miércoles, 22 de agosto de 2012

Comentarios al artículo de Jesús García Blanca sobre la violación de derechos humanos a la mujer por la medicina misma

Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Querido colega:

Sigo sin entender muy bien por qué este artículo de Jesús García Blanca sobre la violencia contra la mujer de parte de los modelos médicos, les ha suscitado el interés suficiente como para solicitarme específicamente mi opinión sobre él.

Sin embargo, me apliqué con tenacidad, a pesar de lo largo del trabajo, agradecido de que les importara qué cosa podía opinar yo de él.

Supongo que tu inquietud por mi dictamen se deba a que bien sabes mi crítica a los sistemas de salud que nos ha impuesto el neoliberalismo, al menos, en psiquiatría, porque bien sabes que no soy ningún experto en gineco-obstetricia. Sin embargo el estudio del texto enviado por ustedes me permitió un rico repaso de esa materia, lo cual me asentó muy bien.

Para empezar eché de menos que el autor no sustentara sus declaraciones con una bibliografía bien documentada, con notas al pie de página, que le dieran más credibilidad aún porque uno podría ir a las fuentes que él cita.

No me pareció un texto a la altura deL texto de los periodistas centroeuropeos, Kurt Lanbein y Bert Ehgartner, Contra Hipócrates: El Cartel Médico. Los siete pecados de la industria de la salud, el cual leí en Medellín, cuando aún trabajaba en el Inseguro Social, libro que me resultó sencillamente maravilloso.

Si no lo has leído, te lo recomiendo; ahí, en ese texto aprende uno en cantidades, a la vez que hace una lectura sumamente amena.

Me pareció muy ambivalente la posición de García Blanca frente a la Organización Mundial de la Salud, a la que de un lado trata de perversa pero de otra la cita para dar argumentos de autoridad que apoyan las tesis del autor.

Como no sabía de quien era esta persona, después de haber leído y de haberme formado criterios propios sobre tu texto, en general, bien escrito y documentado, me dí a la tarea de buscar quien era y me encontré con los siguientes datos:

Es un gaditano, que actualmente es docente en la costa tropical granadina, en un instituto de Almuñecar, lo que para nosotros en Colombia equivale a ser un profesor de bachillerato, quien desde fines de la década de 1980, viene estudiando con profundidad las relaciones entre Salud y Poder, algo que explica excelentemente en su video Montaje VIH/SIDA: Poder global, ciencia dogmática y montaje criminal.

Como dicha ponencia fue expuesta en un Congreso de Ciencia y Espíritu, temí que pudiera pertenecer a la cienciología, tendencia religiosa que expresa duras críticas a la psiquiatría, en parte de las cuales tiene mucha razón, pero que no deja de ser tendenciosa, me temí que este autor pudiera pertenecer a este movimiento pero no parece que lo sea.

Más bien se trata de un hombre rebelde, como tú y yo, bastante influenciado por las ideas de Wilhelm Reich, quien aunque haya sido tildado de loco y hasta haya podido delirar al final de sus días, me parece que hizo grandes aportes al problema de las caracteropatías.

García Blanca ha sido influenciado por el Higienismo, una corriente nacida a mediados del siglo XIX, que considera la enfermedad como un fenómeno social, de donde surge la necesidad de mantener unas condiciones de salubridad en el ambiente, lo que daría lugar a la Salud Pública y la Medicina Preventiva, otra buena influencia que se le abona pero que puede correr el riesgo de deslizarse a una medicina naturalista y tornarse tan fanática como la ciencia oficial.

Por ejemplo, si bien recuerdo, con todo la trama de Poder que describe en su ponencia sobre el VIH/SIDA, me parece arriesgado negar la existencia de esas entidades clínicas y yo no me animaría a contraindicar los antirretrovirales a los adictos que padecen uno u otro estado clínico, a partir de ideas de ese tipo, mientras verdaderamente se me demuestre que tienen razón; en ese sentido, soy tan escéptico como el apóstol Santo Tomás o el mismo Carl Sagan, que García Blanca cita en su ponencia.

De todas maneras, me pareció que García Blanca, sí que tiene un conocimiento bastante profundo de lo que han sido los modelos médicos de intervención sobre la mujer, muchos de los cuales violentan su cuerpo y su psiquismo.

Para empezar, recuerdo los grandes conflictos que me suscitaba el trato que enfermeras y médicos daban a mujeres en estado infeccioso, que llegaban al servicio de urgencias del Departamento de Ginecología y Obstetricia a la sala de sépticas, muchas de ellas en situaciones próximas al shock, terriblemente asustadas, culpabilizadas o, yo que sé…

Si estas pobres mujeres atemorizadas negaban que se habían inducido un aborto, en malas condiciones higiénicas y decían que se habían caído, con gran sorna el personal médico y paramédico les preguntaban, si lo habían hecho sobre una manguera, para aludir a la sonda de la maniobra abortiva.

Tal maltrato a una persona humana, por “asesina” – muy entrecomillado lo pongo – que fuera me resultaba indignante pues yo iba más allá, al preguntarme:

¿Qué angustia habrá acompañado a esa pobre mujer a tomar una decisión tan riesgosa? - cosa que desde un moralismo cavernario mis compañeros de trabajo ignoraban.

Con respecto al trabajo que me enviaste de García Blanca, la primera parte, dedicada sobre todo a la anticoncepción, no me resultó novedosa; me remitía a aquellos libros que publicara la Oveja Negra, en mis tiempos de estudiante de medicina, que hablaban de neomaltusianismo y capitalismo u otro de la Editorial Tercer Mundo que se llamaba El Complejo de Layo de Hernán Vergara, acerca de los antecedentes e interrogantes que se planteaba el autor en torno a las políticas demográficas, un tema que me ponía muy ambivalente pues si muchos izquierdistas estaban en contra del control de la natalidad, porque era como cortar en forma prematura cabezas de futuros cuadros revolucionarios, yo me preguntaba si se justificaba traer niños al mundo a padecer enfermedades que terminarían matándolos o menguándolos como personas, aún para batallar por su liberación pero también me irrité sobre manera, en un tiempo en el que con otros compañeros de medicina fui invitado durante muchos fines de semana a viajar en avioneta a Ayapel, a una finca de uno de los representantes del discreto encanto de nuestra burguesía paisa, de donde salíamos hacia una localidad llamada Cecilia, una vereda totalmente inundada, y pasábamos por un pequeño itsmo, cuyo nombre no recuerdo, donde convivían en horrible hacinamiento, seres humanos, gallinas, cerdos.

Como te imaginarás tales condiciones ambientales hacían que encontráramos una inmensa prevalencia de anemia y uncinariasis, las cuales tratábamos, inútilmente, con antihelmínticos y sulfato ferroso pues lo que se necesitaba allí era una obra de ingeniería ambiental y una redistribución de la riqueza, más que estas sesiones que yo empecé a interpretar como deporte de la caridad, con fines aplacatorios, para que la gente pensara que los ricos se preocupaban por su salud y no se les ocurriera ir a hacerles daño, con lo cual tras una gran misión de la Patrulla Área, a la que fueron los más prestantes profesores de la Facultad de Medicina, a beber como bueyes, cada uno con su amante de turno, y mostrar al Pato Donald en la iglesia del pueblo, incitando a la población a tomar anovulatorios, como si fueran crema dental Pepsodent, ya sí me negué a volver y le devolvimos al señor que nos llevaba nuestro diagnóstico de la situación, ante el cual no estábamos más dispuestos a tratar con paños de agua caliente, un problema que requería, al menos un saneamiento ambiental importante, obras de ingeniería sanitaria y mejores condiciones económicas para los habitantes de la zona.

Pero eso, nada tenía que ver con lo que nos contaba Héctor Abad Gómez del cambio de la fertilidad en la India por transistores, para oír música, o los horrores que sabíamos por un festival de cine latinoamericano que hubo en Londres en 1971, donde presentaron una denuncia fílmica sobre la esterilización masiva de mujeres en Bolivia, Sangre de Cóndor de Jorge Sanjines.

Tal director había nacido en La Paz en 1936 y sería uno de esos grandes maestros latinoamericanos que sentarían las bases del Grupo Ukamau, fundador de la primera Escuela Fílmica Boliviana y del Cine Club Boliviano, que diera nombre al que dirigiera nuestro muy querido amigo Álvaro Sanín Posada.

Así, pues, hermano, que ya teníamos conciencia de todo ello desde los años de nuestra juventud.

Bien sabíamos entonces de lo que era un aparato médico contra la vida, sobre el que el texto de García Blanca, resulta una edición corregida y aumentada con nuevos datos pero, a la hora del té, nada novedoso.

Con respecto al aborto, ya para entonces, no denunciábamos a las mujeres, por una política trazada desde la jefatura del Departamento de Ginecología y Obstetricia, para que las féminas, que actuaban como Medeas, pudieran acercarse sin miedo a tratamientos adecuados de sus abortos sépticos.

Eso nos hacía pensar que si bien el aborto no es la situación ideal, al menos, debía legalizarse para hacerlo en condiciones higiénicas y reducir la altísima tasa de abortos sépticos, que había en el tiempo en el que yo estudié medicina.

Yo considero que si España, ahora que se ha ido tiñiendo de azul, del color del manto de la Virgen, vuelve a prohibirlo y a sancionarlo con penas de cárcel, hará una gran regresión, que terminaría por complicar por complicar tanto la salud individual como la pública.

Yo pienso que las mujeres o parejas que deciden abortar porque un embarazo les generaría situaciones muy adversas, o el terapéutico, en casos de enfermedades de la madre o el feto, es legítimo colaborarles a esas parejas y que las mujeres sean tratadas con toda consideración y con ayuda psicológica para que el hecho no devenga tan traumático que compulse a la repetición.

Con respecto a la fecundación asistida, recuerdo que ya en 1962, en la revista LIFE había artículos sobre la hiperestimulación ovárica y ahora he estado leyendo, a raíz del caso de una analizante, que se la ha estado practicando la inseminación con semen del marido, el libro de Michel Tort, El deseo frío. Procreación artificial y crisis de las referencias simbólica, en el cual, hasta donde voy, hablan de que es una práctica que viene de la zootecnia y que quisieron extrapolar al género humano, para tener más dinero para las investigaciones, con lo cual convirtieron infertilidades relativas en trastornos de esterilidad, para hacer una oferta que indujera una demanda.

En el caso de mi analizante no me opuse a que hiciera sus intentos pero como el Servicio de Salud, le dio cuatro, inseminaciones artificiales con semen del marido, ella se hizo dos que resultaron frustras y ahí suspendió el proceso, al sentirse sobrecargada emocionalmente y no tener resultados; no dejaba de sentirse tratada como una vaca en una granja de animales; ahora dizque volverá al intento, pero lo cierto del caso es que la esterilidad también tiene un alto componente psiquíco; es hija del conflicto; hay toda una ambivalencia en relación al deseo de hijo pues más bien surge el deseo de ser madre, para cumplir con el imperativo bíblico del Creced y multiplicaos. (Génesis, 1, 28).

Sin duda, tiene muchas cosas que analizar antes de lanzarse a ser madre y es consciente de ello pero teme perder la oportunidad que le da Estado, máxime si la fecundación artificial pudiera llegar a ser de los servicios que se recorten con el asunto de la crisis, cuando si se realiza en el campo de la medicina privada tiene costos altísimos.

De la Depo-provera ya sabíamos, al igual que de los anovulatorios sus efectos tromboembólicos, desde fines de la década de 1960.

Jamás había oído hablar de Michel Odent, pero veo que es un obstetra francés que se ha constituido en gran defensor del parto natural, con mínimas intervenciones externas. Sin embargo, yo no sería tan radical; en medicina soy más bien partidario de un ideal de mesura, ya que comprendo bien los versos de Alberto Cortez que dicen:

Ni poco ni demasiado,
todo es cuestión de medida…

Me quedó bien claro el viejo adagio médico de que no hay enfermedades sino enfermos y considero que las parturientas deben ser atendidas de acuerdo al principio del caso por caso, con el que Lacan ha sido tan enfático que debe ser en la clínica; por ello, me opongo a toda práctica rutinaria, uniforme y deshumanizada.

En cuanto a las náuseas, vómitos y, sobre todo, las hiperémesis gravídicas, yo no creo que se trate de un fenómeno fisiológico de limpieza del organismo; en algún texto de obstetricia, que estudié durante el año rural, encontré que el incremento súbito de las gonadotrofinas coriónicas, liberadas por el crecimiento placentario puede ser la causa de dichos síntomas; me pareció una explicación fisiopatológica suficiente para las náuseas y vómitos leves y moderados.

En los casos de una verdadera hiperémesis gravídica, pienso que hay que contemplar lo psíquico y lo somático; pueden darse deseos expulsivos de un ambivalencias o franco rechazo hacia un embarazo no deseado.

A la talidomida, ya la consideraba parte de la historia universal de la infamia, en el campo médico; de sus efectos ya supimos principios de la década de 1960, cuando todavía yo era casi un crío.
Yo no contraindicaría las mamografías, que me parece que pueden detectar lesiones premalignas con buen tiempo para que no se conviertan en cánceres, a pesar de que la presión de la placa contra la teta pueda doler.

La α-fetoproteína para el diagnóstico de síndrome de Down y malformaciones congénitas, hay que entender que tiene el valor relativo de cualquier examen de laboratorio; sería como una letra en una palabra de un discurso, que habría que interpretar en un contexto clínico, sin lanzar a la mujer o a la pareja al aborto hasta no haber comprobado muy bien que hay un real malestar fetal, pero frente a la prueba en sí, no creo que haya problema alguno en hacérsela, siempre y cuando el clínico sepa ubicar bien el resultado en un conjunto de signos y síntomas.

En cuanto al parto realizado en un lugar íntimo, privado, seguro y con un trato respetuoso, ¿qué queja puedo tener?

Entiendo que aquí en Galicia, al menos en Vilagarcía de Arousa, municipio en el que trabajo, es así. Una comadrona acompaña a la parturienta y le atiende todo el proceso, dentro de una unidad hospitalaria, pero eso sí consulta frente a cualquier signo que alerte de una posible complicación, se da una interconsulta con el especialista en obstetricia. Dejan tener el bebé en la posición que quiera la madre y ayer me contaban, por Skype, Irma Quevedo y Consuelo Roldán que en Medellín, César Ospina convence a las pacientes para que tengan el hijo en cuclillas, si las madres lo desean, lo que me parece un gran adelanto; además me decían que hay, en Medellín, lugares obstétricos que tienen unas sillas comodísimas, de las cuales en 1981, oí hablar de ellas, a Arnaldo Rascovski en un cursillo precongreso de Psiquiatría, en Santafé de Bogotá, al igual que en los años previos más inmediatos oí a Marie Langer, de viva voz, hablar en contra de la episotomía de rutina y una analizante estudiante de medicina, de aquella misma época, me hablaba de que le habían enseñado que las episiotomías alteraban la plataforma orgásmica femenina, lo cual, en verdad, no profundicé demasiado. O sea que también estos datos vienen de antaño.

La explicación fisiológica para criticar la posición de litotomía en el parto me pareció de una lógica impecable, con una claridad meridiana, que veo que César Ospina también ha comprendido muy bien.

Las césareas deben ser muy bien indicadas y no deben convertirse en un procedimiento de rutina pero tampoco pienso que deban convertirse en un tabú, ahí vuelve y juega la singularidad de cada caso.

Con respecto al uso pertinente de la oxitocina, también es una vieja lección aprendida en mis años de estudiante de medicina y de interno del Hospital San Vicente de Paúl de Medellín, Colombia; lo que prueba que estábamos en manos de buenos maestros, unos mejores y otros peores, como sucede en toda institución humana. Siempre se nos advirtió del riesgo de ruptura de útero por su efecto farmacológico.

De las prostaglandinas apenas empezaba a hablarse en ese entonces, en nuestra facultad de medicina. Recuerdo haber asistido a un club de revistas donde Luis Alfonso Vélez las introducía como una novedad y poco sé de ellas porque no han sido substancias con las que haya tenido que enfrentarme nunca en mi práctica clínica, ni como psiquiatra ni como psicoanalista.

De la anestesia raquídea nunca oí de complicaciones hasta que hacia fines de la década de 1970, cuando una de mis compañeras de estudio estuvo a punto de hacer un paro cardiorespiratorio porque el anestésico, debido a una inclinación de la camilla, corrió hasta el tallo cerebral, que no es lo habitual; lo que se nos enseñaba era que en la práctica habitual podía haber cefaleas por punción de las meninges, pero eran efectos secundarios menores.

Los vacuum como extractores del feto, estaban totalmente prohibidos en los servicios de obstetricia, en mis épocas de estudiantes por el riesgo de hematomas intracraneales en el bebé; lo que me ha llamado la atención es que aquí en España todavía los usen.

Los fórceps los detestábamos desde entonces, aunque todavía se usaran y yo prefiero, en caso de que haya que usarlos pensar antes de que sea necesario en otras maniobras obstétricas, pero bien sabes que sólo tuve esa práctica en el internado y en el rural y nunca más, porque era un oficio que no me gustaba ni poquito, dada la ansiedad que me provocaba la posibilidad de cualquier falla en un proceso tan vital.

Te mando el video de la ponencia de Jesús García Blanca en el Congreso de Ciencia y Espíritu, a ver qué te parece, como te dije antes, me pareció excelente su explicación de la incidencia del Poder Socioeconómico sobre el Médico pero me quedan mis dudas con respecto a su postura ante el SIDA.


Un abrazo y espero haber satisfecho la demanda que me hacías.

Un abrazote,

Jesús

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