jueves, 1 de marzo de 2012

Cosas y casos sobre las profesiones, ética, chapuceros y güizaches

Enrique Campang Chang (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La palabra profesión da prestigio, influencia, poder o posibilidades económicas; unos asocian lo con los que tienen grado académico, otros en una ejecución de alta calidad; o lo relacionan con las profesiones antiguas como la brujería y la prostitución. Unas veces son bien ejercidas, y en otras no. Así, surge la necesidad de vincular la ética al desempeño profesional y evitar daños o delitos.

La profesión, como la tecnología, economía o política son conceptos incompletos sin su acompañante que es la ética, dado a los riesgos que puede producir el mal ejercicio o aplicación

En sí, para que alguien se considere profesional debe tener estudios, entrenamiento o experiencia sobre algún oficio; le da el derecho a cobrar, recibir honorarios superiores a las personas no calificadas, y sobre todo la obligación de realizar BIEN el oficio. Popularmente cuando un trabajo es mal ejecutado, aquí decimos que es de chapuceros, aficionados, aprendices, pero no de profesionales.

Sin embargo unos no cumplen con los requisitos de capacitación ni de calidad, son impostores y estafadores. Otros a pesar de contar con título académico no ofrecen un servicio de calidad, y cometen fraude; pero hay otros que a pesar de no tenerlo, hacen un buen trabajo; son los casos de unos estudiantes de derecho o ingeniería, maestros de obra; en el vocabulario guatemalteco se les llama güizaches a los que ejercen la abogacía sin ser graduados a pesar de tener experiencia.

Entre el rango de profesionales tenemos deportistas que juegan bien y cobran altas sumas como Messi, cantantes Ricardo Arjona, cocineros, pilotos, predicadores, comediantes, lloronas, rezadoras, guardaespaldas hasta asesinos profesionales.

Pero una profesión de por si es insuficiente, sin valores, con un sentido riguroso de lo bueno o lo malo; unos médicos que practican abortos o eutanasia; están capacitados para realizarlos, pero carecen de valores éticos como el respeto a la vida, la dignidad de la persona. Un físico nuclear, químico o médico puede hacer bombas, experimentos con drogas o virus peligrosos en humanos, que sin un sistema de valores, pueden causar mucho daño.

Al investigar sobre los oficios básicos, remunerados, demandados con exigencia de calidad surge la más antigua, la del curandero o brujo, el que alivia las angustias emocionales, el que da explicaciones sobre la naturaleza y adivina el futuro; mucho antes que la prostitución que surge con la imposición del matrimonio monogámico.

El profesional además de prestar un servicio de alta calidad, debe contemplar los riesgos y secuelas de su práctica, previendo el peor escenario posible (PEP), para estar preparado en caso de error. Como los pilotos de avión que se entrenan en simuladores para resolver emergencias. El trabajo profesional debe estar garantizado para no caer en responsabilidades civiles o penales por mala práctica.

Llamamos chapuceros a los que trabajan con buenas intenciones, reparan cosas, pero sin garantía de calidad. Son aprendices o aficionados en el oficio y no tienen derecho al mismo cobro que el profesional. Su trabajo o chapuz puede ser barato pero defectuoso.

La usurpación de la calidad profesional se da cuando el servicio es malo o se carece de estudios o preparación. Cobra honorarios que no corresponden al valor del mismo, son los charlatanes que engañan y causan daño.

Unos abogados, ingenieros o médicos, entre otros, prestan o venden su firma y sello profesional a personas no graduadas, que realizan trabajos relacionados; cediendo fraudulentamente su calidad a quienes no la poseen.

En el honorario profesional no solo paga el acto físico del trabajo sino el costo del estudio, experiencia o capacitación para realizarlo; así si se da la popular anécdota del técnico que reparó una costosa computadora apretando un empalme y pasó una factura alta; en ello no sólo se incluía el hecho de apretarlo físicamente, si no de saber qué empalme.

Junto a la calidad del profesional, se debe mencionar la del cliente que contrata al profesional; que tiene el derecho de exigir calidad del trabajo y reconocer los honorarios correspondientes. Unos son clientes difíciles, cuando solicitan servicios colaterales ajenos a los pactados, garantías no contempladas o descuentos que reducen el margen de utilidad.

Un caso de cliente difícil fue Michael Jackson con el Dr. Murray que exigía medicamentos bajo condiciones riesgosas a las que el Dr. accedió y le causó la muerte. También cuando alguien se entera de que en el grupo hay un médico y le quiere hacer una consulta gratuita en medio de una reunión. O los que van al restaurante del amigo a pedir descuentos, porciones grandes y servicio especial sin pagar.

Para el pensamiento Zen el profesional debe poseer los atributos de concentración, meditación, disciplina, orden, perfección, experiencia en lo que hace; y debido a esto es notorio el profesionalismo de muchos trabajadores asiáticos.

En la cultura Maya de Guatemala las cualidades profesionales se refuerzan con los principios del: “Qach´umilal” o nuestra estrella, nuestra misión y vocación, cuando la persona practica su oficio con virtud. El “Rutz´aqat” o el alcance de la plenitud, la armonía, el cumplimiento de los trabajos y compromisos, es el valor que ayuda a las personas a buscar siempre el cumplimiento y satisfacción de los trabajos, compromisos, proyectos, obras, ceremonias, actos diálogos, negociaciones y todo lo que se emprende. “Rumituj qak´aslem” el valor del trabajo en nuestra vida, el Mitij es la cualidad de la persona diligente, dedicada al trabajo responsable y creativo que hace bien las cosas y con agrado. (Manuel Salazar Tetzagüic, “Fundamentos de Educación Maya”, ESEDIR-PRODESSA 2010).

El profesional no puede improvisar ni jugar al error y ensayo, debe ser certero en su práctica, experto, con un sistema de valores definido que garanticen su perfil ético ante la sociedad.

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