jueves, 9 de febrero de 2012

Obsolescencias programadas (o.p.) ¿o artilugios especulativos?

Roberto Fermín Bertossi (Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

¿Cuantos `lujos´ de nuestros mayores son `necesidades´ nuestras, hoy?

¿Cuantas satisfacciones de estas últimas, rápida y frenéticamente `las vuelven´ anticuadas?

¿Qué se entiende ahora por “bienes durables”?

Ciertamente nada de esto último en ninguna de sus nobles miradas se llevarían bien con nuestros ancestros caballeros, porque ellos bien sabían distinguir entre auténticos anacronismos y obsoletos genuinos de puras, burdas, arteras y viles especulaciones de tantos pícaros escondidos detrás de cada desmoronamiento u orfandad axiológica, de cada culturicidio o de cada estallido ecológico.

En directa y franca relación con una obsolescencia no programada (o.p.), ¿cuáles serían entonces, cabalmente, los verdaderos alcances, sentidos y límites propios y consistentes vg., del vocablo: “amortización”?

Veamos, en principio, el término “amortización”: concierne a secuencias económicas y contables relacionadas con el proceso de distribución a lo largo del tiempo de la reducción natural del valor real de un bien duradero.

Ahora bien, respecto del mundo de la vida, de sus bienes, servicios y recursos ¿cuál es el contenido humano-inclusivo esencial e imprescindible de cada “innovación”, de cada prospectiva, y cuál su equivalencia correspondientes con los parámetros de la obsolescencia en cuanto tal?

Pero…¡qué paradoja!

Tantos padres de `obsolescencias programadas´ son los abuelos de muchas innovaciones superficiales-periféricas; las tías y los tíos inmaduros de la eterna juventud.

El mentís de una realidad que denuncia la incapacidad de elegir como la ausencia de una concreta y efectiva educación constitucional para el consumo, explica, predice y asegura un blindaje para la languidez propia de usuarios y consumidores compulsivos sin siquiera estar salpicados por ninguna autonomía, independencia y responsabilidad ante los oleajes uniformadores de gustos, hábitos y preferencias cuyo tiempo vital es más breve que la vida-mariposa.

Algunos escándalos:

¿Cuál era el proceso natural de elaboración, de calidad nutricional, de sabor y más de los alimentos y bebidas de nuestros mayores y, cuáles son los nuestros, actuales y marketineros, malformados por hormonas (dañinas pero insuperables agregadotas de peso y volumen), inseminaciones, vacunaciones, plaguicidas propios del reino del Feed Lot (sistemas intensísimos artificiales y rapidísimos para la producción y engorde cuasi súbito de carne bovina en corrales sobre tierra) con sus impactos salutíferos y ambientales nefastos en “el reino de ` liberticidas”?

Con similar ardid y sagacidad ladina, ciertos chips peculiares (chip o microchip, es una pastilla pequeña de material semiconductor… al varietal mejor (?)) vienen supliendo estilos naturales violando toda tradición vernácula viñatera para la elaboración de nuestros vinos mejores.

Los añosos odres de roble han quedado para itinerarios turísticos y museos del vino siendo reemplazados por imponentes silos de acero en los cuales hasta la mejor viruta de la mejor madera fue desplazada por la urgencia de ventas y exportaciones masivas.

Por su parte, la moda (o.p.) que cambia como de minuto a minuto, nos ilustra a quien quiere y a quien puede con sus rebajas y liquidaciones de hasta un 70% o más de rebajas abonables plásticamente a 90, 60 y 30 días; etcéteras.

Preconclusivamente, en tiempos de “éticas alternativas” esgrimimos una contramirada y contrafuegos a la de nuestra sociedad en la que todos corren no para superarse ni para estar, vivir y convivir mejor sino por competencia, por celos o envidias en una subespecie de inmadurez que alcanzan tantísimos humanos (pues ¡nacemos genios, morimos idiotas! (Einstein) subordinados sumisamente a los valores actuales que rigen la evolución humana.

Paradoja de paradojas sin obsolescencias es saber `como tratan, consideran y valoran a los ancianos en los países orientales´ tanto como interiorizarse respecto de ¡qué hacen éstos cuando ponen en duda su honor! en tanto nosotros multiplicamos nuestras posesiones y reducimos nuestros valores añadiendo años a la vida pero no vida a nuestros años.

Finalmente según Shakespeare cuando `sufrimos demasiado por lo poco que nos falta y gozamos poco por lo mucho que tenemos´, sin la prescindencia de Diógenes ni con espíritu de ermitaño o anacoreta, solo aludimos a ciertos iconos seductores de esta hipermodernidad con mercados y fronteras ampliadas que alcanzan para revelar las diferencias que descalifican y reprochan toda obsolescencia programada (o.p.) sólo especulativa, como así también tanto mito prometeico en toda esa cultura hedonista apabullante con el resultado esópico de demasiadas zorras y nada de uvas.

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