miércoles, 20 de junio de 2012

Comuna obrera

Chara Lattuf (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Se escuchan voces por todos lados, consignas, palmadas que recorren la fábrica y una voz que sale del sonido de un parlante: ¡Atención!, por favor, un momento; debemos comenzar. Solo así los obreros recuperaron la calma y se sentaron a lo largo de una hilera de máquinas, con soporte, en el área de producción.

¡Llegó la hora!, dijo Rafael Ramírez, un dirigente sindical, quien parecía masticar el tabaco que llevaba repetidas veces a la boca. Alzando la voz soltó una frase que paró nuevamente a los asistentes. ¡Tomaremos la fabrica Country! Un estruendoso aplauso renovó el entusiasmo.

Luego de la decisión de la comunidad de trabajadores de la industria de envases de refrescos Country, movilizó a los accionistas, tribunales y autoridades locales del estado Mirandino. La situación se hacía difícil porque los trabajadores se defendían diciendo que no tenían otra salida ya que el patrono dejó de cancelarles el sueldo, no pagaban las prestaciones sociales a los cesantes y no había acuerdo con el sindicato.

Pasaron cinco días; cuarenta y cinco obreras y ochenta obreros, permanecían día y noche en la fábrica. Allí recibían las visitas de sus familiares y amistades. Se organizaban para hacer un sancocho de gallina, apostaban entre ellos quién era el primero que desertaría. A veces tenían que nombrar algún delegado para coordinar las entradas a los tres baños, porque nunca faltaba alguien desesperado por entrar, mientras que otro se distraía leyendo periódico durante la permanencia en el excusado.

Luego de solventar algunos ajustes técnicos, prendieron las máquinas y comenzó a funcionar la planta de procesamiento de envases de refrescos. Nombraron a un Gerente que les rendían cuenta a los asociados (Trabajadores de la Compañía Country).

Mientras tanto los periódicos reseñaban el peligro que esa fábrica pueda crear un precedente, el cual puede repetirse en otras industrias; la presión mayor era la espera de una decisión judicial.

La tensión se acentuaba y el Gobernador Mirandino, Enrique Palacios, toma una decisión al ordenar movilizar el cuerpo policial por los alrededores del Country. Como respuesta la comunidad salió de sus casas con pancartas y voceando por las calles consignas en apoyo a los trabajadores. Otro problema se creaba porque los Municipios se reunieron para dar a conocer un manifiesto declarándose autónomos de las autoridades de Miranda. Haciéndose responsable, las comunidades, de los servicios públicos y de crear representantes de su propia comunidad, desligándose de los intereses ajenos de su entorno.

Llega la orden de ingresar la policía a la fábrica; entre empujones, golpes, se abrieron paso entre amas de casa, niños, jóvenes y ancianos que hacían un escudo en la entrada.

Tal era la resistencia que lanzaron bombas lacrimógenas, desenfundaron las peinillas y los gritos de terror y dolor se escuchaban a dos cuadras. Una vez adentro los obreros entonaban el himno nacional, pero eso no detuvo a los uniformados policiales, sacando sus revólveres y dispararon al aire. Uno de ellos, grito, luego de sacarse la mascara antigas: ¡En cinco minutos si no están afuera, dispararemos a quemarropa!

La confusión se hacia mayor, las herramientas de trabajo pasaron a ser armas para defenderse de la arremetida; la policía enfurecida dirigió sus pistolas a los cuerpos de trabajadores. Una desbandada corrió hacia la salida, pero eran muchos los que intentaban salir por una estrecha puerta, algunos cayeron. Mientras otros pasaban por encima de ellos. Solo una voz de alto, de la autoridad policial detuvo tal enfrentamiento. El resto fue recoger algunos cuerpos ensangrentados de heridos y muertos.

Casi al finalizar la tarde las emisoras radiales y televisoras anunciaban la decisión esperada por el Tribunal de Justicia: El veredicto favorecía a los trabajadores de la Fábrica Country, por ser estos los garantes de la reactivación de una industria que fue abandonada por sus dueños al no cumplir con sus responsabilidades; pero ya era tarde, la empresa quedo destruida y doce de los obreros fallecieron como consecuencia de la actuación policial. Esa decisión solo la disfrutó aquellos quienes sentían amenazados de perder el poder si los obreros y la comunidad tomaran el control de su destino.

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