jueves, 31 de mayo de 2012

Hay cosas que nunca van a cambiar

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Sé que vos y yo somos muy distintos. El medio en que vivimos y nuestro sentido de la vida, todo, todo nos separa.

Sin embargo te quiero lo mismo. A pesar de las diferencias, a pesar del profundo, infinito abismo, aunque sea tu contacto me causa placer, me calma, me alivia, me da paz.
Es que yo sé, estoy seguro, que aunque parezcas tan lejana, transparente, fría, viviendo en tu mundo, yo sé, estoy seguro que mi contacto, mi presencia, hacen vibrar alguna fibra, algún circuito de tu sensibilidad comienza a temblar, que en lo más profundo de tu ser está, tiene que estar, el recuerdo de cuando los dos éramos uno.

Por eso no me importa, yo sé que me querés mucho, estoy seguro, seguro, como te quiero yo a vos. Sé que sentís mi amor cuando te tomo entre mis manos, te levanto, te acerco a mi mejilla. Te siento húmeda, vibrante, temblorosa. Y me doy cuenta, pese a tu silencio, que lo que entonces cae por tus filamentos no es agua. Son lágrimas.

No, no quiero dañarte. Por eso te pongo nuevamente en el frasco, te devuelvo a tu mundo, te dejo en tu líquido, flotando, tranquila. Sé que con eso no te daño, es un tiempo pequeño, un poquito nomás en que necesito sentirte junto a mí, saber que estás conmigo, tenerte, tenerte conmigo.

No, no sientas que te quiero incomodar o lastimar al sacarte a veces del frasco. Quizá hasta pueda parecerte egoísta, pero sé que te das cuenta que es porque te quiero y te necesito.

Yo sé que te das cuenta que mantengo tu PH con amor, que te cambio el agua como corresponde, que cuido siempre la temperatura, que me desespero por conseguirte el mejor plancton.

Yo sé, mamita, que nos queremos mucho, estoy seguro, mamita querida, estoy seguro que me querés mucho porque las madres quieren mucho a sus hijos, porque hay cosas que nunca van a cambiar.

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