jueves, 12 de abril de 2012

Crítica literaria: La aventura literaria de El hombre no mediático que leía a Peter Handke

Francisco Vélez Nieto (Desde Sevilla, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“El hombre no mediático no sufre de angustia ni de ataques imprevistos de prisa. Su lentitud visual le permite ver detalles inexistentes para la mayoría. Sin embargo, él tiene serios problemas para relacionarse con el resto. Su particularidad lo aleja de los otros. Y esto, a pesar de que aún no le representa desequilibrio, opera como una bomba alojada en su existencia (y que podría activarse en cualquier momento). ¿Qué hacer? ¿Cómo detener el inminente peligro que amenaza con implosionar su yo? ¿Él o los otros? Él desearía que el resultado fuese él y los otros, pero sabe que sostener su particularidad no es tarea sencilla”. (Extracto de novela “El hombre no mediático que leía a Peter Handke”, de Edgar Borges).

Existe una línea de conducta literaria directa de Edgar Borger con autores alemanes, como Franz Kafka, Robert Walser, Thomas Berdhard, Peter Handke, que no solamente no oculta sino que proclama a modo de modelo, partiendo del propio compromiso de escribir, sumándolos como punto de partida a su capacidad creativa que, desde su propia escritura, considera mantener como muestra de análisis en sus crónicas y ensayos. Es el hilo con el que unir escritor y lector. El autor de la historia acude a quien pueda leerlo para mostrarle el peligro constante de alienación, para advertirle sobre lo que invita a leer el mercantilismo endulzado y adulterado que envuelve a la sociedad mediatizada, tras la que se esconde y maneja los hilos un absolutismo cuyo ambicioso deseo es engatusar a la humanidad, encajonarla en una cárcel donde los barrotes carcelarios son invisibles, disimulando así la suciedad totalitaria.

“El hombre no mediático que leía a Peter Handke” (Ediciones En Huida, 2012), es una novela que juega con la crónica, el ensayo y la entrevista para dibujar el universo personal de un investigador; se trata de una obra que, desde la ficción literaria, pretende mostrar la desnuda realidad de nuestras sociedades, partiendo del tronco, para el desarrollo de todo el entramado, de la polémica personalidad y comprometida tanto como diversa obra, del escritor de lengua alemana Peter Handke. Desde un principio tan elemental como real con que el autor considera tener muy claro que: “Siempre he creído que la peor condena del pobre es creer en las leyes del destino. El destino es la jugada perfecta (y cíclica) que el poder establecido inventa. Y el pobre juega (día a día) sin posibilidad de victoria”. Desde este punto de partida alumbra con absoluta transparencia su desafío de autor la andadura de una crónica sobre la alienación utilizando las leyes de la ficción, un arma que no es nueva en Edgar Borges, pues es principio conductor de toda su viva e inquieta escritura, ahora sostenida desde la obsesión que para él significa Peter Handke como autor literario no mediático, un pulso embriagador que deja plasmado en frases inolvidables: “La vida del pobre te la imponen (con pistola invisible) como si fuese un atraco a mano armada”.

Crónica-ensayo a modo de novela, donde se intercalan encuestas con Cecilia Dreymüller, escritora y traductora deseada por el autor, en el recorrido de su investigación, por su amplio y sereno conocimiento sobre el polifacético escritor austriaco. Toda una rica y definitoria respuesta que le llega casi al final de la narración. Aquí unas breves líneas de las preguntas de Edgar Borges con respuesta de la interesante conocedora y traductora de Handke:

Pregunta: “Peter Handke apunta hacia la industria mediática que fabrica opinión publica. ¿Cuál es la historia de la relación entre Handke y los medios de información?

Respuesta: “Imposible de explicar en menos de 15 folios. Pero es algo que cada lector puede seguir perfectamente a través de la obra de Hanke y las entrevistas”.

Para Dreymüller, según manifiesta en su libro “Incisione”s, “Handke es una referencia literaria ineludible desde hace cuatro décadas, ente otras razones porque posee una extraordinaria capacidad creativa asociada a una resuelta voluntad de intervención”. El autor espera desde la literatura romper todas las visiones del mundo aparentemente definitivas. “Desde esta disidencia -señala Dreymüller-, Handke ha formulado un discurso metaliterario cuya profundidad y coherencia han sido decisivas para la discusión de las propuestas estéticas dominantes y la función del escritor en la sociedad”.

Edgar Borges durante años ha ido asumiendo criterio y responsabilidad a través del estudio de la obra de tan polémico narrador, hasta llegar a la extenuación absorbido por su personalidad, hasta el extremo de sentirse absolutamente absorto para asumir a su narrador desde tres ópticas diferentes pero coincidentes para la investigación de su obra. Y así, en un desafío conjunto por medio de los tres narradores, enarbolarla como sólida base necesaria a la vez que paralelamente muestra los riesgos que ello puede provocar en todo escritor de actitud desafiadora y crítica, que con su obra cuestione la alienación en que la sociedad se encuentra encajonada. En este caso, con todas las consecuencias y estratagemas, con o sin el polémico caso de la guerra de los Balcanes y el protagonismo de los dirigentes serbios y la manipulación de los hechos por los poderes mediáticos.

Esta postura crítica enfrentada al sistema ha podido alimentar a Handke por dos modelos anteriores: El desafío al poderoso poder mediático de la Iglesia en el siglo XVI protagonizado por Lutero (1493-1546) y su Reforma, toda una confrontación sin retroceso para la omnipotente Roma y su poder mediático, lo que provocó como respuesta la Contrarreforma y una larga contienda. La otra influencia desafiante e incendiaria en términos literarios, la de su compatriota Karl Kraus (1874-12936) que, desde su famosa revista Die Fackel (La Antorcha), provocó una de las grandes crónicas desafiadora de los poderes mediáticos establecidos de la época, y el anuncio de la barbarie más abrumadora que se avecinaba en el primer tercio del siglo XX. Dos modelos de influencia de la mejor literatura y filosofía en lengua alemana.

Edgar Borges se ha desvivido, desde una disciplina delirante, en el buen sentido de la investigación con múltiples interrogantes, como hombre mediático encerrado con toda la obra de un escritor de muy diversas facetas dentro de la misma línea creativa, durante años, sin prisas porque: “El hombre no mediático no sufre de angustia ni de ataques imprevistos de prisa. Su lentitud visual le permite ver detalles inexistentes para la mayoría. Sin embargo, él tiene serios problemas para relacionarse con el resto. Su particularidad lo aleja de los otros. Y esto, a pesar de que aún no le representa desequilibrio, opera como una bomba alojada en su existencia (y que podría activarse en cualquier momento)”.

Señalaba el estremecedor y profundo poeta Paul Celán que “la verdad está en el detalle”. De aquí que Edgar Borges sea un entusiasta comprometido de abordar y analizar las causas, convencido de que nos encontramos amenazados por todas partes y no solamente por las provocadas guerras bélicas tradicionales, sino por una guerra más sutil, pero no menos cruel.

Tras este logro de “El hombre no mediático que leía a Peter Handke”, una crónica novelada, donde un autor (Edgar Borges) encuentra a su autor (Peter Handke) para discurrir sobre el mundo mediático, le sugiero la aventura entre ficción y realidad, de una nueva crónica novelada en una búsqueda que podría llevar el título de Un autor encuentra a cuatro autores. Estos serían: Karl Kraus, Franz Kafka, Robert Walser y Thomas Bernhard. Juntos en un cuadrilátero para entablar un brillante coloquio dialéctico sobre el mundo mediático partiendo de una cita del clásico Heinrich Heine: “Para averiguar la verdad, hay que contradecir a los hombres".

Francisco Vélez Nieto es poeta, ensayista y crítico literario nacido en Sevilla, España.

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