miércoles, 1 de agosto de 2012

Crítica literaria: “La cabeza perdida de Damasceno Monteiro”, de Antonio Tabucchi

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Antonio Tabucchi
La cabeza perdida de Damasceno Monteiro
Traducción de Carlos Gumpey Xavier González Rovira
Anagrama – Otra vuelta de tuerca

Todo escritor comprometido es conciente de los riesgos que puede correr en su carrera profesional, los sinsabores e incertidumbres que surgen para obstaculizar su trayectoria profesional. Pero, “Cuando un crimen ofende la naturaleza humana, nos ofende también personalmente. Te sientes al mismo tiempo escandalizado y culpable. Mi emoción, mi sensibilidad y mi imaginación como escritor fueron conmovidas por este hecho”

Es la declaración que más nítidamente confirma las razones humanas del escritor conciente con su escritura, Antonio Tabucchi, para escribir esta novela sobre un asesinato ocurrido en 1997. Una historia que, aunque no sea considerada a la altura y calidad de Sostiene Pereira, para mí es una buena y sólida narración, máxime, en estos tiempos deformadores que vivimos donde las democracias retroceden y los abusos de poder proliferan observados desde la verdadera razón de ser y gobernar.

Un cadáver decapitado a las afueras de la ciudad de Oporto es el caso que inicia la narración, partiendo, de una crónica sobre lo acaecido que eleva el proceso a espacios mayores. Toda una serie de suposiciones que van apareciendo en el transcurso de la narración. Y todo comenzó un día cuando muy de mañana Manolo el Gitano tendido en el camastro de su chabola abre los ojos en la oscuridad del refugio y sin necesidad de alguna luz, tampoco su estancia era un palacio, se levanta para salir a cielo raso y caminar unos metros por entre las chabolas permitidas en aquel descampado, que pese a su miseria oficialmente se conocía por “Parque Municipal”, para hacer esa necesidad mañanera que no se puede encargar a persona ajena, pese a ser Rey de los gitanos en nostálgico declive. Para tan perentoria necesidad eligió una vieja y gruesa encina no sin cierto pundonor de tener que utilizarla conocedor de ser un árbol sagrado.

Se sentía a gusto y tranquilo tan temprano, pero ojeando el cercano entorno descubrió un zapato, que su oficio y saber le indicó que no era un simple abandono, por parecer caro y no viejo. Entonces, como la curiosidad puede hasta matar y otras veces complicar la más prudente existencia, empezó a hurgar con un palo descubriendo una pierna y tras la pierna una barriga, para terminar con el hallazgo de todo un cuerpo aunque sin cabeza. El asunto se traslada a la policía con lo que alcanza salta a la calle, y, como suele ocurrir, también a las páginas de suceso. Uno más del diario vivir, de tal forma que provoca una investigación periodística en la antigua ciudad de Oporto, aunque podría trasladarse el caso a cualquier urbe de Europa donde la marginación y las minorías étnicas, padecen abusos y torturas por agentes policiales de discutida moral profesional.

La sospecha de que los atropellos policiales de este tipo suelen producirse aquí a allá en unas sociedades altamente corrompidas, rebosantes de descaro y cinismo, existen elementos que al sentirse protegidos en casos de corrupción de altura, estos según muestra la tradición siempre se resuelven con más inocencia que culpabilidad, fruto de los intereses de partidos y poder económico. Aquí, sin llegar a tal altura al principio, tenemos un personaje de la catadura sargento Titanio Silva perteneciente a la Guardia Nacional Republicana de Socavém, cuyo ritmo de vida le obligaba a manejos no legales como el de la droga, y que asumió la aclaración del caso por unas razones que conviene dejar para ser averiguadas por el lector.

La ética y el compromiso de escritor de Antonio Tabucchi, como en otras obras, asume el ejercicio de narrar y denunciar la iniquidad de los poderes, la falta de templanza justa con las minorías marginadas, esas que los de arriba y sus acólitos consideran miseria humana. Y como en Sostiene Pereira “Taucchi en estado puro, triste y sin esperanzas como un fado, siempre busca las claves que le expliquen por qué las cosas tienen tan difícil remedio, aunque merezca la pena luchas hasta el fin por la verdad”, como señaló el recordado Carlos Pujol. Y en La cabeza perdida de Damasceno Monteiro cuenta con un destacado defensor para esta clase de casos, el abogado Fernando Mello de Sequeira, más conocido como Loton: excéntrico y metafísico, aristócrata, anarquista, vencido por la vida pero no resignado.

De nuevo, la conciencia y la ética, sin olvidar la estética la encontramos en su escritura, Antonio Tabucchi, no hace mucho desaparecido, mantiene línea y constancia, mostrando su compromiso y plenitud de ideas, con una historia que el lector puede situar tanto aquí como allá, en esta Europa cada vez más corrompida y lejana de aquella geografía y fuente fundadora de la democracia. Tanto que, si los dioses le permitieran a Pericles volver a su patria quedaría triste y horrorizado de ver, como los poderes del deteriorado y viejo continente se va desmemoriado, perdiendo humanidad, bañado por el brazo del caballero poderoso Don Dinero, sus pocas virtudes y muchos vicios.

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