jueves, 31 de mayo de 2012

Vendedores de ungüentos o recitadores de grasa poética

Daniel de Culla (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Olga y Antonio del grupo Telira (Tertulia Literaria Ribereña y Arandina) nunca absolvieron a Antonio Machado el haberse locamente enamorado de Leonor Izquierdo Cuevas, Soriana de 15 años, y, al referirse a él, me decían: “Machado siempre chocará con nosotros. No nos gusta ni lo más mínimo. Machado fue un pedófilo”.

Yo no sé que ganan éstos que bien ruin andan, pues Machado es uno de nuestros más grandes Poetas; a no ser que se cumplan en ellos los proverbios de Salomón cuando dice: “anillo o argolla de puerco es la Poesía más hermosa”, o que anden a caza de grillos como la raposa que, cuando no haya qué comer busca grillos; y por metáfora es ocuparse de cosas rateras y tener necesidad y andar con provecho.

El vulgo parece que ya cree aquello de que “no hay sábado sin sol, ni moza sin amor, ni viejo sin dolor, ni puta sin arrebol.” Y de tal caldo tal bebida, que como me dicen estos dos amigos tal fue, también, César Vallejo “Paco Yunque”, pedófilo, quien en sus trazas y tormentosas relaciones amorosas puso trabajo y diligencia, acertando y ganando en unas, y saliendo con pérdida y daño en otras.

A Vallejo , que viajó a Europa en el Vapor Oraya con una moneda de 500 soles, “hombre muy moreno con nariz de boxeador y gomina en el pelo”, como le reconoció el escritor César González Ruano, estafador de judíos y asiduo del café Teide en Madrid, donde le conocí yo; a Vallejo, digo, le vino la pedofilia de casta. El nos dejó escrito “ Yo nací un día que dios estuvo enfermo”. “Mis abuelas fueron indias y mis abuelos sacerdotes gallegos”, quienes llegaron al Perú a la caza de la chirlomirla india y la mística pedófila. Entre paréntesis: un tío mío, marista en el Perú, me contaba un día que las mujeres indias venían a la Rectoría a pedir favores y nos ponían el coño sobre la mesa, o nos ofrecían a sus hijos e hijas para que nos cobrásemos la gracia dada.

Por ejemplo: “Mirtho”, Zoila Rosa Cuadra, su apasionado romance de 15 años. El tenía 25; María Rojas Sandoval, su musa en Los Heraldos Negros; Otilia Villanueva, de 15 años, a quien cantó en Trilce; Henriette Maisse; y Georgette Marie Philippart Traver, “la de los abortos provocados”, de 18 años, él tenía 45, y que le sobrevivió a su muerte, dejándole escrito este epitafio en su tumba del cementerio de Montparnasse: “He nevado tanto para que duermas”.

Es casi imposible tocar la sublime materia poética sin arrancar de la historia de la pasión y el crimen de amor a dos hombres del saco o sacamantecas de la época de Vallejo y Machado, enamoradores con mentiras y engaños,” hijo de una bruja en sortilegios de luna llena”, como confesaría uno de ellos, aunque revestidos de diferente modo en las mismas ideas de amor tormentoso y Rebuznante, como lo fueron Ramón Blanco Romasanta, gallego, a quien en su partida de nacimiento consignaron como Manuela, pues creyeron que era niña, y que fue vendedor de ungüento y grasa humana , pues sacaba a las mujeres y niños asesinados a sangre fría el sebo o el unto para después venderlo; y Juan Díaz de Garayo, que usaba las manos y los dientes para acabar con las vidas y comerse los restos.

Estamos limitados por el Amor a un grito, a un clamor ruidoso, a un estrépito; y es muy pequeño el campo poético en que podemos enseñorearnos Glorias se merecen nuestros dos insignes Poetas, sí, aunque pedófilos los dos; Crimen y Castigo (Fiódor Dostoyevski), A los dos sacamantecas, hombres del saco, porque nos han arredrado. Estos, criminales y humanos; los otros, humanos y pedófilos. Y en aquesta materia criminal y Poética Rebuznante despuntaron de tal modo sus talentos.

En 1937, Antonio Machado publicó “La Guerra”, su último libro; “Viento del Pueblo”, Miguel Hernández; “España en el Corazón”, Pablo Neruda; “España, aparta de mí este cáliz”, César Vallejo. Las malas y buenas lenguas que van y vienen de Cabildos a Capítulos y de Consistorios a Congresos han hablado, y muy mal por cierto, de Neruda y del Hernández; que por ellos, como dijo un tal Padre Juan, los canónigos causaron un gran incendio.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.