jueves, 1 de marzo de 2012

La “Carrozza senza cavalli"

Edda Carmen Perdichizzi

Dedicado a mi padre…

Amanecía. El sol despuntaba tímidamente tras los Paolatinos augurando una jornada tibia y luminosa .Ya comenzaba a sentirse el perfume de los naranjos en flor, augurando una buena cosecha .Todo el pueblo trabajaba en las plantaciones de cítricos. A pesar del clima tórrido, el Torrente Mazzarrà los proveía del agua necesaria.

Giusseppe, que esa noche apenas había pegado ojo, se vestía apresurado. En las otras casas del pueblo, los niños, sobre todo los niños, ilusionados con la noticia, también comenzaban a removerse en sus camas, ansiosos de partir hacia el Camino Real.

Mazzarrá de Sant’ Andrea era una pequeña aldea del Este de Sicilia, colgada en las estribaciones de los montes, que en la primera década del Siglo XX, se desperezaba alborozada. Desde el terremoto de Messina en el 1908, pocas noticias importantes llegaban de la ciudad. Y esta era una buena noticia, ¡digamos buenísima!….

Poco a poco , las puertas se abrían y aparecían contentos y espabilados , chicos despeinados , vestidos apresuradamente , luego algún mayor , mientras las mujeres preparaban canastos con comida , pan recién horneado ,olivas con especies , higos turcos en su caña , frutas jugosas y maduras …¡Quién sabe a qué hora pasaría “la Carrozza senza cavalli “!…

La noticia la había traído Doménico, conductor del carruaje de una princesa en Messina .Ya no vivía en el pueblo, contento con su trabajo que lo hacía viajar a Roma, a Nápoles, a la Puglia. Sus ansias de conocer mundo, por el momento se limitaban a las ciudades, todas diferentes, de la Italia continental. Casi no venía al pueblo, pero estaba enamorado de la bella Rosalía y se dejaba caer de tanto en tanto, intentando convencer a su padre de que tenía un buen trabajo y de que sería un buen marido .Si lo lograba,le concedería el permiso imprescindible y cada mes visitaría a la familia , formalizando su pedido de matrimonio . Siempre contaba algo para asombrar a sus amigos de la infancia .Esta vez, la noticia tenía a todos alborotados.

Carmelino, el cura, había lavado su sotana, casi un milagro de Sant’ Andrea. Aunque sobre sus hombros una eterna capa blanquecina de caspa, estropeaba sus buenas intenciones .Ya estaba preparado con sus aguas benditas y su imagen milagrosa, listo tanto para echar un sermón, bendecir las cosechas o atribuir al Señor tan asombroso acontecimiento.

En una hora casi todo el pueblo se aprontaba para los 5 kilómetros de caminata. Rossina esperaba ver a Cecco, tal vez intercambiar algunas miradas. Su mejor pañuelo tapaba su cabellera oscura. La ropa de domingo la vestía. La ansiedad y la curiosidad le alborotaba la mirada y sus mejillas lucían rosadas. ¿Se habría enterado él en Milazzo, de la noticia? Seguramente que sí. No siempre ocurrían estas cosas, y entre pueblo y pueblo la comunicación corría como un caballo espantado.

Santino, iba a los saltos de un lado a otro, levantando su pierna entablillada, ¡qué mala suerte, tal vez llegaría tarde!

Marietta cargaba sus canastas con los “cannolli” preparados el día anterior, Antonnina sus mejores bizcochos, una botella del mejor vino “dicchioto gradi, fatto a piedi”.

Todos comenzaron a caminar por el sendero de piedra que los llevaría a un sitio privilegiado desde donde ver pasar el fenómeno.

Los mellizos Calogero y Rogero, cantaban a viva voz… ambos tenían muy buena afinación natural, porque allí no había ninguna posibilidad de estudio de canto .Solamente los cantos familiares en las largas noches de verano…

Por suerte, Francesco llevaba la guitarra y una mandolina al hombro, alegría no faltaba. Nicola su acordeón, iba tocando canciones populares, picaras y alegres…Mamma… Cecco mi tocca… Toccame Cecco, toccame Cecco, que la mamma non ce…. mientras Carmelino se santiguaba.

El sol ya calentaba cuando recorrieron los 5 kilómetros que separaban el pueblo del camino Real, dando un rodeo para evitar pasar cerca de Barcellona, que ya estaba tomando demasiado vuelo y parecía una ciudad.

Todos se sentaron a la vera del camino para dar cuenta de las provisiones y esperar la hora del espectáculo.

Y así pasaron las horas, cantando, bailando, contando cuentos sobre la posible guerra austrohúngara. Historias, sobre el General Cadorna, que circulaban de pueblo en pueblo, pero de las que nadie podía dar certeza.

Las mujeres siempre menos recatadas, aprovechaban la ocasión para mirar con picardía al mozo de sus sueños. Tal vez lo animaban a hablar con su padre para visitarlas los domingos. El lenguaje de las miradas era toda una técnica.

Y así, cantando, comiendo, enhebrando sueños de amores, discutiendo sobre si vendría la banda municipal adelante o si pasaría sólo como una atracción de circo, el sol comenzó a bajar hacia el mar Mediterráneo. Enfrente del camino se recortaba la figura del Castello de Milazzo.

Todos estaban desanimados, ni el acordeón de Nicola les atizaba el entusiasmo. ¿Es que no pasaría?

Ya de noche, cuando se disponían a volver….un ruido desconocido, muy fuerte, como si un tren trepidara sobre la montaña, cada vez más fuerte, insoportable.

Dos grandes ojos luminosos, aparecieron tras la curva de la cueva en la que tantas veces jugaban .Sobre el pedregoso camino, se acercaban amenazantes, cada vez más centellantes, cada vez más incandescentes. El ruido también aumentaba y parecía que el fin del mundo estaba cerca.

“Se oyó un “Tutti a terra”, y todos se tiraron, entre platos y restos de comidas, a la banquina, para protegerse de semejante monstruo que avanzaba cada vez con más ruido y esos ojos refulgentes…. La tierra temblaba, casi como cuando el Etna rugía. Temblaba Santino acurrucado en la falda de su madre.

Por fin el ruido fue pasando, cada vez se oía más lejos…Se levantaron de a poco…la “carrozza sensa cavalli” había pasado…Nadie alcanzó a ver a su conductor con un gorro tipo aviador y unas antiparras para el polvo...Nadie vio la Carrozza sin caballos, el primer automóvil a motor que daba la vuelta a Sicilia.

Barcellona: ciudad de Sicilia, provincia de Messina.

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