miércoles, 13 de junio de 2012

Stuxnet, la dispersión del virus

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El frío ha decidido permanecer. Es junio de 2012, pero presumo un tanto apresurada la decisión de la naturaleza de marcar su paso casi redoblado. No es para mí. Resisto a la fuerza. Tomo una aspirina y camino volviendo cada tanto la cabeza, para ver si me sigue el dolor. Y no es una chanza.

Alejandro Korn, no da treguas en esos casos. No hay donde esconderse. Voluntad para capear el temporal sobra, pero la realidad, no la del cuento, se impone. No hay peor desaire que el que se puede infligir a alguien de tus afectos. Me pasa con Yon, sobre todo cuando parece preocupado por ordenarse.

Resulta complejo vivir en un mundo apocalíptico y, para sobrellevarlo, uno intenta reunir fuerzas capaces de salvarnos de la destrucción. Es sobrevivir a un futuro quizás horrendo parecido a cualquier presente.

Una semana antes, me expuso, con toda ceremonia, que teníamos una reunión con “el hurón de Cañuelas”, su topo favorito, no el mío, cuyas andanzas administrativas por la redacción, no me conforman, pero yo soy demasiado exigente, no tanto conmigo y allí mi talón de Aquiles. Suponiendo que sea cierto lo de Aquiles.

Un niño puede llorar como si la angustia y la soledad fueran suyas lo que importa no es lo definitivo de aceptar un mal. Para ser honrado necesité ayuda que me permitiera trasladar ese estado de ánimo.
El lugar elegido para el encuentro, “No me olvides”, ya me resultaba ramplón. Mucho peor era resistir la espera, 100 kilómetros de distancia es mucho para un hambriento como yo. No obstante la posibilidad de un menú elegido, achicaba la ansiedad, la mía, que no suele ser magnánima. La distancia no es el olvido y no sé a que obedece.

Cabaña Villegas, está dentro de un bosque puro césped inglés, todo para envidiar la hirsuta vegetación de Alejandro Korn, donde es muy fácil perderse. No hubo precisiones para curiosos, sobre su ubicación. Sólo la elección decidida, por supuesto, por el vasco, porque el hurón de Cañuelas salía de una dieta rigurosa que le hizo extraviar unos cuantos kilos.

Desde las empanadas de carne una de sus especialidades, de masa perfecta, la provoleta, la Aza, cubierta de berenjenas al escabeche, la tabla de achuras, bife de chorizo. A esto hay que sumar: entraña y matambrito para no abundar.

Empujados decididamente con los vinos de López, antes y después de los helados de crema y frutilla, servidos en copones. Como se ve, nada objetable, por lo menos para mí.

El hurón cortó camino porque se venían encima los platos, para señalar.

-La maldición cibernética nos acecha- prologó y seguidamente extrajo de un sweater impecablemente inglés green, alguna página formato oficio, para refrescarse y anticipar, - esto ya se sabe pero padecemos el experimento y estamos siendo atacados, con tecnología nacional, copiando las instrucciones que nadie discute -.

Tanto el vasco como yo, tragamos saliva, a cuenta de otras cosas por tragar.

-Estamos- repitió, -aceptando los ciber ataques-, aludiendo elípticamente a las marchas ordenadas desde las redes sociales - . Lo escuchamos anunciar con gran preocupación: -¿hasta dónde seguirá esto?-, para convenir algo más calmo, -todo es caos planetario, un desorden universal que nunca perjudicará al poder, a los que mandan, a los que no pierden-.

- ¿Y que puedo hacer por vos? -, fue plañidero el vasco.

-Me parece que este asunto no está muy difundido y vos conocés ¡tanta gente!- Por supuesto esta última parte de la reflexión me omitía olímpicamente y eso trajo alivió. En realidad lo pareció. Uno hace conjeturas sobre tembladerales y las verdades dejan de serlo minutos después. - Es necesario, creo -, agregó hablándose a si mismo, - que se pueda leer con atención como funcionan las cosas. ¿No te parece? - Y se puso a leer.

INFORME DEL New York Times

“A su llegada a la Casa Blanca, el presidente de EE.UU. Barack Obama intensificó una campaña secreta de ciber ataques contra el programa nuclear de Irán, con la que, EE UU con la ayuda de Israel, llegó a deshabilitar mil centrifugadores de la planta de Natanz, un quinto de los que estaban en actividad. El virus empleado escapó de Natanz en 2010, se replicó en la Red aprovechando un fallo en el sistema operativo Windows y fue bautizado por los expertos en seguridad como Stuxnet.

El virus informático Stuxnet que sacudió a Irán en 2010 formaba parte de un programa de guerra cibernética ordenado personalmente por el presidente de EE.UU. Barack Obama. Así lo asegura el corresponsal jefe en Washington del diario The New York Times, David Sanger, en un libro del que se publicaron algunos extractos.

Entre las fuentes de Sanger hay personas que estuvieron presentes en la reunión de crisis que Obama convocó cuando los ataques de Stuxnet llegaron a los titulares de los diarios. "¿Debemos pararlo?", le preguntaron al presidente. La decisión fue continuar.

En las semanas posteriores atacaron la central atómica iraní de Natanz con nuevas versiones del virus. Los últimos ataques lograron dejar en inactividad temporal unas mil de las cinco mil centrifugadoras para enriquecer uranio de Natanz.

Stuxnet era un virus informático muy avanzado capaz de atacar exclusivamente sistemas industriales de Siemens en su configuración típica de centrifugadoras nucleares. El objetivo era el sistema de Siemens Simatic S7, utilizado en instalaciones industriales para dirigir y vigilar procesos técnicos. La configuración del virus hizo que los expertos sospecharan desde el principio que apuntaba a Irán. Además, el software era tan complejo y costoso que sólo podía ser obra de servicios secretos occidentales.

Según Sanger, que investigó durante un año y medio para escribir la obra, la Casa Blanca estimaba que el programa nuclear iraní podría ser relanzado entre 18 y 24 meses después. Otros expertos más escépticos creían que los científicos iraníes ya estaban muy avanzados en el enriquecimiento de uranio y que el país tiene ya material suficiente como para cinco o más armas nucleares.

Sanger opina que Obama siempre fue consciente de que con la acción desataba un nuevo tipo de guerra. No quería admitir que los ciber ataques venían de Estados Unidos para no dar la idea a otros países u organizaciones terroristas de que es posible atacar también de esa manera. Con su secreto, también esperaba evitar un ataque militar israelí contra Irán.

El programa de la guerra cibernética había sido pensado en tiempos de George W. Bush, pero sólo durante el mandato de Obama los expertos estadounidenses e israelíes que trabajaban en él, terminaron el virus”, completó su relato el hurón. Dando por descontado que la propagación infecciosa sirve también para redireccionar mandatos que procuren hacer tambalear instituciones civiles en cualquier lugar.

Me sentí cansado. Un cansancio flamante pero antiguo. Tanto como saber que uno se ha enfrentado a un enemigo, se ha trabado en lucha con él, pero se ha perdido una batalla, todo se ha derrumbado, todo se ha agotado, no queda nada, no cabe esperar nada.., contaba Doris Lessing. Pero la coincidencia allí la vi era, éramos, la tragedia de los supervivientes, volver a ver, volver a vernos, en fin, es lo que hay...

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.