jueves, 10 de mayo de 2012

Vostok, noticias de la vida

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

No me puedo acostumbrar a la longitud de la llamada. El registro del teléfono me supera. Intento apurarme, para atender, con una aprehensión creciente. Si no llego a tiempo mi desazón aumenta porque asocio al teléfono con no buenas noticias.

Cada uno registra las propensiones creo, con cosas que le han pasado. Y cuando esa mañana del no muy reciente febrero caluroso, con un sol capaz de bruñir metales sólo cuando aparece, ese sonido me sobresalté seriamente.

Era el vasco, que equivale decir obediencia de vida, en mi caso. No muy extenso parlamento en el auricular, pero lo suficiente, para que mi confusión aumentara a grados de histeria.

Yon me alertaba sobre un encuentro que tendríamos con Marcos, que es un “Gran hermano”, buscando reconciliarse con la memoria de su padre, una memoria del PC que supo ganarse el respeto de la gente pero, Marcos, no me parece igual, aunque lo aprecio, muy a mi pesar.

Teníamos una reunión que, según Yon, merecía importancia, me imagino que para él, porque en lo que a mi respecta, no se me mueve un pelo, en realidad y no quiero ser desatento. Por lo tanto me asomo a lo que queda de la mañana dispuesto a gastar en grande.

El cielo de Alejandro Korn, lo reconozco, retiene luz de zafiro que yo no había visto, salvo en La Paloma, curiosamente el otro lugar que tiene sitio vip en mi memoria. Son azules desafiantes y los días ya me han obligado a madrugar a lo largo del año de vida que llevo. La naturaleza, igual que allá, desafía.

En La Paloma hasta la lluvia no entorpece el paisaje y el murmullo del mar esconde rezongos. Aquí, refugiado en la modestia ciudadana, Alejandro Korn, reúne bocanadas de aire puro que duelen en los pulmones, los míos por supuesto, cargados de aspirar aires viciados, y se vieron sorprendidos.

En esa absurda comparación estaba, cuando el Alfa gris, dobló la esquina previa al bache, parecido a una trinchera, que luce agazapado para sorprender a peatones y conductores, sin distinción de raza o religión. El piso de la callejuela está sostenido por piedra gris, más sólida que el asfalto consumado; la marcha del Alfa era sigilosa como su tripulante. La naturaleza que me absorbe, estaba por darme otro sacudón.

El celeste le queda bien y él mejor que nadie lo sabe, debo rendirme cuando lo veo. Al que no vi, redundando, fue a Marcos, pero seguro que lo suyo venía por sus propios medios. A esa altura de su carrera, no me quedaban dudas, pensé envidioso como nunca.

Sin embargo, estaba en lo cierto, un Peugeot azul oscuro, color casi como los que portaban a De Gaulle pensé, llegó con la cautela del forastero. Alejandro Korn no es moco e pavo. Me repetí. El hombre estacionó bajo las palmeras y su saludo tempestuoso fue para el vasco.

- Te traje el sobre con la información aunque ya hay filtraciones, gracioso tratándose de filtraciones – fue su escueto comentario.

Yo, como siempre, estaba lejos de saber en que andaba esa charla, pues no parecía tema para mí. Por supuesto, inequívoco, ese sobre, sobre –valga el juego- su lado derecho ostentaba las famosas banderitas imperiales, azules, rojas y blancas, infaltables.

Marcos se volvió con desgano, se ve que alguna mala postal ocupaba su espacio mental. No obstante cierta calidez en su saludo guardaba rescoldos de tiempos mejores.

Yon es un mago en eso de resolver el almuerzo en tiempo record, primero en aprestos extraídos del baúl del Alfa. Fascinado por el hambre naturalmente, extasiado, presencié el desfile Unas latas de anchoas noruegas, especiales filetes de pejerrey, ajíes rojos como la vergüenza, iban tomando altura a medida que el vasco me ordenaba acercarlos a la zona de fuego, llamada parrilla. Una caja de Flichman de cabernet Sauvignon, blanco, se sumaba discreta a la acumulación, se las ingenió para dispersar otros sabores,
nacidos de urgencias diferentes y me indicó que leyera, en voz alta, mientras él preparaba la razón de mi vida, el almuerzo.
“Vostok: noticias de la vida
Rusia trata de obtener una certeza sobre al origen de la vida en la Tierra si llega a través de sus perforaciones, al lago subterráneo más antiguo del mundo en la ártica historia de Vostok.

El lago Vostok es un lago sub glacial ubicado debajo de la base Vostok rusa, a 3.748 m bajo la superficie de la placa de hielo central, aislado del exterior y protegido de la atmósfera.

Se supone que ese blanqueo hasta hoy imposible, permitiría que hasta treinta millones de años de evolución pudieran evaluarse en las aguas de la reserva, ubicada a una profundidad de 3.750 metros.

Los inicios reconocen a Andrei Kapitska prioridad en el tiempo previo a su posible dilucidación. La estación según los rusos inicia en 1959 las primeras investigaciones y en la década del ´70 investigadores del Instituto de Minería de Leningrado oficializan la tarea en el lago subterráneo que se sitúa entre 600 y 1.200 metros de profundad y una extensión estimada en 1.300 kilómetros. Alberga, se supone, 6.350 kilómetros cúbicos de agua dulce, actividad que reconoce inicios para 1989

La comunidad internacional encabezada por EE.UU. e Inglaterra cuestionó los métodos rusos, por contaminantes, para 1998.

Misiones combinadas por los países sajones, perforaron en otros sitios árticos, sin la relevancia alcanzada por los rusos. En 2001, se reactiva todo. Estableciendo por cada 500 metros perforados la obtención de una capa de hielo que podría contener la información de unos 23 mil años, estimándose que a tres mil 700 metros, se obtendrían 400 mil años de historia que legan a la ciencia, esta investigación. El Vostok puede responder por millones de años que permitiría pronosticar los cambios ecológicos y otras fenomenologías..

Se estima que diciembre sería la fecha de los estudios, sus resultados se verán luego, pero esta posibilidad para la humanidad, sucede mientras Occidente, en especial Estados Unidos, busca anular el status de reserva ecológica del continente blanco”.

Uno de los fundamentales interrogantes es si se encontrarán restos de los primeros pasos de la vida en la Tierra o si esta regalará un hueco estéril para desairar a la humanidad que busca saber sus orígenes”

No soy un buen orador, ni siquiera lo pienso, por lo tanto mi garganta estaba seca, pero no por la emoción, sino por un largo parlamento que tampoco me convencía demasiado.

Decidí, por lo tanto, cortejar a la parrilla montada hábilmente por Yon sobre una torre de ladrillos huecos sin uso pero de buen servicio, el paisaje dorado que ofrecían los filets crepitantes, era más conmovedor que el destino del agua, que pasa y se pierde y esta todavía no lo ha hecho, sólo porque debaten como llegar a ella.

Por lo tanto acepté que Marcos, me alcanzara -para empezar- un jugo de naranja con vodka, dentro del hielo granizado, para estar a tono, y antes de preguntarle que quería con este informe, le guiñe a Yon mi tácito distanciamiento, de sus elucubraciones. Decidí darme una bocanada de gracia.

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