jueves, 28 de junio de 2012

Crítica literaria: “El sueño del Rey Rojo”, de Alberto Manguel

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Alberto Manguel
El sueño del Rey Rojo
Alianza Editorial

Lecturas y relecturas sobre las palabras y el mundo

“Quien realmente quiere luchar por la justicia, si pretende vivir algún tiempo, por breve que sea, forzosamente habrá de ceñirse al ámbito privado en lugar de al público”

Sócrates. “Apología”

Encabezar esta crónica literaria partiendo tanto del placer como la necesidad de leer y muy necesariamente la relectura, obligación y gozo, volver sobre aquellas obras que tanto han significado y continúan significando en la vida diaria de uno, no como rutina sino venero y fuente de riqueza. Apoyo defensivo frente a la agresividad y mediocridad imperante que nos acosa. Esto es de lo que se disfruta en tan embriagador libro de Alberto Manguel El sueño del Rey Rojo. Una amplia galería que muestra tanto los valores de la escritura como el ejercicio intelectual, óptica analítica para conocer la comedia humana. La lectura como elemento protector de defensa para uno mismo. Criterios que cuadran con la cita de Sócrates que encabeza esta crónica, extraída de su defensa en el juicio que lo condenó a muerte, tanto quienes le acusaron y ejercieron como jurado, como los jueces que dictaron el veredicto. Ejemplo preocupante en el presente que estamos obligados a sufrir hasta la vergüenza, conscientes del poderío avasallador que intenta tratarnos como meros números en las tablas especuladoras que maneja.

Para este rico conjunto de ensayos, envolventes por su amenidad, Manguel abre todos los capítulos con citas, comentarios y dibujos de esa clásica y viva Alicia la de el País de las Maravillas, totalmente convencido y combativo de que “Toda lectura verdadera es subversiva, a contrapelo, como descubrió Alicia, una lectora cuerda, en el mundo del Espejo donde los locos ponen nombres. La Duquesa llama a la mostaza “un mineral”; el gato de Cheschire ronronea y lo llama “gruñido”; un primer ministro canadiense destruye el ferrocarril y lo llama progreso, un ejecutivo suizo trafica con dinero y lo llama “comercio”; un presidente argentino cobija asesinos y lo llama “amnistía”. De aquí, la imperiosidad de esa locura voluntaria que significa la pasión de leer, sencillamente porque ella nos ayuda a la “coherencia en medio del caos”. No ha “confiar en la superficie resplandeciente de las palabras sino en hurgar en la oscuridad” Todos los que amamos los libros, aquellos que valoramos en su justo término que leer no es una mera distracción, somos consecuentes que vivimos bajo la amenaza de un nuevo “Farenheit”, estamos obligados, comprometidos, en la defensa y propagación constante de la lectura. Descubrir las maniobras que hoy en día muchos medios de comunicación adictos a los sistemas de los poderes establecidos, pretenden confundirnos sutilmente, también abruptamente, con golosinas culturales prefabricadas, como cuentas de cristal de collares para indios en el pasado. Hacernos creer que la verdadera lectura no es la más humana “de las actividades creativas”, que las utopías no tienen ya razón de ser.

La historia está llena de los más tristes y luctuosos ejemplos reales sobre los peligros padecidos: ejecuciones de escritores, lectores y defensores, de bibliotecas por ser fuentes del saber y enjuiciar por si mismo. Retrata esta obra, breves y envolventes secuencias y ejemplos seductores, desde la destrucción de la Biblioteca de Alejandría con sus setecientos mil rollos, a la imaginada y deseada por Borges, autor que protagoniza muchas páginas, cuya biblioteca contenía apenas quinientos volúmenes mientras aquella otra, por imperativos tan tristemente conocidos, como la del campo de concentración de Birkenau para niños, cuando la dictadura nazi hitleriana, biblioteca clandestina que solo tenía ocho libros invaluables, que cada noche había que ocultar en un lugar distinto para que no los descubrieran. Educación y tradición de padres a hijos hasta en los momentos decisivos de la vida, no abandonar el placer de leer e imaginar sueños. Y es que “para el lector ideal todos los recursos son conocidos” de igual manera que “Al leer un libro de hace siglos, el lector ideal se siente inmortal” Y ciertamente leyendo los comentarios sobre Homero y Dante, los libros que llevaba el Che consigo en la guerrilla, todos lector se considera solidario en el tiempo y las geografías que admite como suyas. La aventura incansable viva y crítica, de don Quijote.

Siempre estará, pese a las dictaduras y censuras religiosas, activa respuesta frente a la oscura mentira, el apoyo a las bibliotecas. Esa biblioteca ideal que señala Manguel por la razón insobornable que “La biblioteca ideal simboliza todo lo que una sociedad representa. Una sociedad depende de sus bibliotecas para saber quién es, porque las bibliotecas son la memoria de la sociedad” Es la geografía española actual, las vehementes y oscuras reformas que pregonan nuestros políticos con empalago, hasta la provocación del vómito, ha “recuperar una España Libre”. Las modestas bibliotecas de los distritos de las ciudades y los pueblos, no solamente sufren falta de personal sino también de partidas económicas, siempre modestas, para comprar libros, así como reducción de los horarios. Estamos ante la ignorancia voluntaria y premeditada de los gobernantes sin importarles que su imagen de demócratas se desplome, conociendo que este país no puede presumir de tener el nivel de lectura que le corresponde. Porque no debemos de olvidar que padecemos la dictadura global de la falsedad y la mediocridad. De aquí el compromiso de quienes estamos por la “Lecturas y relecturas sobre las palabras y el mundo”.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.