miércoles, 15 de agosto de 2012

Nacidas para ordeñar burros

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Abuelo, ¿por qué hemos nacido para ordeñar Burros?

Mi niña frágil, etérea, tus manos están hechas para eso como tu ojalillo de espumas entre las piernas está hecho para el placer y engendrar cuando tú quieras. ¿Esto te lo habrán enseñado en la escuela, no?: Que la verga del Asno-Hombre meterla has en tu caja de caudales, tu sagrario o la peseta, como le llama tu abuela. La semilla de creación cuando los machos se excitan es arrojada sobre la arena.

-Pero abuelo, ¿Cómo en la arena de los toreros con el toro?

Un día me pasó con un chico, cuando jugábamos con ella. Al mirarme las manos y los dedos sólo veía saliva y esperma. ¿Es esto, como mi prima dice, mi prima que es vaquera, que al ordeñar a las vacas los pezones, para vendérsela a Pascual, los calostros entre los dedos se le enredan?

Niña mía. Esa espuma o leche de los Burros, muchas veces y otras veces si se guarda bajo vientre, entrando por el potorro de la entrepierna, en unos meses, y si te ha cagado bien el palomo, la inocencia de un feto en la panza se recrea.

La niña acaricia el poco pelo del abuelo, que se refleja en el iris de sus ojos. El le coge sus manos y se las lleva a enredarlas en las algas de su pecho. (El que fue pedófilo de iglesia se las hubieras llevado a la Parte de Bureba). Y prosigue el abuelo:

Si la cosa te da menos alegrías que penas, y te da asco y repugnancia a los Burros ordeñar, haz como tu abuela, ella se cosió el XiXi, porque estaba hasta los ovarios de que su esposo la jodiera. Pero piensa que, quizás un día, te lamentaras de la ausencia del amor, y sabes que hay que regar las flores para que crezcan.

La niña callada, piensa. Y se dice:

“Mi abuelo es un fantasma como todos los abuelos, un macho-Asno de reuma, capaz de pasear su cachaba y al perro, y nada más. Yo ya sé que se perderá las bodas de oro por culpa de asnífluos gobiernos. A mi me gustaba mucho decir y escuchar: ¡que la abuela fuma¡ Que el abuelo toma café, copa y faria, y después siesta y polvo si se tercia. Su mirada no va más allá de la cagada del perro que pasea, y sus pensamientos y olvidos se enredan en los pelillos de sus tetas. Y que no me digan que todos esos vejestorios y vejestorias de la tele y sus noticias han engendrado y parido. Pura patraña. ¡Puta mierda¡
Al abuelo se le ha soltado el cordón de un zapato, se agacha, se lo ata, y a la niña no le deja. Y le dice a la cría:

¿Sabes que un día la abuela cogió un Mistral, Maestral (viento), entre espejos calmos de cagarrutas, cada una de las bolitas que forman el excremento de las cabras y ovejas por el camino que va al pinar desde Cuellar al Henar?

Pero, abuelo, le replica la niña, que vuelve a pensar:

“Los abuelos pasean un Universo en agonía y su envejecimiento activo se enreda en los hilos al coser la abuela las cicatrices de la Vida.

Mi niña, le corta el abuelo sus ideas. Le dice: Desde tiempo de Maricastaña, vuestro destino es esto: ordeñar Burros-Hombres infames y perversos, siniestros, lameculos o clérigos, falsos y calzonazos formando juicios desde el Kama Sutra al Misionero de lo más sádico, o levantando falsos testimonios haciéndoos creer lo blanco negro. Esa lengua viperina, un día lo sabrás y sentirás, que susurra entre labios de castañas- que conste que me lo ha dicho tu abuela-, tan sólo los Asnos bendicen y vitorean los Jumentos de partidos borriquistas. Hay tanta picha larga en Consistorios y Capítulos, en Palacio y en Congresos, que Europa, como vienen diciendo, por moda se ha introducido en los conejos.

Pero, abuelo. Otra vez. A mi me han dicho que en las villas, en las ciudades y en los pueblos las Jumentas y Jumentos siempre Rebuznan, cuando tienen listo el pienso, esto: “Lo que vale un polvo dado a tiempo”.

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