miércoles, 18 de julio de 2012

Concepto del último hombre en Francis Fukuyama

Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Para el politólogo estadounidense de origen japonés, plantea que con la caída del muro de Berlín, la historia humana, como lucha entre ideologías ha concluido, con la instauración de un pensamiento único, que da paso a una política y una economía neoliberales.


Su planteo parte de Hegel y Kojève, ahora, supuestamente, sin más luchas entre amos y esclavos, el deseo de reconocimiento se paraliza, de tal modo que la única opción para el pensamiento es acomodarse en el liberalismo democrático, que deviene en un pensamiento único, puesto que las ideologías ya no son necesarios con el triunfo de la economía sobre la política, de tal manera, que los Estados Unidos de América sería la única realización posible del sueño marxista de una sociedad sin clases, según nos informa Wikipedia.

Para Fukuyama, los nuevos acontecimientos serán sólo los científicos, puesto que la Ciencia aún no ha llegado a sus confines pero pocos académicos apoyaron la tesis de Fukuyama, ya que a la par que se daba la globalización aparecían nuevos fenómenos internacionales como el terrorismo, procesos de integración regional más complejos, los movimientos contra el neoliberalismo en Seattle, las cuales parecían desmentir las creencias que Fukuyama pretendía hacernos creer casi como un dogma.

Fukuyama, nacido en Chicago en 1952, fue uno de los organizadores del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, fundado en 1992, con el fin de promover el liderazgo mundial de los Estados Unidos de América, con una mayoría de miembros republicanos, vinculados a un movimiento neoconservador, lo que hace de tal Proyecto, una organización bastante polémica, para algunos tendiente a la dominación suprema, militar y económica de la tierra, el espacio, incluido el ciberespacio, de parte de los Estados Unidos, para prolongar la hegemonía del Imperio durante el siglo XXI, que trajo como consecuencia la invasión a Irak en el 2003, que redundaría en un rotundo fracaso, afortunadamente pues podría convertir al mundo en algo parecido a lo descrito por George Orwell en su novela 1984.

Durante los años posteriores el autor se haría más crítico de la política exterior estadounidense, de la que se iría apartando paulatinamente, enfrentado en una diatriba grande con los neoconservadores a los que siente que ya no puede apoyar más, dado el unilateralismo gringo y sus acciones en el Medio Oriente.

Según El fin de la historia y del último hombre, publicada en 1989, al darse por terminada la lucha entre ideologías, emergería la figura del último hombre, que es el que haría surgir la democracia liberal, con un triunfo definitivo sobre sus enemigos externos, aunque siempre habría un germen del mal entre los drogadictos, los desamparados, la gente sin hogar, los delincuentes más los daños que se producen sobre el medio ambiente y el frívolo consumismo. Pareciera que la Historia se encargaría ella misma de desmentir su grito triunfalista y desmentirlo.

Methol Ferré señala que Fukuyama intentaría aunar el positivismo científico y tecnológico de un Auguste Comte, con la dialéctica del Amo y del esclavo, que Hegel planteara en la Fenomenología del Espíritu, con la interpretación que hiciera del filósofo alemán, Alexandre Kojève, su divulgador en Francia, en un intento de superar un relativismo pesimista de un Spengler, profeta de la decadencia de Occidente, para dar pie a sociologías modernizadoras como la de Weber y Parsons, de tal forma que la modernización de las sociedades industriales en el capitalismo, democrático y liberal, nos llevarían al paradigma que Fukuyama designa como el Fin de la Historia, con una superación del Ancienne Régime de las monarquías absolutas, del fascismo y del totalitarismo soviético.

De acuerdo con ese esquema las sociedades capitalistas avanzadas como los Estados Unidos de América, Europa Occidental y Japón estarían en el Fin de la Historia, al conjugarse una economía de alta productividad – ahora en crisis – y una democracia liberal que nos adentran en el período de la post-historia, como punto final de la evolución de la humanidad y como forma final del gobierno, sin contradicciones fundamentales, bajo el amparo de una prosperidad económica, de la que ahora podemos dudar perfectamente, a partir del 2008, puesto que tampoco hemos llegado al ideal kantiano de una constitución cívica perfectamente justa, como el más elevado objetivo que la Naturaleza asigna a la especie humana.

Tampoco hay consenso de que de que el hombre a estas alturas del siglo XXI haya adquirido la dignidad humana; aún siguen rondando por el mundo más de un humillado y ofendido, en un contexto en el que la democracia neoliberal se deshace, en medio de sus propias contradicciones, lo cual parece que la historieta de Fukuyama no ha sido más que un mito autosuficiente.

Su visión economicista no explica la democracia liberal y la soberanía popular, mi garantiz de los Derechos Fundamentales, como tampoco valores básicos.

Methol Ferré no niega la búsqueda de reconocimiento que tenemos los seres humanos, como un valor que conlleva la dignidad de cada sujeto.

La antropología básica de Fukuyama es la de Platón, quien consideraba que las tres principales vertientes del ser humano son el deseo, la razón y el espíritu (Thymos).

Llama la atención que Fukuyama haya elegido el concepto de último hombre, el cual en Nietzsche, es un estado de la humanidad bastante degradado, por su conformismo, por su falta de crítica y de rebeldía, estado de camello que el ser humano debe trascender para convertirse en león y finalmente en ese niño que habita siempre en los hombres auténticos, en los hombres de verdad, esos superhombres, que distan muchísimo del ideal nazi, masificador y anulador de la subjetividad, porque el nietzscheano, es aquel que está en una lucha continúa por superarse dentro de su propia singularidad.

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