jueves, 1 de marzo de 2012

Tratado del movimiento (y de la mirada)

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El ensayo “Tratado de la lejanía”, del escritor italiano Antonio Prete, me hace pensar que el ser humano está perdiendo su relación con el movimiento. Ya lo afirma el autor cuando dice que "la técnica hoy triunfante es, efectivamente, la técnica de lo lejano”.

La editorial Pre-Textos adelanta en la presentación de esta excelente obra, traducida al castellano por Juan Antonio Méndez, que sus capítulos “pueden leerse tanto como una crítica de la razón telemática, como una apasionada defensa e inventiva de la literatura, de su saber y de sus formas”. Y efectivamente, ambas lecturas, como inteligente contrapeso, quedan latentes en el lector. Aceptar la cultura telemática como el gran dogma de nuestro tiempo o asumirse creativamente atemporal en la huella y la carrera del relevo (yo participo en la carrera con la fuerza de quien se sabe parte vital de su camino: el camino).

Hay en el libro de Prete un dibujo que nos asoma a este momento de cercanía abismal de lo falso. Una imagen absoluta para todas las interpretaciones; lo virtual como formato usurpador de la imaginación. Atentados contra la sensación, contra el movimiento y la perspectiva que nos define su particular fondo. Hace tiempo que la mirada sufre una tormenta de efectos. Miles de imágenes en un segundo no podían concretar otra cosa que no fuera una sociedad de ciegos de lo interno. Desde siempre la lejanía ha tenido una razón de avance en el ser humano. Lo lejano como el punto de referencia de una perspectiva; lo lejano como la odisea del viajero. La lejanía es la necesidad del ir, del buscar. Y escribe Antonio Prete que “La nube es una representación de la metamorfosis. Su forma apenas fija, cambia. La patria del poeta -lo decía el poeta alemán Jean Paul- es una patria de nuebes, una Wolkenheimat. El horizonte hacia el que corren las nubes es el otro país, el ‘utre monde’: un país cuyo perfil está totalmente diseñado en el interior del poeta y, al mismo tiempo, es un espejismo, se muestra como el auténtico habitar y se halla envuelto en la niebla de lo desconocido. Sueño, idea, música de otro lugar que transforma su encanto en línea de horizonte a partir de la cual puede criticarse el tiempo presente, la crueldad y la ausencia de ‘apertura’ que habita el tiempo presente”.

“Tratado de la lejanía” es un recorrido por distintos enfoques de la distancia: el color, el universo, la historia, el arte, la imaginación. Su brillo y su documentación nos deja preguntas sobre lo que supuso en los distintos ciclos la dificultad de la distancia como reto del andar humano y lo que supondría la derrota de los recorridos. A la distancia se llega con la imaginación y con los pasos. La relación entre lejanía y movimiento es energía para la vida. Un ser anclado, frente a la pantalla de un ordenador, con todas las respuestas y todas las imágenes como réplicas de las distancias, seguramente será el resultado de una especie distinta a la humana que hasta ahora hemos conocido. Andar, observar y descifrar el llamado de las bifurcaciones; atender lo efímero con mirada de largo alcance y andar. Aceptar la inercia y la totalización del acercamiento virtual sería renunciar a los caminos para entrar en la cárcel (invisible) del extravío. De ahí que luego del “Tratado de la lejanía” habría que hacer un “Tratado del movimiento” (y del despertar de la mirada).


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