jueves, 12 de enero de 2012

El charquito

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Tener un lugar”.

Con el tiempo se fue dando cuenta que esa frase era para él muy importante. Tanto, que norteaba su vida. Todo lo que hacía -su trabajo de arquitecto- lo que proyectaba para otros, lo que buscaba para él era eso: un lugar.

Aunque, claro, si fuese posible nunca un lugar en el cementerio. Un lugar para vivir.

Por eso en una época fue nacionalista de Dios, Patria y Hogar. Hasta que se dio cuenta que la patria de ellos era la Alemania de Hitler. Además de que dejó de creer en dios. Pero siempre su misma obsesión: tener la certeza de que tenía un lugar.

Se casó con una mujer a la que amaba mucho, pero sobre todo porque ella siempre se preocupaba por cuidar el entorno. El lugar donde vivían con sus hijos era lindo y confortable. Un lugar limpio y ordenado.

Por eso también quiso participar junto con todos. Tener un lugar entre la hinchada de futbol. Ir a las manifestaciones políticas. Estar en Plaza de Mayo cuando habló Perón por primera vez al volver, aquella vez que Perón les dijo a los montoneros: “que saben esos mocosos imberbes….!!!”, cuando le gritaban a Isabelita que era copera y que: “si Evita viviera sería montonera”. Ahí, por un momento, dudó. ¿Se iba con ellos, tendría un lugar entre ellos, o se quedaba con Perón? Optó por su lugar entre la muchedumbre que se quedó con Perón. Tener su lugar ahí.

Y sus años de trabajo en esa oficina del gabinete. Entró como empleado. Después fue jefe y director. Hasta que se jubiló, y ahí tuvo que salir de ese lugar de trabajo.

Con el dinero que fue juntando finalmente dejó de pagar alquiler y compró una casa en Belgrano, barrio que siempre le gustó por sus árboles.

Y ahí vivía, con su mujer y sus hijos ya grandes, en su casa.

Que no tenía jardín. Las plantas y las flores le gustaban, pero desde lejos, como los árboles de Belgrano, que estaban afuera. Convivir con ellas, regarlas (cuando no llovía), cuidarlas, le resultaba fastidioso. Un trabajo más. Sobre todo si a veces la tierra de los jardines se esparcía por el lugar cuando había algún viento fuerte.

Por eso le gustaba su patio de piso liso de mármol blanco.

Hasta que un día apareció algo raro. En una parte del patio, apenas un poco hundida, empezó a aparecer agua. A veces algo amarillenta.

La pared que lo separaba de sus vecinos no era muy alta, pero no dudaba que aun así jamás podrían tirarla siempre para el mismo lugar. Además, ¿Cómo podrían tirarla siempre para el mismo lugar? ¿Con una manguera?

Pensó en conectar un cable eléctrico con esa parte hundida. Así, si alguien ahí tiraba agua quedaría electrocutado.

Instaló entonces una cámara de filmación oculta que automáticamente funcionaba cuando algo diferente aparecía en el blanco patio.

Y fue entonces que descubrió el secreto.

A la noche bajaba una cuerda de la pared de los vecinos. Por ella bajaba un nenito de seis o siete años, meaba en aquella parte del piso de mármol y subía de nuevo por la cuerda.

Entonces la noche siguiente lo esperó y cuando el nenito estaba haciendo su pipi, se le acercó, lo agarró, y le preguntó sacudiéndolo: Por qué hacés eso, eh….¡¡¿¿por qué…??!!

El nenito, casi llorando, le respondió: -Porque esto es blanco

-¿Y qué tiene que ver que sea blanco, el color, con hacer pis aquí? Pis se hace en el baño.

- Yo antes siempre hacía en el baño, cuando el inodoro era blanco. Me gustaba….me gusta hacer pis en un lugar blanco….pero una vez mis papis lo cambiaron por otro de color marrón….Entonces vi que aquí el suelo es todo blanco, por eso cuando puedo, vengo a hacer pis aquí.

- Entonces te voy a hacer un regalo, le dijo él.

Y le regaló una palangana blanca.

También un lugar, ahora para el pis del nenito.

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