miércoles, 28 de marzo de 2012

Quilombo: Cuando la palabra vela... desvela

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

- Ayer por la noche - de noviembre en el 2002 -, alquilé una película porno donde la rubia bronceada, perfecta e implacable acababa con otra rubia y un tipo de máxima dote-, contaba afligido el yuppy de anteojos con montura de titanio, cabello prolijamente peinado hacia atrás y oliendo a fragancia de pinos que, desde la orilla pastosa de la mesa que ocupamos con el vasco, me despertó de la somnoliencia. No es para menos. Sobre todo cuando el conciliábulo es por cuatro, aunque yo me exceptúe, dado que los otros tres llevan el peso del disparate.

¿Por qué estoy aquí? Ni siquiera lo pregunten. Es casi socrática, por lo menos, la respuesta. La invitación a comer sigue siendo el muro de los lamentos. Allí naufragan mis resistencias y el vasco lo sabe. En realidad es el único que conoce mis debilidades, porque convengamos que siempre hay alguien que conoce las claves de otro.

Yon, en ese soleado momento en que es tarde para temprano y temprano para Tarde, planificó en la terraza luminosa de Nello's, el encuentro con vista Al río en esa estación "tangeriana", donde las dunas te mudan de sitio Aunque no lo decidas.

-Compré lo nuevo de Stephen Bishop, en CD, casette y álbum porque quiero tenerlo en los tres formatos- le contestó el yuppie, clon del primero, sólo distinto en el verde fosforescente de la camisa de seda y el brillo de los zapatos acharolados, además de los anteojos para sol con armazón de oro. Su voz, melosa, era disparada por la brisa primaveral de este noviembre encantador, donde el índigo del cielo confronta dorados refulgentes que luego estallan rosas y rojos, apegados a la postal violada de una sandía, en el verano fragmentado bajo un puente en Río Colorado.

Pero los hechos no estaban allá sino acá.

-Deberíamos pedir Diet Pepsi, en lugar de Diet Coke, es mucho mejor. Tiene más burbujas y un sabor más limpio. Va mejor con el ron y viene con más bajo contenido de sodio-.

El yuppy uno, provocó el colapso colectivo, por lo menos en las inmediaciones de la mesa; fue como una observación diabólica, apocalíptica, derrumbe de un mito, quiebre de juramento; esto incluía a Yon, quien pareció retornar, por un instante, del debate con Fernando -quien cuando no "corre" vuela- y...

Me refugié tras la servilleta de hilo, azul, primorosamente bordada en blanco tembloroso, espasmódico y casi no pude tragar, por la revelación.

El yuppy "terrorista" restó importancia a su afirmación con el revoleo de Un Rolex de oro, insultante enarbolado en la muñeca izquierda.

La bruma de litio era sólida y el generoso escocés helado no la dispersaba. Las ostras escalfadas eran desaparecidas con la activa colaboración de un blanco brut escarchado delicioso. La jornada sería larga y yo no tenía apuros visibles salvo las botellas vacías alineadas por orden del yanki, por algún control, más remoto que nunca.

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Fernando extrajo un documento que leyó en voz alta. Todo lo serio que se puede a esa altura de la libación y, por supuesto, de la trascendencia de la noticia.

- Hoy tenemos una recordación oculta hasta ahora- anunció solemne.

- ¿De qué se trata?-. Arriesgó cauteloso Yon quien dirigió una imperceptible mirada al Alfa gris, reluciente, estacionado debajo de cuatro tilos.

- De la oculta historia del primer estado independiente de América-, esgrimió, pomposo, en la continuidad, antes de dar lectura al documento que desenfundó como una Colt del ataché color guinda.

"El 20 de noviembre de 1695, con la muerte en combate de su jefe militar, Zumbi dos Palmares, concluyó la rica y oculta existencia del primer Estado independiente de la América poscolombina, la República de los Palmares, fundada hacia 1600 por un grupo de esclavos negros fugitivos en la Sierra de la Barriga, en el actual estado brasileño de Alagoas.

La historia dice que la República de los Palmares, que derrotó las invasiones de los Países Bajos y mantuvo a raya a las tropas portuguesas durante casi un siglo, tenía una superficie de unos 30 mil kilómetros cuadrados, bastante más que la actual provincia de Tucumán, la isla de Sicilia y la Roma de los siete reyes, previos a la República.

Poseía unos 200 kilómetros de litoral marítimo por 150 kilómetros hacia el interior, y tenía como extremos atlánticos la margen izquierda del Río San Francisco, hasta la altura del Cabo de Santo Agostinho. En su interior se encontraban la planicie de Garanhuns; las sierras de la Barriga, do Cafuchi, Jucara, Pesqueira y Comonati, y nueve ríos que completaban un territorio accidentado de difícil tránsito para los soldados europeos.

Hacia el 1600, de los ingenios azucareros de Pernambuco comenzaron a huir esclavos negros (yorubas, angolas, benguelas, congos, monjolos, cabindas, quiloas, minas, rebolos y de otras etnias), que empezaron instalándose en la Sierra de la Barriga, a la que llegó diez años después la princesa Aqualtune, que trabajaba como doméstica de un gran plantador.

El crecimiento de la República de los Palmares era al comienzo lento, al punto de que en 1630 la población era de sólo unos 3.000 habitantes, circunstancia en que se produjo la invasión de los Países Bajos a Pernambuco, con lo que el conflicto entre portugueses y nederlandeses desestructuró la producción azucarera regional y facilitó la fuga de esclavos, de manera que hacia 1670 los palmarenses eran unos 30 mil.

El total de poblaciones conocidas era de 11 (entre ellas las de Sucupira, Tabocas, Zumbi, Osenga, Acotirene, Danbrapanga, Sabalang y Andalaquituche), y conformaban el conjunto urbano del quilombo (federación de poblados) de Palmares, cuyas viviendas eran de madera y fibras, con la techumbre cubierta por hojas de palmas.

La producción, si bien en un comienzo inspirada en las plantaciones azucareras de la zona, tendió a diversificarse en busca de inserción comercial con las poblaciones de blancos de la zona, y así existió una economía en la que los frutales, las palmeras, el mijo, los porotos, la mandioca, las legumbres, las verduras y los animales domésticos tuvieron mucha importancia, frente al monocultivo del nordeste brasileño.

A medida que la población fue creciendo se hizo necesario dar al nuevo Estado un sistema basado en leyes, adoptadas en asambleas de las que participaban todos los adultos, y entre las cuales, en un marco de dureza, estaba reglamentada la pena de muerte para delitos como el robo y el homicidio, para garantizar la mejor convivencia entre los habitantes del quilombo.

Dado que la procedencia de los mismos era tan diversa, en un comienzo se utilizó el portugués como lengua franca, aunque más tarde se fue desarrollando un dialecto de esa lengua europea, la que siempre sirvió como base para la asimilación de nuevos esclavos fugados que buscaban en Palmares una suerte de "tierra de promisión", lo que irritaba a grandes plantadores de Pernambuco.

En 1655 nació un nieto de la princesa Aqualtune, denominado Zumbi (que en la lengua africana original de aquella signfica "El es el espíritu"), que a los 7 años fue capturado por portugueses que lo trasladaron a Porto Calvo, donde fue vendido al cura Antonio Melo, quien lo bautizó como Francisco.

En 1670 Zumbi logró regresar a Palmares, justo en circunstancias en que su tío Ganga Zumba, hijo de Aqualtune, asumió la jefatura del quilombo.

Sufrió en 1675 la ocupación de un poblado de mil habitantes por las tropas mandadas por el sargento mayor Manoel Lopes, pero los palmaerenses, tras retirarse, en una sangrienta batalla, cinco meses después, obligaron a los portugueses a regresar a Recife.

En esa batalla, Zumbi, de sólo 20 años, se convirtió en el principal jefe militar de los quilómbolas, bajo la conducción de su tío, por lo que en 1676 volvió a derrotar otra vez a los portugueses, esta vez comandados por Fernao Carrilho, quien a pesar de verse forzado a retornar a Recife, como su antecesor, en 1677 atacó Cerca do Macaco, de donde huyeron la vieja Aqualane y Ganga Zumba. Posteriormente, Carrilho marchó sobre otro poblado, defendido por Gana Zona, otro tío de Zumbi, pero el mismo fue arrasado por los pobladores que practicaron la política de entregar tierra arrasada, mientras el jefe portugués pasó a Sucupira desde donde pidió refuerzos con los que logró matar muchos negros, y capturó al propio Gana Zona y a dos hijos de Ganga Zumba, tras lo cual volvió a Recife confiado en sus éxitos.

Sin embargo, a los pocos meses los quilómbolas se habían recuperado, por lo que el gobernador Pedro de Almeida ofreció una paz condicionada, reconociendo la libertad de los palmarenses a cambio de su reincorporación al mundo colonial, pero con la limitación de no ampliar su población aceptando nuevos esclavos prófugos. Ganga Zumba dijo que sí a estas condiciones y firmó los acuerdos con la corona en 1678.

Pero el viejo jefe, que había recibido un importante cargo militar portugués, cuando a su vuelta organizó festejos para conmemorar el acuerdo, se encontró con la oposición de Zumbi, que tras recibir el respaldo mayoritario, expulsó a su tío de Cerca do Macaco, e inició una fuerza militar regular con la que comenzó el acoso a los portugueses hasta llegar a las puertas de Recife y Porto Calvo.

Almeida liberó a Gana Zona y lo envió a convencer a su sobrino, lo que no consiguió, mientras Ganga Zumba fue envenenado, con lo que, convertido Zumbi en jefe indiscutido, se reinició la guerra que se expandió a buena parte de la Capitanía de Pernambuco, por lo que en 1680 llegó un nuevo gobernador, Aires de Sousa e Castro, enviado por el Conselho Ultramarino Portugués, para intentar un nuevo acuerdo con los palmarenses.

Zumbi rechazó los honores que le ofrecieron y en 1686 fue enviado otro gobernador, Souto Maior, que en 1691 buscó una alianza con el bandeirante paulista Domingos Jorge Velho, quien acababa de realizar una matanza de indios en Piaui, pero que a pesar de atacar con más de mil hombres fuertemente armados Cerca do Macaco, fue rechazado por Zumbi y sus tropas de Jovem Guarda, con lo cual el agresor debió retirarse a Porto Calvo.

El gobernador juntó nuevas fuerzas al mando del capitán Vieira de Mello y las sumó a las del bandeirante, de manera que entre el 23 y el 29 de enero de 1694 cargaron en dos oportunidades contra Cerca do Macaco. Otra vez fueron rechazados, en batallas en las que participaron incluso las mujeres, lanzando agua hirviendo sobre los portugueses desde lo alto de las empalizadas.

Pero la situación cambió el 6 de febrero. Ese día llegó desde Recife la artillería, que tras largos bombardeos debilitó las posiciones de los quilómbolas y abrió brechas en la empalizada.

Los portugueses entraron a Cerca do Macaco y obtuvieron una importante victoria, mientras en medio de la matanza Zumbí logró huir, herido por dos balazos, con algunos de sus colaboradores.

Pasó más de un año en el que los portugueses buscaron terminar con él, lo que lograron el 20 de noviembre de 1695 cuando, al detener a un viejo palmarense en el camino de Penedo a Recibe, el mismo, a cambio de su vida, guió al bandeirante André Furtado de Mendonca hasta el reducto de Zumbi, a quien logró derrotar y luego degollar. Volvió a Recife con su cabeza y concluy¢ así un proceso de casi un siglo.

Desde entonces, el 20 de noviembre se celebra el Día de la Conciencia Negra".

Yo miré para otro lado. Yon asintió en silencio. Pensé en la trascendencia De la revelación. Por suerte la botella de escocés era el témpano Apropiado. Recordé que la mujer dorada suele decir. Persiste y sólo por eso me resigné.

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