jueves, 28 de junio de 2012

Violencia y, en y de los medios de comunicación

Juan Gaudenzi

Desde Durango, México. Versión escrita de la teleconferencia impartida en la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rafael Landívar, de Guatemala, compartida con ARGENPRESS CULTURAL

El título de esta exposición podríamos construirlo como “Violencia Y medios de comunicación”. O como “Violencia EN los medios de comunicación”. Pero también como “Violencia DE los medios de comunicación”.

Como incursionaremos tangencialmente en el campo de la lingüística, he aquí tres ejemplos de cómo dos significantes que, según como los relacionemos, pueden significar ideas diferentes.

Esta mirada de soslayo -y no directa- hacia lo lingüístico tal vez tenga un carácter ahistórico porque en la post-modernidad en la que supuestamente vivimos– aún no se le ha dado un nombre que evite una referencia al pasado y, aunque muchas sociedades ni siquiera hayan entrado en la modernidad: no solo hegemonía sino homogeneidad capitalista, el imperio de la Razón, el paradigma del progreso lineal y ascendente, algunas verdades indiscutibles, confianza en la Ciencia, entre otras características - todos o casi todos los intentos por entender donde estamos parados, que nos está ocurriendo, nos remiten actualmente a la lingüística, el lenguaje y el meta-lenguaje, la construcción y desconstrucción de los discursos y los meta-discursos; lo real, imaginario y simbólico en el universo del habla y la palabra.

Y, en este sentido, es una mirada anticuada, si se quiere, porque no termino de hacer mía, de compartir acríticamente la idea de “post-modernidad” a la que equiparo con el vacío o el caos. La construcción del vacío en el vacío ("¿Querés saber que te depara el destino? Manda astro al 2020 y recibí el horóscopo todos los días en tu celular").

Tampoco estoy dispuesto a aceptar la simplificación, el reduccionismo, que implica pensar la complejidad del mundo (de nuestro propio universo como individuos y del todo) como si se tratara única y exclusivamente, de una cuestión de palabras o fonemas, morfemas, sememas, noemas (¿enemas?).

Tiende a imponerse en la actualidad una teología del lenguaje, es decir su divinidad – “En el principio era el verbo….” –es decir su deificación. La palabra como una entidad sobrehumana, preexistente, eterna, inmutable (lo mutable serían sus significados); que confiere sentido – hasta existencia, según algunos fundamentalistas – a las cosas y al pensamiento sobre las cosas. Y como, según el postmodernismo, la verdad, la ciencia, la moral y la ética, la historia, las ideologías y la política, hasta el hombre mismo (como protagonista de la historia) han desaparecido, solo queda la palabra o las imágenes como principio y fin.

Pienso que este camino nos conduce irremediablemente de regreso a una suerte de politeísmo. Para algunos el lenguaje es esencialmente bueno y dulce, permite compartir lo mejor de nosotros mismos, posibilita la comunicación y el amor.

“Hablar es el fundamento y la estructura de la socialización y se caracteriza por la renuncia a la violencia”, escribió Jean Marie Muller por encargo…de la UNESCO, obviamente.

Para otros – entre los que me incluyo – el lenguaje construye el Super Yo, es decir la represión, el sometimiento a valores, jerarquías de nuestra cultura: la adaptación a ella; los criterios del bien y del mal; las normas de conducta; lo que es social y políticamente “correcto”. Que puedo y que no puedo decir.

Es decir que este lenguaje – un Dios represor y vengativo – puesto que los hombres no han respetado su libreto – primero nos expulsó del Paraíso (el fruto prohibido como metáfora del conocimiento por medio de la palabra que sólo es facultad del Amo y Señor. Peor suerte corrió Methis a la que Zeus, no pudiendo soportar sus conocimientos, la devoró en un ataque de ira); después nos confundió y dividió en la Torre de Babel; para terminar castigándonos de mil maneras a lo largo de la historia, por ejemplo con la construcción simbólica del eterno enemigo, entendido como tal el que no habla; no lo escucho o no le entiendo, porque si le concediera el derecho a la palabra, a contar su propia historia, seguramente dejaría de serlo.

Y, finalmente, nos somete a la tortura de convivir con las palabras, imponiéndonos su presencia cotidiana – con todas las consecuencias del caso – a través de los medios de comunicación. ¡Un verdadero atentado contra la inteligencia!

Dentro de la post-modernidad la única proposición que posee algún nivel de consenso entre los diferentes dioses-discursos (a la manera de Themis, hija o tía de Zeus, que por tan querida por todos era la única capaz de apaciguarlos) es que la modernidad – la Razón – fracasó en su propósito de construir un mundo más humano, es decir más habitable.

¿Se han adaptado los medios – más allá de lo tecnológico - a la filosofía de la post-modernidad o están operando en ella como si el tiempo se hubiese detenido a mediados del siglo pasado, en plena Guerra Fría?
De lo que no puedo excluirme es de la tendencia post-moderna a mezclar todo con todo; a combinar conceptos, ideas, de una rama del conocimiento con otros de otras ramas. No he logrado resistirme a esta moda de la interdisciplinariedad. Finalmente, el árbol es uno solo en si mismo por más ramas que tenga.

Pero, para entrar en materia, veamos al primer caso: VIOLENCIA Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN.
Aparentemente no tienen nada que ver entre si. Se trataría de la caprichosa conjunción de dos conceptos o entidades ontológicas que por su naturaleza, características, dinámica interna, pertenecen a dos esferas de la realidad y del conocimiento independientes y distantes, aunque ambas puedan ser estudiadas dentro de las Ciencias Sociales.
Salvo cuando la violencia adquiere el estatus de noticia…..Pero esto lo veremos más adelante.
“Aparentemente” porque la violencia, en sus diferentes manifestaciones, (por más perversa y anti-social que resulte) también puede ser entendida como una forma de comunicación, aunque no toda comunicación implique violencia.
Comunicación supone, básicamente, intercambio.
En la violencia el mismo repertorio de signos que se intercambian, en lugar de palabras pueden ser balas.

¿Existe otro tipo de información más contundente que un balazo?
En él, objeto, significante y significado, codificación y decodificación, son una misma cosa y se dan en el mismo instante.
En un conflicto armado – interno o externo – existen reglas semióticas comunes a ambos bando: un mismo campo de batalla, por ejemplo, donde, como en los textos, se produce el encuentro entre significante y significado.
Si uno de los bandos opera en un lugar distante a cientos o miles de kilómetros de donde se encuentra el otro (salvo que se trate de una guerra virtual) difícilmente la batalla se de. La comunicación (si no hay misiles de largo alcance de por medio) no se produce.
Dicho de otra manera, para bailar un tango se necesitan dos y que coincidan en una misma pista de baile.
Y para que no se piense que para fundamentar esta hipótesis estoy recurriendo al absurdo, basta tener en cuenta que en las más recientes invasiones de Estados Unidos en el Medio Oriente, cada unidad militar estuvo acompañada por un reportero – un soldado más solo que sin fusil – para legitimar esa forma de comunicación violenta por medio de la comunicación formal, tal cual la entendemos habitualmente. Es decir, para legitimar esas invasiones, en última instancia; manufacturar consenso en torno a ellas.
Observación al margen: por supuesto esos reporteros-soldados debían someter sus mensajes a la censura militar antes de transmitirlos. ¡A este punto ha llegado la comunicación social!
¿Pero, qué ocurre cuando esas dos entidades no comparten el mismo repertorio de signos o símbolos o existe una notable disparidad entre el arsenal linguistico-narrativo de una y otra? En el caso de alguien armado, con una intensión agresiva contra otro indefenso y pacifico? ¿Se puede hablar de comunicación en este caso?
Creo que sí.
En primer lugar el Otro (con mayúscula) Constitutivo – también conocido como Alteridad - como un concepto clave en la filosofía hegeliana, de Sartre, el psicoanálisis lacaniano, entre tantos otros intentos por encontrarse con el hombre en algún bar no frecuentado por la neurobiología - considerado siempre como algo diferente, opuesto a la idea de identidad, ha invadido mi espacio simbólico. No olvidemos que el carácter simbólico del lenguaje y, por lo tanto, de la comunicación - .

Y, en segundo lugar – y esto tiene que ver directamente con los medios – porque la comunicación vehiculizada por ellos se da, generalmente, entre una entidad armada (dotada de poder) – el medio – y un receptor más o menos desprevenido e indefenso, ya sea lector, radioescucha o televidente.
Es decir que se trata de una relación desigual en términos de poder. Lo mismo que ocurre entre Estado y sociedad civil. Y dentro de la sociedad dividida en clases.

Diría que en el único caso en que la comunicación social no puede equipararse con la idea de violencia en es en caso de Internet:

En primer lugar porque en la mayoría de los casos se trata de disparos al aire (al ciberespacio). Salvo que se trate un mail con destinatario específico o de un chat interpersonal, no puedo saber si hay un blanco o, mejor dicho, puedo intuir que son tantos, que es lo mismo que nada.

Segundo, porque ese blanco puede estar o no estar en alguna parte.

Tercero: (y esto es lo más relevante) porque en Internet, en lugar de dos bandos intercambiando disparos, hay uno solo (el de los emisores de los mensajes) que cada vez con mas entusiasmo disparan y disparan sin siquiera esperar una respuesta. Esto no es comunicación ni violencia. Es otra manifestación del vacío de nuestro tiempo. Es la primera vez en la historia en que hay más escritores que lectores.

Todos los usuarios quieren utilizar esta nueva tecnología para expresarse, en tiempos en que los interlocutores reales prácticamente han desaparecido.

Para ello escriben desde como amaneció su mascota ese día, hasta cuentos, ensayos, reflexiones, novelas, que nadie lee por supuesto. Los receptores virtuales están demasiado ocupados en escribir como para perder el tiempo leyendo lo que otros escriben.

Lo único que importa soy yo y mis circunstancias.

El resto de la sociedad, de la humanidad, se ha desvanecido.

¿Pero y las llamadas Redes Sociales? Podrían interpelarme ustedes.

Pienso que, por ahora son una hipótesis digna de consideración. ¿En qué medida pueden representan un nuevo tipo de comunicación social, democrática – sin intermediarios – que pueda poner nuevamente en marcha la sociedad (movilizarla) y reconstruir la realidad sobre nuevas bases? Está por verse. ¿Alcanza con que las redes sociales se hayan puesto al rojo vivo, como ha sucedido estas últimas semanas en México, en contra de la manipulación mediática en favor de uno de los candidatos a la Presidencia en las elecciones del 1 de julio – a cambio de enormes cantidades de dinero, como lo denunció The Guardian, de Londres? ¿Qué ocurrirá cuando ese candidato gane las elecciones – como ocurrirá en gran medida gracias a los principales medios – y todo vuelva a la “normalidad”, entre comillas? ¿Se habrá terminado el corto tiempo de la denuncia y la protesta y volverán las redes sociales a su normal color rosa?

Veremos….

Pero volvamos a la relación específica entre violencia y medios de comunicación social que se da cuando la primera – con escalofriante frecuencia e intensidad – pasa a ser un insumo de especial importancia en la producción de los mensajes.

En este caso nos referimos a lo que el filosofo eslovaco Slavoj Zizek – uno de los más famosos e irreverentes pensadores de nuestro tiempo – llama “violencia subjetiva”, entendiendo por tal la que se manifiesta de manera física directa (asalto, secuestro, violación, asesinato, etc., pero también disturbios, represión policial, conflictos armados, invasiones y guerras y hasta las famosas “intervenciones humanitarias”)

“La violencia subjetiva es simplemente la parte más visible de un triunvirato que incluye también dos tipos objetivos de violencia objetiva: la sistémica y la simbólica”, dice Zizek en su libro “Sobre la violencia: seis reflexiones marginales”.

Con respecto al tema que nos ocupa podemos acotar que, lejos de haber desaparecido, las ideologías impregnan el campo de la comunicación social. Son sistemas generales de características muy semejantes al objeto, "ideología" de la tradición clásica, y cumplen una función central en el refuerzo de las formas de organización cognitiva asociadas a la "conciencia de clase" -aunque en verdad estas formas se hallan en su casi totalidad, como el iceberg de Freud, sumergidas en el inconsciente-.

La violencia subjetiva es, también, la parte más visible del iceberg.

¿Cuando este tipo de violencia se convierte en noticia?

Lo primero que aprendimos en las escuelas de periodismo o en las facultades de Ciencias de la Comunicación (al menos en mi época) es que noticia no es que un perro muerda a un hombre sino que un hombre muerda a un perro.

Pero si resulta que todos los días, a lo largo y ancho de nuestras geografías, muchos hombres muerden a muchos perros, lo excepcional deja de serlo, se convierte en algo común y corriente y pierde interés periodístico, comunicacional. Se torna una costumbre, como comer pollos, previamente cocinados, se entiende –

A propósito, fue el antropólogo y lingüista francés Claude Levi Strauss quien construyo su magnífico edificio de la lingüística estructural a partir de la constatación de que pueblos originarios que comen sus alimentos crudos carecen en su bagaje lingüístico de cualquier palabra que tenga que ver con el acto de cocinar o comer los alimentos previamente cocidos -.

Es decir que, según Lévi Strauss el lenguaje no es algo innato en el ser humano sino que se construye con la experiencia ¿Qué experiencia tenemos nosotros en el mercado financiero global? Ninguna o muy pobre. ¿Cuántos de nosotros estamos pendientes de las subidas y bajadas del “Nasdaq”? ¿Porque entonces los medios nos bombardean con información financiera, es decir con un componente de la realidad – no de lo Real, según la distinción de Kant:”…Lo real es todo aquello que tiene una presencia y existencia propias y es no-representable” - con la que no tenemos nada que ver? ¿No es esta una forma de violencia?

Porque descarto que al someternos a semejante bombardeo pretendan que tomemos conciencia que el destino de un estrato completo de población o incluso de países enteros puede ser determinado por la danza especulativa del capital que persigue su meta de beneficio con total indiferencia sobre como afectara ese movimiento a la realidad social.

Lo que pretendo subrayar es que con la violencia “subjetiva” existe el mismo riesgo que con muchos hombres mordiendo muchos perros.

En realidad un doble riesgo: Que nos acostumbremos a convivir con ella, que pierda, si no es que ya ha perdido, su excepcionalidad. Pero también que para seguir siendo noticia y competir por las primeras planas o el “prime time” de la televisión necesite superarse día a día en crueldad y horror.

En México no es un riesgo o una amenaza, sino un hecho empíricamente comprobable. En los últimos seis años ha venido ocurriendo en el marco de la guerra declarada por el presidente a punto de terminar su mandato contra los carteles del narcotráfico. Y como la propaganda es un componente estructural de toda guerra, para mantener su presencia en los medios todas la partes involucradas en esta guerra en particular necesitan de una permanente escalada cuantitativa y cualitativa de la violencia.

Los narcotraficantes para demostrar que, pese a todo, siguen presentes, conservan su capacidad bélica para enfrentar a grupos rivales y a las fuerzas del Estado. El Estado/gobierno, para demostrar que está ganando esta guerra -, algo que pocos creen. Los Estados Unidos para continuar interviniendo y operando dentro de México, con el aval del estado mexicano.

Uno de los peores escenarios es que esta escalada de violencia continúe en aumento – ya se contabilizan alrededor de 60 mil muertos – al punto de que el poder norteamericano incluya a los narcotraficantes mexicanos en su lista de terroristas que atentan o amenazan su seguridad nacional. De ahí a una intervención militar abierta (ya existe una encubierta) habría solo un paso.

Creo que esto nos conduce al segundo título propuesto: VIOLENCIA EN LOS MEDIOS. Es decir como si sitúan o posicionan los medios ante este aspecto de la realidad; que tratamiento le proporcionan, entendiendo por tal, fundamentalmente, la manipulación a la que la someten según su línea editorial que no es otra cosa que la resultante de su red de relaciones e intereses con el poder económico y político y con la ideología dominante.

No podemos perder de vista que los medios son, en su gran mayoría, portadores de esa ideología, garantes de su difusión y reproducción. Forman parte de la superestructura del modo de producción y de las relaciones de producción hegemónicas en un momento determinado de la historia.

Por lo tanto pueden – y de hecho lo hacen – aumentar o disminuir el nivel de violencia existente; amplificarla o minimizarla; distorsionarla; aplaudirla cuando es el Estado el que la comete, estigmatizarla cuando se trata de actos de ciudadanos o de grupos sociales en defensa de sus legítimos derechos o en procura de sus legítimas demandas.

Recordemos el caso de los prolongados conflictos armados internos en Guatemala y El Salvador.

Clausuradas las vías democráticas, a la violencia individual o de pequeños grupos el Estado respondió con todo su aparato represivo. Ante esto se opuso una violencia popular organizada, en forma de diferentes frentes guerrilleras, operando en el campo y la ciudad. Entonces el Estado recurrió al genocidio; al Terrorismo de Estado.

¿Qué papel desempeñaron los medios de comunicación en esta espiral de violencia?

No puedo hablar con conocimiento de causa en el caso de Guatemala – y creo que les correspondería a ustedes, como guatemaltecos, estudiantes y estudiosos de las Ciencias de la Comunicación, dar una respuesta basada en la reconstrucción o reformulación de la historia, por oposición a la historia oficial legitimada por los intelectuales funcionales al sistema, los Organismos Internacionales controlados por los Estados Unidos y por los propios medios.

Conozco si, por haberlo seguido paso a paso, el conflicto en El Salvador, desde 1981 hasta su finalización con los Acuerdos de Paz, y puedo asegurarles que todos los medios – inclusive el canal de televisión donde trabajó el actual presidente Mauricio Funes – desinformaron, manipularon, por no decir que mintieron descaradamente, en contra del bando revolucionario y en favor de un sistema económico y político dependiente y subordinado a los Estados Unidos de Norteamérica.

Por otra parte, que por su propia naturaleza (no científica ni filosófica) los medios están objetivamente imposibilitados de trabajar con la realidad “en sí”, sino con sus representaciones o manifestaciones más superficiales, cargadas de distorsiones, cuando no falsedades, prejuicios, y una larga lista de etcéteras.

Al carecer de los instrumentos y – sobre todo – del propósito de trabajar con la realidad tal cual es (parecería que no son los medios los disfuncionales a la realidad sino que la realidad es disfuncional a los medios) construyen otra, simbólica o virtual, en la que no existe la historia o esta dejo de existir, se ignora la dialéctica, la democracia y el mercado gobiernan el Olimpo, la sociedad se divide en buenos y malos (los occidentales somos los buenos y los musulmanes los malos) la explotación del hombre por el hombre es algo normal como normal es que haya ricos y pobres, exitosos y fracasados, un Primer Mundo y un tercero o cuarto, entre tantas otras cosas.

¿En esta realidad dicotómica – bien y mal – como intenta la cadena de televisión CNN, por ejemplo, evitar ser acusada de parcialidad? Otorgando en sus notas igual tiempo para cada una de las dos partes. Es decir un minuto para los judíos y un minuto para los nazis. Con esto creen haber cumplido con su conciencia ética.

Por lo tanto considero que la manipulación que los medios hacen de la realidad tiene un doble carácter:

1. Por una parte, lo que podríamos llamar una “manipulación consubstancial”
2. Y, por el otro, una manipulación “intencional” ( Santo Tomás llamó así a las conductas voluntarias. Acciones libres que el sujeto realiza porque así lo quiere y que son consecuencia de su razón y de su voluntad)

En primer lugar, podemos hablar de una manipulación “consubstancial” – no solo de la violencia sino de cualquier aspecto de la realidad – porque, por su propia naturaleza (ni científica ni filosófica) los medios no están ni pueden estar dedicados a la búsqueda de la verdad; ni siquiera de la certeza, es decir de aquellas proposiciones que confirmen la verdad de la verdad, valga la redundancia.

Aunque esta afirmación podría ser refutada – con todo el cinismo del caso – de la siguiente manera: Los medios surgidos en el siglo pasado – es decir en plena modernidad - no han advertido que por su propia naturaleza mercantil o mercantilista han sido, de alguna manera, los precursores de una de las tantas formas de entender la verdad en la llamada “post-modernidad”.

En este sentido – si lo supieran - podrían reclamar la paternidad de las llamadas “teorías pragmáticas” de la verdad que afirman que una proposición es verdadera si resulta útil o funciona en la práctica. Así, la proposición "En verano hace calor" es verdadera si constituye una buena guía para la acción, esto es, si resulta útil para cualquier persona que la considere verdadera.

Así, una proposición como “el consumo contribuye a la felicidad de los seres humanos” es verdadera porque constituyen una buena guía para la acción de productores y vendedores de mercancías. Comenzando por los propios medios cuya principal mercancía no es la publicidad, como comúnmente se cree, sino nosotros en tanto lectores o audiencia. Los receptores de los medios somox su principal mercancía, puesto que, cuanto mayor sea su número y de mayor nivel socio-económico, a mejor precio la podrán vender a las agencias de publicidad.

Creo que en esta idea está una de las claves de todo el proceso: por todas partes se habla de la necesidad de construir ciudadanía, cuando el principal propósito de los medios es construir sujetos-mercancías.

Y como el criterio de utilidad es una apelación a comprobar la verdad de tales proposiciones, basta con preguntarles a los empresarios si esta proposición le resulta útil en la práctica.
Si la respuesta es afirmativa entonces esa es la verdad y no hay más nada que discutir.

O, siempre respetando el copyright de los medios – no sé porque hasta ahora no se les ha ocurrido patentarlas - semejante teoría puede complementarse con otra, llamada “de la correspondencia” según la cual una proposición cualquiera es verdadera, simplemente si se corresponde con los hechos, aunque estos no puedan comprobarse.
¡Una maravilla!

Yo como responsable de un medio puedo afirmar que el dramatismo de la sequía que hace casi dos años afecta el norte de México es responsabilidad de los pequeños campesinos que no han invertido los miles de miles de dólares que aquí cuesta perforar el subsuelo (las napas de agua están muy profundas) y esta será una verdad indiscutible, aunque no pueda ser demostrada.

La principal función de los medios – se supone – es indagar e informar sobre el que, quien, cuando, donde, y como; en algunos pocos casos el porqué y para qué. Y no investigar o reflexionar sobre problemas ontológicos o epistemológicos.

Pero para informar se necesita, primero, conocer. No puedo informar sobre algo que no conozco Que ni siquiera sé si existe o no existe.

¿O si pueden hacerlo los medios?

¡Por supuesto que sí! ¿Recuerdan ustedes la escandalosa cobertura y difusión que hace algunos años los medios dieron al “chupa-cabras”, un ser demoníaco que solo existió en las fantasías y el imaginario colectivo?

Mejor dicho: que fue impuesto en el imaginario colectivo por los medios de manera tal que – en términos lingüísticos – un significante sin ningún significado o con múltiples significados según los sujetos se relacionó, con la intervención de los medios, con otros significantes, consientes o inconscientes, para dar a luz un algo inexistente que volvió a la esfera de los medios, en un proceso de retroalimentación.

Conclusión: los medios se retroalimentan con sus propias falsedades.

Más recientemente, los medios de todo el mundo, en este caso con la complicidad de la web en todas sus manifestaciones, nos informaron que, uno tras otro, los pueblos del norte de África se habían insurreccionado “pacífica y democráticamente” contra sus respectivos regímenes. ¿Qué había ocurrido? ¿Cómo había ocurrido? ¿Por qué? ¿Para qué?

Ni los propios medios lo sabían. Y como el precio de los insumos (contenidos) de alta calidad y confiabilidad es alto, para mantener una adecuada tasa de utilidad, no les convenía ni interesaba saberlo.

Prueba de ello es que a todos los tomó por sorpresa. ¿Cuándo se interesaron por establecer las verdaderas relaciones de poder en los países árabes? El nivel de consenso de los viejos sátrapas. Las condiciones materiales y subjetivas de las masas –sobre todo la juventud– oprimidas. ¿Las tensiones subyacentes entre las familias gobernantes, la burocracia, los partidos políticos y los grupos de presión, el ejército, los líderes religiosos, las diferentes ramas del Islam, los estados y el Imperio?

Casi nunca, hasta que esos levantamientos: en realidad los mensajes sobre esos levantamientos porque fuera de esos países el público no tenía ningún conocimiento sobre ellos sino sobre su proyección en forma de noticias, comentarios, opiniones, es decir discursos (como sombras en la caverna de Platón), comenzaron a cotizarse en el mercado.

¿En qué mercado? ¿Acaso en Wall Street?

El pensador Pierre Bordieu probablemente diría que en el “mercado lingüístico”, el conjunto de herramientas que utiliza habitualmente la socio-lingüística actual.

No se trata – según Bordieu – de mercados de intercambio entre valores iguales y soberanos. Son situaciones sociales desiguales que llevan aparejados procesos de dominación y censura estructural de unos discursos sobre otros.

Por lo tanto, los discursos con una carga más funcional a los intereses de Occidente – y de los países europeos, sobre todo, más vinculados con el mundo árabe, fueron los que mejor se cotizaron y más se difundieron.

Cabe preguntarse entonces: ¿Qué tipo de conocimiento es el de los medios?

Para David Hume, una de las figuras más importantes en la historia de la filosofía occidental y de la Ilustración escocesa, se trataría de un conocimiento empírico, basado fundamentalmente en la experiencia (el contacto más o menos directo con el objeto o fenómeno) y en la percepción pues nos dice qué es lo que existe y cuáles son algunas de sus características, pero no nos dice que algo deba ser necesariamente así y no de otra forma; tampoco nos da verdadera universalidad.

También es Particular: en tanto no puede garantizar que lo conocido se cumpla siempre y en todos los casos.

Y Contingente: El objeto al que atribuimos una propiedad o característica es posible que no la tenga.

Un ejemplo mexicano de la semana pasada: La Secretaría de Marina informó que un grupo de elite de esta rama de las fuerzas armadas había capturado a un hijo del famoso narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán, considerado por la revista Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo. Tal información – sin el menor esfuerzo por comprobar su autenticidad o veracidad - fue difundida de inmediato por todos los medios mexicanos y algunos del exterior. Inclusive, el gobierno estadounidense se apresuró a felicitar al gobierno mexicano por tan contundente golpe contra la llamada “delincuencia organizada”. Literalmente se trató de un apresuramiento porque en un par de días quedó demostrado que el capturado no tenía ninguna relación de parentesco con “El Chapo”.

Aquí se ve claramente como el objeto (en este caso el sujeto) al que los medios atribuyen una propiedad o característica determinada, es muy probable – diría yo – que no la tenga.

Más de lo mismo, pero en otro nivel: Los medios y la industria cultural se han encargado de atribuir a la escritora turca Elif Shafak un talento excepcional y, por lo tanto, sus libros se venden por millones y sus ensayos se publican en algunos de los periódicos más importantes del mundo ¿Cómo concluye su más reciente artículo en The New York Times – se supone que el diario más importante e influyente del orbe –

Cito textualmente: “Habrá otra encrucijada por delante en la cual las opciones serán claras: los que tienen fe optarán por la democracia y la defenderán pase lo que pase; los que no tienen fe estarán dispuestos a perderla, quizá para siempre”.

Es decir que para la “brillante” escritora y el medio más prestigioso del mundo el futuro de la democracia es una cuestión de fe. Como creer o no creer en la salvación del alma y el Paraíso.

Sin comentarios.

A este tipo de conocimiento y este abordaje de la realidad podríamos llamarlo, en el mejor de los casos, "Vulgar" o "popular". Es decir, ametódico y asistemático. No es teórico sino práctico; no intenta lograr explicaciones racionales; le interesa la utilidad – sobre todo la utilidad comercial - que pueda prestar antes que descifrar la realidad. Hasta hace algunos años era propio de personas sin formación académica, pero con conocimiento del mundo material exterior en el cual el medio se hallaba inserto. En cuanto al alcance, lo único real es lo que percibe; lo demás no interesa.

A través del conocimiento empírico el público o la audiencia conoce los hechos y su orden aparente. Pero no obtiene explicaciones sobre la razón de ser de las cosas: en el caso concreto que nos ocupa: sobre la violencia.

Pero también existen otra manipulación y otra violencia:
.
A la primera la denominamos “intencional” y Zizek, llama “sistémica” a la segunda, constituida por las consecuencias, a menudo catastróficas, de nuestros sistemas económico y político.

¿Y cómo manipulan intencionalmente esta violencia los medios de comunicación?

Primero: escamotean la existencia de una “violencia sistémica”. Los actos de violencia que el sistema, capitalista perpetra para su funcionamiento y reproducción.

Así, una protesta popular, una huelga, el bloque de caminos o carreteras, la ocupación de una empresa privada, una marcha estudiantil, son presentados como actos de violencia: perturbadores de la normalidad.

En cambio, la apropiación de la mano de obra asalariada: el reclutamiento de campesinos sin tierra para que se encarguen de las cosechas: las diferentes formas a las que recure el sistema y el Estado para legitimarse: la intervención de los Estados Unidos con el pretexto de la Seguridad global y la lucha contra la llamada delincuencia organizada, no son noticia porque, precisamente, forman parte de esa normalidad que los medios, lejos de cuestionar, avalan.

Segundo: ocultan la relación causal entre esa violencia sistémica y la violencia subjetiva. Lo cual equivale a no interesarse por las causas de esta última, como si sus manifestaciones fuesen, simplemente, actos de irracionalidad.

¿Quién puede afirmar que la violencia derivada del narcotráfico en nuestros países no es, en gran medida, una consecuencia de las políticas neo-liberales de desindustrialización y desempleo: de salarios de hambre (México tiene el salario mínimo más bajo del mundo, solo superado por Haití): de desmontaje o precariedad insultante de los sistemas de seguridad social: de la falta de oportunidades para los jóvenes, de la exclusión, la marginación y el racismo: de la concentración de la riqueza en pocas manos: de la afrenta cotidiana del derroche y el consumo suntuario frente a la pobreza o miseria de las grandes mayorías nacionales.

Tercero: Enfatizan la represión (la apología del fuego para combatir el fuego) sobre la prevención. Aunque esta represión tenga lo que eufemísticamente ha pasado a llamarse “efectos colaterales” y aunque lleve implícita la enajenación de la soberanía nacional.

Cuarto: Sustituyen al Estado y violentan la Justicia en cuanto a la imposición de un agenda para afrontar este como tantos otros problemas y en cuanto a la violación de principios fundamentales del Derecho como la presunción de inocencia mientras no se demuestre la culpabilidad: el derecho a la legítima defensa, aun del presunto mas monstruoso de los sicarios; y el respeto de los derechos humanos de sospechosos, culpables y sentenciados.

Quinto: Instalan en el imaginario colectivo la idea de que los actores de la violencia son, mayoritariamente indígenas o mestizos, de origen humilde y escaso nivel educativo (los llamados despectivamente “choleros” o los jóvenes excluidos o desechados por el sistema y por lo tanto, organizados para su subsistencia en “tribus urbanas” o “maras”) mientras las víctimas, por lo general, pertenecen a los sectores de población blanca, de clase media o alta, cultos , de “buenas familias” y “políticamente correctos”.

Sexto: Estrechamente vinculado con el anterior, evidencian la empatía con los individuos de este segundo grupo social, como victimas e, inclusive, en casos de probada culpabilidad.. Y contribuyen a reforzar el racismo y la discriminación contra los primeros.

Finalmente, veamos como operaria el titulo VIOLENCIA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN y la llamada “violencia simbólica”.

Esta tercera posibilidad o dimensión es la menos tratada, estudiada, analizada. Tal vez se trate de la menos visible pero más compleja y, por lo tanto, la más interesante.
Y es la menos conocida precisamente porque en ningún caso los medios se consideran generadores de violencia, de la misma manera en que nosotros, al hablar, al comunicarnos – si esta comunicación es posible, algo que muchos estudiosos ponen en duda – somos agentes de violencia.
Es más que obvio que ningún medio ordena a sus reporteros salir a asesinar, secuestrar o asaltar. Tampoco a protagonizar revueltas, enfrentamientos con las fuerzas del orden, levantamientos, golpes de Estado…. ¡Alto, paremos aquí! El primer golpe de Estado en la República Argentina, en 1930, fue promovido por el diario “Crítica” el más influyente de ese entonces. Y el último, el de 1976, difícilmente pudiese haberse concretado sin la prédica de los tres principales medios escritos: La Nación, Clarín y La Prensa.

Yo trabajaba por entonces en Clarín. ¿Saben que debía hacer, por ordenes de mis jefes, semanalmente? Entrevistar al todo poderoso empresario José Martínez de Hoz, quien, después de ese golpe de Estado, se convertiría en el principal estratega de la Dictadura Militar.
Pero volvamos a la violencia simbólica.
Todos estamos tan impresionados, tan temerosos, nos sentimos tan a merced de la violencia subjetiva y tan atrapados por su protagonismo cotidiano, permanente, en los medios, que pasamos por alto este tipo de violencia, no menos peligrosa, que es la violencia simbólica, constituida por el lenguaje, en tanto esta estructu¬ra establece marcos de referencia, valora experiencias y define parámetros.

La capacidad de nombrar, de dar significado a ciertas experiencias en vez de otras, de imponer un universo de significados, deter¬mina de antemano los márgenes de percepción y racionalidad a priori, es decir, las estructuras mismas de la comunicación.

Los medios están dispuestos a negar a rajatablas su participación en ella. Ni siquiera saben que es. Sin embargo, en la medida en que, por medio del lenguaje en sus diferentes formas, confirman el advenimiento de la reflexión sin fundamentos, el reemplazo del pensar por el representar y la conversión del mundo en una fábula, que con tanta lucidez pronosticaron Nietzsche y Heidegger, son corresponsables de esta catástrofe.

Está o debería estar claro que el culpable es el lenguaje, pero ¿qué sería de los medios sin lenguaje? Podrían ser pura imagen, en una visión utópica de la televisión, podría pensar alguno de ustedes. ¿Pero acaso la imagen, las imágenes, no son una forma de lenguaje?

¿Y porque afirmamos que el lenguaje es el culpable de este tipo de violencia?

Primero porque, según lo explicó Jaques Lacan, fue el lenguaje el que, con toda su carga de violencia e imposición, se apoderó, invadió, desgarró al ser viviente (organismo vivo) para convertirlo en ser humano.

El lenguaje lo convirtió en soporte, presa, incluso en víctima de la palabra. ¿No decimos con frecuencia que somos esclavos de nuestras propias palabras?

Después se dirigió hacia los otros. ¿Para comunicarse y establecer un consenso entre iguales o para reafirmar la identidad del yo e intentar imponerse sobre los otros?

Pero no nos metamos en honduras – como suele decirse – psicoanalíticas, para incursionar en el terreno no menos complicado de la filosofía.

Fue Heidegger el que escribió:

“…el lenguaje lleva las cosas a su esencia: el lenguaje nos mueve de manera que las cosas nos importen de una manera particular. Sus senderos nos permiten movernos entre los entes y tales entes pueden manifestarse como las entidades que son. Compartimos un lenguaje originario cuando el mundo está articulado del mismo modo para nosotros, cuando escuchamos al lenguaje, cuando al lenguaje le dejamos decir su decir para nosotros”.

Imagínense semejante responsabilidad en manos de los medios de comunicación fundamentalmente interesados en lucrar con el lenguaje y en hacer de él un instrumento – el principal instrumento – de dominio y control social, en un mundo caracterizado por la pérdida de la abstracción y de la metáfora; el empobrecimiento de los contenidos, en contraposición con la preponderancia de las formas; la exacerbación de la acción, en clara oposición a la introspección y a la reflexión; el debilitamiento de la línea que separa lo íntimo o privado de lo público, producto de la constante exposición a la que se ven sometidos los individuos en el culto de la imagen, la belleza, el éxito y la juventud.

Es decir en un mundo modelado por los medios de comunicación mediante la violencia inherente del lenguaje.

Porque fue el lenguaje y no otra cosa el que le permitió a un medio mexicano titular “Otro alto militar detenido por presuntos vínculos con el narcotráfico. ERA miembro de la custodia de Manuel López Obrador (el candidato de la centro-izquierda para las elecciones presidenciales del próximo primero de julio).

¿Qué se desprende de tal enunciado? Que López Obrador tiene en su entorno personas presuntamente vinculadas con el narcotráfico.

Pero al leer el texto de la información resulta que ese alto militar FUE miembro de la custodia de López Obrador en las elecciones del 2006. En nuestro lenguaje o, mejor dicho, lengua, ERA Y FUE estaban a disposición del medio quien, funcional al gobierno y a los candidatos de derecha, por supuesto optó por ERA cuando lo correcto hubiese sido escribir FUE.

¿Aún así no queda claro el concepto de violencia simbólica?

Violencia simbólica es imponer como lengua oficial el idioma español, es decir el idioma de los conquistadores, en una nación multiétnica y pluricultural como Guatemala.

Violencia simbólica es tener que saber diferenciar en los medios de información de opinión y ambas de publicidad y cuando se supone que este código universal pero arbitrariamente impuesto ha sido aceptado, se cambia a voluntad de manera que actualmente resulta difícil entender qué es qué.
Uno de los primeros en desarrollar el concepto de violencia simbólica fue el sociólogo francés Pierre Bordiu, en los años 70,s.

Lo utilizó para describir las formas de violencia no ejercidas directamente mediante la fuerza física, sino a través de la imposición por parte de los sujetos dominantes a los sujetos dominados de una visión del mundo, de los roles sociales, de las categorías cognitivas y de las estructuras mentales.

Pero fue el ya citado Slavoj Zizek quien separó lo que él llama “violencia sistémica” de la violencia puramente “simbólica”, es decir – como hemos visto – de la inmanente al lenguaje y ejercida por este.

De todo lo expuesto se concluye que los malos de la película son los emisores y los medios.

Pero del otro lado del proceso comunicativo hay un universo de receptores que sería totalmente parcial o injusto – hasta soberbio – ignorar.

Por más violentado, condicionado o desinformado que esté, creo que deberíamos estudiar y pensar más profundamente el fenómeno de la recepción; de la elaboración secundaria de la información; de las diferentes lecturas e interpretaciones; de las comunicaciones horizontales o comunitarias; de la comprensión y reutilización de los mensajes en el ámbito de las nuevas culturas populares.

Se trata de ámbitos donde también existen posibilidades heterodoxas de leer, escuchar; observa y componer o reconstruir lo social sin necesidad de especulaciones epistemológicas, académicas.

Si bien son ciertos los efectos devastadores de los medios en los campos de la política, el conocimiento, las ciencias, las artes, la cultura en general, y, sobre todo, en el campo de lo social al sustentar y nutrir la violencia subjetiva con la violencia objetiva – sistémica y simbólica –, dando como resultado sociedades aturdidas o paralizadas por el miedo: también se cierto – como lo están demostrando en estos días los jóvenes estudiantes de las universidades públicas y privadas de México ,dentro del movimiento llamado “Yo soy 12”, que si el Estado ha demostrado ser, hasta ahora, una fortaleza inexpugnable, la esfera pública no está cerrada.. Se trata de disputar ese espacio.

En él, como estudiantes y futuros profesionales de la comunicación social, creo que podrán encontrar el hilo de Ariadna, para acabar con el monstruo y salvar a Teseo.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.