miércoles, 25 de julio de 2012

El modelo médico viola los derechos de las mujeres (Parte II - Final)

Jesús García Blanca

En la primea parte de este artículo (1) empezamos explicando cómo el modelo médico dominante lleva décadas agrediendo a las mujeres mediante la medicalización y la invasión tecnológica de procesos naturales como la concepción, la lactancia y la crianza de los bebés y, en los países emergentes, mediante programas de abortos y esterilización a gran escala así como experimentando con ellas peligrosos fármacos. Pues bien, esa intromisión resulta especialmente nociva en lo que se refiere al embarazo y parto, proceso natural con profundas y sutiles implicaciones para la mujer que se ve reducido hoy a un conjunto de actuaciones rutinarias, deshumanizadas y uniformizadas por el protocolo y, en muchos casos, a experiencias traumáticas injustificables debidas al actual empeño médico de controlar lo espontáneo y vital, la incapacidad de los profesionales para actuar fuera de los consabidos cánones autoritarios o, simple y llanamente, a los intereses de la gran industria farmacéutica.

“Para cambiar el mundo hay que cambiar el modo de nacer”

Michel Odent

Las archiconocidas náuseas que afectan a tantas mujeres en las primeras semanas o meses de embarazo tienen una explicación simple desde una óptica natural: el cuerpo se prepara para recibir al nuevo ser y lo primero que hace es una limpieza a fondo. Por tanto una vida sana y una alimentación adecuada previas al embarazo las evitarían en la mayor parte de los casos. En cualquier caso lo importante es comprender su sentido biológico en vez de “luchar” contra ellas siendo quizás el disparate más grave que se conoce en este sentido el uso en España de la talidomida ¡incluso después de ser retirada por su peligrosidad en otros países! Hablamos de un fármaco que desde 1958 se fabricó en Alemania por Chemie Grünenthal para evitar los vómitos y las náuseas durante el embarazo asegurando el fabricante que no tenía efectos secundarios. Según la Asociación de Víctimas de la Talidomida (AVITE) se vendió en 50 países con ochenta nombres comerciales y provocó el nacimiento de más de 20.000 bebés con mutilaciones. Y a pesar de que se prohibió en 1961 al descubrir que producía graves e irreversibles malformaciones en los recién nacidos, en España no se retiró oficialmente hasta 1963 aunque AVITE asegura que pudo estar a la venta tres o cuatro años más calculando en unos 3.000 los niños españoles afectados de focomelia, una deformación grave de las extremidades. Es más, según afirma el presidente de AVITE, José Riquelme, muchos murieron prematuramente por afecciones en el corazón y el cerebro.

Bueno, pues el fármaco de marras ¡continúa utilizándose produciendo más casos de malformaciones! En Brasil, Perú, Kenia, China, Etiopía y muchos otros países porque el laboratorio fabricante asegura ahora que ayuda a combatir la lepra, el lupus, las úlceras y los mielomas. Y la hoy putrefacta Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dado su beneplácito asegurando haber comprobado su eficacia. Es más, se está “estudiando” -es un decir- su posible uso en casos de prostatitis crónica. Realmente inconcebible.

Otro caso sangrante de fármaco que continuó recetándose en España a pesar de haber sido retirado por efectos adversos graves en otros países es el del estrógeno sintético Dietilestilbestrol (DES) recetado con la excusa de que “reducía” el riesgo de aborto durante el embarazo. Con lo que entre 1940 y 1960 un millón y medio de embarazadas lo tomaron en Estados Unidos. Bueno, pues en 1957 un equipo médico demostró que el fármaco era absolutamente inútil siendo falso que redujera el riesgo de aborto. Entre tanto comenzaron a aparecer casos de un extraño tipo de cáncer de vagina en adolescentes y resultó que las madres de todas las afectadas habían tomado DES por lo que en 1971 se prohibió el fármaco en Estados Unidos aunque se mantuvo en el mercado ¡hasta 1978!, fecha en la que ya se habían registrado cuatrocientos casos de cáncer de vagina debido al DES. Fuera de Estados Unidos se desconoce el alcance del daño causado en al menos dos generaciones de mujeres con la única excepción de Francia, país en el que sí se sabe lo que provocó pues un estudio efectuado en 1983 determinó que a pesar de estar utilizándose allí el fármaco a dosis muy inferiores a las estadounidenses podía haber ya entonces cerca de 80.000 niñas afectadas.

Bueno, pues en España se comercializó con el nombre de Protectona y se recetó profusamente durante las décadas de los cincuenta y sesenta del pasado siglo XX. No sólo por ginecólogos sino también por médicos de cabecera. Y según afirmaría el diario El País en un reportaje publicado en 1986 dando cuenta del primer caso español que se identificó como cáncer provocado por el DES el Vademecum de 1976 incluía todavía la Protectona con la indicación de “protección del embarazo y amenaza de aborto”.

Uso abusivo de test y ecografías

Otra práctica médica aberrante es la petición abusiva e injustificada de test y ecografías -especialmente de la mama- porque la presión que se ejerce sobre ella puede no ser inocua. Pero se hace con la excusa de “prevenir” porque proporciona mucho dinero. Bueno, pues la International Childbirth Education Association (ICEA) -Asociación Internacional para la Educación del Parto- advierte al respecto de que la probabilidad de que los ultrasonidos afecten a las células sanguíneas, al desarrollo neurológico, al sistema inmunitario y a la estructura genética del bebé es “alta”. La revista Obstetrics and Gynecology ya publicó ¡en 1983! informes que demostraban que los ultrasonidos pueden dañar los hematíes maduros de la madre y alterar los niveles de la hormona gonadotropina que interviene de forma decisiva en la buena marcha del embarazo aumentando la posibilidad de abortos. De hecho la propia Food and Drugs Administration (FDA) norteamericana junto con la Asociación Médica Americana y el Congreso Americano de Obstetras y Ginecólogos aconsejan ahora reducir su utilización a los casos estrictamente justificados.

Es más, en Suiza se realizó un amplio análisis de los resultados de esta práctica -se publicó en el British Medical Journal- concluyéndose que la alta posibilidad de diagnósticos erróneos frente a los insignificantes beneficios que se obtienen con las ecografías desaconseja exponerse a ellas dado el riesgo real de malformaciones.

Lo mismo cabe decir del test AFP (Alfa FetoProteína) utilizado para detectar alteraciones en el feto -en particular, el Síndrome Down- pues según se reconoció en la revista Mothering Magazine en realidad no consigue detectar el 80% de los fetos con Síndrome Down, el 40% de los casos de espina bífida y el 10% de los casos de anencefalia.

Y otro tanto ocurre con la reciente decisión de someter a las mujeres a los llamados test del VIH o test del SIDA -el Elisa y el Western Blot- porque éstos no han demostrado científicamente su eficacia jamás. De hecho ni siquiera está demostrada la existencia del VIH como en esta revista se ha denunciado muchas veces.

Parto: Caso omiso a la Organización Mundial De La Salud

Por lo que se refiere al parto es evidente que el modelo médico dominante lo ha convertido en un acto mecanizado y medicalizado a pesar de las recomendaciones de la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) -a la que los galenos hacen caso cuando les conviene e ignoran cuando no es así- y de la contundente evidencia científica que desde múltiples disciplinas viene advirtiendo de la necesidad de humanizarlo, algo que no significa otra cosa que devolverle su esencia de proceso natural. Nos referimos obviamente al modelo como institución y no a la totalidad de los profesionales muchos de los cuales se ven obligados a enfrentarse a sus compañeros o superiores si quieren hacer su trabajo respetando la ética profesional.

Siendo lo peor de todo que la aparatosa batería de medidas tecnológicas supuestamente empleadas para “mejorar el parto” lo que hace es provocar una incontable cantidad de complicaciones y, aún más, convertir lo que debería ser un acontecimiento natural gozoso en una experiencia traumática. Al punto de que en este ámbito no es exagerado decir que la mayoría de las intervenciones hospitalarias se dedican a resolver problemas provocados por la propia medicalización. De hecho por eso en 1985 la OMS aprobó la llamada Declaración de Fortaleza en la que se hacen una serie de recomendaciones sobre el nacimiento que comenzaba advirtiendo de que no más del 10% de las intervenciones o prácticas rutinarias están justificadas desde el punto de vista médico. Bueno, pues en ella se critica que las mujeres den a luz tumbadas boca arriba en una camilla con los pies en alto porque no es una postura natural de parto y el único objeto de hacerlo así es la comodidad… del médico. Y se aconseja además reducir al mínimo imprescindible las cesáreas, la monitorización, las episiotomías y el adelanto artificial del parto. Declaración que es papel mojado para el modelo médico dominante, especialmente en España donde la incorporación de dichas recomendaciones es casi testimonial: sólo 16 hospitales de los más de 800 existentes han incorporado ¡treinta años después! esas recomendaciones de la OMS.

El obstetra francés Michel Odent, que lleva décadas luchando por la humanización del nacimiento, considera que “las mamíferas necesitan para parir intimidad, privacidad, seguridad física y emocional, y respeto”. Agregando: “La Obstetricia, disciplina dominada por el hombre médico, nunca ha comprendido la fisiología del parto”.

Claro que los hospitales se limitan a seguir los protocolos que establecen las sociedades profesionales de Obstetricia. En el caso español la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) que a decir de la abogada y presidenta de la Asociación El Parto es Nuestro, Francisca Fernández, “es una asociación profesional como cualquier otra creada para defender los intereses de sus asociados y no de las mujeres”.

El resultado es que la Obstetricia no se propone realmente facilitar el proceso natural del parto al servicio de la mujer sino sustituirlo por un conjunto de procedimientos artificiales controlados por los médicos, incluso en los casos en los que no intervienen directamente. La OMS -cuando aún no estaba en manos de la industria farmacéutica- lo dijo con impactante claridad: “Medicalizando el nacimiento (…) el estado de la mente y el cuerpo de la mujer se alteran tanto que la forma de realizar este acto íntimo también debe quedar alterada, al igual que el estado del recién nacido. El resultado es que ya no es posible saber cómo hubieran sido los nacimientos antes de estas manipulaciones (…). Por tanto, los proveedores de los servicios de natalidad no tienen un verdadero criterio para calibrar su asistencia”.

La peor postura para nacer, sobre todo para el bebé

En cuanto a la postura de la parturienta, como antes adelantamos, la OMS se pronuncia así: “No se recomienda colocar a la embarazada en posición dorsal de litotomía durante la dilatación y la expulsión. Debe recomendarse caminar durante la dilatación y cada mujer debe decidir libremente qué posición adoptar durante la expulsión”. Sin embargo en la mayoría de los hospitales el propio diseño de los paritorios hace inviable el cumplimiento de esta recomendación. Y es que el personal sanitario ha asumido hoy como algo normal quela mujer dé a luz en la peor postura que puede concebirse para parir: tumbada boca arriba y con los pies en alto. Para empezar porque el canal del parto se alarga y estrecha mientras el coxis se eleva de modo que el bebé encuentra una vía de salida más difícil cuando la posición vertical cuenta con la ayuda de la gravedad y ofrece una superficie mínima de frotación. La horizontal en cambio obliga al bebé a arrastrarse contra una superficie de gran frotación en la que además el útero presiona los vasos sanguíneos de modo que llega menos flujo de sangre tanto a la placenta como al feto. Lo que en ocasiones hace que el monitor lo interprete como sufrimiento fetal y se opte por practicar una cesárea. Además la posición vertical estimula la dilatación y la producción natural de oxitocina mientras la horizontal lleva a muchos médicos a tener que utilizar oxitocina sintética lo que puede causar problemas que justifican posteriormente más intervenciones médicas. Aunque quizás lo más importante es que la posición tumbada arrebata a la mujer el protagonismo del parto y la coloca en una situación de indefensión y alienación totalmente incompatible con el estado emocional necesario en un parto espontáneo.

Luego, ¿a quién beneficia esa postura? La respuesta es evidente: sólo al equipo médico.

Beneficios económicos de las cesáreas

Según la Declaración de Fortaleza “los países en los que las tasas de mortalidad perinatal son más bajas tienen también tasas de cesáreas inferiores al 10%. No hay pues razón alguna que justifique que haya en un país tasas de cesáreas superiores”. Pues bien, en Europa-según las Estadísticas Sanitarias Mundiales de la OMS publicadas en 2011- la media de cesáreas está ya ¡en el 22,3%! Y según Health Grades -un centro independiente de información sobre médicos, hospitales y calidad de asistencia- en Estados Unidos el número de cesáreas aumentó entre 2002 y 2009 del 27% al 34%. En cuanto a España la media es del 25,3% pero no deja ser enormemente significativo que en los hospitales privados esa cifra se eleve hasta el ¡34,60%! Es más, en algunos llega a ser de ¡más del doble!

Según datos del Observatorio de la Salud Infantil y Perinatal de la Comunidad Valenciana la tasa de cesáreas alcanzada en 2009 por el hospital San Jorge, de Alcoy -por poner un ejemplo- fue del ¡72,4%! Llegándose en los hospitales Levante de Benidorm y Medimar Internacional de Alicante al 60,3% y en el Hospital Perpetuo Socorro, también de Alicante, al 58,9%. Habiendo otros siete hospitales en esa provincia que superan la media nacional. Una absoluta aberración que sólo se explica porque así se obtienen mayores beneficios económicos.

Y es que según un estudio realizado por investigadores del Parc de Salut Mar de Barcelona publicado en Bio Medical Center Health Services Research el coste medio de un parto sin instrumentalización es de 3.682 euros -comprendiendo la atención durante los tres primeros meses de postparto- mientras un parto con cesárea cuesta 5.815 euros. ¡Suculenta diferencia de más de 2.200 euros! Luego si según la OMS apenas se justifica que el número de cesáreas alcance un 10% no hay la menor duda de que en España se están realizando de forma masiva e injustificada sólo para ganar así dinero.

Y, sin embargo, una cesárea es peligrosa y hacerla sin justificación objetiva debería considerarse sin más una actuación criminal. Porque está profusamente documentado que la cesárea multiplica de 2 a 6 veces el riesgo de mortalidad de la madre aumentando al doble la mortalidad perinatal. Peligro al que hay que añadir posibles complicaciones -a veces muy graves- de hemorragias, lesiones intestinales y de vesícula, neuritis por compresión instrumental, trombosis, embolia pulmonar o cerebral y peritonitis además de poder condicionar toda la vida reproductiva de la mujer.

En cuanto al recién nacido se le puede provocar un síndrome de distrés respiratorio y además aumenta el riesgo de parto prematuro y de laceraciones durante la intervención ya que en el 2% de las cesáreas se producen cortes accidentales con el bisturí.

Aunque quizás el daño más importante de las cesáreas no sea el físico pues se ha constatado que las mujeres no asimilan de la misma forma una cesárea justificada por motivos médicos que una cesárea que se produce de modo rutinario por la forma en que se maneja el parto en los hospitales. Está documentado que si una mujer descubre que la cesárea no era en realidad necesaria puede llegar a experimentar emociones muy intensas y obsesivas.

A mayor abundamiento hoy se sabe que el bebé necesita el roce con el canal vaginal para activar la piel al nacer y eso la cesárea lo evita.

Por último, como comentaremos a continuación, debe saberse que las cesáreas dificultan o impiden el adecuado contacto biológico y emocional de la madre y el bebé con graves consecuencias para el desarrollo de éste.

Monitorización y episiotomías innecesarias y traumáticas

Respecto a la monitorización fetal durante el parto la OMS declara: “No existe evidencia de que la monitorización fetal rutinaria tenga efecto positivo sobre el resultado del embarazo. La monitorización fetal electrónica sólo debe efectuarse en casos cuidadosamente seleccionados por su alto riesgo de mortalidad perinatal y en los partos inducidos”.

Bueno, pues una revisión realizada por el New England Journal of Medicine de los estudios más relevantes al respecto concluyó en 1990 que la monitorización “no es eficaz” para reducir las posibilidades de muerte del bebé durante el parto y que únicamente aumenta las posibilidades de que se practique una cesárea. Sin embargo, la monitorización se lleva a cabo de forma rutinaria en la mayoría de los hospitales occidentales -incluidos pues los españoles- impidiendo la libertad de movimientos de la mujer durante la dilatación -cuando puede resultar tan positivo caminar o meterse en una bañera- y también durante el parto -obligándola a estar tumbada para que la lectura sea “efectiva”.

Otra práctica generalizada en los partos hospitalarios es la episiotomía, técnica que la OMS desaconseja y consiste en hacer un corte en el perineo o músculo del piso de la pelvis con el supuesto objetivo de evitar que se rasgue en el momento del paso del bebé y además protegerlo de daños neurológicos. Lo curioso es que todas estas hipotéticas ventajas se basan en un artículo escrito hace más de noventa años que carecía del más mínimo rigor. De hecho estudios recientes han demostrado que la episiotomía no tiene absolutamente ninguna ventaja ni para la parturienta ni para el bebé y además es la causante de las rasgaduras profundas que se presentan en algunos partos. En 1999 un artículo publicado en The Lancet la calificaba de “mutilación genital femenina”. A pesar de lo cual en España -uno de los países europeos con mayor retraso en la aplicación de las recomendaciones de la OMS- se practica ¡en un 89% de los partos! Y en algunos centros, como es el caso del madrileño Hospital Universitario La Paz, ¡en el 100%!

Partos con fecha de caducidad

Una consecuencia dramática de la deshumanización de los partos y su degradación hasta convertirlos en actuaciones rutinarias que hay que despachar de modo rápido en hospitales frecuentemente masificados es la utilización de diversas estrategias de inducción del parto. Y es que hoy a menudo es el médico el que decide cuándo debe producirse y si resulta que el bebé decide tomarse su tiempo éste provoca el parto. Una práctica antinatural que en España se hace en uno de cada cuatro partos. ¿Cómo? Administrando a la madre oxitocina sintética…en contra nuevamente de las recomendaciones de la OMS que declara al respecto: “La inducción del parto debe reservarse para indicaciones médicas específicas. Ninguna región debería tener más de un 10% de inducciones”.

Obviamente la actual utilización inmoderada de oxitocina sintética y prostaglandinas no permite acercarse a esta cifra. En un protocolo puesto en práctica en el Hospital La Inmaculada de Huércal-Overa (Almería), por ejemplo, se decidió que para disminuir el número de cesáreas había que adelantar artificialmente muchos partos. Y entre 1996 y 2001 el 28% de los partos que allí se atendieron fueron provocados.

Bueno, pues una vez más debemos enumerar la larga lista de riesgos y efectos adversos relacionados con este otro “avance de la medicina” que podría aportar beneficios si se utilizara sólo en los pocos casos en que estaría justificado pero que al convertirse en rutina -beneficiando sólo a quienes lo comercializan- lo que supone es una nueva agresión contra las mujeres y sus bebés. Porque lo cierto es que el uso de Pitocín -nombre comercial de la oxitocina sintética más conocida- puede provocar dolor intenso y ello refuerza el miedo y la falsa convicción de que todo parto es doloroso y por tanto las mujeres no pueden parir sin ayuda médica. Además la oxitocina sintética termina dando lugar a un elevado porcentaje de cesáreas, provoca a menudo sufrimiento fetal y agotamiento en las mujeres, aumenta el riesgo de hemorragia postparto y de que el bebé sufra un ataque, promueve el uso de monitorización, impide la movilidad de la mujer y puede provocar la ruptura del útero. Y por si todo ello fuera poco el Pitocín predispone a la ictericia y puede provocar daños en el hígado del bebé y, en algunos casos, hasta daño cerebral y muerte. Como remate agregaremos que esta droga inhibe el descenso de la leche materna.

Cabe añadir que el aumento del dolor provocado por la oxitocina sintética puede forzar la utilización de anestesia epidural. Y aunque es cierto que ésta alivia enormemente dolores angustiosos no lo es menos que en la mayoría de los casos los dolores son provocados precisamente por la forma medicalizada en que se desarrollan los partos.

En cualquier caso las mujeres deben saber que la epidural puede provocar numerosas reacciones adversas, tanto a corto como a largo plazo. En el bebé los posibles efectos son estos: toxicidad, somnolencia, reflejo débil de succión, fiebre, debilidad muscular, ictericia y determinados problemas de conducta. Y en la madre restricción de movimientos, mayor probabilidad de cateterización, episiotomía, cesárea y fórceps, necesidad de administración de oxitocina sintética y monitorización, hipotensión, náuseas, vómitos, temblores, prolongación del parto, sentimientos de desapego emocional hacia el bebé, insuficiencia respiratoria, convulsiones, reacciones tóxicas, dolor de cabeza, meningitis séptica, complicaciones neurológicas, dolor de espalda -a veces durante años-, incontinencia urinaria, sentimientos de arrepentimiento y hasta unshock alérgico o la muerte.

Lo cual indica que no se justifica su uso en la mayoría de los casos. Además provoca complicaciones que son utilizadas luego para justificar más intervenciones que a su vez provocan más complicaciones… y así sucesivamente en un círculo vicioso. En un hospital se puede pues salvar la vida a una madre o a su bebé pero también se les puede matar. Y es que es indudable que la tecnología puede producir incalculables beneficios y graves perjuicios estando la clave en administrarla adecuadamente y no en utilizarla de modo rutinario y aberrante.

Porque, ¿dónde queda en estos casos el famoso derecho al consentimiento informado? La verdad es que en este ámbito ese derecho no sólo no se respeta sino que apunta a algo mucho más grave: que el actual modelo médico es incompatible con el consentimiento informado por la sencilla razón de que supone un concepto de autonomía y autorregulación que la institución médica no está dispuesta a conceder a quienes considera justamente “pacientes”, es decir, sujetos pasivos de la acción médica. Como muestra un botón: el diario El País publicó en mayo de 2003 un reportaje en el que nada menos que el director de la Unidad de Bioética y Orientación Sanitaria de la Consejería de Salud de la Comunidad de Madrid justificaba el hecho de que no se pida el consentimiento de las mujeres para que los estudiantes puedan hacerles tactos vaginales con estas palabras: “De ser así casi nadie aceptaría”. ¡Menuda ética y menuda orientación!

El origen del parto medicalizado

Ahora bien, ¿cuándo y cómo se produjeron los cambios que terminaron imponiendo el parto medicalizado y contribuyeron decisivamente a relegar el parto natural haciéndolo pasar por una creencia propia de ignorantes, salvajes o hippies? Pues fue durante la expansión de la industria -a comienzos del siglo XX- cuando Joseph DeLee firmó una serie de tratados sobre Obstetricia. Porque entre las recomendaciones que ese médico hizo se hallaba precisamente el uso sistemático de fórceps y episiotomía así como la administración de sedantes y éter o cloroformo a la parturienta junto con derivados del trigo para acelerar la salida de la placenta. Indicaciones que partían de su visión del parto como un “proceso patológico” que requería “obstetricia profiláctica”. Absurda visión que sin embargo se convirtió en norma médicamente aceptada a partir de los años 30 sumándose a otras técnicas similares igual de estúpidas como la administración de morfina al iniciarse el parto o el uso habitual de escopolamina, droga que produce amnesia temporal.

Lo inconcebible es que todos esos “avances” fueron aceptados de modo totalmente acrítico por la sociedad en general -y las mujeres en particular- perdiendo las parteras su puesto al invadir la clase médica su territorio. Algo que contribuyó a la pérdida del conocimiento tradicional de las mujeres sobre el embarazo, el parto y el cuidado de las criaturas.

Afortunadamente ese conocimiento comienza a recuperarse y hoy las condiciones que hemos descrito no son las mismas en todos los países. El ejemplo más esperanzador es Holanda debido a que allí no se perdió totalmente la costumbre tradicional según la cual quien acompaña a la parturienta es otra mujer que durante el parto es comadrona y en la fase final y posteriormente una doula, papel inspirado en las esclavas que en la antigua Grecia ayudaban a la parturienta no sólo en el proceso del parto sino en las tareas del hogar y el cuidado de otros hijos para que la nueva madre pudiera atender a su bebé adecuadamente.

Es decir, que en aquellos lugares en los que el modelo médico ha tenido menos éxito es precisamente donde se dan las mejores condiciones para un parto humanizado y natural. Por eso en Holanda -y en menor medida también en Inglaterra o Noruega- no se da a luz en un paritorio sino en una sala confortable, no se rasura sistemáticamente el pubis, ni se rompe la bolsa de agua, ni se fuerza artificialmente el parto, la mujer tiene libertad total de movimientos durante la dilatación y elige la postura en que quiere parir y quién quiere que la acompañe, no se utiliza el potro obstétrico ni el gotero de oxitocina sintética, no se practican episiotomías innecesarias y sólo verá a un ginecólogo si el parto se complica. Servicios todos -incluso la doula- que cubre la Seguridad Social y que, además, los pone a disposición de aquellas mujeres que deciden tener su hijo en casa. ¿Serán todas estas razones las que explican que en Holanda el índice medio de cesáreas esté entre un 8 y un 10%, las episiotomías no superen el 10% y la epidural se use en sólo un 8% de los partos? ¿Serán el motivo de que un 40% de las mujeres decida parir en casa y que el porcentaje de mortalidad perinatal y de bebés atendidos en cuidados intensivos sea el mismo que en los partos hospitalarios?

Evidencia científica contra el parto medicalizado

Lo que resulta una evidencia aplastante es que los resultados de estas prácticas, en comparación con los del parto “diseñado” por el modelo médico dominante, disipan cualquier duda a favor del parto natural y en contra del parto hospitalario mecanizado, medicalizado y deshumanizado. Son ya numerosos los estudios rigurosos realizados para comparar los partos domiciliarios y hospitalarios. El más amplio lo realizó un equipo holandés realizando un seguimiento de más de medio millón de embarazadas que dieron a luz entre enero de 2000 y diciembre de 2006. De un total de 529.688 mujeres, 321.307 (más del 60%) había previsto parir en casa y 163.261 (un 30%) en el hospital. Pues bien, no se encontraron diferencias en la tasa de mortalidad ni de ingreso de bebés en cuidados intensivos entre ambos grupos.

Otro estudio con resultados clarificadores fue el realizado en 1976 por el Dr. Lewis E. Mehl que comparó 1.046 partos hospitalarios con otros tantos en casa obteniendo resultados tan contundentes como estos: 17 trastornos respiratorios en el hospital frente a 1 en casa; 52 bebés necesitados de resucitación en hospital frente a 14 en casa; 93 frente a 13 necesitados de oxígeno; 30 lesiones frente a 8; 25 hemorragias postparto frente a 9. Y todo ello con reducciones drásticas del número de episiotomías, cesáreas, analgésicos y Pitocín en los partos en casa.

La Dra. Marjorie Tew también llevó a cabo un amplio estudio estadístico tras analizar durante años partos en casa y en hospitales y puede decirse que sus resultados demuestran de modo definitivo que el parto medicalizado crea más problemas de los que resuelve. Y es que entre otros datos de importancia (vea el recuadro adjunto) constató que la mortalidad perinatal media en hospital era del 17,2 por 1.000 mientras en los partos en casa era de 6,0 por 1.000.

Otros muchos estudios realizados en otros países (Reino Unido y Gales en 1979, Australia en 1998, Estados Unidos en 2000, Canadá en 2009, Australia en 1987 y en 1998 entre una larga lista) arrojan los siguientes resultados a favor del parto en casa: tasas más bajas de utilización de fórceps, ventosas y monitorización, menos inducciones, menos cesáreas (3,7 frente a 19), menos monitorización (9,6 frente a 84, 3) y menos episiotomías (2,1 frente a 33). A ello hay que unir una mayor satisfacción de las madres y porcentajes muy superiores de lactancia materna (80 frente a 58,10).

Pero lo que estas cifras nos están diciendo en realidad es que estamos ante un problema de concepto y de poder, no de lugar. No se trata tanto de oponer “parto en casa” a “parto en hospital” sino “parto natural” a “parto medicalizado”. Más importante que el lugar es la concepción que tengan las personas que asisten al parto y el modo en que actúen. El ejemplo de un país como Holanda demuestra que en los hospitales puede perfectamente producirse un parto humanizado si existe voluntad para ello asignando a la tecnología y a los médicos el papel que les corresponde: aparecer sólo cuando sea estrictamente necesario.

Humanizar el parto implica pues en realidad “animalizarlo” pues al fin y al cabo somos animales humanos, mamíferos inteligentes. La medicalización sin embargo nos está alejando de esa esencia biológica para atraparnos en las redes de una tecnología que no parece estar contribuyendo a mejorar nuestras vidas y nuestra salud sino a ponerlas en peligro.

¡Somos mamíferos!

Según la OMS y la UNICEF -que se basan en un estudio publicado en Pediatrics (2006, 117)- la lactancia en la primera hora del nacimiento puede prevenir el 22% de las muerte neonatales. Y en la Declaración de Fortaleza ya mencionada la OMS dice que “la lactancia materna debe ser estimulada lo antes posible; antes incluso de que la madre abandone la sala de partos”.

Una recomendación que se debe a que la lactancia no es sólo una cuestión de alimentación. En efecto, el animal humano tiene un nacimiento prematuro en relación a otros mamíferos de modo que aunque el bebé haya salido del vientre su dependencia de la madre es tan absoluta que habría que continuar considerándolo un feto hasta el primer año de vida. Y durante ese tiempo necesita el contacto permanente -corporal, afectivo y epidérmico- con la madre. Además de su necesidad de integrar funciones biológicas básicas -que incluyen la maduración del sistema nervioso, del funcionamiento enzimático y de la inmunidad- el bebé humano requiere del contacto -piel con piel- con la madre para el correcto desarrollo de diferentes órganos vitales, del metabolismo del cerebro y de la regulación de las pulsaciones del corazón. Es crucial por tanto para el desarrollo equilibrado del bebé permanecer junto a su madre. Y tanto la lactancia como el colecho (dormir en la misma cama) son extensiones naturales de esa necesidad vital.

¿Cuál es entonces el motivo de que la lactancia materna no se promocione adecuadamente, de que sea tan alto el porcentaje de fracaso y tan exiguamente pequeño el número de madres que optan por la lactancia materna de forma prolongada?

En una encuesta realizada por el blog Bebesymás a 155 mujeres que habían optado por prolongar la lactancia a demanda de su bebé -es decir, más allá de los 6 meses- se incluía una pregunta destinada a determinar el grado de apoyo recibido de sus compañeros, familiares, amigos y personal sanitario. Pues bien, destaca el hecho de que 56 madres fueron criticadas por su pediatra, 52 por su médico o ginecólogo y 70 por enfermeras. Es difícil encontrar una situación equivalente en otro ámbito de actuación. ¿O se imagina el lector que entre 155 fumadores que hubieran abandonado su hábito encontráramos a más de 50 criticados por su médico de cabecera por persistir más de 6 meses sin fumar?

El lobby de la leche artificial

Otro factor decisivo lo constituyen los intereses económicos relacionados con las leches artificiales. Multinacionales como Nestlé, Abbott-Ross, Danone, Gerber, Heinz, Nutricia y otras pisotean sistemáticamente el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna aprobado por la OMS y la UNICEF en 1981 en el que, entre otras medidas, se prohíbe publicitar leches artificiales en los sistemas nacionales de salud, dar muestras gratuitas y usar fotos de bebés o de cualquier otra imagen que idealice en las etiquetas de leche artificial. Bueno, pues en el año de entrada en vigor de ese código 54 grandes empresas habían realizado publicidad directa de leches artificiales en establecimientos hospitalarios de 37 países con la colaboración de médicos y nutricionistas. Y las constantes denuncias de la Red Internacional de Grupos pro Alimentación Infantil (RIGAI) demuestran que esa actitud se ha mantenido hasta la actualidad. De hecho Nestlé ha sufrido varias campañas de boicot desde 1984, la última en 2001 organizada por la RIGAI que mostraba en un informe las execrables técnicas de marketing de esta multinacional que regala leche artificial a madres de países pobres cuyos bebés rechazan entonces la leche materna y se ven “enganchados” a las leches de sustitución. Téngase en cuenta a la hora de juzgar estos comportamientos que según UNICEF millón y medio de niños muere cada año como consecuencia de no alimentarse con leche materna.

Y los regalos no son la única estrategia utilizada por las multinacionales y sus grupos de presión que tienen a su disposición un arma poderosa: los grandes medios de comunicación. Un ejemplo evidente fue el reciente reportaje publicado por el Magazine de El Mundo el 17 de octubre de 2010 -precedido por una portada que ha sido calificada de “soez, tramposa y sexista” en la que aparece una mujer desnuda pintada como una vaca y el titular ¿Madre o vaca?- que arranca con el testimonio de una madre que califica de “tortura” el hecho de amamantar y dedica dos páginas a subrayar los “inconvenientes de dar el pecho”. Destacando en él el claro objetivo -no se sabe muy bien de quién- de apartar a las mujeres del mercado laboral así como de presentar como “perseguidas” y “presionadas” a las madres que dan a sus bebés el biberón. A buen seguro el Magazine de El Mundo no se refiere a Estados Unidos donde -según recoge la web Bebesymas- 12.000 mujeres son detenidas cada año ¡por dar el pecho en público!

Y aunque en España no llegamos a tanto -por ahora- existen casos llamativos como la expulsión de una madre del restaurante barcelonés Txapela porque quería dar el pecho a su hijo en él. Un caso similar al que se produjo en el Museo del Prado de Madrid donde se dio además la paradójica circunstancia de que la mujer se hallaba en la sala donde se expone la Maja desnuda de Goya.

La alternativa: Bajas maternales prolongadas

La única forma de concretar el apoyo de los gobiernos a la salud y las necesidades de madres y bebés sería tomar medidas para que puedan permanecer juntos el tiempo que numerosos investigadores coinciden en señalar como necesario. Lo adelantó Wilhelm Reich hace más de cincuenta años cuando afirmaba que el bebé sigue siendo un feto durante su primer año de vida hablándose actualmente de “gestación extrauterina” para referirse al mismo proceso de maduración biológica crucial; a lo que hay que añadir los beneficios de la lactancia prolongada que puede llegar hasta los tres años.

Sin embargo, en lo que se refiere a voluntad política también nos encontramos un panorama desolador: sólo en una minoría exigua de países conceden bajas maternales que permitan afrontar adecuadamente las auténticas necesidades de los recién nacidos; destacando entre ellos Estonia, Bulgaria, Suecia, Dinamarca y Noruega. Aunque las cifras varían según la fuente, en Estonia las madres disfrutan de una baja maternal de 18 meses retribuida al 100% más otros 18 retribuidos parcialmente; y en los otros cuatro países las bajas están en torno al año retribuido en su totalidad más algunos meses adicionales con retribución parcial.

En los demás países del mundo en cambio -sin que exista una distinción por motivos económicos, geográficos o políticos- las bajas son absolutamente exiguas; destacando de modo especial el caso de Estados Unidos en el que las bajas se conceden por un máximo de 12 semanas sin retribución alguna, ¡y únicamente en el caso de que la empresa tenga más de 50 empleados!

En España, como es sabido, aunque con retribución sólo superamos en cuatro semanas la baja estadounidense; lo que nos sitúa junto a la mayoría de los países de la Unión Europea: Alemania, Bélgica, Finlandia, Malta, Austria, Chipre, Francia, Suiza, Grecia, Letonia, Luxemburgo, Polonia, Portugal y Rumanía que tienen bajas de entre 14 y 18 semanas. Países que tendrán que revisarlas al alza si la propuesta aprobada por el Parlamento Europeo el 20 de octubre del 2010 logra pasar los numerosos filtros burocráticos y, en particular, el visto bueno de los 27 ministros de Economía que, por el momento, no parecen dispuestos a realizar el desembolso que supondría retribuir 20 semanas a las madres europeas. Un desembolso que para Reino Unido supondría unos 1.300 millones de euros anuales y en el caso español hasta 988 millones al año. Por lo que parece claro que el rescate de los bancos estará por encima de las necesidades de madres y bebés.

La importancia del apego

Infinidad de estudios e investigaciones provenientes de disciplinas muy distintas ponen de manifiesto en suma la necesidad de que el recién nacido permanezca en todo momento junto a su madre, muy especialmente en la primera hora de vida. Si no se interviene lo normal es que el bebé busque por sí mismo el pezón de la madre, incluso reptando por encima de su cuerpo hasta alcanzarlo. Se produce entonces en ambos una explosión hormonal que posibilita la adecuada recuperación de la madre y la construcción de un vínculo físico y emocional con su bebé que permitirá un desarrollo adecuado de éste: cambios fisiológicos, equilibrio neuroendocrino, capacidad de aprendizaje, sentimiento de estar protegido, adecuada respuesta al estrés y capacidad para la interacción social.

De hecho todos los bebés que son separados de la madre lloran sin parar hasta agotar sus fuerzas si no se reúnen con ella. Pero hay otros muchos perjuicios que puede ocasionar una separación en estas primeras horas cruciales: bajada de temperatura, aumento del estrés, dificultades para establecer un vínculo afectivo, mayores probabilidades de que la madre sufra síndrome de estrés postraumático y de que la lactancia materna fracase así como importantes alteraciones en el futuro desarrollo del niño, incluyendo deficientes patrones de alimentación y regulación del peso corporal, conductas autodestructivas y posibles trastornos mentales.

La creencia de que un bebé que es atendido cuando llora, alimentado cuando tiene hambre, protegido, abrazado y arropado junto al cuerpo de la madre -incluso compartiendo su cama- termina convirtiéndose en un niño débil, dependiente, caprichoso e incapaz de valerse por sí mismo es totalmente errónea y no responde sólo a una total ignorancia de las funciones biológicas cruciales sino a actitudes represivas, antivitales y emocionalmente patológicas. Nos lo dice la criatura recién parida si somos capaces de escuchar. Y nos lo han dicho unas cuantas personas admirables que comenzaron a desentrañar los misterios de la vida: Wilhelm Reich, Michel Odent, Frederick Leboyer, Konrad Stettbacher, Alice Miller y muchos otros. La separación de la madre y el bebé crea dependencia y sufrimiento favoreciendo futuros trastornos. El apego en cambio fomenta la independencia y contribuye a criar un niño sano y feliz.

Jesús García Blanca, Revista española de salud Discovery De Salud, disponible en la tienda Sanborn´s cada mes en la sección de revistas de salud y alternativas.

Nota:

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