miércoles, 22 de agosto de 2012

Crítica literaria: Pequeño mundo antiguo”, de Antonio Fogazzaro

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Antonio Fogazzaro
Pequeño mundo antiguo
Edición de Fernando Molina Castillo
Cátedra- Letras Universales

En Italia las efemérides, aunque sean distintas, si coinciden en fechas se suelen celebrar con el mismo orgullo nacional, aunque una pueda ser política y otro cultural. En otras geografías no suelen ser así tal vez porque la historia adulterada por quienes gobiernan entre nieblas consideran no les conviene. Italia en 2011 rindió reconocimiento con orgullo a dos efemérides. Una el 150 aniversario de la unificación de Italia y el centenario de la muerte de Antonio Fogazzaro (1842-1911) sólido autor de éxito de controvertida carrera literaria que inició en 1893, con veintiún años de edad editando un libro de poemas, a la que seguirían siete novelas con las que se fue superando hasta alcanzar un justo y reconocido triunfo literario con Pequeño mundo antiguo.

Esta tierna t crítica novela, título original “Piccolo mondo antico” ha tenido la fortuna de ser vertida al español en 2012 en una exquisita y muy documentada edición a cargo de Fernando Molina Castillo. Estamos como lector ante una historia donde la rutina y cualquier asomo de aburrimiento no son posibles. Transcurre en el llamado “decenio de preparación “entre las dos guerras de independencia: la primera, fallida, en 1848, y la segunda, en 1859, que supuso el fin de la ocupación austriaca en Lombardía y allanó el camino hacia la Unificación italiana que se produjo en 19861. Fogazzaro nos cuenta la existencia amorosa entre Franco y Luisa con una boda que se tiene que celebrar clandestinamente por una cuestión muy propia entre clases y familias de diferentes categorías sociales, lo que provoca la ruptura entre Franco y su abuela la marquesa Orsola Maironi, una distancia generacional y de ideas que ya arrastraba la in contabilidad ideológica entre ambos. La novela resultó ser un proyecto literario muy ambicioso y no menos responsable que tardó doce años en verse culminado. El autor fue consiente de que del esfuerzo que esta apuesta literaria merecía esfuerzo y sacrificio si deseaba alcanzar la categoría de obra maestra, una apuesta para si mismo como escritor, como cristiano y como hombre comprometido.

El autor de la edición Fernando Molina Castillo con sólido conocimiento de la obra y del autor muestra, que en realidad, Piccolo mondo antico no es una novela histórica, sino una novela casó contemporánea, que brota de la memoria. Ya Fagazzaro había dicho que “la mejor histórica es la novela contemporánea, de la cual nuestros descendientes extraerán con sana crítica muchos e importantes elementos de su juicio sobre nosotros” Y es que la narración abarca otras finalidades, como el mundo social donde se desenvuelve, los factores humano y el elemento autobiográfico dibujando el un paisaje de envolvente belleza plástica, nostalgia de un tiempo al que se le va diciendo adiós, porque el progreso de una generación joven, conciente del sacrificio que afrontaban se enfrenta a la decadencia literaria, “la última y mayor de mis batallas” produciendo esa convulsión en vísperas de un cambio de siglo.

Todo teniendo como eje central esa historia de amor “El sentimiento elevado y auténtico que une a Franco y Luisa, subrayado por la superación de los obstáculos sociales y económicos que se interponen a su unión, no garantiza la armonía ideal entre ambos: el drama de la relación de Franco y Luisa radica en su diferente concepción de la vida, una discrepancia más fuerte que cualquier intento de conciliación”, porque entre ellos existe, dentro de la misma religión cristina el criterio de como “la Iglesia, con su excesivo apego a la formalidad y al rito, pueden llegar a ser cómplices, de la injusticia y la opresión d este mundo, por la pasividad que infunde entre muchos creyentes, como la propia madre y su propio marido”

Que Pequeño mundo antiguo marca “el punto álgido del modernismo lo expresa con profundidad y claridad el propio Fogazzaro afirmar: “escribo con la idea de que este último trabajo sea la corona de mi edificio literario, la última y mayor de mis batallas por la renovación religiosa ortodoxa que se impone y ya está en camino, su paisaje más emblemático y polémico nos dará sus claves” Realidad tal convencimiento, su última novela el correr del tiempo la reconoce como una obra maestra y una de las más importantes del Siglo XIX. Estamos pues, ante una narración basada en la memoria y la indagación, provista unos diálogos ricos y poéticos que reflejan admirablemente el tránsito y los cambios de un siglo de gran importancia en la historia de Italia.

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