jueves, 5 de enero de 2012

La cosa se pudre en Octubre

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

- Cuadro de situación -, dijo en tono cortante Yon un mediodía destemplado de un 2004 que no ganaba en temperatura y que trajo el invierno, portador de “malarias” diversas. Me quedé perplejo, a riesgo de no regresar.

Sucede que la suma de contradicciones flagrantes, que a toda hora pasea en los medios de comunicación y se instala para quedarse, ha superado mi capacidad de asombro. Ya he visto envejecer fenómenos sociales - desde el 2001 en adelante - de cualquier pelo y marca con referentes que se instalan y luego permanecen con distintas apetencias, mostrando una movilidad sorprendente en la fragilidad de esta sociedad arrasada, que es la argentina.

Más sorprendente aún resulta comprobar la naturalidad con que la misma sociedad adhiere automáticamente a cualquier variable que aparezca en imagen.

¿De que situación hablamos?, me atreví a consultar al vasco que sumergía con estilo impecable una raba en la salsa tártara, dispuesta gentilmente por Mauricio, en esa esquina emblemática de la Boca, frente al puente Avellaneda, casi en diagonal, como para cortar efluvios del Riachuelo. Osado, Yon decidió que un Riesling de Bianchi, era lo aconsejable, contradiciendo el manual de buenas costumbres de gente como uno ¿viste? De que tenemos que averiguar...

¿Tenemos?, protesté lo más cauto que pude.

- Bueno, tendrás que ocuparte vos, pero yo voy a hacer unas llamadas, Rambo debe estar en alguna parte, necesitamos saber de donde salió una versión que anuncia la caída del gobierno para octubre. Ahora mi perplejidad renovó su plazo fijo.

¿Y que otro dato para cotejar, tenés, sin aceptar que resulte cierta la versión?

- Nina, está pidiendo por los medios otro 19 y 20 de diciembre -.

Todo esto, tremendo, lo dijo mientras trataba de espiar a través del cristal checo, empañado, elegido especialmente para nosotros y la oportunidad, anfitrión del dorado contenido, de sabor increíble.

Pensé que no hacía tanto tiempo que caminé con Castells desde Plaza Grigera hasta Las Heras, en uno de los tantos reclamos a la comuna, cuando los intendentes en Lomas, se sucedían como los cambios en un partido de básquet, cuando falta un minuto y se está a una diferencia de tres puntos.

Era nada más que dirigente de los jubilados y no tanto, cuando la organización social de la desocupación era incipiente. No me acuerdo si ese día su mujer estaba presente, puede que sí, lo cierto es que, de Rivera hasta Las Heras hay unas cuantas cuadras, para hacer una nota y no la vi.

Claro, hoy, mi condición de periodista – una de las puntas del palo – casi a punto de pasar a la clandestinidad, tal vez al frente del desamparo, parece medir la velocidad de ascenso público de este hombre y su mujer desde el mercadito de Santa Fe, en la frontera de Chaco Chico y Villa Niza, que mira como objetivo la casa rosada, ¿será el hombre de la esquina rosada?, temblé a cuenta de mayor cantidad.

- ¿Y que relación hay entre una cosa y la otra? - dije con morosa inocencia. Me miró.

- Te dije que hay que averiguar el origen de la versión y te di este dato por la casualidad de la causalidad -.

- ¿Causalidad como la estúpida actitud frente al aumento del precio del petróleo? -. Retruqué, porque me gusta molestarlo. Sonrió.

- Casi; nadie, aquí, va admitir la existencia pública del cartel de la energía en el mundo; menos, enumerar quienes integran las “siete hermanas” que deciden que, cuando, como y donde, algunos pueblos se quedan sin futuro, probablemente nosotros. Lo cierto es que debemos saberlo -, enfatizó.

- ¿Y porque nosotros debemos hacerlo? - Respondí dueño de un enojo flamante que hasta yo mismo me creí.

- Porque estuvimos aquel 19 y 20 de diciembre y vimos lo que vimos, contamos lo que contamos y alguno te habrá leído entonces, me imagino y debemos, por lo tanto, denunciar el precipicio, si lo hay -.

- ¿Pero... para qué? -

- ¿Cómo para qué? –

- ¿Vos creés que alguien va a reparar en nosotros que sobrevivimos hasta aquí, por estar en la superficie, nunca ocultos? ¿Ni adelante ni atrás?

- Tu comodidad debes llevarla al lavadero automático, porque por lo menos hay todavía quienes merecen no ser sorprendidos en su buena fe y resultar víctimas de la instalación de la violencia represiva “multipropósito” -.

Me cansó. El vasco, cuando me hace discursos provoca en mí morosas sensaciones. Pienso, en la mujer dorada reclinada en una ventana. Pienso en una mirada gris, incisiva, interrogante, limpia y necesitada de otras verdades que no necesariamente deban ser 20. Me cansa Yon Eibar.

Volví la cabeza hacia la barra, olvidando el murmullo del vasco, para reparar en Mauricio, con su blanco delantal portando los filets de pejerrey que repetimos como un rito, sin contar las botellas posibles. Esas son las placenteras sensaciones de las que me nutrí para vocear epitafios.

Como decía el Picha, “que lo pague la noche”

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