miércoles, 25 de abril de 2012

Estaba de cacería (o "la defensa acusadora")

Víctor Ramírez (Desde Canarias. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

(Artículo publicado hace más de 16 años en DIARIO DE LAS PALMAS)

Quisiera imaginarme, don Víctor, cómo se quedaría usted cuando supo lo del crimen estatal cometido en Nigeria contra nueve hombres buenos, entre ellos su colega escritor Saro Wiwa. Así se gobierna el mundo -salvo rarísimas y asfixiadas y calumniadas excepciones. Así se gobierna por mucha condena hipócrita que se haga al dictatorial régimen militar nigeriano, y por mucho falso bloqueo que se pregone írsele a hacer.
Al mundo lo gobiernan tiranos. Y Nigeria posee, desgraciada y principalmente, petróleo. Cada trabajador esclavizado nigeriano cuenta menos que un kilogramo de petróleo. Y los gobernantes militares nigerianos, como cualesquier gobernantes mundiales, cumplen eficazmente con su objetivo político policial (toda política es, esencialmente, policial): mantener la esclavitud en el cacho planetario que les concierna (esclavitud que -por supuesto y como siempre- se practica con matices según el país).

Si, como en el caso nigeriano que nos ocupa, se les va torpemente la mano -"torpemente" por lo publicitario y no por la injustica cometida- y ejecuta a personas buenas (entre ellas a un literato con minusculísimo renombre mundial), se actuará como siempre: una poca de enturbiadora polvacera en los medios de intoxicación televisivos, radiofónicos y periodísticos, y ya está.

A los pocos días nadie se acordará del asunto. El llamado Nuevo Orden Mundial (lo que usted ha dado en llamar Ultraimperialismo) no se habrá resentido lo más mínimo.

Hoy, en el Cafetín Moruna, se habló alegremente del asunto llamado "Chantaje a la Corona": lo de Prado Colón (¡nefando apellido!) y De la Rosa. Como la mayoría de los parroquianos del Moruna somos antimonárquicos cordiales (lo somos por decoro intelectual), no podíamos simular la alegría de pobres que asisten al desenmascaramiento de otra de las farsas que, también tiránicamente, padecemos los indefensos e ignorantados canarios.

Mi tío José Refugio (que, saltándose la tajante prescripción médica para celebrarlo, se fumaba un puro cubano de los más caros) preguntó con el retintín del orgullo que te produce la constatación de que no andas equivocado en tus fobias, querencias y pensares:

"¿Dónde se encontraba Su Majestad cuando le avisaron de la publicación del asunto chantajeril? ¿Dónde?". Los demás mantendríamos el silencio para proporcionarle el placer de autorresponderse.

"Se encontraba de cacería, amigos. Eso oí y leí. Se encontraba matando o asistiendo a la matanza de animalitos indefensos, matanza con placer, dándose gusto. Cazar es disfrutar sádicamente con la angustia de los animalitos que huyen horrorizados intentando salvar la vida. Así es la cacería. Siempre he valorado con asco a los que hacen de la cacería un deporte, una afición", acabó con entonación tristona mi tío José Refugio, compasivo amante de los animales -incluyendo a las ratas y a los humanos. Su casa parece un pequeño zoológico. Suele decir que se mantiene bueno de sentimiento gracias a sus animalitos, al cuidado que les hace y a su compañía.

"Y si esa muestra de sádica necrofilia regia es una pequeña satisfacción para los antimonárquicos (es decir, para los auténticos demócratas y no para los filotiránicos que se pregonan demócratas -que lo pregonan por simples lucrativas cuestiones comerciales, como el director del periódico ABC), mayor la fue el que se constatara nítidamente la vida de ininterrumpido excelso ocio que se pega Su Majestad de Ellos mientras mucho más de media ciudadanía de su reino no sale de las aflicciones que proporciona la precariedad económica en que se ve obligada a existir" -apuntó con su voz pastosa Alfonso El Sétubal, también fumándose el puro de la humilde satisfacción justiciera.

"Me hace gracias, amigos, cuando leo que Su Majestad está muy sensibilizado con los problemas de Canarias. No hay más que mirarle a la cara para poder atreverse uno a decir que le preocupa, por ejemplo, mucho más el estado mecánico de su moto que nuestra situación social.

No hay más que oír o leer las defensas que le hacen gente como el director del ABC para aseverarte de que tus sospechas -ya que no puedes conseguir pruebas fehacientes- tienen muchísimo fundamento. Esa defensa venida de gentes así es lo que el señor Refugio llama la defensa acusadora", dijo Quico el de Lucía -quien, no fumador, sólo pudo dar la primera calada al puro: casi se asfixia el probrecillo.

16-noviembre-1995

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