jueves, 31 de mayo de 2012

Zapatos de Oriente

Rafael Plaza Veiga (Desde Madrid, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Desde anteayer adoro a los zapatos de Oriente.
Cuando un tipo de Irak los lanzó sobre ti.
Desde hoy lo prosaico se me ha hecho poesía,
se me ha hecho un arma cargada de futuro.
Poesía para el pobre, poesía necesaria
como dijo Celaya, poeta incomprendido.
Dos zapatos lanzados por un iraquí con ira,
que se han convertido en el ícono del año,
en altar de Internet, en éxito de ventas,
dos pájaros heridos que clamaron al cielo
cada zapato hablaba como hablan los muertos.
Uno dijo "¡perro!", el otros "¡miserable!"
Lanzados al cerebro más vacío del planeta,
un cerebro cobarde que huye de las balas
mientras arroja bombas a los pueblos sin pan
un cerebro arrogante del que el zapato huye
para no resbalar en la sangre del pobre
millonaria sangre de millones de muertos.
Un tirano cobarde que agacha la cabeza
frente al grito sin aire de unos pies descalzos
frente al grito inocente de un niño sin mañana
frente al horror sin ojos de unas madres de negro
de marines sin lápida, de insurgentes sin tumbas,
frente a las falsas armas de destrucción masiva.
Perro no, que los perros mueren por sus amos.
Pero sí miserable, y falaz, y asesino,
cobarde hasta la risa que agachas la cabeza,
cobarde firmador de condenas de muerte
desde un Despacho Oval donde escuchas a Wagner
mientras el pueblo sangra a cambio de petróleo.

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