miércoles, 18 de julio de 2012

El férreo cemento que es la práctica

Ernesto Montero Campos (Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Se han quedado absortos los que encontraron todas las leyes en libros anticuados, los que nunca se movieron de sus pulpitos y creyeron más en el movimiento del cerebro para crear otras realidades. Fue una excepción para aquellos ajenos a la acción práctica, y también para esos que creyeron tan solo en lo objetivo, en lo duro, en los ladrillos; y obviaron lo subjetivo, los sentimientos, al mundo interior, al amor. ¿Cómo es posible que unos pares de mocosos pudieran hacer una tremenda revolución que hasta el cielo aplaudió? ¿Cómo es posible que de unas barbas, nuevamente, salga una nueva filosofía? Hubo excepciones, sí: hubo un Fidel, hubo un Che, un Camilo y demás hombres que entendieron en su ignorancia lo que era verdaderamente el Comunismo.

No habría excepciones cuando se logra interpretar las directivas que el pueblo o masa ya reconoce: El Partido del futuro estará íntimamente unido a las masas y absorberá de ellas las grandes ideas que después se plasmarán en directivas concretas (1). O como diría Fidel que la condición esencial de un revolucionario es saber interpretar la realidad, para luego cambiarla, exigir de que cambie, no creer de que ella está equivocada y nosotros en lo correcto. Es iluso y de tontos tener todo ya escrito y ajustarnos a eso cuando la realidad en cualquier parte de América puede cambiar las líneas generales. El marxismo es eso: la conciencia no crea la realidad, es la realidad quien crea la conciencia. Y claro en Cuba, el partido fue la guerrilla, muy distanciada de los partidos dizques comunistas que poseían una supuesta dialéctica enladrillada o como aportaría luego Cortázar la palabra “quitinosa”. La Guerrilla hizo más que romper el ladrillo, no utilizo ninguno.

Vemos en el Che la utilización ética de Marx, el rescate del Marx - que para algunos es el “Marx Joven”, un equívoco anquilosado en diferentes manuales postmarxistas-sus escritos tan básicos para un comunismo ideal. Como diría Fernando Martínez Heredia:

“Lo más visible y atrayente del pensamiento de Guevara es la actitud inquisitiva que no respeta dogmas ni prejuicios (…) Guevara se opuso realmente al desprecio pragmático por lo teórico, y a la vez al seguidismo intelectual de las líneas políticas”.

Y vemos que eso lo repite en artículos como “¿Qué deber ser un joven comunista?” Plantearse todo lo que no se entienda; discutir y pedir aclaración de lo que no esté claro; declararle la guerra al formalismo, a todos los tipos de formalismo; o en su Diario de Bolivia, como unos ejemplos …por la noche di una pequeña charla sobre el significado del 26 de julio: rebelión contra las oligarquías y los dogmas revolucionarios.

¿Todo esto es una ruptura ideal contra la burocracia revolucionaria o puramente una verdadera vanguardia creadora? Ambas cosas. La vanguardia creadora que rompió la falta de sueños heredada para toda Latinoamérica de la Rusia y China Mercantilistas, que han demostrado que gracias a la incorporación de conceptos capitalistas a la teoría marxista se llega al mismo meollo: Imperialismo.

Volviendo al tema que me interesa, el del rescate que hacer Ernesto Guevara de los textos más jóvenes de Marx. Es muy probable que el REAL SOCIALISMO obviara a propósito los textos del que ellos llaman “Marx joven”, que el Che pudo rescatar y reinterpretar. Discutiendo una vez con el compañero Gustavo Pérez Hinojosa, hablaba de que en su época, no se hablaba de valores, que la cuestión era devorarse tales ladrillos, ser ladrillos, y que ahora tratamos de rescatar valores humanos que en la primera etapa de Marx se encontraban, pero no se podía encontrar en los textos maduros plenamente. Y es que tampoco hubo las ganas de publicar tales textos.

Che desarrolla lo que el Marx maduro, al hacer ciencia, descuida, a lo que tampoco Lenin presta mucho tiempo, ya sea por tener otras tareas históricas teóricas y prácticas más importantes y perentorias, o, porque tenía una concepción distinta a la desarrollada por Che.

Las concepciones marxistas en Cuba, dadas por el Che, o el mismo Fidel, sitúan una parte del marxismo, quizás la parte más acertada, el que predomina todavía, sin contaminarse como lo hicieron los sistemas ruso y chino, principalmente, desligados del hombre, preocupados, sí, por la mercancía.

La revolución cubana se caracterizó desde sus inicios por situar a la persona en el centro.
Y esto no era una forma de calco o copia ni tan solo una creación de la nada, era si rescate de la esencia comunista, del humanismo revolucionario, no burgués; con unos aportes exactos y adecuados para la elaboración correcta de un verdadero comunismo. El Che lo planteaba de este modo:

La Revolución cubana toma a Marx donde éste dejara la ciencia para empuñar su fusil revolucionario; y lo toma allí, no por espíritu de revisión, de luchar contra lo que sigue a Marx, que revivir a Marx «puro», sino, simplemente, porque hasta allí Marx, el científico, colocado fuera de la historia, estudiaba y vaticinaba.

Después Marx revolucionario, dentro de la historia, lucharía. Nosotros, revolucionarios prácticos, iniciando nuestra lucha simplemente cumplíamos leyes previstas por Marx el científico, y por ese camino de rebeldía, al luchar contra la vieja estructura del poder, al apoyarnos en el pueblo para destruir esa estructura y, al tener como base de nuestra lucha la felicidad de ese pueblo, estamos simplemente ajustándonos a las predicciones del científico Marx.

Se podría decir que el representante mayor del marxismo cubano (sin ser cubano) fue y lo es el Che, repudiado por los ladrillos de anteojos y ortodoxos, y amado por los que leyeron poco pero entendieron la realidad en abundancia. Che dentro de Cuba refundó las tesis centrales, para así lograr un desarrollo integral revolucionario: elevar al humano, sacar de él lo más humano que, valga la redundancia, el mundo sea más humano. El Comunismo tiene que ser eso: transformación social, económica, material si es lo que se busca, pero sin obviar lo ideal, lo subjetivo, la conciencia, lo sentimental y fraternal.

Las situaciones varían, variaron en el proceso cubano; muy diferente al de Marx y Engels, al de Lenin, o al de Stalin que cada vez encuadrilaban más lo puro de este movimiento. Hay una situación de la cual no se debe nunca descuidar; la toma de conciencia, pues esta lucha no puede ser de máquinas programadas para solo repetir y repetir. La conciencia abarca todo el proceso revolucionario, desde por qué tengo que cambiar el mundo hasta cómo hacerlo. Interpretar la realidad como se hizo en Cuba, y si lo hacemos antes llevaremos al pueblo a una victoria segura. Fidel en una entrevista en México lo explica de este modo: Pero si ya desde entonces nosotros éramos marxistas; si nosotros pudimos interpretar la realidad de nuestro país, es porque ya habíamos aprendido el marxismo-leninismo y lo habíamos asimilado. O como diría el Che: Es esta una Revolución singular que algunos han creído ver que no se ajusta con respecto a una de las premisas de lo más ortodoxo del movimiento revolucionario, expresada por Lenin: «sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario.» Convendría decir que la teoría revolucionaria, como expresión de una verdad social, está por encima de cualquier enunciado; es decir, que la Revolución puede hacerse si se interpreta correctamente la realidad histórica y se utilizan correctamente las fuerzas que intervienen en ella, aun sin conocer teoría.

Demostrando así a los ortodoxos leninistas, que se podría acotar algo al gran Lenin.

PRIMER DOGMA: NO SER DOGMATICO

El ejemplo cubano demuestra como actividad principal la creación de la luz creadora, de esa chispa que tanto se habla pero que para algunos solo se ha quedado en luz de cuento de tinta y papel. Es diferente en esta etapa, Cuba con su aporte hizo no tan solo una revolución nacional, sino cacheteó, reanimó en su momento la esencia marxista: la práctica, el anti dogmatismo, la verdadera revolución dentro y conllevando la práctica.

Nadie puede dudar que la teoría revolucionaria es indudablemente necesaria, pero tampoco no podemos caer en el pragmatismo que toman algunos “leninistas” de que no puede haber praxis revolucionaria sin teoría. Vemos un Camilo Cienfuegos que comprendía la necesidad de un cambio, pero que obviaba el marxismo, pero que a pesar de eso podía considerárselo marxista debido a su interpretación concreta de la realidad. Vemos un Sandino en Nicaragua, revolucionario cabal pero que en la práctica quizás haya dudado en cuanto a teoría marxista, pero que ahora es un icono para toda Latinoamérica. O vemos sacerdotes que se autodefinen como marxistas, cuando antes todo el materialismo era ateo. En este sentido no es que las cosas cambien, ni las ideologías; es la precisión con que la vanguardia real siempre llega a obtener, a pesar de los errores de otros.

Y es que nadie acá viene a tratar con eruditos, nosotros tampoco nos creemos tal cosa; pues, como diría el Che de Marx, en su artículo “Ideología de la revolución cubana “expresa un concepto revolucionario: no solo hay que interpretar la naturaleza, es preciso transformarla”. Es esto lo que venimos buscando, que luego de analizar estas lecturas del Che, salgan y vibren o hagan sentir a los demás que esto es bueno, como en la lectura “Ser un joven comunista” sentirnos orgullosos de nuestra condición de revolucionarios, que no hay sentimiento más lindo que el de querer un mundo mejor. Otro mundo. Que no buscamos meros teóricos que hagan discursos o debates para dos horas, mientras en otros lados hay gente peleando, muriendo por los ideales necesarios y urgentes. Necesitamos si corazones experimentados, y que más experiencia que la vida diaria en esta gran lucha de clases. Hablare en unos términos guevaristas, palabras usadas por el Che:

“EL FÉRREO CEMENTO QUE ES LA PRÁCTICA”

En Cuba, esta vez, un grupo de muchachos utilizó en la práctica el 100% de marxismo que conocían, creyendo así que, al principio con sólo condiciones objetivas se lograría un cambio real. Y lo reconocieron, el Che reconoció la falta de desarrollo de la subjetividad, la certeza que debe estar en cada mente para ganar. Lo reconocieron después de haberlo cometido. Viendo nosotros tal cuestión debemos preocuparnos, ahora, de sembrar dentro de la subversión el sentido místico de que la revolución socialista si puede ser. Sembrar la fe del Che, la de Mariátegui.
La fuerza de los revolucionarios no está en su ciencia:
Está en su fe, en su pasión de voluntad.
Es una fuerza religiosa, mística, espiritual.
Es la fuerza del mito

José Carlos Mariátegui

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