miércoles, 6 de junio de 2012

Buscando una Coca loca

Chara Lattuf (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En estos días el tiempo aquí en el trópico está alterado, ya no se sabe cuando comienza el verano o el invierno, lo que sí se nota es una lluvias pertinaz que alborota los recuerdos y limpian la ciudad. Mientras tanto disfruto tomando una Coca loca, viendo a través de la ventana unas inmensas gotas que rebotan en el vidrio. Me alejo unos pasos y tengo a la vista el cuadro aún no culminado, tan solo algunos trazos reflejados en colores que guían una silueta en la pintura. Trato de concentrarme pero el sonar desde el teléfono celular desvía mi atención, solo para ver en la pantalla las ofertas no cumplidas de la compañía telefónica, de regalos que buscan despertar los sueños consumistas del usuario. Solo camino unos pasos y me encuentro con los periódicos que serán leídos durante el día y la computadora que aún permanece activada, con mensajes por leer en el correo electrónico. Dejo a un lado de la mesa la botella vacía de Coca loca y por un momento me preguntaba el por qué de esa adicción a esa bebida; tanto así que estoy más pendiente de comprarla en el supermercado por caja para asegúrame que tenga lo suficiente; mientras que a veces olvido buscar en algún comercio los colores que me faltan para terminar mi obra. En eso ando, me distraigo consumiendo cuantas cosas ofrece el mercado del entretenimiento y eso hace que me aleje de eso que alimenta mi espíritu y creatividad: la pintura. Para no caer en un conflicto, estiro mis piernas y me dirijo a la sala; me acuesto en el sofá y enciendo la televisión, comienzo a cambiar los canales con el control remoto, una y otra vez se suceden imágenes en la pantalla, sin detenerme a ver alguno. Abro una nueva botella de esa bebida energética y en un largo sorbo observo, al inclinar la cabeza, que aún sigue lloviendo y comienzo a sentirme relajado; tranquilo. Lo bueno de esta Coca loca es que te hace sentir bien y quienes la consumen no están siendo perseguidos por la policía y la puedes tomar tranquilamente en las calles. Ya cuando casi me quedo dormido en el relax del cuerpo reposado al mueble, escucho que las cerraduras en las puertas cedieron y solo se escucharon luego las llaves y al unísono de las voces de mi esposa e hijas que dicen ¡llegamos!; eso se escucho como un grito de guerra; o tan solo era volver a la realidad.

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