jueves, 17 de mayo de 2012

La gran confusión en torno al matrimonio, boda, casamiento, unión civil y otros

Enrique Campang Chang (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hay mucho ruido y confusión en torno al tema del matrimonio, sobre la vigencia, su función, problemas, quienes pueden o no contraer; que es boda religiosa, civil, para eso es necesario hacer unas aclaraciones ya que casi nadie está manejando los términos correctamente, desde Barak Obama, las Iglesias ni los grupos interesados.

Para empezar, origen está en la asimetría de la reproducción de los humanos y provoca que la carga física y mental sea más fuerte en la mujer y menor en el hombre, lo que le permite acumular patrimonio en forma de productos agrarios, ganado, tierras o riqueza. Siendo esto el origen de la desigualdad económica y social. Para unos el simple reconocimiento de diferencias entre hombre y mujer resulta ser políticamente incorrecto.

Matrimonio es una unión que surge desde tiempos antiguos en que la mujer obtiene un reconocimiento público a la maternidad, e implícitamente de un apoyo patrimonial parte del hombre a la crianza. Existiendo muchas formas de relación en otras culturas.

A la madre por si sola le es muy difícil la crianza, sin un acuerdo solidario que le de protección material, que en este caso surge de acuerdo económico que da origen a la familia en que se une la maternidad de la mujer y el patrimonio del hombre (Engels). La maternidad fuera del matrimonio ha sido causa de estigmatización e insulto. Así como la obligación patrimonial a la maternidad es motivo de fuertes disputas en los tribunales.

Junto matrimonio trae posteriormente entendimientos en las relaciones sexuales, emocionales, económicas, morales, culturales y jurídicas, cosa que no siempre se dan. En hombre comúnmente piensa en derechos sexuales y la mujer en derechos económicos. El acuerdo matrimonial debería ser meditado, negociado, con la intención de cumplimiento; siempre ha presentado altos índices de conflictividad, por tomarse a la ligera.

El matrimonio religioso es la celebración de la unión de personas ante Dios, elevado a un sentido sacramental; y se espera que se le tome en serio. Cada religión dispone sus normas, condiciones para su celebración; la norma religiosa es moral que puede coincidir con las normas jurídicas y otras no; como el sexo de los contrayentes, edad, disolución. Muchas culturas celebran el matrimonio en grande porque la mujer está lista para la maternidad y el hombre en capacidad de formar patrimonio económico.

Las normas de la religión y la cultura por efecto de la costumbre no son universales, pueden ser arbitrarias; establecen sus reglas para el que se acoge a su ámbito; pero no es aplicable a todos. Hay limitaciones en las reglas religiosas, ni se deben imponer a la fuerza.

Esto es el meollo del debate actual, si las personas del mismo sexo pueden contraer “matrimonio”, dentro del término que implica maternidad y patrimonio, entonces, es etimológicamente incorrecto; se puede utilizar el término unión civil jurídica. No puede haber matrimonio entre personas del mismo sexo porque no va implícita la maternidad; es cuestión de usar bien lo términos, que por fuerza de la costumbre se usan incorrectamente. La insistencia es esto es necedad.

Para justificar la norma o la ley dentro de la ética, debe existir un razonamiento riguroso que va a producir beneficio o evitar daño; y sobre todo no puede basarse en prejuicios; en la norma moral este planteamiento puede ser casuístico, subjetivo o relativo basados en la tradición; las religiones y culturas no siempre fundamentan las normas sobre análisis rigurosos y formulan prohibiciones donde ya no existe razón de mantenerlas, como la prohibición de comer carne de cerdo o la discriminación contra la mujer.

Así se dan las prohibiciones de matrimonio, alimenticias, de género o de vestir, sobre todo entre los judíos, musulmanes o cristianos fundamentalistas. Unos estados sustituyen la ley civil por la norma religiosa como el caso de las repúblicas islámicas en que se aplica la sharia

En el plano religioso o cultural las relaciones entre el mismo sexo pueden ser rechazadas, es su potestad; pero si los contrayentes en su relación sentimental se acogen al plano jurídico para obtener beneficios de herencia, impuestos, seguros, pensiones residencia etc., están en su derecho, si hay evidencia de más beneficios que de daños.

Es una polémica que no debería existir, si cada quién manejara correctamente los términos, pero una cosa se mezcla una con la otra; solicitan derechos legales a instituciones religiosas, o limitan derechos del plano civil por la norma religiosa. No se define el contexto, los alcances y limitaciones de cada tipo de unión.

Unas relaciones sexuales, amorosas, económicas no se acogen al fuero público cultural o religioso por mantenerse privadas, ni solicitan reconocimientos públicos; nunca celebran matrimonios o bodas ante la fe, la sociedad o la ley. No gozan de la aprobación pública, pero se liberan de las censuras morales.

La solicitud de derechos civiles o sexuales a instituciones religiosas conservadoras es difícil como pedirle peras al olmo; como dice el Evangelio “al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”. Se deben marcar mejor las competencias del Estado civil de la religión. Hay un traslape en el caso de matrimonio.

Hay falta de claridad en el análisis de los sistemas religiosos, emocionales, legales o sexuales, cada sistema tiene su dinámica particular con sus coincidencias y diferencias. (Enfoque Multisistémico, E. Campang 1991). La mezcla accidentada de los sistemas religiosos, sexuales y jurídicos produce estos debates estériles.

La coincidencia del análisis legal con la postura religiosa no siempre se da en muchos aspectos; el problema deriva de la poca comprensión y análisis sereno de cada postura.

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