miércoles, 23 de mayo de 2012

Cafeína y trastorno de déficit de la atención con hiperquinesia

Jesús María Dapena Botero (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En la línea de los estimulantes en el tratamiento del hoy llamado Trastorno de Déficit de la Atención con o sin Hiperquinesia, el conocimiento de que el uso y costumbre de que muchos adolescentes, que fuman y toman café tiene un efecto terapéutico sobre aquellos que padecen el síndrome, ha hecho pensar que la cafeína podría incluirse en el arsenal curativo aunque David Amen ha mostrado que los efectos de la cafeína, en este contexto son impredecibles, por el interjuego de variables genéticas, factores fisiológicos individuales y la tolerancia al producto; todo eso hace que la cafeína tenga sólo un efecto más sutil en el estado de alerta del organismo que el que tienen otros medicamentos para el Trastorno de Déficit de la Atención con o sin Hiperquinesia, aunque su acción farmacológica no es tan simple en sus efectos.

La cafeína es un estimulante del sistema nerviosos central.

En doce experimentos de una investigación clínica con niños que padecen el problema, en cuatro realmente se redujo la hiperactividad; en uno de los chicos pudo demostrarse que la cafeína mejora el tiempo de reacción del sujeto, por lo que disminuye la lentitud que éstos niños puedan presentar en la clínica, en otros casos – dada la variabilidad individual de la interacción entre substancias exógenas e individuo – la cafeína redujo el tiempo de reacción del sujeto, en un efecto paradójico, en relación con los hallazgos más frecuentes en esta experiencia.

En la investigación de Amen, los efectos secundarios identificados no fueron consistentes, pero se registró:

- Ansiedad de leve a moderada.
- Temblores.
- Depresión.
- Insomnio.
- Convulsiones, fenómeno que apareció como una gran rareza.
- Náuseas.
- Epigastralgias.

Pero unos niños las presentaban y otros no.

Su efecto terapéutico sobre los otros medicamentos usados en Trastorno de Déficit de la Atención era menor, pero muchos niños mejoraron su capacidad de focalizar los estímulos y sus capacidades para resolver problemas y podía potenciar los efectos de los otros psicoestimulantes, en algunos casos pues había otros en los que el café parecía tener un efecto antagónico con los otros medicamentos.

Pero lo que sí era cierto es que había una gran variabilidad individual para la presentación de los signos y síntomas de efectos adversos, al igual que en relación con su intensidad.

En comparación con el resto del arsenal farmacológico para el tratamiento del conjunto sintomático, la cafeína era la menos eficaz, en la mayoría de los niños pero las que la recibieron experimentaron una mayor capacidad de focalizar su atención, cuando de resolver problemas se trataba, al igual que mejoraron sus habilidades para darles solución.

Por ello, John Carlson, quien ha estudiado el metilfenidato, la atomoxetina y la cafeína en el manejo de estos niños ha concluido que la acción de la xantina del café no está clara y que se debe consultar al médico si es una substancia que debe brindársele o no al sujeto que padece el síndrome de Trastorno de Déficit de la Atención con o sin Hiperquinesia.

Néstor Szerman, en su presentación ¿TDAH en la adolescencia? 50 preguntas orientativas para reconocer y tratar el TDAH, plantea que en adolescente con abuso de cafeína, incluida en la que hace parte de los ingredientes las colas, atenúa déficits cognitivos, por ser un estimulante, mediante, el cual, los sujetos se automedican su Trastorno de Déficit de la Atención con Hiperquinesia, lo que puede llevarlos a abusos de consumo de cafeína.

Los neuro pediatras J. L. Herranz y A. Argumosa registran: La cafeína sólo condiciona una ligera mejoría de la atención y en pocos niños, por lo que se recomienda en aquéllos en los que es evidente ese efecto y que no rechazan tomar café para desayunar.

La cafeína y el té se pueden usar como tratamientos naturales por su capacidad de mejorar la concentración de la atención pero los naturistas recomiendan no tomarla en demasía, ya que su efecto puede durar hasta ocho horas y se puede tener problemas a la hora de irse a dormir, al ocasionar dificultades para la conciliación del sueño si se toma muy tarde; también advierten de su efecto deshidratante, junto con otros efectos secundarios indeseables si se toma en exceso, hasta el punto de producir cuadros semejantes a las esquizofrenia (Schizophrenia-like Syndrome).

El propio Néstor Szerman, coordinador del Comité Científico de Patología Dual, habla del caso de una psicosis inducida por cafeína, a raíz del reporte presentado por D.W. Hedges y cols., en el que un hombre desarrolló una cuadro psicótico crónico, desencadenado por la gran ingesta de café, la cual desapareció una vez el consumo disminuyó.

Szerman lo trae a colación a raíz de una discusión en torno al papel de los estimulantes como desencadenantes de cuadros psicóticos, en casos de patología dual, a pesar de que la cafeína no se considera una droga psicoactiva, lo que hace que se infravalore el consumo de ésta en el tratamiento de casos de patología dual puesto que realmente la cafeína es una substancia psicoactiva, muy usada en el mundo, que presenta un bajo potencial de abuso, por lo que se considera una droga atípica, a pesar de que se sabe que puede causar dependencia física, que incrementa la actividad motora, el estado de alerta y disminuye la fatiga, sin que se conozca demasiado su efecto en los cuadros de ansiedad, de agitación, de agresividad e, incluso, en la clínica de la psicosis, gracias al aumento de los efectos dopaminérgicos.

Lo real es que la metilxantina presenta muchos efectos farmacológicos, que se ligan al antagonismo de la adenosina, modulador del sistema nervioso central, inhibidor de la liberación de serotonina y dopamina, inhibe las fosfodiesterasas y aumenta la liberación de calcio de los depósitos intracelulares.

También actúa sobre los receptores de las benzodiacepinas e inhibe el metabolismo catecolaminérgico y la fosfodiesterasa.

La cafeína, en términos generales, es bien tolerada pero puede asociarse a cuadros psiquiátricos como la depresión, aunque no se ha podido esclarecer si el consumo se debe a automedicación, para controlar los síntomas depresivos o si tiene un efecto causal de ellos. De todas formas, esa observación, de un mayor consumo entre deprimidos, demuestra que esa substancia natural tiene acción sobre el estado de ánimo.

Así, un hombre de 47 años, aparentemente sano, sin antecedentes personales psicóticos, empezó a hacer un cuadro clínico con ideas delirantes y autorreferenciales de corte paranoide, que se fue instaurando de una manera insidiosa en un período de siete años, en el que fue incrementando la ingesta de cafeína de doce tazas a treinta y seis al día. El cuadro se acompañaba de depresión y ansiedad por lo que seguía un tratamiento con paroxetina, alprazolam y clonazepam.

En el momento en el que se detectó su psicosis, el paciente presentaba también un marcado déficit de atención, que él declaraba que lo había acompañado durante toda su vida, lo cual lo desorganizaba, por sus continuas distracciones y olvidos, cosa por la que jamás consultó.

Se priorizó en el tratamiento la reducción de su ingesta de café, que el paciente pudo asumir con ayuda de su mujer y, dos meses más tarde, sólo bebía dos tazas al día, con la desaparición total de la fenomenología psicótica.
Los autores vieron en este caso, a un hombre que se automedicaba su Trastorno de Déficit de Atención con Hiperquinesia, con la xantina cafetera, substancia que había desencadenado su psicosis y aún era posible que antes hubiesen desencadenado su cuadro ansioso-depresivo.

Aunque se trata de un solo caso, éste puede volverse paradigmático, para continuar investigando en esta línea, ya que también se han diagnosticado cuadro de psicosis agudas desencadenadas por café.

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