jueves, 10 de mayo de 2012

Las hojas del sótano

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Entré.
Cerré la puerta.
Me senté en el living.
Abrí el sobre que contenía cuatro hojas.
La primera comenzaba diciendo:

“Yo me llamo Dora y le debo agradecer este refugio a Marisa Alonso una de las nietas del dueño de este chalet.
Ella ha sido amiga desde la infancia de Sebastián Guerrero.
Por lo menos eso es lo que creí hasta que la misma Marisa me explicó porqué, yo, estaba aquí.
Y, Sebastián Guerrero es…
¿Cómo debería decir?
¿Mi pareja?
¿Mi comandante?
¿Mi ex -compañero?
Recuerdo, mientras trato de definir mi relación (¿finalizada?), que Marisa y Sebastián han sido vecinos desde la infancia.
En unos de los sectores de la mansión, vive Marisa con su mamá, Soledad Quintana viuda de Ramón Alonso, fallecido, en una avalancha de público producida, en la Cancha Colón durante un partido de fútbol.
Comentándomelo, una noche, Sebastián me dijo.

_ ¿Podés creer? ¡Morir en un polideportivo Colonista y ser fanático de Unión!

Aunque yo soy cordobesa, dado que mi residencia santafesina es de seis años, sé que la rivalidad entre colonistas y unionistas es legendaria.
Pero me estoy disgregando en situaciones banales y no le doy el valor y el riesgo que supone, para Marisa Alonso Quintana, el refugio que me brida. Aunque, debido, indirectamente, a su amistad con Sebastián cuyo alias de guerra es Comandante Chino, a quien yo conociera el mismo día de mi ingreso en la Universidad Nacional del Litoral, para estudiar abogacía.
A los tres meses vivíamos juntos en la casa de otro camarada y su pareja.
La militancia revolucionaria, para mi criterio snob, le daba al Comandante Chino una aureola de heroicidad que me subyugó y caí creyendo que ascendía al nivel de heroína libertaria.
Para Sebastián el E.R.P. era su razón de ser.
A esta altura, no pretendo invocar mi inocencia, que no era tal, pero sí una dependencia absoluta a las decisiones que él tomara.
Yo respiraba, pensaba y militaba por amor al Comandante Chino.
El Comandante Chino respiraba, pensaba y militaba sólo por la Lucha Revolucionaria del Pueblo.
Yo sólo fui una soldado en el ejército comandado por él.
Fui un medio para un fin.
El romanticismo corrió por parte mía, la causa de parte de él.
Son ironías de la vida, del amor idealizado y de los pies de barro.
Lo veo más claro que nunca, ahora que estoy en un refugio bajo tierra donde no me llega la luz del día.
Cayó la venda de la dependencia miope que por seguir a uno, arriesgué a muchos otros: familia, amigos, vecinos.
Estoy tan segura que no nos veremos más como que ya me olvidó.
El estaba en mi vida, yo, sólo en sus planes, no en su vida.
Es evidente que la soledad, el silencio de un sótano, han aclarado mis ideas.
El abogado que me trajo la noche del sábado y me presentó a Marisa, se llama Llerena.
La misma noche que llegué, Marisa bajó conmigo.
Yo la había visto, anteriormente, una sola vez, de refilón, cuando en una Asamblea en la Universidad se acercó a Sebastián que estaba (como siempre) en el estrado, exhibiendo sus cualidades dialécticas y de líder.
En esa oportunidad, le tuve celos a ella y le adjudiqué todas las “cualidades” de niña rica rebelde sin causa.
Pero mis deducciones fueron equivocadas.
Frente a mi estaba una muchacha sencilla, de pelo corto, sin maquillaje, vestida como una estudiante cualquiera.
_ Nunca nos presentaron- me dijo con una sonrisa- pero a vos te tengo presente porque siempre acompañás a Sebastián.
_ Sí, el me comentó que ustedes fueron vecinos en la infancia.- contesté.
_ Y, algunos años de la adolescencia , confirmó..
Haciendo una pausa, me invitó a sentarnos y continuó:
_ Ahora yo estoy militando también, pero no en la misma ruta, - se sonrió- bueno, corrijo, voy por otro sendero pero es la misma ruta. Un día llegaremos juntos los monto y los erps. A este refugio llegaste por mediación del doctor Llerena, no fui yo.
La miré extrañada, y ella siguió explicando:
_ Sucede que yo ofrecí este lugar por seis meses dado que mis abuelos están radicados en Rincón hasta que se efectúe la venta de la quinta que tienen allí. ¡Y mirá que coincidencia! Te tocó a vos, la novia de Sebastián.
Seguidamente me preguntó que ropa necesitaba y si quería enviar alguna noticia a mi familia.
Le agradecí y le di el teléfono de mi madre en Córdoba, convinimos que se le diría que estaba en viaje de estudios con un contingente universitario
Cuando me saludaba despidiéndose, no pude evitar la pregunta:
_ Decime ¿Cómo es que el doctor Llerena refugia a una del ERP en la casa de una Monto?
Marisa sonrió y me contestó:
_ El doctor Francisco Llerena es un ser muy especial y esto lo demuestra. Desde su juventud ha integrado el peronismo. Ahora, si bien no es un monto “activo”, pertenece a los cuadros del movimiento y su misión es defendernos jurídicamente en caso de necesidad. Pero, y aquí te aclaro porqué es un ser especial, dejó constancia que él defendería también a cualquier integrante del ERP, como así también a cualquier organización que surgiera desde la izquierda revolucionaria. Vos no sos la primera de tu cuadro a quién le consigue refugio, aunque no fue aquí.
Recordé que Sebastián me había dicho que, de ser necesario, contaríamos con la ayuda de un abogado santafesino, pero nunca me dijo su nombre.
Marisa se despidió con un abrazo.
Mirándola pensé que ella también era un ser especial.

Me estoy volviendo obsesiva.

Una y otra vez rememoro cuando Sebastián y yo salíamos a la calle en misión: “ Recuperar Armas de la Policía.”

El ERP le había asignado un Citroën que dejábamos a cuadras del “operativo”.
La misión cumpliría doble finalidad:

Provisión de armas.
Debilitar a la fuerza Policial tanto moral cómo económicamente.

Íbamos a los parques, a la costanera o al puerto.
Simulábamos besarnos, abrazarnos o aparentar escándalo moral. Al acercarse el cana, el Comandante le daba un golpe preciso desmayándolo y le sacaba el arma.
Otras veces simulábamos un altercado violento, yo caía gritando y llorando. El cana me auxiliaba pero seguía la misma suerte con el sorpresivo ataque del Comandante Chino.
Una tarde, en el diario local, apareció el identikit del supuesto atacante.
¡Era casi una foto de Sebastián!
La orden fue:
Refugiarse y abandonar la ciudad.

Por eso estoy aquí.

Esta noche, en la vianda, junto a los cubiertos enrollados con la servilleta, había un mensaje:

Necesitamos datos completos para su pasaporte y demás documentos.
La foto ya la tenemos.
Urgente, conteste en este mismo papel.


Abajo escribí:

Dora Trinidad Robles
Lugar Nacimiento: Cruz del Eje-Provincia de Córdoba.
Fecha nac.: 25/ 06/50
DNI: 10.342.342.

Con el número de documento terminaba abruptamente la última hoja de DORA, la guerrillera que se refugió en el chalet.

Páginas de la novela: “El chalet de los Quintana”

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