miércoles, 20 de junio de 2012

Dominique Deachamps

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Jamás imaginé que dejaría Francia, mi patria. Y menos por los motivos que originaron mi exilio voluntario. Y digo voluntario porque nadie me persiguió políticamente para que dejara el suelo donde yo nací y que amo tanto. Pero ya mi patria dejó de ser el abrazo abierto a los perseguidos del mundo.

Actualmente, un presidente déspota barrió en un breve lapso de su gobierno, las bases de los valores de una Francia que llegó a ser por sí sola la imagen de la Fraternidad para todos los hombres y mujeres del mundo.

Fue poco a poco y no quisimos darnos cuenta. Sólo se hicieron dos o tres marchas para protestar cuando a aquella jovencita africana el señor SARKOZY la expulsó pretextando que carecía de documentación legal.

Hasta se llegó a controlar, con la policía, las salidas de las escuelas para comprobar directamente quienes eran, entre los asistentes, hijos de inmigrantes y desde allí prohibirles asistir como alumnos regulares o, inclusive, expulsarlos del país.

Un notable escritor y periodista Thierry Meyssan, denunció valientemente y con pruebas documentadas, el plan de persecución a los exiliados refugiados o simples emigrados extranjeros que venían a trabajar a la Francia de la Liberté, Fraternité e Igualité.

Al mismo tiempo investigó la infiltración de la CIA con anuencia del gobierno francés y entonces, sus denuncias, motivaron que le cerraran la Web titulada VOLTAIRE. Dicha medida le sirvió a Meyssan para darse cuenta que su pluma y su palabra corrían peligro y se exilió voluntariamente en Líbano, desde donde con la valentía que lo caracteriza, sigue denunciando desde su web y sus libros, el periplo despótico del presidente francés.

Incluso, yo misma no conocí las denuncias de MEYSSAN, hasta que, con motivo de los suicidios de algunos empleados de Telecom, unos amigos me aconsejaron leer Voltaire net., su famosa web.

Luego la debacle económica se fue haciendo evidente. Carpas de tela y/o cartón, se multiplicaron en las afueras de París .Familias enteras de gente desplazadas por el neoliberalismo apoyado por los que tendrían que haberse opuesto para salvar la democracia que es lo que puede sustentar y legitimar a un gobierno que se precie de mantener sus principios.

Pero la Globalización engulló esos principios y digo engulló porque al igual que una bestia carnívora engulle y despedaza a su presa antes de hacerla desaparecer en sus fauces, el capitalismo globalizado con la eufemística palabreja de “capitales internacionales, borró del mapa a fábricas enteras que sólo conservaron su nombre de marca y nada más... Y, entonces, el desguace fue INTERNACIONAL. Para eso si se unieron los capitalistas: Ahogar el Patrimonio Nacional a beneficio del Anónimo Internacional.

Entonces los suicidios se multiplicaron por cuatro. Los motivos eran variados: A nivel internacional. Suicidios de colonos en la India por no poder afrontar los créditos con intereses leoninos de Mosanto.

En la propia Francia: Suicidios de empleados en diferentes empresas por el agobio, la incertidumbre y el manoseo a su obligada dependencia por subsistir o por mantener el empleo.

Entonces, llegó un mail….

Florencia, mi amiga de Argentina volvió a insistir sobre el ofrecimiento de una cátedra de francés en el instituto donde ella era directora.

Con gran efecto sicológico adjuntó la documentación pertinente que me confería el cargo como profesora.
Fue suficiente, la esperanza que me llegaba de un Nuevo Mundo, cuando desde aquí, en Francia con anuencia hipócrita de la OTAN se iniciaba la salvaje ofensiva de muerte en LIBIA bombardeando ciudades enteras, con hospitales y escuelas incluidas.

El pretexto fue de “liberar a un pueblo oprimido”.

¡Y, para allí partí!

Mi periplo viajero me insumió un día y medio porque, dada la fecha, sólo conseguí pasaje hasta Ámsterdam, quedarme allí seis horas para, luego, tomar otro avión hacia Argentina.

Buenos Aires me recibió con su sol brillante, increíblemente en un cielo azul despejado.

Desde allí, partí para Santa Fe.

Florencia, Emy, su mamá, Héctor su marido y sus mellizas Hilda y Martha me esperaban en el aeroparque.

Habían pasado cuatro años de mi última visita a Santa Fe que, ahora, estaba más cambiada con respecto a la urbanización dado que tenía muchos edificios en torre. Pero no había perdido su aire hospitalario, característico que tienen algunas ciudades del interior en casi todo el mundo, algo de lo que carecen las megalópolis.

Pero, había un problema, que al final no fue tal, porque Florencia ya lo había solucionado.

¿Cuál era el problema?

¡Que en mi primera visita, cuatro años atrás, Florencia no tenía hijos!

¡Ahora, no sólo era mamá sino que de mellizas! Hilda y Martha.

Por lo tanto, yo debía buscarme un alojamiento.

- No te preocupés Dominique, ya tengo solucionada tu estadía, cerca de casa y no tenés que pagar ningún alquiler- me dijo con su acento santafesino y casi sin pronunciar las eses como hablan allí.

- ¿Cómo Florencia? ¿Me puedes explicar?

- Si te explico, una amiga de mamá se ha ido de viaje al exterior, por un largo tiempo y le pidió a mamá que le cuide la casa porque no quiere alquilarla. ¡Imaginate! mamá tiene bastante con su casa, papá, mis hermanos y el perro de modo que estará muy conforme si vos vivís en esa casa. Te digo más aún: mamá da por descontado que vos habités allí. Finalmente, no tuve otra opción que aceptar.

LA CASA DE LA CALLE SUIPACHA.

Allí me mudé con mis pocos petates.

En realidad, mis petates eran solamente mi ropa, algunos libros y la computadora de la cual no quería apartarme nunca porque la consideraba el cordón umbilical con mi Francia eternalmente en mi corazón.

La casa era tipo casona: amplias habitaciones, entrepisos, varios dormitorios, un amplio living que se unía al comedor por medio de una bella puerta corrediza de madera tallada que me impresionó por su belleza aunque confieso que mis conocimientos mobiliarios y/o arquitectónicos no son de mi especialidad.

Cuando opté para que fuera mi dormitorio, la habitación que tenía un amplio ventanal que daba a un jardín, Florencia me dijo:

- Elegiste el dormitorio que era de Estela y Pablo, al tiempo que se dirigía a un luminoso espejo que estaba colocado en una ochava formada al lado de la ventana y… ¡Oh sorpresa!

Apoyó su mano y el espejo se corrió suavemente mostrando el interior de otra habitación.

- Este es el escritorio con computadora, internet, teléfono y todo incluído. ¿Te gusta?

¿Gustarme?

¡Me fascinaba!

- Estela no quiso que desconectara el internet porque le dijo a mamá que algún día recibiría noticias y fotos - comentó Florencia.

- ¿Por qué algún día?- pregunté intrigada.

- Porque ella y Pablo se han ido tras una utopía deseando que se concrete en realidad y se pueda compartir y disfrutar en todo el mundo. Mirá, sobre el escritorio está la foto del día que se casaron. En el medio está mamá, que vos ya la conoces, a su derecha, están Estela y Pablo y a su izquierda Henry, el sobrino de Estela con Norma, su señora, ellos viven en Bariloche y vinieron expresamente para la boda.

Dirigí mi mirada hacia allí, se la veía muy contenta a Emy, compartiendo la felicidad de su querida amiga.

Fue así como conocí a Estela: desde una foto tomada el día que se casó con Pablo, otro desconocido, para mí.

Se los veía muy felices.

De cabellos cortos, rubios y figura armoniosa, con un elegante vestido largo, recto, color verde. Así conocí a Estela y a su flamante marido Pablo, un corpulento moreno de inconfundible aspecto mejicano.

Henry, según Florencia me explicó, era el sobrino y único familiar de Estela a quién ella quería como un hijo porque lo había criado desde chico al quedar huérfano

En ese momento, no me di cuenta que un nuevo capítulo de la HISTORIA UNIVERSAL comenzaba incluyéndome…

¿Cómo?

¿Dónde?

¿Cuándo?

Fue, aproximadamente, a los dos meses de mi radicación en la casa de calle Suipacha, cuando, una noche, me di cuenta que se me habían acabado las hojas y debía imprimir el poema “Primero se llevaron” para la clase de traducción colectiva.

PRIMERO SE LLEVARON.

Primero se llevaron a los judíos,
Pero, como yo no era judío, no me importó.
Después se llevaron a los comunistas,
Pero, como yo no era comunista, tampoco me importó.
Luego se llevaron a los obreros,
Pero, como yo no era obrero tampoco me importó.
Más tarde se llevaron a los intelectuales,
Pero, como yo no era intelectual, tampoco me importó.
Después siguieron con los curas,
Pero, como yo no era cura, tampoco me importó.
Ahora vienen a por mí,
Pero, ya es demasiado tarde.

BERTOLT BRECHT

DATO COMPLEMENTARIO:

“Poesía ATRIBUÍDA a Bertolt Brecht pero se dice que la idea es de un pastor protestante llamado MARTIN MEMÖLLER”.

Proceso de elaboración consistente en tres ítems:

1) Comprensión y crítica del significado social e histórico del tema.
2) Traducción, colectiva, al francés del poema.
3) Redacciones interpretativas, individuales , en idioma francés

LA PREMIÈRE FOIS ON A EMPORTÉ.

Tout d'abord on a emporté les Juifs,
Mais, comme je n'étais pas juif, je ne m`en suis pas soucié
Plus tard on a emporté les communistes
Mais, comme je n'étais pas communiste, je ne m’en suis pas soucié.
Plus tard on a emporté les ouvriers
Mais, comme je n'étais pas un ouvrier, je ne m’en suis pas soucié
Par la suite ont été les intellectuels,
Mais, comme je n'étais pas un intellectuel, je ne m’en suis pas soucié
Plus tard, ils ont suivi avec les prêtres,
Mais, comme je n'étais pas un prêtre, je ne m’en suis pas soucié
Maintenant Ils viennent pour moi,
Mais il est déjà trop tard.

“Poésie attribuée à Bertolt Brecht, mais l’on dit que l’ idée est d’ un Prêtre protestant
MARTIN MEMÖLLER”.

¡Para colmo debía hacer 30 copias!

Busqué en los cajones del escritorio.

Inútilmente.

¡No encontré nada, ni siquiera una o dos simples hojas en blanco!

Porque con esa esperanza de “aunque sean dos miserables hojas”, a la mañana haría fotocopias.

Desorientada, miré las carpetas que estaban ordenadamente colocadas en la gran biblioteca. Todas forradas de color verde.

- A esta Estelita, le gusta el color verde- me dije en soliloquio- ¿Y si me fijo y encuentro algunas hojas?...

¡Del dicho al hecho hay un solo trecho! Decía mi abuela.

Y así empecé a buscar y mirar carpeta por carpeta.

Algunas tenían sólo recibos de compras, facturas pagadas y garantías varias. Otras eran papeles de su trabajo.

Cartas, más cartas, documentaciones varias…

Declaración de un divorcio…

Me sentí intrusa, pero seguí leyendo y, a la vez, buscando.

Henry bebé, Henry pequeño, Henry adolescente….

Recortes de diarios sobre un accidente en la ruta Santa Fe-Buenos Aires y de cuya lectura quedé impresionada, porque relacioné el parentesco con Estela.

Resignada a no buscar más, me volví a subir a la silla dispuse a colocar la carpeta en su lugar correspondiente. Al, hacerlo, pisé mal, resbalé y cayendo, en cámara lenta, con toda mi humanidad. Instintivamente, en el trayecto, logré tomarme con todas mis fuerzas de la manija de un cajón.

Finalmente fue un golpe que se amortiguó por el piso alfombrado.

Me levanté del suelo.

¡Tenía la manija en mi mano!

Miré en qué consistía mi destrozo:

Papeles, hojas y documentos caídos y dispersos.

Pacientemente, empecé a recoger lo diseminado por la alfombra DONDE SE DISTINGUÍA UN LIBRO ENCUADERNADO DE COLOR VERDE titulado: HISTORIA DEL FUTURO.


Páginas de la novela: “Antes y después de Guernika” de próxima edición.

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