miércoles, 13 de junio de 2012

Al encuentro de Armando

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Como siempre, en la calle de los Cielos, nadie me mira porque no soy una alienígena.

Soy como ellos pero tuve la mala suerte de nacer en el otro lado, en el Eje del Mal, no obstante que un energúmeno ex presidente del Gran Imperio consideró que el Eje del Mal estaba en todas partes , menos donde lo debió descubrir porque estaba y está en su propio país que ya no es precisamente un Estado sino una sociedad integrada por corporaciones millonarias, poderosas, que con distintos lobby dominan al Congreso, corrompen a los políticos, jueces y al Ejército que por ley debería defender las fronteras pero hace años que se ha mercantilizado, saliendo al exterior invadiendo países con guerras inventadas o pretextadas. Repartiéndose, entre sus secuaces, el botín de guerra. El miedo provocado ha infantilizado a los habitantes del imperio que creen en los enemigos inventados por los militares que a su vez conforman una élite de privilegiados del terror.

Por ejemplo, cuando en la guerra contra IRAK, la llamada ABU GHREIB era una famosa cárcel donde se torturaba y mataba a los disidentes del gobierno de Saddam Hussein, pero cuando ésta pasó a depender del ejército norteamericano, allí, en esa misma cárcel que conservó mismo nombre; torturaron y violaron a civiles iraquíes filmando sus horrendas torturas.

Un artista plástico Fernando Botero pintó varios cuadros que se hicieron famosos pero en el país del Norte no se permitió su exposición aunque quizás tampoco Botero quisiera que se expusiera mientras siga la bestial beligerancia tal como lo dispuso Pablo Picasso con su GUERRNIKA hasta que no estuviera Franco en el poder.

¡GUERNIKA!

¿Qué me dirá Armando Pérez Reverte?

¡GUERNIKA!

Solo recuerdo que algo me dijo pero con mi sorpresa de tantas revelaciones juntas, ahora no puedo precisar que explicación me dio.

Sigo caminando con el sol acariciándome y con mis pensamientos a cuestas.

Miro alrededor.

Una pareja me cruza sacando fotos ella y filmando él.

Van caminando, alegres, despreocupados.

Llego a la esquina del bar.

Hay algunas personas sentadas comiendo o bebiendo, pero a Armando no lo diviso.

Movida por un impulso, entro y miro alrededor pero tampoco distingo a quién busco.

Me acerco al mostrador, donde dos empleadas atienden a las mozas con sus pedidos.

- Buenas tardes, tengo entendido que el señor Armando Pérez Reverte viene aquí asiduamente- digo improvisadamente.

Como respuesta, la empleada llama con voz alta:

- ¡Carmiña, ven que aquí preguntan por don Armando!

Viene Carmiña a mi encuentro y me dice:

- ¡Por fin señora! ¡Que tenía yo temor de perder o ensuciá esta misiva! - me dice al tiempo que hace un gesto de buscar en la pared que está atrás del mostrador y que tiene papeles, fotos y varios objetos colgados, mejor dicho pinchados con llamativos alfileres terminados en madroños.
-
Mientras busca, noto que los madroños son de distintos colores y, cuando ya su mano se detiene en uno de color verde que pincha un sobre, se vuelve hacia mí y pregunta:

- ¿Me podrá decir usté su gracia por favó?

- Estela – digo con un hilo de voz.

- Sí, no tengo necesidá de lerlo porque casi ha gastao su gracia el señó Armando preguntando por usté.

- Carmiña se da vuelta otra vez, saca el alfiler con el madroño verde y dice:

- ¡Pués aquí tiene señora ESTELA, un poco más y teníamos que darle algo pa merendá al pobrecico pinchao desde hace días!

Lo tomo ansiosa, le doy las gracias y salgo a la calle.

Camino nerviosa.

Me detengo un la plaza.

Me siento en un banco.

Abro el sobre y comienzo a leer.


Páginas de la novela “ANTES Y DESPUES DE GUERNIKA”, de próxima publicación.

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