miércoles, 13 de junio de 2012

Racismo y mestizaje en América Latina: La discriminación, deuda pendiente

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En el productivo valle cajamarquino de Condebamba, aún no explotado por las modernas técnicas agrícolas y el capital transnacional, sus pobladores afirman que allí se siembra agujas de acero para cosechar barretas; y en sus faenas diarias y fiestas suelen entonar la canción “Cholo Soy”.

Por cierto que su autor Luis Abanto Morales natural de esa región, ha dejado huella con ese vals “ahuainado”, que reclama quedarse en la puna, en una tierra “donde todo nos falta y todo nos alcanza”. Esa canción conformista en esencia, ya no es un referente para los millones de migrantes, porque el aluvión de energía y creatividad atraviesa el corazón de las urbes con su trabajo y la fuerza de su cultura ancestral.

En el siglo XXI los clubes departamentales, los “principales” (ex latifundistas, sacerdotes, militares y jueces) han sido reemplazados por medianos empresarios, profesionales de éxito en finanzas y con negocios de exportación e importación, superando el empirismo y la crisis del Estado como señala Matos Mar.

Las migrantes ya estabilizados tienen casa propia y forman parte de asociaciones distritales y a la vez se han integrado en una asamblea que llena las instalaciones del Estadio Nacional.

No obstante este real desarrollo, el Perú sigue siendo un país fraccionado. En el Perú existen 132 universidades a las cuales pueden acceder amplios sectores populares, tomando como referencia todas las letras del abecedario en que la econometría clasifica a la población. Pero las autoridades administrativas y académicas se valen de diversas estrategias para eximir a quienes tienen rasgos andinos y probablemente no gozan de los ingresos en relación a las obligaciones de la prestigiada casa de estudios.

Hay mucho que decir sobre el racismo y su relación con la esclavitud. El Perú no es el único país que arrastra limitaciones de integración. El Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana de la Universidad de Pittsburgh, acaba de publicar “La esclava Isaura” de Bernardo Guimaraes, la historia de la emancipación de una mujer sojuzgada en el Brasil en el primer tercio del siglo XIX y rescatada por un hombre de élite que se enamora de ella. El prólogo de Jerome Branche, edición con diseño y aportes de E. Braga, A. Matute y J. Zavaleta Balarezo, señala el silencio académico sobre el sujeto afrobrasilero en las décadas inmediatamente posteriores a la abolición, es decir antes de 1930.

El racismo afrobrasileño es una manifestación de la esclavitud que duró varios siglos hasta que llegara a popularizarse la idea de que todos los brasileños comparten una cierta africanidad, ya sea ésta genealógica o cultural. Las reformas desde Getulio Vargas, Henrique Cardoso, Lula y Dilma Rouseff, contrastan con los políticos de EEUU que pretenden expulsar a los latinoamericanos, olvidando a sus progenitores y los aportes filosóficos como el del checo Kafka sobre Oklahoma, el valle de las oportunidades.

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