miércoles, 20 de junio de 2012

“Al oeste de la noche”, de Beryl Markham

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Al oeste de la noche, de Beryl Markham
Prólogo de Martha Gellhorn
Libros del Asrteroide

Amó con dulzura maternal a los caballos, ese animal noble que tanto cariño, ternura y admiración se merece. Por que en artes iguales, igualmente fue madrina y poeta del aire, con él mantuvo amores flotando con sus aviones en el espacio. Y todo aquello, fue en un tiempo donde la mujer era poco más que un juego y placer entre hombres, aunque eso sí, individualmente no fueron pocas las que marcaron un hito en la historia. Escribió Hemingway: “¿Has leído el libro de Beril Markham, Al oeste del corazón. Llegué a conocerla bastante bien en África y nunca había sospechado que pudiera y quisiera ponerse a escribir excepto para hacerlo en su diario de vuelo. Pero lo ha hecho, y también, tan maravillosamente bien, que me avergüenzo de mi como escritor. Me he sentido como un simple carpintero de las palabras?”. No creo que mintiera el autor de Las verdes colinas de África, por la sencilla y honesta cuestión de que como amaba tanto a África y la caza mayor, con la lectura d este libro reconoció el delicioso contenido de este libro.
Beryl Markham, una de las mujeres pioneras de la aviación en esta crónica novelada narra sus aventuras. Amante de las praderas de África por tierra y aire, también apasionada con los hombres, entre los que posiblemente no faltara un príncipe, digamos, de igual forma que también fuera rival de Isak Dinesen en esto de las pasiones amorosas, aunque en esta historia esta figura seductora y fascinante oculte con nombres no propios caballeros protagonistas de historias sentimentales, dentro ese mundo elitista apasionado (como cierto rey español en tiempo de crisis) con el que compartía tiempo de ocio entre la corte de Saint James y los safaris en Kenia.
Lo que no resta valores al esforzado y arriesgado trabajo de aventuras viviendo momentos difíciles los cuales logró vencer con una voluntad y carácter envidiable, formado desde muy pequeña fruto de ir fundiéndose, forjando su propia personalidad, ella misma en una especie de mezcla explosiva de un continente por entonces inexplorado (África) y que ella supo conquistar, enamorarse de de él con una actividad que fue sumando conquistas, valores y aventuras. Se discute si fue ella quien escribió sus memorias o simplemente fueron dictadas. Lo concreto es la calidad y lo que se cuenta en la obra.
Nada importa para quienes solo deseamos leer un buen libro y este lo es con abundancia comedida, con exquisito estilo vivo y de acaparadora lectura, donde la poesía irrumpe de forma natural en este “retrato episódico que abarca unos treinta años de su vida en África, desde la infancia a 1936, de esta mujer asombrosa”. Cautivadora y lírica para describir un espacio natural visto desde el aire o la figura de un “zaino ni castaño ni alazán. Se le veía vacilante contra el fondo de aquellos parajes ajenos: un semental esbelto bañado por La luz del sol con una pátina de otro cobrizo” Y ella misma, protagonista de tantas sensaciones, ya al final de esta historia, escribe como se puede “vivir toda una vida y, al final de la misma, saber más acerca de otra personas que sobre una misma. Aprendes a observar a otros, pero nunca te observas a ti que andas debatiéndote en la soledad”.

Markham nació como Beryl Clutterbuck en Ashwell, condado de Rutland, Inglaterra hija de Charles Baldwin Clutterbuck y Clara Agnes (Alexander) Clutterbuck (1878–1952).1 Tenía un hermano mayor, Richard Alexander Clutterbuck (1900–1942). Cuando Beryl tenía cuatro años de edad, la familia se mudó a Kenia, que en ese momento pertenecía a África Oriental Británica compraron una granja en Njoro cerca de Great Rift Valley. Aunque a su madre le desagradaba el aislamiento y finalmente regresó a Inglaterra, Beryl permaneció en Kenia con su padre y tuvo una infancia atípica, durante la cual jugó y cazó animales con los nativos. En la granja familiar desarrolló cariño por los caballos y aprendió mucho sobre ellos. Ya de adolescente, se convirtió en la primera entrenadora de caballos mujer con licencia del país.

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