miércoles, 28 de marzo de 2012

La llave

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Era imprescindible el ingreso hacia otro mundo, mucho más calmo, donde el dolor no fuera una constante. Para ello, había que tener una llave normal, ni tan grande, ni tan chica. Simplemente bastaría que fuera llave y supiera cumplir con la tarea que, dada su condición, le fuera conferida.

El grupo humano sabía que no existía otra posibilidad para hacer la entrada a ese mundo que, por diferente, hasta parecía inalcanzable, que sin embargo estaba allí, a sólo una vueltita de esa llave que no era mágica, sino simplemente llave.

Sólo una cosa se interpuso para que se abriera esa puerta. Otro grupo humano se había adueñado de la cerradura, no tuvo mejor ocurrencia que tapar el agujero por donde debería entrar la llave.

Apenas un detalle no menor, la gente de ese pueblo siguió condenada a vivir entre tinieblas.

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