y predice la felicidad manifestada en la vida diaria del adolescente en los diferentes grupos.

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Andrés Bello: De la gramática a la libertad

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

En estos tiempos en que la memoria nos enciende, en estos días de revolución y canto, de la palabra liberadora, hay que volver a la obra de este venezolano universal.

Todo estudiante venezolano desde el bachillerato hasta las escuelas de letras de las universidades públicas y privadas han estudiado a Don Andrés Bello. Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida y la Gramática de la Lengua Española son para ambos obras obligatorias. Pero Andrés Bello es más que ese poema y ese libro donde quedó plasmado con integridad el ejercicio de nuestra lengua, fue un hombre adelantado al tiempo que le tocó vivir, un quijote que por el contrario no se volvió loco por tantas lecturas, sino que ganó en agudeza, en inteligencia y sobre todo en compromiso. Y es que este venezolano fue y sigue siendo un intelectual que ejerció con ahínco el amoroso oficio de la palabra que piensa, describe, enseña y salva.

Andrés de Jesús María y José Bello López nació en Caracas, el 29 de noviembre de 1781 y falleció en Santiago de Chile, el 15 de octubre de 1865. Fue filósofo, poeta, filólogo, educador y jurista, y sin duda uno de los humanistas más importantes de la América Nuestra.

En estos tiempos en que la memoria nos enciende, en estos días de revolución y canto, de la palabra liberadora, hay que volver a él, a ese hombre necesario para pensarnos, entendernos, conocernos, amarnos, vivirnos y sobre todo liberarnos, porque Andrés Bello fue todo eso y todavía más. A doscientos treinta años de su nacimiento no hay mejor homenaje que estudiarlo para aprendernos, porque no bastan los monumentos en las plazas, el mármol que se opaca con el tiempo y el bronce que no es más que nido de palomas.

A veces y sin querer dejamos que nuestros héroes sólo sean aquellos que blandieron las espadas y se nos quedan en los recovecos de la desmemoria, esos otros que combatieron pero en otras trincheras, esos que hicieron y hacen revolución desde la palabra, desde la vida que enseña a ser más libres, a ser más justos, más sabios y más humanos.

Por eso el poeta Luis Alberto Crespo dice de Bello que “sus armas fueron otras, las del libro y la escritura, la de la enseñanza pública, la del orden contra el caos, la de las luces contra la oscuridad del analfabetismo para beneficio de la enseñanza académica del hombre nuevo sanado de la larga herida de las batallas, las de Bolívar y su sueño de civilización y redención americanas”.

El joven que fue Andrés Bello realizó estudios de derecho y medicina, aprendió de forma autodidacta el inglés y francés, además de dominar el latín. Daba clases particulares y entre sus alumnos estuvo Simón Bolívar. Fue reconocido por su trabajo como traductor de textos clásicos.

Los sucesos revolucionarios del 19 de abril de 1810, tuvo a Bello entre sus hijos. Y la Junta lo nombró Oficial Primero de la Secretaría de Relaciones Exteriores. En junio de ese año partió con Simón Bolívar y Luis López Méndez en la misión diplomática que tenía como objetivo lograr el apoyo británico a la causa independentista. En Londres conoció a Miranda y a otros hombres vinculados a las luchas por la independencia de los pueblos latinoamericanos. Pasó largos años en aquellas tierras, muchos de estrecheces económicas y aunque quiso volver a Venezuela, nunca lo logró.

Bello llegó a Chile en 1829 gracias al gobierno de ese país, donde fue designado como Oficial Mayor del Ministerio de Hacienda y Académico del Instituto Nacional. Allí fundó el Colegio de Santiago y en 1842 con la fundación de la nueva Universidad de Chile se le otorgó el título de primer rector. Además participó en la edición del diario El Araucano y junto con el argentino Domingo Faustino Sarmiento en el debate sobre el carácter de la educación pública.

Durante su residencia en Chile, Bello publicó sus principales obras sobre gramática y derecho, por las cuales fue reconocido en 1851 como miembro honorario de la Real Academia Española.

Su vida política en Chile lo llevó a desempeñarse como senador por la ciudad de Santiago entre los años 1837 y 1864. Fue el principal y casi exclusivo redactor del Código Civil chileno. Mientras que entre su obra literaria destacan A la vacuna y al Anauco, El romance a un samán, A un artista, Mis deseos, Venezuela consolada y España restaurada, y Resumen de la Historia de Venezuela, todas escritas en Caracas. De su exilio en Londres son Alocución a la Poesía y Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida. Mientras que en Chile escribió Principios de Derecho Internacional y Cosmografía o descripción del universo conforme a los últimos descubrimientos, entre otros.

Por todo lo que escribió, pensó, luchó y legó a los tiempos por venir, Andrés Bello es una de las imprescindibles voces del sur. Es un venezolano universal, un latinoamericano necesario, que supo sentir la tierra y los ecos del mañana, que en la Venezuela que lo nombra, hace finalmente realidad sus sueños.

Venezuela es Andrés Bello (fragmento)

“Héroe civil de la cultura y la educación de nuestro continente, inventor de una gramática para uso de nosotros mismos, poeta de la poesía política y geográfica, poeta de nuestra soberanía temática de región como universo y de histórica como asunto del ser planetario, pero sobre todo pedagogo hasta en la tristeza por su Caracas lejana, fundador del periodismo de opinión y del teatro, defensor de nuestra identidad lingüística, difusor de la herencia popular musical que dejaron los soldados bolivarianos de los llanos y las costas de Venezuela en los pueblos donde se batieron y hombre herido moralmente hasta más allá del dolor, he aquí a este prócer de traje de maestro, próximo a Simón Rodríguez en la pasión de servir a las ideas docentes y al conocimiento humanístico y científico que es hoy prioridad de las naciones en procura de su definitiva liberación.
Viene ahora, después de 230 años de preterición, esto es, de ignorancia o desinterés colectivos, en busca de nosotros, para confundir su corazón con el nuestro y quedarse para siempre en esta tierra, la del campesino y el obrero, la del soldado y el joven, la del niño y el adulto, en una palabra, la del ciudadano infinito e indistinto que hoy queremos ser”.


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Se necesitan voluntarios para refrescar la naturaleza

Juan Alonso (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Quienes dejen de usar sus autos regalarán aire puro
Los que no renueven sus aparatos pintarán de alegría los pájaros
Cuantos coman los frutos del campo que tienen a la vista evitarán las estelas de petróleo que hacen los lejanos
Aquellos que opten por departamentos pequeños harán grandes otra vez los hielos de los polos
Todos los que cierren fábricas inútiles guardarán esa energía para la post-historia de los niños por nacer
La duda es cuántos acudirán a salvar la Tierra de quemarse
¿Cuántos santos aceptarán un sacrificio por sus hermanos pobres?
La invitación está escrita
en los arrecifes, los osos nadando sin hielo,
en campos de cultivo secos
y todos los convocados saben leer

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Breve informe del año cuatro mil

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Escribo este informe en el año cuatro mil, contado a partir de la muerte de aquel psicótico que decía ser hijo de dios y que su madre era virgen. O que eso era lo que algunos querían creer.

Quiero comparar como es nuestra vida –en lo posible con todas sus alternativas– con la vida de hace alrededor de dos mil años.

Comparación que puedo hacer gracias a aquellos CDS y DVDS, como los llamaban, donde quedaban filmadas y escritas las costumbres cotidianas de la gente de aquella época.
Época extraña en que la gente para trasladarse de un lado a otro caminaba, iba en lo que llamaban “autos” o en aviones.
No sabían que se podía controlar la gravedad. Lo que ahora tiene sus ventajas, pero también sus desventajas.
La ventaja es que la mochila aérea permite controlar la gravedad y dirigirse para cualquier lado, sin tener que ir en aquellos vehículos que en aquella época usaban para eso.

Pero la desventaja es que ahora el espacio está lleno de gente yendo de un lado para otro. Lo que obligó también a que las casas no tengan más ventanas. Solamente vidrios blindados, reforzados, y aire condicionado. Si no cualquiera podría entrar por una ventana abierta, cualquiera sea su altura.
Y respecto al espacio, llegó un momento en que, por lo que parece, terminó el cielo. Fue a partir de que los viajes a la luna, marte y otros planetas, pasaron a ser una rutina, algo habitual. Se pasó entonces a llamar “espacio” a lo que antes se llamaba “cielo”.
Lo que fue anticipado en la sorpresa de aquel astronauta ruso al ver la tierra desde el espacio: La tierra es azul…!!!
Porque hasta ese momento azul siempre había sido el cielo. O sea que, a partir de entonces, se empezó a reconocer que el cielo acabó.
Aunque debemos aceptar que hay cosas que siguen siendo iguales. Por ejemplo las religiones, por esa desesperación del ser humano por creer en algo. Algo que sea alguien. Alguien que haya querido que todo sea.

Y las mujeres, que cogen para ser amadas (o para ganar dinero, como las putas, aunque siempre esperando también encontrar alguien que las ame). Y los hombres, que siguen amando para coger.

Y también para las mujeres sigue siendo muy importante casarse. La que no lo consigue todavía sigue siendo mal vista. O como puta o como fea.
Pero un cambio que hay ahora es el color de los pelos. Hace dos mil años, en esa época tener el pelo blanco era sinónimo de ser viejo. Pero hoy, que se vive un promedio de doscientos años, todos tenemos el cabello blanco. Por eso se empieza a teñir de blanco el pelo de los nenitos y adolescentes, para que se vayan acostumbrando.
Y las guerras acabaron. Fue después de la desintegración de aquel país que se llamaba Estados Unidos, desintegración causada porque llegó un momento en que no pudieron más hacer guerras –o incitarlas– contra diferentes países del mundo, hasta del otro lado de ellos, como fue aquella guerra en Irak.
Fue por eso que empezaron a hacer guerras entre ellos, como siempre justificadas por nobles motivos. Y siempre siendo negocio para las fábricas de armas.
Así es que hay cosas que cambiaron pero hay otras, debemos reconocer, que siguen siendo iguales o peores.

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La historia profunda

Jorge Majfud (Desde Jacksonville University, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La historia sumerio-hebrea de Caín y Abel es la escenificación y la memoria de uno de los cambios más dramáticos en la historia no escrita de la Humanidad: el paso del mundo nómade y del mundo pastoril al mundo de la agricultura. Abel, el bueno, era el hermano pastor: Caín, el asesino no sólo mata a su hermano convirtiéndose en criminal, sino que también representa el fin de una Era. A partir de entonces, con la agricultura, surge la civilización. No es coincidencia que Dios o los dioses rechazaran el cambio: los hombres no pueden mejorar lo creado. La historia no significa ningún progreso sino un interminable proceso de corrupción.

Es una paradoja cuando consideramos que no sólo la palabra civilización surge de civitas, ciudad, sino que la cultura misma de hombres y mujeres civilizadas se refiere a las normas de convivencias urbanas. Pero la civilización, como las ciudades surgen con el fin del nomadismo por tres razones: primero, porque una ciudad es algo que no se puede mover, como un campamento; segundo, porque las ciudades no tendrían ningún sentido sin la agricultura, sobre todo sin la agricultura intensiva; tercereo, porque el sistema agrícola, a diferencia de la caza y la recolección del nómade, se basa en la previsión y en la conciencia de los siglos climáticos.

Probablemente la historia de Caín y Abel haya surgido o su memoria se haya consolidado con el nacimiento de las primeras ciudades en medio Oriente, que en la tradición o en la narrativa Bíblica conservan su aura negativa, que se corresponde a la idea del Edén perdido por el pecado. No es casualidad que sea una gran ciudad como Babilonia el arquetipo del pecado y la corrupción. No es casualidad que Abraham abandona la gran ciudad mesopotámica y se convierte en pastor trashumante. Una vez que esta historia entra en la cultura escrita, propia de las primeras civilizaciones, se fosiliza y pasa a regir el imaginario y los valores de innumerables pueblos a lo largo de los siglos.

La civilización ya consolidada en Mesopotamia y Egipto adquieren, desde este contrapunto histórico y existencial, una visión negativa (el romanticismo, la nostalgia por el tiempo perdido, con frecuencia es nacionalista, lo que se prueba no sólo con el romanticismo del siglo XIX sino con los nacionalismos del siglo XX). Abraham entra en Egipto y miente a sus autoridades; Dios no castiga a Abraham sino los civilizados egipcios, que deciden deportar amablemente a Abraham (Abraham repetirá la misma historia en otras comarcas; otra vez es deportado y beneficiado con riquezas materiales que obtiene de otros reyes que pretenden evitar la furia de Yahveh).

Aparte de la lógica mítica e histórica, hay un factor psicológico que con la cultura se convertirá en una práctica básica: con el desarrollo de la agricultura y de las ciudades, los hombres debieron cambiar el primer impulso por satisfacer sus deseos más inmediatos, de alimentación, de sexo y consecuentemente de propiedad (los tres valores claramente expresados en la conflictiva historia de Abraham). La búsqueda por la satisfacción inmediata del nómade, cazador y recolector, debió ser sustituida por la autorepresión de los deseos más inmediatos y, por ende, por el surgimiento de la conciencia individual y social: el duro sacrificio del cultivo de la tierra y la larga espera de la siembra.

Esta falta de inmediatez desarrolló los tabúes, la autorepresión y expandió o sofisticó la conciencia. Todo lo cual hizo posible una vida más segura y probablemente más prolongada, pero al mismo tiempo una vida que no pudo olvidar el bucólico paraíso de la Era anterior. Obviamente, quizás por un mecanismo que es común en la psicología individual, se echó al olvido los sufrimientos pasados o la memoria del dolor ya no dolía, como no duele la muerte de un mártir o un héroe lejano. No se recordó los peligros que acortaban la vida porque la conciencia primitiva todavía expresaba una idea indiscutible: todo pasado fue mejor. Nuestros padres no sólo vivían en el Paraíso, el Edén, sino que sus castigados hijos, aunque ya no inmortales, eran capaces de vivir cientos de años. Lo que no se corresponde con las investigaciones científicas pero sí con la naturaleza espiritual y psicológica más profunda, no sólo en la tradición judeocristianomusulmana sino en muchas otras, algunas tan diferentes como la tradición griega, resumida por Hesíodo en las cinco Eras, la primera de las cuales era de oro y la última, la nuestra, de hierro (la cosmología amerindia difiere sensiblemente, como lo analizamos en un estudio sobre Quetzalcóatl y los movimientos revolucionarios latinoamericanos).

No sabemos qué pueblos podrían representar a Abel, ni estamos seguros de qué pueblos representarían a Caín, aunque podemos especular que estos últimos fueron los pueblos semíticos. Digo esto porque sospecho que en cada cambio de paradigma hay un cambio de pueblos. Esto lo veremos muy resumido en el próximo ensayo, al analizar los cambios históricos más importantes. La hipótesis sería la siguiente: un nuevo paradigma nace en una cultura o en una civilización en su madurez y apogeo pero sólo se realiza en una cultura o en una nación emergente, sin las fuerzas reaccionarias que produjo el paradigma anterior.
No sabemos qué pueblos podrían representar a Abel, ni estamos seguros de qué pueblos representarían a Caín, aunque podemos especular que estos últimos fueron los pueblos semíticos. Digo esto porque sospecho que en cada cambio de paradigma hay un cambio de pueblos. La hipótesis sería la siguiente: un nuevo paradigma nace en una cultura o en una civilización en su madurez y apogeo pero sólo se realiza en una cultura o en una nación emergente, sin las fuerzas reaccionarias que produjo el paradigma anterior.

Por ejemplo, el monoteísmo (o la monolatría) no surgen con el pueblo hebreo sino en el pueblo egipcio. Es decir, un pueblo que maduró por milenios en el politeísmo produce la idea pero no la realización. Lo cual es lógico. La revolución de Amenofis IV (Akenatón), la revolución del dios Atón (1350, A.C.), duró poco y fue sofocada por un movimiento reaccionario de la misma tradición. Por esta razón Moisés, un egipcio mencionado en la Biblia como el líder de un pueblo con problemas para hablar (el idioma de su pueblo), tuvo la sabia idea de salvar el nuevo culto injertándolo en un nuevo pueblo, un pueblo de esclavos al que prometió las mieles de una nueva tierra, es decir, la libertad a cambio del muevo paradigma. El nuevo pueblo no carecía de fetichismos y otras idolatrías, pero la fuerza de su tradición distaba mucho de la egipcia.

Esta hipótesis o bosquejo de teoría es razonable cuando seguimos buscando la misma lógica en la historia posterior: por ejemplo, más de mil años más tarde el cristianismo nace del judaísmo y es, de muchas formas, condenado por la fuerza de esta tradición ya largamente establecida, madura y sofisticada. Razón por la cual, contario a las primeras expresiones de Jesús, finalmente el cristianismo se encarna en pueblos foráneos, extraños, como lo eran el griego y varios otros que no lo produjeron. Cuando la mujer cananea le pide a Jesús un milagro para su hija enferma, Jesús responde: “No fui enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”, y enseguida agrega: “No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perros” (en otras versionas, en lugar de “perros”, para referirse a otros pueblos, se usa el eufemismo “perrillos”). La mujer cananea responde: “Sí, Señor, pero aun los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (Mateo 15: 22). Se da la paradoja que el cristianismo es salvado o reinventado (el cristianismo ha sido dramáticamente refundado y versionado muchas veces) por aquellos pueblos periféricos referidos metafóricamente por el maestro como perros. La segunda paradoja fundacional nunca fue reconocida, ni siquiera aludida por la centenaria tradición religiosa y teológica: la mujer cananea, aparte de ser mujer y aparte de pertenecer a un pueblo excluido de los planes de Dios según la tradición, interpela a Jesús con un argumento. Ese “hasta los perros comen las migajas” tiene todo el estilo y el contenido silogístico de los contraargumentos de Jesús, como el conocido “el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra” y muchos otros donde no se niega ni se deroga la Ley pero se la pone en suspenso dialéctico (Jesús no corrige las Escrituras, no deroga la prescripción de la lapidación de las adúlteras, pero la hace inaplicable). Lejos de la tradición religiosa de las tres grandes religiones, Jesús no sólo rectifica sus argumentos ante la mujer cananea, sino que aprecia su fe por su misma insolencia.

El pedido que le hace a Pedro no es el de llevar la idea a otros pueblos (petición muy ambigua que la iglesia católica repitió y exaltó por sobre muchas otras que no le convenían, como cuando unas líneas más abajo el mismo Jesús le dice a Pedro: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!, me eres tropiezo”). El hecho concreto es que el cristianismo primitivo, por llamarlo de alguna forma, fracasa en el pueblo en el que se origina y triunfa en el extranjero.

Solo por mencionar un ejemplo más, sobre lo que considero la mayor revolución de los últimos quinientos años, mencionemos la revolución de la Ilustración o del Iluminismo. Si bien las ideas que caracterizan este movimiento comienzan a surgir con el humanismo de siglos antes, lo cierto es que maduran en Francia y se realizan en América. Luego de la trascendental Revolución Americana (los intelectuales de la izquierda clásica normalmente se niegan a darle el crédito que le dio Marx), Francia tuvo su revolución, pero recayó varias veces ante las previsibles fuerzas reaccionarias de una larga tradición aristocrática y absolutista. La misma Europa sucumbió hasta no hace mucho a diferentes experimentos autoritarios, como los de Napoleón, Mussolini, Hitler o Stalin. Obviamente que se puede argumentar que Estados Unidos tuvo a sus dictadores vestidos de presidentes democráticos, pero no me refiero a las clásicas, universales y probablemente inevitables consecuencias de un poder político y militar hegemónico, sino al impacto que tuvo en su tiempo una revolución que influyó decisivamente primero en la creación de las repúblicas iberoamericanas y luego como paradigma en muchas otras partes del mundo, incluida Europa, según consta en la literatura política de los siglos más recientes.

Esta hipótesis se puede ampliar y profundizar con relativa facilidad, incluyendo una larga lista de aspectos discutibles. Pero en síntesis y desde una perspectiva general podemos observar y verificar que cada tiempo ha tenido su Abel asesinado por Caín. La paradoja dramática y existencial radica en que probablemente Caín sea el progreso de la historia y Abel represente el pasado romántico de una Era que acabó; mientras se añora y idealiza a Abel, se criminaliza a Caín. Creo que lo más interesante ahora es, siguiendo el modelo planteado, prever o especular sobre cuál será el nuevo paradigma. Según este modelo, debería surgir en una cultura hegemónica, es decir en la cultura Americana, y debería realizarse en alguna otra región del mundo. Cualquiera estaría tentado a señalar a China. No obstante, por el momento, lo que se puede observar es una expansión del paradigma americano, incluso en la periferia más contestataria, incluso en la comunista China. Por ahora sólo tenemos crisis económicas y financieras; no crisis de paradigmas y mucho menos la aparición de uno nuevo.

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