miércoles, 23 de mayo de 2012

Crítica literaria: “Los días de Alejandría”, de Dimitris Stenfanakis

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Dimitris Stenfanakis
Los días de Alejandría
Traducción de María Méndez
Editorial Lumen

Los días de Alejandría inicia su andadura dentro de un pintoresco y variado abanico de personajes que van aireando con suave brisa el panorama en las vísperas de la Gran Guerra de Europa, aquella que inició una sucesiva tragedia, la que pausadamente, con el sigma de las grandes barbaries, llevaría a otra segunda guerra mundial produciendo las dictaduras más crueles conocidas en el viejo continente hasta mucho después de la Segunda Guerra Mundial. La historia concluye justamente cuando Nasser el ideólogo y jefe de Estado egipcio lleva a cabo la nacionalización de industrias y bancos y los enfrentamientos con Israel. Los protagonista de esta narración entre la ficción y mucho de real palpitante, ocupa 714 páginas de amena lectura, logrando una obra espléndida a la que no le sobra nada, manteniéndose dentro de un nivel justo desde su comienzo hasta el final, conducida por ese joven griego que arriba a la embrujadora y fabulosa ciudad de Alejandría en busca del éxito en el mundo de los negocio y la alta sociedad.

De manera posible lector, no lo dude, si le apetece leer la vida de una saga familiar que discurre entre ciudades de diversos países y continentes, donde no queda nada que mostrar y darle vida bajo la batuta patriarcal de ese joven griego a la vez que gana en madurez y alturas en la ciudad donde vivía su compatriota y mágico poeta Kavafis, Konstantin (1863-1933), “Pide que el camino sea largo. Que sean muchas las mañanas de verano en que llegues, ¡con qué placer y alegría! , A puertos antes nunca vistos” Los retratos son exquisitos, los placeres de tan alta burguesía emprendedora y culta, clasista y derrochadora en los más finos gozos, por encima de ese mundo en plena agitación como fue el siglo XX. Pero nada, interrumpió, se opuso, a sus ansias de poder, al placer de lo más refinado sin importar el derroche, la cuantía del costo. Al que se suma la gran fortuna de su mujer, paradójicamente cleptómana, apasionada coleccionista de las más codiciadas piezas del arte y la cultura egipcia.

En Alejandría con espíritu, capacidad creadora y la finura helena de los siglos para el buen trato, Andonis Járamis logra crear un importante imperio industrial con la fabricación de los famosos cigarrillos egipcios. Todo un poder cuyos beneficios dan para las exigencias a todos los apetitos que su corte familiar quiere. Amante de finos gustos y placeres, hijos exigentes y dilapidadores ajenos a la realidad desde las alturas de la variedad y amplitud de vida desde la sociedad clasista y sus diferentes culturas. Y a su sombra el nacimiento en Europa del nacional socialismo hitleriano, al que los dos hijos del magnate que disfrutan de los placeres del Berlín y Munich de los años veinte, se adhieren con devoción a participar, porque “La perversión va siempre más lejos que la imaginación. La sensación de superioridad que procura el vicio se alimenta quizá más de placeres engañosos, pero el espíritu que se entrega a ello siente una necesidad compulsiva”.

Desde estos ámbitos y hábitos el narrador nos va introduciendo en esos mundos por el que desfilan los más afamados y variados personajes que, junto al velado transfondo de la lírica de Cavafis, van pasando por la historia. Personajes tales como Sarah Bernhardt que hace publicidad de los famosos cigarrillos egipcios con los que el magnate provee al ejército inglés, sutil ejercicio comercial y político de te vendo a cambio de. .. El peso de Thomas Mann y su abrumadora testificación literaria con La montaña mágica. Las estrechas relaciones de Kotis el hijo mayor de Járamis con Rudolf Hess y los excelentes servicios que por su admiración le presta al personaje y la causa, hasta formar parte de tan fanático mundo, en lo más enloquecido y envolvente de las transformaciones que vive Europa y que, como no existen hechos aislados, también se padecen y conmueven en Grecia y Alejandría, la ocupación, la resistencia, los nacionalismo, la persecución a los griegos, en Panarabismo de Nasser. Mundo desmesurado pero real el donde no falta la sombra de Rommel convertido en el “amo del desierto”, sombra y realidad que representa “la llegada de los bárbaros”.

“Hay ciudades que se nos recuerdan a una mujer inteligente y hermosa: fascinante, imprescindibles, a menudo peligrosas, piden que alguien cuente su historia, evocando no solo los hechos sino también el sabor de su piel” Y en esta evocación de deseo que escribe Cavafis, también se halla la miseria de los pobres, incluso esa estampa cruel semejante a la que actualmente vivimos acoge a “los pobres diablos que vienen del extranjero, de tan lejos. Son la mano de obra barata!” Que cuando las cosas van bien se reciben, pero que cuando “llega la temporada de las vacas flacas, los abandonamos a sus tristes suertes” aunque revienten.

Dimitris Stefanakis, un autor griego que se inició en la literatura traduciendo a autores de la talla de Bellow y Updike, ha ganando en Francia con esta envolvente novela el Prix Méditerranée a la mejor novela extranjera, un galardón que recibieron, entre otros, Umberto Eco y Amos Oz. La novela bien traducida, no obstante, es necesario señalar que su traducción no viene directa de la lengua original sino de la versión francesa.

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