jueves, 17 de mayo de 2012

Acerca de la Libertad: Condorcet

Ricardo San Esteban (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Se han cumplido más de doscientos años de la muerte de Condorcet. El Esbozo del Cuadro Histórico del Progreso del Espíritu Humano fue redactado por él en 1793, cuando permaneció oculto seis meses en París, en la calle Servandoni, donde hoy lo recuerda una placa.

Condenado a muerte por la Convención, perseguido, proscrito, humillado, Condorcet siguió creyendo en el hombre y en aquellos seis meses de ocultamiento conquistó, al parecer, una lucidez que es la que en ciertos casos precede a la muerte. En un notable resumen de la historia confió su testamento espiritual a las generaciones futuras. Los fenómenos sociales tienen un sentido –escribió- y es posible comprobar a través de los siglos la elaboración de una organización cada vez más profunda, un mejoramiento continuo de la existencia individual y colectiva tanto en el orden material como espiritual. Por cierto, no descartaba contradicciones, avances y retrocesos temporales. Desde tal perspectiva, Condorcet distinguió nueve períodos históricos, que representaban nueve estadios de ese progreso que debería cumplirse en un décimo período. La apoteosis consistiría en el retorno a la edad de oro: abolición de todas las desigualdades de raza, edad, sexo, nación, educación, etc., lenguaje universal, desaparición de la enfermedad, finalización de las guerras; la síntesis de aquellos elementos procuraría una abundancia inimaginable. El hombre, si bien no alcanzaría la inmortalidad, vería prolongar su existencia sin límite.

Condorcet, luego de haber logrado huir de París, sería encarcelado en la prisión de Bourg-la-Reine, donde se suicidó en abril de 1794.
¿Nos hallamos lejos o cerca de aquellos ideales? La naturaleza se toma su tiempo, que no puede medirse de igual manera que el de la existencia individual de los seres humanos. Pese a la incertidumbre del horizonte actual, aquel décimo período de la abundancia y de las mieles se hallaría próximo a concretar. Condorcet nos ofreció una lección, aún enfrentando a la muerte decretada por algunos de aquellos en los que siempre creyó, asunto que se ha repetido muchas veces a través de los siglos, como cuando los redentores terminan crucificados. Pensó en un hombre que en el devenir de la historia, pudiera ser realmente humano y quizá ésa sea la estrategia final de la naturaleza.

Estuve leyendo el intercambio realizado acerca del concepto de la libertad en el ser humano. Yo pienso que no se puede analizar en abstracto porque si bien es cierto en que el orden jurídico capitalista se plantea la igualdad ante la ley, la verdad es que sólo hay justicia cuando litigan dos pobres. Se critica a Cuba porque sus ciudadanos no puede entrar y salir del país e independientemente de las consideraciones que podamos hacer al respecto, cabe preguntarse: ¿Pueden hacerlo en cualquier país? ¿Cuántos tienen el dinero para gestionar un pasaporte, adquirir un pasaje? pienso en los Palestinos, por ejemplo, cercados y sin ningún derecho o en los innumerables muros que la burguesía levanta en diversas partes del mundo. Recientemente, en las elecciones de Grecia, la ultraderecha que conquistó el 16% de los votos plantea minar las fronteras. En el otrora primer mundo (porque, parafraseando a Rajoy, hoy es de quinta) formalmente, cualquier ciudadano puede adquirir bienes que están en oferta, desde un kilo de pan hasta un suntuoso automóvil o una vivienda ¿Todos los hombres son libres en cuanto a acceder a los bienes que los mismos hombre crean? En Estados Unidos y Europa millones de personas han perdido sus viviendas, a las que habían accedido de mentiritas.

Respecto a la salud pública, a la educación. ¿Los pobres y los ricos son igualmente libres en lo que respecta a escoger lo mejor para sí o para su familia? Los avances en medicina ¿Se hallan al alcance de todos? ¿El nivel de conciencia es igual para todos, es libre el pobre en cuanto a escoger su pensamiento, su destino, su lugar en el mundo?

Habría mucho que decir y no se trata de sacarle a los ricos para darles a los pobres (como en aquella simplificación ridícula de si tenés seis gallinas, con el comunismo tenés que darle tres al vecino) no se trata de repartir el hambre, sino de basarse en aquellos ideales de Condorcet, vale decir, en que los bienes que el propio hombre crea sean patrimonio de todos los hombres, independientemente de clase, raza o credo religioso, y eso significa que el nivel de productividad y de producción material y espiritual sean lo más elevados posibles. Condorcet hablaba del décimo período en el cual todos los seres humanos participen de la abundancia y de las mieles. Esa es la verdadera esencia de la libertad, lo demás es retórica.

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