jueves, 15 de marzo de 2012

Crítica literaria: “Pasajero K”, de Adolfo García Ortega

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Editorial Seix Barral

“Aunque seamos un fragmento del mundo, un fragmento infinitesimal
del mundo, somos mundo. Nadie nos puede arrebatar esta calidad”

Adolfo García Ortega

Sobre toda vida siempre vuela el azar de tal manera que uno de los principales protagonistas de esta narración, apellidado con la famosa letra de la literatura universal K, director de cine para minorías, cuando subió al tren de “ninguna manera podía pensar” que el bárbaro Radovan Karadzic ex político serbobosnio, que ocupó el cargo de presidente de la República Srpska, acusado de genocidio, crímenes de guerra y otros delitos, formaría parte de ese azar. De igual manera, aunque con diferencia, que Sidonie la joven periodista de profesión, con la que K se sentaría junto en la última mesa del vagón restaurante del tren Madrid- París. Sin sospechar ninguno de los dos que ese encuentro puramente casual, sería el principio de toda esta historia enigmática sobre la que flotaría una amenaza, dado que Sidonie, como periodista, era poseedora de una sólida información, sobre lo mucho que se pueda conocer de aquella tremenda barbarie vivida en la antigua Yugoslavia.

Siendo el encuentro accidental quien provocará situaciones tensas y arriesgadas motivadas por los procesos históricos en candelero que, pese a ser independientes se verán inmersos por esa relación causal entre ellos, ya que ambos aceptan una causa que consideran, común fruto de la empatía y las propias circunstancias que los rodean, produciéndose en un compromiso solidario hasta el final de la ventura. Ficción que puede perfectamente aceptarse como normal, dentro del acontecimiento histórico en el corazón de la conmovida Europa en estado decadente bajo la afanosa acaricia de los bancos, malvivir e incertidumbre en la que está sumido el viejo continente, lastimado y acosado. Los dos personajes tienen la certeza de estar jugándose la vida por inmiscuirse en asunto de alta y escabrosa política por todos esos los crímenes del genocidios, cuyos culpables han campeado a sus anchas arropados por demasiadas miradas hacia otro lado.

Así que, el azar los une en este viaje en tren, él con destino a Londres inmerso en el mundo de su cine creativo e intimista, ella camino de la Haya donde acude como profesional muy comprometida, al juicio del tristemente célebre dirigente serbio que ha sido capturado y se sentará en el banquillo de los acusados para responder a los bestiales crímenes de los que se le acusa contra los bosnios de aquellas despiadadas atrocidades cometidas con mujeres musulmanas. Que “Se calculan que hubo más de 50.000 violaciones en cuatro años. Eran sistemáticas. Planificadas. Convertidas en salvajismo y orgías de sangre. Se llevaban cabo metódicamente y después no se hablaba de ello. Lo hacía la policía y el ejército, ambos estamentos nacionalistas serbiobosnios. No había paramilitares porque estaban integrados en la policía y el ejército. Era brutal, pero era legal” Un detallado y estremecedor relato dentro de la novela.
Y alrededor de este juicio y las pruebas sólidas y tajantes que Sidonie dispone, más aquellas otras que testigos directos le pueden facilitar, intenta obstruir un oscuro movimiento clandestino partidario del criminal que se sentará en el banquillo ante los jueces, Leitmotif, sobre el que gira tan trepidante novela narrando con apasionado e intrigante oficio de los grandes novelistas del género en los que se mezclan el espionaje, la política de los diversos poderes y por supuesto la guinda de pasiones amorosas de los personajes. Todo descrito con un esmerado y dinámico estilo, crónica de una realidad, por un autor que: "Siempre me ha interesado esta guerra porque tiene mucho que ver con lo europeo como concepto. Se dijo que era una guerra local, pero nos afectaba de lleno, porque lo que estaba pasando era el eterno problema de las fronteras y los nacionalismos”
Algo muy actual que la narración se apoye en el palpitante y al mismo tiempo triste y oscuro futuro dado los males que padece el viejo continente, donde la barbarie, los desafueros y el capitalismo salvaje más la podredumbre económica vienen despertando unos nacionalismos, que algunos consideraban no desaparecidos sino adormecidos, que de nuevo propician el despertar de cadáveres y personajes siniestros, como posibles salvadores ante tanta torpezas históricas de las desvirtuadas democracias: "Cuando el capital rige las cosas y no hay una política que organice desde una perspectiva de justicia y equidad, lo que se producen son grandes desigualdades. Y cuando caen en humillaciones, división de clases y purezas étnicas, triunfa lo pequeño, la frontera, la bandera pequeña” señaló el autor en una entrevista.
Una tensa narración en la que se exponen las vivencias y el sentir humano envuelto en la aventura que plantea la realidad en la que nos desenvolvemos, esa que el autor va intercalando en el discurrir de la historia, exponiendo un panorama realista que sin convertirse en una posesiva predicción, cierto que invita a la meditación, sobre cual puede ser el futuro de la maltratada y peor gobernada Europa, envuelta en unos intereses creados nada solidarios y no obstante, debemos luchar por nuestro continente, pues todavía es menos restrictiva que Norteamérica y el despiadado capitalismo-comunista de la China. Por último, Pasajero K. es a la vez un homenaje al periodismo. A ese periodismo internacional y valiente que tanto se juega en su ejercicio profesional en favor de la transparencia de los hechos que se suceden desde su compromiso por un trabajo limpio.

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