martes, 3 de abril de 2012

A Tilcara

Susana Merino (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Rodeada de cerros
encerrada... y sin embargo abierta
por un dramático tajo de la historia
que sometió a su gente y a sus tierras
al audaz invasor ultramontano.
Altivos murallones de arisca piedra a pique
la vieron impotentes doblegarse
al paso del extraño y siguen aguardando
con ancestral paciencia el día en que una riada
del cauce maternal del río Grande amanezca
con furia visceral y nuevamente alumbre y restablezca
su milenario, hondo y patriarcal pasado.
Mientras tanto la vida fluye mansamente
junto a la tierna plegaria de los álamos
y a la dulce quejumbre de los sauces,
cercada por quebradas y laderas pobladas de cardones
que se yerguen como una evocación y una advertencia.
Son centenares de lanzas como picas
plantadas en espera del combate
son las almas de un pueblo ayer vencido que resiste
callado y solitario pero aún vivo
aislado y misterioso, silencioso, tenaz y sin olvido
que busca en sus viejas tradiciones
el aliento vital que lo vindique.

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