jueves, 5 de julio de 2012

El árbol de Baena

J. J. Conde (Desde Sevilla, España. Especial para ARGENPRESSCULTURAL)

De su árbol genealógico, dice el poeta Javi Baena que sale toda la leña que se consume lenta e inexorablemente en la fogata cíclica que le alimenta o alumbra al través de los tiempos. Doctor en Bellas Artes, Javi Baena (Sevilla, 1974), compagina educación, poesía e ilustración. Imparte clases en el instituto Virgen del Socorro, de Rociana del Condado, en Huelva (España) y en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. Y entre clase y clase, leo en la solapa, traza líneas que convierte después en poemas, ilustraciones o libros. Como poeta fue becado para un taller con José Hierro en la UIMP de Santander, y en Montevideo con Manuel Rivas. Ha publicado en diversas revistas y antologías, siendo en “Poetas en el camino” de Nuño Editorial donde Baena depositó su penúltimo ramillete de versos. Ahora, con el libro “Leña de mi árbol genealógico” se estrena en solitario, dejándole caer al lector que: “la finalidad de estos versos es calentarnos y encender una hoguera en homenaje a los ancestros que siguen latiendo en nuestro organismo, aguantar el frío esperando una primavera donde perpetuemos su savia, más allá de nosotros mismos”.
Asevera Javi Baena que: “Mi casa está en el árbol”. Y en medio del crepitar de las varillas de jara –que conforman el ancestro mío- Baena arroja decidido el elemento vivificador que le viene conmoviendo desde que en un buen fajo de cuartillas fuera taladrando el largo y tortuoso camino por donde se mueven los que están prendidos de la enramada de los árboles genealógicos. “La conciencia no me pesa / porque la verdad no pueda ser nombrada; / aunque la palabra no sirva para expresar / todo lo que se cuece en cada momento / es la leña que dejaron los ancianos / escondida tras la superficie del tiempo / y aunque no soy arquitecto / ni utilizo las herramientas del carpintero / siempre podré erigir una hoguera, / presentar una ofrenda de fuego / a todo lo que se fragua en el hombre / y que tiene la esencia genética / en las cepas de los viernes más antiguos. / Las palabras son hilos de madera / que pespuntan siglos y hombres”. Y en el remanso de la brasa, todavía medio encendida, despunta el abrazo que enarbola enardecido nuestro poeta hacia la llama que está por alumbrar si más leña se le añade. “…en la oscuridad de mi habitación, / tiro espaciadamente de la hebra de luz / que sólo tú eres / y que da pabilo a la cera con la que veneraré / a mis antepasados, a mi futura prole”.
“Leña de mi árbol genealógico” me parece un libro riguroso. Riguroso, de exacto, preciso y minucioso. El trabajo de un orfebre, diría yo: por lo de cambiar la madera por el metal precioso y sus aleaciones. “Madre, perdóname / por no saber devolverte / la lentitud de tus actos / cuando doblabas mi ropa / sobre el edredón dormido de mi cama, / la solemnidad humilde que brotaba en tus ojos / cuando escuchabas a tus hijos / con una atención de amor / que bien pudiera ablandar las espinas / más secas del lenguaje…” Y es que Javi Baena es un amontonador de astillas, pero de las que se desgajan sin violencia alguna. Y compone, y recompone para entrelazar estigmas. Pues que en ese enhebrar esencias -a la manera de cuando se endulzan los pensamientos mientras se observa la lumbre- va dejándose los jirones del presente en el que habita, y los jirones remontan y planean sobre la genealogía de Javi Baena, poeta: “Rechazo la muerte / si llegara antes de su tiempo / porque tengo que criar un perro, / sembrar patatas, / tener hijos, / acompañar a un ombú / que crece bajo el sol más duro…Tengo que perpetuar mi árbol genealógico, / ofrecer su sombra / a los cansados caminantes.”

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