miércoles, 1 de agosto de 2012

Santa Marta: La perla de América

Amylkar D Acosta (Desde Bogotá, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía...Si no fuera por la Zona, caramba, Santa Marta moriría”

Manuel Medina Moscote

Indudablemente, la época de mayor esplendor y pujanza de Santa Marta fue la del apogeo del cultivo del banano, cuya bonanza sin par marcó toda una época, caracterizada por el derroche y la juerga mundana de quienes, como sibaritas, en medio de la alucinación y el desenfreno, alumbraban sus cumbiambas con el dinero que recibían por montones, convertidos en teas encendidas, con las que se animaban noche a noche. Comamos y bebamos, que mañana moriremos, era su lema.

El Distrito de Santa Marta y el Departamento del Magdalena, constituyen las unidades político administrativas de más larga data y de mayor riqueza histórica del país. Ya desde el remoto año 1.501, Santa Marta figura en lugar destacado en el mapamundi que elaboró Juan De la Cosa, compañero inseparable de Rodrigo De Bastidas, fundador de Santa Marta. Leonardo Davinci, quien se hiciera célebre con su pintura de la Gioconda, encontró méritos en ella, para su inclusión en su Carta geográfica de 1.515. La Provincia de Santa Marta, junto con la de Riohacha y Valledupar, se integraron en el Magdalena grande, convirtiéndose en su capital político administrativa.

Rodrigo De Bastidas no sólo fue el fundador de Santa Marta, sino también quien descubrió el Litoral del Caribe colombiano, que va desde desde el Cabo de la vela en la Guajira, hasta el golfo de Urabá en Antioquia. La ubicación geográfica de Santa Marta, la perla de América, es excepcional: flanqueada por la Sierra de Santa Marta, patrimonio de la biosfera; de cara a la bahía más bella del continente; con El morro, su símbolo, un cerro tutelar, desde el cual se avista a Taganga, cuyo paisaje singular hizo exclamar a un embajador de la Gran Bretaña en Colombia que era tanta su belleza, que ¨bien vale la pena pagar impuesto de vista¨ por el deleite de apreciar tan incomparable hermosura.

Mención especial merece la Catedral Basílica Menor de la Diócesis de Santa Marta, la primera Basílica construida en Latinoamérica hace ya 247 años (¡!). Al frente de la misma permanece desde el 22 de enero de 1988 Monseñor Ugo Puccini, su abnegado servidor y guía espiritual. En dicha catedral permanecieron los restos mortales del Liberatador Simón Bolivar, en una cripta en su nave derecha, al pié del altar de San José, hasta el año de 1842 cuando fueron trasladados a Venezuela, excepción hecha de su corazón, que sigue alojado allí para siempre.

El Rodadero, la misma Taganga, la Quinta de San Pedro Alejandrino, última morada del libertador, su Centro de convenciones pozos colorados, la majestuosidad de la Sierra nevada, su proximidad a la reserva del Tayrona y sus extensas playas, hacen de Santa Marta uno de los destinos turísticos más codiciados en Colombia, en donde propios y extraños son acogidos con la proverbial hospitalidad del samario. Daniel Lemaitre parece como si evocara a Santa Marta, cuando en uno de sus floridos versos dice: ¨Quiero mi ambiente marino, que a toda extensión convida, y amo su canción sentida, por que en horas de pesar solo la canción del mar me pone en paz con la vida¨.

Santa Marta, además, es cuna de hombres ilustres. Cómo no recordar, que uno de sus hijos, Rafael Campo Serrano, fue quien sancionó la centenaria Constitución de 1.886, fruto de la Regeneración acaudillada por Núñez. El Pibe, del barrio Pescaíto llegó a constituirse en el símbolo paradigmático del buen fútbol colombiano y su fama ha traspasado las fronteras patrias. Carlos Vives se recorre el mundo, exitosamente, ¡difundiendo la magistral música de la tierra del olvido!

Este 29 de julio se cumplen los primeros 487 años de su fundación, los samarios y con ellos toda la región Caribe se congratulan con tal motivo y le auguran un futuro promisorio, sobreponiéndose a sus penurias y dolamas de antaño. Entre los años 1543 – 1712 tuvo su bautizo de fuego, pues más de 20 veces fue objeto de quemas y saqueos por parte de piratas y filibusteros, que le sirvieron de crisol en la forja de la Perla de Las Américas que es hoy.

En medio de los fastos y festejos de esta fecha memorable, se echa de menos a un gran ausente: el capitán Francisco Ospina Navia, ese quijote bogotano que hundió sus raíces en el mar Caribe; fue él el gran gestor de la Fiesta del Mar en 1959 y creador del Acuario y museo del Mar en El Rodadero, sus dos legados.

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