miércoles, 15 de agosto de 2012

“Principiantes”, de Raymond Carver

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Raymond Carver
Principiantes
Traducción de Jesús Zulaika
Anagrama

La imaginación y el relajamiento es la mejor compañía para adentrarse en una lectura inquieta y llena de desolación de la que está poblado el mundo narrativo de Raymond Carver. En el caso concreto de Los principiantes, estamos ante el más puro contenido creativo, una obra limpia de polvo y paja, de esos manoseos con los que cuando lo consideran suelen abordar con criterios más comerciales que literarios algunas editoriales. La primera edición de Principiantes se editó en Norteamérica en 1981 y el editor Gordon Lish la sometió a una corrección excesiva con la injusta intención de crear una nueva forma literaria. La edición en español de Anagrama en 2010 nos ofrece la versión original que muestra la veracidad del manuscrito según la declaración de Willian Stujll y Mauren P. Carrol de la Universidad de Harford West Hartford Connecticut (2009).

Exponiendo como “La fuente de edición –su texto base- es el original que Carver entregó a Gordon Lish –entonces su editor en Knop- en la primavera de 1980. Este original, que Lish cercenó en más de un cincuenta por ciento en dos sesiones de corrección exhaustiva, se conserva en el Lilly Libray de la Universidad de Indiana. Las historias originales de Carvel se han recuperado transcribiendo las palabras mecanografiadas que están debajo de las modificaciones y tachaduras manuscritas de Lish.” Sin embargo nada de esto debe restar los valores de quien fue el editor que lo elevó a ser reconocido como ese enorme narrador perenne insobornable que nos acompaña.

Con principiantes de nuevo Carver conmueve y sorprende tanto en al forma como en el contenido emocional y humano. Volvemos a reencontrarnos con el eterno y puro narrador y desfile de desconsolados y perdedores, estos y aquellos que en el fondo, que desfilan bajo el signo de Carver constante y conmovedor, padre y padrastro de los siempre derrotados. Y no sé porque llaman a esto “realismo sucio” cuando lo que muestra es la desgarrada y limpia realidad, los sentimientos y la belleza opaca del dolor, de los fracasos, hombre y mujer, en la sociedad. Siempre narrado con cariño y pulcritud con mirada que va esculpiendo las circunstancias de unos y otros, los desencantos de todos aquellos que iniciaron una vida unidos por la esperanza, tiempo, con sus altibajos y contrariedades provocan la derrota y tras ellas la amargura de los perdedores. Monólogos shakesperianos de una América profunda, la de “la nueva pobreza” esclava de su propio ritmo impuesto por el sistema. Todos o casi todos los relatos, van acompañados del problema del alcoholismo refugio de tantos, sombra inseparable de la propia vida del autor.

Durante la lectura de Principiantes han sido varias las veces, que he levantado la vista de la página saliéndome de los adentros de su contenido, recordando a Dos Passos y su Manhattan Transfer, no buscando una similitud en el exterior sino sopesando el efecto de las historias de perdedores que les da vida, para sin hacer comparaciones meditar sobre el panorama social y político en que participo como ciudadano que se siente acorralado, porque la pérdida de valores, entre ellos el factor humano, es fruto de los poderes establecidos, su alarmante trapisonda social, que nos estruja hasta extremos en los que surgen similitud de situaciones a las que leemos en esta serie de relatos.

Puede que haya lectores en desacuerdo, el derecho tienen, pero así lo dejan patente los personajes que componen estas vidas de desterrados por el sistema, derrotados. Los protagonistas de la “nueva pobreza”, los humillados y ofendidos del sistema, porque muchos de estos caídos proceden de allí, del entorno de las esferas del poder, pero como en el poema de Brecht, cuando ya no les son necesarios. . . Y que anden por ahí tipos que lo saben todo y no aceptan la actualidad del autor de madre coraje. Pues sí, quedan y se agitan con burla de tertulianos radiofónicos.

El contenido que en estos dieciocho relatos ofrece Raymond Carver se agita en su propio mundo representando tiempo y atmósfera sin fronteras que marca nuestras existencias, con un temblor que nos hace pensar si también a igual que en el poema de Brecht los próximos perdedores seremos nosotros, los mismos que leemos a Carver. Los que disfrutamos y nos conmovemos solitarios y solidarios. Igual que ese hombre de mediana edad sentado en el jardincito delante de la puerta de su casa con todos sus muebles alrededor, y la joven pareja ardorosamente inocente se detiene para preguntarle si vende aquel mueble que les ha gustado.

Historia donde un hombre y una mujer se encierran en la habitación de un motel y dolorosamente, despacio, reconocen el final de una relación. Tragedias escritas sobre “lo común y corriente” la real puta vida sin abalorios, que todavía nos despierta un halo de solidaridad y dolor por el candor sencillo de esas pequeñas tragedias, que el autor de ellas ha sabido impregnarla de humanidad para que le demos las gracias oteando el oscuro horizonte. Por eso, cuando apenas si se cree en algo, lo mejor es refugiarse en una buena lectura y, si es posible, escribir sobre ella. Alguien la leerá. No es conformismo, es puta realidad. Roberto Bolaño dejó escrito en 2666.” La vida es demanda y oferta, u oferta y demanda, todo se limita a eso, pero así no se puede vivir” Mas así vivimos tal vez por cobardes.

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