jueves, 26 de enero de 2012

Con Galeano en Casa, sin tapujos, de la carcajada al sollozo

Octavio Borges Pérez (AIN. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Hay excepcionales autores con voces ideales para leer sus propios textos, como el gran escritor uruguayo Eduardo Galeano, que cuando uno lo escucha piensa estar a la vera de un enorme, profundo, manso e insondable río, fluyendo directo al alma humana.

Oírlo es como reposar a orilla del Rió La Plata, lamiendo la costa de su entrañable Montevideo, en un tránsito sin tiempo y sin latitud que nos trae ecos del remoto pasado y del más cercano presente, desde abajo y desde dentro.

Sus recientes lecturas en Casa de las Américas, donde acudió a inaugurar la edición 53 del premio literario de esa institución –con una joya oratoria calificada por el poeta Roberto Fernández Retamar como el más hermoso elogio en la historia de ese enclave cultural continental-, resultaron tan tremendas que llevaron a su auditorio de la carcajada incontenible al sollozo mal reprimido.
Primero, en gesto de amor a los cubanos, Galeano dio la primicia de una selección de textos inéditos de su libro Los hijos de los días, que será publicado dentro de unos meses en varios países.
Inspirado en el calendario maya, según él, tan aviesamente mal interpretado por círculos culturales fundamentalistas occidentales, que tildan a esa entrañable civilización precolombina de augures del Apocalipsis este año 2012, esos textos cortos, a manera de certeras viñetas, pusieron al público en vilo oscilante entre risas y sollozos disimulados.
Con la contundencia, profundidad, originalidad y capacidad de asombro de cada uno de esos mensajes, abarcan temas que van desde el bíblico destierro de Eva y Adán, hasta el bárbaro asesinato de Rosa de Luxemburgo, el descubrimiento del Nuevo Mundo o el derecho a la valentía.
Son como martillazos en pleno rostro en un lenguaje tan capsular, poético y directo, exclusivo de Galeano, quien es capaz de poner al alcance de todos el más intrincado concepto, embellecer lo prosaico o implacable, desnudar con apenas una frase y poner en solfa a esos poderosos o sus edecanes que intentan convertir con mentiras “santificadas” al género humano en rebaño de borregos.
Similar efecto causaron los fragmentos de “Espejos, una historia casi universal”, merecedor del Premio Honorífico de Narrativa José María Arguedas que otorga Casa de las Américas.
Esta suerte de inventario de la historia universal, desde la óptica de los humillados de siempre, con un lenguaje vívido, desacralizado y con una potencialidad de burla y cáustica ironía, no perdona injusticia alguna de cualquier época o geografía.
La empatía entre orador y auditorio podía sentirse como viva criatura en el ambiente, agudizada aún más cuando el creador del libro “Las venas abiertas de América Latina” dijo que esas lecturas las dedicaba a dos inmortales de la cultura universal, su compatriota Juan Carlos Onetti y el peruano José María Arguedas y que era como si les estrechara cálidamente, desde la Sala Che Guevara, las manos con las cuales solían escribir.
Quienes tuvieron el privilegio de escuchar a Galeano esta tarde de enero, al concluir la velada se sintieron mejores humanos, bendecidos por las palabras de un intelectual que tiene la capacidad de poner en lengua llana y bellísima, las inquietudes existenciales del hombre del siglo XXI.

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