jueves, 19 de abril de 2012

“Un mundo aparte”, de Gustaw Herling-Grudzinski

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Prólogo de Jorge Semprún
Libros de Asteriodes
Traducción de Agata Orzesze y Francisco Javier Villaverde González

Seguro que los lectores que suman años, interesados en la lectura de la trágica y auténtica historia sobre los campos de trabajo y de exterminio durante la época hitleriana y estalinista hayan leído; con esta nueva obra de sobre aquella estremecedora tragedia, no podrán permanecer indiferentes tras haberla hojeado. Porque descubrirán en Un mundo aparte en traducción directa del polaco, algo envolvente y conmovedor.

Seguro quedarán atrapados al ver desfilar un descarnado a la vez de estremecedora hondura y humanidad narrativa, justificada memoria de una tragedia agonizante a la que suele conducir la paranoia de mentes enloquecidas por la pasión dominadora junto a la obsesión y recelos que su demencia provoca. Luego no sorprende que una voz y pluma como la de Camus manifestara que “todo el mundo tendría que leerla, tanto por lo que es como por lo que dice” Y también por la forma en la que flota su estilo narrativo del sanguinario día a día de los denominados cínicamente campos de reeducación. La brutalidad de los hechos de aquel infierno de una Rusia hambrienta, fanatizada y aterrorizada por el Padrecito Stalin y sus acólitos, envueltos por la demencia de crear al hombre nuevo para una sociedad justa y libre de toda explotación del hombre por el hombre.

Cuadros que reflejan una historia conmovedora de sufrimientos extremos, junto a la dura y heroica resistencia sin perder del todo la esperanza la llegada de un final con el que alcanzar no solamente la liberación de aquel infierno, sino también poder contar la tragedia con la que desenmascarar al Padrecito para situarlo a la demencial altura que su rival alemán Adolf Hitler, el otro diabólico demente. Estamos ante una vida novelada, autobiográfica, que el autor escribió en su lengua materna, el polaco, una vez liberado del infierno, entre julio de 1949 y julio de 1950, para mostrar el calvario del Gulag entre la nieve, padeciendo la más angustiosa miseria exterminadora de infinidad de verdaderos idealistas que apostaron y corrieron todos riegos a favor de una utopía comunitaria.

Fue en Londres metrópoli libre, aunque con las huellas de la guerra, cuando en 1951 se publicó por la editorial Heinemann con un prólogo de Bertrand Russel Un mundo aparte. Resultando ser en aquellos años el primer testimonio real y directo sobre la crueldad y martirio de los campos de concentración de trabajos forzados hasta la extenuación y muerte, partiendo de los criterios de la jerarquía policial soviética “el derecho soviético se basa en la premisa de que no hay personas inocentes”. Tan duro testimonio significó para Gustaw Herling-Grudzinski ser duramente atacado, al considerar la obra demasiado sesgada y “antisoviética” desde la izquierda europea. Una izquierda hechizada y ciega con la Revolución que, durante tantos años se negó reconocer que aquellos infiernos eran una trágica realidad histórica, tormentos para almas muertas en vida, que recuerdan aquellas otras de Gogol, pudiéndosele sumar la de los nazis que azolaron la otra parte de Europa bajo su dominio. Sangrante realidad del viejo continente.

Dos años más tarde aparecería una edición en su lengua original publicada por la editorial polaca en el exilio Kultura. Nada sorprendente resultó que en Francia ninguna editorial tuvo el valor de editar Un mundo aparte pesar que los derechos de autor habían sido adquiridos varias veces, siendo Albert Camus quien crítico dicha postura que retrazó en treinta años que pudiera ver la luz en el país de la libertad y la fraternidad, en este caso no por extorsiones de la derecha sino por la ceguera intelectual de los devotos prosoviéticos, como dejó escrito Jorge Semprún en el prólogo a la primera edición en francés, recordando tan lamentable periodo de tiempo: “En esos momentos la ceguera con respecto a la Unión Soviética, la tenaz labor de negar el totalitarismo, estaba todavía ampliamente difundida – mejor dicho, era hegemónica – entre los intelectuales de las izquierdas europeas”.

Al fin, en 1990 pudo publicarse en Rusia y en Polonia consiguiendo ser borrada del índice de los libros prohibidos donde figuró durante todos los años transcurridos desde su primera edición en Londres en 1951. En este 2012 repleto de sobresaltos, proclamas y la amenaza vociferante, conocer esta dolorosa y escalofriante narración extraída de la propia realidad inverosímil pero cierta, traducida directamente del polaco al español lo que enriquece y beneficia la escritura del autor, cuya verdadera vocación y oficio profesional fue siempre el campo literario, pues contando veinte años de edad “ya era un conocido periodista y crítico literario destinado a alcanzar un lugar en los círculos literarios polacos, aunque no pudo ser así” Mas el que tuvo retuvo y pese a su azarosa vida la pasión literaria se mantuvo expectante. Siendo esta historia, además de su contenido, una muestra de estilo y amenidad narrativa, pese a tratarse de un tema tan escabroso. Y es que su realismo no es machacón ni vengativo, más bien comprensivo al tener en cuenta “que casi todo el mundo puede convertirse en corrupto en un ambiente corrupto, que casi todo el mundo mentirá, engañará, matará o se prostituirá para seguir con vida” Ofrece esta historia, tal vez, aunque en otros sistemas de trabajo y explotación, una curiosa semejanza con la actualidad de los poderes al que el capitalismo totalitario y feroz nos tiene sobrecogidos con su falsa vestidura democrática.

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